Percances
01:15 de la madrugada, Emma y David acaban de llegar al apartamento de este, y no tardaron en decirse buenas noches y marcharse cada uno a su habitación.
Emma se quitó sus zapatos, bajó la cremallera de su vestido, después sacó su móvil del bolso. En ese momento, el aparato vibró y mostró que había recibido un mensaje.
Regina.
Sonrió al ver el nombre aparecer, desbloqueó la pantalla y fue directamente a los mensajes.
«Acabo de llegar, tranquilícese. Gracias otra vez por haber venido, no habría podido pasar una noche tan maravillosa si usted no hubiese estado. Regina»
Emma sonrió con todos sus dientes, notaba cómo las mariposas revoloteaban en su bajo vientre. Era feliz, sencillamente.
Releyó el mensaje unas cuatro veces antes de poder elegir las mejores palabras para su mensaje de respuesta.
Tecleaba, escribía palabras, para borrar algunas y volver a comenzar. Al cabo de diez minutos, pulso enviar.
«Gracias a usted por la invitación. Yo también he pasado una excelente velada ya que ha terminado maravillosamente. Ya se me está haciendo tarde para que sea lunes por la noche…»
Emma se sentía flotar, su corazón galopaba, y sus labios no dejaban de alargarse en una enorme sonrisa de felicidad.
Se quitó su ropa interior, se puso un top y unos shorts, y se dejó caer en la cama. Pasó sus piernas bajo las sábanas y miró la pantalla de su teléfono esperando respuesta de la bella morena.
Al cabo de lo que le pareció el cuarto de hora más largo de su vida, por fin se iluminó y vibró
«Ese baile fue muy agradable, lo reconozco, y estoy contenta de haberlo compartido con usted. Y también debo confesarle que la espera hasta que toque en mi puerta será larga…»
Arggggg, Regina, si solo dependiera de mí, ya hubiera franqueado esa puerta…suspiró Emma sintiendo cómo su excitación crecía.
Inspiró profundamente. Vacilante entre jugar con la morena o quedarse como estaba, eligió la razón y se dijo que más tarde tendrían la oportunidad.
«Una eternidad. Pero la espera valdrá la pena, estoy segura. Se hace tarde, no quisiera retenerla más tiempo. Un hermoso fin de semana en compañía de su hijo la espera y tendremos todo el tiempo del mundo para charlar el lunes. Hasta ese momento, mis pensamientos solo serán para usted. Buenas noches, Regina»
«Tiene razón, pasé usted también un buen fin de semana, descanse y nos vemos el lunes, no se retrase…Buenas noches, Emma»
Emma sonrió bobaliconamente, antes de dejar el teléfono sobre la mesilla de noche, y marcharse hacia el país de los sueños.
Al día siguiente por la mañana, alrededor de las ocho, Regina se levantó de buen humor. Desde hacía tiempo, demasiado tiempo, no había tenido una noche tan buena. Apacible, dulce, descansada, incluso había soñado. Y su sonrisa se agrandó mucho más cuando algunos recuerdos vinieron a la superficie. Había revivido el baile que había compartido con Emma Swan, pero a diferencia del que habían tenido en realidad, en su sueño Emma la había besado.
Pasó inconscientemente sus dedos por sus labios, y sonrió aún más. Los días parecerán largos hasta que la vuelva a ver. Felizmente, pasará tres cuartas partes de su tiempo en compañía de su hijo, y eso le llenó el corazón de felicidad.
Salió de su cama, se dirigió hacia el cuarto de baño y se deslizó bajo la ducha. El agua caliente le hacía bien. Dejó que la presión de la ducha le masajeara la espalda, relajándola poco a poco.
Emma Swan la ha invitado. Y ella ha dicho sí.
La sorpresa no era que fuera a tener una cita con una mujer, porque eso ya le había pasado. Pero solo por razones profesionales o de amistad, nunca antes por deseo…Sin embargo, no era la primera vez que una mujer se interesaba en ella de esa manera, porque había que ver la realidad a la cara, Regina era una mujer magnifica. Pero ella siempre había rechazado. Porque desear a una mujer, a ella nunca le había pasado.
Hasta que esa bella rubia de ojos esmeralda no hundiera su mirada en la suya.
¿Podría hablar de experiencia en ese caso? No lo sabía, no sabía a dónde llegaría esa relación incipiente. Pero una cosa era segura. No deseaba que acabara.
Después de su ducha, la morena se secó, se puso la ropa interior, unos vaqueros y una blusa informal. Su indumentaria habitual cuando pensaba quedarse en casa en compañía de su hijo.
Bajó las escaleras y tomó la dirección de la cocina para comenzar a preparar el desayuno. Tostadas, zumo de fruta natural, y algunas tortitas. Su hijo adoraba despertarse con ese dulce aroma a azúcar, y verlo disfrutar de corazón siempre la hacía sonreír.
Cuando hubo acabado, supo que su hijo no tardaría en bajar. Y mientras lo esperaba, recibió un mensaje en su teléfono.
«Buenos días, Regina, tranquilícese, no soy de las que acosan a las personas por teléfono, para eso voy directamente a sus casas ;)… Simplemente quería desearle buenos días Emma»
Ese mensaje la hizo reír ampliamente, se llevó el teléfono al corazón y cerró por un instante los ojos. Y cuando su hijo entró en la cocina, sin que se diera cuenta, se quedó mirándola un momento antes de acercarse a ella.
«Buenos días, mamá, ¿por qué sonríes?»
Se sobresaltó, y al abrir los ojos vio a su hijo a un metro de ella.
«Oh, cariño, me has asustado…Heu, por nada, solo pensaba en la velada de ayer» dijo ella con una sonrisa antes de abrazarlo afectuosamente.
El muchacho tomó asiento rápidamente en uno de los altos taburetes que rodeaban la isla central de la cocina y su madre le sirvió su desayuno, y después hizo lo mismo con el suyo más una taza de café.
«Entonces, mamá, ¿viste a Emma ayer?»
«Sí, fue con David»
«¿Están bien?»
«Sí, sí, muy bien incluso. Y Emma te devuelve el saludo»
«¿De verdad? ¿Le has dicho que yo también?» preguntó todo sonriente.
Regina, divertida, sonrió ampliamente antes de responderle a su hijo.
«Sí, se lo he dicho. Venga, come, amor, antes de que se enfríe…»
Él asintió y ella lo miró tiernamente mientras bebía su café. Sacó entonces su teléfono y leyó una segunda vez el mensaje que le había enviado la rubia antes de responderle
«Buenos días a usted también, Emma. Ningún problema, si me sintiera acosada, se lo diría…Gracias por esa delicada atención y también le deseo que pase un hermoso día»
Sonrió de nuevo, y volvió a comer mientras su hijo hacía muchas preguntas sobre la fiesta de la víspera.
Media hora más tarde, después de haber desayunado, Regina mandó a su hijo a tomar una ducha. Mientras él subía las escaleras, recibió un nuevo mensaje
«Tomo buena nota en ese caso ;) Se lo agradezco, y gracias a usted también Entonces, ¿ha saludado de mi parte a Henry?»
«Lo he hecho, y Henry se ha puesto contento. Él la aprecia, ¿sabe? Es bastante consciente de que gracias a usted, lo peor ya está lejos. Creo que le encantará volver a verla»
«Eso me emociona mucho, porque adoro a su hijo, es un muchacho inteligente y encantador, debe haberlo sacado de su madre…¡Y a mí también me encantaría volver a verlo! ¿Quién sabe? A lo mejor un día podríamos salir los tres»
«Oh, creo que es más listo que yo a su edad, pero gracias por el cumplido. ¿Por qué no? Estoy segura de que le encantará, así como a mí»
«En ese caso, podemos acordar una fecha y lo que podríamos hacer en esa salida el lunes en nuestra cita»
«¡De acuerdo! A las ocho, no lo olvide…»
«No me arriesgaría a olvidarlo, créame ;)»
«¿Mamá?» escuchó desde arriba
«¿Sí, corazón?»
«¿Podemos jugar al Monopoly?»
«Claro, baja la caja. Está en tu armario»
«¡Vale!» respondió él volviendo corriendo a su habitación.
La morena rio antes de concentrarse de nuevo en su conversación con la rubia.
«Así lo espero. Si no, no abriré la puerta…»
«¿Ni si voy acompañada de un ramo de flores?»
«¿Piensa ofrecerme flores?»
«¡Por supuesto! Y ya que hablamos de eso, ¿tiene alguna preferencia?»
«Me encantan los lirios…»
«En esa caso, serán lirios»
«Mamá, ¿vienes a jugar?» escuchó cuando su hijo entró en la cocina, con la caja del juego en sus manos
«¡Ya voy, cariño! Vete colocando el juego»
«¡De acuerdo!»
«Lo siento, pero tengo que dejarla, mi hijo reclama mi atención…»
«¡Ningún problema! ¿Qué han previsto para hoy?»
«Juegos de mesa. Comenzaremos por una partida al Monopoly. Por lo demás…no sé lo que mi hijo tendrá previsto…¿y usted?»
«Bien, en ese caso, ¡buena partida! Oh, David y yo hemos previsto un fin de semana de descaso. Y esta tarde, Ruby vendrá a casa para unirse a nuestra velada DVD, pizza y cosas calóricas. Le deseo otra vez que tenga un buen día, Regina…»
¿Ruby? Pensó. No pudo evitar una chispa de celos ante la idea de que su asistente iba a poder pasar la tarde al lado de la rubia y ella no. Pero, bueno, no podía evitar que fueran amigas.
«Gracias, pase un buen día con David, descanse y salúdelo de mi parte. Hasta luego, Emma»
«Él también la saluda. Hasta luego Regina»
«Mamá, ¿vienes?» escuchó desde el salón.
Dejó su teléfono y se encaminó, sin más demora, para juntarse a su hijo.
El día pasó sin que Regina se diera cuenta. Su hijo y ella habían pasado el día jugando a diferentes juegos de mesa, incluso habían pasado por la cocina donde madre e hijo habían preparado un delicioso fondant de chocolate que les esperaba como postre para después de la cena.
A las 17:00, mientras Regina y su hijo lavaban los utensilios que habían usado para elaborar el pastel, el timbre de la entrada se oyó.
Regina se secó las manos, se quitó el delantal, se dirigió hacia el hall, no sin pasarse una mano por sus cabellos al mirarse en el espejo para repeinarlos, y fue a abrir.
«¿Madre?»
«¡Buenos tarde, Regina!» dijo adelantándose para entrar, obligando a su hija a apartarse para dejarla pasar «¿Cómo estás?»
«Mi día iba muy bien hasta ahora, así que no tengo de que quejarme…»
«Bien, bien…¿dónde está mi nieto?»
«En la cocina…» dijo ella cerrando la puerta. «¿Henry?» lo llamó
El pequeño pasó su cabeza por el marco de la puerta y su abuela abrió sus brazos para que viniera a saludarla.
«¡Cariño!»
«Buenas tarde, abuela» dijo él caminando hacia sus brazos para un breve abrazo
«Ohhh, ¡cómo has crecido! ¡Apenas te reconozco!»
«¡Es normal, abuela, en un mes cumpliré nueve años!»
«¡Todos esos ya!»
«¡Sí!»
«Henry, cariño, sube los juegos a tu cuarto, por favor» le pidió amablemente su madre
El chico asintió y se excusó mientras que Regina, seguida de su madre, se dirigió hacia la cocina, para terminar de fregar la loza.
«Cada vez se te parece más…»
«Lo sé. Y tú ya lo sabrías si lo vieras más a menudo»
«Oh, Regina, por favor. No he venido a discutir contigo»
«Entonces, ¿a qué has venido?»
«Bueno, para hablarte de la fiesta de ayer»
«¿Qué? ¿El buffet no estuvo de tu gusto?»
«No, no…todo estuvo muy bien. Organizaste esa gala perfectamente y estoy orgullosa de ti. Pero he venido a hablarte de Robin, ya sabes, el joven…»
«Con quien quisieras que saliera…Sí, lo sé, pero no estoy interesada»
«Venga, Regina…¡es un hombre con futuro! Es soltero, trabajo estable y como tú, tiene un pequeño. ¡Estoy segura de que Henry y él se llevarían de maravilla!»
«Escucha, no estoy para nada interesada, madre. No deseo para nada una relación con ese hombre»
«Y además es un joven encantador que además es un partido codiciado, y aún mejor…tú le interesas…»
«Me es igual, ahora si has acabado, me gustaría preparar la cena»
«Hazla, hazla…te hablaré mientras cocinas, ¡no me incomoda!»
Regina reviró los ojos y comenzó a sacar los alimentos de la nevera para dejarlos en la encimera, mientras su madre se sentaba en uno de los altos taburetes.
«Bueno, para volver a lo que quería decirte, ¡el lunes te espera una sorpresa!»
Al escuchar la palabra "lunes", Regina solo puedo esbozar una sonrisa. Después frunció el ceño y se giró hacia su madre. No el lunes por la noche, pensaba.
«¿Cómo que una sorpresa el lunes?»
«¡Sí, en fin, no una sorpresa, más bien una fabulosa oportunidad!»
«¿Y?»
«El lunes por la mañana emprenderás camino hacia Oakland. La universidad de Oakland para ser más preciso»
«¿Y eso para qué?»
«¡Es tu futuro puesto exactamente!»
«Madre, aún no soy Gobernadora, las elecciones ni siquiera han comenzado…»
«Sí, pero no es más que una formalidad…y además puede que no hayan comenzado, pero solo tienes ocho meses para prepararte, encontrar un director de campaña…»
«Sé lo que tengo que hacer. Pero gracias por preocuparte…»
«Es normal, ¡eres mi hija!»
«Casi lo olvidaba…»
«Sea como sea, Robin te ha invitado a pasar un día con él, te presentará a muchas personas influyentes, te mostrara las oficinas del Gobernador, y de esa manera podrás seguirlo todo el día y hacerte una idea más precisa de lo que es el puesto de Gobernador»
Regina se quedó inmóvil, había dejado de cortar los pimientos en tiras y miraba a su madre, incrédula. Esa oportunidad era bastante tentadora y no podía rechazarse. Solo que estaría obligada a pasar el día con ese hombre que su madre quería a toda costa metérselo por los ojos, y saber que él le había dicho a su madre que estaba interesado en ella le daba nauseas.
Sin embargo, ella estaría allí en calidad de futura Gobernadora. Esa visita sería estrictamente profesional. Esperaba, entonces, que ese Robin se comportara y que se abstuviera de tirarle los tejos ese día…
«¿Entonces?» preguntó su madre con una mezquina sonrisa en el rostro «¿Interesada?»
«No es un ofrecimiento que se rechace…Acepto, pero solo voy para ver el sitio y nada más»
«¡Vale! ¡Ya me dirás cómo lo pasas! Voy a avisar a Robin de que podría esperarte el lunes por la mañana. Vete a primera hora»
«Imposible»
«¿Cómo?»
«Henry se va por una semana con su clase y el autobús sale a las 08:30. No voy a dejarlo una hora antes para llegar a las 08:00 a Oakland. Mi hijo es mi prioridad, saldré al mismo tiempo que él»
«Bien, ¿le digo entonces que estarás a las 09:00?»
«Sí…» suspiró ella mientras escuchaba a su hijo entrar en la cocina.
«¡Mira, abuela! Tengo un regalo para ti»
«¡Un regalo! Enséñame eso…» dijo ella arrodillándose delante del pequeño
«Es un abrecartas de madera, lo he hecho para ti en Navidad, era para tu cumpleaños…»
«Oh, gracias, cariño…me encanta, lo has decorado muy bien»
«De nada» dijo él con una ligera sonrisa
«Mira, yo también tengo un pequeño regalo para ti»
Ella se alzó, abrió su bolso que estaba sobre la isla, sacó su cartera, la abrió y sacó un billete de 50 dólares
«Toma, para tu semana. Solo tendrás que traerme un pequeño recuerdo, otro para tu madre, y el resto te lo gastas en lo que quieras»
«¡Oh, genial! ¡Gracias, abuela!»
Dijo él abrazando a la mujer mayor antes de coger el billete en sus manos.
«¡Voy a ponerlo en mi hucha!» dijo saliendo de la cocina para volver a subir las escaleras.
Cora rio divertida mientras que su hija no podía creerse que su madre, una vez más, lograra quedar bien con su nieto cuando nunca estaba presente.
«¿Crees que vas a poder seguir comprándolo por más tiempo?»
«¿Comprarlo? Venga, Regina, solo quería agradarlo, eso es todo»
«¿Dándole 50 dólares? ¡Madre, solo tiene ocho años!»
«Ya está, reproches otra vez…Ya que estamos así, os dejo. Estate a las nueve en Oakland»
«Allí estaré»
La vieja dama cogió su bolso y dejó la estancia mientras Henry estaba bajando los últimos escalones de las escaleras.
«¿Ya te vas?» preguntó apenado, lo que rompió el corazón a su madre. No le gustaba verlo en ese estado.
«Sí, cariño…pero volveré pronto, prometido. Mientras, ¡qué tengas una buena semana con tus compañeros!»
Ella lo abrazó, después se dirigió hacia la puerta seguida de su hija y del pequeño que la miraron irse en su coche y dejar el sendero antes de volver a cerrar la puerta.
«Mamá, ¿qué vamos a cenar?»
«Pollo en salsa agridulce»
«¡Genial! ¿Te puedo ayudar en la cocina?»
«De acuerdo, pero primero, ve a lavarte las manos…»
«¡Ok!»
«¡Toma, cómete esa, hombretón!»
«¡Venga ya! ¡No es fácil jugar con un hombro desplazado!»
La rubia rio tan fuerte que el joven rubio soltó el mando de la consola para ir a buscar una cerveza a la nevera.
«Jajajajaja…en serio, David, ¡pierdes casi siempre! Así que la excusa de "es porque tengo un incapacidad"…¡deja que me ría!»
«Eso, búrlate de mí…»
«¿Si no qué? ¡Solo es un juego!»
«Ya…»
«Venga, deja de ser cabezota y tráeme una cerveza, por favor…» dijo ella con una gran sonrisa, falsa, evidentemente, lo que le hizo reír.
«Bueno, ¿has tenido noticias de Regina?»
«No, desde esta mañana no…pero no es grave, comprendo que quiera concentrarse en su hijo, porque es normal, y además aún no nos conocemos demasiado»
«Tendréis todo el tiempo del mundo para conoceros el lunes por la noche…» dijo él con un guiño
«¡Sí! Bueno, ¿y tú con Mary? ¿Aún os habláis por SMS?»
«Sí…me gustaría también invitarla a cenar…pero bueno, como no va a estar en toda la semana, quizás el próximo fin de semana, en fin, si acepta…»
«¡Claro que va a aceptar! Ya te lo he dicho, ¡está loca por ti! ¡Estoy segura de que lo espera con ansias!»
«¿Tú crees?»
«Parece el mundo al revés…Tengo la impresión de que revivimos la escena de hace unos días, pero con los papeles cambiados»
«Bueno, no deseo apresarla, de ir demasiado rápido…»
«¿Ves?...¡No es nada fácil estar de ese lado!»
«Lo acepto…pero bueno, ¡no voy a rendirme! ¡Es más, voy a mandarle un mensaje para proponérselo!»
«Llámala…será mejor»
«¡Sí, tienes razón!»
Ringggggg. El timbre acababa de sonar y Emma se levantó para ir a abrir mientras David entraba en su habitación para llamar.
«¡Hola, Rub'!»
«¡Hola! Vaya, ¡estás de buen humor!»
«¡Sí! Entra, te lo explicaré»
Emma retrocedió para dejar pasar a su amiga, después cerró la puerta tras ella.
«¿David no está?»
«Sí, sí…está al teléfono con su amada…¿quieres algo de beber?»
«Oh, heu..lo mismo que tú. ¿Su amada?»
«¡Sí! Bueno, aún no es en realidad su chica, pero creo que no tardará…
«¿La conozco? ¿Estaba en la gala?»
«No, ella no estaba, es Mary Margaret Blanchard, la maestra del hijo de Regina. ¿Te va cerveza?»
«¡Ah, ok! Sí, está bien»
«Sí, se conocieron cuando David aseguraba la protección de Henry. Toma» dijo tendiéndole la botella mientras se sentaba en el sofá.
«Gracias. Es agradable como todo…»
«¡Ah, pero espera, no has visto lo mejor! ¡Es super tímido con lo que respecta a ella!»
«¿Ah sí?»
«Sí, y ella no se queda atrás, por lo que se ve, porque no han hecho sino mandarse mensajes desde hace días. Ahora él está al teléfono para invitarla a un restaurante el fin de semana que viene»
«¿Qué? ¿No se han visto desde entonces?»
«Bah, se han visto dos veces. La primera, el día del tornado, y dos días después David pasó por la escuela para ofrecer su ayuda y retirar los escombros que se encontraban en la escuela. Y adivina por qué clase comenzó…»
«Picarón…»
«Sí, pero no fue el único buen samaritano, no se quedó mucho tiempo. Y después, bueno, no se ha atrevido a invitarla a salir. Prefiere conocerse mejor antes…»
«No está mal por su parte…»
«Ya, ¡pero a mí me empujaba a hacer lo contrario!»
«Sí, pero entre tú y Regina es diferente…en fin, no sé cómo es entre él y su amada, como dices tú, pero desde que a ti y a Regina se las ve…¡se ve esa tensión sexual cuando os miráis!»
«¿Qué? Pero, no digas tonterías…»
«¡No te hagas la tonta! ¡Se ve que os gustáis! De hecho, parece que ha sido un flechazo…y ¡no me digas que es mentira! Estoy segura de que piensas constantemente en ella, y te apuesto lo que quieras que por su parte es lo mismo»
Ante esa conclusión, Emma no pudo sino sonreír. Por supuesto que había sentido un flechazo. Pero, ¿era así para Regina?
«Ya veremos qué pasa el lunes por la noche…»
«¡Estoy segura de que todo irá bien!»
David salió en ese momento, todo sonriente y las chicas comprendieron lo que eso significaba.
«¡Hola David!»
«Hola Ruby!» dijo él aún en las estrellas
«Bueno, David abandona la partida, ¿lo reemplazas?»
«¿Qué juego es?»
«Call of Duty»
«Ok, pero te aviso, nunca he jugado…»
«No pasa nada, te enseño y además no puedes ser peor que David…» dijo ella sacándole la lengua a su amigo que, visiblemente, no había escuchado palabra.
Y su tarde se pasó de maravilla, con risas, anécdotas, una buena pizza delante de la peli "Real Steal"
Mientras que en casa de los Mills, Henry optó por "Gru, mi villano favorito", que también les hizo reír a carcajadas.
El pequeño estaba sentado en el sofá, en los brazos de su madre. Adoraban esos momentos en que solo eran los dos y donde el mundo exterior no existía.
El domingo fue el día en que Regina tuvo que hacer la maleta para su pequeño, para su semana lejos de ella. Sintió un pinchazo en el corazón al tener que dejarlo partir, y encontrarse sola en esa gran casa, sin las risas que animaban la inmensa mansión y los momentos de complicidad que tenía con su hijo.
Cuando hubo acabado de preparar el equipaje, y como hacía buen tiempo para un día de marzo, le propuso ir a pasear al parque de la ciudad para que pudiera ver los cambios que se habían hecho y poder disfrutar un poco del sol y del aire.
Emma, por su parte, acababa de despertarse, era la 13:00, la velada había acabado a las 06:00. Ruby, David y ella se habían quedado dormidos en el sofá, y Emma sintió que sus costillas así como su espalda lo iban a sentir.
Entonces se estiró, después se levantó para hacerse un café, despertando en ese momento a sus amigos.
«¿Qué hora es?» preguntó, con voz adormilada, David saludando a la rubia
«Pasa de la una»
«Mierda, nos hemos levantado tarde…»
«Sí…y no sé tú, pero a mí me duele todo el cuerpo»
«Sí, a mí también»
«Hola, chicos…» dijo Ruby acercándose a ellos
«¿Café?» propuso Emma sirviendo una taza a David
«¡No te lo voy a rechazar, gracias!»
«¿Os parece si damos una vuelta para tomar el aire?»
«Voy primero a darme una buena ducha, nos vemos después»
«Yo voy a mi casa, ducharme y cambiarme sobre todo…»
Se echaron a reír y se bebieron su café antes de que Ruby se despidiera y saliera.
«Bueno, voy a ducharme»
«Ok, yo iré después»
Una hora más tarde, salieron finalmente del apartamento del joven vestidos de sport, y comenzaron su sesión de footing.
«¡Hace un siglo que no corremos!» dijo David que había perdido la costumbre
«Sí…teníamos que descansar…pero es urgente que nos pongamos de nuevo en forma» respondió ella «Bueno, entonces…¿de qué hablasteis…Mary y tú?»
«No gran cosa…estaba preparando su equipaje…para mañana…así que no quería molestarla por mucho tiempo…»
«Y…¿para cuándo la cita?»
«Sábado…le propuse…ese día…para que pueda descansar de su semana…»
«Considerado de tu parte…estoy segura de que adora tu atención…»
«¿Tú crees?»
«Sí…»
«¿Y tú con Regina? ¿Ya sabes…dónde llevarla?»
«Sí…como Ruby me ha dicho que le gusta la comida especiada…conozco un pequeño restaurante bastante agradable…elegante y discreto…Llamaré mañana para reservar…»
«¡Bien visto! Yo aún no sé…dónde llevar a Mary…»
«¡Tienes tiempo para pensarlo!»
«Sí, es verdad»
Se echaron a reír y tuvieron que parar su carrera para recuperar el aliento.
«¡Emma, David!» escucharon a lo lejos
Se dieron la vuelta y vieron que un pequeño avanzaba hacia ellos. Henry.
«¡Hey, muchacho!» dijo ella mientras el chico se lanzaba a sus brazos.
David sonrió ante esa imagen al igual que Regina que se acercaba también a ellos.
«Buenos días, Señora Alcaldesa»
«Buenos días, Señor Nolan, ¿cómo se encuentra?»
«Bien, bien, ¿y usted? ¿Sabe? Puede llamarme David, el Señor Nolan era mi padre…» dijo él riendo provocando una sonrisa en la morena mientras Emma y Henry se separaban.
«Está bien…en ese caso, llámeme también Regina»
El hombre sonrió amablemente mientras Henry se acercaba a abrazarlo, y las dos mujeres avanzaban la una hacia la otra.
«Hey, Henry, ¿qué te parece si echamos una carrera?» le preguntó él
«Ok, pero te aviso, ¡corro muy rápido!»
«¡Eso lo veremos!»
Y ante la mirada divertida de las dos mujeres, se alejaron corriendo antes de que ellas centraran su atención la una en la otra.
«Buenos días, Regina, está muy guapa…los vaqueros le sientan de maravilla»
«Y usted, la ropa de deporte parece haber sido concebida para usted…Le sienta muy bien»
«Estoy sudada, no estoy segura que me sienta tan bien…Así que he perdido muchos puntos…»
«¿Puntos?»
«Bueno, a su lado, es difícil rivalizar con usted…Siempre intento estar bien vestida, pero usted siempre consigue estar más hermosa que la vez anterior…»
Regina enrojeció y desvió la mirada hacia su hijo que estaba sobre los hombros de David para descolgar una cometa de entre las ramas de un roble.
«No es un concurso, ¿sabe?...» dijo divertida mirando de nuevo a la bella rubia que no había dejado de admirarla.
«Oh, sí, lo sé, pero digamos que es más fuerte que yo…es usted tan bella…» confesó Emma clavando su mirada esmeralda en los ojos de la morena
«Gracias…» murmuró ella enrojeciendo de nuevo más intensamente
«¡Mamá, mamá! Mira, ¡David y yo hemos encontrado esta cometa!»
«Es genial, cariño, ¿has intentado echarla a volar?»
«Sí, pero no hay suficiente viento…»
«En ese caso, quizás una próxima vez…»
«¡Sí! Mamá, el vendedor de helados se ha detenido no muy lejos, ¿puedo comerme uno? Por favor…» dijo sonriendo con todos sus dientes
«De acuerdo…» respondió ella divertida, mientras el muchacho saltaba en el sitio «¿Quieren unirse a nosotros?» propuso ella girándose hacia Emma y David
«Ohhh, muy amable, pero tenemos que dejarlos…después de todo es su fin de semana. Y además nos veremos muy pronto…» respondió Emma con una sonrisa que escondía su deseo de acompañarlos.
«¿Eso es verdad?» preguntó el joven con los ojos brillantes mientras su madre se conformaba con sonreír amablemente.
«¡Prometido! En cuanto vuelvas, haremos algo, ¿te parece?»
«¡Trato!»
Entrelazaron sus dedos meñiques, después la rubia centró su atención en la morena.
«Bueno, buen fin de jornada…»
«También a usted…»
«¡Diviértete, Henry!» dijo David despeinando los cabellos del niño.
«¡Sí, es verdad! ¡Diviértete mucho, chico!»
El niño abrazó a la rubia una última vez antes de acercarse a David que empezó a hacerle cosquillas cuando él lo abrazó.
«Bueno, adiós Emma»
Emma se acercó a la morena y le besó tiernamente la mejilla antes de retroceder y sonreírle mientras la morena volvía a enrojecerse.
«Adiós Regina…»
«¿Vienes mamá?» dijo su hijo liberándose de las cosquillas de David
«Sí. Adiós David»
«Adiós Regina»
La morena retrocedió y cogió la mano de su hijo para alejarse, un poco con pesar
«Es tan dulce…»
«Y tú con tanta suerte…»
«¡Ehhh, tú tienes a Mary, te recuerdo! Deja de mirarla así…»
«¿Qué? ¿Estás celosa? ¡Jajajaja, deja que me ría! ¡Venga, vamos, volvamos!»
Ella lanzó una última mirada hacia la morena y su hijo, y sonrió al ver que la morena la imitaba, después volvió a echarse a correr para alcanzar a su amigo.
El lunes por la mañana, Regina acompañaba, como era lo normal, a su hijo al colegio y Killian volvía a hacerles de chofer. Eran las 08:15, y el autobús escolar ya los esperaba. Mary Margaret, la maestra de Henry, charlaba con los padres de la pequeña Grace. Henry no se lo había dicho a nadie, pero la encontraba muy bonita y muy amable.
Cuando hubo acabado de hablar, Regina y Henry caminaron hacia ella para saludarla mientras el conductor del autobús metía la maleta del muchacho en el portaequipajes.
«¡Buenos días, Henry! Señora Alcaldesa…» dijo ella con una sonrisa educada y respetuosa
«¡Buenos días, maestra!» dijo Henry, nervioso ante la idea de marcharse.
«Señorita Blanchard» dijo su madre «¿Todo está listo?»
«Sí, esperamos a los últimos y ya podremos partir»
«No lo olvide, si hay el menor problema…»
«La llamaré, prometido. Pero de todas maneras, pueden estar al corriente…»
«…gracias a la página de internet que mantendrán al día…Es verdad…»
«Tranquilícese, todo irá bien»
Regina sonrió, pero Mary podía ver la inquietud en la mirada de la Alcaldesa. Lo que era completamente normal.
«Bien, cariño, en tu mochila te he puesto algo de comer para el viaje, también hay en tu maleta para la vuelta, ¿de acuerdo?»
«Sí, mamá, gracias»
«Y heu…también he metido tu libro preferido…por si te aburres durante el viaje»
«¡Bien!» caminó hacia su madre y esta se arrodilló para estrecharlo en sus brazos
«Te quiero mucho, cariño. Ten cuidado, sé bueno y escucha a la señorita Blanchard, ¿entendido?»
«¡Entendido!»
Ella le dio un beso cerca de su sien mientras que él retrocedía.
«¡También te quiero, mamá, hasta pronto!»
«Hasta pronto…» dijo ella al verlo alejarse para subir al autobús con sus compañeros.
«Buen viaje, señorita Blanchard. Y sobre todo, no dude…»
«Gracias, y no se preocupe, todo irá bien. Buena semana, Señora Alcaldesa y hasta el viernes»
«Sí, hasta el viernes»
Hizo una señal a su hijo por última vez antes de que él se echara a reír junto a sus compañeros.
Ella esperó como los otros padres a que el autobús emprendiera camino para decirle adiós una última vez antes de dirigirse hacia la berlina negra donde Killian la esperaba.
25 minutos más tarde, habían llegado a la Universidad de Oakland donde Robin Molestus estaba impaciente ante la llegada de la morena.
«Señora Mills…está usted resplandeciente, como siempre…» dijo él acercándose a ella
«Señor Molestus» ella le tendió la mano para que él la estrechara, y el hombre se sorprendió ante el firme apretón de la mujer «Este es el señor Killian Jones, me acompañará durante la visita»
«Robin Molestus, encantado»
«Igualmente…» respondió el guardaespaldas estrechando también la mano del rubio.
«Bien, ¿comenzamos la visita?»
«Le seguimos» dijo ella, con una ligera sonrisa en el rostro, mientras que el rubio parecía seguro de sí mismo sonriendo de oreja a oreja.
Y el día pasó rápidamente, el rubio les había enseñado las grandes divisiones de la Universidad, hizo que el Gobernador Todd y la morena se encontraran e incluso había logrado que el Gobernador se uniera a ellos para almorzar en un pequeño restaurante no lejos de allí y Killian, aunque algo apartado, se mantenía atento al menor hecho y gesto que pasaba bajo sus ojos.
Para cualquier otro, ese día hubiera sido un verdadero calvario, solo se trataba de correr a derecha e izquierda. No era para nada relajado.
A las 17:30, cuando ella estaba a punto de entrar en el coche en el que Killian la esperaba tras el volante, Robin avanzó para abrirle la puerta, pero se interpuso entre el vehículo y la morena.
«Ha sido un placer tenerla durante todo el día»
«¡El placer ha sido mío, estoy muy impaciente por lanzarme a las próximas elecciones!»
«¿Ah sí? ¿A pesar de la sobrecargada jornada de hoy?»
«Sí, porque estoy convencida de que no todos los días son como este…si no, ¡no sé cómo lo han hecho los gobernadores hasta ahora!»
«Eso es verdad…Bueno, buen viaje de vuelta, Señora Alcaldesa, y espero que nos veamos pronto…»
«Claro…» ella le estrechó de nuevo la mano y se hundió en el coche, que arrancó.
Cuando el rubio volvió a caminar hacia su despacho, sacó su teléfono y marcó un número.
«Señor Molestus, ¿qué tal entonces ese día?»
«Acaba de marcharse, la he hecho correr por todos lados donde era posible, pero está obstinada en presentarse a las elecciones»
«Ya veo…»
«Le aseguro que he hecho todo lo que me ha pedido, he hecho todo lo que estaba en mis manos para…»
«Lo sé, Señor Molestus, Regina Mills es una mujer de carácter, no es fácil de convencer ni del tipo que abandona ante la primera dificultad»
«¿Entonces mi trabajo ha acabado?»
«Sí, su tarea está cumplida»
«¿Y por lo que respecta a mi hijo? ¿Nos dejará vivir en paz?»
«Lo haré, pero con la única garantía de que no le cuente nada a nadie»
«Tiene mi palabra»
«Más le vale, por su hijo…»
Por su parte, Emma se había levantado temprano, alrededor de las 09:00, había llamado al restaurante para reservar, había pedido un ramo de lirios en la floristería y había logrado embarcar a David en su día de tiendas para la misión "Vestido perfecto para una Cita Perfecta"
A las 18:40, tomó una ducha bien caliente, se lavó cuerpo y cabello, aprovechó para también depilarse, después salió, se cepilló los dientes y se pasó la crema hidratante a la aroma de vainilla por sus brazos, torso, vientre y piernas.
A continuación, se puso unas braguitas de encaje negro y su sujetador a juego. Se secó el pelo con el secador, onduló algunos mechones, después se puso el vestido negro, de estilo corpiño, que se había comprado algunas horas antes, se maquilló ligeramente los ojos, se pasó su brillo labial, un poco de polvos, algunos gotas de su perfume de vainilla en el cuello y busto, se calzó sus zapatos negros y salió del cuarto de baño para que David pudiera ver el resultado.
«¿Y?» preguntó haciendo una ligera mueca
«Emma, estás…»
«Estoy…»
«Magnífica…»
«¿En serio?»
«Sí, de verdad…estás…realmente muy hermosa. Regina tiene suerte» dijo con expresión divertida en su rostro, lo que relajó a la rubia.
«Gracias…bueno, voy a dejarte porque ya son las 19:30, y aún debo pasar a buscar las flores antes de ir a su casa»
«De acuerdo» él se levantó y la abrazó tiernamente «Buena suerte, amiga»
«¡Gracias! Bien, ¡hasta más tarde!»
Ella cogió su pequeño bolso, y tomó la puerta haciendo un último gesto con la mano a su amigo.
25 minutos más tarde, después de haber ido a buscar el ramo de lirios que había dejado encargado esa mañana, llegó delante de la mansión Mills. Su reloj marcaba las 19:56. No estaba retrasada, incluso había llegado con cuatro minutos de adelanto.
Comprobó su aliento con la ayuda de su mano libre, la otra sostenía el ramo, carraspeó y tocó. Una vez. Dos veces. Pero nadie atendió, y se sorprendió al no ver ninguna luz encendida.
«Extraño…» se dijo a sí misma «He llegado a la hora…»
Volvió hacia su coche, abrió la puerta y cogió su bolso. Sacó su teléfono y marcó el número de la morena. Pero su intento fracasó ya que salió el contestador.
Después el suyo comenzó a sonar, pero se sintió decepcionada al ver que se trataba de David.
«Hola, di rápido porque estoy delante de la casa de Regina y tengo que llamarla, porque…»
«Emma…» dijo con voz triste…«tienes que venir al hospital»
«¿Qué? ¿Por qué? ¡No, tengo una cita, lo sabes!»
«Ella no acudirá…»
«¿Qué?...¿Cómo lo sabes?»
«Por favor, ven al hospital, te lo explicaré…»
«¡No, dime!»
«Regina ha desaparecido. Killian y ella han sido víctimas de una emboscada, Killian ha salido del quirófano, pide hablar contigo, ven rápido, por favor, no le queda mucho tiempo…»
«…»
«Emma, ¿sigues ahí?»
«Voy»
La rubia no podía creerlo, subió a su coche y partió hacia el hospital. A causa de las lágrimas en sus ojos y del exceso de velocidad, estuvo a punto de chocar con tres coches por no haber respetado la prioridad a la derecha que se encontraba por el camino.
Diez minutos más tarde, apareció corriendo por los pasillos de urgencias. Al ver a David, lo llamó y él se giró hacia ella.
«¿Dónde está él? ¿Qué ha pasado? ¿Has avisado a Graham?»
«Está en la sala de al lado, ve a verlo, hablamos después, no aguantará mucho más tiempo…»
La rubia no insistió y dejó a su amigo para entrar en la habitación que estaba justo a su lateral.
«Emma…» dijo con dificultad el joven al ver a la rubia entrar
«¿Dónde está ella?»
«No lo sé…nos atacaron cuando llegamos a su casa…me dieron una paliza y me dispararon…no sé a dónde la han llevado…»
«¿Han? ¿Cuántos eran?»
«Tres. Pero Emma, tienes que saber…sé que vas a odiarme…pero…ella está en peligro…fui contratado para vigilarla…al principio solo querían…disuadirla para que no se presentara…pero ella lo desea sobre todas las cosas…así que quien hacerle daño…»
«¿Quiénes son ellos? ¿Presentarse a qué?»
«Al puesto de Gobernadora…Solo conozco a uno de ellos…un tal Gold. Es todo lo que sé…»
«¿Tienes alguna idea de adónde han podido llevarla?»
«Hay un almacén en el puerto…cerca del restaurante Greens…es ahí donde yo tenía que ir cada vez que…»
«¿Cada vez que qué?»
«Yo…ellos me sacaron de la cárcel…pero había un precio que pagar…»
«¿De la cárcel? Pero, no encontré nada en tu expediente»
«Lo sé…borraron toda huella…No dudarán en matarla…tienes que encontrarla…lo siento…»
Respiró una última vez, después se dejó ir. Sus ojos se cerraron mientras que la cólera de Emma se amplificaba.
Retrocedió, salió de la habitación sin darse cuenta de que el monitor ya no daba señales de vida, señalando la muerte del hombre. Un médico entró con dos enfermeras y ellos se encargaron del cuerpo.
Una vez fuera, Emma no se detuvo y David tuvo que correr para alcanzarla.
«Pero, ¿a dónde vas?»
«¡Al puerto!»
«¿Qué? No, Emma, detente dos segundos…» dijo él agarrándola por el brazo para obligarla a parar «No nos corresponde a nosotras hacer eso, sino a los polis…»
«¿Los polis? ¡No se moverán porque necesitan una orden para eso! Yo no tengo un minuto que perder. Si Regina está aún viva, ¡debo ir a buscarla ahora mismo! ¿Estás conmigo o no?»
El hombre no se tomó tiempo para pensar, asintió con la cabeza. Tomaron la dirección de la salida para llegar al coche de Emma que estaba aparcado cerca.
Quince minutos más tarde, llegaron delante del almacén del que había hablado Killian, tres coches 4X4 negros con los cristales tintados estaban estacionados al lado. Emma fue a esconder su coche unos metros más lejos, después salieron del vehículo, fueron al maletero donde Emma había escondido algunas armas.
Los dos cogieron una pistola, pusieron el silenciador que iba con tres cargadores de 13 balas cada uno en reserva, cargaron las armas colocando una bala en el cañón, después avanzaron sin hacer el menor ruido hacia el inmenso hangar.
«Aguanta Regina…ya llegamos…»
