Cita y confesiones
La tarde pasó en calma, las dos mujeres habían disfrutado del sol echadas en las tumbonas, pegada la una a la otra, y se habían dado las manos, sin soltarse, hasta que el teléfono de Emma comenzó a sonar.
«Es David» le dijo a la morena al ver el nombre en la pantalla del móvil.
Pulsó la tecla "Responder" y puso el altavoz.
«¡Hola, tú!»
«Hola, rubia, ¿todo bien?»
«Perfecto, ¿y tú? Estamos con el altavoz»
«Buenos días David…» dijo Regina para demostrar su presencia.
«Ah, ok, buenos días Regina. ¡Yo estoy bien! Y usted, ¿cómo se encuentra?»
«Mucho mejor, gracias, ¿noticias de mi hijo?»
«Precisamente le estoy siguiendo, a él y a su clase, a distancia desde que esta mañana partieron, están dando un paseo por el bosque…¡genial, verdad!»
Ellas se echaron a reír al escuchar la manera irónica que usaba el joven.
«Pero él está muy bien, no se preocupe»
«Bien, gracias por cuidar de él»
«De nada, es normal…Emma, te envío fotos que he tomado de este día a tu email»
«Ok, vamos a verlas»
«Bueno, os dejo, han decidido subir a la montaña…y prefiero estar pendiente de donde pongo el pie…»
«Ok…hasta más tarde, amigo, y gracias otra vez»
«¡Todo el gusto es mío!»
Ellas rieron de nuevo antes de que Emma colgara.
«Voy a buscar el portátil» dijo poniéndose en pie, seguida de Regina que fue a servir dos vasos de té helado.
Emma colocó el ordenador en la mesa de la terraza, lo encendió, se conectó a la red WI-Fi y fue a consultar sus emails. David había mandado un correo diez minutos antes. Clicó encima y el mensaje señaló que había más de cincuenta fotos.
Sentadas una al lado de la otra, la pantalla en medio de la mesa, frente a ellas, les permitió descubrir las diferentes imágenes que dejaban ver al pequeño Henry, muy contento con sus compañeros de clase.
Regina se sorprendió incluso al verlo cogido de la mano de una pequeña niña morena, muy bonita, paseando por el bosque, mientras que los otros caminaban libremente.
«Creo que tu hijo está enamorado…» susurró Emma al ver el rostro estupefacto de la morena
«En efecto…pequeño granuja…»
Emma se echó a reír mientras que la morena permanecía concentrada, sin aún podérselo creer.
«En serio…¡deberías ver tu cara! ¡Vale todo el oro del mundo!»
«¿Se está burlando, Miss Swan?» dijo de forma mezquina, alzando una ceja, mientras se mordía un labio.
«¿Burlarme? ¡Naaaaaa, no me atrevería!»
«¡Sí lo haces! ¡Ok, y si es así, anulo nuestra cita!»
«No, ¿estás de broma?» dijo la rubia dejando de reír
«¿Quién ha puesto ahora una cara que vale todo el oro del mundo?»
Regina se echó a reír y Emma, aliviada al ver que la morena le había respondido con la misma moneda, comenzó a hacerle cosquillas bajo las costillas, lo que hizo que la morena se sobresaltara y se levantara.
«No, Emma…eso no…»
«Entonces, quieres anular nuestra cita, ¿es eso?» dijo acercándose como una leona a su presa
«No, Emma…¡Ah!» echó a correr para escapar de la rubia que la perseguía riendo.
Rodearon la mesa, la piscina y se dirigieron a la playa. Emma no tardó en atrapar a la morena que se dejó caer en la arena. La rubia la sujetó de espaldas y comenzó a hacerle cosquillas delicadamente, provocando unas risas locas por parte de su víctima.
Cuando Emma paró las cosquillas, clavó su mirada esmeralda en los ojos chocolate de la morena, después se inclinó para besarla tiernamente. Regina cogió su rostro entre las manos y respondió ávidamente al beso.
Sin aliento, Emma se enderezó y le sonrió.
«¿Aún con ganas de anularla?»
«Por nada del mundo…»
Se besaron de nuevo, mientras Emma pasaba una mano bajo la blusa de Regina para acariciarle dulcemente la cintura. Lo que agradó inmensamente a la morena. Pero la razón volvió a ella y posó su mano sobre la de Emma
«No, espera…»
«Lo siento…» respondió la rubia retrocediendo «Voy demasiado deprisa, lo sé»
«No, no lo sientas…es solo que, primero, todo el mundo podría vernos, al menos tus vecinos, y después nunca lo he hecho con una mujer y…»
«Oh…no, yo…no pensaba hacerlo aquí…quiero decir, no era mi intención hacértelo creer…solo deseaba tocarte…sentir la suavidad de tu piel…»
Regina le sonrió antes de depositar un pequeño beso en la comisura de sus labios para tranquilizarla.
«Bien…heu…¿y si vamos…a terminar de ver las fotos de Henry?» propuso la rubia poniéndose de pie y estirando las manos para ayudar a la morena a levantarse.
«Buena idea»
Una hora más tarde, después de haber visto y comentado cada foto, incluso una en la que se podía ver a David sacando la lengua para hacer reír a las dos mujeres. A continuación, al ver Emma la hora que era, le propuso ir a prepararse para la velada. Tenían una hora y diez minutos para hacerlo.
Subieron y se separaron para cada una dirigirse a su habitación.
Una vez la puerta cerrada, Emma corrió a desvestirse para meterse bajo la ducha, cinco minutos más tarde, cronometro en mano, ya se había lavado cuerpo y cabello. Se dio prisa en pasarse una crema hidratante en sus piernas, se vistió, se secó el pelo, los onduló como la víspera, se maquilló y puso perfume. Después de media hora de arreglo, hela preparada para la velada de su vida. Salió de la habitación, escuchó tras la puerta de la morena para saber si aún estaba dentro, después bajó las escaleras sin hacer ruido.
Una vez en la plata baja, se puso los zapatos rojos que combinaban con el vestido ajustado, en forma de corpiño de color negro con reflejos de lentejuelas rojas, y se dirigió al comedor. Allí, de uno de los armarios sacó un mantel rojo oscuro, dos porta velas y sus velas, y fue a la terraza para disponerlas sobre la mesa de caoba. Después se marchó a buscar el servicio de plata que había pertenecido a su madre, dándole las gracias de paso, y lo colocó elegantemente sobre el mantel, enrolló los cubiertos en las servilletas de tela, y dos copas fueron colocadas delante de cada plato. Una para el agua y otra para el vino.
La mesa era digna de un restaurante de cinco estrellas y Emma podría estar orgullosa de ello. Veinte minutos más y la morena bajaría para unírsele.
Así que fue a abrir la puerta antes de que tocaran, para no despertar las sospechas de Regina, cogió la bolsa con la cena y pagó al mensajero. Cerró la puerta y se dirigió a la cocina.
Allí, puso el horno en marcha, al mínimo, lo justo para mantener calientes los alimentos. Desembaló la comida y la colocó en una hermosa y gran bandeja para después meterla en el horno algunos minutos. A continuación volvió a la entrada cuando escuchó que una moto se paraba en la entrada. Las flores.
Diez minutos más tarde, Regina salió de su habitación, percibió el buen olor que provenía del piso de abajo, y siguió su huella. Cuando llegó a las escaleras, vio que Emma la esperaba toda sonriente con un ramo de lirios en las manos.
«Estás aún más magnífica que en mis sueños…» susurró Emma ofreciéndole el ramo
Y Emma decía la verdad, Regina había recogido sus cabellos en un moño perfecto, su rostro maquillado lo justo para resaltar sus ojos marrones, y para acabar, su nuevo vestido, de un azul noche que desvelaba apenas su escote, lo que justo le hacía falta a Emma para ponerse a soñar.
Regina bajó el último escalón, encontrándose cara a cara con la rubia. Cogió el ramo en sus manos, se lo acercó a la nariz, olió el perfume de las flores cerrando los ojos, después se acercó a la rubia.
«Gracias» dijo antes de depositar un dulce beso en sus labios «Tú también estás magnífica»
La rubia le sonrió antes de ofrecerle su brazo para caminar hacia la terraza.
«Madame…» dijo ella sacando la silla para la morena que estaba estupefacta ante el decorado que tenía delante.
La mesa estaba magníficamente puesta, sus platos recubiertos con una tapa de acero inoxidable, la luz estaba rebajada gracias a las velas y a la caída del sol en el horizonte, y un fondo musical de jazz similar al que sonaba alrededor de ellas el día de la gala.
«Emma, es…no tengo palabras»
«Entonces, siéntate…»
Emma le sonrió tiernamente, y Regina, sintiéndose en ese momento la más afortunada del mundo, tomó asiento en la silla que la rubia le apartaba.
«¿Cómo…?»
«Ah, ah, misterio…»
«No has tenido tiempo de cocinar»
«No, eso es verdad. He pedido en el mejor restaurante de la zona…era eso, o tendría que haber cocinado delante de ti, y se hubiera estropeado la sorpresa…» dijo avergonzada
«¿Y qué hay aquí debajo?» preguntó curiosa
«Bueno, sé que te gusta la comida especiada así que…te dejo que lo descubras»
La morena levantó su tapa, seguida por Emma, que las cogió y las dejó un poco más lejos sobre la mesa.
«¿Pimientos rellenos?»
«A la mexicana, sí, señora, espero que te gusten»
«Me encantan…gracias…»
«¡Con mucho gusto!» cogió la botella de vino tinto, sirvió un poco en la copa de Regina y dejó que lo catara.
«Hummm…delicioso»
«Es un vino californiano, un amigo de Carmen tiene viñedos, y lo conozco un poco, ¡así que esta mañana fui a verlo y le pedí una botella de su mejor cosecha!»
«Es excelente»
Se sonrieron mientras Emma servía el vino en ambas copas.
«Bien, ¡buen apetito!»
«Gracias, a ti también»
Brindaron con sus copas, bebieron un poco, y empezaron a comer.
«Mmmmm…está…divino» confesó la morena disfrutando la cena
«Está bueno, eh. A Annabeth y a mí nos gustaba pedir en Sergio, es el dueño, creo que incluso salieron juntos, pero nunca me lo confirmó y nunca me atreví a hablarle de él»
«Bien, le dirás que sus platos son una delicia…»
«De acuerdo…Entonces, háblame un poco de ti…»
«¿Qué quieres saber?»
«Todo lo que tú quieras»
«Bien, no sé por dónde comenzar…»
«¿Qué te empujo para convertirte en alcaldesa?»
«Oh, era un sueño que tenía de adolescente y lo hice realidad. Cuando tenía 15 años, estaba en un colegio privado, en el que era obligatorio llevar uniforme…»
«Hummm, interesante…» dijo Emma con una pequeña sonrisa perversa en los labios que hizo reír a la morena antes de continuar.
«Yo había elegido la rama de ciencias políticas y hacíamos muchos debates. También seguíamos la actualidad en el mundo, pero sobre todo de la ciudad y me di cuenta de que la injusticia reinaba por todos lados. Así que me propuse como objetivo hacer lo que fuera posible para cambiar las cosas, y ¿qué mejor que convertirme en alcaldesa para ser escuchada? Sobre todo cuando una es una mujer. No se nos toma en serio, y yo deseaba hablar para el pueblo defendiendo los intereses del pueblo…y aquí estoy, a la cabeza de la magnífica ciudad que me ha visto crecer…»
«Eso te honra…Debes estar orgullosa de ti…»
«Es verdad, no lo escondo, me gusta pensar que tenía un sueño y que lo he hecho realidad por mí misma…¿quieres saber algo más?»
«Hummm…¿tu color preferido?»
«Jajajajaj. Diría que…el negro. ¿Y tú?»
«No tengo preferencia, pero me gusta mucho el rojo»
«Muy bien, me toca…»
«Venga…»
«¿Por qué el ejército?»
«Hmmm…buena pregunta…creo que deseaba compensar mi conducta. Tenía 20 años cuando decidí enrolarme. Como no tenía antecedentes, sorprendente después de lo que hice durante mi adolescencia, pasé las pruebas y me aceptaron. Me sentía revivir. Tenía una meta en la vida: proteger a mi país y a las pocas personas que eran queridas. Desafortunadamente, dos años más tarde, cuando estaba en Irak con David, supe de la muerte de Annabeth, volví para encargarme del funeral y hacer mi duelo. Después de eso, pasó la historia del bar que ya conoces, así que nunca más he vuelto a salir del país.
«¿La echas de menos?»
«Sí…todos los días de hecho. No pasa un día en que no piense en ella»
«Te entiendo…siento lo mismo por mi padre»
«¿Cómo era él contigo?»
«Durante mi infancia, era muy protector, era hija única. Solo me tenía a mí y compartíamos todo. Mi pasión por la equitación me viene de él…»
«Ah, no sabía que te gustaba eso»
«Y no poco…montaba casi todos los fines de semana…»
«¿Y qué pasó después?»
«Mis padres se divorciaron. Y me fui con mi madre, mi padre tenía derecho de visita, pero sabía que eso le apenaba. Y puedo entenderlo. Creo que si me quitaran la custodia de Henry, sufriría terriblemente…»
«Fue ella la que te presentó a Leopold, ¿no?»
«Sí…ella pertenecía a un club muy elegante de la época, un circulo de hombres importante, si quieres…Pero extrañamente, nunca he comprendido por qué me empujo a sus brazos y no fue ella misma…»
«¿Y eso? ¿Por qué? ¿Le gustaba?»
«Creo que sí…pero nunca se lo he preguntado»
«Extraño, en efecto…»
«¿Y tú? ¿Nunca has estado casada?»
«No…y nunca he pensado en ello, de hecho. Sabía que si un día me casaba, sería con la mujer de mi vida»
«¿Una mujer? Entonces, ¿siempre has sabido que…»
«…que era lesbiana? Sí…Basta con saber que los únicos posters que tenía en mi habitación eran de Xena…»
«¿Xena? Jajajajaj…»
La morena se echó a reír mientras Emma enrojecía de vergüenza.
«Bueno, ¿qué?...Era la única mujer luchadora que conocía…En esa época me decía que si me hacía tan fuerte como ella, no me pasaría nada…»
«Ahora comprendo mejor lo del ejército…»
«¡Deja de reírte de mí! ¡Te recuerdo que ahora conozco tu punto débil!» dijo sacándole la lengua y dirigiendo una de sus manos hacia el abdomen de la morena.
«¡No! De acuerdo, entendido, ya no me río más…»
«Vale…»
La morena la miró e intentó volver a ponerse seria antes de soltar otra carcajada.
«Volvemos otra vez…»
«¡No, es que ahora…te imagino vestida de cuero, blandiendo una espada!»
«Eso aún puede hacerse…pero más tarde…» dijo ella haciendo un guiño
Regina, que comprendió lo que había tras esas palabras, se quedó callada, enrojeciendo al momento.
«Bromeaba, bromeaba…» la tranquilizó Emma mientras bebía un poco de vino.
«Entonces…¿nunca has salido con un hombre? ¿Ni en la adolescencia?»
«Ah, sí…pero solo una vez, y ya fue demasiado…Tenía 16 años. Estábamos en clase juntos, y en mi colegio no había sitio para los gais, así que cuando me pidió que saliéramos juntos, acepté. Estuvimos siete meses juntos. Pero, bueno, no estaba enamorada de él, lo quería como a un buen compañero, pero confieso que si estaba con él era únicamente porque no era feo y porque su hermana era la capitana de las animadoras…»
«¿Querías usar su popularidad para no despertar las sospechas sobre tu orientación sexual?»
«Algo había de eso. Me invitaban a las mejores fiestas, pero no iba muy a menudo…además también quería que me hiciera entrar en el equipo»
«Oh, ¿querías ser animadora? ¡Yo también lo fui!»
«Sí, pero no creo que tuviéramos las mismas motivaciones…»
«¿Cómo?»
Emma le lanzó una mirada perversa mientras que la morena no parecía comprender.
«Los vestuarios…las duchas…¡todo lo hacen juntas esas chicas!»
«¿Y lo lograste? Entrar en el equipo, quiero decir»
«¡Sí! ¡Como todo lo demás! Incluso tuve una aventura con una de las chicas del grupo…bueno, solo pasó unas cinco o seis veces, pero fue divertido…»
Regina se echó a reír una vez más, seguida de Emma. La velada estaba yendo realmente bien, se iban conociendo poco a poco y eso las colmaba. Ningún tabú entre ellas. Se contaban todo, no había ningún secreto.
Al acabar la cena, Emma recogió los platos, Regina se ofreció a ayudarla, pero Emma lo había rechazado, aunque la morena no la escuchó. Después Emma sacó el postre.
«¿Tarta de manzana?»
«Pasé por la panadería esta mañana cuando fui a hacer la compra. ¿No te gusta?»
«Sí, al contrario. ¡Me encantan las manzanas!»
Cada una se comió un trozo, una verdadera delicia para el paladar. Emma le volvió a servir vino, pero las dos tomaron cuidado de no embriagarse.
Siguieron hablando de esto y de aquello, después Regina se excusó y fue a "refrescarse", y Emma aprovechó para poner una lenta. Eligió entonces la voz de Carolina Wallace y sus canciones "Infinity" y "Wicked Game"
Cuando Regina volvió, Emma le sonrió amorosamente y le ofreció su mano para un nuevo baile entre ellas. Regina también sonrió y colocó su mano en la que Emma le tendía y esta se encaminó hasta el medio de la terraza para tener más espacio.
Inmediatamente adoptaron las mismas posiciones que la primera vez, es decir, Emma colocó una mano en la espalda de la morena, y Regina, por su parte, la dejo reposar en el hombro de la rubia, y las manos libres se unieron sobre el pecho de Emma, acariciando el pulgar de esta la palma de Regina.
Mejilla contra mejilla, los ojos cerrados, ese instante era de ellas. Lejos de las amenazas que planeaban como una espada de Damocles sobre la cabeza de Regina. Nada más contaba. La música las acunaba, sus respiraciones hacían subir y bajar sus torsos, uno pegado al otro. Estaban bien.
Cuando la canción acabó, otra comenzó, dando paso a "Young and beautiful" de Lana del Rey.
Regina adoraba esa canción, como también le había gustado la anterior. Definitivamente, tenían más cosas en común de lo que ella hubiera pensado.
Y cuando se incorporó, Emma la miró a los ojos, y vio una expresión inquieta.
«¿Algo va mal?»
«No…solo es que…»
«¿Sí?»
«La noche es perfecta…nunca hubiera creído poder sentir tal felicidad…»
«¿Pero?»
«Pero…es que…me pregunto cómo va a acabar…»
«¿Ah? Aaahh…de acuerdo…Bueno, no quiero forzarte a nada. Iremos al ritmo que tú quieras. Es verdad que desde hace algunos días intento hacer avanzar nuestra relación, pero…no te he traído aquí con esa intención»
«Lo sé Emma…y no te recrimino nada…al contrario, no hubiera sido capaz de dar el primer paso sin ti»
«¿De qué tienes miedo?» preguntó sinceramente, sin malos pensamientos, con dulzura en la voz
«De no hacer las cosas correctamente…Hace ya algunos años que no he…en fin, ya sabes…y nunca antes con una mujer…es nuevo para mí. No me malinterpretes, adoro estar contigo. Estar en tus brazos, besarte, sentirme protegida y deseada…pero…no deseo decepcionarte»
«Entonces ese es el problema…¿sabes? Yo también pasé por eso…Y sé lo que es, pero yo estaré aquí. Y te lo vuelvo a decir, iremos a tu ritmo, prometido. Así que si no estás lista, no hay problema, lo entiendo»
«¡Pero, yo lo deseo!»
Regina había soltado esa revelación un poco más alto de lo que habría deseado, sus hormonas sin duda. Y eso la hizo enrojecer y pararse, mientras Emma sonreía antes de tomar su rostro entre sus manos para besarla.
A continuación dejó sus labios para besar el contorno de su mandíbula y descender progresivamente a su cuello, provocando de esa manera un silencioso gemido por parte de la morena.
«Emma…»
Esta quiso pararse, pero Regina hundió su mano en su cabellera, incitándola así a continuar.
«¿Quieres que subamos?» murmuró la rubia entre beso y beso
«Sí…» susurró sintiendo cómo el deseo ascendía en ella.
Emma detuvo sus besos, cogió su mano mirándola a los ojos, y lo que vio la colmó. Regina tenía las pupilas dilatadas, oscurecidas de deseo y de ganas.
Subieron lentamente a la habitación, ninguna precipitación en sus gestos, solo un mutuo deseo.
Emma se dirigió hacia su habitación, esta era una de las más hermosas de la casa, tenía un balcón que daba hacia el océano. Las ventanas estaban entre abiertas y la melodía de las olas rompiendo en la playa era el único sonido que llegaba a ellas, volviendo el ambiente aún más romántico.
Cuando Emma cerró la puerta tras ellas, Regina detuvo todo movimiento, mirando esa cama que iba a ser testigo de sus retozos.
¿Iba realmente a hacerlo? ¿Iba a hacer el amor con esa mujer que solo conocía desde hacía tres semanas? La respuesta le pareció evidente. Por supuesto que iba a hacerlo. Tenía unas terribles ganas, tenía ganas de que Emma Swan le hiciera el amor.
Porque sabía que Emma le ofrecería lo que hasta ahora nunca había conocido. Una noche de amor y de ternura. Lo que nadie hasta ese momento había querido compartir con ella. Se acordó de su primer amor, Daniel. Ella tenía 17 años, eran jóvenes y los dos inexpertos, fue torpe, no desagradable, pero no había habido fuegos artificiales.
Después, hubo un chico de la facultad, Eduardo. Entre ellos fue más bien algo pasional, incluso tórrido, pero su relación solo estaba basada en el sexo y Regina se cansó pronto.
Después de él, llegó su marido, ese ingrato de Leopold, veinte años mayor que ella. Al pensar en ello, Regina sintió asco de ella misma por haberse casado con ese cabrón. Nunca la trató con respeto cuando se encontraban en la habitación. Ni siquiera en la noche de bodas, al contrario, había sido una bestia desde el comienzo, creyéndose sin duda que era eso lo que a ella le gustaba, pero equivocándose de pleno.
Y para acabar, Emma, esta mujer dulce, respetuosa, romántica y protectora que incluso había arriesgado su vida dos veces para salvar la suya. Y aunque fuera una mujer, y ella ni hubiera conocido nada así antes, a Regina le daba definitivamente igual. Todo lo que contaba en ese momento era que estaba en esa habitación con ella y que iban a concretizar lo que las dos deseaban desde el principio. Porque si Emma le había confesado que había caído presa de sus encantos la primera vez que se vieron, es decir, en su despacho, a Regina le había pasado lo mismo.
Mientras se mantenía estática, Emma llegó por detrás, retiró sus cabellos con la mano para depositar un tierno beso en su cuello y nuca, enardeciendo en alta media a la morena que cerró los ojos para deleitarse con sus atenciones.
«¿Estás segura de que es lo que quieres? Podemos esperar si no estás preparada…» murmuró Emma retrocediendo ligeramente
Regina asintió con la cabeza y pasó una mano por encima de su hombro para agarrar la nuca de Emma y atraerla hacia ella.
«No, continúa…»
Emma sonrió, y volvió a besarla mientras bajaba la cremallera de su vestido, colocó sus dos manos en los hombros de la morena para hacer deslizar la prenda que aterrizó en el suelo, a sus pies.
Emma descendió poco a poco sus manos hacia la cintura rozando el voluptuoso pecho de Regina con la punta de sus dedos, para acabar acariciando con cariño su vientre, mientras continuaba con sus besos, aquí y allí sobre los hombros, subiendo por el cuello, su mejilla. Después, y ayudándose de sus manos en su cintura, hizo que se diera la vuelta para poder mirarse a la cara.
Sus miradas se cruzaron, tímida en una, tranquilizadora en la otra. Emma tomó el rostro de la morena entre sus manos y la besó tiernamente. Regina no sabía dónde poner sus manos, así que las apoyó en los antebrazos de la rubia antes de que esta rompiera el beso y quitara sus manos de sus mejillas para quitarse su propio vestido.
Estando las dos solo en ropa interior y calzadas, Regina escrutó su cuerpo, ciertamente con deseo, pero también con curiosidad. Aunque ya había posado sus ojos sobre el cuerpo de una mujer, supo que no era lo mismo, pues esta vez tenía ganas de besar cada parcela de ese cuerpo, de apretar su cuerpo contra el de ella.
Emma, que aún le sonreía, vacilaba en quitarse el sujetador, por miedo a que la morena quisiera dar marcha atrás y dejar la habitación para nunca más volver.
Y como una respuesta a sus expectativas, Regina quiso, por una vez, dar el primer paso acercándose a ella y posando sus manos en su cuerpo. Una en su cintura, justo bajo su pecho derecho, acariciando su piel con su pulgar antes de alzar su rostro hacia Emma.
Entonces la rubia se lanzó. Pasó sus manos por su espalda una vez más, desabrochó el sujetador y Regina la miraba hacer antes de tomar posesión de las finas asillas de encaje para bajarlas.
Con su sujetador dejado a un metro de ellas, Emma cogió las manos de la morena y retrocedió hasta la cama.
Cuando sintió el mueble en la parte posterior de sus muslos, se sentó, y volvió a besar la dulce y cálida piel de Regina, besando su vientre, acariciando su espalda, Regina alzó la cabeza hacia el techo cerrando los ojos, mientras sus manos se encontraban hundidas en los cabellos dorados de Emma.
Las caricias de Emma iban y venían por la espalda de la morena, subiendo a veces hasta el sujetador de la morena o rozando los laterales de sus muslos. Entonces, Regina decidió hacer caer las últimas barreras de su desnudez y desabrochó a su vez su sujetador.
Emma alzó la cabeza, su boca medio entre abierta al admirar tal belleza frente a sus ojos. Ascendió sus manos hacia las nalgas de la morena, las agarró y elevó a la morena con sus brazos musculosos para hacer que sentara en sus piernas.
Regina, sorprendida, dejó escapar un ligero sonido de su boca antes de comprender las intenciones de la rubia y dejarse hacer, doblando las rodillas para que se apoyaran en el colchón, mientras su trasero lo hacía en los muslos de Emma.
Unieron de nuevo sus labios, mientras Emma volvía a acariciar su espalda, ascendiendo hasta su nuca, mientras su rostro se hundía en el cuello de la morena para succionar el lóbulo de la oreja.
Regina dejó que un nuevo gemido de satisfacción saliera de su garganta, haciendo sonreír a la rubia, que sin previo aviso, hizo rodar a la morena sobre la cama, intercambiando las posiciones. Regina echada de espaldas y Emma encima de ella.
Rieron ligeramente antes de volver a besarse. Las piernas de la morena se cruzaban en la espalda de Emma, sus manos se aferraban a su espalda, Emma aprovechó para deslizar a la morena hacia arriba en la cama y dejar su cabeza en una de las almohadas. A continuación, Emma se lanzó a la conquista de su pecho que la estaba llamando.
Así que la besó en la mejilla, en la mandíbula, bajó por su cuello, la parte alta de su busto para terminar su recorrido en uno de los pechos de la morena que gimió al sentir el contacto de los labios de Emma en su piel.
Sin querer dejar el otro pecho de Regina sin atención, Emma lo acarició con su mano, frotándolo al principio, después masajeándolo. Haciendo que el pezón se endureciera de placer.
Mientras el que tenía en la boca sufría el mismo destino, sintió las uñas de Regina clavarse delicadamente en su espalda, arañándola un poco, prueba de su placer.
«Emma…» suspiró ella, haciendo que Emma se enderezara por miedo de haber ido demasiado fuerte.
Al ver la mirada interrogativa de la rubia, Regina le tomó el rostro para besarla, mientras Emma continuaba acariciando su otro pecho.
Las manos de Regina aún no sabían dónde meterse. Rozaron los costados de Emma, y esta comprendió su incomodidad. Así que cogió una de las manos de Regina y la llevó hasta su pecho, después hizo lo mismo con la otra.
«Yo…no sé cómo…»
«Hazme lo que a ti te daría placer…» la tranquilizó una vez más la rubia antes de besarla.
Regina no se lo pensó más y así lo hizo, provocando un gemido por parte de Emma que le dejaba patente que iba por buen camino.
Sus besos no dejaron de intensificarse, dejando que la pasión las consumiera, sus respiraciones se hacían más entrecortadas, sus corazones latían desbocadamente.
Nada más contaba. Nada más, salvo ellas.
Emma soltó los labios de su compañera y fue bajando poco a poco hacia su ombligo. Besando, a veces lamiendo, esa suave piel de la que ya no podría abstenerse a partir de ese momento, hasta poner sus labios sobre el tanga de encaje de la morena, sorprendiéndola de nuevo. Emma la miró, pidiendo el acceso a su intimidad y Regina le respondió lamiéndose los labios.
Habiendo obtenido luz verde, Emma se enderezó ligeramente, pasó sus dedos por la pelvis de Regina, los metió entre la tela y su piel, y la hizo deslizar hacia ella. Regina estaba ahora completamente desnuda delante de los ávidos ojos de Emma.
La rubia ascendió lentamente hacia la morena, besando su rodilla, su muslo, una vez más su vientre, después descendió hacia su intimidad. Mientras iba depositando tiernos besos sobre su pubis perfectamente depilado, hacía enrojecer de placer a la morena.
A continuación, lamió toda la zona hasta la entrepierna, separó los muslos de Regina delicadamente con sus manos, acariciándolos de pasó, mientras que su lengua se convertía en su nuevo instrumento de tortura.
Regina se sentía excitada como nunca, posó sus manos en su pecho y comenzó a acariciarlos mientras una de las manos de Emma fue a juntársele.
Cuanto más la lengua de Emma la lamía, su boca chupaba su clítoris, su aliento cálido rozaba su intimidad, más sentía su respiración entre cortarse. Sentía su pelvis moverse al ritmo de la lengua de Emma sin ni siquiera poderlo controlar.
Y entonces una primera ola de placer invadió todo su ser, haciéndola arquearse en el momento en que Emma se enderezaba para besarla.
Regina la agarró por la nuca e hizo que se echara sobre ella, mientras la mano de la rubia se aventuraba por su entrepierna, acariciándola, rozándola. A pesar de su innegable deseo, Emma seguía siendo tierna en sus gestos. Pero Regina, que ya no podía más y que esperaba la última liberación, dio un golpe de pelvis que hizo comprender a Emma que podía ir más lejos.
Emma agarró uno de sus muslos y lo elevó para incentivar a la morena a que lo apoyara en su espalda, después continuó su exploración e introdujo un primer dedo en Regina, seguido de un segundo, mientras que Regina le mordía el labio para demostrarle que era lo que quería y que estaba bien.
Entonces, comenzó con el movimiento de la penetración, al principio a un ritmo suave y tierno, después un poco más rápido, el deseo de hacerla gozar la estaba tomando.
«¡Ohh…Dios mío! Emma…» resopló mientras la rubia no dejaba de mover su mano y sus labios de besar su cuello. «Más…» pidió ella
Emma añadió un tercer dedo a su maniobra y sintió cómo Regina hundía una de sus manos en sus cabellos y la otra en su pecho, para darle placer a ella también, aunque el simple hecho de poder hacerle el amor la llenaba lo suficiente, y la humedad de su intimidad era la prueba de ello.
Al cabo de cinco minutos de fricción, Regina se sintió renacer y no pudo evitar gozar, al límite de sus fuerzas.
Emma dejó que se recuperara, sacando sus dedos para llevárselos a su propia boca y lamerlos, encontrándose de nuevo con el gusto de la Alcaldesa en su boca.
Se echó al lado de la morena mientras esta recobraba, poco a poco, su respiración.
Regina, entonces, giró su rostro hacia la rubia, las dos se sonrieron, ante de acercarse para besarla en los labios, su mejilla cerca de su oreja.
«Enséñame. Enséñame a darte placer como nadie me lo ha dado antes que tú»
Emma tragó en seco y no fue capaz de negárselo. Así que tomó su mano y la condujo hasta su intimidad. Puso su mano sobre la de Regina e incentivó a sus dedos a acariciar sus labios internos, a jugar con su clítoris y a penetrarla.
Regina sintió esa nueva sensación que era darle placer a una mujer, dándose cuenta a la vez hasta qué punto su bajo vientre estaba húmedo.
Mientras que Emma, por su parte, cerraba los ojos para disfrutar mejor de lo que la morena le procuraba, el ritmo no era de los más rápidos, pero la timidez volvía las cosas dulces y agradables.
«¿Así?» preguntó Regina cuyos dedos se movían en el interior de Emma
«Más profundo todavía…» casi suplicó
Regina se aplicó y vio el pecho de Emma moverse más rápidamente, su respiración entre cortarse, su voz emitir gemidos que de nuevo la estaban enardeciendo.
Al ver cómo el placer de Emma ascendía, Regina acentuó sus movimientos, aceleró el ritmo y se lanzó a besar el pecho de la rubia, mientras, por una vez, fue la mano de Emma la que se deslizó por sus cabellos.
«Síii…más…» pidió la rubia, sus uñas martirizando las sábanas, el Nirvana dejándose ver poco a poco.
Regina redobló esfuerzos, se permitió añadir un tercer dedo en la intimidad de la rubia y sintió los músculos de esta estrecharse alrededor de sus dedos, señal de que el orgasmo no iba a tardar en llegar.
Y algunos minutos más tarde, fue el turno de la rubia de gozar sin medida, haciendo eco por toda la habitación.
Cuando hubo acabado, Regina quiso abandonar el pecho de Emma por ir a saludar su entre pierna, pero Emma se lo impidió dulcemente y le agarró el rostro, incorporándose.
«Pero…»
«Hay tiempo…no estás obligada a hacerlo ahora»
«Pero, lo deseo…»
«¡Y me haces feliz! Pero una cosa cada vez, ¿de acuerdo?»
«De acuerdo…»
Emma unió sus labios una última vez mientras se acostaban, atrayendo a la morena hacia ella y esta se recostó sobre ella. Una pierna entre las suyas, su nariz alojada en su cuello y una mano entre sus pechos. Mientras, Emma tenía una mano en su espalda y la otra sobre la mano que estaba apoyada en su propio pecho. Uniendo de esa manera sus dedos.
«Buenas noches, Emma…» susurró la morena
«Buenas noches, mi dulce Regina…» respondió la rubia antes de dejar un beso en los cabellos oscuros de su amada.
Y así acabaron, durmiéndose en la misma cama, por primera vez.
