Noche de chicas

Al día siguiente por la mañana, sobre las 08:00, Emma se despertó sonriente sintiendo un peso sobre su pecho. Regina estaba aún ahí. Estaba solamente cubierta por una fina sábana, y el aire caliente del exterior llegaba a ellas acariciando sensualmente sus pieles.

Emma apartó un mechón de cabello oscuro que ocultaba el rostro de su amada antes de acariciarle la mejilla. Le besó tiernamente la frente, provocando de esta manera un pequeño suspiro por parte de la morena aún profundamente dormida.

Salió de la cama lo mejor que pudo, delicadamente, sin moverla demasiado para evitar despertarla, se puso unas braguitas y un topo y salió de la habitación para dirigirse a la cocina.

Al llegar allí, comenzó a preparar un desayuno de reina para Regina en una bandeja de madera. Café, cereales, zumo de fruta, bollería, un vaso de leche, racimo de uvas, incluso había preparado algunas tortitas. Todo lo que podría agradar a la morena al despertar. Subió otra vez, cargada con la bandeja, y entró en la habitación.

La morena aún dormía, sonrió al verla reposar apaciblemente. La noche pasada había sido una de las más bellas de su vida. Por no decir que la más bella. Aunque no hubiese durado la noche entera. Lo que habían vivido y compartido en esa habitación quedaría grabado para siempre en su memoria.

Dejó la bandeja en una de las mesillas de noche, dejó otro beso en el rostro de la morena, después se enderezó, cogió su taza de café, y salió al balcón a coger aire.

El clima era cálido, había más viento que el día anterior, cierto, pero eso no lo había menos agradable. Bebió un sorbo de café, y escuchó tras ella a la morena estirarse y bostezar, señal de que estaba despierta.

Algunos segundos más tarde, la escuchó acercarse a ella y pegarse a su espalda, apoyando su mejilla en su hombro y enlazando sus brazos alrededor de su cintura para dejar sus manos sobre su vientre.

«Buenos días…» dijo hundiendo su nariz en su nuca para dejarle un pequeño beso

«Buenos días, señora alcaldesa, ¿ha dormido bien?»

«La noche más bella de mi vida…»

La rubia sonrió, se giró delicadamente para mirarla a la cara, observando de camino que Regina estaba solo vestida con una de sus sábanas enrollada alrededor de su cuerpo, recogida por encima de sus pechos.

Dejó su taza en la baranda del balcón, después tomó el rostro de su amada entre sus manos para posar sus labios sobre los de ella.

Un pequeño y dulce beso que las hizo sonreír antes de que las manos de Regina se deslizasen por debajo de la camiseta de su amante para acariciarle la parte baja de la espalda mientras el beso se intensificaba, volviéndose más apasionado.

Emma gimió suavemente mientras que la lengua de la morena jugaba con la suya y sus manos ascendían por su espalda y sus cuerpos se acercaban.

¡Cómo amaba a esa mujer! Ahora estaba segura de ello. Y haría todo para mantenerla a su lado tanto tiempo como Regina la quisiera.

Cuando se separaron, sin respiración, se sonrieron mientras los pulgares de Emma acariciaban las cálidas y enrojecidas mejillas de su compañera.

«Gracias por el desayuno…»

«Un placer…deberías comer mientras aún esté caliente»

«¿Tú no comes?»

«No tengo mucho apetito por las mañanas»

«Ah…»

«¡Pero me quedo a tu lado mientras!»

La morena sonrió de felicidad y tomó la mano de la rubia, que cogió su taza de camino, para hacer que se sentara en la cama con las almohadas sirviéndoles para apoyar la espalda.

«Entonces…¿cómo…en fin…quiero decir…te gustó lo que pasó anoche?» preguntó tímidamente la rubia mientras se llevaba la taza de café a la boca

«Fue diferente…»

«Ah…»

«Pero nunca lo había amado tanto…antes de anoche…»

«¿De verdad? Porque yo tenía algo de miedo…no lo es todo acostarse con alguien del mismo sexo…puede no gustarte o lamentar haberlo hecho…»

«Tengo la impresión de que hablas por experiencia. ¿Es así?»

«Sí. Me pasó una vez. Tenía 19 años. Era una amiga de una chica con la que estuve en una familia de acogida. Al principio, no quería hacerlo con ella. Por respeto hacia Becca, "mi hermana" y después porque sabía que esa chica nunca había estado con una mujer antes de mí. Becca y yo salimos algunas veces con amigos suyos y esta chica siempre estaba presente. Incluso Becca me empujaba a sus brazos. Y en la octava salida, si mis recuerdos no me engañan, acepté salir al cine y a un restaurante, después ella me llevó a su apartamento, lo hicimos, después en medio de la noche me pidió que me fuera, diciéndome que solo era una experiencia y que no deseaba continuar. Así que cogí mis cosas y me fui»

«Auch…»

«Sí…te confieso que después de eso me sentí sucia…tenía esa impresión de haber sido utilizada, de haber sido nada más que un objeto sexual…»

«Bien, pues conmigo no es el caso…Me gustó. Y creo que ya no podría abstenerme de ello…» dijo en voz baja desviando la mirada, mientras cogía el bol de cereales en sus manos y se llevaba una cucharada a su boca.

«Y eso que…aún no te he enseñado nada…»

A la morena le falto poco para ahogarse con los cereales y Emma se excusó rápidamente

«Perdón…debería haber esperado a que te tragases lo que tenías en la boca»

«Avísame la próxima vez, ¿de acuerdo?»

«¡Prometido! Bueno, voy a ducharme, hasta ahora…» dijo dejando un beso por arriba de su oreja.

Regina detuvo todo movimiento, sin atreverse a pedir si la dejaba que la acompañase. No deseaba pasar por una enganchada al sexo, porque en absoluto era así. Pero esa noche con Emma había sido muy diferente a todo lo que había podido conocer antes.

A continuación vio a la rubia quitarse el top y atravesar la puerta que conducía al baño. La vio darse la vuelta, quitarse las braguitas, quedando completamente desnuda delante de la morena.-

«¿Quieres venir?» preguntó la rubia con voz ronca

Regina no respondió, pero se dio prisa en dejar el bol sobre la bandeja y apartar las sábanas para unírsele.

Una hora más tarde, después de una ducha de los más entretenida, en la que el vapor había sido tanto que había recubierto el espejo que se encontraba en el dormitorio, habían salido a la terraza, y se habían sentado en la mesa para beber un nuevo café.

Después, escucharon el timbre de la entrada.

«Debe ser Carmen»

La rubia se levantó y fue a abrir para efectivamente encontrarse con la mexicana.

«Hola, cariño, ¿cómo estás?»

«Bien, ¿y tú?»

«Genial, ven, entra»

Emma se apartó para dejarla pasar, y después se dieron un beso.

Después se unieron a Regina que se había levantado para saludar a la morena que también le dio un beso, sorprendiendo un poco a Regina, poco acostumbrada a esas familiaridades.

«¿Quieres un café, cariño?»

«¡Sí, gracias!»

Dijo ella mientras la rubia desaparecía en la cocina.

«Entonces Regina, ¿cómo está hoy?»

«Bien, ¿y usted?»

«Podemos tutearnos, ¿no? Es usted una amiga de Emma, y sus amigas son también las mías» dijo ella con un guiño de complicidad.

«De acuerdo…» respondió ella con una sonrisa

«Sí, estoy bien, hoy tengo el día libre y he aprovechado para venir a molestar a G. I. Jane…»

«¿Ah, usted…heu tú la llamas también así?

«Ah, veo que no soy la única en llamarla así, ¡eso me tranquiliza!» dijo echándose a reír. «¡Es que creo que le va como anillo al dedo!»

«Es verdad, mi hijo también es de esa opinión…»

«Oh, tienes un hijo, ¿qué edad tiene?»

«Cumple nueve el mes que viene…»

«¡Qué rápido pasa el tiempo! ¿Verdad? Yo tengo una niña de siete años, pero ahora está con su otra madre…»

«Oh, eres…»

«Lesbiana, sí…como Emma, ¡es más, gracias a ella lo descubrí!»

«¿Ah sí? ¿Por qué? ¿Vosotras…?»

«¡Ah, no! Nunca hemos estado juntas. Pero comencé a salir por ahí con ella…Y una noche, me dejó ver que con las únicas personas con las que me gustaba bailar y con las que hablaba eran chicas. Bueno, no es del todo cierto porque también lo hacía con chicos…pero es verdad que ellos eran los menos…de golpe una noche apareció esa chica…sublime, que me invitó a una copa y Emma me dijo que me lanzara. ¡Y así comprendí mi verdadera naturaleza!»

«¡Y sobre todo comprendió por qué nunca había funcionado con sus ex!» dijo la rubia volviendo a ellas, tomando parte en la charla.

«Sí, también…pero bueno, ¡ya hace tiempo de eso!»

«Casi trece años…»

«¿Ya?...Cuando decía que el tiempo pasa rápido…»

«Depende para quién, para mí 13 años a tu lado, me han parecido largos, pero largos…» dijo la rubia exagerando sus palabras, ganándose una pequeña palmada en el hombro por parte de su amiga.

«¡Bruja!»

Regina reía al verlas bromear.

«¿Así que tienes el día libre hoy?»

«¡Sí! Así que me dije de venir a molestarte…»

«De todas maneras solo sabes hacer eso…»

«¡Para ya! Bueno, y tú Regina, ¿qué haces en la vida?» dijo ella dándole la espalda a la rubia que le sacaba la lengua.

«Oh, estoy en la política…»

«¿Ah sí?»

«Sí…» se interpuso una vez más la rubia «¡Es más tienes delante de ti a la Alcaldesa de San Francisco en carne y hueso!»

«Noooo…» respondió la mexicana, algo avergonzada por haberse comportado como lo había hecho delante de una persona como Regina

«Pues sí…» respondió Emma mientras la morena le sonría amablemente, comprendiendo su incomodidad.

«¡Vaya! Sabía que tu nombre y tu cara me sonaban. ¡Oh, lo siento de verdad!»

«Ningún problema…» respondió ella divertida mientras Emma se echaba a reír mirando a su amiga

«¡Tú podrías haberlo dicho antes!» dijo golpeando el hombro de la rubia

«Oh, ¿vas a dejar de golpearme?»

«¡Te lo mereces!»

«No la culpes, yo tenía que haberme presentado ayer»

«¡No sé dónde meterme ahora!»

«No te preocupes Carmen, te ha dicho que está bien»

«Sí, pero igualmente…»

«Bueno, ¿sigue en pie lo de esta noche?» preguntó Emma poniéndose un poco más seria

«Heu, sí…si todavía queréis…»

«¡Yo sí!» dijo la morena antes de beber un sorbo de café.

«¡Ok! ¿A las 20:00 entonces?»

«¡Perfecto!»

«¿Traes el tequila como siempre?» dijo la vecina con un guiño

«Heu…no. Prefiero abstenerme, no deseo acabar borracha. ¿Te acuerdas de la última vez…?»

«¡Venga! Además, ¿desde hace cuánto que no nos vemos? ¿Seis meses?»

«Sí, pero…»

«¡Bueno, de acuerdo, tú ganas! Pero solo porque trabajo mañana»

«Lo recuperaremos una próxima vez, te lo prometo»

«Te tomo la palabra, te aviso»

Se echaron a reír, después Carmen terminó su café y se puso en pie.

«Bien, hasta la noche entonces»

«¿Quieres que lleve algo?»

«Tú solo ven con tu buen humor, ¡yo me encargo del resto!»

«Ok, ¡perfecto! Hasta luego»

Se quedaron mirando a la morena que se aleja, después se echaron a reír una vez que esta hubo traspasado la puerta de entrada.

«¡Qué fenómeno tu vecina…!»

«¿Lo has visto? Pero la adoro, somos un poco como hermanas, ¡hacíamos travesuras juntas! Nuestras madres se desesperaban al vernos juntas, pero nos dejaban hacer, sabían que nos llevábamos muy bien, y que necesitábamos la una de la otra»

«Dijo que vivía en casa de sus padres, pero que ellos ya no vivían ahí»

«Su padre murió de un cáncer hace cinco años. Su madre tiene Parkinson, y está en una residencia, Carmen va todos los días a verla. Yo también voy cuando vengo»

«Si quieres ir, no te preocupes. Puedo estar una hora sin ti…» dijo con una sonrisa tranquilizadora

«Sí…creo que iré a verla esta tarde, le voy a enviar un mensaje a Carmen para preguntarle a qué hora irá»

«De acuerdo…»

La rubia se levantó, beso furtivamente los labios de la morena antes de ir a buscar su teléfono dejando a Regina toda sonriente.

Cuando volvió, tenía el teléfono pegado a la oreja.

«Ok, yo se lo digo, gracias Graham, ¡hasta luego!»

Colgó y se sentó en la silla de nuevo, la morena la miraba con expresión preocupada.

«¿Noticias?»

«Sí…Graham ha investigado sobre mi jefe y tu ex marido. Aparentemente solo se conocen desde hace un par de meses, pero sus cuentas bancarias sí han estado en contacto a menudo. Según Graham se trataría de transferencias para pagar los servicios de la agencia, pero Graham encuentra extraño que sea tanto. Me ha dicho que seguirá investigando en ello…»

«De acuerdo… en efecto, eso debe esconder algo…»

«Lo encontraremos y los meteremos tras los barrotes, te lo prometo…no tienes de qué tener miedo. Ahora yo estoy aquí»

«Lo sé…Tendría que haber desconfiado más…»

«Hey, querida, tú no tienes la culpa, ¿de acuerdo? Tú eres la víctima, no tienes que culparte…»

«Lo sé, pero…es más fuerte que yo…¿Y si deciden cogerla con Henry?»

«No te preocupes por Henry, David lo vigila y lo protegerá si piensa que está en peligro, ¿de acuerdo?»

«Sí…»

«Ven, vamos»

La rubia se puso en pie y tendió sus manos hacia la morena que se levantó a su vez para hundirse en los brazos reconfortantes de su compañera.

«¿Hay algo que te gustaría hacer? ¿Te enseño la ciudad si quieres? O podemos ir a Los Ángeles, solo está a una hora…»

«No…preferiría que hoy descansáramos…¿no te molesta?»

«Por supuesto que no. Si quieres, hay bastantes libros en la biblioteca, sé que tú también tienes una, deduzco que te gusta leer…»

«Deduces bien…»

«Ven, ¡vamos a buscarte una novela entonces!»

«¿Y tú qué vas a hacer?»

«Oh, yo tengo una consola en el salón…»

«De acuerdo…» dijo divertida por descubrir una nueva faceta de la rubia, que no la asombra por nada del mundo.

Durante casi dos horas, se quedaron en el salón. Una jugando, la otra leyendo.

No vio el tiempo pasar, pero cuando Emma sintió calambres en los pulgares por sostener tanto tiempo el joystick, propuso a la morena ir a tomar el aire. Esta aceptó encantada.

«¿Te apetece que nos demos un baño?»

«¿Por qué no?»

«Vamos a cambiarnos…»

Se dieron la mano y subieron a las habitaciones. Ese gesto había pasado a ser casi automático. Pero ninguna lo encontraba incómodo, todo lo contrario.

Una hora más tarde, después de haberse dado un baño y de haberse tostado al sol acostadas en colchonetas hinchables en la piscina, se habían echado en las tumbonas.

Regina había retomado su lectura, mientras que Emma había comenzado a hacer su propia investigación sobre su jefe.

Dos horas de investigación y Emma no había encontrado nada incriminatorio, ni siquiera cuando consiguió introducirse de nuevo en el sistema informático de la agencia. Su jefe cubría muy bien sus huellas.

Las 17:00, la hora en la que Emma fue a cambiarse para encontrarse con Carmen e ir a visitar a la madre de esta.

Regina había continuado su lectura y había asegurado a la rubia que si había el menor problema, la llamaría.

Pero aun así fue se separaban a regañadientes. Se besaron tiernamente una última vez antes de que la rubia franqueara la puerta de entrada para ir al encuentro de la morena que la esperaba al final del sendero.

Una hora después, la rubia regresó, aliviada al ver que la morena estaba todavía cómodamente sentada en la tumbona, y parecía descansar.

Emma se acercó para besar su frente lo que hizo despertar a la morena de su siesta.

«Ah, ya has vuelto…» dijo aún un poco adormilada y sonriente.

«Sí…¿tú estás bien?»

«Sí, bien, pero decidí echarme una siesta para llenar tu ausencia…»

¡Ya lo veo!»

«¿Qué hora es?»

«Las seis»

«¡Ya!»

«Sí, no te preocupes, no pasa nada, puedo comprender que estés cansada con lo que sucede, es normal»

«No es una razón, debo ser fuerte. Aunque sea por mi hijo»

«Lo sé, pero tienes el derecho de derrumbarte de vez en cuando, le ocurre a todo el mundo. Y además, de momento tu hijo está pasando una semana fantástica con su clase. ¡Lo has visto en las fotos! Así que aún tienes dos días para descansar y el viernes, a las cinco, lo vamos a buscar al colegio»

«¿Y luego qué? Ya no estamos seguros en casa»

«Lo sé, ya he pensado en ello»

«¿Ah sí?» preguntó incorporándose en la tumbona

«Bueno, he pensado en un principio venir aquí. Después pensé en la perspectiva de que nos siguieran. Así que en vez de venir hasta acá por carretera…podríamos volar…»

«¿Volar? ¿Hasta aquí?»

«Bueno, iremos al aeropuerto de Los Ángeles y después alquilaremos un coche para venir hasta aquí. Estoy segura que a tu hijo le encantará…¿No crees?»

«¡Sí! Además el adora la playa, es una buena idea…»

«Genial, voy a llamar a mi contacto, vuelvo enseguida»

«De acuerdo…»

Se besaron tiernamente antes de que la rubia retrocediera, le sonriera, y se alejara unos metros.

Mientras la rubia telefoneaba, la morena empezó a sentir pánico. La realidad le caía encima. La de que su hijo iba a estar ahí, cuando ahora ellas estaban…¿juntas?

Ella estaba casi segura de eso, porque era lo que quería y estaba convencida que era lo mismo para Emma.

Solo que su hijo nunca la había visto en brazos de una mujer. No tenía idea de cómo reaccionaría. Es verdad, adoraba a Emma, pero ¿sería suficiente para que aceptase su recién relación?

No estaba segura de nada. Así que la única solución que se le presentaba de pronto era que no supiera nada de momento.

Pues si la historia con Emma perduraba, lo que deseaba en lo más profundo de su corazón, tendrían todo el tiempo para decírselo. En caso contrario, si desafortunadamente su relación con Emma fracasara, y ya le hubiera contado a su hijo sus sentimientos por la rubia, y este se lo hubiera tomado a mal, esa revelación no habría aportado nada bueno.

Prefirió entonces mantener eso para ella de momento. Y cuando la rubia volvió a su lado, le dirigió una pequeña sonrisa y la rubia comprendió que algo no iba bien.

«¿Qué ocurre?»

«Emma…» dijo ella sintiendo aparecer las lágrimas

¿Y si Emma no estaba de acuerdo? ¿Si se sentía herida? ¿Y si creía que era porque Regina no quería estar con ella porque se avergonzaba?

«Hey, cariño…dime…»

«Yo…Tengo que pedirte algo y tengo miedo de que te lo tomes a mal o que te hiera…»

«¿De que me hiera? ¿De qué hablas?» preguntó inquieta

«Henry…yo…preferiría esperar para anunciarle lo nuestro…»

«Ohhhh, de acuerdo…Tranquilízate, lo entiendo. Es normal, quiero decir, es reciente lo nuestro, no tenemos prisa»

«¿De verdad? ¿No…me guardas rencor?»

«¡En absoluto! Sé que, al principio, no es fácil, ya es un paso confesárselo a uno mismo y salir del armario, como se dice, pero lo entiendo, no te empujaré a decírselo, mucho menos si no estás lista. Tomate el tiempo que necesites, yo seré paciente…»

«¿Ah sí? Pero ya lo sabes…soy un personaje importante en San Francisco y no tengo prisa en desvelarme, sobre todo cuando sé que la prensa se lanzarán a por carnaza…pero tengo miedo de que acabes por cansarte…y eso no lo deseo en absoluto…yo»

«Hey, cálmate…todo está bien. Seré paciente, porque tú vales la pena. Quiero poder estar contigo, cuidarte, apoyarte, ser el hombro en que descansar, protegerte…y puedo hacerlo perfectamente sin mostrarles a todos que estamos juntas…»

«Juntas…»

«Sí, en fin, si aún me quieres…»

«Por supuesto. Nunca he estado tan bien con nadie…estaría loca si quisiera alejarme de ti»

«En ese caso, todo resuelto. ¿O quieres que dejemos claro alguna otra cosa?»

«Hmmm, esta noche…»

«¡Ah, Carmen, sí, es verdad! Escucha, hemos hablado hace un momento, y ha comprendido que me gustabas, pero bueno, siempre ha tenido un sexto sentido para eso, y además como es lesbiana desde no hace poco, hay señales que para ella no pasan desapercibidas…pero tranquilízate, le he dicho que no había nada entre nosotras»

«De acuerdo…pero sé que tú confías en ella así que…¿crees que será capaz de guardar el secreto?»

«¿Carmen? ¡Sin duda alguna! Nunca me ha traicionado, ni va con secretitos a mis espaldas ni nada de eso…No, siempre hemos sido francas y solidarias la una con la otra…»

«Salvo hace un momento cuando le mentiste…»

«¡Sí! Pero eso…es porque no quería contarle nada sin que tú y yo hubiésemos precisamente hablado…»

«Has hecho bien. Pero si me aseguras que ella no dirá nada, entonces esta noche…»

«¿Podremos decírselo?»

«Sí. No quiero que corras el riesgo de perder a tu amiga por mi culpa»

«Ella lo entenderá, estoy segura…es más estoy casi segura de que ya se lo imagina…conociendo a Carmen…»

«Y ella, ¿tiene a alguien en su vida?»

«Sí, lleva cuatro años con una chica que se llama Charlotte, pero todos la llamaos Charlie. Ella también estará esta noche. Pero ya verás, es muy amable y tampoco dirá nada, también puedes confiar en mí sobre eso»

«De acuerdo…»

«Bien, voy a ducharme…¡huelo a residencia! Te propondría que te la dieses conmigo, pero como esta mañana ya tomaste una…»

«Está bien, me despertará…»

«¡Venga ya! ¿Esa es tu excusa?»

Se echaron a reír antes de besarse y correr arriba para "enjabonarse".

Dos horas más tarde, después de una ducha movidita, se vistieron de manera informal, se peinaron y maquillaron, y ya estaban frente a la puerta de la vecina esperando que les abrieran.

«¡Hey, chicas!» dijo ella al abrir la puerta «Entrad, entrad»

La mexicana retrocedió ligeramente para dejar pasar a las dos mujeres y Regina admiró la decoración interior en cuanto franqueó la puerta.

«Carmen…tu casa es magnífica…»

«¡Contenta de que te guste! Venga, vayamos a la terraza. ¡Charlie ya ha encendido la barbacoa!»

Siguieron a la morena sin rechistar, atravesando la cocina para pasar al jardín.

«¡Hola Charlie!» dijo la rubia avanzando hacia la mujer de cabellos oscuros y cortos, cuya indumentaria masculina hacía pensar que esa Charlie era verdaderamente una verdadera marimacho.

«¡Hey, nena! ¿Cómo estás? ¡Me alegra verte!» dijo ella estrechando a la rubia en sus brazos

«Va bien, no tengo de qué quejarme» Emma se giró hacia su nueva compañera e hizo las presentaciones «Charlie, te presento a Regina. Regina, esta es Charlie de la que te hablé hace un momento…»

«Encantada Charlotte» respondió la alcaldesa tendiendo su mano

«Oh, ¡puedes llamarme Charlie!»

«Ah, mi amor, te lo digo ahora porque Emma me lo ha dicho tarde…» dijo Carmen fusilando a la rubia con la mirada «Regina es la Alcaldesa de San Francisco»

«¡Venga ya! ¡Ah, bien, entonces el placer es más grande!»

«Perdónalas Regina, son nulas en política»

«¡Oh, venga, eh!» dijeron las dos vecinas, haciendo sonreír a Regina y a la rubia

«Bueno, ¿queréis algo de beber? ¡He hecho sangría esta tarde!»

«Venga, un vaso, pero espero que no la hayas aderezado demasiado…»

«Si te tomas solo un vaso, no hay de qué preocuparse…»

«Bien, vale, quiero uno…»

«¿Y tú Regina?»

«Sí, yo también quiero, gracias»

«De acuerdo, ¡enseguida os los traigo!»

«Sentaos chicas» propuso amablemente la segunda dueña de la casa.

Las dos mujeres tomaron asiento una al lado de la otra, y Carmen no tardó en volver con una gran bandeja que llevaba la sangría hecha en casa para dejarla en una de las esquinas de la mesa.

«Corazón, ¿quieres que te eche una mano?»

«Sí, puedes ir a buscar la bandeja de patatas y el bol de cacahuetes, por favor. Gracias»

Su compañera le dio un pequeño beso en la cabeza, bajo la mirada enternecida de Regina que sonrió, después la morena de cabellos cortos partió hacia la cocina.

«Bien, entonces…¿qué habéis hecho hoy?»

«Francamente, nada. Hemos descansado»

«¡Sorprendente en ti! Siempre estás activa…¡nunca paras!»

«Lo sé, pero ¿qué quieres? Hay veces en que necesito relajarme…»

«¿Y tú, Regina, tienes noticias de tu hijo? ¿Henry, no?» preguntó ella insegura girándose hacia Emma

«Sí, de momento todo bien, está de excursión esta semana, pero está bien, se divierte, que es lo principal…»

«¡Es verdad!»

«¿Y cómo está mi ahijada favorita?» preguntó Emma toda sonriente

«Favorita…por fuerza, es la única que tienes…bien, la dejé en casa de la otra el domingo, afortunadamente volverá el viernes, ¡menos mal porque me vuelvo loca cuando no está! Pero bien, hace una hora hablé con ella por teléfono, así que todo bien»

«¿Cómo se llama?» preguntó Regina, curiosa

«Gabriella»

«Muy bonito»

«La otra…» repitió Emma antes de echarse a reír «No se arreglan las cosas entre vosotras por lo que veo»

«Delante de la niña ya no discutimos, desde hace unos meses ya…pero todavía me cuesta encajarlo, así que aún la detesto»

Regina puso una expresión de asombro mientras Carmen le ponía un vaso delante.

«Sí…mi ex compañera me engañó con UNO de sus ex y ha vuelto con él»

«Oh…lo siento por ti…»

«Gracias, pero bueno, lo positivo es que después de que se marchó, fui completamente libre para conocer a otra persona»

«Y yo llegué en ese momento…» declaró Charlie dejando la bandeja y el bol sobre la mesa.

«Sí…dentro de mi infortunio, tuve suerte» respondió Carmen acariciando la mejilla de su bien amada.

Al escuchar esas palabras, Regina se dio cuenta de que lo mismo era para ella. Si su vida no hubiera estado en peligro, nunca hubiera conocido a Emma, eso la hizo sonreír y girarse hacia su compañera que enseguida comprendió al mirarla a los ojos.

«Sabes Carmen…comenzó Regina…tengo una confesión que hacerte…»

«¿Ah sí? ¡Me interesa!»

«Bien, pues que Emma te mintió hace un momento…pero fue únicamente para protegerme» dijo ella mientras Carmen miraba a la rubia que no sabía dónde meterse

«Vaya, vaya…»

«Sí, de hecho, es verdad que Emma y yo…estamos juntas…Pero es muy reciente y Emma no se atrevió a decírtelo antes de hablar conmigo…»

«Ah, ya veo…¡tienes suerte, amiga!» dijo ella en dirección a la rubia

«Sí, y sobre ese tema…cuento con vosotras, chicas…»

«¡No sabemos nada!» dijeron a la vez

Regina, que se sentía ahora más aliviada, se relajó cuando la mano de Emma se posó sobre su muslo. Y automáticamente la morena enlazó sus dedos.

Las cuatro mujeres estaban sentadas alrededor de la mesa, las dos parejas, una en frente de la otra, charlaban de esto y de aquello. Regina conoció más sobre la rubia y su juventud compartida con Carmen gracias a las numerosas anécdotas que las dos recordaban y más de una vez Regina lloró de la risa ante lo divertido de las situaciones que contaban.

«Oh, como la vez aquella con el jardinero del señor Jordan, ¿te acuerdas?»

«¡Vaya que si me acuerdo! ¡Nos echó los tejos a las dos y se fue con el rabo entre las piernas!»

«La verdad es que no fuimos amables con él…» confesó Carmen, un poco avergonzada ante su comportamiento de esa época

«¡Él tampoco fue la delicadeza personalizada!»

Las cuatro mujeres estallaron de nuevo en una carcajada, después Charlie y Carmen se levantaron para preparar la cena. La barbacoa para una, las crudités para la otra.

«¿Te echo una mano, Carmen?» se ofreció amigablemente Regina

«Sí, con mucho gusto. Gracias»

«Hasta ahora…» le susurró la morena a Emma antes de depositarle un ligero beso en sus labios, para después levantarse y dirigirse a la cocina con Carmen.

«Bien, ¿y tú, nena? ¿Una mano?» preguntó a su vez la rubia mientras se levantaba para ponerse al lado de su amiga.

En la cocina, Carmen preparaba la ensalada, mientras Regina cortaba los pimientos en pequeños trozos.

«Entonces…tú y Emma, eh…»

«Sí…» dijo enrojeciendo

«Estoy feliz por las dos. Sobre todo por Emma, porque la conozco desde hace mucho tiempo y hasta ahora nunca había tenido la suerte de encontrar a alguien bueno…pero tengo la vaga impresión de que ahora sí lo ha hecho…»

«Gracias…yo también he tenido suerte al encontrarla a ella. Aunque es la primera mujer con la que salgo, tengo el sentimiento de que lo que estoy viviendo ahora no tiene nada que ver con lo ya conocido, evidentemente no te hablo únicamente de lo físico, eso es por fuerza distinto. Sino que con Emma, es más tierno, más fuerte, más intenso…me siento verdaderamente bien con ella…»

«¡Qué contenta me haces! Os deseo toda la felicidad…»

«Gracias…y tú con Charlie, tú también pareces plena…»

«¡Oh, sí! ¡Cuatro años, pronto cinco, de pura felicidad! Bien, no digo que no tengamos algunas peleas, pero bueno, como todas las parejas. Pero cuando sucede, realmente es por temas graves, pero nunca estamos enfadadas por mucho tiempo, si ves por donde voy…»

«¡Oh…oh! ¡Sí, si te he entendido!»

«Pero es verdad que nunca he sido tan feliz antes de conocerla, en pareja, quiero decir, mi hija ya me llenaba antes…»

«Oh, por supuesto, te comprendo»

«¿Cómo os habéis conocido Emma y tú? Se lo he preguntado antes, pero nos interrumpió una auxiliar de enfermería y después se me olvidó…»

«Es algo complicado, pero para resumir, llamé a su agencia de protección»

«Ah, ok…pero entonces, eres su clienta, ¿es eso?»

«Realmente no, como te decía, es complicado…pero oficialmente ya no es mi guardaespaldas, pero como no estoy segura, me ha traído acá para protegerme»

«Ah, ahora comprendo mejor…Porque eso me sorprendía, Emma nunca había salido con una de sus clientas, va contra sus principios, lo que entiendo perfectamente. Pero entonces, cuando dices que es reciente…»

«Dos días»

«¡De acuerdo!»

«¿Y tú con Charlie?»

«Bueno, un día tenía una cita con un cliente para un apartamento en Los Ángeles, llovía y no te digo cómo, no ocurre muy a menudo aquí…y bueno, esperaba pacientemente delante del edificio, pero el imbécil nunca apareció. Yo tenía dos carpetas en las manos y estaba al teléfono intentando localizarlo, y al retroceder, sin mirar hacia detrás, choqué con ella, sin querer, por supuesto, pero fue ella la que se disculpó. En fin, mis carpetas cayeron, me ayudó a recogerlas y me preguntó si todo iba bien. Le respondí que no, porque llovía, que llevaba un día de mierda y que para coronarlo todo, tenía los pelos hechos un desastre. De golpe ella me sonrió, me propuso ir a tomar un café para intentar mejorar ese día y le dije que sí. Y ya no nos hemos separado»

«Es encantador…»

«Sí, es verdad. Ella es el sol que vino a iluminar mi vida cuando más lo necesitaba. Ya no me veo sin ella, y además se lleva muy bien con mi hija, que también la adora, así que no puedo soñar con nada mejor»

«Te entiendo…Hablando de tu hija, ¿dijiste que volvía el viernes?»

«¡Síiiii, finalmente!»

«Porque mi hijo también regresa el viernes y seguramente pasaremos el fin de semana con él aquí…»

«¡Oh, genial! ¡Estoy segura de que se llevaran de maravilla!»

«Así lo espero, y además tendrá una amiguita con la que divertirse»

«Sobre todo aquí, con la playa, es ideal para los niños, ¡lo adoran!»

«¡Sí, no me extraña!»

«Bien, venga, vamos a ver qué traman nuestras mujeres» dijo ella suspicaz, lo que hizo reír a su nueva amiga.

Y la noche pasó maravillosamente bien, las cuatro mujeres charlaban de todo, la cena estuvo deliciosa, pero el alcohol comenzaba a subírseles a la cabeza, sobre todo a Carmen…

Hacia la una de la mañana, Emma propuso a Regina volver y esta no protestó, viendo que ya era bastante tarde.

«Bien, chicas, os vamos a dejar…» dijo Emma poniéndose en pie, tendiendo una mano a Regina, que la tomó gustosamente. Más porque adoraba el contacto que porque tuviera necesidad.

«¿Oh, ya?» preguntó Carmen, bastante ebria

«Sí, se hace tarde…pero ha estado genial, gracias por todo»

«¿Tarde? Vamos…estáis justo al lado…» refunfuñó

«Oh, tú…a ti te va a costar ir a trabajar mañana…»

«¿Eh? No…¡fígurate!

«Bueno, Charlie, ha sido un placer volver a verte…» dijo ella dándole un beso a su amiga.

«Sí, lo mismo digo, lo repetimos el fin de semana, si queréis» dijo ella mirando a las dos mujeres, mientras que Carmen tomaba a Regina en sus brazos.

«¡Estoy contenta de haberte conocido, Regina!» dijo ella retrocediendo

«Yo también, Carmen…»

«Sí, podemos hacer eso…» dijo Emma respondiéndole a Charlie «Esta vez en mi casa, ¿ok?»

«¡Perfecto!» Se despidió igualmente de Regina con un beso en la mejilla, y las acompañó hasta la entrada «¡Hasta pronto, chicas!»

«¡Ciao, Charlie, buenas noches!»

«¡Buenas noches!»

Emma y Regina caminaban dadas de la mano hasta su casa y una vez la puerta abierta, Emma atrajo a Regina hacia ella para besarla apasionadamente.

«¡Ohhhh! ¿Y a qué debo este honor, Miss Swan?» preguntó Regina divertida, sus manos pasando por detrás del cuello de la rubia.

«Porque me haces feliz»

«Entonces, en ese caso…»

Ella besó a la rubia a su vez con el mismo fervor, Emma respondió a su beso, después posó sus manos en el trasero de su amada para levantarla, Regina enrolló automáticamente sus piernas alrededor de la cintura de la rubia, mientras esta caminaba en dirección de las escaleras y subía al piso de arriba.

Las manos de la morena se perdían en la cabellera de la rubia, mientras esta deslizaba una mano bajo la blusa para acariciarle tiernamente la espalda. Al llegar a la habitación, Emma acostó a la morena en la cama y Regina la atrajo hacia ella.

Se besaron largamente, acariciándose tímidamente la cintura, el vientre, una vez más la espalda, era tierno y sin prisas.

Y esa noche, ellas no hicieron el amor, simplemente se acurrucaron la una con la otra, confesándose su cariño a través de sencillas caricias y tiernos besos antes de quedarse dormidas, completamente vestidas.

Al día siguiente por la mañana, o más bien, casi al comienzo de la tarde, Regina se despertó cuando sintió su muslo vibrar.

Abrió los ojos, sonrió al ver que su rostro estaba hundido en el cuello de su bella rubia y sintió de nuevo vibrar su muslo. Alzó la cabeza, y comprendió que se trataba de un móvil, y se dio cuenta que debía ser el teléfono de Emma, pero como sus piernas estaban entrelazadas, podía sentir el aparato.

Emma también se despertó, molesta con las vibraciones del móvil, metió la mano en el bolsillo, cogió el teléfono y sin abrir los ojos para ver quién era, descolgó pulsando la pantalla y se lo llevó a la oreja.

«¿Sí?» dijo medio enfadada medio dormida

«¿Emma?»

«Oh, hola Graham»

«¿Estabas durmiendo? Pasa de la una…»

«Estaba descansando y además sé qué hora es…» mintió mirando a la morena que ya estaba bien despierta.

«Oh, lo siento…¿Está la alcaldesa aún contigo?»

«Sí, ¿por qué? ¿Qué ocurre?»

«Hmmm…Me llamaron hace dos horas. Un vecino que paseaba a su perro vio que la puerta principal de la mansión Mills estaba entre abierta y hace cuatro horas de eso. Así que fue allí con dos hombres y desafortunadamente la casa de la alcaldesa ha sido puesta patas arriba…»

«¿Qué?» exclamó la voz de la dueña

«Es una provocación. Estoy segura de que no se han llevado nada. Lo han hecho con el único objetivo de atraerla hacia la casa» concluyó la rubia

«Es lo que yo también pensé»

«Ok, gracias por avisar, Graham»

«De nada. Bueno, te dejo, avisa a la alcaldesa. Te llamo si hay alguna novedad»

«Ok, gracias otra vez, ciao»

Después colgó mientras que la morena ya se había levantado de la cama, se había sentado en el borde, sus pies tocando el suelo, sus manos en su rostro.

Emma se acercó a ella por la espalda y puso una mano en su hombro.

«Regina…mírame…» dijo con voz dulce

«¿Cuándo va a parar todo esto? ¿Qué hecho mal?»

«No lo sé, Regina…pero lo importante de momento es tu seguridad y la de tu hijo…»

«Tengo que ir a buscarlo» dijo levantándose, ignorando lo que la rubia decía. Estaba aterrorizada.

«Regina, cálmate, por favor…»

«¿Que me calme? Emma, ¡no eres tú a la que persiguen sino a mí! ¡Soy yo a la que quieren matar, a mí y a mi hijo porque si quieren tenerme saben que deben cogerlo a él!»

«Sé todo eso, cariño…pero confía en mí, os protegeré» dijo ella habiéndose ya levantado para posar sus manos en el rostro de la morena, pero esta la rechazó amablemente y salió de la estancia.

«Tengo que ducharme»

Y desapareció dejando a la rubia sola en la habitación.

Este episodio ha sido tranquilito, pero no os preocupéis, la acción (y no me refiero a sexo) no tardará en llegar. Pero estos capis son necesarios para ver cómo se va afianzando la relación entre ellas.