Cambio de programa
Temprano en la mañana, Emma se despertó poco a poco, y para su gran sorpresa, sola. Regina había desertado. Así que, se levantó, se puso una rebeca con capucha gris, y fue a ver a la habitación de la morena. Regina tampoco se encontraba ahí y la cama no estaba deshecha. Fue a la habitación del pequeño Henry, vio que él dormía aún apaciblemente, entonces, bajó las escaleras para dirigirse a la cocina.
«Ah, estás ahí…» dijo aliviada al ver a Regina sentada en una de las sillas de madera de la terraza contemplando el horizonte.
Emma caminó hacia su lado, pasó afectuosamente un brazo por detrás de su cuello, y apoyó su mano en el hombro, y después la besó tiernamente en la mejilla.
«Buenos días…» murmuró
La morena sonrió y giró su rostro para depositar delicadamente sus labios sobre los de Emma. Algo que no habían hecho desde hacía al menos 24 horas.
«¿Creíste que me había ido?»
«O que te habían secuestrado…»
Regina sonrió para tranquilizar a la rubia que continuaba inquietándose por ella a pesar de estar ahí delante de ella.
«Me he permitido hacer café, ¿quieres?» preguntó acariciándole la mejilla.
«Con mucho gusto, gracias…»
«¡No te muevas!» dijo la morena levantándose para ir a la cocina y servirle una taza.
Mientras Emma se sentaba en la silla colocada al lado de la que ocupaba la morena segundos antes, Regina volvió a su lado con su café a la crema, se lo puso delante antes de besar el lado izquierdo de su frente y volver a sentarse en su silla. Y justo en ese momento, el teléfono de Regina comenzó a sonar.
«Mi madre» dijo ella al ver el nombre en la pantalla «Buenos días, madre»
«Hija mía, ¿cómo estás? No he tenido noticias tuyas desde hace una semana…me estaba preocupando»
«Maravillosamente bien, ¿y tú?»
«Bueno, me dejas más tranquila…yo en cambio no estoy en un buen momento…mi tensión. Los nervios, sin duda»
«¿Qué te sucede?» preguntó ella poniendo los ojos en blanco, haciendo sonreír a la rubia.
«Supe que pasaste todo el lunes pasado en Oakland»
«Exacto. Pero, ¿dónde está el problema si fuiste tú la que insististe en que fuera?»
«¡Bueno, me esperaba que volvieras a ver a Robin durante la semana! Un joven tan guapo, Regina, ¿en qué piensas? Tiene futuro, encanto, conoce los valores sagrados de la familia. ¿Por qué diablos no ves que es el hombre ideal?»
«Madre, me parece que soy yo, yo sola, la que tengo que juzgar eso. Y no estoy en nada de acuerdo en que él y yo tengamos un futuro juntos»
Emma puso una mueca al imaginarse a la morena en los brazos de ese bruto, lo que hizo reír divertida a Regina.
«Estás diciendo tonterías, estoy segura de que si le dieras una oportunidad, verías que tenéis muchas cosas en común»
«¿Cuáles? ¿Una madre demasiado entrometida, quizás?»
«¡Quién sabe! ¡Solo aceptando cenar con él lo sabrías!»
«Escucha, madre, no estoy interesada en absoluto»
«Bueno, es una pena. Saluda a Henry de mi parte»
Después la morena escuchó un beep al otro lado de la línea, que también Emma escuchó. Entonces, ella colgó y dejó el teléfono en la mesa.
«Qué encantadora manera de decirle adiós a una hija…» dijo irónicamente la rubia
«Estoy acostumbrada, estate tranquila. Entonces, ¿qué hacemos hoy?»
«Bueno, justamente estaba preguntándomelo. Hace buen tiempo, Henry querrá sin duda darse un baño, puedo ir a comprarle un bañador, y después podremos ir a hacer castillos de arena con él al borde del mar…»
«Es una buena idea…» dijo la morena, feliz de ver que su compañera se preocupaba tanto de ella como de su hijo.
«Y además podemos ir a ver a Carmen y proponerle a Gabriela que venga a jugar con tu hijo. Estoy segura de que ella dirá que sí» le propuso ella a la morena, sus manos rodeando su taza.
«Tú eres su madrina…estoy segura de que no rechazará por nada del mundo pasar tiempo contigo…»
«¿Qué te hace pensar eso?»
«Bueno, veo cómo actúas con Henry, no lo haces forzada, te sale natural, tienes química con los niños, eso se ve…»
«Es verdad, adoro a los chicos…»
«Entonces, ¿a mí también?» dijo una pequeña voz aún adormilada detrás de ellas
Se giraron y vieron al muchacho acercarse a su madre para que ella le diera un beso en su mejilla como todas las mañanas para darle los buenos días.
«¡Sí! ¡Incluso a ti, chico!»
Sonrió victoriosamente, lo que hizo reír a las dos mujeres, antes de sentarse y pedir amablemente un cuenco de cereales, que su madre corrió a prepararle.
«Bueno, Henry, ¿te parece que vayamos a divertirnos hoy a la playa? ¡Podemos hacer castillos de arena si quieres!» dijo Emma sonriendo, visiblemente impaciente.
«Sí, pero sigo sin bañador…»
«No hay problema, voy a ir buscarte uno a la tienda»
«¡Oh! ¿Puedo ir? Por favor, por favor, por favor…» suplicó con una expresión de perro apaleado en la cara.
Emma giró la cara hacia Regina para pedir ayuda, sin saber si ella podía o no decirle que sí, y Regina le sonrió antes de mirar al hijo.
«Vamos los tres»
«¡Chachi!»
«¡Venga, come, después a vestirse, muchachito!» dijo Emma con un guiño que el niño le devolvió.
Unos diez minutos más tarde, el muchacho estaba sentado en la parte de atrás del coche, el cinto abrochado, listo para partir. Las dos mujeres enseguida se unieron a él y se marcharon al centro de la ciudad.
Una hora más tarde, después de que el joven Henry se ganará por parte de Emma un bañador con todos sus superhéroes de Marvel preferidos, volvieron a la villa. Emma detuvo el coche en el sendero, bajó, seguida de Regina y Henry. Y cuando ya el chico corría hacia la puerta, su madre lo llamó.
«Henry, cariño, ven, no vamos a entrar enseguida…»
«¿A dónde vamos?»
«Vamos a saludar a la vecina…» dijo ella moviendo hacia un lado la cabeza y ofreciéndole la mano a su hijo
«Pero…Emma ha prometido que íbamos a bañarnos…»
«Lo haremos, cariño, en diez minutos. Venga, ven»
Se rindió y avanzó hacia su madre para coger su mano mientras Emma iba por delante varios metros.
Cuando los tres estuvieron delante de la puerta, Emma tocó el timbre dos veces seguidas. Y la puerta no tardó en abrirse.
«¡Madrina!» gritó una pequeña niña, con la respiración entrecortada, lanzándose a los brazos de la rubia que se había arrodillado.
«¡Cariññññññoooo!» dijo ella estrechándola fuertemente en sus brazos mientras se ponía derecha.
Regina sonrió ante ese momento de ternura mientras Henry se preguntaba quién era la pequeña en cuestión.
«¡Hola chicas!» dijo Carmen al aparecer, antes de abrazar amigablemente a Regina
«Buenos días, Carmen, ¿estás bien?»
«¡Genial, como siempre! Oh, ¿pero quién es este encantador muchachito?» preguntó inclinándose hacia Henry
«Mi hijo, Henry. Henry, esta es Carmen, la vecina y mejor amiga de Emma»
Él avanzó hacia la mexicana y le tendió su mano.
«Buenos días señora»
«Vaya, ¡qué bien educado está este pequeño ángel! Pero puedes llamarme Carmen, ¿de acuerdo?»
«De acuerdo»
«Gabi…no ahogues a la madrina y ven a saludar a Regina y a Henry» dijo ella tocando a su hija en el hombro.
La pequeña, el vivo retrato de su madre, lo que no dejó duda de que Carmen era su madre biológica, con la única diferencia de que ella tenía una tonalidad de piel más oscura, se separó del cuello de Emma mientras esta la dejaba en el suelo.
«Buenos días» dijo ofreciendo la mano y sonriendo enseñando todos sus dientes, lo que derritió el corazón de Regina.
«Buenos días Gabriella» dijo amablemente Regina, seguida de su hijo que estaba visiblemente nervioso.
«Entrad, ¿os pongo un café?»
Durante cerca de una hora, las tres mujeres charlaron amigablemente de todo, pero sobre todo de sus dos hijos a quienes miraban jugar en la piscina.
«Tu hija es realmente adorable, Carmen…¡se te parece mucho!»
«Gracias, pero tu hijo también es adorable. ¡Sabía que se llevarían de maravilla!»
«¿Te molestaría que secuestrara a Gabi algunas horas? Me gustaría divertirme en la playa con ellos, y me decía…» dijo girándose hacia su compañera «que podríamos llevarlo al cine. En fin, si tienes ganas…»
Regina movió positivamente la cabeza sonriendo, definitivamente Emma pensaba en todo y era realmente atenta.
«¡Claro, llévatela! Solo, tráela a las 18:30, vamos a ir a buscar a Charlie al trabajo»
«¡Ningún problema, gracias!»
«De nada, pero habrá que ver si ella está de acuerdo…¡Gaby!» llamó a su hija «¿Te apetece pasar el día con la madrina?»
«¡Sí!»
«Voilà, ahí tienes tu respuesta…»
Se echaron a reír las tres antes de llevarse a la boca la taza de café.
Algunos minutos más tarde, Emma y las dos niños estaban a la orilla del mar construyendo su imperio con ayuda de palas, rastrillo y cubos que Emma guardaba en el garaje y que había sacado para la ocasión, mientras Regina estaba tumbada en una tumbona a algunos metros de ellos y leía tranquilamente una novela policiaca.
Las risas de los dos niños y de Emma no dejaban de competir con el sonido que venía de las olas a algunos centímetros de los tres. Durante más de dos horas, jugaron en la arena o en el agua, haciendo concursos de lanzamiento de agua y de a ver quién hacía el castillo más impresionante. Y mientras los niños intentaban surfear con la ayuda del vigilante de la playa, Emma avanzó hacia la morena y se sentó en la tumbona de al lado. Pero Regina estaba totalmente sumergida en su novela que no vio que Emma se escurrió su pelo mojado sobre el vientre bronceado de la morena.
«¡Ahhhh…Emma!» dijo estremeciéndose ante el contacto del agua mientras que Emma se reía a carcajadas «¿Y además te ríes?»
«¡Vaya que sí!»
«Lo pagarás, cariño…»
«Ohhhh, amenazas…me encanta» dijo ella inclinándose, pero Regina puso rápidamente sus manos sobre sus hombros para impedirle ir más lejos.
«Emma…» dijo lanzando una mirada a Henry que le estaba dando la espalda demasiado concentrado en intentar mantenerse en pie sobre la tabla.
«Perdóname…la costumbre»
«No pasa nada. Tengo ganas de decírselo, pero es demasiado pronto todavía…»
«Lo sé, no pasa nada, no lo pensé…Bueno, heu, ¿te parece que vayamos a la ciudad? Podemos ir a comer algo antes de ir al cine. ¿Qué hora es?» preguntó amablemente mientras la morena cogía su teléfono para responderle.
«Son las 11:20»
«¡Perfecto! Las sesiones de la tarde comienzan a las 13:30. Tenemos tiempo de cambiarnos, llegar, comer tranquilamente, ¡estará bien!»
«¡De acuerdo!» respondió la morena
«¡Chicos! ¡Os apetece ir a comer algo!» gritó Emma poniéndose de pie, y mirando a los dos niños.
«¿Qué vamos a comer?» preguntó la pequeña
«Hum…» se giró hacia Regina «¿McDonald?»
Regina dudó, pero acabó por aceptar suspirando y asintiendo con la cabeza.
«¿McDonald?» preguntó a los chicos
«¡Yeahhhh!» gritaron los dos a la vez.
Media hora más tarde, llegaron al restaurante de comida rápida. Regina y Emma esperaban pacientemente en la fila mientras que los dos niños se divertían en la zona de juegos prevista para ellos junto con otros niños.
«¡A comer chicos!» dijo Emma sujetando una bandeja en cada mano
«¡Síiiii!» respondió la pequeña.
Después de un rato comiendo Nuggets los niños, una hamburguesa, Emma y una ensalada, Regina, llegaron al cine. Las películas eran variadas, había tantas que no se ponían de acuerdo.
«¡Oh, madrina, ya sé!»
«¿Ah sí? ¿Cuál quieres ver?»
«¡Aquella, la de Campanilla!»
«Oh, no, hadas no…» gruñó Henry cruzando sus brazos en su torso
«¿No hay piratas en esa?» pregunto Emma a la pequeña, suscitando el interés de Henry
«¡Sí!»
«Bueno, de acuerdo…vamos a ver esa…» dijo Henry con expresión de falso desinterés ante la idea de ver la película
«¡Ok, entonces, esa!»
Regina, que hasta el momento se había mantenido callada, se divertía viendo a Emma jugar a ser madre de sustitución queriendo agradar a los dos niños. Ella insistió en pagar el cine, ya que Emma ya había pagado la comida, después compraron golosinas y bebidas y entraron en la sala correspondiente.
Una vez en la sala, Henry y Gabriella corrieron para coger los asientos, sin saber dónde sentarse. ¿Arriba? ¿En el medio? ¿En el lateral? ¿Frente a la pantalla?
Regina y Emma los dejaron hacer, mientras que ellas se sentaron en la fila central, en medio de la sala, bien enfrente de la pantalla. Henry y Gabriella acabaron por sentarse dos filas por delante de ellas.
«No os comáis todo de un tirón, ¿de acuerdo?»
«¡De acuerdo!» respondieron a la rubia sin molestarse en darse la vuelta, mientras que la morena miraba a su alrededor.
«¿Algún problema?» preguntó Emma colocando una mano sobre la de ella
«Es extraño que estemos solo nosotros, ¿no crees?»
«No, es normal…a esta hora la gente trabaja o disfrutan del sol. Es más, por eso los dueños se están planteando abrir el cine solo por la tarde-noche…
«Ah, de acuerdo…¿así que solo seremos nosotros cuatro?»
«Aparentemente…» respondió ella con una sonrisa seductora, mientras la morena reía ligeramente
«Emma…los niños están justo ahí…» murmuró hundiéndose en el asiento, escondiendo sus mejillas enrojecidas.
«Tienes razón, si acaso se dieran la vuelta, sobre todo Henry…»
Emma se aposentó, a su vez, cómodamente en su asiento mientras las luces se apagaban y comenzaban los anuncios, captando la total atención de los dos niños.
Regina aprovechó entonces para inclinarse sobre la rubia y besarla apasionadamente. Emma respondió bien rápido al beso colocando una mano tras la nuca de la morena mientras esta posaba una mano en su cintura.
«Mmmmm…Señora Alcaldesa…no la hacía yo de la que hace estas cosas en lugares públicos…»
Y Regina abrió los ojos dándose cuenta de su comportamiento, un poco fuera de lugar, se colocó un mechón tras la oreja después de apartarse del rostro de su compañera.
«Lo siento…Yo…no sé lo que me ha pasado…»
«Hey, no pasa nada…» murmuró Emma inclinándose hacia su compañera.
«Sí, yo…yo no soy…así, ¿sabes?»
«Sí, lo sé…» dijo ella divertida ante la incomodidad de la morena. Después se acercó a su oreja y le lamió tímidamente el lóbulo «Es una pena…porque ahora estoy completamente excitada…»
Regina dejó de respirar y sintió sus mejillas inflamarse y su entre pierna humedecerse. Ya no sabía qué decir. Así que Emma cogió su mano, entrelazó sus dedos y hundió su mirada en la de ella.
«Esta noche me lo compensarás…» susurró con un guiño, haciendo sonreír a la morena que se relajó ligeramente antes de sentirse ella también de nuevo excitada.
Y la película comenzó, los niños estaban callados y las dos mujeres no se habían soltado las manos. Así fue todo hasta acabar la sesión. Al salir de la sala, las dos mujeres siguieron a Henry y a Gabriella, que cantaban una de las canciones de la película, hasta el coche de Emma.
«¿Qué hacemos ahora?» preguntó Henry una vez habían cogido el camino
«Bueno, vamos a dejar a Gabi con su mamá…»
«Oh, no…» respondieron los dos niños con expresión de súplica
«Pero volveremos a vernos…Gabi, ¡tú, mamá y Chacha venís a cenar a casa esta noche!»
«¿De verdad? Entonces, ¡genial!»
«¿Quién es Chacha?» preguntó Henry en voz baja para que solo su amiga lo escuchara
«Oh, es la novia de mi mamá Carmen…»
«¿Tu mamá Carmen?»
«Sí, tengo otra mamá, pero el novio de ella es Patrick…él es amable, pero no es muy divertido…mientras que con Chacha me rio todo el tiempo. Hace muchas cosas conmigo, bricolaje, pintura, ¡fue ella quien me enseñó a hacer windsurf!»
«¿Y la ves a ella como a una mamá también?»
«Bueno, a veces sí, a veces no…cuando estoy en casa de mamá Kate y Patrick, a veces me preguntan si soy feliz con mamá y Charlie, y les digo que sí. Pero a veces veo la mirada de mi mamá y tengo la impresión de que eso la entristece…y cuando me preguntan si deseo llamar a Chacha "mamá", les digo que no. Porque si lo hago, tendré que llamar "Papá" a Patrick, porque es el novio de mi mamá…así que en casa de Mamá y Patrick prefiero decir que Chacha es como una hermana mayor, mientras que cuando estoy con mamá Carmen, las tres somos realmente una familia, es genial, y ahí deseo llamar a Charlie, "mamá"…pero no lo hago»
«Entonces, ¿tienes tres madres y un padrastro?»
«¡Eso es! ¿Y tú?»
«Yo solo tengo una mamá»
«¿No tienes papá?»
«No, nunca me ha querido. Mamá me dice que es porque él tiene miedo de ser padre, pero yo estoy seguro de que es porque no me quería…»
«Lo siento…Pero al menos, ¡está la madrina!»
«Sí, adoro a Emma, ¡es muy guay, me divierto mucho con ella! Y además gracias a ella, mamá sonríe todo el tiempo»
«¿Quizás sea porque es su novia?»
«¿Eh? No, a mamá no le gustan las chicas…»
«Bueno, mi mamá Kate, a ella le gustaban las chicas y ahora le gustan los chicos…Quizás tu madre también ha cambiado…»
«Quizás…tengo que descubrirlo…¿te apetece jugar a los espías?»
«¡Oh, sí!»
«¡Ok! Tú haces preguntas a tus mamás, y yo me ocupo de la mía y de Emma»
«¡De acuerdo!»
«¿De qué habláis ahí detrás?» dijo Emma mirándolos por el retrovisor
«De nada…» dijeron poniendo cara de inocentes, sonriendo ampliamente, pero Emma sospechaba de que algo escondían.
Después de haber aparcado el coche en el sendero de la villa, caminaron hasta la casa vecina y esperaron a que Carmen fuera a abrirles.
«¡18:25! ¡Un poco más y empezaría a preocuparme!» dijo la morena estrechando a su hija en sus brazos
«¿Qué? Llego con cinco minutos de adelanto, ¿de qué te quejas?»
«Eso es, hazte la listilla…bueno, ¿os habéis divertido?» le preguntó a los dos niños, de pie, uno al lado del otro.
«¡Sí!»
«¡La madrina nos ha llevado al McDonald, y después a ver Campanilla!»
«¡Y también había piratas!» continuó Henry
«Bien…¿así que habéis sido consentidos?»
«¡Sí!»
«Venga, Henry, vamos a dejar a nuestras vecinas un rato»
«Nos vemos más tarde de todas maneras» respondió Carmen con una sonrisa
«Sí, a las ocho, no te olvides…Regina detesta los atrasos…»
Las dos mujeres se echaron a reír, mientras que Regina se encogía de hombros y los dos niños intercambiaron una mirada de entendimiento.
«Bueno, hasta más tarde»
Al llegar a la casa, Henry suplió a su madre poder bañarse en la piscina y esta aceptó, para gran alegría de su hijo. Ella lo acompañó arriba, mientras Emma salía a la terraza a coger aire. Al sentarse, recibió una llamada al móvil.
«¿Diga?» dijo, ignorando completamente quién podía estar al otro lado de la línea
«¿Emma?»
«¿Belle?»
«Emma, tienes que escucharme, he sorprendido a Gold al teléfono apenas hace unos minutos. Decía que os había encontrado, a ti y a la Alcaldesa, y que os escondíais en Malibú, ¿es verdad?»
«Hmmm…¿por qué me preguntas eso?» preguntó ella inquieta
«Ha ordenado que la traigan con vida, pero aparentemente…solo a ella. Emma, dime que no estás allí…»
«Sí»
«Tenéis que salir de ahí, ya. Ha mandado a varias cuadrillas tras vosotras, no hay un minuto que perder»
«Gracias, Belle, te debo una»
«Mantente con vida, y estamos en paz»
Estaba colgando cuando el pequeño moreno pasó corriendo a su lado para lanzarse a la piscina de agua templada.
Se levantó enseguida y entró en la cocina, justo en el momento en que Regina iba a salir. Pero la rubia posó sus manos en su cintura y la hizo retroceder.
«Emma, ¿qué haces?»
«Tenemos que hablar, ven…»
La hizo retroceder más hasta llegar al salón, e hizo sentar a la morena en un sillón.
«¿Qué ocurre? Me estás asustando…»
«Escucha…tengo una mala noticia que darte…»
«¿Qué? ¿Qué ocurre?»
«Están de camino. Saben que estamos aquí»
«¡Qué!»
«Lo sé…Pero están aún en San Francisco a esta hora. Tenemos como mínimo tres horas antes de que lleguen»
«¿Cómo lo sabes? ¿Te ha llamado David?»
«No, ha sido Belle»
«¿Belle? ¿Quién es?» preguntó con el ceño fruncido, y la mandíbula apretada.
«La secretaria de Gold. Somos buenas amigas desde hace tiempo. Ha sorprendido a Gold al teléfono, y ha escuchado toda la conversación, así ella ha sabido que estábamos aquí, no se lo he dicho yo»
«¡Dios mío!»
«Bien…Escucha el plan, vamos a pasar la velada en casa de Carmen, voy a esconder el coche y nuestras cosas, será como si nunca hubiésemos estado aquí, ¿de acuerdo?»
«¿Y después?»
«Cuando lleguen, lo van a poner todos patas arriba, rebuscarán, pero cuando comprendan que no estamos, se marcharán, y en ese momento, veremos. Pero no volveremos aquí»
«¿Por qué no?»
«Porque hay muchas posibilidades de que dejen cámaras…por si volviéramos»
«Pero es tu casa…»
«Regresaremos, pero más tarde, cuando toda esta historia haya acabado, ¿de acuerdo? Mientras, vamos a pasar la noche en casa de Carmen, así Henry no sospechará nada, dormiremos allí, y mañana por la mañana, nos marcharemos, ¿de acuerdo?»
«De acuerdo…»
«Venga, ve a coger a tu hijo, yo voy a avisar a Carmen de la situación, a hacer nuestras maletas y meter nuestras cosas en el coche»
«Ok…» dijo ella sintiendo cómo las lágrimas se empeñaban en salir.
«Hey…voy a sacarte de esta, ¿de acuerdo?»
Emma pasó una mano por su mejilla y Regina se pegó a ella antes de poner su mano sobre la de la rubia.
«Os protegeré, lo prometo»
Regina le sonrió tiernamente antes de acercar su rostro al de Emma y darle un amoroso beso.
«Dame tu teléfono, por favor»
La morena así lo hizo. Sacó el aparato del bolsillo de sus pantalones y lo tendió a la rubia.
«Voy a llamar a David y a Ruby y después romperé tu móvil»
«¿Qué? Pero, ¿por qué?»
«Porque es, sin duda alguna, el motivo por el que saben que estamos aquí. Soy una idiota, debería haber pensado en ello antes…Como el mío es indetectable, lo olvidé por completo, es mi culpa…»
«No, no digas eso…pero tienes razón. Destrúyelo»
«Venga…yo me ocupo de lo demás»
Durante cerca de una hora, Emma se apresuró en hacer el equipaje, limpiar tras ella, borrar toda huella de su visita. Cuando acabó con la plata de arriba, puso las maletas en la entrada y se metió en la cocina. A continuación, fue a buscar al garaje una pequeña nevera de viaje y metió dentro hielo.
Mientras, Henry, que había salido del agua, se enrolló en una toalla que le había preparado su madre y se sentó a su lado.
«¿Mamá?»
«¿Sí, cariño?»
«¿Si te hago una pregunta, me dirás la verdad?»
«Por supuesto, cariño. Siempre»
«¿Eres la novia de Emma?»
«Euhhh…» dijo con la boca entre abierta. Totalmente estupefacta «Heu, ¿por qué me haces esa pregunta?»
«Te toca responder primero…»
«Bueno…heu…la aprecio mucho. Cuenta mucho para mí»
«Pero, ¿la amas?»
«Henry, ¿a qué vienes todas estas preguntas?»
«Bueno, quiero saber si Emma es tu novia. Así que, ¿la amas?»
«Henry…son cosas de grandes»
«Entonces, la amas»
«Henry…» dijo ella desviando la mirada, ligeramente incómoda
«¿Qué? Es verdad, ¿no? Si no, me hubieras dicho que no la amabas…Y ella, ¿te ama?»
«Henry…por favor»
«¿Qué? ¿Os dais besos de adultos o no?»
«Pero…pero, ¿quién te ha metido esas ideas en la cabeza?»
«No pasa nada, ¿sabes?...Si tú eres feliz, yo estoy contento por ti»
La morena estaba sorprendida, sin saber qué responder, mientras su hijo se acercaba a ella para abrazarla.
Emma, por su parte, vaciaba la nevera, los estantes que contenían sus víveres y metía varios alimentos y bebidas en la pequeña nevera de viaje. Metió el resto en una gran bolsa de plástico y una vez que hubo acabado, fue a meterlo en el maletero del coche, que se cerró por los pelos. Después, volvió a la cocina, fregó la loza del día, y colocó todo en su sitio antes de salir y unirse a la morena y su hijo.
Se sentó en la silla, al lado de su compañera, mientras al otro lado de la morena, Henry la miraba todo sonriente.
«¿Me he perdido algo?» preguntó interrogándoles con la mirada a cada uno
«No, no, nada» él se levantó, cogió sus ropas para ir a cambiarse.
«Oh, Henry, espera, siéntate dos minutos» pidió amablemente la rubia
«¿Sí?»
«Escucha, esta noche, al final, cenamos en casa de Gabi, ¿de acuerdo?»
«¡De acuerdo!»
«Y mañana por la mañana, nos marcharemos…»
«¿Ya? Pero habías dicho que pasaríamos tres días aquí»
«Lo sé…pero el lunes tú tienes cole y tenemos seis horas y media de camino mañana. Así que, al mediodía nos marchamos, ¿de acuerdo?»
«¿En coche? ¿No podemos coger el avión? Va más rápido y así podemos quedarnos más tiempo»
«Lo siento, pero mañana no podremos coger el avión, estamos obligados a ir en coche. Pero, volveremos, ¡te lo prometo!»
«¿De verdad, mamá? ¿Volveremos?»
«Sí, cariño, prometido. Ve a vestirte, no tardaremos en salir»
«De acuerdo»
Él se alejó con la cabeza gacha y cuando estuvo lo bastante lejos, Regina giró su rostro hacia la rubia, la mirada seria.
«¿Qué?» preguntó la rubia
«Mi hijo nos ha visto»
«¿Qué? ¿Cuándo?»
«No lo sé, no me lo ha dicho. Pero lo sabe»
«¿Cómo que lo sabe? ¿Qué te ha dicho?»
«¡Me ha preguntado si estaba enamorada de ti!»
La rubia se echó a reír en su cara, cosa que hizo suspirar de nerviosismo a Regina.
«No veo dónde está la gracia»
«Porque me hago la misma pregunta que tu hijo…»
«¡Y eso te hace reír! ¡Emma, no estoy preparada para contarle lo nuestro y lo sabes! ¡Es muy pronto!»
«Sí, lo sé. ¿Te ha dicho algo más?»
«Me ha preguntado si tú me amabas y si nos damos besos de adultos, ¡figúrate!»
«¿Y quién te dice que es porque nos haya visto?»
«No veo por qué me haría todas esas preguntas, si no…»
«Quizás…espera, estoy casi segura de que no es porque nos haya visto…»
«¿Y qué…?»
«¡Mamá, estoy listo!» dijo él regresando junto a ellas.
«Bien, entonces, vámonos» dijo Emma poniéndose en pie, seguida de cerca por una Regina frustrada por no haber obtenido respuesta.
Al llegar a casa de sus vecinas, fueron recibidas por los tres miembros de la familia. Henry, entonces, pudo conocer a Charlie antes de que él y Gabriella desaparecieran en la terraza.
«¿No sospecha nada?» preguntó Carmen mirando cómo se alejaban los niños
«No, afortunadamente…Bueno, voy a comprobar que no me haya olvidado nada en la casa»
«Voy contigo» dijo Charlie «así podrás meter el coche en el garaje»
Las dos mujeres salieron de la casa y dejaron a sus respectivas compañeras a solas.
«¿Quieres una copa de vino?» propuso la mexicana que sonrió al ver la cara de Regina
«¿Por qué no? Sí»
«Venga, ven» dijo entrelazando sus brazos «¡Todo se va a arreglar, estoy segura!»
Por su parte, Emma y Charlie inspeccionaron cada estancia antes de que la rubia cerrara la puerta principal con doble vuelta de llave, y se pusiera al volante de su coche para ir a guardarlo en el garaje de su vecina en el que ya había dos coches.
«¡Sorprendente! ¡Y aún hay sitio para poner una mesa de billar!»
Se echaron a reír mientras subían las escaleras que llevaban a la terraza en donde los niños fingían que estaban jugando a la pelota a algunos metros de ellas.
«Bien, entonces, ¿tienes información?» preguntó Henry dándole una patada al balón
«Sí, pero no gran cosa. Mamá me ha dicho que tu madre y mi madrina eran cercanas. Es todo lo que ha querido contarme…¿y tú?»
«Bueno, yo le pregunté a mi madre si amaba a Emma, pero no me respondió. ¡Y creo que es porque la ama de verdad!»
«¡Es muy bonito! ¿No crees?»
«Bah, si alguna vez veo a mi madre besar a una chica…lo encontraré raro…pero por otra parte, desde que conoce a Emma, no deja de sonreír y reír…Pero, ¡te confieso que yo también lo encontraría bonito!»
«Chicos, ¿queréis patatas?»
«¡Sí!»
Pasaron los seis una agradable velada. Hacia las once, los niños comenzaron a mostrar signos de fatiga, lo que empujo a sus madres a querer meterlos en la cama.
Felizmente, así como la casa de Emma, esta poseía varias habitaciones. Henry pudo dormir en la habitación que estaba al lado de la de su amiga. Y cuando las dos mujeres bajaron, pillaron a sus compañeras riendo como locas.
«¿Podemos reír con vosotras?» preguntó Carmen volviendo a sentarse al lado de Charlie
«Emma me contaba cómo le había dado una patada en el culo a un tipo hace unos días»
«¿Unos días?» dijo asombrada Carmen mientras que Regina sabía a qué anécdota hacía referencia Charlie. La vez en que Emma le había salvado la vida cuando había sido secuestrada delante de su casa.
Ella sonrió tímidamente a la rubia y le tendió su mano. Emma entrelazó sus dedos y las apoyó en su muslo.
«Sí, fue el lunes pasado…»
«¡Venga, cuenta!»
Durante más de media hora, Emma contó sus recientes hazañas. Mientras las tres mujeres reían de buen grado, Emma se detuvo y se puso seria. De la calle llegaban algunos ruidos. Las otras mujeres también quedaron intrigadas.
«¿Emma?» preguntó en voz baja Carmen
«Continuad hablando…» murmuró ella levantándose. Después hizo gestos con sus manos. «Están ahí» dijo con los labios, pero sin que saliera sonido alguno.
«Bueno, entonces, ese cine, ¿cómo fue?» continuó Carmen mientras Emma se alejaba seguida por Regina.
«Ah, bien, de hecho fue genial…» respondió Charlie, para seguir la conversación «No había mucha gente, mejor, así no había que hacer cola»
Por su parte Emma y Regina atravesaron las diferentes estancias de la casa, subieron al piso de arriba, desde donde una de las habitaciones se podía ver qué pasaba delante de la casa de Emma.
Discretamente, Emma, que estaba en una esquina del cuarto, abrió ligeramente una de las cortinas de la ventana para ver qué pasaba delante de su casa.
«¿Qué ves?» preguntó Regina apretándole la mano
«Hay dos jeeps negros. Debe haber unos diez hombres. No hay ninguno montando guardia»
«¿Has podido ver a alguno?»
«No…Tengo que acercarme»
«¡Qué! ¡No, ni hablar!»
«Regina, ¡tengo que conseguir poner un rastreador!»
«¿Un rastreador? No, pero, no puede ser, ¿y cómo piensas hacerlo?»
«Bien, dado que, en mi opinión, han venido en avión, los coches son alquilados. Pero tiene que tener el equipo con ellos»
«¿Qué equipo?»
«Armas…y creo que deben llevarlas en bolsa de deporte para ser más discretos»
«Ok, pero, ¿cómo hacemos?»
«Confía en mí, ¿de acuerdo? Quédate aquí. Sobre todo, no te dejes ver. No tendré para mucho, pero debo ser rápida antes de que regresen» dijo ella antes de alejarse de la ventana y dirigirse a la puerta.
«Emma, espera…» dijo Regina deteniéndola por el brazo
La rubia se dio la vuelta y los labios de Regina se aplastaron contra los suyos, primero con violencia antes de que el beso dejara paso a la pasión.
«Ten cuidado»
Se pusieron frente contra frente antes de que las manos de Regina rodearan el cuello de Emma y que las manos de esta se apoyaran en su cintura.
«Prometido, hasta ahora» unieron una última vez sus labios, después retrocedió para no volver a girarse.
Emma bajó las escaleras sin el menor ruido, hizo señas a sus dos amigas de que continuaran con su estratagema mientras ella bajaba al garaje. Fue a su coche, cogió una pequeña caja de la guantera, sacó un pequeño emisor, no más grande que una moneda y se encaminó hacia su casa.
Pasó entre los arbustos, comprobó que ninguno de los hombres estaba por ahí, abrió una de las puertas del coche, subió al asiento trasero y deslizó el emisor en uno de los bolsillos de las grandes bolsas negras que se encontraban en el maletero, después salió del coche soterradamente, y desapareció entre los arbustos para volver a casa de Carmen.
Regina, que desobedeciendo las indicaciones de la rubia, la había estado observando desde la ventana, veía lo que estaba haciendo mientras se ponía nerviosa, y no dejo de estarlo hasta que no vio a la rubia tomando el camino de vuelta a ella. Bajó las escaleras y fue a ver a la rubia que estaba en la cocina.
Las dos vecinas continuaban hablando como si nada, prestando atención para no mirar hacia dentro de la casa, o a la casa vecina.
Cuando Regina llegó al lado de Emma, se precipitó a sus brazos y la estrechó contra su cuerpo.
«Estoy aquí…todo va bien»
Regina respiraba entre cortadamente y Emma tuvo que tranquilizarla como podía. Al escuchar ruido en la calle, subieron a mirar por la ventana y vieron que los hombres estaban a punto de dejar el lugar.
«Bien, se han ido…» dijo Emma volviendo a la terraza junto con Regina
«¿Me vas a explicar que has hecho?» preguntó Carmen, algo enfadada de saber que su amiga sin duda alguna se había puesto en peligro.
«Fui a ponerles un rastreador. De esa manera, me llevarán directamente hasta su madriguera»
«¡Para ser rubia me sorprendes!» dijo de broma Charlie haciendo sonreír a Emma
«No es divertido, Charlie…Emma, eres una inconsciente»
«Era necesario, y además, inconsciente o no, lo he logrado…»
«Sí…bueno, no sé vosotras, pero yo voy a acostarme…» dijo Carmen mientras se levantaba.
«Sí, nosotras también» dijo Emma mirando a la morena que asintió en silencio «Mañana nos espera un largo camino»
Se despidieron, y después las oriundas de San Francisco subieron a su habitación.
Una vez ya en la cama, vestidas con los pijamas que les habían prestado sus amigas, Emma se pegó a la espalda de Regina y esta tomó sus manos entre las suyas.
«Sí» dijo Emma haciendo que la morena se girara hacia ella
«¿Sí?»
«Para responder a la pregunta de tu hijo. Sí, te amo»
Regina no respondió, pero su silencio lo quería decir todo a ojos de Emma.
«No estás obligada a contestar. Me lo dirás cuando estés preparada»
Regina hundió su rostro en el cuello de la rubia mientras esta le acariciaba tiernamente la espalda.
«Yo también te amo…» murmuró la morena sin moverse de su sitio.
Emma sonrió y estrechó a la morena un poco más contra ella.
