Hola chicas. Sé que todas estáis preocupadas por el retraso, pero tengo que deciros que debido a circunstancias laborales y de estudio no puedo traducir al ritmo de antes, sobre todo esta historia. Sus capítulos son muy largos, y a veces me lleva cuatro horas su traducción, por lo que la actualización de los capítulos que quedan se hará los fines de semana, sábado o domingo. La otra historia, Imagine, va más rápido porque sus capítulos son mucho más cortos, y en los ratitos que tengo los traduzco. Sin nada más, que disfrutéis de este nuevo capítulo de Protección cercana.
Regreso a San Francisco
A la mañana siguiente, Regina se despertó en los suaves y protectores brazos de Emma. Se dio la vuelta delicadamente hacia la mesilla de noche, que quedaba justo a la altura del cabecero, y cogió su teléfono para mirar la hora. Eran las 09:30, y era sábado. Se giró de nuevo hacia la rubia y se quedó mirándola un momento.
¡Qué hermosa era! Una ligera sonrisa estaba dibujada en sus rosados labios y un mechón le caía en la cara. Regina dejó volar su mano hasta el rostro de su compañera, recolocó el mechón tras la oreja y se inclinó para besar esa mejilla ahora descubierta.
Cerró los ojos cuando sus labios tocaron la diáfana piel de Emma y permaneció en esa posición algunos segundos. ¡Dios, cómo la amaba! Ahora era una certeza. Aunque su vida y la de su hijo, y desde hace poco, también la de Emma, estaban en peligro, nunca se había sentido más segura que ahí, en ese momento. En ese exacto momento.
Emma era su ángel de la guarda caída del cielo, no solo para su protección, sino también para su felicidad. Nunca hubiera creído poder ser tan dichosa en compañía de alguien. Era un sueño convertido en realidad. Había encontrado al ser con quien quería pasar el resto de su vida. Y no cambiaría ningún detalle, ni siquiera por todo el oro del mundo. Pues su hijo y Emma eran sus tesoros, no necesitaba nada más para vivir. Para ser feliz.
Pero, rápidamente, la realidad la atrapó, como una bofetada en pleno rostro. Sus vidas estaban en peligro. Así que abrió los ojos, retrocedió, sonrió a la rubia, que parecía dormir profundamente, le acarició la mejilla con su pulgar antes de salir de la cama.
A penas hubo abandonado los brazos de Emma, esta se despertó.
«¿Qué? ¿Es todo?» preguntó con voz aún somnolienta, haciendo que la morena se girara hacia ella «¿No tengo derecho a un cariño?»
Regina sonrió mientras la rubia la miraba con un solo ojo, intentado acostumbrarse a la luz del día que atravesaba las cortinas de la ventana.
«No quería despertarte…»
«Me despertaste en cuanto te giraste para mirar la hora en tu teléfono…»
«Ah…» dijo divertida «¿Y me has dejado creer que aún dormías?»
«Quería saber lo que hacías cuando eres tú quien te despiertas antes que yo…»
La rubia se desperezó bostezando mientras la morena movía la cabeza ante su actitud.
«Me espías, si he entendido bien»
«Solo esta vez»
«¿Y qué conclusión has sacado?»
«Que no he recibido mi cariño matutino»
Se echaron a reír ligeramente antes de que Regina se deslizara de nuevo bajo las sábanas para acercarse a su rubia preferida.
Emma abrió sus brazos para acoger a la morena, una sonrisa victoriosa, pero enamorada en su rostro, Regina se hundió en ellos suspirando de satisfacción mientras que Emma cerraba sus brazos para poner sus manos en la espalda de la morena.
Con el rostro alojado en el cuello de Emma, ella la acariciaba tiernamente con la punta de la nariz, haciendo sonreír a la rubia.
«¡Lo que daría por empezar todos mis días de esta manera!» dijo la rubia «Tú en mis brazos, tu respiración en mi piel, nuestros corazones latiendo al mismo compás, la serenidad de finalmente ser felices»
«¿De verdad eres feliz? ¿A pesar de todo lo que nos está pasando?» preguntó Regina tímidamente, sintiéndose culpable
«Justamente, es porque en este momento preciso nada cuenta excepto nuestra felicidad, eso es lo que hace que este despertar sea el mejor de todos»
Regina sonrió y besó el perfil de la mandíbula de Emma, mientras esta subía una de sus manos para colocarla en la parte de atrás de la nuca de Regina. Y cuando pararon su beso, Emma se movió un poco para invertir las posiciones. Regina de espalda y Emma sobre ella. Acercó entonces delicadamente su rostro al de la morena y unió sus labios.
Un beso, en un primer momento, casto, pero que se hizo rápidamente pasional y amoroso. Ellas se amaban, eso era indudable y ahora les era evidente que la una no podía vivir sin la otra.
«Buenos días, señora alcaldesa…» susurró Emma con voz dulce después de haber recobrado aliento
«Miss Swan…»
«Grrrr, no puedes imaginar el efecto que me causas cuando me llamas así…»
«Creo que es el mismo efecto que me causas tú cuando me llamas "Señora Alcaldesa"…»
«Señora Alcaldesa…»
«Dilo otra vez…» casi lo suplicó ella cuando una de las manos de Emma vagabundeaba bajo el top de la morena, acariciando su vientre y subiendo hacia su pecho para solo rozarlo, antes de bajar para comenzar otra vez.
«Señora Alcaldesa…»
Emma había pronunciado las palabras con un tono ronco y cargado de deseo, provocando una respiración entre cortada por parte de la morena que quería hacer el amor, ahí, ¡ya, enseguida!
El beso se había vuelto mucho más que intenso, sus manos recorrían el cuerpo de la otra, sus gemidos se volvían, poco a poco, imposibles de contener. Tenían ganas, tanto una como la otra, aunque solo lo hubiera hecho dos veces, y eso ya hacía dos días y el deseo de volver a empezar era más fuerte que todo.
«Emma, espera…» cortó Regina retomando su respiración
«Oh, perdón, yo….me embalo…lo siento, no pienso suficiente…»
«No, no…no te excuses…¡yo también lo deseo! Solo que no estamos solas…si las chicas y los niños nos escuchan…no es serio»
«Podemos ir a la ducha…el agua disimulará el ruido…» dijo ella mirando hacia el techo y mordiéndose el labio inferior haciendo sonreír de nuevo a Regina.
Sin una palabra más, Regina empujó a Emma sobre el colchón, tomó la dirección del cuarto de baño y cerró la puerta que separaba las dos estancias. Emma, que no se había movido, vacilaba. ¿Eso quería decir que sí o que no?
Y como respuesta a su pregunta, vio que la puerta se entre abría, una mano pasaba por ella y un dedo la llamaba. Emma no se hizo de rogar más tiempo y corrió a reunirse con ella.
Cuando llegó al baño, Regina ya estaba desnuda bajo la ducha, el agua caliente dejaba aparecer el vapor que se propagaba, poco a poco, por las puertas de cristal y escondía lentamente las formas de la morena que le daba la espalda. Emma se desvistió en tres movimientos, se dirigió hacia la radio MP3 del baño, la encendió y dejó lo primero que sonó antes de unirse a su amada, «Fleur blanche» de Orsten.
Emma se hundió bajo el agua, pegó su pecho a la espalda de Regina y posó sus manos en los hombros bronceados de la morena antes de recorrer sus formas con la punta de sus dedos. Regina, por su parte, inclinó su cabeza hacia atrás para apoyarla en uno de los hombros de la rubia cerrando los ojos mientas que las manos de Emma ascendían por su busto hasta que una de ellas agarró los cabellos morenos de Regina para dejar libre su cuello y poder posar sus labios en él, para ir dejándole suaves besos, mientras su otra mano comenzaba un tierno masaje en el pecho izquierdo de Regina.
«Hmmm…» gimió Regina de satisfacción, mientras la lengua de la rubia subía hasta el lóbulo de su oreja antes de que su boca tomara posesión de ella y la succionara lentamente.
El agua caliente les hacía bien, pero comenzaba a sofocarlas un poco. Así que Regina giró el regulador de temperatura y rápidamente el agua se templó, al contrario de las dos manos de Emma que acariciaban la piel de la morena y subían progresivamente hasta su generoso pecho.
«Emma…» murmuró ella, con la respiración cortada.
Sentía su bajo vientre lanzarle esa llamada de ayuda, necesitaba a Emma y sus dulces atenciones. Ahora que habían pasado la barrera de la timidez y de los miedos de la primera vez, hacer el amor no se había convertido en una droga, pero no andaba lejos. Necesitaban sentir el perfume de la otra acariciar sus fosas nasales, besar sus pieles con sus labios o bien acariciarlas con los finos dedos. Era atractivo. Ninguna de las dos había conocido esa sensación antes, era intenso, sensual, terriblemente erótico y a la vez, tierno. Sus cuerpos las llamaban a unirse, a amarse, a demostrarse cómo necesitaban estar juntas.
Emma le masajeaba los pechos mientras aún se encontraba a sus espaldas, Regina se dio la vuelta, agarró el rostro de la rubia entre sus manos y la besó apasionadamente, reclamando rápidamente acceso con su lengua, que Emma le concedió sin dudar, estaban sedientas por el deseo. Pasó una de sus manos tras la nuca de la rubia, mientras que esta continuaba acariciándola con una mano y la otra descendía hacia su bajo vientre. Y Regina hizo lo mismo, acariciando cada una el abdomen de la otra, rozando los dedos de la otra. Y a pesar del irrefrenable deseo, Regina aún no se atrevía a acariciar la intimida de Emma, en cambio esta se aproximaba peligrosamente a la suya. Pero se detuvo, subió su mano, tomó la de la morena y la condujo hacia su propia entre pierna.
Y mientras sus besos se intensificaban y sus gemidos se hacían más ruidosos a cada segundo que pasaba, Regina alcanzó, finalmente, la intimidad tan codiciada de Emma. Había deslizado dos de sus dedos entre los cálidos y húmedos labios de la rubia y jugaba sensualmente con el clítoris de esta última. Mientras que Emma volvía al sitio donde se había detenido para hacerle sufrir a Regina el mismo tratamiento. Haciendo círculos invisibles sobre su clítoris también ella, Regina la imitó, era como si Emma le enseñase cómo hacerlo, y Regina aprendiera practicando.
Gimiendo al unísono, sus respiraciones cada vez más cortas, habían dejado de besarse para apoyar sus cabezas, una al lado de la otra. Emma incluso hundió su rostro en el cuello de la morena y le lamía sensualmente su piel mientras que sus dedos se hundían en Regina, haciendo gemir de nuevo a la morena, al principio con un ritmo suave y lento, y Regina hacia lo mismo.
Sus embestidas se hicieron más rápidas, más intensas, lo que hizo que no pasase mucho tiempo hasta que alcanzaran la cima de su placer, y en un gemido común alcanzaron el orgasmo.
Una vez alcanzado el séptimo cielo, fueron recuperando, poco a poco, el aliento, sus frentes apoyadas en el hombro de la otra, retiraron sus dedos de la intimidad de la otra y rodearon con sus brazos el cuerpo de la otra para acercarlos aún más. Regina por encima de los hombros de Emma, mientras que esta había pasado sus brazos alrededor de la cintura de la morena, acariciando tiernamente la parte baja de su espalda.
«Te amo, Emma…»
La rubia sonrió y giró ligeramente la cabeza para depositar un beso en el cráneo de la morena.
«Yo también»
Se quedaron así unos minutos más, acurrucadas en los brazos, la una de la otra, antes de decidirse a salir de la ducha, vestirse y bajar a ver si alguien ya se había levantado.
Para su sorpresa no era el caso, lo que tranquilizó a Regina, pues eso quería decir que los otros dormían aún y por consiguiente ellas no habían sido escuchadas.
Cuando entraron en la cocina, una nota las esperaba en el frigorífico
«¡Si os levantáis antes que nosotras, no dudéis, y como si estuvierais en vuestra casa! ;)»
Entonces, Emma preparó café para las dos, y propuso ir a buscar algunos pasteles a la panadería de la esquina. Regina fue con ella, y veinte minutos más tarde volvieran, momento que eligieron Carmen y Charlie para unirse a ellas en la terraza.
«¡Hola chicas!» dijo alegremente Charlie dejando su taza de café en la mesa de cristal antes de sentarse
«Buenos días» respondió educadamente Regina sonriendo a las dos mujeres
«Hep…» se conformó en decir Emma mientras hurgaba en su móvil.
«¡Hola chicas! Decid, ¿sueño o habéis ido a la panadería?»
«Ha sido idea de Emma»
«Muy amable, gracias»
«Ahora vengo, voy a llamar a David» dijo Emma levantándose, dejando un rápido beso en la cabeza de su compañera.
Y mientras ella se alejaba, las dos vecinas se interrogaron con la mirada, la inquietud dominaba sus rasgos.
«¿Algún problema Regina?» preguntó con voz compasiva su amiga Carmen
«Oh, heu, non, quedaos tranquilas. Emma solo quiere llamar a David para avisarle de que estaremos en San Francisco a media tarde y preguntarle si puede quedarse esta tarde con Henry»
«Wow, tenéis planes románticos, ¡qué mono!...» dijo Carmen guiñándole un ojo
«Ah no, no, no…en absoluto…solo es que…como mi casa ha sido puesta patas arriba, queremos mantenerlo lejos mientras volvemos a recogerla y limpiarla…»
«Ah, de acuerdo…» respondió Carmen, ligeramente decepcionada.
«¡Aunque yo hubiera prevenido planes románticos como tú dices!» exclamó Regina haciendo reír a sus dos amigas.
«¡Ok para lo de esta tarde!» dijo Emma volviendo junto a ellas «Lo llevará a comer una pizza, y después irán a ver a los Gigantes»
«¿Béisbol?»
«Sí…¿algún problema? ¿No le gusta?»
«No, solo que será la primera vez que irá a ver un partido al estadio»
«¡Ah, es guay! En cambio, dice que le debo una…»
«¿Y eso?»
«Bueno, esta noche se suponía que iba a salir con Mary…»
«Oh…no sabía que tenían una cita…ni siquiera sabía que se veían…»
«Bueno, yo sí lo sabía, pero me había olvidado por completo…pero me ha dicho que seguro que Mary lo comprende y que no le molestará que Henry vaya con ellos…pero creo que les vendrá de perillas»
Las tres mujeres, sorprendidas, fruncieron el ceño y la rubia rio antes de continuar.
«¡Tanto uno como otra son muy tímidos! Bueno, es mono, me diréis, pero creo que David tenía miedo de pasarse la noche enrojeciéndose y esquivando la mirada de Mary. Así que ahora…»
«Estarán más cómodos…» continuó Regina
«¡Exactamente! ¡Matamos dos pájaros de un tiro! Pero bueno, le he dicho que le debo una…»
«Es mono, acabéis las frases de la otra…» cortó Carmen con los ojos llenos de lágrimas de alegría, emocionada al ver a sus dos amigas tan cómplices.
«Eso, ríete de mí…» replicó Emma antes de concentrarse de nuevo en su compañera y sonreírle amorosamente
«¡Buenos días a todo el mundo!» dijo Gabriella antes de acercarse a su madre y Charlie para que cada una posara un beso simultáneamente en sus mejillas.
«Buenos días, princesa…» dijeron ellas a la vez
«¡Buenos días, madrina!»
«¡Buenos días, cariño!» dijo Emma mientras la pequeña caminaba hacia ella para un beso «¿Has dormido bien?»
«¡Sí! ¿Y tú?»
«Muy bien…» le dijo con una sonrisa que la pequeña le devolvió antes de girar su rostro a la morena
«¡Buenos días Regina!»
«Buenos días, Gabriella, ¿sabes si Henry aún duerme?»
«Creo que sí…su puerta aún está cerrada»
«Voy a despertarlo…» dijo ella lanzándole una mirada de entendimiento a la rubia, que asintió
«Di, madrina…»
«¿Sí, cariño?»
«¿Vendrás a verme pronto?»
«Sí, haré todo lo que sea posible, cariño»
«¿Me lo prometes?»
«Sí…te lo prometo»
La pequeña la abrazó fuerte entre sus bracitos mientras Emma apoyaba su mejilla en la cabeza de su ahijada.
Regina volvió algunos minutos después con su hijo a su lado que enarbolaba una expresión triste.
«¿Algo va mal, chico?» se inquietó Emma
«Sí…»
«No quiere irse…» dijo Regina acariciando la espalda de su hijo
«Ah es eso…» respondió Emma divertida «Y si te digo que una sorpresa nos espera a nuestra llegada…»
«¿Una sorpresa?» preguntó él con una feliz sonrisa
«¡Sí! ¡Pero esta vez nada de pistas!»
«De todas maneras tú no sabes darlas, haces trampas…»
Las cuatro adultas se echaron a reír mientras Regina volvía a sentarse al lado de la rubia y los dos pequeños empezaban a comer los dulces que se encontraban en la mesa.
Casi dos horas más tarde, Emma, Regina así como el hijo de esta última se despedían de sus vecinas antes de tomar carretera.
Durante más de seis horas y media, Emma condujo de vuelta a San Francisco. Al llegar a la gran ciudad, se dirigieron directamente al apartamento de David.
Emma estacionó el coche delante del edificio y juntos subieron al apartamento del rubio.
«¡Hola a los tres!» dijo David al abrir la puerta «Entrad»
«Hola David, gracias, pero no nos entretendremos, solo venimos a dejarte a Henry para su sorpresa…» dijo Emma con un guiño para que David le siguiera el juego.
«¡Ah, ok! ¿Vienes Henry?»
«¿Y vosotras? ¿A dónde vais?» preguntó el pequeño girándose hacia la madre
«Bueno, nosotras vamos a casa, pero David te llevará una vez hayáis acabado, tranquilízate. Diviértete mucho con David, pórtate bien, y obedece, ¿de acuerdo, cariño?»
«¡De acuerdo!»
Le dio un beso a su madre y abrazó a Emma antes de atravesar el umbral de la puerta del joven.
Ellas se despidieron antes de marcharse y dirigirse directamente a la mansión de Regina.
Una vez allí, Regina retuvo su aliento antes de abrir la puerta. Emma apoyó una mano reconfortante en su espalda para darle ánimo, a continuación gritó la llave y empujó la puerta.
La escena que se les presentó hizo que el corazón de la morena diera un salto y se llevara la mano a la boca.
Emma, que ya había visto ese tipo de cosas antes, se permitió entrar la primera.
«¿Y si hay cámaras?»
«Ningún riesgo, David y Graham ya lo han comprobado»
Regina estaba vacilante, ante el estado que estaba la entrada, pocas ganas tenía de ver el resto de la casa.
«¿Quieres quedarte en el coche mientras yo recojo?»
«No, muy amable…es mi casa…soy yo la que tengo que hacerlo…»
«Ok, pero voy a ayudarte…» dijo ella con una sonrisa que tranquilizó a la morena.
Y durante más de tres horas, es lo que hicieron. Recoger, aspirar, limpiar…ellos habían hecho un verdadero destrozo.
«Bueno…¡cómo una patena!»
«Gracias Emma…»
«De nada. ¿Quieres que pida algo para comer?»
«En efecto, no te diría que no…»
«¿Chino?»
Regina sonrió y eso le bastó a Emma como respuesta. Sacó su teléfono, tecleó el número de un restaurante local que servía a domicilio y pidió el plato que Regina le susurraba y después pidió el suyo.
Treinta minutos más tarde, comían en la cocina recién limpiada.
«¿De qué les sirvió destrozarlo todo? No tengo nada de valor aquí…en fin, quiero decir, de valor financiero»
«Solo para dejarnos un mensaje, que todavía están ahí y que no han acabado con nosotras»
«Conmigo, quieres decir…»
«Regina, no vamos a volver a hablar de eso…somos tú y yo, y punto. No dejaré que te las veas sola con esos tipos. ¡Ni hablar!»
Regina sonrió a pesar de la expresión solemne que enarbolaba la rubia.
«Tengo suerte de tenerte…»
«Tenemos suerte las dos…y haré todo lo que esté en mi mano para que siga siendo así, ¿me entiendes?»
«Sí…» susurró antes de posar sus labios sobre los de Emma «Pero nada de imprudencias, ¿de acuerdo?»
«¿Me lo dices a mí? Olvidas que soy…»
«No, por eso. Por eso te pido que no cometas ninguna imprudencia. No deseo que te suceda nada por protegernos, ¿me has comprendido?» dijo ella con un tono más severo, que no dejaba objeción a Emma.
«Sí, señora…»
Se besaron de nuevo antes de escuchar un ruido proveniente del exterior.
Emma se levantó, desenfundó su pistola y se colocó al lado de una de las ventanas para observar discretamente la calle.
«Todo bien, son David y Henry»
Regina suspiró de alivio y Emma se metió la pistola en su pantalón, a sus espaldas.
Se dirigieron, a continuación, a la entrada desde donde el pequeño saltó a los brazos de su madre, vestido con un suéter de béisbol, naranja y negro, color de los Gigantes, demasiado grande para él ya que le cubría los brazos sin dejar ver las muñecas y le llegaba hasta las rodillas, una gorra y un gran guante en una de sus manos.
«Entonces, cariño, ¿te has divertido?»
«¡Sí! ¡Ha sido super!»
«Me alegro por ti…Gracias, David»
«Con mucho gusto, de verdad que nos hemos divertido mucho»
«¡También estaba la señorita Blanchard con nosotros!»
«Ohhhh» soltó Emma mirando maliciosamente a su amigo «¿Y ella también se ha divertido?»
«¡Sí! ¡E incluso ha besado a David!»
El hombre entre abrió la boca, sin saber qué decir e intentó enmendar la situación ante las dos mujeres.
«Hmmm, fue durante el partido…el equipo realizó un Home Run y con la euforia…»
«Oh, David, deberías ver tu cara…»
«No tiene que justificarse, David, todo está bien» lo tranquilizó Regina mientras Emma se contenía para no echarse a reír a carcajadas.
«Bueno, os dejo, buenas noches y hasta pronto. ¡Ciao Campeón!» dijo levantando una mano que el pequeño golpeó con la suya.
«¡Adiós David! ¡Y gracias otra vez por mi sorpresa!»
«¡De nada! Venga, os dejo, adiós…»
«Te acompaño al coche, David…» dijo Emma haciéndole un guiño a Regina que se echó a reír mientras reviraba los ojos.
«¡Venga, cuenta!»
«Ya lo sabes todo…»
«¿No hay nada más? ¿Solo es pequeño beso? ¿En serio?»
«Emma…estamos conociéndonos…no deseo precipitar las cosas…»
«Eres increíble…a mí me decías todo lo contrario…»
«Sí, lo sé, pero…»
«No es tan fácil, eh…mira tú por dónde…»
«Eso, búrlate…bueno, te dejo, estoy reventado, ¿nos vemos mañana?»
«Sí, buenas noches, hermano, y gracias otra vez»
«De nada, hasta luego»
Se dieron un breve abrazo y se separaron para que el joven subiera a su coche mientras Emma volvía sobre sus pasos y regresaba a la mansión Mills.
«A la cama, jovencito…»
«Pero mamá…no estoy cansado…»
«Lo sé, pero ya es tarde, después te costará levantarte, y te recuerdo que dentro de dos días vuelves al cole…»
«Sí, es verdad…»
Cedió y subió las escaleras para ir a tomar una ducha antes de meterse en la cama. Mientras, Regina, a la entrada de la cocina, tenía aún sus manos en su cintura, lo que divirtió a Emma.
«¿Sabes que estás particularmente sexy cuando haces de mujer severa?»
«No se trata de ser severa, sino de decidir lo que es mejor para mi hijo…»
«Sí, lo sé…pero es tu pose lo que da esa impresión…»
«¿Mi pose?» preguntó ella mirándose a sí misma «¿Qué le reprochas a mi pose?»
«Bien, mírate, piernas ligeramente separadas, tus manos en la cintura, tu mirada que no da la posibilidad de querer contradecirte…tienes una pose sexy»
Regina esbozó una sonrisa mientras Emma se acercaba más hasta poner sus manos sobre las de la morena
«¿Encuentras esto sexy?»
«No tienes idea…Ya cuando estabas en tu despacho y le dabas la bronca a Ruby, lo adoraba, no estaba bien por ella, es verdad, pero, ¡por Dios! ¡Qué ganas de besarte en aquellos momentos!»
«¿Solo en aquellos momentos?»
«No, es verdad…ahora que lo dices, creo que desde que te conozco, siempre tengo ganas de hacer eso»
Reían ligeramente, mientras ahora las manos de Emma se posaban sobre el rostro de la morena para acercarlo delicadamente al suyo y unir sus labios.
«Hummm…¿estás al corriente de que mi hijo podría aparecer en cualquier momento?»
«Sí, es verdad, pero…estoy casi segura de que sabe lo nuestro y solo espera a que tú se lo digas»
Regina se soltó del agarre de Emma y retrocedió para ir a servirse un vaso de agua.
«¿Qué? ¿Qué he dicho?»
«Nada…»
«No, dime»
«No estoy lista Emma, te lo he dicho. Decírselo a mi hijo sería el detonante para decírselo a todo el mundo, y no es estoy preparada»
«Carmen y Charlie lo saben, estabámos pegadas delante de ellas…»
«Sí, pero…es diferente…ellas son lesbianas y…no sé…sabía que ellas no me juzgarían»
«Entonces, ¿es eso lo que te da miedo? ¿Ser juzgada?»
«Emma, no es que yo sea una sencilla empleada de oficina cuya vida sexual no le importa a nadie…soy la alcaldesa de esta ciudad, la prensa me convertirá en carne de cañón…»
«Pensaba que ya habíamos hablado de eso…Te dije que yo podría ser paciente y lo sería»
Se acercó a la morena, le cogió una mano y giró su rostro en su dirección.
«Sé que no estás lista y no te voy a forzar a nada. Lo sabes. Pero créeme, tú hijo lo sabe. Y si no le gustara, creme que me lo habría hecho comprender. Pero, al contrario, me adora como yo lo adoro, nos reímos, tenemos una verdadera complicidad y no sabes hasta qué punto eso me alegra…y además no porque se lo digas a tu hijo, toda la ciudad se va a enterar…»
Regina no respondió, pero parecía reflexionar.
«Y además también está David, ¿lo has visto juzgarte?»
«¡Da…David está al corriente!»
«Bueno, no es tonto, ¿sabes?...y además él me conoce bien, es más fue él quien me hizo ver lo que yo me negaba a ver con respecto a ti»
«¿Qué quieres decir?»
«Que estaba enamorada…yo me negaba porque tú eras la alcaldesa y yo, tu guardaespaldas…pero después del tornado y antes de nuestro accidente, hablamos los dos y él comprendió mi malestar. En fin, yo lo había comprendido por mí misma sin que él me lo dijera, pero…él también lo comprendió por sí solo. No tuve que desvelarle nada. Y además, aún vivía en su casa la noche en que teníamos que ir a cenar, vio cómo yo estaba vestida y cómo estaba de nerviosa ante la idea de la cita…»
«Estabas magnífica…»
«Ya, en fin, un vestido de cóctel con un arma y un pelea como añadido, no estoy segura de que sea sexy…»
«Yo creo que sí…»
«Aha…ok, toma buena nota…»
«¿Buena nota para qué?»
«Bueno, no lo sé…¿un juego de rol, por ejemplo?»
«Un juego de…» y entonces la morena tomó aire mientras sus mejillas cambiaban de color para volverse rojo tomate al comprender a lo que Emma se refería.
Emma se acercó entonces a su oreja, mientras sus manos se posaban en la parte baja de la espalda.
«Eso aderezaría un poco las cosas…ya verás, estoy segura que te va a encantar…»
«¡Mamá, ya he terminado!» gritó Henry desde el piso de arriba.
Emma retrocedió, guiñó un ojo y le dedicó una sonrisa encantadora a su compañía que se quedó completamente sin palabras.
«¿Mamá?»
«Hmm, yo…Henry…» susurró retrocediendo para ir junto a su hijo.
Cuando él ya se hubo acostado, las dos mujeres se concedieron una pausa en el salón, sentadas una al lado de la otra con una copa de vino en las manos.
«Así que David sabía…»
«Oh, y Ruby sospecha…»
«¿Qué?»
«Bueno, ya sabes…ella me había echado el ojo y…»
«¡Lo sabía!»
«¡Cálmate! No ha pasado nada…le dije que me gustaba otra persona, y no ha insistido, pero creo que comprendió rápidamente que eras tú de quien se trataba…»
«Lo sabía…»
«Deberías verte cuando estás celosa…eso me derrite…»
«¿Ah sí?»
«Bueno, cuando es mono como ahora sí…ahora, esos celos compulsivos tipo "¿qué haces mirando a mi novia así? ¿Quieres una foto" o bien "Emma, ¿puedo saber a quién mirabas de esa manera? ¿Quién es esa chica con la que hablabas hace un momento?", ya sabes, ese tipo de comportamiento, bueno, no soy muy fan, yo diría que en absoluto…»
«Mi novia…»
«Sí, señora…su novia y exclusivamente la suya»
Se sonrieron las dos antes de besarse tiernamente.
«Esto no quiere decir que no vaya a hablar con Ruby…»
«Pero, déjalo estar, Gina, ha comprendido y no piensa meterse en nuestra relación, créeme»
«¿Gina?»
«Oh, perdón….se…se me ha escapado…»
«No, está bien. Es que la única persona que me llamaba así era mi padre»
«Oh, perdón, lo siento, de verdad…»
«No es nada, te lo he dicho…no me molesta si eres tú quien lo dice»
«Heu…¿de verdad?»
«Sí»
Regina la besó de nuevo antes de dejar sus vasos en la mesa y dirigirse a su habitación.
«Juegos de rol, ¿eh?» pregunto ella antes de cerrar la puerta de la habitación.
