Domingo en familia

Al día siguiente por la mañana, Emma se despertó sintiendo a la morena aún en sus brazos. Con la sonrisa en los labios, acarició tiernamente la mejilla de su bien amada antes de salir, despacio, de los brazos de Regina. Salió de la habitación, entró en la de enfrente, se dirigió al cuarto de baño y se metió en la ducha.

Cuando hubo acabado, volvió a su habitación donde su maleta había sido dejada la noche pasada, para no despertar las sospechas de Henry, cogió ropa interior, un par de calcetines blancos a juego con el bóxer y su sujetador, unos vaqueros oscuros y un top blanco, después cuando estaba cogiendo su cepillo escuchó que llamaban a la puerta.

«Entra…»

«Soy yo…» susurró Regina entrando en la habitación y viendo que Emma se cepillaba el pelo a toda prisa delante de ella.

«Buenos días…» dijo la rubia acercándose a ella y depositando tiernamente su mano en la mejilla de la morena antes de besarla amorosamente «¿Te he despertado?»

«Buenos días…» respondió con una sonrisa «No, en absoluto…pero cuando me desperté, te busqué, y pensé que habrías venido a esta habitación…»

«Sí, he tomado una ducha aquí ya que mis ropas están aquí…»

«Has hecho bien…pero podrías haberme llamado para tomar la ducha…»

«Ah, aún me deseas por lo que veo…»

«¿Después de la noche que hemos pasado? Creo que nunca me sentiré llena…»

«Hmmm, interesante Señora Alcaldesa…»

«Hmm…» susurró ella antes de besar con pasión a la rubia y pasar sus manos alrededor de su cintura «Desvístete…» casi que suplicó con una voz grave que hizo estremecerse a la rubia.

«Cariño, no puedo…» dijo ella separándose ligeramente

«¿Cómo?»

«Bueno, tengo una cita esta mañana, y si no salgo en cinco minutos, llegaré atrasada»

«Pero, es domingo…»

«¡Sí, lo sé!» dijo ella riendo «Pero es por vuestra seguridad. No tardaré mucho, lo prometo» dijo ella antes de depositar una vez más sus labios en los de morena.

«Miss Swan, ¿qué tiene en mente?» preguntó en un tono serio y autoritario

«Ninguna imprudencia, te lo he prometido. Pero, te lo explicaré cuando vuelva, ¿de acuerdo?»

Regina resopló pesadamente antes de asentir con la cabeza.

«Vuelve a mí rápido»

«De acuerdo. Te amo»

«Yo también te amo»

Se besaron furtivamente antes de que la rubia se diera la vuelta para coger su chaqueta de cuero azul que estaba sobre la cama y besó una última vez a la morena antes de salir del cuarto, atravesar el pasillo y bajar las escaleras sin hacer el menor ruido para no despertar a Henry. Se puso sus botas y abandonó la mansión Mills.

A continuación, se subió a su coche, y partió en dirección al centro de la ciudad. Un cuarto de hora más tarde llegó a su destino, estacionó el coche y se dirigió hacia la pequeña cafetería en donde tenía la cita y entró en el recinto. Cuando vio a David, que estaba acompañado de una joven morena, que le hacía señas, se dirigió hacia los dos.

«Hola Emma» dijo David levantándose de su silla para saludar a su amiga.

«Hola David»

«Buenos días Emma»

«Hola, Belle»

Emma abrazó a la morena y la estrechó amablemente.

«Gracias por haberme avisado…te debo una muy grande»

«De nada…» respondió ella toda sonriente devolviéndole el abrazo a la rubia

«¿Café?» preguntó David

«Sí, gracias…»

David hizo señas a uno de los camareros para que les trajera otro café, este comprendió y se puso tras la barra a preparar el pedido.

«Bien, ¿entonces por qué nos has reunido?» preguntó Belle en voz baja

«Os necesito como seguramente ya os habréis imaginado»

«Te escuchamos» dijo David con una expresión seria en su rostro

«Le he prometido a Regina que no cometería ninguna imprudencia. Y pretendo mantener mi promesa. Pero no me puedo quedar con los brazos cruzados esperando que estos vengan otra vez a por ella. Tengo la intención de detenerlos uno tras otro»

«Pero, no sabemos quién está detrás de toda está historia…»

«Esperad, ¿qué historia? Porque me temo que no lo he comprendido todo…» dijo Belle haciendo una ligera mueca

«Gold, el ex marido de la alcaldesa y otros, que no sabemos todavía quiénes son, quieren ir a por Regina Mills. Hace como tres semanas un hombre, Greg Mendell, fue enviado a secuestrarla, no me preguntes por qué, no lo sé todo de momento. Se metió en su casa e intentó violarla, pero ella supo defenderse y llamar a tiempo a la policía, aunque no pudieron atraparlo. Algunos días más tarde, cuando el tornado, él volvió a la carga cuando estábamos en la Save Company…pero Killian Jones lo mató. Una semana después, David y yo tuvimos un accidente, y fue Killian quien pasó a encargarse de "protegerla", pero de hecho él solo estaba ahí para ganarse su confianza…lo que no comprendo, ya que se suponía que Greg Mendell tenía que secuestrarla, entonces Killian no hubiera podido hacerlo, pero algo le salió mal porque le pegaron un tiro, tampoco sé por qué…pero en su lecho de muerte, Killian me confesó que Gold estaba tras esto y me contó su implicación en la historia. Mientras eso ocurría, Regina estaba en una fábrica abandonada en el puerto, vigilada por unos tipos no muy amables…y ahí descubrimos que su ex marido también estaba metido en el ajo. Tampoco sé el porqué….bueno. Logramos salvar a Regina y me la llevé lejos de aquí algunos días, y después tú me llamaste»

«Ah, ok…ahora comprendo mejor la situación de urgencia…Lo que no comprendo…es ¿por qué enviarte a ti en primer lugar a proteger a la Alcaldesa si el plan de partida era que Killian lo hiciera en tu lugar?»

«Tampoco tengo idea…Pero me niego a seguir sin respuestas…Y pretendo buscarlas yo misma»

«¿Cómo piensas hacerlo?»

«Ahí es donde voy a necesitar vuestra ayuda»


Sobre el mediodía, con una Regina, que comenzaba a preparar el almuerzo, un rico pollo asado con patatas asadas y verdura al vapor, mientras su hijo jugaba en su habitación, Emma volvió a la casa.

«¿Gina?»

«En la cocina»

«Hola…» dijo ella entrando en la misma

«¡Ah! Al fin de vuelta…» dijo la morena dando la vuelta para pasar sus brazos por los hombros de su amor «Te ha llevado tiempo…hace más de tres horas que te has ido»

«Lo sé y te lo voy a explicar todo»

«Así espero…» susurró Regina antes de depositar delicadamente sus labios sobre los de rubia

«Hmm, di…¿no tienes miedo de que tu hijo nos sorprenda?»

«Está jugando en su cuarto…y además, te he echado de menos…» confiesa ella antes de besarla de nuevo

«Yo también a ti, amor»

Se besaron de nuevo acercando sus cuerpos al máximo, quedándose en esa posición varios segundos hasta que el aire les faltó, entonces se separaron y Regina volvió a sus tareas culinarias.

«¿Quieres que te eche una mano?»

«No, todo marcha…pero puedes explicarme esa cita misteriosa mientras me haces compañía»

«De acuerdo…» respondió ella divertida «He ido a reunirme con David y Belle en una cafetería del centro»

«Ah…continúa…» dijo con un tono que dejaba entrever que no le iba a gustar lo que vendría

«Hemos elaborado un plan para descubrir la verdad que se esconde tras todo este asunto…»

«¿Qué plan?» dijo mientras empezaba a perder la calma

«Vamos a hacer que Gold caiga, que confiese su implicación y la finalidad de todo esto»

Regina soltó el instrumento que estaba utilizando para pelar las patatas y alzó la cabeza para respirar profundamente antes de girase hacia la rubia.

«Me habías prometido…nada de imprudencias»

«Y no he roto esa promesa. Pretendo mantenerla. Solo quería verlos para que nuestro plan resultara sin fallas. Manejo la situación, Regina…» dijo ella acercándose a la morena para poner su mano en el rostro de ella «Pero tengo que hacer algo. No puedo quedarme aquí, de brazos cruzados mientras tu vida y la de tu hijo están en peligro. No quiero que nos pillen por sorpresa y que te lleven lejos de mí para hacer dios sabe qué….no te harán nada. Seré yo quien se lo haga a ellos»

«Es muy peligroso Emma…» susurró mientras sentía las lágrimas haciendo aparición en sus ojos, aterrorizada ante la idea de que algo malo le pudiera ocurrir a la mujer que amaba.

«Pero, si no sabes lo que pretendo hacer»

«Da igual…esos tipos no están de broma…estáis en desventaja numérica…¿te acuerdas de la horda de la última vez? Aunque tú y David seáis los mejores…no lo conseguiréis»

«¿Entonces, qué? ¿Se supone que tengo que esperar a que vengan a cogerte y dejarles que lo hagan? ¡Si es así, te dejo en el despacho de Gold y asunto acabado!» elevó el tono la rubia, retrocediendo de la morena y caminando de aquí para allá por la cocina

«No es eso lo que he querido decir, Emma»

«Entonces, ¿qué hacemos? Venga, te escucho»

«Podríamos…huir…es decir…algún tiempo…»

«Regina, no podemos…Huir no serviría de nada, nos encontrarían y lo sabes. La mejor defensa es un buen ataque…Déjame probarte que no soy la mejor por nada»

«No dudo de tus capacidades, Emma, ya me las has demostrado varias veces…pero ahora confiesa que nunca te las has visto con algo parecido…»

«No, es verdad…pero siempre hay una primera vez. No tenemos elección, Regina…debemos tomar la delantera antes de que ellos lo hagan…»

«Esa idea no me gusta…» dijo ella dando la espalda a la rubia y secándose una lágrima que amenazaba con deslizarse por la mejilla.

«Lo sé, mi amor…» respondió calmadamente Emma abrazándola por la espalda, pasando sus manos alrededor de su cintura y apoyarlas en su vientre, posando su mentón en uno de los hombros de la morena «Confía en mí, ¿de acuerdo?»

«Ya lo hago…»

«Ah, por cierto, le he traído una sorpresa a Henry»

«Lo mimas mucho…gracias por ser tan adorable con él»

«Es él quien es adorable, y además, quiero a tu hijo, es normal, ¿no?»

«Es recíproco, tiene suerte también de tenerte a ti…»

Emma dejó un beso en la mejilla de Regina, escuchó que una puerta del piso de arriba se abría, así que retrocedió, sin quererlo, antes de sentarse en uno de los altos taburetes de la cocina.

«¡Hola Emma!»

«¡Hola, chico! ¡Chócala!»

El muchacho se aplicó y levanto su mano para chocarla con la que tendía la rubia mientras Regina sonreía ante su complicidad.

«¿Qué vamos a hacer hoy?» pregunto amablemente el muchacho sentándose al lado de Emma

«Bueno, después de la comida, pensaba que podríamos jugar a un juego de mesa, ¿te parece?»

«¡Sí!» le dijo Henry a su madre

«Con mucho gusto…» respondió a su vez Emma con una sonrisa.

«Bien, tenéis aún una hora y media para decidir qué juego»

«Ven Emma, ¡te voy a enseñar los que tengo en la habitación!»

«¡Ok, jefe!»

Los dos se echaron a reír, antes de que el muchacho saliera de la cocina seguido de Emma, que de todas maneras se detuvo para guiñarle un ojo a Regina, que le devolvió el gesto con una sonrisa.

Una vez en la habitación de Henry, Emma se lanzó sobre la colección de comics que él tenía y el muchacho se sentó, todo orgulloso, a su lado.

«¡Tengo más de 50! Los colecciono, esos son de coleccionista, aquellos son las ediciones limitadas y estos son los otros…» dijo señalando las diferentes categorías mientras hablaba.

«Bien…tienes muchos….¿tienes un héroe preferido?»

«¡Superman! ¡Sin dudar!»

«¿Ah sí? ¿Y por qué él en particular?»

«Porque es muy fuerte y defiende un planeta que no es el suyo y…quizás porque también vuela…»

«¡Ah, sobre todo es por eso! Yo también cuando era pequeña tenía un héroe. En fin, era más bien UNA heroína»

«¿Quién era?»

«Dudo que la conozcas…Se llamaba Xena»

«No, tienes razón, no la conozco…lo siento» dijo bajando la cabeza

«No te preocupes, chico, no puedes conocerlos a todos. Bien, ¿dónde están esos juegos?»

«¡Aquí!»

El joven abrió un gran armario donde se encontraban diversos juegos. Monopoly, Pictionary, Stratego, Twister, Hundir la flota, diferentes puzles, y Emma detuvo su recorrido visual cuando sus ojos dieron con uno en particular.

«¿Cluedo?»

«¿Te gusta?»

«Jugaba cuando tenía tu edad…incluso se me daba bien»

«¡Venga ya!»

«¿Qué? ¿No me crees, granuja?» preguntó ella haciéndole cosquillas, él se retorcía en su cama para hacerse una bola y escapar de la rubia.

Regina, que les había escuchado reír, metió el pollo en el horno y subió para unirse a ellos.

«Entonces, ¿ya habéis decidido?»

Emma y Henry, que no habían dejado de reírse, apenas escucharon a la morena que tuvo que repetirse.

«¿Y?» dijo ella en un tono un poco más alto

«Bueno, de hecho…» dijo Emma que había llorado de la risa, girándose hacia la morena

«¡Emma quiere jugar al Cluedo! ¡Dice que es la mejor!»

«Vaya, miren eso…»

«No, no he dicho que sea la mejor, sino que se me daba bien…»

«Bien, eso lo veremos más tarde…»

Ding-dong

«¿Esperabas visita?» preguntó Emma, suspicaz

«No, no que yo sepa…» respondió Regina algo intranquila

«Ok, voy yo a ver, mientras, Henry, quédate aquí, ¿de acuerdo?»

«Pero, ¿por qué?»

«Haz lo que te mandan, cariño, ¿vale?»

«Ok…»

«Ponte a leer un comic mientras…» dijo Emma desordenándole los cabellos antes de hacer una seria señal con la cabeza a la morena.

Cuando llegó a la planta baja, Emma fue directamente al salón para mirar discretamente a través de la ventana, con el arma en la mano, mientras el timbre sonaba de nuevo, y Regina de pie en los escalones de la escalera.

«¿Y?» susurró la morena

«Es tu madre…» respondió Emma suspirando y volviendo a meter la pistola en su lugar, es decir, a su espalda, en la cinturilla del pantalón.

«¿Qué querrá ahora…?»

Regina se dirigió a la puerta y abrió a su madre que estaba perdiendo la paciencia.

«¡Bueno, menos mal!» dijo autorizándose a entrar

«Buenos días a ti también, madre»

«Oh…veo que no estás sola…Emma Swan, ¿verdad?»

«Sí, señora» afirmó Emma ofreciéndole la mano a la vieja dama que la ignoró fingiendo que no la había visto

Regina se excusó en silencio por el comportamiento de su madre, y la rubia le guiñó un ojo como diciéndole "no te preocupes"

«¿A qué debo el honor de tu visita?»

«¿Dónde está mi nieto?»

«Henry…» gritó la morena después de haber suspirado delante de su madre

«¿Sí, mamá?»

«Baja, la abuela está aquí»

«¡Sí!»

El muchacho bajó los escalones a toda velocidad ante la inquietud de su madre antes de correr a los brazos de Cora.

«Oh, vaya…¡Buenos días, cariño!»

«¡Buenos días, abuela! ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí?»

«Oh, estoy bien…y hoy es domingo, hace buen tiempo, así que he pensado que podríamos aprovechar para a ir a dar un paseo en familia al parque, ¿qué te parece?»

«¡Genial! ¿Podemos ir, mamá? Por favor…» pidió dejando ver todos sus pequeños y blancos dientes

«Bueno…» Regina se giró hacia Emma que no tenía una expresión tranquila «No estoy segura de que sea una buena idea…»

«Oh, mamá…pero, ¿por qué?»

«Sí, ¿por qué, cariño?» preguntó su madre, lo que exasperó a Regina en grado sumo, ya que sabía que Cora usaba a su nieto para obtener lo que quería.

«Bien, porque la comida está en el horno y ya habíamos planeado nuestra tarde…Henry, ¿no querías que jugáramos al Cluedo con Emma?»

«Pero la abuela no viene a menudo…y además tiene razón, fuera hace buen tiempo…»

«Bien, en ese caso puedes ir a jugar al jardín…»

«No pasa nada cariño…» cortó la vieja dama «voy a convencerla, mientras ve al jardín a jugar, ¿eh?»

«De acuerdo…»

El muchacho se marchó, mientras Regina se dirigía a la cocina para vigilar la cocción de su ave, seguida de cerca por Emma, dejando atrás a Cora, que se daba cuenta de las familiaridades que se tomaba la rubia.

«Te dejaré a solas con tu madre, estaré con Henry en el jardín»

«De acuerdo. Hasta luego…» dijo ella con una sonrisa viendo a su compañera alejarse y dejar sitio a su madre.

«¿Qué hace ella aquí?»

«Madre, ya te lo he dicho. Mi vida y la de mi hijo están en peligro, y Emma está aquí para protegernos»

«No me gusta la manera en la que te mira»

«¿Perdón?»

«Bueno, no sé…tengo la vaga impresión de que esa mujer quiere algo más de ti»

«Algo más de mí…puedes ser más clara…»

«¡Oh, ya me entiendes! ¡Tengo la impresión de que le gustas a…esa mujer!» dijo ella señalando con su mano hacia la rubia que se había unido a Henry con una mochila de deporte al hombro

«Madre, que yo le guste o no le guste no sé en qué te incumbe…en cambio yo sí tengo el derecho de saber qué estás haciendo en mi casa…» dijo ella para cambiar de conversación

«Yo también te lo he dicho…solo quiero que vayamos a tomar el aire»

Regina, que le daba la espalda a su madre, reviró los ojos antes de ver a su hijo saltando de felicidad al ver que Emma le había traído un bate, dos guantes y algunas bolas de béisbol.


«¡Oh, genial!»

«David y yo vamos de vez en cuando a jugar al parque y he pensado que quizás también te gustaría jugar, así que las he traído»

«¡Super! ¿Jugamos?»

«¡Por supuesto! ¿Qué quieres hacer? ¿Pases o quieres batear?»

«Bueno, el jardín no es demasiado grande para un Home Run, así que vamos a hacer pases»

«¿Un home Run, eh? ¿Solo eso?»

«¡Estoy seguro de que podría hacerlo!»

«No lo dudo ni por un segundo…venga, ponte esto» dijo ella pasándole un guante

El muchacho metió su mano, mientras daba unos pasos hacia atrás, y Emma se ponía el suyo.

«¿Listo?»

«¡Sí!»


«¿Regina? ¿Regina?»

«¿Qué? ¿Qué pasa?» preguntó ella sin realmente prestar atención a su madre, más interesada en el espectáculo que se le ofrecía desde fuera.

«Te decía….¿has contactado con Robin?»

Al escuchar ese nombre, Regina suspiró de nuevo y sintió su mandíbula apretarse a su pesar.

«Escucha, madre, no tengo intención de hablar de él contigo. ¡Por la buena y sencilla razón de que no hay nada que decir!»

«Pero, ¿por qué? Es una muchacho tan adorable…»

«Quizás, pero no me interesa…»

«Bueno, muy bien, muy bien…hablemos de otra cosa entonces…¿cómo va la reconstrucción de la ciudad?»

«En marcha…algunas personas no han tenido todavía la oportunidad de volver a sus casas, pero no falta mucho…»

«Tu popularidad está realmente en alza en los diferentes sondeos, ¿lo sabes? Más del 83% de los habitantes de esta ciudad estarían dispuestos a votarte si te presentaras»

«Pensaba que tenía que concentrarme en mi campaña para Gobernadora…»

«Cierto…pero por si acaso, sabes que el año próximo, tus fieles electores estarán presentes»

«Eso es seguro…»

Continuaron hablando de esto y de aquello, pero sobre todo de la carrera de Regina, pero esta llamó a Emma y a Henry para avisarles que pronto pasarían a la mesa.

«¿He de suponer que te unes a nosotros para comer?»

«No podría negarme…» dijo ella con entusiasmo para amargura de su hija.

Cuando Emma y Henry volvieron tras haberse lavado las manos, pusieron la mesa con la ayuda de la morena, mientras Cora los miraba hacerlo, sin mover una pestaña. Solo observando al escena.

«Madre, si te tomaras la molestia de sentarte…»

«¡Con mucho gusto! Henry, me sentare frente a ti, muchacho»

Ella le sonrió y Regina no pudo evitar tomar una gran bocanada de aire antes de volver al comedor. Tenía que calmarse, por su hijo.

La comida transcurrió calmadamente. Cora había tomado la palabra la mayor parte del tiempo para dirigirse a su nieto o a su hija, pero ni una sola mirada hacia Emma. Mientras Regina y su hijo intentaban integrar a la rubia en la conversación.

«Entonces, abuela, ¿has logrado convencer a mamá?»

«Bien, pregúntale tú…»

«¿Entonces mamá? ¿Vamos después al parque? Cuando volvamos aún podemos jugar al Cluedo…por favor, ¡me gustaría hacer un Home Run con Emma!»

La susodicha y Regina no pudieron evitar sonreír ligeramente, ese chico era realmente adorable. Mientras que por su parte, Cora estaba lejos de compartir ese entusiasmo.

«No estoy segura de que Miss Swan vaya a acompañarnos» dijo la mujer mayor en tono frío

«Henry, puedes dejar la mesa»

El joven comprendió el mensaje, pues supo, por la voz de su madre, que mejor era no intentar discutir. Así que cogió su plato y salió del comedor.

«Puedes repetirlo…» dijo Regina lanzándole una oscura mirada a su madre

«Bueno, es domingo, estoy segura de que Miss Swan…» dijo ella lanzando una amarga mirada hacia la rubia «querrá aprovechar su día libre para hacer lo que desee…»

«Con todo el respeto que le tengo, señora…» dijo Emma dirigiéndole la palabra con voz neutra «no creo que usted conozca mis deseos»

«Y Emma nos acompañará, madre»

«Bien…ok, pensaba que este paseo familiar solo concernía a los miembros de esta familia, pero bueno…»

«Emma, sin ninguna duda, forma más parte de la familia que tú»

«¡Cómo puedes decir eso!»

«Por la sencilla razón que, desde que la conozco, ha estado presente y me cuida, cosa que tú jamás has hecho»

«Mentira…he estado para ti muchas veces…» dijo ella en un tono que sonaba falso

«Ok. Emma nos acompañará, si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta»

La mujer mayor estaba que echaba chispas por dentro, mientras su hija se levantaba para retirar su plato, y Emma la imitaba.

Una vez la mesa recogida y el lavavajillas puesto, los cuatro abandonaron la casa y se encaminaron a pie hasta el parque que se encontraba a un cuarto de hora de caminata.

Al llegar, Henry, seguido de Emma, se echó a correr. Emma sostenía el bate y Henry un guante en su mano, una bola en la otra, bajo la mirada enternecida, una vez más, de Regina, que, con su madre, tomó asiento en un banco a la sombra.


«¡Bien! ¿Ya has usado un bate?»

«No, nunca…»

«Vale, no importa, te enseñaré»

Ella se acercó al muchacho y a dos metros de él se paró

«Bien, debes flexionar ligeramente las rodillas, sostener el bate con firmeza. Una mano aquí, la otra, aquí. Después llevar el bate por encima de tu hombro. Cuando la pelota llegue cerca de ti, solo la parte de arriba de tu cuerpo debe pivotar» dijo ella enseñándoselo con los movimientos adecuados «¿Ves? Mis piernas y mi pelvis no se mueven. Es la parte alta la que trabaja»

«¡Ah…ok!»

«Vale, tómalo, yo te lanzo la bola, lo importante ahora no es mandarla lejos, sino, al menos, tocarla, ¿de acuerdo?»

«¡De acuerdo!»

«¿Listo?»

«¡Sí!»


«¿Por qué no me hablas, Regina?»

«¿Qué quieres que te diga, madre?»

«Bueno, no lo sé…lo que quieras»

Regina tenía en la cabeza algo que se parecía a "¡Deseo a Emma ahora mismo!", pero se contuvo y sonrió divertida mientras su mirada seguía puesta en su compañera.

«Henry me ha dicho, mientras veníamos, que se disculpaba, que no había tenido tiempo de comprar un recuerdo la semana pasada»

«Es verdad, fui a buscarlo un día antes»

«¿Y por qué?»

«Porque su vida podía estar en peligro»

«¿No crees que estás exagerando un poco?»

Regina desvió la mirada de su hijo y Emma para mirar torvamente a su madre.

«No, no estoy exagerando. Ahora mismo nuestras vidas están constantemente en peligro…y salir para "dar un paseo en familia" es definitivamente correr un riesgo»

«Tu guardaespaldas está ahí, no corres peligro»

«No es gracias a ti que está ahí»

«Sí, vale, es verdad que no me cae bien…pero eso sucede, no nos puede gustar o caer bien todo el mundo…»

«Eso es verdad…»

Volvió a centrar su atención en su hijo a tiempo para verlo golpear con fuerza la pelota con el bate que Emma le había dado. Y tuvo por efecto mandar la pelota a 20 metros.

«¡Mamá, mamá! ¡Lo has visto!»

«¡Bravo, cariño!»

El muchacho tenía los brazos en el aire como un pájaro y se puso a correr de izquierda a derecha en señal de victoria. Emma lo tomó en sus brazos para hacerle cosquillas antes de subirlo a sus hombros, cosa que hizo que se echara a reír. Emma se puso a correr con el chico sobre ella y este no dejó de reír.

Regina estaba tan emocionada viendo esa complicidad entre los dos que sintió su corazón bombear de felicidad, pues ella estaba segura de algo, de que era eso lo que quería para el resto de su vida. Así que se levantó, dejo a su madre sin una mirada o palabra, y caminó al encuentro de ellos.

Agarró la mano de su hijo y junto con Emma se pusieron a gritar el nombre del pequeño como señal de victoria.

«¡Henry! ¡Henry! ¡Henry!»

Sonreían de felicidad y las dos mujeres intercambiaron una cómplice mirada, Regina comprendió que ese sentimiento de felicidad era recíproco para Emma. Y en ese instante, hubieran querido besarse tiernamente.

Así que para inmortalizar ese instante, Regina sacó su teléfono, abrió la cámara, se pegó a la rubia que pasó una mano por su cintura, tendió su brazo y encuadró la cámara para que salieran los tres.

«¿Me la reenviarás?» preguntó en voz baja Emma

«Será un placer»

«¡Bien Henry! ¡Ven, vamos a buscar la bola!» dijo ella dejándolo en el suelo

«Ok, ¿Echamos una carrera?»

«¡Vas a perder, crápula!»

«¡Eso lo veremos! ¡Go!»

Entonces él echó a correr mientras la rubia intercambiaba una mirada con Regina antes de lanzarse ella también a la carrera.

Cora, por su parte, no se había perdido migaja de la escena que se desarrollaba de nuevo ante sus ojos. Sintió una arcada llegarle a la garganta. Entonces, se levantó y se fue a comprar una botella de agua en un carrito ambulante que pasaba por ahí.

Cuando volvió, Regina se había vuelto a sentar en el banco. También ella iba a sentarse cuando Henry vino hacia ellas.

«Abuela, ¿me has visto?»

«Sí, hombrecito…¡bien jugado!»

«¡Gracias! Mamá, ¿puedo comprarme un helado…por favor?»

«Sí…» respondió ella con una sonrisa divertida, mientras Emma también se acercaba.

«¡Yupi!»

«Ven Henry, ¡yo te lo compro!»

«¡Oh, gracias, abuela!»

Se alejaron dados de la mano, mientras Emma se sentaba al lado de la morena.

«No me gusta cuando hace eso…»

«¿Hacer qué?» preguntó la rubia frunciendo el ceño en señal de incomprensión

«Eso…comprar la atención de mi hijo»

«¿Crees que es eso lo que hace?»

«Mi madre nunca hace nada gratuitamente…siempre tiene algo en mente»

«¿Quieres que la investigue también?»

«No…no merece la pena, pero gracias de todas maneras…» dijo ella sonriéndole tiernamente y posando discretamente una mano sobre la que Emma había apoyada en el banco.

«Tengo unas ganas de poder besarte…» murmuró la rubia en una sonrisa

«Yo también»


«Di Henry…¿te gusta mucho Emma?»

«¡Oh, sí! ¡Es super amable conmigo! ¡Y me divierto mucho con ella!»

«¿Y con tu mamá?»

«Bueno…también es amable»

«¿Cómo es eso?»

«Bueno…¡te lo digo pero no digas nada, eh!»

«Prometido, cariño»

«¡Creo que mamá y Emma están enamoradas!»

Cora, estupefacta por el hecho de que su nieto hubiera comprendido la situación al igual que ella, frunció el ceño antes de pagar al dependiente y darle el helado a su nieto.

«Será nuestro pequeño secreto…así que dime…¿qué te hace pensar eso?»

«Bah…Mamá sonríe siempre cuando Emma está delante…ríe más a menudo, mamá está feliz…Y cuando ella la mira…no es de la misma manera en que me mira a mí…así que creo que están enamoradas»

«¿Y Emma cómo la mira?»

«De la misma manera que mamá, a veces basta una sonrisa por parte de Emma y mamá se pone roja»

«¡Eres un verdadero espía, cariño! Está bien…»

Elle le despeinó el cabello mientras él lamía su helado, y volvían caminando hacia las dos mujeres.

«¿Henry qué te parece si vamos a sentarnos en la hierba al sol?» propuso la rubia con una sonrisa antes de que el muchacho asintiera.

Cora retomó su sitio en el banco y cruzó sus piernas antes de lanzarle una oscura mirada a Emma.

«¿Puedo saber por qué la miras así?» preguntó Regina a la defensiva

«¿Puedo yo saber qué hay entre Emma y tú? Y no me…mientas…» dijo ella apretando los dientes y centrando su atención en su hija.

«¿Y qué te importa?»

«¡Responde a la pregunta, Regina!»

«Estamos juntas»

«Me das nauseas…¿Cómo puedes…? ¡Con una mujer! ¿Has pensado en Henry? ¿Crees que eso es sano para él? ¡El pobre ya lo sabe y está trastornado!»

«Deja a mi hijo fuera de esto…¿Tú crees de verdad que si le molestara pasaría tiempo con Emma? Reflexiona un poco, a la única que incomoda es a ti. ¿Te provoca nauseas? Vale, bien, márchate, no te retengo. Hace un momento decías que era un paseo familiar, no sé qué estás haciendo aquí…Mi familia no está compuesta sino por Henry y Emma»

La mujer mayor, ahora en cólera, mataba con la mirada a su hija que se atrevía a hablarle en ese tono.

«Es ella la que te ha vuelto así, a ti no te gustan las mujeres…has perdido la cabeza, ya no sabes lo que dices…»

«Al contrario, nunca he estado tan lúcida en toda mi vida. ¡Finalmente sé lo que quiero, y tengo finalmente lo que quiero!»

«Cuando todo haya acabado con ella…lamentarás tus palabras»

«¿Quién ha dicho que acabará? No sabes nada de nuestro amor»

«Vuestro amor…deja que me ría…abre los ojos, Regina…vuestra unión no tiene razón de ser»

La mujer mayor se levantó, llamó a su nieto que llegó corriendo, le sonrió falsamente y le dijo adiós antes de dar media vuelta y marcharse.

Emma, que había visto la escena desde varios metros, se levantó y se sentó al lado de Regina, que parecía más enfadada que nunca.

«Hey, Henry, ¿nos das dos minutos, por favor?»

«De acuerdo…» dijo él inocentemente mientras se terminaba su helado

«¿Qué ha pasado?» al no ver reacción por parte de Regina, Emma se permitió posar sus dedos bajo el mentón de la morena para alzar su rostro hacia ella «Hey…háblame…»

«Sabe lo nuestro. Lo sabe y ha tenido la desfachatez de decir que esto perturbaría a Henry, y que era tu culpa si yo me he vuelto…»

«¿Lesbiana?»

«Sí…pero se equivoca. Yo no soy lesbiana»

Emma frunció el ceño y comenzó a sentir pánico, pero Regina puso una mano en su mejilla.

«Tú eres la única mujer que amo, Emma, las otras no me interesan. No creo que eso me convierta en lesbiana…» dijo ella con una sonrisa tranquilizadora que hinchó el corazón de la rubia.

«Te amo…»

Regina se hundió en los brazos de la rubia su rostro contra el perfumado cuello de Emma, eso la calmó inmediatamente, mientras Emma pasaba una mano por su espalda para consolarla.

«¿Quieres que volvamos a casa?»

«Henry se está divirtiendo, no deseo desilusionarlo»

«No te preocupes…volveremos. Venga, vamos…» dijo ella tendiéndole una mano para ayudarla a ponerse de pie «Voy a recoger el bate, ya vuelvo»

«De acuerdo»

«¡Hey, campeón! ¿Listo para recibir una paliza al Cluedo?»

«¿Ya nos vamos?»

«Sí, pero no te preocupes, volveremos»

«¡De acuerdo!»

Veinte minutos más tarde, estaban de vuelta. Emma fue a guardar el equipamiento de béisbol en la mochila de deporte que había traído y la subió a la habitación, mientras Henry ya bajaba con el juego de mesa.

Regina, por su parte, les preparaba una bandeja con cacahuetes y patatas, y la dejó en la mesa de la terraza.

«¿Jugamos fuera?»

«Hace buen tiempo, vamos a aprovechar, ¿no crees?»

«¡Sí, buena idea!»

Ella le guiñó el ojo y él se lo devolvió, después regresó a la cocina a buscar algunas bebidas refrescantes.

«Bien, ¿todo el mundo listo?» preguntó Henry mientras las dos mujeres se sentaban en sus sillas

«¡Vaya que sí, muchacho!» dijo Emma sonriente antes de mirar tiernamente a la morena

Durante más de dos horas, jugaron entre risas y buen humor. La cuarta partida llegaba a su fin y Emma había ganado dos, Henry, una y Regina hacía todo lo posible para ganar esta.

«Hmmm…es la señorita Rose con el revolver en la sala de música…» dijo la morena sin gran convicción

Comprobó las tres cartas escondidas, después sonrió victoriosamente antes de dejarlas boca arriba sobre la mesa.

«¡Gané!»

«Oh, no…» exclamó su hijo con expresión triste en la cara

«Cada uno una…»

«Pero Emma ya ha ganado dos»

«Te lo había dicho, se me da bien…»

Ella dejó sus cartas, mientras le guiñaba un ojo al muchacho y esté hizo una ligera mueca.

«Oh, no pongas esa cara, chico, estoy segura de que hay algún juego en que eres el mejor»

«¡Sí! ¡Hundir la flota!»

«Ok, bien, en ese caso, ¡cuando quieras jugamos una partida!»

«¿Podemos jugar ahora?»

«Antes cariño…me gustaría hablar contigo»

«De acuerdo…» dijo él calmándose y poniéndose serio

«A ver…sé que ya estás al corriente, pero…me gustaría decírtelo»

Ella miró a Emma que le sonrió tiernamente tendiéndole una mano a la que entrelazó sus dedos.

«Emma y yo nos amamos…»

«¡Lo sabía!» dijo él feliz haciendo sonreír a los dos mujeres

«Queremos saber lo que tú piensas»

«Que es genial…yo había visto que tú estabas más feliz desde que Emma estaba con nosotros, sonríes y ríes todo el tiempo…yo estoy contento por ti. Y además, Emma, yo te adoro, eres super buena conmigo y me divierto mucho contigo. Así que, no me molesta»

«¿Estás seguro?»

«¡Completamente seguro!»

Regina, aliviada, soltó aire, mientras sentía a la rubia apretar un poco más su mano en la suya para captar su atención. Y cuando Regina se giró, Emma le dio un beso en la mejilla.

«¿Quiere decir esto que ahora somos una familia?» preguntó el chico

«Bueno, eso depende…» respondió su madre «Emma, ¿querrías unirte a nuestra familia?»

«Nada me haría más feliz…»

«¿Y tú, Henry, querrías que Emma formase parte de nuestra familia?»

«¡Ah, sí, por supuesto!»

Los tres se echaron a reír y Emma se sintió más dichosa que nunca, a parte del episodio Cora, el día había sido perfecto. Y el momento de los tres en el parque quedará grabado en su memoria para siempre.

«¿Y si lo celebramos? Tengo que tener champán en la bodega, y para ti, Henry, te dejaré beber refresco…»

«¡Sí!» dijo él llevándose los puños cerrados al pecho

«Sin embargo…» cortó Emma «Tengo que decirte una última cosa, Henry»

«Ah…¿qué ocurre?»

«Es necesario que esto quede entre nosotros…David, Ruby así como la señorita Blanchard están al corriente y podrás hablar con ellos si lo deseas, pero…por lo demás, debe ser un secreto de momento, ¿de acuerdo?»

Regina, con la precipitación, había olvidado ese detalle y dio gracias interiormente de que Emma se hubiera acordado.

«Pero, ¿por qué?» preguntó él desolado

«Bueno, de momento es lo mejor, pero un día se lo contaremos a todos, prometido» respondió su madre acariciándole tiernamente su mejilla

«Bueno, de acuerdo…pero tengo que deciros que…esta tarde he ha hablado con la abuela…me ha hecho preguntas sobre vosotras y le he dicho que estaba seguro de que estabais enamoradas….¿no debí hacerlo? ¿Es por eso que la abuela se marchó?»

«No, cariño, la abuela ya lo sabía, no es tu culpa»

«Pero, ¿no le ha gustado?»

«En realidad, no…pero quizás algún día cambie de opinión»

«Ella no es buena contigo…cuando ella se marchó vi que tú estabas triste, pero Emma, menos mal, estaba ahí para darte una abrazo»

«Sí, felizmente Emma estaba ahí»

«¿Puedo daros uno ahora?»

«¿Un qué?»

«¡Un abrazo!»

«¡Por supuesto, muchacho! ¡Ven aquí!»

Emma le tendió los brazos y él se sentó en sus piernas para encontrarse entre las dos mujeres que lo rodearon afectuosamente.

«¿Qué os parece si nos hacemos otra foto de familia?» propuso Regina sacando su teléfono

«¡De acuerdo!» respondieron ellos a la vez

«Tres, dos, uno…»

Clic, la foto estaba hecha, y estaban curiosas por ver el resultado. Los tres resplandecían de felicidad, había sido realmente un gran día.


Después de eso, Henry se marchó a buscar el "Hundir la flota". Mientras, Emma, impaciente, atrapó a la morena, que se había levantado para ir a buscar la botella de espumoso, la hizo volver a sentarse en sus rodillas, y tomó posesión de sus labios. Y en medio de un gemido, Regina le correspondió rápidamente.

«Hmmm…cuánto me había faltado…» susurró Regina acariciando la mejilla de Emma después de haber apartado un mechón dorado que escondía su rostro.

«A mí también…» murmuró la rubia antes de besarla de nuevo

Regina pasó, entonces, sus dos brazos por los hombros de Emma y hundió su rostro en su cuello, su cabeza sobre su hombro.

Emma sonrió, apretó ligeramente su agarre en la cintura de la morena y le acarició suavemente la espalda.

«La amo, Señora Alcaldesa»

«Yo también la amo, Miss G. I. Jane»

Las dos se echaron a reír sin cambiar sus posiciones, disfrutando sencillamente del contacto entre ellas.