Si la noche anterior ya habían ocurrido cosas excepcionales, con lo que sucedió la mañana siguiente Saitama estaba aún más confundido respecto a su extraña amistad con Genos.

No recordaba exactamente en qué momento de la película cayó dormido sobre el firme y cómodo pecho de su compañero. A la mañana siguiente, despertó en la misma posición con Genos afirmándolo firmemente y él igual de acurrucado que anoche. Habían olvidado cerrar las cortinas por lo que la luz de sol se extendía hasta el final del pequeño departamento, en la cocina. Genos se encargaba de cosas como cerrar las ventanas, las cortinas o asegurar el pestillo de la puerta cada noche pero no pudo hacerlo esta vez debido a que tenía a Saitama dormido en sus brazos antes de poder realizar las últimas tareas del día.

El sol había despertado a Saitama haciéndole cosquillas en la piel y lo primero que vio fue el rostro relajado y dormido de Genos. Él siempre solía tener la misma expresión y rara vez hacía algún gesto por lo que Saitama se incomodó al darse cuenta de que por algún motivo, por más que hubiera visto ese mismo rostro un millón de veces, lo percibió distinto acompañado por una singular calidez en su pecho.

Saitama lentamente se incorporó y fue al baño a hacer lo suyo. Anoche había bebido tanto té que descubrió la verdadera capacidad de su vejiga. Se aseguró de despegar la baba seca de la comisura del labio, tomó una ducha rápida, igualmente inundada de pensamientos y preguntas y cuando volvió a la sala principal, Genos estaba preparando el desayuno. Olía a omelette y a arroz. Mientras esperaba la comida, se puso una chaqueta extra, salió al balcón y cerro el ventanal para que la casa no perdiera su calor.

Las hierbas que crecían entre las grietas de las calles que se había formado por las múltiples batallas contra kaijin, estaban cubiertas de escarcha y nieve. Miró a su cactus y recordó que no lo había regado últimamente y que ya era hora de hacerlo. Cuando cogió la regadera se dio cuenta de que el agua que le quedaba estaba congelada así que tuvo que entrar al departamento para llenarla de nuevo.

Con dos personas en la cocina, se había vuelto una habitación muy estrecha y poseía un ambiente incómodo para Saitama por tener a Genos tan cerca suyo, sintiendo como si lo fuera a abrazar por la espalda de la misma manera que había sucedido anteriormente. Una vez llena la regadera fue a alimentar a su cactus y mientras lo rociaba apareció el cyborg por detrás suyo avisándole que el desayuno estaba listo. Saitama dio un brinco y botó un poco de agua fuera de la maceta en el momento en que escucho la voz de Genos detrás suyo. Nuevamente recordó el abrazo y se sintió con fatiga. Se sentía perseguido e intentó disimular que había lanzado agua.

-''Voy en seguida a comer''- dijo tratando de sonar lo más natural posible, cosa que salió sin problemas al parecer porque cuando Genos notaba que algo andaba mal, se cercioraba rápidamente de que todo estuviera en perfecto estado.

Antes de entrar de nuevo a casa, Saitama sacudió el macetero para botar el agua que sobrara y lo colocó sobre un plato para entrar el cactus a casa y no la ensuciara con barro. Tenía miedo de que el frío dañara a pequeño amigo.

Mientras comían, Saitama encendió la televisión para revisar si habían kaijin causando estragos. Así tendría una buena escusa para salir al frio y divertirse un rato pero al percatarse de que la Ciudad Z y las otras seguían igual de tranquilas que los demás días, se encogió de hombros y se puso a leer un manga hentai mientras disfrutaba de la comida. A Saitama no le interesaba demasiado las partes subidas de tono de ese manga, más bien le gustaban las batallas que habían entre las chicas y los monstruos de los calabozos. Las escenas de lucha con espada eran impresionantes. De igual manera, no se saltaba las escenas sexuales. Después de todo, era un hombre y de igual manera las disfrutaba.

Mientras tanto, Genos miraba con curiosidad las imágenes de chicas voluptuosas dibujadas con un estilo que hacía que se vieran más tiernas de lo que son habitualmente. No entendía que le atraía de esos libros a su maestro. Más bien, por qué le atraían. No creía de todo la excusa de su maestro que decía que sólo compraba esos mangas por las divertidas luchas con espada. Él igual fue humano en algún momento y es hombre pero siempre sintió que esa cosas eran demasiado vulgares para él y creía que el amor era más importante que el sexo. En esas historietas era sólo sexo, batallas y nada de amor. Quizás él era demasiado romántico. Pero bueno, era algo que ya no le importaba demasiado porque había perdido su cuerpo y actualmente es un cyborg. Estaba limitado por su cuerpo, dudaba mucho que alguien se interesara de manera romántica en él y tampoco era algo que había valorado en su vida, realmente. Pero aún así, le daba cierta curiosidad esos temas amorosos y sus preguntas sobre ello a veces lo mantenían muy ocupado en sus días libres. Y justamente tenía mucho tiempo libre esa tarde.

Después de comprobar el orden y la limpieza del departamento, se volvió a sentar en la mesa sin la intención de revisar sus apuntes sobre el entrenamiento de Saitama, más bien con ganas de relajarse y pensar un poco mientras su maestro leía manga.

Recordaba su vida cuando aún era completamente humano, su infancia, niñez y adolescencia. Debido al tema de lectura de Saitama, se acordó incluso de su primera erección y recordaba vagamente lo que se sentía tocarse y sentirse a uno mismo sin pensar en nadie en particular. Nunca se había enamorado pero sí tenía la necesidad de masturbarse cada cierto tiempo como cualquier adolescente. Ahora esas ganas no existían en lo más mínimo pero por algún motivo siempre pensaba en ello, siempre terminaba recordando eso cuando pensaba en su época antes de ser un cyborg. A veces le daba un poco de pena pensar en su juventud de cierta manera desperdiciada por preocuparse constantemente en vengarse contra el asesino de su familia o el ya no tener la oportunidad de formar su propia familia, enamorarse, ser amado y cada vez que se daba cuenta de esa gran pérdida se sentía el más solitario del mundo.

Saitama dio vuelta a la siguiente página del manga. El hombre se corre en el abdomen de la muchacha y luego se besan mientras se abrazan y dicen cosas al oído que a Genos no le importa leer. El cyborg se apoyó su cara sobre su mano y se pregunta cómo se sentirán los besos. Se los imaginaba cálidos y suaves pero lamentablemente nunca podría comprobar cómo eran en verdad. También le gustaba pensar qué se sentiría que digan cosas agradables al oído. En el manga el chico le decía más obscenidades a la chica pero Genos optaba por plantearse las cosas más románticamente. Por último, pensaba en cómo sería abrazar a alguien y que la otra persona te correspondiera, demostrando su cariño y aprecio hacia ti. Después de todo, aún tenía el cerebro de un humano y tenía necesidades sociales como cualquier otro.

Saitama se levantó a buscar una manta y Genos lo siguió con la mirada de ida y vuelta. Una vez su maestro estaba nuevamente acostado en el futón leyendo el manga, sin ningún motivo en específico, se quedó observando como leía. Saitama se percató y Genos pudo darse cuenta de que mientras le devolvía la mirada este se alteraba lentamente. Tenía la misma expresión, sólo mucho más relajada, de ayer cuando lo ayudó con las bajas temperaturas. Recordó cómo lo había lastimado rechazándolo de esa manera cuando él sólo quería ayudarlo, sin ningún otro propósito parecido al que Saitama pensaba. Genos tenía claro que a su maestro le gustaban las mujeres pues lo deducía por los temas recurrentes que leía y sabía también que Saitama tampoco tenía ganas de estar con alguien. Además, el cyborg también ignoraba esas cosas debido a haber olvidado por completo las esperanzas de que alguien lo quisiera con esa apariencia de metal y aterrorizante muchas veces. Por más que lo haya abrazado, sólo era para que Saitama dejara de sufrir con el frio y para Genos no tenía ningún significado especial eso. Menos si su maestro no demostró ningún afecto de vuelta cuando lo estrechó contra su cuerpo y que por supuesto no debiera mostrar porque era una simple transmisión de calor.

Incuso sabiendo lo anterior, le pareció extraño que Saitama siguiera pensando en ese suceso. O pensaba en ello u otra cosa le molestaba. Sin miedos y muy preocupado optó por averiguarlo preguntando directamente.

- ''¿Le ocurre algo, maestro? Lo encuentro algo inquieto''- preguntó mientras se acercaba a él dispuesto a escuchar si tenía algo que decir.

- ''No, nada, Genos. ¿Qué te hace pensar eso?'' - respondió Saitama actuando como si estuviera perfectamente mientras se alejaba un poco manteniendo distancia. Al parecer no era tan bueno fingiendo y Genos de igual manera notó lo exaltado que estaba desde la mañana sólo que no le dio gran importancia hasta el momento.

Genos arqueó una ceja y debido a que estaba preocupado por la actitud de su maestro, decidió hacer algo que no le agradaba hacer y era leer los ritmos cardíacos de las personas y quizás incluso detectar su estado de animo.

- ''En definitiva algo le ocurre, Maestro. Me gustaría que me contara sus problemas. No me mienta''

- ''Lo siento, no te puedo contar'' - suspiró Saitama - ''Ni yo sé qué me ocurre... Algo ha estado en mi cabeza últimamente y no sé por qué '' - dijo y calló para no decir nada más.

Genos nunca había tenido la oportunidad de que su maestro se abriera un poco más con él. El que le haya revelado que estaba confundido respecto a algo era suficiente muestra de confianza para hacerlo feliz. Sonrío en su interior inundado de una peculiar alegría.

Se levantó de allí y fue al baño. Saitama lo miró extrañado. Claro, ya había limpiado el baño hoy y no tenía otra razón para ir además de cerciorarse de que estuviera impecable. Esta vez necesitaba ir para meditar con un poco de tranquilidad. Cerró la puerta y se miró al espejo. Vio como sus rasgos humanos acababan en su mandíbula para que al bajar fuera completamente de metal, cables y variados materiales artificiales. Aún le costaba adaptarse a su nuevo cuerpo a pesar de casi lo había superado y lo controlaba sin problema alguno. Recordaba con odio al cyborg que destruyó su hogar y meditaba sobre ello. De repente se percató de que a pesar de que había tenido todo ese tiempo libre para buscar e investigar el paradero del cyborg asesino, lo había gastado en estar con Saitama. En estar con un humano. En estar con un amigo. Lo llamaba maestro pero aún no aprendía gran cosa sobre cómo mejorar en el campo de batalla. Lo que realmente lo mantenía en ese apretado departamento era el tener compañía. Incluso si Saitama era bastante distante, sentía gran admiración por él, su forma de actuar, de responder a la gente malagradecida que no reconoce su trabajo, su tranquilidad al luchar y de ser sencillo y humilde a pesar de su grandeza. Más que aprender a cómo ser más fuerte, sabía que de Saitama aprendía más valores que cualquier otra cosa.

Abrió la puerta silenciosamente y miró a Saitama que había dejado de leer. Ahora se encontraba reposando al sol con los ojos cerrados aprovechando mientras duraba el calor ya que la noche caía rápido esos días. Dio por hecho que se había quedado dormido y se sentó al lado del único motivo por el cual su odio, furia y ganas de venganza se estaban esfumando, o sea, su admirado maestro. Antes su único objetivo era atrapar a ese malvado cyborg. Ese objetivo pasó a segundo plano. Poco a poco Genos se preocupaba de cosas más nobles y se iba ablandando. Deseaba ser feliz con cosas simples como hablar Saitama y acompañarlo. Hacía algo que antes, cuando se encontraba completamente solo y sin cariño que dar o recibir, nunca haría. Miró a Saitama una vez más y sintió tanta gratitud que le dieron ganas de llorar, algo que no podía hacer por fuera pero sí por dentro. Era la primera vez que se daba cuenta de lo mucho que apreciaba a su maestro. Sin duda alguna esa tarde de ocio había sido muy intensa porque no olvidaría su revelación en ningún segundo de los días posteriores.