Sorpresas, sorpresas…

«Te lo ruego, Emma…no me abandones…»

Cuando se incorporó, vio sangre deslizarse desde los labios de la rubia y a esta cerrando los ojos lentamente.

Y en ese momento, un terrible estruendo se escuchó desde el pasillo, desde la puerta de la habitación e inmediatamente desde la puerta del baño…

Regina inclinó su cuerpo hacia delante, formando una curva, para poder proteger a su amada al ver que la puerta estaba siendo forzada.

«¿Señora Mills?» escuchó en un tono dulce y delicado

Regina alzó lentamente la cabeza y espiró de alivio al ver un policía armado y acompañado de otros dos hombres.

«¿Las habéis encontrado?» pudieron escuchar desde la pequeña radio portable del policía enganchada en su hombro izquierdo.

«Las tengo delante. Primer piso, habitación del fondo. La Alcaldesa no parece herida, pero necesitamos una ambulancia y servicios médicos de urgencia para Emma Swan» respondió a su interlocutor.

«Bien, ya vamos»

«¿Qué ocurre…?» preguntó Regina, totalmente perdida

«Unidad Especial de San Francisco, señora, ya no tiene que temer nada» dijo él arrodillándose frente a ella.

Regina, por instinto, dejó de todas maneras sus brazos alrededor de la rubia mientras la ayuda llegaba para auscultarla y Graham se arrodillaba al lado de la morena.

«Señora Alcaldesa, es necesario que deje que nos ocupemos de ella»

«No la dejaré» dijo en tono frío, visiblemente a la defensiva

«Se puede quedar…pero deje que cuidemos de Emma…»

Regina asintió con la cabeza y abrió sus brazos para dejar que los dos médicos tomaran el pulso y la tensión de la rubia.

«¿Hace cuánto que está inconsciente?» preguntó uno de los médicos

«Algunos minutos…» respondió Regina sintiendo las lágrimas de nuevo

Comprobó las cervicales de la rubia mientras el otro médico acercaba la camilla.

«A la de tres. Uno, dos, tres…» dijo y entonces él y su colega pasaron a Emma del suelo a la camilla «Nos la llevamos»

«Voy con ustedes» anunció Regina, levantándose con la ayuda de Graham, la cabeza alta, decidida a no dejarse ver débil.

Una vez en el hall de la entrada, Regina, que estaba saliendo para unirse a Emma en la ambulancia, fue retenida por Graham.

«Señora Alcaldesa…tiene que saber que su madre está también, ella…»

«¡Qué me importa! Deténgala también, haga lo que quiera, poco me importa, Emma me necesita»

Tras eso, se dio la vuelta, se dirigió hacia la parte de atrás de la ambulancia y se sentó al lado de Emma antes de agarrar una de sus manos y llevársela a sus labios, mientras uno de los enfermeros cerraba las puertas para que el vehículo pudiera arrancar.


Al llegar al hospital, el conductor se detuvo en la entrada de urgencias donde un equipo de médicos de guardia los esperaba pacientemente.

El segundo enfermero abrió las puertas, bajó del vehículo y dio a los médicos la información sobre el estado de Emma, mientras Regina bajaba de la ambulancia también. Pero habiendo invadido los médicos el espacio libre alrededor de la camilla, ella no pudo volver a cogerle la mano a Emma.

Entraron rápidamente al edificio, una máscara de oxígeno había sido colocada por el enfermero de la ambulancia, y ahora Emma era conducida hacia el quirófano, y un médico le indicaba a la morena que no podía seguir, que aguardara en la sala de espera y que sería mantenida al corriente con regularidad.

Regina había asentido positivamente con la cabeza antes de dar media vuelta y dirigirse hasta el mostrador de recepción.

«Discúlpeme, ¿desde dónde podría hacer una llamada, por favor?» preguntó ella a una enfermera

«Puede usar ese, señora Mills…» dijo la mujer con una sonrisa señalándole con la mano un teléfono fijo que se encontraba en el extremo izquierdo del mostrador.

«Se lo agradezco…»

Regina se puso a un lado, cogió el auricular, tecleó los números y esperó a que le respondiesen.

Al cabo de varios toques, respondió una voz masculina.

«¿Diga?»

«David…» dijo aliviada al escucharlo «¿Está usted bien? ¿Y mi hijo?»

«Todo va bien, estamos bien los dos, no se preocupe…Tengo un chichón en la cabeza, y no me acuerdo de nada, pero Henry no tiene nada. Acaba de despertarse y pide veros a las dos…Pero, ¿dónde están? ¡Y Emma! ¿Está con usted?»

«Para responder a su pregunta, usted fue dejado inconsciente…en cuanto a Emma, ella, nosotras…» dijo mientras su voz se quebraba debido al llanto que solo quería salir de su garganta «Estamos en el hospital y…Emma está en quirófano…»

«Oh…» dijo David con una voz casi inaudible «Y usted, ¿cómo está?»

«Yo estoy bien…yo…ellos no me han hecho nada»

«Ya veo…Mejor. Vi la nota. Inmediatamente llamé a Graham. No sé cómo ha hecho para encontrarlas…»

«Contaba con que usted me lo dijera…»

«¿Le…molestaría si me acerco? Puedo llamar a Mary para que cuide de Henry»

«No…venga con él»

«Bien, en veinte minutos estaremos ahí»

«Muy bien, hasta ahora»

Colgó, miró a su alrededor, vio que nadie le prestaba atención y volvió a marcar una vez más.

«¿Diga?»

«Señorita Lucas…» respondió Regina en un tono que rozaba el arrepentimiento

«¡Señora Alcaldesa! ¿Qué puedo hacer por usted? ¿Todo bien?»

«La seño…Emma está en el hospital. En quirófano, estoy esperando noticias…Mañana, como se podrá imaginar, no iré al despacho…»

«Hmmm….» escuchó Regina en tono de tristeza «¿Qué…qué le ha pasado?»

Regina inspiró cerrando los ojos, no es que no quisiera responderle, pero su corazón no podía. Pues sería cómo aceptar la realidad de una vez por todas.

«Le han dado una paliza, muchos de los golpes en el rostro y en las costillas…Creo incluso que algunas están rotas»

«Ah…» dijo ella conteniéndose para no echarse a llorar

«Señorita Lucas…puede…puede venir a verla si quiere. Emma es su amiga y…estoy segura de que ella estará contenta de verla cuando despierte»

«¿Está segura?»

«Para ser sinceros…ni siquiera sé si despertará…» acabó por decir Regina estallando en llanto.

«Yo…estoy lo más rápido posible, señora. Aguante» dijo Ruby antes de colgar.

Regina colgó el auricular lentamente, sus ojos en el vacío, sintiendo su corazón encogerse en su caja torácica. Caminaba sin realmente ver a dónde la llevaban sus pies. Vio una silla y se sentó. Esperando silenciosamente una buena noticia.

Ruby fue la que llegó primero, se dirigió directamente a la sala de espera, y al llegar, la recorrió con la mirada buscando a su jefa. Una vez Regina localizada, caminó hacia ella con tranquilidad.

«Señora Alcaldesa…»

La susodicha alzó los ojos pensando que podría tratarse de un cirujano que habría venido a mantenerla al corriente del estado de Emma y se sintió algo decepcionada al ver a su secretaria. Pero al menos, tenía a alguien a su lado. Ruby se arrodilló ante Regina y posó una mano en su antebrazo.

«¿Usted no está herida?»

«No…» respondió Regina mirándola con lágrimas en los ojos.

Ruby nunca había visto a su jefa en tal estado. Y aunque esta no siempre había sido amable con ella, Ruby sin embargo la apreciaba y la respetaba. Así que se entristeció al ver el estado en que estaba Regina.

«Estoy segura de que saldrá de esta…Tiene la piel muy dura…Y además, ahora la tiene a usted, a usted y a su hijo, porque, ¿sabe? El otro día me habló de eso y me dijo cómo adoraba a su pequeño…así que tiene una razón para luchar. Y estoy segura que saldrá vencedora.

Regina le dirigió una débil sonrisa como agradecimiento y Ruby se la devolvió.

«¿Quiere que vaya a buscarle un café?»

«No…yo…estoy bien, gracias»

«De acuerdo»

La asistente se incorporó y se sentó al lado de la alcaldesa sin decir nada más. Aunque moría de ganas por preguntarle cómo habían llegado a esa situación, se contuvo y no dijo nada más.

Hasta la llegada de David y Henry que se hicieron notar porque el pequeño llamaba por su madre.

«¡Mamá!» gritó, haciendo que Regina levantara la cabeza

«¿Henry…?» preguntó ella en voz baja

El joven corrió hacia los brazos de su madre y esta lo estrechó mientras sentía cómo las lágrimas aparecían de nuevo.

Al ver que David también había llorado, ya que Emma era su única familia, Ruby se puso de pie y estrechó a su amigo entre sus brazos, y este se dejó ir un poco, tras haberse aguantado para mostrarse fuerte delante de Henry.

Después de algunos minutos, Regina se separó de su hijo, que había subido a sus rodillas. Y David y Ruby se colocaron a su lado.

«Henry, cariño, ¿me harías el favor de irme a buscar un vaso de agua, por favor? Solo tienes que preguntarle a la enfermera, estoy segura de que ella te indicarán amablemente donde está el surtidor, ¿de acuerdo?»

El niño asintió, dejó un beso en la mejilla de su madre y se alejó bajo la mirada de los tres adultos.

«David…El hombre que te dejó inconsciente era un esbirro de Gold» comenzó a explicar la alcaldesa «él y una parte de sus hombres, junto con mi ex marido, entraron en mi casa. Hizo volver a Emma y cuando ella llegó a casa y le dijo que me llevaban con él…ella…pidió venir con nosotros. Yo me negué, pero ella fue categórica, no quería dejarme sola…y cuando…cuando llegamos a su casa…» dijo la morena empezando a llorar y sus manos a temblar «…los hombres con quienes nos enfrentamos la semana pasada nos estaban esperando y ellos….le dieron una paliza ante mis ojos…No había nada que yo hubiera podido hacer para detenerlos…» continuó ella antes de estallar en llanto.

David posó una mano en la espalda de la morena y la otra sobre sus manos y las apretó dulcemente mientras que a él también le afloraban las lágrimas. Ruby perdía su mirada en el vacío, imaginándose la escena, al igual que David, se preguntaba cómo esos hombres podían haberse mostrado tan violentos contra una única mujer, sin defensa.

«No le dieron ninguna oportunidad…» susurró Regina «Cuando hubieron terminado, la llevaron a la misma habitación en que yo estaba…nos refugiamos en el cuarto de baño. Tuve que arrastrarla por el suelo con la ayuda de la alfombra y algunos minutos más tarde…la policía estaba ahí»

David y Ruby no dijeron nada, aún no comprendían por qué la habían cogido contra Emma y por qué querían por encima de todo que también Regina estuviera presente.

Poco después, Henry volvió con un vaso de agua en las manos. Una vez llegó a la altura de su madre, le tendió el vaso de plástico, que ella recibió con una débil sonrisa que su hijo le retribuyó para darle ánimos. Ella bebió un sorbo, y el niño le pidió subirse de nuevo en sus rodillas, cosa que ella no rechazó, al contrario, su hijo y Emma eran todo lo más apreciado que tenía en el mundo. Y sentirlo pegado a ella la reconfortaba de alguna manera.

Durante más de una hora, esperaron. La gente iba y venía ante ellos sin prestarles atención. Regina echaba un ojo con regularidad a la puerta que le había sido prohibida esperando ver pronto al cirujano, una enfermera, cualquiera, que le dijera que Emma estaba bien.

David se había alejado algunos minutos, para llamar a su reciente novia, le había explicado la situación al borde de las lágrimas, y Mary le dijo que no tardaría en llegar. Mientras, Henry se había ido a sentar a algunos metros de los tres adultos para ver la tele, y por desgracia para él, no ponían nada interesante, pasaba de canal en canal y finalmente lo había dejado en un reportaje sobre delfines del Atlántico.

«¿Señora Alcaldesa?»

La morena, así como su secretaria y David, alzaron la cabeza y vieron a un hombre todo vestido de azul, su atuendo de quirófano seguramente, a dos metros de ellos. Se pusieron de pie y Regina lanzó una ojeada a su hijo para comprobar que no podría escuchar por si se trataba de malas noticias, después sintió una mano, la de David, sobre su hombro.

«La señorita Swan ha salido de esta»

Los tres adultos suspiraron aliviados, cerrando brevemente los ojos, y el cirujano les dirigió una educada sonrisa.

«Es una luchadora…es eso lo que la ha mantenido con vida»

«¿Qué? Pero…» dijo Regina completamente perdida

«Ha tenido una hemorragia interna» ante esas palabras, la morena se llevó las manos a la boca que había abierto sintiendo su corazón palpitar violentamente contra su pecho «La pudimos cortar a tiempo, y luego le hemos hecho una transfusión de dos litros de sangre. Le hicimos un lavado de estómago, porque pudimos ver a través de las radiografías, que un pequeño objeto metálico se encontraba en su interior, así que lo retiramos. En cuanto a sus costillas, desgraciadamente tres del lado derecho se han fracturado, y una ha perforado su pulmón…»

«¡Oh, Dios mío…!» dijo Regina desorbitando los ojos llena de pavor

«No se inquiete, también nos hemos ocupado de eso, pero no podrá hacer ningún esfuerzo durante varios días, o incluso semanas…Así que vamos a tenerla hospitalizada como mínimo durante dos semanas»

«¿Podemos…podemos verla?» preguntó amablemente David

«Solo…solo puede la familia»

«Nosotros somos su familia» afirmó Regina con voz fría

«Emma es huérfana» explicó David «Por favor…déjenos verla»

El hombre cedió, inspirando y espirando ruidosamente, mientras asentía con la cabeza, después carraspeó.

«De momento, está en la sala de descanso, la anestesia que le hemos puesto debería disiparse en algunas horas, dos o tres como mucho. Cuando esté consciente, la trasladaremos a una habitación individual y allí…podrán verla, pero no por mucho tiempo, necesitará reposo. Le diré a una enfermera que los avise»

«Bien, gracias, doctor» dijo David ofreciendo su mano al médico, y este se la estrechó educadamente «Gracias por todo lo que ha hecho por ella»

«De nada. Los dejo, otra intervención me espera»

«Por supuesto, vaya»

«Los veré mañana por la mañana. Buenas noches a todos»

«Adiós…» dijo David mientras se giraba hacia la alcaldesa para tomarla en sus brazos, aliviado, mientras el hijo de esta volvía hacia ellos.

«¿Qué ocurre, mamá?»

Regina retrocedió, sonrió y secó sus lágrimas con la punta de sus dedos mientras se giraba hacia su hijo.

«Emma está bien, cariño…»

«¡De verdad! Oh, mamá…tenía tanto miedo…» dijo él abrazando a su madre, rodeando con sus brazos su cintura, mientras la morena se inclina ligeramente y dejaba reposar su mejilla en el cráneo de su hijo.

«Yo también, corazón, pero ahora ella está bien»

Durante su abrazo, David y Ruby también se habían estrechado, profundamente aliviados al saber que la rubia saldría adelante.

Mary llegó en ese momento, llamó al rubio que se giró hacia ella, y caminó a su encuentro para besarla apasionadamente sin que ella se lo esperara, después la estrechó en sus brazos.

«Se ha salvado…» susurró en su oído, tranquilizando también a la pequeña morena que también le devolvió el abrazo a su compañero.

David sintió entonces que su teléfono sonaba en el bolsillo de sus vaqueros, hundió su mano y sacó el aparato para responder.

«Nolan»

«Hola David, soy Graham. ¿Tienes noticias de Emma?»

«Sí, acabamos de hablar con el médico que se encargó de ella y nos ha dicho que saldrá de esta»

«Super…» dijo él en tono de alivio «¿Podrías pasarme con la alcaldesa, por favor?»

«Sí, te la paso. Espera dos segundos. ¿Regina?» dijo él girándose hacia la morena que aún mantenía a su hijo en sus brazos, pero que se incorporó al escuchar su nombre.

«¿Sí?»

«Graham desearía hablar con usted»

La morena sonrió a su hijo y se alejó lentamente de él, mientras su maestra tomaba su lugar.

«¿Inspector? ¿Qué ocurre?»

«A ver…hemmm, sé que es delicado pedirle esto, pero necesitaría que se pasase por comisaria. Le explico, su madre acepta hablar si usted acepta tener una entrevista con ella»

«¿Acepta hablar?...Espere…¿me está diciendo que si ella está ahí es porque…?»

«Sí, señora» dijo en un tono de desolación

«Pedazo de…»

«Escuche, de momento todo lo que tenemos contra su ex marido, Gold y sus hombres es secuestro y violencia contra Emma, si queremos hacerlos caer de una vez por todas, necesitamos la confesión de su madre…»

«Estaré ahí en veinte minutos. Pero solo le concederé diez minutos. Quiero estar aquí cuando Emma despierte»

«Muy bien. La espero en comisaria»

«Hasta ahora»

La morena colgó, visiblemente irritada, y ahora todo se volvía más claro. La llamada de su madre cuando estaban en Malibú, era así cómo supieron dónde estaban. ¿Qué otro papel jugaba en eso? No lo sabía aún, pero estaba decidida a conocer la verdad.

Devolvió el teléfono a David, el rostro serio, pensativa.

«¿Algún problema Regina?» preguntó él

«Yo…Tengo que pasar por comisaria»

«La acompaño»

«No, quédese aquí con Henry, no tardaré mucho»

«Si quiere, puedo ocuparme esta noche de su hijo, Regina. Tengo una habitación de invitados, le hace falta dormir» propuso Mary

Regina se giró hacia su hijo y lo vio bostezar y comprendió que, efectivamente, necesitaba sus horas de sueño.

«Yo me puedo quedar aquí» dijo Ruby «si acaso la enfermera viene a decir que Emma se ha despertado, la llamaré y la esperaré»

«Muy bien» dijo ella para responder a las dos mujeres.

«Entonces, está decidido, de todas maneras no tiene coche, así que vamos en el mío» dijo David antes de girarse hacia Mary y darle un beso en la frente «Te llamo más tarde, ¿de acuerdo?»

«Entendido»

Ella le sonrió tiernamente antes de que él la cogiera por unos segundos en sus brazos, mientras por su lado, Regina hacia lo mismo con su hijo.

«Pórtate bien con la señorita Blanchard, cuento contigo, Henry»

«Prometido, mamá. Te quiero»

«Yo también te quiero, cariño. También cuento con usted, Ruby…» le dijo a su secretaria y esta, sorprendida de que su jefa la llamara por su nombre, asintió sin decir media palabra.

«Muy bien, vámonos»


Cuando llegaron a comisaria, Regina y David pidieron hablar con Graham y fueron acompañados hasta su despacho.

«Ah, ya está aquí…» dijo él levantándose de su silla y rodeando la mesa.

«¿Dónde está ella?» preguntó Regina al límite de su paciencia

«En la sala de interrogatorios, la conduzco hasta allí. David y yo estaremos en la sala de al lado»

«Muy bien»

Una vez delante de la puerta, Graham esperó antes de abrirla. Regina tomó aire cerrando los ojos, después recobró su prestancia antes de entrar en la sala. A continuación le hizo una señal con la cabeza al inspector y este comprendió que podía abrir la puerta.

«Regina…» susurró Cora al ver entrar a su hija

Hubiera querido acercarse a ella, pero sus manos estaban esposadas y enganchadas al centro de la mesa y estaba sentada en una silla metálica.

«Gracias por haber venido…»

«¿Querías hablar conmigo?» preguntó la morena sentándose frente a su madre «Bien, adelante, estoy aquí, tienes diez minutos»

«Te pido perdón»

«¿Por qué?»

Regina mantenía una actitud fría y seguía con su cabeza alta frente a su madre, negándose a mostrarse débil ni un segundo.

«Yo…he sido egoísta…todos estos años…yo…no he pensado sino en mí y…»

«No» dijo su hija en tono glacial «¿Por qué Emma? ¿Por qué ir contra ella en vez de contra mí?»

«Yo…no sabía que la atacarían…ni siquiera sabía que pensaban secuestraros a las dos»

«Ella no tenía que haberlo sido»

«Regina…»

«Explícame»

«Yo…no lo sé»

«Entonces dime lo que sabes»

«Entendido…Hace seis meses, Leopold se puso en contacto conmigo. Me invitó a cenar y como yo…en fin, nunca lo había olvidado…»

«¿Olvidado? Espera, ¿qué? No me digas que…»

«No, tranquilízate…al menos no en esa época…Leopold, cuando te lo presenté, estaba lejos de estar interesado en mí, o quizás pudo estarlo, pero cuando posó sus ojos en ti…yo ya no existí. Entonces, cuando me anunciaste que te ibas a divorciar…eso me volvió loca, es verdad, porque estabas con el hombre que YO nunca…»

«Y tú me convenciste para casarme con él…eres tú la que me asqueas…»

«Yo quería su felicidad y de cierta manera quería también la tuya, así que me dije que si vuestra felicidad era estando juntos, yo me conformaría…»

«¿Y qué te pidió cuando te invitó a cenar? Supongo que no era para cortejarte…»

«No, no solo por eso…me dijo que se lamentaba de haberse casado contigo en vez de conmigo, porque siempre había sabido que yo lo amaba…»

«¿Así que desde hace seis meses sales con mi ex marido? Definitivamente no eres más que una zorra, egoísta y siempre has sido una seductora antes que una madre»

«Piensa lo que quieras…de todas maneras, mi reputación ya está perdida…al menos, mañana lo estará, voy a ser juzgada por cómplice de secuestro y tortura»

«No tienes sino lo que te mereces»

«Ahí te equivocas. Confieso, es verdad, que sabía lo de Greg Mendell. Sabía que él debía entrar en tu casa, pero todo lo que tenía que hacer era secuestrarte unas horas, y asustarte, nada más»

«¡Pero con qué fin!» gritó Regina poniéndose en pie, golpeando la mesa con sus manos

«Desmoralizarte para que no te presentaras a las elecciones para el puesto de Gobernador»

«Espera, no me lo puedo creer…¡todo esto por eso! ¿Solo queríais asustarme para disuadirme de presentarme? ¿No sabías hablarme a la cara directamente?»

«Digamos que Leopold tenía sus razones…»

«Las conozco…¡El señor ya no tiene oportunidades con las jovencitas… así que él se lanza en picado sobre las viejas como tú!»

«No lo creía…no pensaba que ese Mendell…iba a aprovechar para…pero gracias al cielo supiste defenderte…»

«¡Si, gracias a ti no, la verdad! No eres más que un monstruo…¿por qué has hecho todo esto, eh? ¿Para castigarme por haber siempre preferido a papá antes que a ti? ¿Por no haber sabido satisfacer a ese cabrón que amas tanto? ¿Por qué?»

«Bueno…heu…»

«¡Dime!» dijo ella golpeando de nuevo la mesa con sus manos

«¡Enamorada! ¡Estoy enamorada! ¡No puedo hacer nada! ¡Tú te tiras a esa…a esa Emma Swan!»

Al oír eso, Graham abrió la boca, ignorante de todo lo que concernía a la relación entre las dos mujeres.

«Ni una palabra, Graham…» susurró David sin desviar la mirada de los dos mujeres a las que observaba tras el cristal «Es su vida privada»

«No lo había visto venir…»

«¡Te prohíbo que pronuncies su nombre, está claro! ¡La mujer que amo, que me ama, que ama a mi hijo, que me hace feliz como nunca antes nadie…esa mujer se encuentra entre la vida y la muerte por tu culpa y tus idioteces!»

«No es mi culpa…Fuiste tú la que la reclamaste»

«¿Qué? ¿De qué hablas?»

«En cuanto Mendell nos llamó para decirnos que había fracasado, el plan B era que tú llamarás a Save Company, cosa que hiciste como habíamos previsto, y te habríamos enviado a Killian como estaba previsto, pero fue ahí que hubo una falla en nuestro plan…cuando tu secretaria llamó esa mañana…ella no dijo que era para ti…solo llamó…preguntó quién era el mejor de la empresa y le respondimos que era…ella» dijo con un gusto amargo en la boca «Tu secretaria se aseguró de que ella estuviera libre antes de decirnos que era para ti…solo que ya era demasiado tarde…Así que la enviamos a tu casa…y según Leopold, se ha ganado bien el título de mejor guardaespaldas»

En ese momento, Regina cayó de las nubes. Así que todo lo que le sucedía a Emma era definitivamente su culpa. Si no hubiera insistido en tener al mejor agente, Emma nunca habría sufrido todo eso.

«El plan era solo alejarte del puesto de Gobernador»

«Pero, ¿en beneficio de quién?»

«George…George Starck»

«¿El primo de Leopold? ¿El que es procurador?» se asombró la morena mientras que los dos hombres del otro lado del cristal no se perdían migaja de la conversación.

«Es como un hermano para Leopold. Un día, George decidió hacer campaña él también…así que se volcó en ello. Cuando supo que el único rival que tenía en San Francisco eras tú, habló con Leopold, sabía que frente a ti no tendría ninguna oportunidad. Él es procurador, mientras que tú, eres la Alcaldesa. Has hecho mucho bien por esta ciudad y ya tienes un pie en la política, mientras que él no. Así que le pidió a Leopold que le echara una mano…»

«¿Y Gold? ¿Cuál es su interés en todo esto?»

«Si George pasa las elecciones…Gold tenía la certeza de asegurarse la protección de George. Sus hombres se convertirían en su guardia personal. Entonces, vio una oportunidad de que su agencia fuera conocida en California y ganar mucho más, evidentemente»

«Toda esta pesadilla por eso…si hubieras venido a hablar conmigo, o incluso Leopold, yo lo habría dejado…¡yo solo pensé en ese puesto una vez cuando hablé con el Gobernador Todd en persona! La idea de presentarme partió únicamente de un "¿por qué no?", nunca quise de verdad convertirme en Gobernadora…Sé que no hubiera tenido tiempo para mi hijo, y sobre todo porque ser alcaldesa me colma lo suficiente…habéis hecho todo esto por nada…» tras eso la morena se levantó, miró al espejo que servía de cristal «Espero que tengáis todo lo que os hacía falta, por mi parte yo he acabado con ella»

Se dirigió hacia la puerta y se disponía a abrirla cuando su madre la llamó una vez más.

«¡Regina, espera!»

«¿Qué?» se enfadó

«Perdóname…no sabía que te habían secuestrado la semana pasada y que pensaban hacerlo otra vez esta tarde…cuando llegué a la villa esta noche y vi en qué estado dejaron a tu…compañera…en el piso de arriba, en ese momento pedí explicaciones a Leopold y cuando lo supe…Te lo prometo, quise pararlo todo. Leopold se rio en mis narices antes de darme una bofetada y encerrarme en su despacho…poco después llegaba la policía…»

«¿Tú la llamaste?»

«No, desafortunadamente…no había teléfono allí…ni ninguna manera de salir, ni por las ventanas…Pero lo siento, sinceramente. Espero que tu amiga se ponga bien. Y que seas feliz Regina. Dale una beso a Henry de mi parte»

Regina nunca había visto a su madre siendo tan sincera, pero su cólera tomaba el control de su cuerpo y de sus pensamientos, no dijo nada y salió de la sala cerrando la puerta tras ella.

Una vez fuera, Graham y David salieron de la sala de observación. David estrechó a Regina en sus brazos y esta se calmó casi inmediatamente.

«Gracias por su ayuda, señora Alcaldesa»

«Bien, si ya no me necesita, me gustaría volver al hospital»

«Sí, por supuesto…mañana me pasaré para ver a Emma»

«Muy bien, se lo diré…David, ¿le molestaría acompañarme?»

«No, en absoluto, al contrario»

«Oh, inspector, una última cosa…¿Cómo supo dónde estábamos?»

«Emma es una chica inteligente. Cuando volvía a su casa, me llamó, me explicó la situación y me dijo que se había tragado un rastreador…ella y sus ideas, se lo juro…» dijo riendo ligeramente, haciendo sonreír a la morena y a David «Y cuando volvía a su casa, escondió un emisor en un arbusto del parque cercano a su casa, el que utilizamos normalmente para pasar información con toda discreción, pero eso es otro tema, así que yo me dirigí allí, lo recuperé, y organicé un grupo de intervención»

«Entonces…¿fue ella…de alguna manera, la que nos ha salvado?»

«Sí, fue ella. Sería una policía magnifica, ya se lo he dicho a ella…sin embargo…mi única pena es que no llegamos lo suficientemente rápido para evitarle todo ese…»

«Está a salvo…ha hecho bien su trabajo, inspector, gracias. Es más, en cuanto todo esto termine, haré que de cara a la ciudad sea recompensado por haber salvado a su alcaldesa…»

«Oh…gracias señora»

«Gracias a usted…gracias por haber llegado»

Tras eso, Regina y David se despidieron de Graham y salieron de la comisaria para volver a urgencias.


Al regresar, se encontraron a Ruby en plena conversación con Belle, sentada en el mismo sitio donde la habían dejado.

«¿Belle? ¿Qué haces aquí?»

"Belle", se dijo Regina, poniendo finalmente cara a esa misteriosa mujer.

«Ruby me llamó para decirme que Emma estaba aquí…yo…espero que no la moleste, señora alcaldesa…» dijo ella con una sonrisa crispada, temiendo la reacción de la morena.

«Es usted amiga de Emma, estoy segura de que estará contenta de verla, así como a Ruby. Gracias a usted por haber venido»

Las dos mujeres se sonrieron educadamente antes de que David les ofreciera una café, que se encargó él mismo de ir a buscar, como un caballero.

Durante más de una hora, los cuatro charlaron animadamente de esto y aquello, pero sobre todo de Emma y de su valentía. David conto diversas anécdotas de Emma y de él mismo, que hicieron reír a las tres mujeres, y en ese momento una pequeña mujer avanzó hacia ellos.

«¿Son la familia de Emma Swan?»

«Sí…» afirmó Regina poniéndose de pie frente a la mujer, la mirada cargada de esperanza

«Sígame, señora Mills, la llevaré a su habitación, ella acaba de despertarse y pide verla»

Regina se giró e hizo un gesto con la mano para que los otros tres la siguieran, después se dirigieron hacia los ascensores, subieron hasta la quinta planta, y caminaron en silencio para no despertar a los otros pacientes hasta llegar a la habitación 538.

«Dos personas cada vez…y no más de media hora. Necesita reposar»

«Muy bien, gracias señorita» dijo Regina sonriéndole antes de darse la vuelta hacia sus compañeros.

«Vaya usted primero, nosotros iremos después» aseguró David con un guiño que hizo sonreír a Regina. Se dio la vuelta, inspiró profundamente, y entró en la habitación.

Cuando entró, prestando atención para no hacer el menor ruido, escuchó un sonido proveniente de un monitor, ese bip que significaba que el corazón de Emma latía a ritmo regular. Y en ese momento la vio. Regina sintió su corazón encogerse al ver el estado de su compañera. Tenía los cables de oxígeno en su fosas nasales, una perfusión de tres medicamentos en su brazo derecho, su rostro aún un poco hinchado por los golpes, sus labios parecían haber sido abiertos, así como una de sus cejas, y su torso estaba envuelto en una faja metálica para evitar que se moviera demasiado y lastimara sus costillas.

«Mi amor…» susurró la morena en voz baja para señalar su presencia

Ante esas palabras, Emma entre abrió los ojos y sonrió dificultosamente

«Gina…»

Regina, con lágrimas en sus ojos de nuevo, se acercó a su compañera para inclinarse sobre ella y depositar un beso en su frente antes de pegar la suya y cerrar los ojos.

«He tenido tanto miedo, mi amor…»

Emma levantó la mano derecha y acarició la mejilla de su amada morena tiernamente.

«Lo sé, mi amor…lo siento»

«No, soy…soy yo la que lo siente…si supieras cuánto me culpo…»

«¡Hey…yo no te culpo, ¿de acuerdo? No es tu culpa, sino la de ellos…es más cuando los coja…te puedo decir que lo van a pasar mal…»

No pudo acabar su frase porque Regina selló su boca con sus labios. Esos labios que tanto le habían faltado a cada una.

«No te preocupes por ellos…ya me he ocupado de eso»

«¿Qué? ¿Cómo?»

«Graham, él ha detenido a Leopold, Gold, sus hombres y a…una invitada sorpresa…mi madre»

«Estás de broma…»

«No…pero te lo explicaré todo mañana, ¿de acuerdo? No tengo ganas de hablar de ellos esta noche…solo quiero aprovechar que estoy aquí…a tu lado»

«En ese caso, ven aquí» dijo ella estirando su brazo derecho e incitando a la morena a que se juntara con ella en la cama.

«No, Emma…yo…mejor que no…No quiero correr el riesgo de provocarte algún movimiento...es demasiado peligroso»

«Por favor, Gina…quiero sentirte pegada a mí»

Ante la expresión de tristeza y suplicante de la rubia, Regina no pudo sino ceder y rodear la cama para acurrucarse delicadamente en el lado derecho de la rubia, teniendo cuidado para no mover mucho ni la cama ni el cuerpo, ahora frágil de la rubia.

Cuando estuvo acostada, posó una mano sobre el pecho de la rubia y sintió su corazón latir contra su mano.

«He tenido tanto miedo de perderte, Emma, si supieras…»

«Lo sé…pero estoy aquí…no te he abandonado…estoy aquí…»

«Te amo, mi amor…» dijo ella antes de alzar su rostro hacia el de la rubia para besar sus labios.

«Yo también te amo…» le respondió Emma antes de besarla también.