Revalidación y planes de futuro

El día siguiente, así como los días y las dos semanas que siguieron, Emma se esforzaba en recuperar sus fuerzas y su independencia. Protestaba cada vez que una enfermera llegaba por la mañana para lavarla, ayudarla a ir al baño o incluso a comer. Aunque en este último aspecto, Regina se mostraba feliz en ayudar a su compañera. Pero a Emma le costaba aceptar la situación. La idea de encontrarse tan débil y dependiente de los otros la enfadaba mucho.

Quería salir a tomar el aire, y las únicas salidas autorizadas eran por el pasillo del hospital, y encima, en una silla de ruedas. Regina, David, Ruby, Belle, Graham e incluso Mary se ofrecían voluntarios para conducir la silla, pero Emma seguía igual de insatisfecha.

Mucho más cuando se encontraba sola en la habitación con Regina a su lado, trabajando, con sus papeles dispuestos aquí y allí, sobre la pequeña mesa de la estancia, usando un par de gafas para reposar su vista y evitar la migraña, porque a Emma le entraban ganas de arrancarle la ropa y hacerle el amor.

En esos momentos, Emma intentaba, más mal que bien, acercar a la morena a su lado, acostarla en la cama a su vera para besarla. Regina se dejaba hacer, ya que tenía las mismas "carencias" de caricias carnales que la rubia, y le costaba muchísimo rechazarla cuando las manos de Emma se volvían demasiado atrevidas.

Ese día no rompió la regla, Emma había deslizado una mano entre dos botones de la blusa de la morena para acariciarle su vientre musculado, pero Regina, haciendo un esfuerzo sobrehumano, detuvo su beso y posó una mano sobre la que Emma había conseguido deslizar bajo su ropa.

«Emma…»

«Por favor, Regina…no puedo más…lo necesito…» expresó de forma suplicante su deseo

«No es razonable en tu estado…»

«¿Qué estado? ¡Estoy muy bien!»

La morena sonrió divertida ante la expresión confiada de su amada, entonces posó una mano sobre la mejilla de Emma y atrajo su rostro al suyo.

«Estás enferma Emma…no deseo que el esfuerzo que has hecho hasta ahora se eche a perder por culpa de …de nuestras locuras…» dijo ella con una tranquila sonrisa «Pero, te lo prometo, en cuanto estés mejor y vuelvas a casa, te prometo que mi cuerpo será todo tuyo y podrías hacer con él lo que quieras»

Esas palabras, tan dulces como prometedoras, no hicieron sino aumentar el deseo de Emma.

«Todo mío, eh…»

«Exactamente»

«¿Es que acaso no lo era antes?»

Regina se echó a reír ante la carita casi infantil que enarbolaba la rubia y esto le valió un nuevo beso de una ternura infinita.

«La amo, señorita Swan…»

«Ya…yo también la amo, señorita Mills…¡es más, es lo que te salva ahora mismo!»

«Ya me darás las gracias más tarde, querida…»

Le dio un último beso antes de levantarse y volver a su sitio junto a sus papeles.

En ese momento, cuando Emma maldecía interiormente a la morena por no haberla dejado hacer, un hombre vestido con una camisa y pantalón de hospital en azul oscuro, tocó a la puerta aún cerrada.

«¡Adelante!» gritó la rubia más frustrada que nunca, bajo la sonrisa divertida de Regina.

«¡Buenos días! A ver Emma, ¿lista para sesión esta mañana?»

«Depende…¿después de esto podré volver a casa y hacer locuras con el cuerpo de mi compañera?»

El rostro de Regina se encendió y sus ojos se desorbitaron, sin atreverse a alzar la cabeza y darse la vuelta para saludar al fisio que había entrado, y se echaba a reír.

«Jajajajaj, ¡Muy divertida, como siempre! ¿Ya te he dicho que adoro tu humor?»

«Sí…» gruñó la rubia girando el rostro

«Bueno, sea como sea, veremos los resultados después de la sesión de hoy»

«¿Y qué vamos a hacer hoy?»

«¡Piscina!»

«¿Otra vez?»

«Es allí donde estás más cómoda»

«¡Pero no puedo avanzar al ritmo que quiero, Doc! ¡En serio! En el agua, mis movimientos son más ligeros, no puedo saber realmente en qué estadio me encuentro si estoy dentro del agua! Necesito saber lo que mi cuerpo es capaz con los dos pies en el suelo»

«Es verdad…pero tu cuerpo está bastante fatigado para proyectar trabajar en el suelo en este momento»

«¡Si no lo intentamos, no lo sabremos!»

El hombre pareció reflexionar, comprendía la impaciencia de su paciente y su obsesión por querer dejar ese hospital y retomar su vida. Pero como fisioterapeuta, tenía que poner por delante las necesidades físicas de Emma antes que sus deseos personales.

«Te propongo un trato. Vamos a dividir la sesión en dos partes. La primera la haremos en la piscina y la segunda en el suelo» al ver que el rostro de Emma se iluminaba, enseguida continuó «Pero…siempre que la parte acuática haya salido bien. Estamos a lunes, ayer no hiciste ejercicios, así que no iremos muy fuerte, ¿de acuerdo?»

«¡De acuerdo! Bien, ¡me pongo el bañador y lo espero allí!»

«Ok…» dijo él con una sonrisa antes de dejar la habitación

«¿Quieres que te ayude?» propuso la morena poniéndose de pie

«¡Oh, no! Si tengo tus manos sobre mí, cuando solo tengo una cosa en la cabeza con respecto a ti en estos momentos, no funcionará»

Tras esto, llamó a una enfermera con el timbre que se encontraba en el cabecero de la cama, y una de ellas llegó unos minutos más tarde.

«Señorita Swan, ¿qué puedo hacer por usted?»

«¿Me puede ayudar a ponerme mi bañador?»

«¡Por supuesto!» dijo ella mientras se dirigía al armario de Emma para sacar su bikini.

A continuación avanzó hacia la cama de la paciente, corrió las cortinas para tener intimidad por si alguien entraba en la habitación, pero Regina estaba que echaba chispas ante la idea de que otra mujer pusiera sus manos en la rubia sin que ella pudiera hacer nada.

Cuando hubo terminado, anunció a las dos mujeres que iba a buscar una silla de ruedas para llevar a Emma al servicio de hidroterapia.

Cuando salió de la habitación, Emma vio la mirada oscura de su compañera hacia la cuidadora.

«¡No pongas esa cara, mi amor! ¡Eres 1000 veces más bonita que ella!»

«Sí, pero…no me gustan que pongan la mano sobre ti…»

«¡Vete a decírselo a las que me lavan todas las mañanas!»

«¡No es lo mismo! Son tres y pasan de los 50. ¡Una, incluso, está a punto de jubilarse!»

«Hmmm, ¿asaltacunas, crees?» dijo ella sacándole la lengua, burlándose de la morena

«No veo lo que tiene de gracioso…»

«Oh, relájate, mi amor…solo tengo ojos para ti…» dijo ella atrayendo a la morena hacia ella para darle un tierno beso antes de que la enfermera volviera a aparecer.

«¡Ya está, señoras, podemos irnos!»

Emma, ayudándose del triángulo de Balkamy de la enfermera, se colocó en el borde de la cama antes de que la joven pelirroja y Regina la ayudasen a sentarse en la silla de ruedas. Después la enfermera sacó a Emma de la habitación, seguida de Regina, que se puso a su lado para darle la mano, que Emma aceptó con una sonrisa.

Regina había hecho muchos esfuerzos para no mostrar su afección por Emma, pero esconder lo natural no era fácil, aparecía al galope, así que Regina se había resignado finalmente a no tener en cuenta sino sus sentimientos, así como los de Emma, y eligió no esconderse más.

Después de todo, Henry y sus amigos estaban al corriente, y Regina había tomado la decisión de que cuando Emma estuviera mejor, haría un anuncio oficial concerniente a su pareja antes de las elecciones a la alcaldía, que tendrían lugar siete meses más tarde. Se negaba a que un paparazzi se apoderara de su historia y la soltara a los cuatro vientos para manchar la reputación de las dos.

Había tomado consciencia de que todo lo que contaba para ella era su hijo y Emma. ¡Qué importaba lo que pudieran decir o no a sus espaldas! Lo importante para ella era poder vivir en paz con su familia.

Al llegar al borde de la piscina principal, Emma se hizo ayudar por su fisioterapeuta para meter su cuerpo en el agua templada. La enfermera se marchó, mientras que Regina, por su parte, se fue a sentar a unos metros de allí, como hacía siempre que Emma tenía una de estas sesiones. Le había prometido a Emma que ahí estaría, en cada etapa, para apoyarla, aunque Emma había insistido en el hecho de que no debía sentirse obligada, pero Regina quería eso por encima de todo.


Las semanas pasaban y en total fueron ocho. Ocho largas y agotadoras semanas para Emma, al igual que para Regina que ya estaba deseando ver a su bella rubia bajo su techo, hasta que un día el médico de Emma dio su acuerdo para que pudiera dejar el hospital.

«¡Finalmente!» dijo sintiendo en sus pulmones el aire de libertad cuando traspasó la puerta.

«¿Quieres que demos un paseo antes de volver a casa?»

«Es tentador, pero…digamos que tengo otra idea en la cabeza…» susurró avanzando hacia Regina, con una mirada depredadora en los ojos

«Nonono….» dijo ella mientras retrocedía y levantaba sus brazos a altura de su pecho «Ni hablar. Te veo venir. El médico ha dicho que todavía necesitas reposo, no porque hayas salido quiere decir que puedes cometer locuras»

«¡Como si fuéramos a subirnos en una montaña rusa! Aunque…pensándolo bien…hay algunas posiciones que producen algo parecido…»

«Emma» dijo ella en tono autoritario «No haremos nada, ni esta noche, ni de momento, hasta que el médico lo autorice»

«Venga, ya , ¿en serio? ¡Regina, hace casi nueve semanas! Estoy que me subo por las paredes…» dijo bajando ligeramente el tono y mirando inconscientemente a su alrededor

«Mi amor…» respondió Regina caminando hacia ella para poner una mano en su mejilla «Lo deseo, al igual que tú, pero no quiero que vuelvas a poner un pie en ese hospital. Prefiero esperar un poco, el tiempo de asegurarnos que de verdad estás bien, ¿comprendes? Si alguna vez…si vuelves a estar mal por mi culpa o…no sé…yo…»

«De acuerdo…lo he comprendido»

«¿Estás segura?»

«Claro…» dijo abrazándola «Tienes tanto miedo de darme un codazo en el momento en que te haga correrte que prefieres abstenerte…pero son cosas que pasan, mi amor» dijo ella riendo mientras la morena la empujaba

«Eres increíble…»

«Venga, ¡bromeaba! Y además, me amas como soy, ¿no?»

Ante la expresión confiada de Emma, Regina reviró los ojos antes de decir que sí con la cabeza.

«Bien, dame un beso entonces…gruñona…»

Regina se acercó antes de pararse en seco

«¿Gruñona? ¿De verdad? ¿Soy yo la gruñona de la historia cuando eres tú quien desde hace semanas no dejas de poner mala cara porque me niego a cualquier cosa que sea un poco más…atrevida…?»

«Bueno, de acuerdo…soy yo la gruñona. Lo admito. ¿Contenta?»

Regina la miró con expresión desinteresada, pero victoriosa antes de sonreír.

«Y además, no es mi culpa si me vuelves loca. ¡No es mi culpa si tus curvas son perfectas para posar mis manos en ellas, mira!» dijo poniendo sus manos en la cintura de la morena, provocándole una ligera sonrisa divertida «Y tu perfume, ¿qué puedo hacer si mi nariz nunca ha olido algo tan bueno y que he echado tanto de menos? ¡Ah, y también mis ojos! En cuanto estás en mi campo de visión, ellos no te ven sino a ti, incluso cuando estoy mirando a otro lado, siempre logro verte, sin quererlo. ¡Y tus labios…sí, venga, hablemos de tus labios! Porque pasa algo igual que con mis manos, nuestros labios encajan perfectamente» acompañó sus palabras con el gesto y la morena puso una mano en su mejilla y la otra la deslizó por los hombros de su compañera para perderse en su cabellera «¿Ves?...No miento…»

«Te amo…» susurró la morena iniciando un nuevo beso.

Emma sonrió pegada a los labios de Regina y pasó sus manos por su espalda.

«Yo también te amo»

Se quedaron algunos segundos enlazadas antes de pegar sus frentes, la de la una contra la de la otra.

«Bien, entonces te propongo una cosa» continuó la rubia

«Te escucho»

«Bueno, esta noche, Henry, tú y yo salimos. Os llevo a cenar

«Hmmm, tentador mi amor…pero esta noche Henry duerme en casa de uno de sus compañeros y tú no puedes conducir, te recuerdo…» dijo ella ligeramente divertida

«¿Y? ¿Tú crees que eso me detiene? Las compañías de limusina existen…Y bueno, con Henry iremos a comer otro día. Aunque me hubiera gustado que estuviera con nosotras en mi primera noche lejos de aquí…» dijo mirando al hospital de arriba abajo.

Regina sonrió al confirmar una vez más cuánto amaba Emma a su hijo.

«¿Entonces, sí?» preguntó Emma sacándola de su ensoñación

«Sí…» dijo ella antes de besarla otra vez.

«Bien, ahora que has dicho que sí, ¿no te eches atrás, eh?»

«No…¿por qué haría eso?»

«Bueno, porque solo te he explicado la primera parte. La segunda es que para que tú y yo salgamos, es necesario que nos pongamos guapas, ningún problema, me dirás. Y para ponernos guapas será necesario primeramente darse un buen baño y…sabes hasta qué punto un baño es bueno para mi restablecimiento…» dijo ella moviendo las cejas varias veces, una sonrisa traviesa en los labios

Regina estalló a reír ante los esfuerzos de su amada y se pasó la lengua por los labios antes de mover la cabeza de izquierda a derecha.

«Eres una perversa. Adicta al sexo. Tu libido no tiene límites…»

«¡No es mi culpa, sino la tuya! Y te hablo muy en serio. Nunca había tenido tantas ganas de hacer el amor antes de conocerte, y fue peor la primera vez que lo hicimos. Me pregunté si lograríamos parar un día»

Regina rio de nuevo, pero Emma mantuvo se expresión seria.

«No, de verdad…no bromeo Gina» ella miró alrededor de ellas para ver si alguien podía verlas y habló más bajo mirándola a los ojos «Nunca he sentido eso…el sexo contigo…no es eso. En fin, no es solo sexo. Cuando lo hacemos…hay ternura, pasión, calidez, es tranquilizador y además también hay amor…Así que sí, estoy enganchada, ¡es verdad! Pero es algo bueno, ¿no? Eso prueba que te deseo…en cambio tú…tengo la impresión de que me rechazas amablemente porque…»

«Como lo digas, te doy una bofetada»

«¿Decir qué?»

«Sabes muy bien por qué te rechazo. Primera razón, ni hablar de hacerlo en el hospital, donde cualquier puede entrar como un torbellino. Segunda, no quería que el esfuerzo después te trajera alguna secuela…pero por supuesto que aún te deseo, ¡menuda cuestión! Te amo Emma, y quiero pasar el resto de mi vida amándote tal como eres. Y no porque…no hagamos el amor…quiere eso decir que ya no te ame, o que ya no tenga deseo o que tú no me atraigas, ¡está claro!»

«Sí, jefa…pero el resultado es el mismo…porque supongo que es no para lo del baño, ¿verdad?»

«¿Crees que es fácil para mí rechazarte cada vez? ¿Crees que yo no estoy tan necesitada como tú? ¡No porque no lo demuestre como tú significa que no lo esté! Emma…es por tu bien»

«Solo hablaba de un baño…pero bien, así sea. Venga, vamos, ¡vamos a buscar al gamberrete!»

Le dejo un furtivo beso en sus labios antes de abrir la puerta para que la morena se sentara tras el volante; ella rodeó el coche y se sentó el lado del pasajero.

Al llegar al apartamento de David, Emma, que tenía la llave con ella, abrió la puerta sin tomarse la molestia de tocar.

«Ufff…aún está vivo…» susurró Emma hablando del muchacho cuando lo vio sentado en el sillón jugando a la consola con David.

«¡Emma!» dijo mientras echaba a correr hacia su dirección, pero Regina se interpuso para amortiguar el choque.

«Con suavidad, Henry»

«Oh, sí, perdón, Emma…» dijo bajando la cabeza

«¡No pasa nada, crápula! Bien, ¿cómo estás?»

«¡Super bien! ¡Le he ganado a David tres veces hoy! Y tú, ¿cómo estás? ¿Has salido del hospital de verdad?»

«¡De verdad, de verdad, sí, señor!»

«¡Genial!» dijo abrazándola delicadamente bajo la sonrisa tierna de la morena mientras David se unía ellos.

«Hmmm…¿cómo es eso de "aún está vivo"? ¿Qué insinúas, eh?»

«¡Oh, no te enfades!» dijo la rubia «¡Bromeaba! Sabemos que te ocupas muy bien de él, sino, créeme, nunca habría venido» continuó ella riendo ligeramente seguida de Regina y finalmente por David.

«Bien, ¿queréis algo de beber?»

«Un vaso de agua para mí, gracias» dijo Regina antes de sentarse en la mesa de comedor del rubio.

«Ok, ¿y tú, Emma?»

«Bueno, una cerveza bien fría, si tienes, por favor»

«¡Marchando!»

«Ven, Emma, voy a enseñarte cómo ahora me he hecho más fuerte» dijo el pequeño sujetando a la rubia por la mano y llevándola al sillón.

Dos horas más tarde, los tres se marcharon despidiéndose de David, y se encaminaron a la mansión. Una vez en su casa, Henry fue a buscar la pequeña mochila de viaje que había preparado para ir a quedarse en casa de uno de sus amigos, aprovechando las vacaciones de Semana Santa para divertirse, después volvió al coche donde Regina y Emma lo esperaban. Lo llevaron a unas casas más lejos de allí y regresaron.

Una vez atravesado el umbral, Regina cerró la puerta, ayudó a la rubia a quitarse la chaqueta y le dejó un tierno beso en la nuca.

«¿Con o sin espuma el baño?» dijo con una voz grave, despertando los sentidos de la rubia

«Con, por supuesto»

«Muy bien, en ese caso, vete preparándolo, yo voy a buscarnos algo para beber…»

Regina la volvió a besar, pero esta vez, lo hizo en los labios, casi temblando ella también por la excitación de la rubia, antes de darse la vuelta y dirigirse a la cocina, bamboleando las caderas en el punto justo.

Emma, que se había quedado con la boca abierta, se quedó unos segundos en esa posición antes de mover la cabeza y dirigirse hacia las escaleras y subir. Al llegar al cuarto de baño de la morena, Emma hizo correr el agua más caliente que templada, echó los aceites perfumados y el gel espumoso.

Por su parte, Regina, que se había eclipsado en la cocina, subió las escaleras, algo ansiosa. Ansiosa, pues desde hacía varias semanas, ella y Emma no se habían tocado. Había enterrado su deseo en lo más profundo de su ser, pues Emma era cada vez más insistente. Aunque en cierta manera el hecho de que Emma lo demandara hasta ese punto la halagaba, se había negado por el bienestar de Emma sobre todo.

Así que tenía miedo, cuando ella se acercaba peligrosamente, tenía miedo de no ser capaz de controlar sus pulsiones, sus gestos, tenía miedo de herir a Emma de alguna manera y si eso ocurría, ella lo sabía, no se lo perdonaría a ella misma en toda su vida.

Llegó a la habitación, escuchó a lo lejos que Emma había cerrado el grifo, así que pasó su cabeza por la puerta, y vio que la rubia comenzaba a desvestirse. Sus vaqueros, sus calcetines, su top, sacando primero un brazo, después el otro, con prudencia para no hacer un movimiento brusco, después su sujetador y finalmente sus braguitas. ¡Dios, qué visión más erótica para Regina! Emma se ató el cabello con un elástico antes de deslizarse delicadamente en la inmensa bañera, a su ritmo para acostumbrar la piel a la temperatura del agua.

Regina, que se mordía su labio inferior, se restableció y entró en el cuarto de baño.

«¿Champán? ¿Qué celebramos?» preguntó Emma con una sonrisa ladeada

«Tu vuelta, por supuesto» respondió con naturalidad la morena dejando la botella y las dos copas de cristal en el borde de la bañera, al lado de Emma.

Regina se desvistió, a su vez, ante la mirada, cargada de deseo de Emma, quien no había podido evitar lamerse sensualmente los labios mientras admiraba el espectáculo que se le ofrecía.

Regina sonrió maliciosamente ante eso, levantó una pierna para hundir sus pies en el agua templada. Hizo lo mismo con la otra pierna antes de sentarse, apoyando su espalda en el torso de Emma.

La rubia no tardó en posar sus manos en el vientre de su amada y en besarle el cuello mientras que esta intentaba, con algo de dificultad, coger la botella. Sirvió el líquido en las dos copas, y alcanzó una a su bella compañera. A continuación agarró un pequeño mando negro que estaba cerca del gel, tocó dos botones y la música comenzó a escucharse, la canción "Something stupid" de Frank y Nancy Sinatra comenzó a oírse por toda la estancia.

«Hmmm, perfecto…» dijo la morena cerrando los ojos, deleitándose con el ambiente y los ardientes besos de Emma.

«Yo no lo hubiera dicho mejor…» susurró Emma antes de subir sus besos hacia la mandíbula de la morena.

«Por tu regreso, mi amor» murmuró Regina, y se dio la vuelta, poniendo su copa a la altura de sus rostros.

«Por nosotras…» dijo Emma chocando suavemente su copa con la de la morena.

Después de un refrescante sorbo, se besaron tiernamente, antes de que la rubia tomara sus copas, las dejara a un lado y reposara sus manos sobre el abdomen de Regina.

Regina cerró los ojos, posando su cabeza sobre el hombro derecho de Emma, ofreciéndole su cuello para que esta diseminara por su piel nuevos y tiernos besos.

Emma subió una de sus manos hacia el pecho de la morena mientras la otra descendía peligrosamente hacia su intimidad, rozándola antes de acariciarla cálidamente.

«Lo había echado de menos…» susurró la rubia lamiendo la dulce piel de Regina, ascendiendo por detrás de su oreja para succionarle delicadamente el lóbulo.

Regina gimió silenciosamente mientras subía una de sus manos para pasarla por detrás del hombro izquierdo de la rubia, y dejarla en su nuca y así acentuar la sensación de los labios de esta en su piel.

Mientras una de las manos de Emma masajeaba sensualmente uno de los pechos de la morena, endureciendo su pezón, antes de pasar al otro, su otra mano no dejaba de acariciar la intimidad de la morena, pellizcando su clítoris con su pulgar y su índice, mientras que los restantes dedos separaban sus labios íntimos para dejar que su dedo corazón pasara las fronteras de su deseo mientras a Regina le costaba cada vez más controlar su respiración.

Emma comenzó un movimiento de vaivén en el interior de la vagina de la morena, esta hundía sus dedos en la cabellera dorada de Emma, haciéndole comprender que lo que le estaba infligiendo le proporcionaba un loco placer.

Emma aceleró el movimiento de sus penetraciones mientras Regina sentía como su liberación llegaba.

«Sí…sigue…» murmuró Regina, su respiración entrecortada, haciendo sonreír a Emma, que sentía en su bajo vientre esa sensación de bienestar creciendo poco a poco.

Emma continuó sin pararse, yendo y viniendo en Regina, mientras su pulgar dibuja círculos sobre el clítoris de la morena, haciendo subir su temperatura corporal algunos grados más.

Y cuando la canción terminó, Emma susurró "I love you" mientras Regina se deleitaba con ese orgasmo que la sobrecogía en ese mismo momento.

Emma retiró sus dedos lentamente, continuó besando el cuello de la morena, mientras que sus dos brazos rodearon el vientre de la que amaba.

«Te amo…» susurró Regina antes de girar su rostro hacia el de la rubia para besarla con ardor.

Se quedaron algunos minutos en ese baño, que ahora se había convertido en un nuevo testigo de sus retozos, antes de salir para prepararse para esa romántica noche.


Los días y las semanas pasaron. En total, habían transcurrido tres meses desde que Regina y Emma habían sido secuestradas. Emma estaba ahora completamente restablecida, el mandato de la alcaldesa estaba a punto de acabar, Henry había acabado el curso y pasaría de etapa a la vuelta del verano.

Graham recibió por parte de la ciudad la medalla al honor por haber salvado a Emma y a Regina, al principio se había negado, pero Regina y Emma habían sido categóricas, sin su ayuda, ellas no habrían salido de aquello, así que acabó por aceptar y eso le valió una promoción y un nuevo grado.

Ruby había salido del armario de una vez frente a su familia y aunque su abuela seguía escéptica, no pudo sino alegrarse al ver a su nieta feliz en los brazos de su compañera, Belle. Pues durante el ingreso hospitalario de Emma, las dos mujeres se habían acercado considerablemente, hasta que llegó el día en que Ruby se atrevió finalmente a invitar a la pelirroja a cenar, lo que esta aceptó con las mejillas enrojecidas. Así que paseaban su perfecto amor desde hacía poco más de dos meses, así como David y Mary que también se habían aproximado….hasta el punto de quedarse a dormir ya en casa de él o en casa de ella, prácticamente no se separaban, salvo cuando Mary tenía que ir al trabajo.

Y hablando de trabajo, Emma y David estaban ahora, oficialmente, en paro, ya que su jefe estaba detenido gracias a la declaración de Cora, la madre de Regina, así como Leopold y George Starck. Este último había intentado, a toda costa, desmentir las acusaciones de la policía el día de su arresto, pero Leopold, rechazando caer él solo en lugar de su primo, dio todas las pruebas que tenía para ponerlos a todos tras los barrotes sin posibilidad de salir bajo fianza. Todos estaban detenidos hasta que se celebrara el juicio que tendría lugar en el mes de octubre.

Regina había hecho su anuncio oficial debido a la publicación de unas más que evidentes fotos de ella y Emma besándose en un parque. Los periodistas no se cortaron a la hora de hacerle preguntas indiscretas, pero Regina se mantuvo muy clara ante el hecho de que eso entraba dentro de la esfera de su vida privada. Y para su sorpresa, su cota de popularidad había aumentado, conmoviéndola en gran medida.

«¿Hey, Henry?» dijo Emma mientras este jugaba tranquilamente en el jardín «¿Puedes venir dos minutos, campeón?»

«¡Voy!»

Se levantó y se dirigió a donde estaban su madre y Emma, sentadas en la terraza degustando un té helado.

«¿Qué ocurre?» preguntó algo asustado

«¿Te acuerdas de Gaby?» preguntó su madre con una sonrisa

«Sí…» respondió él esperando comprender a dónde querían ir a parar las dos mujeres

«¿Qué te parece si mañana vamos a hacerles una visita?» propuso la rubia haciendo saltar de alegría al niño

«¡Oh, sí, bien!»

Echó a correr por el jardín, gritando «yupiiiii» haciendo reír a las dos mujeres que se daban la mano amorosamente.

«En ese caso» le corto la madre «prepara la maleta, partimos mañana por la mañana…»

«Y si no estás listo, nos vamos sin ti…»

«No haríais eso…»

«No olvides nada…» continuó la morena mientras su hijo ya salía corriendo hacia su habitación.

«Mañana tenemos que pasar por la juguetería…aún no tengo el regalo de cumpleaños de Gaby»

«¿Quieres ir a una juguetería con mi hijo? No sabía que tenías instintos suicidas…»

«¿Hasta ese punto?»

«Aunque sea mi hijo, es como otro niño cualquiera…»

«Bueno, en ese caso, voy ahora»

«De acuerdo. Pero estate de regreso en una hora, necesitaré tu ayuda para preparar la cena de esta noche»

«Prometido, mi Reina» susurró Emma inclinándose ligeramente para besar los dulces labios de la morena.


«¡Hey!» exclamaron Ruby y Belle a la vez cuando Emma y Regina les abrieron la puerta.

«Hola a las dos…» dijo Regina con una amistosa sonrisa

«¡Buenas chicas! ¿Todo bien?» saludó Emma

«¡Sí!» dijeron ellas a la vez mientras entraban en la casa

«Regina, nunca dejaré de repetírtelo, pero…adoro vuestra casa…» dijo Belle, estupefacta una vez más por la decoración.

«Gracias…» respondió ella mientras cogía la chaqueta de la pelirroja como buena anfitriona, mientras Emma se ocupaba de la de Ruby.

«Venid, David y Mary ya han llegado, están con Henry en el jardín»

Las cuatro mujeres se dirigieron entonces hacia la terraza donde estaban los demás. Henry y Mary charlaban, mientras David, el único hombre entre todas, se ocupaba de la barbacoa.

«¡Hola chicas!» dijo este último mirando a sus dos amigas.

«¡Hola!»

Henry estaba en las nubes, nunca había habido tanta gente en su casa y aparte de David, ¡no estaba sino rodeado de mujeres!

«Ruby, ¿sabes qué?» le preguntó a la morena que avanzaba hacia él para darle un beso «¡Mañana mamá, Emma y yo nos vamos de vacaciones!»

«¡Pequeño con suerte, eh!» dijo ella despeinándolo bajo la mirada enternecida de Regina y Emma, mientras esta se acercaba para pasar sus brazos por la cintura de la morena.

«Te amo…» susurró la rubia estrechándola amorosamente

«Yo también la amo, señorita Swan…» dijo ella antes de darse la vuelta y depositar un dulce beso en los suaves labios de Emma.

A continuación miraron hacia la escena que se les presentaba delante. Los amigos y sobre todo el pequeño Henry, sonrientes y felices por estar juntos en esa pequeña reunión "familiar"

Al acabar la cena, Emma se eclipsó apareciendo unos minutos más tarde.

«¡Hey, chico!» le gritó a Henry y este se giró hacia ella «Tengo una sorpresa para ti…»

El muchacho se acercó a ella, la curiosidad en su rostro.

«Es para que estés entretenido durante el viaje de mañana…» dijo ella ofreciéndole una consola portátil último modelo.

«No…¿en serio?» pregunto él con los ojos fuera de sus órbitas al ver el regalo

«Sí…espero que te guste. Si no te gusta el color, aún podemos cambiarla…»

«¡No, es perfecta! ¡Oh, gracias, Emma!» dijo dándole un abrazo para darle las gracias «¡Eres la mejor madrastra del mundo!»

«¿Madrastra? No me llames más así, por favor…» susurró ella ligeramente incómoda

«¡Hey, David, mira!» gritó mientras corría hacia el rubio para enseñarle su nuevo juguete mientras Regina, Mary, Belle y Ruby reían.

«No sé qué tiene de gracioso…» dijo Emma mientras retomaba su sitio al lado de su compañera.

«¡Oh, Emma, deberías haber visto tu cara cuando él dijo "madrastra"!» dijo Belle que se sujetaba la barriga de la risa.

«Bueno, ¿qué?...es raro… nunca me ha llamado así…»

«Sin embargo, no anda equivocado» continuó Mary sonriendo amablemente

«Tiene razón, mi amor…»

«¡No, no es verdad! ¡Técnicamente aún no soy su madrastra! ¡Que yo sepa tú y yo aún no estamos casadas!» le dijo a Regina, mientras cruzaba sus brazos bajo su pecho, haciendo sonreír a las mujeres que estaban a su lado.

«Aún no, eh…» subrayó Ruby guiñándole un ojo

Emma se sintió atrapada y ya no se atrevió a decir nada más, mientras su compañera sonreía aún más.

«Te estamos tomando el pelo, mi amor…» susurró Regina antes de besar sus labios.

«Ya…»

«¡Venga, Emma, era para reírnos un rato!» dijo Ruby mientras cogía una patata de la bandeja que se encontraba en el centro de la mesa «Pero, bueno…si tu dices "aún no", eso quiere decir que próximamente sí, o…»

«¡Ruby, cierra la boca!» soltó fríamente la rubia haciendo reír más a sus amigas, mientras Regina enrojecía ligeramente.

A final de la velada, los invitados se marcharon y Henry ya se había ido a la cama, Emma ayudaba a Regina a limpiar los platos que aún quedaban de la cena. Mientras, Regina observaba en silencio a Emma, y no pudo evitar ver cómo esta parecía estar reflexionando.

«¿En qué piensas?» preguntó sacando a la rubia de sus pensamientos

«Hmmm, en nada…» dijo ella sonriendo y moviendo la cabeza

«Piensas en lo que ha dicho Ruby, ¿verdad?»

«Deduzco que lo mismo te pasa a ti»

«Confieso que también me ha dejado pensativa»

«¿Estarías a favor? Quiero decir…¿tú y yo…delante de un altar…con un traje blanco?»

«Por supuesto…si tú lo estás no veo por qué habría de estar en contra. Después de todo, mi vida nunca había sido tan hermosa antes de conocerte»

«Eres de memoria corta, se diría»

«No hablo de eso…sino de nosotras. De nosotras dos y de la familia que hemos creado con Henry. Y además, el matrimonio homosexual está reconocido en California…»

«Ah…ya veo…no es la primera vez que piensas en ello, ¡confiesa!»

«¡Culpable!» dijo ella con una sonrisa mientras Emma posaba sus manos en sus caderas para acercarla a su cuerpo.

«Bien, yo también me declaro culpable…»

«¿De verdad?»

«Sí…solo que…con todo lo que ha pasado…digamos que me dije que era mejor esperar antes de hablar de ello, ya sabes. En fin, quiero decir… que no tenemos prisa…¡tampoco digo que nos casemos dentro de 20 años! Pero ahora que nos hemos creado nuestra rutina, que sin duda vas a ser reelegida en pocas semanas, que yo aún tengo que encontrar un trabajo…sin hablar del juicio de esos locos…quizás podemos esperar a que todo acabe antes de pensar en serio en ello, ¿no crees?»

«Sí…tienes razón» dijo con una sincera sonrisa «Como dices, nada nos mete prisa…Tenemos todo el tiempo…»

«¡Perfecto! Y además entre nosotras, no necesitamos eso para amarnos, ¿no es verdad?»

«En absoluto»

«Muy bien, porque en ese caso, te propongo que subamos, que te quites delicadamente, pero con presteza tus ropas…para mostrarte hasta qué punto te amo»

«Causará mi pérdida, señorita Swan…»

«¡Jajajajajaja!» se echó a reír antes de besarla apasionadamente.