Les deseo la mejor de las navidades. Aquí este pequeño especial de 10,018 palabras. :D

Y gracias a Gaby channi por la información de ciertos temas que se toca en el capítulo.

Que lo disfruten.

ESPECIAL:

Mi pasado, mi futuro.

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Año 2001: Hosten Área 2

Gritos, acusaciones, malas palabra…

Astrid Hofferson, de 5 años de edad, presenciaba oculta entre las sombras una discusión entre sus padres, espiando sigilosamente por la pequeña apertura de la puerta de la habitación.

— ¡Me estoy cansando de esto! ¡No es la vida que me prometiste!

— ¡¿Qué más quieres?! Tenemos una hija, una casa, una buena vida económica. ¡¿Qué es lo que te hace falta mujer?!

— ¡Libertad! Me canso de estar en esta casa encerrada, sólo cuidando a Astrid, ¡quiero salir más! A comparación de ti que te vas a trabajar y después te vas con tus amigotes.

— ¡Sabes que eso no es cierto! Sólo lo dices porque salí el viernes con ellos, ¡FUE UN DÍA! Mientras ¡TÚ! Dices cuidar a Astrid y ese día tuve que llegar y darle de cenar ¡porque ni eso sabes hacer!

La pequeña se retiró de la puerta acongojada, caminando hacia su habitación emitiendo ligeros gimoteos que trataba de reprimir en su boca mientras trataba de alejarse del ruido que causaban los gritos de sus padres. No pasaba desapercibido por ella que sus progenitores peleaban con más frecuencias; que su madre la descuidaba demasiado y que su padre siempre optaba al final por consolarse con la bebida.

A veces prefería estar en el jardín de niños, donde se entretenía con sus compañeros, o en la pista de patinaje, donde meses atrás empezó su entrenamiento, ese lugar donde podía ver a sus padres tranquilos (de acuerdo a quien le tocara cuidarla) no como su casa, que se volvía un averno en cuanto los gritos y reclamos por la cosa más insignificante empezaba.

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—Algún día quiero ser como Storm Mcfly. — Astrid admiraba maravillada la imagen en el televisor, donde una patinadora rubia y joven de 15 años de edad se adentraba al centro de la pista de hielo para comenzar con su rutina.

—Algún día lo serás. —Motivó Axel con una sonrisa.

La pequeña le sonrió devuelta, sin embargo el momento feliz padre—hija se vio interrumpido el bufido quejumbroso de Erin, la madre de Astrid.

—Come rápido, te tengo que llevar al jardín de niños.

La pequeña obedeció a su madre y comió con voracidad, lo menos que quería era ser regañada, mientras que Axel reprochaba la fría actitud de su esposa para con su hija. Erin al notarlo dio un gruñido molesto, no queriendo tolerar una discusión mañanera, tomó a Astrid de la brazo y la arrastró con ella sin permitirle terminar con la comida. El hombre furioso con aquella escena, golpeó la mesa con dureza, haciendo que los trastes y el florero que había encima se cayeran. La mujer haciendo caso omiso a Axel, continuó jaloneando a Astrid hacia la entrada de la casa

—Toma tus cosas y sube al auto. —Ordenó.

Rápidamente Astrid tomó su mochila, la lonchera y un morral en donde guardaba sus patines; salió presurosa de la casa y se metió en el auto, no quería volverlos a escuchar gritar.

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— ¡No tienes por qué tratarla así!

— ¡Es mi hija y la trato como se me dé la gana!

— ¡¿Qué te ha hecho?! ¡¿Qué te he hecho yo para que te comportes así?! —Reprochó Axel al borde la histeria.

— ¡ODIO MI VIDA! —gritó furiosa. —A ti se te hace bien porque eres casi un cuarentón, ¡pero yo! tengo 26 años y quiero ¡salir, divertirme, conocer a más personas!… quiero… quiero…

— ¡Nunca te importó mi edad cuando empezamos a salir! Y ¡sabías a lo que te atenías cuando quedaste embarazada! ¡Yo te quiero y tú aceptaste casarte conmigo! ¡¿POR QUÉ EL CAMBIO?!

— ¡PORQUE ESTOY ENAMORADA DE OTRA PERSONA! —Confesó Erin sin remordimiento alguno, dejando completamente atónito a su marido. —Y lo amo… Axel, quiero el divorcio

Dando su argumento final, la mujer caminó silenciosamente hacia la puerta tomando su bolso antes de salir. —Dejaré a Astrid en la pista de patinaje, ve por ella a las 5 de la tarde.

Erin se retiró dejando a Axel en un estado de shock. El sonido de la puerta cerrándose lo hizo parpadear y salir del trance, aun así no fue capaz de moverse un centímetro, no fue hasta que escuchó el sonido del auto marchándose que se desinhibió; en ese momento enloqueció, herido del corazón, destrozó todo lo que había en la casa mientras se ahogaba en su dolor, decepción y en el alcohol.

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—Astrid te llevaré al jardín de niños, luego iré por ti para llevarte a comer y pasear para después ir a la pista de patinaje. ¿Te parece?

A la niña se le hizo extraña tanta amabilidad de parte de su madre, pero de cualquier manera aceptó la proposición, se puso contenta de sólo pensar que pasaría un día divertido junto a ella.

OOOOOooooOOOO

Área 3 Hosten.

Un padre y sus dos hijos estaban eufóricos ante el juego de hockey de las competencias de los juegos del deshielo. El equipo que apoyaban acababa de fallar un tiro, por lo que sentían la frustración por lo escasos minutos que quedaban para que finalizara el juego.

— ¡¿Cómo pudo pasar eso?! —Exclamó Stoick incrédulo

—Lástima, pero te dije que desde esa posición fallarían. —observó Hiccup de 12 años con inteligencia.

—Como me gustaría ir allá y decirles cómo se juega. —Se quejó Tannlos de 10 años de edad.

— ¡Bah! Ya perdieron, mejor vámonos a la escuela o se nos hará tarde.

Hiccup se levantó del sofá sin darle mucha importancia a los resultados del juego, se quitó sus gafas cuadradas de armazón grueso color café y los limpió con un trapito para una mejor visión. Mientras su padre y su hermano menor se quejaban de los resultados del juego, preparó su mochila, sólo dejando afuera un grueso libro de autos de carrera.

— ¡Andando Tannlos!

— 5 minutos, Hiccup. ¡Por favor! —Rogó el menor. —Sólo para ver cómo termina.

El castaño resopló exhausto, no podía ignorar la petición de su hermanito así que tomó asiento junto a este y su padre para ver el final del juego, siendo acompañados también por su mascota Toothless, una gato de 10 años color negro.

— ¡Será posible ir allá y decirle lo mal que juegan! —se volvió a quejar Tannlos con molestia.

—Deberías escribirles. —Recomendó Stoick sin quitar su vista del televisor. —Escríbeles que un mejor entrenador no les haría mal.

— ¿Y crees que la lean?

—Yo creo que no. —Contestó Hiccup. —Tal vez si fueras algo así como un crítico, comentarista o reportero, tal vez así sí te prestarían atención.

— ¿Un reportero? —Fue la palabra que más le llamó la atención al menor. — ¿Esos que hablan con los deportistas y luego escriben sobre eso en los periódicos o revistas?

—Así es, ellos hacen eso, y si eres buen observador puedes hacer una crítica constructiva y una buena nota.

— ¡Ahhh! Nunca les he puesto atención a esas notas, pero me gusta ver las fotografías.

— ¿Sabías que hay una especialidad en fotoperiodismo? —preguntó Hiccup con fascinación, Tannlos negó con la cabeza, no tenía la menor idea de lo que hablaba su hermano, pero cuando este le explicó de que se trataba quedó fascinado con la profesión.

— ¡Ahhh, yo quiero hacer eso! Seré…

El sonido de la campana que indicaba que el juego había terminado los distrajo. Tannlos gritó consternado ya que no vio el final del juego por estar hablando con su hermano.

—Lastima. —Se lamentó Stoick echándose hacia atrás en el sillón, sin embargo rápidamente cambió su semblante dejando al fan de hockey para ser el padre de familia. — ¡niños, a la escuela!

— ¡No, me perdí el final!

Tannlos le arrebató el control remoto a su padre y empezó a cambiar los canales, esperando que uno de estos hubiera una repetición, pero no había nada más que otras competencias de invierno.

— ¡Tannlos Haddock! —Regañó Valka, desde la entrada intimidando a todos los hombres. Se acercó a su hijo menor y le quitó el control remoto. — ¡A la escuela! —Ordenó señalando la puerta.

Hiccup dando risitas sarcásticas y Tannlos cabizbajo abandonaron la casa Haddock, dejando a sus padres solos en la sala; mientras tanto en el televisor se quedó en el canal donde la joven Stormfly ganaba los juegos del deshielo.

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Y tu Hiccup, ¿qué quieres ser cuando crezcas? —Preguntó Tannlos mientras caminaban balanceándose por la orilla de la banqueta.

—Yo quiero…—Hiccup sonrió y apuntó con su dedo índice al cielo para que su hermano lo observara.

— ¿Quieres ser una nube?

— ¡No tonto! ¡Quiero ser piloto! Construir mis propios aviones, ¡quiero volar!

— ¡Ahhhh! Yo también quiero volar, pero de vacaciones. —Bromeó. — ¿Y qué necesitas estudiar para hacer eso?

Hiccup se ajustó las gafas que se le estaban cayendo, mientras pensaba en la respuesta. —Creo que ingeniería en aeronáutica.

—Suena a que es muy difícil.

—Sí, eso creo. Pero falta aún para que decida que quiero hacer en la vida, por lo pronto haré un prototipo de auto de carrera con un amigo. ¿Quieres ayudar?

— ¡sí! ¿Puedo conducir? —preguntó emocionado.

—Claro que sí.

OOOOOoooooOOOOO

—Mamá, ¿te quedarás a la práctica de patinaje?

Astrid estaba realmente entusiasmada, había pasado un agradable día en compañía de su madre a pesar de la seriedad de esta.

—Lo siento Astrid. —Dijo la mujer poniéndose a su altura, tomándola por los hombros. —Como sabes, papá y mamá están separados, a partir de ahora vivirás sólo con tu papá.

— ¿A dónde irás? —preguntó sin entender.

—No hagas preguntas. —Respondió Erin con la voz entrecortada. —Cuando termine la práctica tu papá vendrá por ti.

Erin se reincorporó e incitó a Astrid a entrar en la pista, una vez que la vio entretenida en el hielo se alejó discretamente; con el corazón acongojado pero decidido, la madre de Astrid huyó con su amante que la esperaba afuera de la pista, dejando atrás a su hija.

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Astrid patinaba desganada, pensando en lo que le había dicho su madre, no prestaba atención a lo que la instructora de patinaje decía, sólo pensaba en sus padres y en lo mucho que deseaba que se reconciliaran; fue entonces que con una determinación que jamás había tenido, se propuso a hacer el mejor salto de su corta carrera con la idea de que si lo lograba haría sentir a sus padres orgullosos, tanto que volverían a estar juntos como una familia. Fue entonces que se impulsó para saltar, logró hacer una vuelta completa pero al aterrizar cayó irremediablemente.

Su instructora, sus compañeros de patinaje, observadores y padres de familia presenciaron con asombro el casi perfecto salto, sin embargo, para la pequeña había sido un salto que la defraudo por completo. Un salto que la marcaría para siempre.

La práctica terminó una hora después, cada niño y niña se fue retirando con su respectivo padre o madre, mientras que Astrid esperó pacientemente sentada en una de las banquitas. De repente un hombre de cabello rubio, y una mujer de cabello rojizo corto, ambos con un atuendo deportivo se acercaron a ella con una amplia sonrisa.

—Pequeña, ese salto que hiciste fue impresionante. —Dijo la mujer.

—Pero me caí.

—Cierto, pero hiciste algo que otros niños no han hecho, y eso que acaba de empezar el entrenamiento. —Comentó el hombre impresionado.

— ¿Esperas a alguien? —preguntó la mujer con interés.

—A mi papá, no debe tardar en llegar.

— ¡Oh! Entonces nos vamos, pequeña. —se despidió la mujer, conforme de saber que la niña estaría bien. —Soy Mary, y mi esposo Tom. —se presentó antes de retirarse

—Astrid Hofferson. —Alzó su mano para saludar apropiadamente y la mujer la estrechó amigablemente.

Los adultos se retiraron dejándola nuevamente sola, la instructora de ella se tuvo que quedar, pues su responsabilidad era asegurarse que sus alumnos se fueran con sus padres, sin embargo, las horas pasaban y ni la madre ni el padre de Astrid aparecieron. La angustia invadió a la pequeña más al enterarse que su instructora había llamado a su casa y nadie respondía.

—Lo siento Astrid, tendré que notificar a las autoridades.

La niña sólo permaneció en silencio, rezando porque cualquiera de sus padres llegara por ella. Más sus plegarias no fueron escuchadas. Quien había ido por ella era la policía, quien no le dio detalles de la ausencia de sus padres y sólo la llevó a un albergue en lo que se investigaba su situación.

Tardó meses en comprender que su madre la había abandonado y que su padre se había perdido en el alcohol que no le permitieron quedarse con él.

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Llevaba medio año viviendo en el albergue, había cumplido 6 años en aquel lugar donde se encontraban más niños en la misma situación. Si antes le hartaba escuchar a sus padres gritar ahora se le hacía desgastante escuchar a los niños llorar, hacer berrinches o cualquier escándalo por un juguete.

No tenía nada ni a nadie; no había visto a su papá en meses desde que lo habían declarado de incompetente y de su madre no sabía absolutamente nada. Las cosas que llevaba el día que llegó albergue se las quitaron, incluido los patines que su padre le había regalado, y la lonchera que le había dado su madre, con eso sintió que le quitaba un recuerdo de ellos. Estar en aquel lugar la hacía sentir que no era dueña de su vida, que era propiedad de las autoridades que siempre le decían que hacían las cosas por su bien.

— ¡Astrid! —La llamó la licenciada encargada del albergue. Sin entusiasmo alguno, la pequeña se acercó a esta. —Buenas noticias Astrid. —Dijo la mujer, ilusionando a la niña, quien pensó que su padre había vuelto por ella. — ¡Te hemos conseguido a unos tutores!

La sonrisa se le borró del rostro, le habían explicado sobre las adopciones , tutores, y de lo que trataba, de inmediato supo que viviría con una familia que no era realmente su familia. De mala gana fue conocer a sus "nuevos" padres, llevándose la sorpresa de que eran aquel hombre y mujer con los que había conversado el día que sus padres la abandonaron.

—Oh, Astrid! —La mujer como si la conociera demasiado, se acercó y la abrazó maternalmente.

—Sra. Mary ¿usted?

—Sí, nosotros te adoptamos, nos conmovió tu situación y peleamos para que te dejaran ser parte nuestra familia. ¿Qué te parece?

Astrid trató de sonreír ante los esfuerzos que había hecho el matrimonio; le parecían buenas personas pero eso no le quitaba de la cabeza que ella ya tenía un papá y una mamá, pero no podía hacer nada, ellos serían su nueva familia.

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—Volverás a patinar. —Avisó Mary feliz. — ¿Te gustaría?

— ¡Sí, claro que sí! —Respondió Astrid emocionada con la idea.

Mujer y hombre se sonrieron entre sí al escuchar el entusiasmo de la niña, pues tenían muchos planes para ella.

Mary y Tom, eran busca talentos que entrenaban a un grupo de patinadores jóvenes, entre ellos a Astrid, a la que le vieron gran potencial y talento nato, y esperaban lograr con ella lo que aún no había podido lograr con sus actuales reclutas, siendo su hija adoptiva le exigieron mucho más que a los demás jóvenes; la vida de la novata patinadora a partir de ese entonces cambió.

Llevaba meses desde que había comenzado su entrenamiento el cual cada día se hacía más intenso. Mary y Tom resultaron ser padres y entrenadores estrictos que no le permitían el mínimo error, sólo "excelencia", como solían decirle cada vez que se equivocaba en algo.

— ¡Otra vez! —exigió Mary.

—No, ya me cansé… quiero descansar. —Replicó Astrid agotada en el centro de la pista.

—Podrás descansar cuando hagas un doble lutz a la perfección. —Exigió su madre con aspereza.

— ¡No puedo!... Estoy cansada y tengo hambre.

—Y te quedarás sin cenar si no me haces ese lutz. —Amenazó la frustrada mujer.

— ¡Mary! —Regañó falsamente Tom. — ¡Anda Astrid! Sabemos que puedes, si lo haces te compraré lo que quieras.

— ¡Una hamburguesa! —Pidió la agotada niña.

Tom aceptó burlón el trato, aunque por dentro gruñían, odiaba tener que negociar para obtener lo que quería. Para el grupo de jóvenes que entrenaban con ellos no pasaba desapercibido el nivel de exigencia que imponían sobre la pequeña niña, más nadie decía nada pues confiaban que eran personas profesionales y experimentadas que sabían cómo tratar a los principiantes.

Con la motivación de que podría comer una deliciosa hamburguesa, Astrid puso su capacidad física y mental para hacer el lutz que tanto anhelaban sus padres adoptivos, tomando la distancia, el impulso y la fuerza necesaria saltó girando no sólo dos veces sino tres, dejando atónitos a los jóvenes y a sus exigentes padres. Mary fue la primera en festejar y corrió a abrazar a su hija, apretándola entre los brazos, mientras que los demás presentes aplaudieron ante el magnífico salto de una niña de casi 7 años.

Después del entrenamiento, Astrid esperaba que Tom cumpliera con su trato una vez que regresaran a casa para la cena.

—Tú cena Astrid.

La aludida se regocijo en su asiento cuando su madre llegó con el platillo de la comida, más el entusiasmo se apagó al ver que sólo había lechuga con tomate y otros vegetales en el plato.

— ¿qué es esto?

—Tú cena. —Dijo Mary tomando asiento en la mesa, con un plato que tenía una ensalada igual a la de ella.

— ¿Y mi hamburguesa?

— ¡¿Estás loca?! ¿Sabes cuantas calorías tiene esa cosa? Engordaste durante tu estadía en el albergue, y hemos estado educándote en el ámbito de comer bien, ahora que hiciste el lutz es hora que te pongas a dieta para lograr saltos más altos.

La niña hizo una mueca de asco, le gustaban las verduras, pero había añorado con ansias esa hamburguesa que tanto se había imaginado; pero como no había nada más que comer y su cuerpo exigía comida por lo que conformó con lo que había en el platillo.

Pasaron las semanas y la dieta se intensificó al igual que el entrenamiento, sólo comía una pequeña porción de pollo o carne, cereales, y muchas verduras, todo medido en pequeñas porciones y toda el agua que pudiera tomar; le habían quitado de su dieta los postres, dulces y cualquier cosa que tuviera azucares. Había bajado 3 kilos en un mes y rendía mejor en el enteramiento, según Mary y Tom, pero por dentro estaba agotada. Amaba el patinaje pero conforme pasaban los días y la privaban de más cosas empezó a odiarlo tanto como empezó a detestar a sus padres adoptivos que no hacían más que hablar de la fama y el dinero que les traería la niña.

Sumándole al entrenamiento, también tenía que acudir a la escuela, hacer tareas y sacar buenas notas. Hacer todas esas actividades la hizo sentir una presión que muy apenas se desvanecía cuando dormía…

— ¡Vamos Astrid, se te hará tarde para la escuela!

Astrid bajó pesadamente las escaleras para alcanzar a su madre, que la esperaba en el auto para llevarla a la escuela. Estaba agotada, no había dormido bien y más se cansaba al escuchar las instrucciones de Mary, la cual le hablaba de las actividades del día que incluía el entrenamiento que había hecho por la mañana, que empezaba a las 5:00 , baño y desayuno de 6:00 a 7:00, escuela de 7:30 a 1:00 de la tarde, hora de comida y reposo de 1:30 a 3:00. Entrenamiento de 4:00 a 7:00 y tareas de 7:30 a 9:00 de la noche. La misma rutina 6 días a la semana, dejándola descansar el domingo. El escuchar todas esas actividades ya planeadas la empezó a marear de sobremanera.

—Te veo a la salida. —se despidió Mary dejándola en la entrada de la escuela.

Con pasos tambaleantes, Astrid fue directo a su salón, las clases empezaron con la materia de matemáticas; ver los números en el pizarrón, a la maestra explicando y preguntando a la clase más la mareó, empezó a tener doble visión y pronto la voz de la educadora se empezó a desvanecer.

— ¡Astrid! —llamó la maestra preocupada al ver a la pequeña pálida. — ¿estás bien?

Sin saber exactamente que le había dicho asintió, alcanzó a escuchar como la maestra le ordenaba acudir a la enfermería, para esta no había pasado desapercibido que su alumna había bajado demasiado de peso.

Astrid se levantó de su banco obedeciendo la orden, caminó a tientas por el pasillo de la fila de bancas que ocupaban sus preocupados compañeros, casi alcanzaba la puerta cuando sintió que ya no podía, cuando todo se volvió negro.

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Año 2004. Hosten Área 3.

El proyecto del auto de carreras no había resultado nada fácil, Hiccup de ahora 15 años de edad, tuvo que hacer trabajos de medio tiempo para poder comprar los materiales y herramientas que necesitaba. Para ganarse un poco de dinero ayudaba a su padre en su negocio ganadero que se encargaba de vender el huevo que producía su pequeña granja de gallinas, así como leche de Yak.

Stoick le había dado la oportunidad, para que aprendiera del trabajo duro y el chico aceptó sin reclamación, al final le proporcionó el pago justo por sus actividades. También apoyó a su madre en la veterinaria, bañando perros y limpiando las jaulas de los animales hospitalizados. Todo eso le enseñó al chico a valorar el esfuerzo del trabajo, así como a su familia a quien agradeció por aquellas oportunidades.

Después de cierto tiempo, ya tenían todo listo para empezar a armar el auto junto a su equipo se conformaba de su hermano y su mejor amigo Alberick, un compañero de escuela de cabello negro y ojos azules que era igual de inteligente que él y que también había cooperado con dinero en el proyecto. Uniendo sus habilidades e inteligencia habían logrado armar todo el prototipo de auto de carreras.

— ¿Listo Tannlos? —Preguntó Hiccup.

El mencionado asintió, desde el pequeño auto que habían diseñado su hermano y amigo, sólo faltaba hacer la prueba a la cual se había ofrecido como conejillo de indias.

—Debes acelera despacito. —Explicó Alberick, dándole un ajuste final al motor del auto.

Una vez listo, los chicos se alejaron del pequeño auto de carreras, Hiccup ajustándose bien las gafas, quitándose el largo flequillo de la cara para ver bien, e Alberick temblado nervioso por el resultado final.

Tannlos mantenía el pie en el freno y la vista en el camino que habían pintado con unos gises en la banqueta; cuando Hiccup le dio la señal para que arrancara despacito, el menor de los Haddock sintiéndose en una película de acción, pisó el acelerador a fondo, olvidándose de las instrucciones anteriores, el auto salió a la velocidad que un auto de su tamaño permitía, demasiado rápido para el conductor quien perdió el control y terminó estrellándose contra el árbol del vecino.

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— ¡Tannlos! ¿Qué te pasó? —Valka se asustó al ver que entre Hiccup e Alberick ayudaban a su hijo menor a mantenerse en pie.

Tannlos sostenía un trapo contra su boca la cual tenía ensangrentada. —Choqué contra un árbol y me pegué con el volante. —Explicó dejando ver su boca a la cual le hacía falta un diente.

— ¡Ahora es chimuelo! —Se burló Hiccup, aunque rápidamente fue regañado por su madre.

Valka molesta por el incidente y el descuido de sus dos hijos, tomó a Tannlos con ella para asearlo y revisar el daño.

—Ahora tendremos que arreglar el auto. —Se lamentó Alberick cabizbajo.

—No te preocupes, todo se solucionará. —trató de animar el castaño.

—Tu siempre tan positivo Haddock.

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Pasando los días, lograron armar de nuevo el auto, Tannlos también ayudó aunque ya no se ofreció como conductor, su pequeño descuido le había costado un diente que jamás le recuperaría, además que su hermano para hacerlo rabiar le empezó a llamar Chimuelo.

—Creo que con estos ajustes será más que suficiente. —Concluyó Hiccup apretando el último engrane.

— ¡Por fin! —Exclamó Alberick, limpiándose el sudor de la frente. —Ha sido gran proyecto.

— ¿Quién lo probará? —Preguntó Tannlos mientras comía una botana.

Hiccup y Alberick se miraron entre sí, indecisos de quién debía subir; sin embargo el momento se vio interrumpido por unas personas que se acercaron a ellos.

— Pero ¿qué tenemos aquí? ¡Los ñoños Haddock y el nerd de Alberick jugando a los carritos!

Un flaco y alto muchacho con cara de bravucón, acompañado de dos chicos de igual complexión y otro más grande y gordo, llegaron insultando el trabajo de los chicos.

— ¿Qué quieres Cory? —Preguntó Hiccup con fastidio, eran sus compañeros de salón que siempre se burlaban de él y su amigo.

— ¿Noño Haddock número 1 está enojado? —Preguntó con falsa temor el mencionado.

— ¿A quién le dices ñoño? —Saltó Tannlos a la defensiva.

—Sólo digo la verdad, ¡mírense! Construyendo carritos estúpidos, mientras que yo paseo con mi novia.

—No sabía que tenías novia. —Contestó Alberick con burla.

—Sí, ¿cuál de aquellos tres es tu novia? —Preguntó Hiccup señalando a los otros tres muchachos.

—Sí, ¿cuál de ellos, idiota? —Repitió Tannlos mostrándoles el dedo medio.

Los chicos enfurecieron por la directa, en especial el llamado Cory que se lanzó contra el mayor de los Haddock para golpearlo, Alberick y Tannlos intervinieron para ayudarlo pero los demás amigos del bravucón también le entraron comenzando con una pelea callejera; con la ventaja de una persona más, sin olvidar que era enorme y pesado, los bravucones ganaron dejando a los tres chicos golpeados y no contentos con eso, destruyeron el auto en el habían invertido esfuerzo, dinero y tiempo.

—Eso es para que aprendan, nerds. —Se regocijó Cory al ver a los tres chicos en el piso. —Ya déjense de tonterías, ¡nunca serán nada!

— ¡Malditos! —bramó Alberick, mientras trataba de recuperarse de la tunda que le habían dado.

—Lo que le falta de cerebro lo tiene de fuerza. —Dijo Hiccup levantándose con dolor.

—Ahora tendremos que armar de nuevo el auto. —Comentó Tannlos con tristeza al ver lo que quedaba de su proyecto.

— ¡Al diablo con el maldito auto! —Gritó Alberick. —Ya me cansé de todo esto, me voy.

— ¡¿Qué dices?! —exclamó Hiccup, al ver como su adolorido amigo se iba dejándolos.

— ¡Lo que escuchaste amigo, tal vez ellos tengan razón!

— ¿A qué te refieres? —Preguntó el castaño sin comprender.

— ¡Hemos perdido años en este estúpido proyecto! Tenemos 15 años, deberíamos hacer lo que otros chicos hacen, ir a fiestas ¡salir con chicas!, no creo que haciendo esto logremos algo… al contrario, todos nos dicen raros y ¡Ya me cansé de ser siempre molestado!

Sin decir más, Alberick se dio la vuelta y se marchó, dejando a Hiccup reflexionando sobre lo que había dicho. Era cierto que llevaban mucho tiempo trabajando en aquel auto, tanto que a veces se olvidaba de hacer lo que los chicos normales hacían; siempre se decía a si mismo que si terminaba el auto hasta una novia se conseguiría, pero ni las chicas se le querían acercar porque lo consideraban raro al igual que a su amigo, preferían irse con personas como Cory y su banda de bravucones.

—No le hagas caso, está enojado, se le pasará. —dijo Tannlos para tratar de animarlo.

—No lo sé, hermano.

Entre los dos tomaron los retazos del auto, buscando la manera de cómo arreglarlo.

—Tannlos, ¿crees que pierdo demasiado tiempo en mis proyectos?

—Eh… como decirlo. —Pensó el aludido. —Sí te pierdes de repente cuando te concentras en algo, pero es tu forma de ser, y a quien no le guste que se aguante.

—Pero… ¿crees que haya cosas más importantes que estás? —Preguntó señalando un pedazo del auto.

—No lo sé. ¿Por qué lo preguntas? —La curiosidad intrigó a Tannlos.

Hiccup apenado terminó por soltar lo que le acongojaba. — ¡Está bien! Te lo diré… así como dijo Alberick, yo también quiero una novia.

— ¡Qué picaroncito! —Se burló el menor. —Yo también quiero una, pero una mayor, no me gustan las niñas de mi salón.

— ¡Ay, eres extraño! Yo sólo quiero una novia que me quiera por quién soy y como soy.

— ¡uy! Pues está difícil.

Tomándose aquello como un insulto, Hiccup golpeó a Tannlos en la cabeza, este le devolvió el golpe, empezando una reñida pelea de hermanos que generalmente terminaban en carcajadas.

OOOOooooOOOO

Después de varios procesos y juicios, finalmente las autoridades la enviaron a un orfanato, Astrid, de casi 8 años de edad; fue separada de sus padres adoptivos a quien se les acusó de explotación de menores; el día que se desmayó en la escuela, su profesora y director habían optado por llamar a servicios sociales para investigar el caso, cuando la llevaron al hospital a hacerle algunos estudios se reveló que estaba desnutrida, además de estresada por el entrenamiento que estaba llevando. Sus padres adoptivos no tuvieron con que defenderse antes las declaraciones de profesores y sus mismos patinadores quienes argumentaron el mal trato que le daban a la niña. El juez encargado del caso dictaminó sentencia contra Mary y Tom, con el delito de maltrato infantil y explotación, y les quitaron la custodia de la menor.

El orfanato era un poco mejor al albergue, aunque escaseaban las cosas, los niños no lloraban tanto; también podía conservar cosas personales, aunque estas no eran demasiadas pues lo poco que tenía le recordaba a los padres adoptivos que realmente sólo la utilizaron para subir de nivel en el mundo de patinaje; se sintió traicionada por ellos y decepcionada del deporte, juró nunca más practicarlo pues le traía desgracias, aunque muy en el fondo no podía negar que lo amaba.

— ¡Astrid, alguien quiere verte! —Avisó la madre superiora del orfanato.

Encontrando aquella escena familiar, Astrid tragó saliva mientras acompañaba a la superiora por los pasillos del orfanato. La metieron en una habitación que era bien conocida por ella donde las personas iban para hablar con los niños huérfanos. Nadie se había atrevido a adoptarla de nuevo, o al menos eso pensó hasta que vio a una pareja regordeta con ropa muy elegante sentados frente a la mesa.

—El Sr. Y la Sra. Ingerman. —Presentó la superiora.

Por respeto, Astrid saludó estrechando la mano de cada uno, la pareja fue amable y sólo sonrió ante aquella muestra de cordialidad.

Después de una entrevista en donde le preguntaron de todo, la pareja se presentó diciéndole a la menor cómo se conformaba su familia, la cual estaba compuesto por un hijo mayor que ella y una pequeña niña. Le contaron a que se dedicaban y como se ganaban tan buen estilo de vida; después de sentir más confianza con la pequeña silenciosa, hicieron la pregunta

— ¿Te gustaría vivir con nosotros?

Esa pregunta la aterrorizó.

El temor de pasar por lo mismo que con los padres anteriores la invadió; no quiso responder y salió corriendo de la habitación. Los Ingerman después de esa reacción optaron por visitarle en repetidas ocasiones para ir ganando su confianza poco a poco, no fue hasta el momento en que le presentaron a Fishlegs de 13 años de edad y Luggy de 3 años, que Astrid pensó que realmente podía ser una familia buena para ella, en especial por sus hijos.

Sin más dudas a su alrededor, aceptó ser adoptada por ellos, sintiéndose satisfecha con la decisión pues ahora no sólo tenía una nueva mamá y papá, sino también un hermano mayor que le enseñaba muchas cosas y una hermana menor con la que le encantaba jugar.

En pocos meses se sintió segura con su nueva familia que nunca le exigía más de lo necesario, que respetaba sus decisiones y gustos, que la dejaron conservar su verdadero apellido, pero sobre todas esas cosas lo más importante es que la querían. Aun así, hacía falta algo en su vida, el patinaje sobre hielo, el cual se conformó con sólo ver por televisión, admirando a su patinadora favorita Stormfly de 18 años de edad, que seguía deslumbrando en las competencias.

— ¿Te gusta mucho ese deporte verdad? —Preguntó Fishlegs dejando su libro de lado para ver como su hermanita suspiraba cada vez que veía una competencia sobre hielo.

Astrid no respondió a la interrogatoria de su hermano, sólo miró fijamente el televisor imaginando que era ella la que deslizaba por el hielo. Mientras que a Fishlegs una idea le cruzó por la cabeza, pronto sería el cumpleaños de Astrid y ya sabía que le regalaría.

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— ¡Feliz Cumpleaños a ti! ¡Feliz Cumpleaños a ti! ¡Feliz Cumpleaños querida Astrid, feliz cumpleaños a ti!

En la hermosa y gran mesa del comedor, reposaba un pastel de tres pisos color blanco, en la parte superior se encontraban 8 velas prendidas, la cumpleañera sopló estas después de haber pedido un deseo, para después pasar al momento de abrir regalos, el primer en entregar su presente fue Fishlegs, estaba realmente entusiasmado por saber si a su hermana le gustaría su obsequio que estaba envuelto en un envoltorio color azul.

Con mucho cuidado Astrid se deshizo del envoltorio, emocionada por ver el contenido de la caja, cuando finalmente se deshizo de este fue una sorpresa para ella ver que en el interior había un par de patines blancos que relucían por lo nuevo.

—Para que patines otra vez. —Dijo Fihslges con inocencia.

Más la reacción de Astrid no fue la que esperaba, está vio con temor los patines y cerró la caja con rudeza, recordó cuando no pudo hacer bien aquel salto y lo que había vivido con sus otros padres adoptivos.

— ¿No te gustó? —preguntó Fishlegs desanimado.

Astrid trató de contener todas las emociones que se aglomeraban dentro de ella, empezando a imaginar cosas que la perturbaban. —Me adoptaron sólo porque dicen que sé patinar bien, ¿no es así? —preguntó a toda la familia, la única que no entendía nada era Luggy.

—No, Astrid. —Trató de calmarla su madre.

—entonces, ¿por qué quieren que patine de nuevo?

—Pensamos que te gustaría. —Dijo el Sr. Ingerman agobiado.

— ¡No es cierto!, sólo se quieren aprovechar de mi ¡como los otros! ¡Ustedes no me quieren!

Diciendo esto Astrid abandonó el gran comedor de la familia Ingerman, dejando boquiabiertos a la familia, pues no esperaban esa reacción, en especial Fishlegs que se culpó por haberla hecho recordar el pasado.

Astrid se encerró en la habitación que le habían dado, era grande espaciosa aunque el espacio se le hizo pequeño ante la presión que estaba sintiendo. Se sentía engañada, no esperaba que esos padres quisieran que patinara, había decidido dejar ese deporte fuera de su vida pues sólo le recordaba cosas malas.

—Astrid. —Su madre adoptiva tocó la puerta. —Sal, por favor. Ven a comer pastel, los patines si no los quieres los podemos devolver. —Su voz era con ternura y paciencia, buscaba darle confianza a la pequeña.

—Perdóname. —Dijo Fishlegs detrás de la puerta, con una voz llena de arrepentimiento.

No les contestó, estaba demasiado cohibida para hacerlo. Los Ingerman decidieron dejarla sola por un momento, pues la pareja tenía que salir a arreglar asuntos pendientes, por lo que la dejaron al cuidado de su hijo mayor.

Viendo por la ventana como sus padres salían en auto, le dio una idea. No dejaría que nadie la volviera a utilizar, huiría para hacer su propia vida, tomó una mochila pequeña y guardo algo de ropa y una manta; esperando una distracción por parte de Fishlegs y el personal, huyó por la puerta de la cocina, abandonando la propiedad de los Ingerman.

OOOOOooooOOOOO

No había podido calmar a su amigo, Hiccup estaba angustiado al saber que Alberick abandonaría todo el proyecto del auto, necesitaba de su ayuda, pues Tannlos sólo sabía armar más no entendía de aspectos técnicos como su colega.

— ¡Por favor, Alberick! Una vez más y si no funciona hasta ahí lo dejamos.

No te rindes Haddock ¿verdad? —resopló el chico a través de la línea telefónica, después quedó en silencio mientras Hiccup tamboreaba los pies ansioso por una respuesta. —¡Está bien! ¿Qué hacemos primero?

El castaño suspiró aliviado, contento de haberlo convencido. —Bueno, quisiera ir a la biblioteca a buscar más información que nos ayude con el motor del auto.

— ¿Quieres ir a la biblioteca del área 4?

—Sí, ¿puedes ir?

—Claro, te veo allá a las 2 de la tarde.

Caminando del área 3 al área 4 les tomaba alrededor de una hora, más el ambiente era sumamente agradable como para una buena caminata; llegando a la biblioteca, ambos chicos buscaron los libros que necesitaban para su proyecto. En su búsqueda, Hiccup dio con un libro que hace mucho tiempo no leía y lo tomó para rentarlo y volverlo a leer.

— ¿Ya tienes todo Haddock? —preguntó Alberick en la recepción de registros de libro.

El aludido se acercó dejando un total de 4 libros que la bibliotecaria marcó antes de dejarlos ir con ellos. Cuando salieron de la biblioteca notaron que el viento soplaba con fuerza y había demasiada nubosidad en el cielo.

— ¿Crees que llueva?

—No lo creo. —Respondió Hiccup ajustándose las gafas. —Pero más vale irnos rápido, no vaya a pasar que si llueva.

Caminaron en la misma dirección por la que llegaron, estando a mitad de su recorrido, el viento se empezó a agitar violentamente y el cielo se oscureció rápidamente; el manto de la lluvia rápidamente cubrió la colonia mojando todo a su paso.

— ¡Ay que darnos prisa! —Gritó Alberick cubriéndose con los libros que estaban cubiertos por una bolsa. —Ay que buscar donde escondernos.

—¡No puedo ver nada! —Exclamó Hiccup con las gafas empañadas. Se quitó lo lentes para tratar de limpiarlos un poco, cuando se los volvió a colocar Alberick ya no estaba frente a él, no podía ver con claridad, la lluvia arrasaba con fuerza y tenía poca visibilidad del camino.

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Alberick sin notar que Hiccup no iba detrás de él, encontró un refugio en el cual cubrirse mientras la lluvia pasaba, apenas volteó para cerciorarse que su amigo estuviera bien se dio cuenta de la ausencia de este, un escalofrío le recorrió la piel, se giró lentamente de donde estaba para darse cuenta que no estaba realmente solo en aquel refugio.

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Tomando los libros como única protección contra la lluvia, Hiccup corrió sin rumbo alguno buscando en donde protegerse, corrió sin sentido alguno con la ropa toda empapada y las gafas empañadas, agotado de correr y apunto de rendirse se topó con el refugio perfecto el cual era una estructura algo extraña, no la pudo apreciar con claridad pero vio que había un hueco en la parte inferior en donde cabría perfectamente en lo que pasaba la lluvia.

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Luggy empezó a llorar ruidosamente por los rayos de la tormenta, Fishlegs la cargó en sus brazos tratando de consolarle, sus padres habían avisado que demorarían por causa de esta dejándole con la responsabilidad de cuidar a sus dos hermanas, quienes a la vez eran cuidados por la servidumbre de la casa. Dejando a Luggy con la nana, Fishlegs trataría de animar a Astrid, había pasado una hora desde que se había encerrado en la habitación y no le dirigía la palabra a nadie.

Como parte de su plan, primero fue a la cocina y cortó un pedazo de pastel que pretendía darle para hacer las paces. Una vez frente a la habitación con el plato y pastel en mano, tocó sutilmente la puerta.

— ¡Aaaaastrid! Soy Fishlegs, ¿quieres pastel? —No recibió respuesta alguna. Tocó la puerta con un poco más de fuerza y esta se abrió por si sola. —Voy a pasar… —avisó con precaución.

Una vez dentro, observó que su hermana no estaba en la cama, un mal presentimiento llegó a él, gritó su nombre con desesperación esperando una respuesta, pero el único sonido era la de la lluvia que azotaba en el exterior. El regordete chico se asustó, dejó caer el plato con el pastel pensando lo peor y la buscó en el armario, el baño, la habitación anexa sin dar con ella.

— ¡Ay, no!

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— ¡¿Quién eres tú?! —Preguntó Astrid alterada

— ¡ay! Está ocupado.

— ¡Vete de aquí! Este es mi lugar.

—De ninguna manera, ¿no ves que está lloviendo a cantaros afuera?

Astrid se alejó recelosa de la persona que acababa de entrar a su escondite, después de haber huido de la casa Ingerman, se ocultó en uno de los juegos de un parque cercano, había alcanzado a llegar antes de que la tormenta empezara, lo que no esperaba es que tendría que compartir el lugar. Temió por su seguridad, claramente el muchacho que acababa de entrar era mayor tanto de edad como de estatura. Sin embargo, este sólo se acomodó en la orilla del tubo, abrazando a sus piernas y los libros con sus brazos. No pudo apreciarlo con claridad, el tubo era de color azul oscuro y con la poca luz que había en el exterior sólo le permitía apreciar su silueta.

—Espero que se calme pronto. —Murmuró el chico para sí mismo, aferrándose más a sus piernas. Astrid lo observó con curiosidad, en especial a las gafas que caían poco a poco de su rostro y que tuvo que volver aponer en su lugar.

Notó que titiritaba, pues estaba empapado, recordó la manta que había llevado con ella y sin dudarlo la sacó para arrojársela al extraño, a quien le cayó en la cabeza.

—Gracias. —Dijo el chico envolviéndose en la manta cubriendo parte de su cabeza.

El muchacho muy apenas podía apreciar a la niña que lo acompañaba en el tubo, siendo mayor que ella, tuvo la responsabilidad de preguntarle qué estaba haciendo sola en ese lugar.

—Hui de casa. —Confesó la niña abrumada, empezando a gimotear por recordar los motivos por lo cual lo hizo.

— ¡Ay, no! ¡No llores!

El muchacho al ver que esta no le haría caso, observó a los alrededores tratando de buscar con que confortarla, recordó el libro que había alquilado para releerlo.

— ¿Has leído este libro? —Preguntó mostrándole el objeto.

Astrid prestó atención a lo que el intruso traía entre manos, sólo divisó la silueta del libro notando tenuemente las letras resaltas en dorado de la portada.

—¿El manual de dragones?… no lo he leído.

— ¿En serio? —Preguntó el chico como si fuera una ofensa. —No puedes ser de Berk si no has leído este libro.

— ¿De qué trata?

El muchacho le pasó el libro para que pudiera apreciarlo, Astrid lo hojeó sin saber realmente el contenido, pues todo estaba muy oscuro.

—Se trata de un hombre llamado Bork el bravo. —Empezó a contar el chico. —Él vivía en una aldea vikinga, y tenía muy mala suerte con los dragones.

— ¿Dragones?

—Debido a sus experiencias, él empieza a clasificar la especies una a una, eso le sirvió mucho a su pueblo para poder entrenar a las criaturas, prácticamente de eso trata el libro, lo interesante es que cada página habla de un dragón diferente.

Intrigada y curiosa con el libro, se lo devolvió al extraño, se sentó a centímetros de él para escuchar más acerca del manual. El muchacho hablaba sin parar, contándole desde los pequeños dragones, hasta los más grandes y exóticos.

—Esos son todos los dragones de los que me acuerdo por el momento, por eso quiero releerlo.

— ¡Oh! ¿Y cuál es tu dragón favorito?

—Tengo muchos, pero me gusta mucho el diseño del nadder mortífero. También porque mi mamá me hizo un peluche de este cuando era bebé, y lo apreció como una gran tesoro. Aunque también…

— ¿Qué tiene de especial ese dragón? —Interrumpió Astrid, impidiéndole al muchacho seguir hablando de su otro dragón favorito, el furia nocturna.

—Bueno,… el nadder mortífero es elegante, hermoso, hábil, imponente y poderoso. Todo lo que supongo que una persona quisiera ser.

El muchacho bajó la cabeza al decir esto último, recordando lo diferente que era a los demás chicos de su edad.

— ¿Qué tienes?

—Mmm, nada. ¿Qué hay de ti? Es peligroso que estés aquí. ¿Por qué huiste de casa?

La niña bajó la cabeza de la misma manera, evocando los recuerdos de horas atrás.

—Digamos que… hay algo que me gusta mucho hacer, pero que hacerlo sólo me ha causado problemas.

—Nunca abandones tus pasiones. —Aconsejó de inmediato el joven. Astrid levantó la mirada sorprendida. —Te lo digo por experiencia, siempre va haber quienes interfieran con lo que más te gusta, diciéndote lo que es bueno y malo, queriendo hacerte cambiar de opinión, cuando sólo depende de ti lo que quieres hacer o no hacer.

El extraño sintió plena confianza en sus palabras, en los días anteriores había estado confundido sobre lo que era correcto y el cómo debía comportarse ante la sociedad, no les daría placer, no sería un hipócrita y esperaba que la niña también comprendiera eso.

— ¿A ti te ha pasado? —Preguntó Astrid al verlo ensimismado, el chico se sobresaltó, pues parece como si le hubiera leído el pensamiento.

—Digamos que sí. —Respondió con vergüenza. —Hay cosas que me gusta hacer que a los demás no, y sólo por eso me dicen raro, nerd o cosas como que nunca llegaré a ser nadie ni tendré novia.

La rubia quedó impactada por la confesión, a pesar de llevar escasos minutos conversando sentía que ese muchacho debía valer demasiado si de su boca salían tan sabias palabras, sólo un verdadero tonto le diría que es un tonto.

—Por eso creo que si hay algo que te gusta hacer mucho no lo dejes por nada, debes ser como el dragón nadder mortífero, que no se deja de nadie.

—Gracias. —agradeció ensoñada, con nuevas expectativas y planes en mente.

La lluvia bajó de intensidad en un instante, con una nueva determinación Astrid tomó su mochila y pasando por encima del extraño, salió del tubo.

— ¡Espera… ¿a dónde vas?! —trató de detenerla el chico.

La niña no lo escuchó y salió alejándose unos metros de él. — ¡Volveré a mi casa! —Gritó mostrando una sonrisa, que el muchacho no pudo apreciar con claridad debido a las sucias gafas.

— ¡Espera, te llevaré! —El muchacho tomó sus libros y se ajustó la manta en la cabeza, dispuesto a hacer la buena acción del día.

— ¡No, gracias! —Gritó de nuevo la niña, aun debajo de la lluvia. — ¡Debo hacerlo sola! —El chico se inmutó al ver tan firme actitud de una niña a la que quizás le doblaba la edad. —No abandonaré mis pasiones, ¡Tú tampoco lo hagas!

El chico sonrió sintiendo que aquella niña le había dado de alguna manera una lección.

— ¡No lo haré!

— ¡Y si nadie quiere ser tu novia, yo lo seré! —gritó la niña sin vergüenza alguna. — ¡Es más seré tú novia, me casaré contigo!

La lluvia se calmó aún más quedando sólo una llovizna y de entre las nubes se empezó a filtrar un pequeño rayo de la luz del sol. Antes de irse, la rubia se permitió verlo, sentado aun en la orilla de aquel tubo, con la manta en la cabeza un chico alto, delgado, de piel clara, por el flequillo largo pudo apreciar su cabello castaño el cual seguía mojado, más no pudo apreciar sus ojos por el reflejo de las gafas; sintiéndose realmente apenada por lo que había dicho se despidió con la mano y corrió en dirección a su casa.

Para cuando se fue, la lluvia se calmó por completo, Hiccup salió del tubo, quitándose la manta color celeste que aquella pequeña extraña había olvidado.

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.

Estaba muy apenada, no era de las personas que dijera cosas como esas a la ligera, pero había tenido una especie de flechazo con ese muchacho.

—Sí, algún día me casaré contigo…—detuvo su marcha al recordar algo importante. — ¡OLVIDE PREGUNTARLE CÓMO SE LLAMABA!

Quiso regresar aunque no sabía con cuál excusa.

—¡AAAAASTRID!

Escuchó la voz de su hermano a lo lejos, esta se escuchaba con angustia y pánico. Necesitaba acudir con él. Corrió en dirección a donde se oía, encontrándolo en dos cuadras de donde estaba.

—¡Fishlegs!

El regordete muchacho que iba acompañado con otras dos personas de servicio, corrieron hacia la niña, Astrid esperaba que la regañaran pero en vez de eso, su hermano la abrazó aliviado, comprendió en ese momento que su nueva familia realmente la quería y que si le habían dado aquellos patines fue para que no abandonara su pasión como le había dicho su nuevo amor platónico.

—Perdóname Fihlegs. —Exclamó con arrepentimiento. —Por todo.

—Debí cuidarte mejor. —Se culpó el muchacho. —Perdóname también por lo de los patines.

Astrid negó con la cabeza. — ¡Me encantaron! Sí quiero volver a patinar pero…

—Pero…—Fishlegs se hincó para quedar a su altura.

— ¿Me cuidarías de los aprovechados como Tom y Mary?

—Claro. —Dijo el chico animado. —Yo seré…. —Pensó. — ¡Tu representante!

Entusiasmada con la idea, tomó la mano de su hermano mayor y juntos regresaron a casa.

— ¿Fishlegs?

—Sí.

— ¿Tendrás de casualidad el libro "El manual de dragones"?...

OOOOooooOOOO

—Hiccup.

El castaño escuchó la voz de su amigo a lo lejos, lo buscó corriendo en dirección hacia donde se escuchaban los gritos.

— ¡Alberick, aquí!

—¿Dónde te había metido Haddock?

El chico se rascó el cabello avergonzado, aunque le llamó la curiosidad que no estaba sólo, a lado de este había un perro color blanco que agitaba la cola y jadeaba muy animado.

— ¿Y este? —preguntó acercando su mano al animal que lo olfateó y se dejó acariciar.

—Me refugié en una especie de almacén eléctrico abandonado y este amiguito estaba ahí.

Alberick adoptó al perro como su nueva mascota, y junto con Hiccup regresaron al área 3.

A partir de ese momento Hiccup tuvo una nueva motivación, nunca abandonaría sus pasiones ni sueños, al igual que esa niña de la cual no supo su nombre, pero que recordarla lo hacía confiar más en sí mismo.

Pasando los días, por fin pudieron terminar el auto de carreras el cual funcionó con éxito.

— ¿Los noños Haddock y el nerd Alberick siguen con sus tonterías? —Se burló Cory llegando en plena celebración de los integrantes del grupo de Hiccup. — ¡Son unos perdedores, así nunca conseguirán una novia como yo!

—Pues yo ya tengo. —Presumió Hiccup con la cabeza en alto, ajustando los lentes del rostro.

Los bravucones quedaron boquiabiertos; Hiccup con inteligencia los insultó se subió al pequeño auto de carreras y los correteó por un kilómetros mientras estos huían despavoridos, al muchacho le encantaba la adrenalina, otra pasión que no abandonaría, cuando vio lejos al grupo de maleantes, miró al cielo. Ya había construido un auto, ahora iría por el avión para poder alcanzar el cielo.

.

— ¡¿Cómo es eso que tienes novia?! —Preguntó Tannlos aun atónito.

—Sí, ¿cómo está eso? —preguntó su amigo.

Hiccup sólo dio una risita sarcástica y no dijo nada al respecto, sin embargo, siempre recordaría la imagen de esa niña parada en medio de la lluvia gritándole aquellas cosas.

.

.

Hosten área 4. Año 2006.

—Algún día seré tu entrenador, pequeña.

Astrid había sido invitada a una sesión especial con su patinadora favorita Storm Mcfly, antes de que esta llegara le habían permitido entrar a la pista, donde conoció a Nero Renvann, un patinador que empezaba a sobresalir en aquel mundo y que amablemente se había ofrecido a darle consejos.

Ella patinaba por su cuenta, no quería ningún entrenador y Fishlegs como su hermano y representante no oficial siempre se encargaba de cuidarla cuando la acompañaba a cualquier pista de patinaje, respetando la voluntad de su pequeña hermana. Ese día había acudido también a la pista, pero se entretuvo cuidando a Luggy que recién empezaba a patinar.

Cuando Nero le dijo que él sería su entrenador algún día, se abochornó, era un chico muy apuesto y tenía cierta afición a los hombres mayores, pero sus pensamientos siempre eran ocupados por su amor platónico, como le empezó a decir, aunque fuera cursi de algún modo.

—¡Muy bien! Que gran equipo. —Felicitó Stormfly aplaudiendo a lo lejos.

Astrid quedó boquiabierta al conocer por fin en persona a su ídolo del hielo, quien amablemente le enseñó algunas cosas y con la que se le permitió conversar.

Stormfly era más famosa desde que ganó las nacionales en el 2005; había estado enterada de la situación de Astrid por la noticias que llamaron mucho la atención cuando Tom y Mary la explotaron, tuvo la intención de contactarla desde ese aquel entonces para brindarle su apoyo, pero su representante y entrenadora le dejaban poco tiempo, para cuando quiso hacerlo no le dieron información del orfanato, fue hasta que la niña volvió a llamar la atención en el hielo que por fin pudo conocerla, notando en ella una increíble habilidad.

Desde entonces fue amiga de ella, y se escribían por correo, pues aún seguía siendo una patinadora muy activa.

OOOOooooOOOO

Hiccup de diecisiete años ya sabía lo que quería en la vida, había decidido estudiar ingeniería en aeronáutica además de tomar ciertas clases de aviación. Para estudiar lo que quería tendría que ir a Mema, por lo que desde antes se había preparado estudiando su idioma.

Al final del verano del 2006, Hiccup se despidió de su familia, y de su amigo Alberick que iría a Luk Tuk a estudiar mecatrónica.

Lo mejor de su vida estaba por comenzar.

OOOOoooOOOO

Año 2015; Luk tuk

Después de varios años separados habían podido encontrar una ocasión para reunirse, Hiccup de 26 años de edad había terminado su carrera a los 23 años, desde entonces había estado trabajando en un prototipo de motor de avión ligero. Había vuelto a casa para ese entonces, donde su hermano Tannlos apenas estaba terminando su especialización en fotoperiodismo.

Ambos recibieron una invitación de Alberick que obtuvo una estadía permanente en Luk Tuk, debido a que conoció el amor con quien contrajo nupcias a los 24 años de edad.

Cuando se vieron los amigos después de muchos años, notaron que habían dejado a los chicos escuálidos e inseguros del pasado, para convertirse en hombres productivos y seguros.

Con la excusa de que visitaría a su amigo, Hiccup aprovechó para meterse a un concurso de aviones ligeros, tuvieron que viajar en barco a Luk Tuk para poder transportar su nuevo invento: El dragón volador 1.

—Tú no cambias Haddock. —Se burló Alberick al ver a su entusiasmado amigo limpiar con afán su invento. —Lo único que tienes igual son esas horribles gafas, ya cómprate unas nuevas.

— ¡Bah! No me importa. —Rio el aludido.

—Ya pronto será tu turno, te prometo tomar buenas fotografías. —Dijo Tannlos mientras enfocaba a los aviones de los demás concursantes.

—Estoy por cumplir mi sueño. —Exclamó Hiccup emocionado.

Se quitó sus gafas, que sólo usaba para lectura pero que por costumbre se dejaba. Se subió al avión y tomó un casco de cuero de color negro. Encendió el motor del avión, haciendo girar la hélice frontal.

—Ten mucho cuidado, hermano. —Pidió Tannlos sintiendo un gran nerviosismo, sabía que su hermano sabía pilotear, pero era la primera vez que haría una prueba real de vuelo con su nuevo invento.

—Cuando baje, iremos a celebrar.

—Sí, a mi casa. —Dijo Alberick. —Ya que ahorita está todo repleto de turistas por los juegos de invierno.

Hiccup ajustó los controles del artefacto, y cuando le dieron la señal arrancó su avión el cual tenía grabado en la cola su dragón favorito, además del nadder. El avión despegó sin problema alguno, Hiccup hizo acrobacias en el cielo, sorprendiendo a los espectadores que miraban el espectáculo, al igual que a su amigo y Tannlos que fotografió todo con un lente de largo alcance. Dando una pirueta final, se dispuso a descender, sin embargo, los controles empezaron a fallar.

Sintió pánico, más no se dejó llevar por este, luchó contra el avión por lo menos para aterrizar en un área lejos de los espectadores. No supo si su vida terminaría ahí pero recordó a su madre, a su padre a su querido hermano, y por último la imagen de aquella niña que le gritaba que no abandonara sus pasiones.

Mientras, en la superficie Alberick y Tannlos veían incrédulos como la parte frontal del avión estaba rodeada de humo, y el avión caía sin control.

Tannlos enloqueció en cuanto el avión se estrelló en un área despejada, aventó su cámara y con una velocidad impresionante corrió hacía los escombros, temeroso por su hermano. Detrás de él, iba el espantado Alberick y un equipo de bomberos y paramédicos.

Ya de cerca vieron con horror que el avión había quedado destrozado, y dentro de los escombros se encontraba el inconsciente Hiccup. Tenía lesiones de gravedad, más no lo pudieron sacar con facilidad ya que uno de sus miembros quedó atorado con los escombros.

Después de una lucha que parecía interminable lograron sacarlo con vida, pero Hiccup ya no despertó.

.

.

Tiempo actual, Hosten área 3.

—Hola hijo, ¿cómo estás?

Valka como todos los días visitó a su hijo después del trabajo, en compañía de su esposo. Para los Haddock era frustrante y doloroso ver tendido a su hijo en una cama de hospital, muerto en vida como decían los médicos; habían pensado que si lo trataban en Berk se pondría mejor, por eso lo habían trasladado de Luk Tuk con la ayuda de Alberick, sin embargo, habían pasado meses y su hijo no despertaba.

—Hoy un ángel nos visitó. —contó Valka acariciándole el cabello. Recordando a la famosa patinadora.

Llevó su mano a una parte de su cabeza donde se podía sentir una sutura, los escombros habían penetrado en el casco haciéndole una abertura que fue suturada. Luego acarició su rostro, desde la frente hasta sus mejillas, para después acariciar lentamente la cicatriz que abarcaba desde su barbilla, hasta un poco debajo de su mentón. Por último, lo apreció por completo, viendo la silueta que se formaba debajo de las sabanas donde había un espacio vació en un parte donde debía ir su pierna izquierda.

Como todos los días, Valka lloró al ver el estado de su hijo, un joven tan bueno y lleno de vida que no se merecía nada de eso.

—Calma, Valka. Él volverá con nosotros.

La mujer asintió, consolándose con las palabras de su marido.

—¿Le avisaste a Tannlos?

—Sí, se puso eufórico cuando supo de la donación.

— ¿No le dijiste de quién era verdad?

—No, como tú me dijiste.

—Sí, esa chica me comentó que nadie sabía de su estadía en Hosten, y siendo nuestro hijo un reportero de notas deportivas….

Stoick rio al imaginarse a su hijo como un papparazi acosador, un poco extraña debido a la seriedad que tomaba Tannlos cuando se trataba de trabajo.

—Cuando vuelva, se lo contamos.

—Sí, déjalo que haga su vida. —Suspiró Stoick al recordar cómo le habían insistido al chico que siguiera sus ambiciones, tal como tenía planeado antes del accidente. Convenciéndolo de que es lo que hubiera querido su hermano mayor.

OOOOoooOOOOO

—Y eso fue lo que pasó…

Astrid terminó de relatarle a Hiccup gran parte de su vida, el fantasma estaba en silencio, procesando todo. Su amiga había tenido una vida difícil después de todo, y de cierta manera entendió por qué admiraba aun a esa edad a su "amor platonico", pues este había sido quien le había ayudado en una cosa importante de su vida.

— ¿Te comieron la lengua los ratones?

"Estoy pensando… mmmm, ¡con que mayor que tú! Que niña tan precoz" se burló.

Astrid gruñó avergonzada, si pudiera lo golpearía para callarlo.

"No te enojes" Rio. "Tuviste una vida difícil, te admiro, no muchos lo hubieran tolerado".

—Gracias, aunque ahora…—Suspiró acariciando el soporte que tenía en el brazo.

"Te pondrás bien, yo te ayudaré…"

Astrid sonrió, viendo embelesada al fantasma; sintiendo como su corazón se agitaba con sólo perderse en sus ojos verdes. Tal vez su amor platónico era lo que era, sólo un bello recuerdo, pero ¿qué era Hiccup? ¿Sólo su apoyo en los momentos difíciles? La respuesta era "no", era más que eso, algo que negaba, pero que su corazón sabía muy bien. Su mente ya no podía mentirle a su corazón, desde la obra se dio cuenta, tenía fuertes sentimientos hacia su querido Sr. Fantasma.

Sin embargo, ¿era lo correcto? Sabía que no tenía una oportunidad con él, empezando por el hecho que él estaba muerto.

"¿Astrid?" Llamó el fantasma al verla ensimismada.

—Disculpa, ¿qué dijiste?

"Te decía que yo te ayudaría… con el asunto de las olimpiadas, una vez que te recuperes"

— ¿Así? ¿Cómo? —preguntó con normalidad, para que no sospechara nada.

—"¿Recuerdas cuando me preguntaste si podía enseñarte a volar?"

—Sí.

El fantasma sonrió ampliamente con una nueva idea en la cabeza.

"Mi Lady, te haré alcanzar el cielo"…

Continuará.

Primero que nada ¡Feliz Navidad! Espero que le hayan dado muchos regalos, pero sobre todo que se la hayan pasado en compañía de su familia y/o seres queridos.

Como muchas habían dicho, efectivamente Hiccup es el amor platónico de Astrid y ya se sabe la razón por la que está con ella. Si desde chicos siempre se han motivado entre ambos.

Espero haberlos confundido con Alberick, el amigo de Hiccup. Levante la mano quién pensó qué el sería el amor platónico XD, si fue así, misión cumplida.

Este fue el especial, regalo de mi parte espero, les haya gustado.

Sección de comentarios y dudas:

Navid: Acertaste con lo del amor platónico, aunque espero que por ahí se hayan confundido un poco, ya que el OC, espero te haya gustado. Saludos.

Vanesa: El cuerpo de Hiccup se encuentra en el área 3, ya sabrás si Astrid dará o no dará con su cuerpo. Saludos.

Guest: Era quien tu sospechabas, XD, quién más ¿no? Saludos.

Alejg: primero que nada, que hermoso dibujo, es gratificante que se inspiren por medio de mi fic. XD. Espero poder ver más de tus trabajos Saludos.

Dragon Viking: inhala y exhala, me gustaría saber ahora cuál fue tu reacción con este especial, espero te haya gustado, Saludos.

Vivi: Así es, el mundo aquí no es tan tan tan pequeño, sólo un poquitín, pero bueno ya sabemos como se conocieron, espero que te haya gustado. Saludos.

Flopi216: Pues ya se supo con exactitud que le pasó a Hiccup, y más o menos donde está, ahora a esperar saber si Astrid lo encontrara. Saludos. Feliz Navidad :D.

Shazam: Feliz Navidad, espero que tu teoría haya sido la acertada y que el capitulo te haya gustado. Saludos.

Diane: si es raro verlos, pero digamos que los Haddock tienen una posición media, pero es mucho gasto tenerlo hospitalizado y es cuando todo se va para abajo. Saludos.

Forever Hiccstrid: XD, cúal premio XD, pero sí está en Hosten, área 3. Saludos.

Mad fine: Hiccup es como es, una persona sumamente positiva, por eso no se deja caer ante cualquier situación y siempre está dispuesto a ayudar a los demás, Feliz navidad para ti también, que paces felices fiestas. Saludos.

Alexa: Pues ya se supo quién ese amor platónico que las ha hecho sufrir, espero te haya gustado. Saludos,

Jessy Brown: si comprendí un poco, creo que te refieres a que Camicazi no estaría al 100% satisfecha por ir a las olimpiadas como suplente, acertaste con lo de Hiccup, él es su amorcito, aun falta para que sepan que estén vivos, tal vez den primero el primer paso. Saludos,

Guest: hola, primero que nada gracias por comentar, con respecto a lo segundo no entendí la primera vez que lo leí, luego me acordé de la película, la verdad nunca he entrado a ese fandom y siendo sincera no he visto la última película, por lo que ni supe quién era el otro personaje, sólo me gustó la primera, siento que debes estar realmente enfocada y conocer a los personajes para atreverte a escribir algo, o si no ¿cómo hacerlo? No te digo que no a tu petición, pero tampoco es un sí. Saludos.

Steffani: esperemos que los remedios de papi suegro funcionen, y acertaste con lo del amor platónico, aunque espero haberlos confundido aunque fuera un poquito. Saludos.

Emicastillo92: acertaste! Ahora ya sabes porque ambos no se reconocen en sí, bueno Hiccup está desmemoriado, y Astrid apenas lo pudo ver con la lluvia XD, pero el chiste es que se conocen. Tal vez te pregunte cosas a futuro si es que no se me olvida. Saludos.

Cloudmore: Con respecto a drago digamos que hará otra aparición pero no tan importante, sólo para saber que ha sido de él y ya. Saludos.

HeiMao3: otra vez gracias por detectar el error, ya lo corregí. Espero que tus teoría vayan esta dirección, gracias también por los consejos, a veces se me seca el cerebro buscando más palabras. Saludos.

Unbreakable warrior:Feliz Navidad! Me alegro que te haya gustado y como va avanzando la trama del fic, espero este te haya gustado. Saludos.

Spell: Hola!, así es Astrid tendrá su merecido descanso y después la realidad, y por fin Astrid admite lo que siente, más no sabe si es apropiado, ya sabes porqué, pero ¿qué hará? Ya verás. Que pases feliz navidad también. Saludos.

Ana Gami: espero que hayas acertado con el amor platónico, y esa Storm es una loquilla, cada vez se va desatando más. Saludos.

Mayu: Feliz navidad para ti también! Espero te haya gustado este capítulo como regalo de navidad. Saludos.

Nube en invierno: me encantan sus nickname XD. Eres de las pocas que no odia a Nero XD; la distancia de que hay entre Astrid y Hiccup probablemente se diga en los posteriores capítulo, pero si es mucho, inconscientemente han hecho buenas acciones. Saludos.

A los seguidores, favoritos y lectores anónimos, Feliz Navidad que pasen felices fiestas.

A todos en general, los leo el próximo año 2016. Saludos.

25 de diciembre 2015