Gray y las muchachas salieron del palacio de hielo algo cabizbajos y pensativos, lo que al parecer habían descubierto, los ponía muy nerviosos, era verdad que se estaban basando sólo en una leyenda, pero tenían varias razones para creer en su veracidad. Afuera los estaban esperando Demon y Cristell, aunque la última parecía bastante aburrida y molesta.
-¡Y hasta que por fin llegan! ¿Qué tanto hicieron allá adentro? Ya estaba que me iba y los dejaba abandonados ¡Hmpf! Y por cierto ¿Qué rayos le pasa a tu pikachu? Es el pokémon más aburrido que he visto en mi vida, quise ser linda y jugar con él, pero este ni me prestó atención, se quedó ahí paradote mirándome con indiferencia.
-Demon no es un pikachu my juguetón que digamos –trató de disculparse Gray.
-Me di cuenta. En fin, vámonos de aquí rápido, se está nublando y hay mucho viento, parece que habrá una tormenta de nieve. Aunque el pueblo está muy cerca, si la tormenta estalla antes de que lleguemos, habrá tan poca visibilidad que nos perderemos ¡Ya, rápido! Muevan los pies, ¡Vamos!
Cuando se disponían a partir Eliot los detuvo, él junto a la Dra. Susu y el resto de los ayudantes también partían hacia el pueblo, así que les pareció buena idea que los esperaran un poco y fueran todos juntos. Cristell iba a contestar que no esperaba a nadie pero los chicos se le adelantaron y dijeron que no había ningún problema, la impaciente chica tuvo que seguir esperando otro poco más y esto la puso de muy mal humor, lo peor es que nadie parecía tomarla muy en serio porque era sólo una niña, esto la hizo enfurecer más aún, de modo que cuando partieron ella fue al frente alejada de todos y refunfuñado con ganas.
El camino de regreso fue tranquilo, los tres ayudantes de la Dra. Susu platicaban de temas que sólo ellos y su jefa parecían entender, Carmín y Shell a su vez hablaban entre ellas de cosas de chicas, nada que fuera del interés de Gray, así que este último se dedicó a escuchar la conversación que mantenían Blue y el ferrothorn de la Doctora. El enorme pokémon planta acero se movilizaba a través de la nieve utilizando sus tentáculos a modo de patas, ahora que tenía oportunidad de verlo mejor le pareció un pokémon espléndido, tenía un aspecto fuerte, de hecho lo utilizaban para cargar el equipaje, el cuál no parecía pesar encima suyo. Era gracioso el hecho de que aquel pokémon también estaba interesado en la arqueología, contaba con mucho agrado cuando lo mandaban a sacar fotos de los dibujos que estaban en las paredes más altas del palacio, cosa que para él no era ningún problema gracias a su habilidad trepa rocas. Todo iba muy bien, avanzaban a buen ritmo, seguro que llegarían al pueblo antes de que empezara la tormenta, nada hacía presagiar el desastre que ocurriría pronto.
Todo sucedió muy rápido, los primeros en percatarse de que algo andaba mal fueron Blue y Ferrorro. Los pokémon se detuvieron súbitamente y comenzaron a observar con atención a su alrededor, Gray los miró preocupado y detuvo al resto del grupo avisando que algo ocurría. Todos estaban pendientes de los pokémon, menos la Dra. Susu quien nunca parecía darse cuenta de nada, entonces recibieron una lluvia de estrellas que provino de un lenoone que salió de entre la nieve, algunas lograron golpearlos pero fueron las menos ya que Ferrorro rápidamente las interceptó con su ataque pin misil, el lenoone entonces sin perder tiempo cavó un hoyo y se metió bajo la nieve ocultándose.
-¡Rayos! ¡Nos atacan!
-Ferrorro, dile a tus amigos que luego jugarás con ellos, ahora tenemos prisa por volver al pueblo –dijo su entrenadora molesta y somnolienta.
En eso apareció un hitmonchan dispuesto a golpear a la arqueóloga, nuevamente su pokémon la salvó esta vez con un latigazo que alejó a su oponente, pero no pudo alegrarse por mucho, ya que fue atacado con un lanzallamas que provenía de un camerupt. El ataque fue ultra eficaz debido a la combinación de tipo planta y acero de Ferrorro, cayó en la nieve muy lastimado, entonces el ígneo pokémon se dispuso a atacarlo de nuevo pero su entrenadora se interpuso.
-¡Ya basta! ¡Ferrorro no puede seguir, no lo lastimes más, esto ya no es divertido!
Pero el pokémon no pensaba obedecer, hubiera acabado con ellos dos si Blue no hubiera intervenido. Atacó al camerupt con un mordisco directo al cuello, el umbreon ya había aprendido hacía bastante tiempo en la cueva de los bandidos la diferencia entre un combate amistoso y uno a muerte, también sabía que un mordisco al cuello debilitaba mucho más que en cualquier otra parte. Nadie sabe qué tan lejos hubiera sido capaz de llegar Blue con aquel ataque, pues un certero golpe de hitmoncham lo arrojó a un lado causándole muchos daños, los ataques tipo lucha eran muy efectivos contra él. Por suerte Carmín liberó a su espeon para ayudarlo quien con un par de ataque psíquicos debilitó a su oponente, la adrenalina del combate evitó que se diera cuenta del frío que tenía.
Pero no tuvieron tiempo de descansar, comenzaron a llegar más pokémon a la batalla, pronto se unió un hariyama, el Dostox de hacía rato, un par de mightyena, más lenoone y unnoctowl. Los muchachos se vieron obligados a liberar a sus pokémon para pelear, los arqueólogos también liberaron a sus compañeros, los cuales por desgracia no resultaron ser un gran aporte, ya que sólo tenían ferroseed de bajo nivel. El combate transcurrió muy parejo, todos luchaban con fiereza, los muchachos se veían muy centrados en la batalla, no demostraban miedo ni duda, después de todo lo que habían pasado se habían vuelto muy fuertes mentalmente. Pero la pequeña Cristell no tenía esa fortaleza y comenzó a desesperarse y a llorar por su madre, y como si hubiera sido invocada por aquel llanto, mamá absol apareció de entre la nieve dispuesta a defender a su pequeña con su vida si fuera necesario.
Cristell al ver a su pokémon corrió a abrazarla sollozando, ella la lamió cariñosamente para calmarla, la Dra. Susu le pareció una escena muy tierna y quiso acercarse, pero la absol furiosa le gruñó haciéndola retroceder.
-Absol absol ab (Todo esto es por tu culpa) Sol sol sol absol absol aaaabsol (Esos asesinos quieren tu cabeza y por tu culpa nos atacan) ¡Absol sol sol ab ab! (¡Por tu culpa mi niña está llorando!).
La arqueóloga por supuesto no entendía el idioma pokémon, pero por alguna razón supo exactamente lo que le dijo esta absol, era como si las palabras hubieran entrado directamente en su corazón luego de ver los ojos de aquella pokémon. Entonces sintió deseos de llorar, podía decirse que sí era su culpa. Nunca se dio cuenta (por extraordinario que parezca), de que trataban de matarla, por eso terminó involucrando a toda la gente a su alrededor, todo por ser despistada y no centrarse en lo que pasaba a su lado. Los sentimientos de culpa pronto dieron paso a un profundo deseo de ayudar en la batalla, así que corrió hacia donde estaba su ferrothorn y le ordenó:
-¡Rayo solar!
Al pokémon no le pareció buena idea eso, pero aún así obedeció. Como estaba débil nadie lo atacaba ni lo tomaba en cuenta en la batalla, así que pudo cargar su ataque sin problemas. Entonces cuando estuvo listo, lanzó un potente rayo que se extendía hasta el infinito, el ataque logró golpear a algunos pokémon, lamentablemente aliados entre ellos, pero eso no fue lo más grave, el ataque era muy poderoso, continuó su trayectoria recta hacia las lejanías hasta que impactó contra un enorme cúmulo de nieve, este comenzó a desmoronarse y a caer, pero en su camino comenzó a arrastrar más y más nieve hasta que se formó una avalancha.
La pobre doctora quiso ayudar pero su intento terminó empeorando las cosas, los pokémon enemigos huyeron despavoridos, lo mismo hicieron los arqueólogos. Susu estaba simplemente en estado de Shock por lo que había hecho, pero su pokémon no la dejó estar así por mucho tiempo, la cogió con uno de sus tentáculos y la subió encima de él, luego emprendió la huida con el resto. Mamá absol hizo lo mismo con Cristell, la subió sobre su lomo y corrió. Los chicos primero se dieron el tiempo de recoger a sus pokémon antes de escapar, mientras la nieve bajaba emitiendo un ruido aterrador que hacía temblar el suelo que pisaban. La adrenalina recorría sus cuerpos mientras corrían más rápido de lo que jamás creyeron que podrían correr, pero aún así Carmín y Shell comenzaban a quedarse atrás, no eran tan veloces como un hombre. Fue entonces que vieron su salvación, un gran peñasco sobresalía de la nieve, si lograban encaramarse a él estarían a salvo pues la nieve simplemente se deslizaría por los costados.
El problema con esta gran roca es que era demasiado empinada y lisa para que un humano la escalara, por suerte tenían a ferrothorn para quien esto no era problema, las ventosas de sus tentáculos lo hacían capaz de escalar cualquier roca, así que se adelantó, dejó a su entrenadora y luego bajó para recoger al resto. A Cristell no tuvo que subirla ya que mamá absol escaló la roca por sí misma, pero a quienes si tuvo que subir fue a los tres ayudantes de su entrenadora, a Blue y a Demon, que fueron los primeros en llegar, luego de eso subió a Gray y a Eliot y se quedó un poco más esperando a que llegaran las chicas quienes eran las más lentas, pero parecía que no lo iban a lograr. Detrás de ellas la gran muralla blanca se acercaba cada vez más, como una ola de tamaño monstruoso que arrasaba todo a su paso. Gray miraba la escena con el corazón en la garganta latiéndole a mil por hora, la nieve estaba cada vez más cerca, las muchachas corrían con todo lo que les daban las piernas, sentían la tierra vibrar bajo sus pies, cada vez estaban más cerca de la roca, pero la nieve les seguía el paso, ya casi las alcanzaba, estaban a un paso de la roca, ferrothorn estiró sus tentáculos lo más que pudo para cogerlas, estaban a escasos centímetros de ellas, pero entonces la nieve las atrapó y las arrastró lejos de la salvación.
-¡NOOOOOOOOOOOO! –Gritó Gray desesperado y sin pensarlo se arrojó a aquel mar de nieve.
Luego de haber caído en aquella avalancha recién se le ocurrió que había hecho algo estúpido, pero no se detuvo mucho a darle vueltas a aquella idea, vio asomar entre la nieve luchando por mantenerse en la superficie a las dos muchachas, pero cada una en una dirección distinta, fue entonces que tuvo que hacer una decisión crítica que marcó su destino. Moviendo sus brazos como si intentara nadar, se dirigió hacia donde estaba Carmín quien apenas lograba mantenerse a flote, entonces sintió el grito de su umbreon.
-¡Umbreoooooon! (¡Maestrooooooo!)
-¡Blue salva a Shell! –gritó casi ahogándose -¡No te perdonaré si le pasa algo!
El fiel umbreon siguiendo las instrucciones de su entrenador, se arrojó hacia el torrente de nieve y avanzando como pudo logró alcanzar a la muchacha morena y cogerla de la ropa, esta sintió aquel tirón que la mantenía a flote y entre aquel alboroto blanco de pesadilla, alcanzó a vislumbrar una mancha gris que identificó como Gray, este luchando con todas sus fuerzas atrapó a Carmín y la abrazó con fuerza como si fuera el tesoro más importante del mundo, Shell alcanzó a ver esto y entonces sintió que su corazón se partía en dos, para luego quedar sepultada bajo un manto blanco.
Fueron interminables los minutos que duró el desprendimiento de nieve, pero como todo en este mundo, llegó a su fin. Todo quedó quieto y un silencio sepulcral invadió el lugar, no había nada, todo quedó cubierto de aquel blanco elemento, nada hacía sospechar la tragedia que había ocurrido un momento atrás. De pronto apareció desde la nada la fantasmagórica figura del príncipe Lampent, su entrenador había logrado liberarlo y este con su facultad de atravesar sólidos salió a la superficie, miró hacia todos lados y solo vio un gélido mar infinito. No se detuvo mucho a contemplar el paisaje, pues inmediatamente comenzó a atacar la nieve que estaba debajo de él con lanzallamas, sus ardientes flamas fueron emitidas con tal potencia que aparte de derretir la nieve, terminaron evaporando el agua que se formaba, continuó así hasta que formó un enorme agujero en cuyo fondo se encontraba Gray abrazando firmemente a Carmín.
-Gra... Gracias príncipe... –Dijo Gray tiritando, se le había humedecido la ropa y esto le daba frío.
El pokémon fantasma viendo a su entrenador en tan mal estado, le lanzó un suave lanza llamas con el que secó sus ropajes y los de Carmín también, luego continuando con su ataque de fuego modeló unas escaleras para que pudieran salir de aquel níveo agujero. Carmín estaba un tanto aturdida por la experiencia y caminaba apoyada en Gray sin saber muy bien lo que hacía, más de una vez el muchacho tuvo que sujetarla para evitar que cayera por las escaleras, pero finalmente lograron salir sin accidentes.
Una vez fuera, miraron a su alrededor y hasta donde alcanzaba su vista, lo único que había era nieve, fría, blanca y pura, apenas había uno que otro pino en las lejanías que no había sido arrasado. Cuando comenzaron a analizar su situación se dieron cuenta de que era bastante angustiante, no sabían hasta donde los había arrastrado la avalancha, tampoco estaban familiarizados con el terreno y además, luego del deslizamiento de nieve el paisaje había cambiado y no tenían ningún punto de referencia por el cual guiarse, en resumidas cuentas estaban perdidos. En otra clase de ambiente lo ideal hubiera sido esperar quietos en un lugar hasta que los encontraran, pero esta era una montaña nevada en la que estaba a punto de estallar un tormenta, lo que menos podían hacer era quedarse quietos. El viento soplaba muy fuerte, así que comenzaron a avanzar. Gray iba delante siguiendo a lampent quien lideraba el camino, mientras Carmín lo seguía de cerca, ambos sentían las piernas algo temblorosas, aún no se recuperaban bien de la experiencia vivida, pero no había tiempo para pensar en eso, tenían que seguir.
El viento comenzó a soplar más fuerte y los primeros copos de nieve hicieron su aparición, en un inicio fueron unos pocos, que caían graciosos como plumas arrastradas por el viento, y eran escasos e inofensivos, no hacían más generar una sensación de frío en la cabeza, pero luego su número comenzó a aumentar de forma alarmante, junto con la velocidad del viento. Poco a poco la densidad de la cortina de nieve que caía fue aumentando, hasta que era casi imposible ver por donde pisaban, Gray rezaba porque no hubiera ninguna especie de agujero en el camino pues no podrían verlo.
Avanzaban sin rumbo, sin saber a dónde ir ni que buscar, solo avanzaban con la esperanza de encontrar "algo", hasta un árbol en el cual apoyarse les hubiera venido bien. Sentían frío, desánimo y sus fuerzas se iban agotando, cada paso era tortuoso, sus piernas se enterraban en la nieve y sólo con mucho esfuerzo lograban moverlas después, sus cuerpos se entumecían y el andar era cada vez más lento, el frío se apoderaba de ellos, sentían el aire quemar sus mejillas pero continuaban, sabían que si se detenían morirían.
De pronto Gray sintió un quejido detrás suyo, al voltear vio que Carmín había caído y que no se levantaba, retrocedió sobre sus pasos angustiado y se agachó a revisar como estaba. La chcia se encontraba débil, su pequeño cuerpo no la ayudaba a mantener el calor, estaba pálida y se veía muy confundida.
-¡Carmín arriba! ¡Vamos no puedes quedarte aquí, te congelarás!
-Tengo... Frío... Y sueño...
-No te duermas, vamos abre los ojos, levántate.
-No... Puedo...
Gray estaba desesperado, no hallaba qué hacer, si la dejaba moriría, pero llevarla consigo podría representar un riesgo para sí mismo, necesitaban un refugio urgentemente, pero no había nada, todo era un desierto blanco, frío y despiadado. Fue entonces que su pokémon le devolvió la esperanza, el príncipe voló hacia su entrenador gritando que había encontrado un refugio, los ojos de Gray se iluminaron de esperanza.
-Carmín levántate, mira, el príncipe encontró un refugio.
Un gemido fue toda la respuesta que recibió, entonces se percató de que los labios de la chica tenían un ligero tono azulado, esto lo llenó de terror. Cristell había mencionado que las partes azules eran signo de hipotermia y que esto podía ser mortal. Entonces se decidió, no estaba dispuesto a perderla, ya se había arrojado a una avalancha por ella y no se dejaría vencer ahora, tomó a la muchacha y la cargó en su espalda.
-Lampent lamp lampent lampente pent lampent (Gray, el refugio está un poco lejos, temo que si la cargas no lograrás llegar).
-No importa, usted sólo guíeme.
Si avanzar en medio de la tormenta de nieve ya era difícil, hacerlo con un peso en la espalda lo complicaba aún más, daba gracias al cielo de que Carmín era liviana, el esfuerzo de cargarla mermaba sus fuerzas rápidamente, a cada momento se sentía desfallecer y a cada paso que daba sentía que se doblarían las rodillas, pero no fue así. Logró resistir valientemente hasta que llegaron a la cueva que había mencionado lampent, llegaron en el momento justo, Gray estaba casi en su límite, prácticamente se dejó caer en el suelo de la cueva, si no hubiera estado tan entumecido seguro que le hubiera dolido, era un piso de tierra, ya que el pokémon fantasma se había encargado de evaporar toda la nieve, supuso con bastante razón que un piso de nieve enfriaría demasiado a los humanos.
Aunque le hubiera gustado quedarse tirado en el suelo y dormir, hizo un esfuerzo supremo por levantarse, debía ocuparse de Carmín. Se sentó y atrajo a la chica hacia él, le habló y trató de que reaccionara, pero ella se limitaba a contestar con gemidos, al menos estaba medianamente consiente, lo que ahora debía hacer era brindarle calor, pero no era mucho lo que podía hacer, no tenía mantas calientes ni nada para encender un fuego, sólo tenía a su lampent que revoloteaba a su alrededor.
Este ya se estaba encargando de entibiar la cueva, su fuego ardía más de lo normal, era como una fogata voladora. Gray agradeció de corazón el gesto de su pokémon, pero temía que esto aún no fuera suficiente para recuperar a Carmín, así que buscando alguna forma de brindarle calor extra, decidió hacerlo con su propio cuerpo, bajó el cierre de la parca de Carmín y también el de su propia parca y luego procedió a abrazar a la muchacha lo más fuerte que pudo cosa de que compartieran su calor corporal. Tenerla abrazada de esa manera hizo que se sintiera un tanto extraño, tenía un cosquilleo en su estómago, estaba muy nervioso, pero ella parecía estar simplemente dormida, se veía tan hermosa y tranquila, entonces al posar sus ojos en su rostro sintió un profundo cariño y un incontrolable deseo de protegerla, se veía tan frágil, sólo quería abrazarla fuerte y no soltarla más y... Besarla.
-Carmín... –Dijo en un susurro casi inaudible –Te amo.
-Yo... También... Te amo –Contestó ella entre sueños.
Entonces Gray sintió que su corazón se salía de su pecho, una emoción indescriptible lo invadió al tiempo que luchaba por no gritar de alegría, por primera vez en nueve años alguien le decía que lo amaba, jamás creyó que volvería a escuchar esas palabras luego de la muerte de su madre. Entonces mirando a su angelito con extrema dulzura se acercó y la besó suavemente, no creyó que le importara, ya le había dicho que lo amaba, fue un beso frío, pero fue suficiente para subirle el rubor hasta las mejillas y hacerlo sentir el hombre más feliz del mundo. Mientras tanto, sobre sus cabezas flotaba el príncipe quien había visto la escena y pensaba en lo tiernos que pueden ser los humanos, bajó y abrazó a Carmín por el otro lado para abrigarla bien, no permitiría que la pareja de su humano sufriera daño.
Rato antes en otro lado, Shell y Blue se encontraban sepultados bajo la nieve, aquel fue el momento perfecto para que el umbreon aprendiera el movimiento excavar, era curioso, parecía una habilidad que él siempre había tenido. No le costó mucho abrirse paso entre la nieve y tironear a Shell hasta sacarla, pero eso sí, se tardó un poco, cuando salieron, la tormenta de nieve estaba comenzando.
El umbreon miraba a su alrededor preocupado, no sabía dónde estaba y sobre todo, donde estaba su entrenador, podía estar en peligro o congelándose en ese mismo instante, por ello no había tiempo que perder, debía partir en su busca inmediatamente. Por desgracia había algo que detenía sus pasos y ese algo era Shell, no podía dejarla sola, su maestro le había dicho que si algo le pasaba no se lo perdonaría jamás. La muchacha se encontraba sentada en la nieve con la cabeza gacha sin hacer ni un movimiento, Blue se acercó y comenzó a tironearla de la ropa tratando de hacerla reaccionar, pero ella no se movía, esto comenzó a preocuparlo ¿Acaso le había pasado algo? No podía permitir que se lastimara, se acercó para tratar de mirar su rostro pero ella lo apartó de golpe. Esa era una buena señal, al menos se movía, pero aún así algo le pasaba, no quería mostrarle su rostro, pero aquel tenaz umbreon no se iba a dar por vencido, así que continuó molestándola hasta que logró lo que quería.
-¡Ya déjame en paz! –Le gritó Shell con sus ojos llenos de lágrimas.
Esto sorprendió mucho al pokémon, Shell estaba llorando, no se esperaba eso, sobre todo porque lloraba con tanto sentimiento, parecía un pozo de tristeza sin fondo, se acercó pero ella lo rechazó. Quería saber qué le pasaba, tenía prisa porque se pusieran en marcha, la tormenta comenzaba a ponerse cada vez más fuerte y si no se movían estarían en grave peligro. De pronto Shell habló.
-La eligió a ella... –Dijo en un susurro, Blue se acercó para oír mejor –Al final se decidió por ella... Sabía que esto podía pasar, me había preparado para eso pero... Aún así duele... Mucho... Me pregunto si esto... Será un castigo por todos los hombres a los que hice sufrir... Porque... Se siente como si mi corazón se desgarrara... Duele tanto...
Entonces levantó la vista y miró a aquel pokémon llena de lágrimas, era un rostro tan triste, tan desesperado que Blue simplemente no pudo resistirlo y aunque tenía prisa, nada era tan urgente como para que evitara consolar a aquella muchacha desamparada. Apoyó su cabeza en su hombro derecho y su pata izquierda en el otro hombro, era lo más parecido que podía hacer a un abrazo. Shell entendió el gesto y conmovida lo abrazó con todas sus fuerzas y comenzó a llorar amargamente. La morena temblaba mientras abrazaba al negro pokémon, pero no era de frío, en aquel momento la pena parecía ser como un mar infinito que la ahogaba y la hacía gritar de dolor, la ventisca parecía ser una suave brisa comparada a la tormenta que se desataba en su corazón y su llanto lo expresaba de forma fiel. Shell lloraba desconsolada y sin quererlo sus sentimientos terminaron alcanzando a Blue, el joven umbreon no se dio cuenta cuando las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.
Humana y pokémon lloraban como uno solo abrazados en medio de la nieve, el rugir del viento trataba de acallar sus voces en vano, su triste canción se extendió por la montaña y los copos que caían parecieron ser las lágrimas congeladas que el cielo soltaba por ellos. Aquel dolor hecho sonido terminó atrayendo a un grupo de Snorunt que habían salido a jugar, como pokémon de hielo que eran, la ventisca no suponía un problema para ellos. Se acercaron a los causantes de aquel alboroto y al verlos llorar con tanto sentimiento se pusieron tristes, el llanto desesperado de Shell no tardó en alcanzarlos y ellos también comenzaron llorar
Diez voces sollozaban en medio de la tormenta de nieve, diez voces que resonaban en la inmensidad y cuya tristeza parecía no tener límites, tal fue su clamor que acudió a ellas a quien menos se esperaba... Froslass, la reina de la montaña.
La pokémon en un inicio pensó que alguien estaba haciendo sufrir a sus pequeños y se dirigió al lugar dispuesta a castigar a quien se pusiera en frente, pero cual no fue su sorpresa el descubrir que nadie le hacía nada malo a sus Snorunt, ellos lloraban solos, o casi solos. Vislumbró a aquella humana abrazada a un umbreon quien parecía ser la que más dolor expresaba, seguro que ella había hecho llorar a sus retoños, furiosa flotó hasta ella dispuesta a congelarla para siempre, entonces cuando la tuvo al frente y levantó sus brazos para sumirla en una eterna prisión helada, Shell levantó la vista y la miró a los ojos.
Froslass vio muchas cosas en aquellos ojos marrones, vio pena, culpa, pero para sorpresa suya no había ni una pizca de odio, de hecho, más allá de la tristeza lo que más había era amor, un amor eterno que ansiaba por ser entregado. Aquella pokémon tuvo sentimientos encontrados, creía con todo su ser que los humanos eran criaturas perversas y despiadadas, la basura del mundo, pero esta joven estaba lejos de ser eso, su alma era pura e inmaculada como un copo de nieve. Aquella noche el frío corazón de froslass fue derretido y por primera vez en años una lágrima rodó por su rostro, la cual al caer en la fría nieve se transformó en una hermosa flor de hielo.
Al releer este capítulo quedé convencida que es de los más bonitos que alguna vez escribí, a veces se hace algo difícil asumir que yo hice esto. Ahora a ver si sacó el siguiente cap antes, quiero acabar con esto pronto.
