Una ligera llovizna caía sobre el bosque, era tan suave que el sonido que hacían las gotas al caer apenas se percibía y la mayor parte del agua era interceptada por el tupido ramaje de los árboles, quienes aún despojados de sus ropajes verdes ofrecían una cierta protección a aquellos que descansaban a su sombra, uno de estos era Kein, el joven se encontraba muy cabizbajo y es que el cielo nublado y los árboles desnudos no ayudaban mucho a levantarle el ánimo, miraba a su alrededor sin interés vigilando de vez en cuando a Lyra y Zora que jugaban alegremente cerca de él. Pero ni sus risas ni sus cantos lo animaban, en aquel momento simplemente se dedicaba a analizar su vida, comenzó a recordar su pasado, cada evento que terminó cambiando su existencia hasta llevarlo al punto en el que se encontraba ahora…
Si le hubieran dicho hace cinco años que iba a terminar siendo un héroe errante que vagaba por los bosques ayudando a quien se encontraba por su camino hubiera estallado en carcajadas, parecía algo demasiado extraño y ridículo. Cuando tenía 15 años solía ser un muchacho tranquilo y obediente hasta el punto de considerarse muy sumiso, tenía una vida normal, una familia normal, amigos normales y una normal novia fea que por razones que no entendía simplemente amaba con pasión. No era un buscador de aventuras ni mucho menos, le gustaba su aldea y pasar algo de tiempo en casa, aunque nunca rechazaba una invitación a jugar pelota siempre y cuando no tuviera otras cosas que hacer. Lo único que lo distinguía de otros chicos era su condición de exorcista pokémon en entrenamiento.
Solía ser humilde por naturaleza, calmado, metódico, disciplinado y trabajador, fueron quizás estas cualidades las que lo llevaron ser considerado uno de los mejores exorcistas de la aldea, a él le pareció algo curioso, en su opinión habían muchas otras personas 10 veces más talentosas que él, aunque quizás no tan esforzadas. Siempre obedecía cualquier instrucción que le dieran y no renegaba jamás de cualquier trabajo que le encargaran, los superiores reconocieron su esfuerzo y lo tomaron muy en cuenta, así fue como a los 15 años se le permitió salir de la aldea a realizar misiones, por supuesto, no solo, aún era un aprendiz, pero su desempeño en terreno fue tan bueno que Max, su tutor dijo que si no tuviera tan poca experiencia ya estaría listo para ir en misiones solo. Pero ni toda la experiencia del mundo pudo evitar la tragedia que le tocó vivir
Aquel día venía de vuelta junto a su tutor de una sencilla misión en la que tuvieron que sacar a un molesto gastly de un granero, su tutor no era mucho mayor que él, era un recién graduado, probablemente por la cercanía de edad fue que congeniaron tan bien, hasta el punto de ser grandes amigos. Era un día de primavera, el clima era agradable y se veían flores creciendo por doquier, iban conversando animadamente, no había nada que les hiciera sospechar de un peligro inminente, entonces fueron atacados por sorpresa, un lanzallamas emergió de la derecha, su tutor reaccionó más rápido y se interpuso entre Kein y el ataque recibiendo fuertes quemaduras, el pelinaranjo alarmado fue a revisar las quemaduras de su amigo
-¡Pero qué haces! ¡Nos atacan rápido saca a tus pokémon!
No estaba reaccionando bien en ese momento, sacó a su compañero de forma mecánica obedeciendo la orden, pero luego de eso no supo qué hacer, otro lanzallamas cubrió a Max esta vez dejándolo incapacitado, luego de eso los creadores de dichos ataques emergieron, eran dos magmar y un drowzee, entonces, antes de que alcanzara a hacer cualquier cosa el drowzee con sus poderes síquicos extrajo una pequeña pero afilada rama de un árbol y la arrojó hacia el muchacho, lo último que recordó de aquel incidente fue aquel misil de madera dirigiéndose hacia sus ojos, luego de eso perdió el conocimiento, supuso que fue aquello lo que le hizo perder su ojo derecho.
Quizás debió agradecer el haber quedado inconsciente, hubiera sufrido mucho, sus atacantes le rompieron las piernas y dejaron numerosas heridas en su piel, pero de esto no se enteró hasta que despertó bastante después siendo víctima de horrorosos dolores, con sufrimiento y confusión miró a su alrededor y advirtió la presencia de numerosas criaturas que lo miraban preocupadas, eran pokémon de varios tipos pero todos compartían en común la característica del color rosa, Chansey, jigglypuff, snubull, milktank, audino, clafeary incluso lickitung. Todos ellos compartían el mismo habitad que consistía en una acogedora cueva, limpia y espaciosa en la que habían depositado al herido muchacho.
Fue en ese momento cuando se dio cuenta que algo con su vista estaba mal, su rango de visión era más estrecho y las cosas se veían ligeramente diferentes, uno de sus ojos no estaba funcionando, se llevó la mano al rostro para tocarlo, pero al sentir aquella extraña textura rugosa y desagradable la retiró espantado, no tenía ningún espejo para mirarse, pero supuso que se veía horrible. Su condición era deplorable, pero aún así no corría riesgo de muerte, el grupo de pokémon que cuidaba de él le había salvado la vida y ahora seguían tratándolo. La mente de Kein era un torbellino de ideas, no podía pensar bien, los dolores que sentía no ayudaban en nada, entonces recordó de pronto a Max, miró a su alrededor y no lo vio por ningún lado
-¿Max? ¿Dónde está Max? ¿Él está bien? ¡Max! ¡Díganme qué pasó con Max! ¡Hablen por favor! –gritó desesperado tratando de darse a entender con señas
Los pokémon en realidad entendieron bien lo que Kein les quiso decir y ante sus insistentes preguntas simplemente bajaron la mirada con gesto negativo, no habían podido salvar a su amigo y tutor, Max había muerto, se lo dejaron más que claro al dibujar una cruz en la tierra, Kein al enterarse de la noticia no pudo más que gritar de tristeza y de impotencia, su mejor amigo se había ido y él no pudo hacer nada, golpeaba el piso con sus puños mientras descargaba su frustración, los pokémon más jóvenes se sintieron muy intimidados con esta reacción, fue entonces que un lickitung se decidió a acabar con el sufrimiento de Kein y cogiéndolo con poca delicadeza por los cabellos lo obligó a beber un extraño líquido, este contenía un jugo de plantas somníferas que indujeron en el muchacho un intenso sueño.
Durante los días que siguieron Kein pasó casi la totalidad del tiempo drogado con el extraño brebaje de los pokémon, pero fue lo mejor, así no sintió dolores ni sufrimiento, sólo le suspendían su "medicamento" cuando necesitaban que estuviera más despierto para comer, era una lástima que no conocieran el suero. Pero finalmente llegó el día en el que Kein pudo estar más lúcido, ya no le dieron a beber más líquidos extraños y le permitieron despertar, su pierna estaba mejor pero obviamente no estaba en condiciones de apoyarse en ella, aún así se la habían inmovilizado de manera muy efectiva utilizando ramas y cuerdas hechas con productos vegetales, se notaba la habilidad innata que tenían las chansey para cuidar enfermos. A la hora de comenzar a moverse el muchacho experimentó muchos problemas, estar tanto tiempo postrado debilitó mucho sus músculos, el tiempo que tardó en volver a caminar fue considerable.
Los meses que pasó viviendo con aquellos pokémon, a pesar de todo, no fueron en vano, aprendió mucho de ellos, cosas como el tipo de bayas que los pokémon deben comer para cada cosa, hasta las plantas necesarias para prepara el extraño brebaje con que lo sedaban. Esa cueva cumplía las veces de centro pokémon, a menudo traían o llegaban pokémon heridos que se encargaban de tratar, con el tiempo Kein también ayudó en estas labores y adquirió bastante habilidad, hasta el punto de llegar a ser muy apreciado entre sus compañeros pokémon, pasó a ser parte de la tribu, todos lo querían y respetaban como si fuera un pokémon más, el único inconveniente era la diferencia de idioma, pero con el trato diario encontraron la forma de entenderse medianamente, pero de entre todos, hubo una pokémon con la que logró mantener una comunicación más fluida que con cualquiera, esta era una pequeña audino que llegó a ser su mejor amiga, a Kein le agradaba bastante y le parecía graciosa, sobre todo cuando comía porque hacía un ruido muy extraño, algo que sonaba como "pitcuick", fue por esto que la bautizó con ese nombre.
Kein se hizo cargo de Pitquick como si fuera su hermano mayor, cuando pudo caminar un poco apoyado en bastones se hizo costumbre que pasearan juntos, pero no eran simples paseos, Kein quería retribuir de alguna forma toda la ayuda que recibía y no encontró otra forma mejor de hacerlo que entrenando a sus compañeros, y Pitquick fue su mejor aprendiz, principalmente por todo el tiempo que pasaban juntos, le enseñó trueno, rayo de hielo y lanzallamas porque pensó que con eso estaría protegida de la mayoría de los adversarios que pudiera encontrar, claro que siempre tuvo el problema de su lentitud, cosa que solucionó enseñándole a patinar sobre hielo, una estrategia que casi siempre dio buenos resultados.
Junto con la tribu rosada Kein pasó grandes momentos, compartió sus penas como cuando la vieja clafable murió y también alegrías como cuando presenciaron el nacimiento de iglibuff, pero al igual que todo, su estancia con aquellos pokémon debió llegar a su fin. Un día casi cuatro meses después de llegar, decidió que era el momento de irse, fue una despedida muy triste, lágrimas no faltaron de parte de nadie, pero aún así aceptaron su partida, todos menos Pitquick quien simplemente no quiso separarse de aquel humano de cabello anaranjado y se fue junto con él.
Como habría de esperarse, las primeras intenciones de Kein tras abandonar a sus compañeros rosados fueron regresar a su hogar en la aldea de los exorcistas pokémon, se preguntaba como estarían todos por allá y si habría sobrevivido alguno de sus pokémon, tras tanto tiempo desaparecido seguro que lo habrían dado por muerto, cuál no sería su sorpresa al verlo llegar sano y salvo, seguro que se alegrarían mucho, aunque temía el momento en que tuviera que encontrarse con la familia de Max, no sabía cómo iba a explicarles lo ocurrido, que los atacaron y que él fue un inútil incapaz de hacer nada, aquel suceso aún le dolía en su corazón, como una aguja que no lo dejaba en paz, la culpa lo embargaba y dedicaba a su amigo cada noche antes de dormir sus últimas oraciones, sólo deseaba de alguna forma poder redimir su culpa.
No le faltaba mucho para llegar a casa cuando tuvo una experiencia reveladora. Sintió un grito desgarrador de mujer y un llanto de miedo, entonces sin pensarlo dos veces siguió aquel sonido para encontrar la causa y al llegar al sitio del suceso, encontró a una mujer de mediana edad que estaba siendo atacada por un tangela, la misteriosa criatura tenía completamente atada a su víctima quien se retorcía en un intento inútil por liberarse y clamaba por ayuda, el pokémon sin hacer caso a sus ruegos y llantos la arrastraba al parecer llevándola a algún sitio. Kein no lo dudó ni un instante y apareció para enfrentar al pokémon planta, este lo miró con ojos desafiantes dispuesto a dar la pelea, no parecía tener miedo, incluso cuando vio a la audino presentarse también a luchar una expresión de burla se manifestó en su rostro, definitivamente no veía a esa criatura rosada como una amenaza.
Kein no le dio tiempo a tangela de defenderse, de manera casi automática, sin amenazas ni aviso previo ordenó a Pitquick atacar con lanzallamas, su oponente simplemente no tuvo oportunidad y cayó debilitado, la audino era fuerte. El muchacho se sentía satisfecho, tiempo atrás sus dudas le costaron la vida a alguien más, por eso había decidido nunca más dudar y actuar inmediatamente sin meditarlo tanto, al parecer había funcionado, la mujer estaba sana y salva y le agradecía con lágrimas en los ojos su ayuda.
-Oh, gracias jovencito, has salvado mi vida, no sé cómo pagarte, por poco y creí que no la contaba, pensé que sería otra más de las víctimas desaparecidas, de verdad no sé como agradecerte.
-Espere ¿Ha habido más gente desaparecida? –preguntó Kein impactado
-Sí, jovencito, no tienes idea, no sabemos qué pasa, como que los pokémon se vuelven locos, o quizás alguien los controla, no tenemos idea, sólo sabemos que viajar entre los pueblos ya no es seguro, cuando menos te lo esperas te atacan y si no hay nadie para ayudar te secuestran y nadie más sabe de ti, es horrible, por culpa de esto el comercio ha decaído y ya nadie puede viajar tranquilo, por culpa de esto ya no puedo ir a visitar a mi prima –sollozó la mujer.
Las palabras de esta mujer causaron una profunda impresión en el muchacho, la gente estaba siendo atacada, al igual que él y Max, definitivamente algo muy malo estaba ocurriendo y las personas sufrían por esto. Fue entonces que tomó una decisión muy importante, ya no iba a regresar a la aldea, se quedaría fuera para proteger a la gente de los peligros que la acechaban, esta sería su penitencia, la forma de pagar por la muerte de Max, la que a sus ojos había sido por causa suya. Y ese fue el inicio de su existencia como un exorcista pokémon errante.
Aquella mujer que salvó de tangela como humilde forma de agradecimiento lo invitó a cenar a su casa, ahí fue donde Kein pudo apreciar por primera vez la horrible cicatriz que ocupaba el lugar donde debía estar su ojo derecho, contempló con tristeza el espejo, nunca se consideró un hombre muy atractivo, pero ahora se veía francamente como un monstruo, al menos en su mente. La señora de la casa viendo su angustia le hizo un obsequio que consistió en un parche para cubrir el orbe perdido y que era el mismo que usaba hasta el día de hoy.
Los meses que siguieron fueron complicados, aprender a vivir solo en el bosque no fue fácil, por suerte siempre contó con el apoyo de su pokémon que estaba más preparada para ese ambiente silvestre, se las arregló para comprarse algunas cosas propias como ropa, un saco de dormir y una carpa de segunda mano, todo con trabajos esporádicos, fue durante ese período cuando descubrió lo fatal que era para cocinar, al principio intentó aprender con mucho empeño, pero luego de preparar una serie de productos de dudosa calidad decidió desistir y vivir de frutas y comida instantánea.
Además de tener que adaptarse a su nueva vida también estuvo la preocupación de cumplir el objetivo por el cual había abandonado su hogar, dedicó todo el tiempo posible a defender los caminos de pokémon malvados que atacaran a los caminantes, a veces tenía éxito, a veces fallaba, pero cada batalla era un aprendizaje que lo ayudaba a mejorar, no se desanimó por la derrota y entrenó con ahínco estrechando el lazo que lo unía a su audino. Y todo su esfuerzo comenzó a rendir frutos, los ataques comenzaron a hacerse más esporádicos y las personas empezaron a sentirse más seguras, pero los problemas nunca acababan, por ese período los pokémon fantasmas malvados comenzaron a aflorar, también la aparición de espectros y espíritus malignos, además de bandidos y otros peligros, todo esto hizo preguntarse a Kein si el mundo fuera de su aldea siempre había sido así de peligroso o esta era una situación nueva, lamentablemente no tenía a nadie de confianza con quien consultar.
Pronto Kein comprendió que sólo con Pitquick no podría hacerle frente a todos los enemigos que lo acechaban, necesitaba ampliar su equipo pokémon y eso se dispuso a hacer, aunque a decir verdad nunca necesitó ocuparse demasiado del tema de buscar pokémon pues en cierta forma estos llegaron a él, como si hubiera sido obra del destino el que estuvieran juntos.
El primer pokémon en sumarse a su equipo fue King, su kecleon, este fue un regalo que le hizo un mercader agradeció por salvarlo de un grupo de bandidos que casi lo asesinan. Su siguiente compañero fue ditto, cuando lo atrapó creyó haber capturado un treecko, por eso lo llamó Green, pero para sorpresa de él cuando lo liberó de su pokebola en lugar de un lagarto salió una masa rosada amorfa. A sudowoodo lo conoció mientras tendía su ropa mojada sobre los árboles, confundió al pokémon con uno y este salió corriendo con sus calzoncillos encima, la única forma de detenerlo fue capturándolo y así añadió a este pokémon a su grupo
Zora fue la última en llegar a su equipo, lo engañó haciéndose pasar por muchacha para que la ayudara cuando estaba siendo atacada por otros pokémon, Kein la rescató y la dejó dormir en su carpa, cuál no fue sorpresa cuando al ir a verla al día siguiente se encontró con aquella pokémon, la cual quedó tan agradecida por su ayuda que nunca más se fue, eso si nunca fue demasiado obediente.
Pasaron los años y el muchacho se convirtió en hombre, su cuerpo se desarrolló y su forma de pensar cambió bastante, se descubrió a sí mismo, por primera vez se dio cuenta de que él no pensaba por sí mismo, siempre había sido un muchacho obediente que no cuestionaba nada, simplemente esperaba que los demás le dijeran qué hacer, carecía de voluntad y de deseos, vivía para obedecer. Pero al vivir por su cuenta no había nadie que le diera instrucciones, debía tomar sus propias decisiones y afrontar las consecuencias de estas, fueran buenas o malas. Se volvió independiente y comenzó a disfrutar de la libertad de hacer lo que él quisiera, si quería entrenaba, si quería dormía nadie lo obligaba a nada, esto también le jugó en contra haciendo que perdiera la disciplina y se volviera irresponsable.
No tenía ataduras ni compromisos, vivía a su antojo, pero esto tenía un precio y ese era la soledad. Sin familia ni amigos ni nadie con quien contar su vida era penosa, él solía ser una persona muy sociable y ahora llevaba una vida de ermitaño, no tenía con quien conversar su día a día, ni a quien pedirle consejos o en quién a poyarse en momentos de flaqueza, así poco a poco perdió la alegría y su existencia pasó a ser simplemente una forma de expiar sus culpas. Sin embargo intentó mitigar su dolor y la compañía femenina fue el medio que encontró para esto, aprendió bastante sobre el arte de la conquista, pero nunca perdió la decencia, a decir verdad de todos los amoríos que se le atribuían más de la mitad eran mentira, bastó con que estuviera una vez con una chica para que esta comenzara a desparramar la historia convirtiéndose en el centro de atención y en la envidia de sus amigas, quienes en un deseo por igualar a su compañera comenzaron a inventar historias de romance con el héroe local, así pronto Kein terminó siendo el supuesto "novio" de mujeres que ni conocía.
Sus amoríos eran un calmante para su pena pero no una cura real, se sentía vacío, en el fondo deseaba una relación verdadera y profunda, pero eso era algo que no podía permitirse, no podía volverse cercano a nadie, ni siquiera tener un simple amigo de verdad porque inmediatamente este pasaría a ser el blanco de sus enemigos, los cuáles no eran pocos, ya se había hecho famoso entre los bandidos y los pokémon de estos. Fue por aquel tiempo que tuvo una crisis existencial, cuando se convirtió en el héroe del lugar en el fondo no esperó que fuera para siempre, siempre mantuvo la esperanza de que todo terminaría en algún momento y que podría regresar a casa, pero ese día parecía estar cada vez más lejos, tras cuatro años ya comenzaba a perder la esperanza.
Fue entonces que conoció a Capa Gris, este llegó de forma tan repentina que parecía casi un sueño, simplemente un día despertó y lo encontró frente a él cocinando el desayuno y saludándolo como si fuera la cosa más normal del mundo. En un principio rechazó la alianza que le propuso este extraño hombre encapuchado, él trabajaba solo, siempre había sido así y no pensaba cambiar, no podía permitir que nadie arriesgara su vida, pero Capa Gris no desistió, le estuvo siguiendo los pasos durante tres días y dándole muchas razones por las que deberían unir fuerzas, la principal razón era porque aquel hombre decía contar con cierta información que a Kein le resultaría más que útil. Finalmente Kein terminó por ceder pero no sin antes ponerlo a prueba, se enfrentarían a un grupo de enemigos y Capa Gris debería demostrar sus habilidades, si iba a trabajar con él debía probar que era una persona competente.
Se sorprendió bastante de que Capa Gris aceptara tan fácilmente, incluso él mismo lo guió hasta el lugar donde había un grupo de bandidos haciendo de las suyas, era como si supiera de antemano lo que iba a pasar. En resumen el hombre encapuchado resultó ser un luchador y estratega excepcional, aunque eso sí contaba sólo con un umbreon para pelear y no tenía intenciones de capturar otro pokémon. Coincidentemente fue durante esa prueba que encontraron a Lyra, aquella pequeña niña que finalmente nunca se separó de él, al principio no quiso quedársela pero Capa Gris insistió en que era buena idea adoptarla, que en el futuro sería importante, aquella conducta a Kein siempre le pareció sospechosa, parecía como si la prueba y el rescate de Lyra hubieran sido planeados por él, como si supiera de antemano lo que iba a pasar, pero finalmente nunca llegó a alguna conclusión al respecto.
Tal como prometió Capa Gris, le proporcionó información muy útil y por primera vez comprendió la naturaleza de su enemigo y llegó a sus oídos el nombre de Noxor, era increíble todo lo que sabía este hombre, hasta el punto de ser perturbador, en verdad parecía que conocía el futuro, aunque esto dejó de llamarle la atención cuando se dio cuenta de que era un hechicero, no estaba seguro pero quizás predecir hechos venideros era una cualidad de estas personas.
Pronto Kein comenzó a confiar en Capa Gris, era muy hábil y sabía cuidarse bien, no necesitaba temer que le fuera a pasar algo y con el tiempo también dejó de temer por Lyra, la chiquilla parecía tener un talento especial para esconderse, como si se hiciera invisible, estos fueron los primeros lazos afectivos que estableció en mucho tiempo y gracias a eso dejó de sentirse vacío, dejó de frecuentar la compañía de las muchachas, con excepción de July a quien visitaba porque le gustaba como cocinaba, no es que Capa Gris lo hiciera mal, pero July era superior. Pero no todo fue tan fácil, convivir con otras personas también significa respetar sus espacios y ser responsable, tras tanto tiempo solo Kein había perdido algo de estas habilidades, no le gustaba que lo controlaran ni que le hicieran encargos, esto desató bastantes peleas entre ellos que Lyra siempre se encargaba de calmar, pero Kein era rebelde, a menudo salía de noche sólo para fastidiar a su compañero, pero a pesar de todo no lo lamentaba, la compañía era algo bueno, hasta disfrutaba pelar con él y hacerlo enfadar.
Kein terminó por confiar ciegamente en este hombre, pero le dolía que no fuera lo mismo de parte de él, jamás le mostró su rostro, ni le contó demasiado de su vida, lo único que sabía era que tenía 25 años y decía estar casado, pero lo consolaba con las palabras de "algún día te lo diré todo e incluso te mostraré mi rostro", siempre mantuvo esa esperanza, pero ahora eso ya no podría ser, había roto sus lazos con aquella persona y esta se había ido para siempre. De eso ya hacían dos semanas, en las cuáles sus ánimos estaban por el suelo, ya no tenía ganas de luchar contra bandidos o espectros, ni siquiera de buscar altares de piedra, había perdido a su único amigo y ya no tenía a nadie que lo guiara ni le diera consejo, por ello ahora se encontraba meditando sobre su vida, buscando respuestas en los recuerdos.
De pronto una exclamación de alegría de parte de Zora lo sacó de sus pensamientos, ella y Lyra se encontraban quietas mirando hacia los árboles donde una sombra se acercaba ceremoniosamente, Kein se levantó y se puso en guardia, aunque sus pequeñas no mostraban agresividad ni desconfianza ante aquella aparición él no estaría tranquilo hasta confirmar su identidad. Entonces, cuando la sombra estuvo más cerca vislumbró una figura familiar, era nada menos que Capa Gris quien regresaba con el mismo ánimo y tranquilidad de siempre haciendo como si nada hubiera pasado, Lyra y Zora corrieron a abrazarlo cálidamente, gesto que él respondió con cariño, pero Kein aunque estaba muy feliz de verlo no se movió del lugar, la verdad no sabía cómo reaccionar.
-Oh vamos ¿No te alegras de verme? –Dijo el hombre encapuchado, a lo que Kein contestó con silencio –De todos modos, no saludar a los conocidos es un gesto de mala educación –Kein seguía sin contestar –Puff, bueno, no saludes y cuéntame ¿Qué es de tu vida?
-¡Cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que pasó!
-¿Mm? Pues, yo no estoy enojado, de hecho como te dije ya te había perdonado y te sigo considerando mi amigo, tomando en cuenta esto, no veo razón para actuar de forma distinta a lo habitual
-Pero… Pero yo…
-Pero tú aún no te perdonas a ti mismo ¿Verdad? No seas tan duro contigo –dijo poniéndole una mano en el hombro –No hiciste nada tan malo, además tomando en cuenta el hecho de que nunca te di explicaciones de nada, tu reacción puede haber sido en parte mi culpa, por eso, he venido aquí para contarte todo antes de irme
-¿Te vas? –Preguntó Zora con pena, Lyra puso una cara triste y Kein quedó mudo de la impresión
-Si, me voy, ya es hora de que lo haga, debo regresar con mi familia, mi labor acá ya está hecha, ya hice la última tarea que me correspondía –dijo sacando de su bolso la enciclopedia pokémon de Gray –Recuperar este libro
-¿Cómo que tu labor ya está hecha? –Gritó de pronto Kein –Aún estamos lejos de derrotar a Noxor, tú no puedes irte ¿Qué pasó con eso de que venceríamos al mal juntos? ¿Fue mentira?
-Todo te quedará claro cuando te explique quién soy
-¡Pues entonces dímelo! ¡He esperado casi un año para que te dignes a confiar en mí!
-No era un asunto de confianza, simplemente no podía decirte nada porque si no, el plan no resultaría, pero bueno aquí voy
Capa Gris por primera vez en mucho tiempo se bajó la capucha ante alguien, los ojos de Kein se abrieron de la sorpresa al ver aquel rostro pálido de ojos negros como aceituna y cabello gris.
-Pe… Pero… Que… ¿Tú eres pariente de ese chico? Cómo se llamaba… ¡Gray! ¿Eres pariente de Gray?
-No soy su pariente, yo soy Gray, pero creo que te quedará más claro cuando veas esto
El hombre de cabello gris sacó entonces una pokebola de un aspecto muy particular, la parte de arriba era dorada y la de abajo plateada y tenía grabadas las letras GS, del interior de esta salió un celebi, quien pareció muy feliz de verse en libertad y comenzó a volar alrededor de Kein y luego de Zora y Lyra.
-Eres el Gray del futuro…
-Exacto, el Gray de 10 años en el futuro para ser exacto, ayudado por celebi regresé en el tiempo a esta época para ayudar a mi yo de este tiempo, de verdad sin ayuda yo nunca podría haber hecho lo que hice, con esto mi estimado Kein, supongo que te queda claro cómo es que yo parecía tener conocimiento de ciertos sucesos antes de que estos ocurrieran, yo sé lo que va a pasar, o lo que se supone que debe pasar, mi interferencia en esta época es para asegurarme de que las cosas sean como deben ser. Tú te enfadaste mucho cuando puse en peligro a esos chicos, pero yo sabía que estarían bien, por eso no me preocupé, lamento no haberte dicho nada, pero revelar la verdad antes de tiempo hubiera provocado cambios inesperados en el futuro, esa es la razón por la cual también ocultaba mi rostro.
-Ya veo… Entonces ya hiciste todo lo que debías hacer y ahora debes partir –dijo Kein con pesadumbre
-Oye, no pongas esa cara tan triste, no es como no nos volveremos a ver nunca más, de hecho, me verás más seguido de lo quisieras
-¿Qué quieres decir con eso?
-Ya lo entenderás, bien celebi, es hora de regresar –dijo al tiempo que introducía nuevamente al pokémon dentro de su pokebola –Esta pokebola es la pokebola GS, sólo sirve para capturar a celebi, a celebi podrías capturarlo con cualquier pokebola, pero la gracia de esta es que te permite controlar la habilidad de este pokémon de viajar en el tiempo, así es como viajamos a la época que yo quiero y no a la que celebi decida llevarme, bueno, cuando regrese tendré que liberar a mi compañero, ese fue el trato que hicimos, y ahora Kein, este es el Adiós- dijo al momento que le tendía la mano, el joven peli naranjo dudó un momento pero finalmente se decidió a estrecharla.
-Adiós y gracias por todo
-No me lo agradezcas, esto también es por tu futuro y tu trabajo aún no termina, debes ayudar a esos muchachos, aún no están fuera de peligro y no podrán salir adelante sin tu ayuda, tu destino es ayudarlos, como el héroe oscuro que eres, prométeme que lo harás
-Lo prometo
Gray sujetó la pokebola con fuerza y de esta comenzó a salir una luz verde que comenzó a envolverlo por completo, en la medida que luz verde se hacía más intensa su figura se hacía más tenue hasta que casi desaparecer.
-Por fin volveré a casa –dijo alegremente –Para mi familia seguro que no fueron más de unas pocas horas pero para mí ha sido más de un año, Kein más te vale hacer un buen trabajo, me gusta la vida que tengo y no quiero que cambie, adiós amigo, cuídate, nos veremos, y recuérdale a mi yo de esta época cuando cumpla 25 que debe regresar en el tiempo y hacer todo esto que yo hice ¡Adiós!
Con estas últimas palabras el Gray del futuro se desvaneció dejando a todos los presentes con una extraña sensación, Kein guardó silencio unos minutos mientras terminaba de aceptar lo que acababa de ocurrir, entonces miró al cielo y dijo.
-Cuando ese muchacho crezca se convertirá en una persona en verdad extraordinaria.
Espero que hayan quedado mudos de la impresión :D
Nos leemos la otra semana.
