Los días que siguieron para Gray no fueron nada agradables, estaba solo y perdido en el bosque, ninguno de sus pokémon estaba con él, ni tampoco sus amigos, recorrió bastante distancia buscándolos inútilmente.

Conforme pasaron los días la sensación de abandono se acrecentó y se preguntó si sus amigos lo estarían buscando, o si por lo menos estaban bien, los extrañaba mucho. Quería volver a probar la comida de July, o conversar con Shell, echaba de menos las bromas de Geralt y sobre todo extrañaba la sonrisa y la mirada de Carmín. Intentaba no pensar demasiado en ella, pues cada vez que lo hacía se le formaba un nudo en la garganta, era la chica que amaba, pero ahora estaba muy lejos, vaya a saber donde ¿Lo extrañaría tanto como él a ella?

Para empeorar su situación, el único pokémon con el que contaba era un pikachu que lo odiaba a muerte. Debía manejarlo con suma precaución pues este, en cuanto tenía la oportunidad no dudaba en electrocutarlo. Gray comprendía su comportamiento, él se había ganado el respeto de Demon, no de este pikachu, con este no había luchado, por lo tanto no lo reconocía como su entrenador. Tuvo suerte de contar con la ayuda de drowzee quien siempre lo protegió, este pokémon le estaba devolviendo el favor de haber salvado su vida y gracias a él fue que pudo sobrevivir en el bosque hasta que encontró la salida.

Cuando escapó del bosque, se orientó fácilmente sobre donde estaba, pues no muy lejos de allí se veían los techos característicos de las casas de ciudad Solar. Una tenue sonrisa se asomó en su rostro al ver aquel lugar y sin dudarlo fue en busca de su hermana.

Sivir recibió a Gray con lágrimas en los ojos cuando lo vio venir, ella lo había dado por muerto, fue como un milagro verlo aparecer de la nada, aún cuando estaba sucio y con la ropa raída lo abrazó con fuerza, no le importaba, era su hermano que regresaba por segunda vez para estar con ella.

Gray no tardó en enterarse que había sido de los demás, Sivir le explicó que luego de la batalla con missingno, les pidieron que abandonaran la ciudad. Ciudad Solar era la tierra de los hechiceros, el lugar donde estos se entrenaban y donde aprendían los conocimientos que los distinguían, además de ser donde se guardaban los secretos que debía proteger. El punto era que esos chicos se habían enterado de más cosas de las que debían saber, hubo una discusión enorme, querían retenerlos en la ciudad para siempre, pero cuando se enteraron de que dos de ellos eran los herederos de la orden de los exorcistas pokémon se lo pensaron mejor, no querían entrar en conflicto con nadie, además tenían la política de mantener el bajo perfil. Por eso, como solución los dejaron ir, pero con un juramento de sangre de que jamás contarían a nadie nada de lo que sabían sobre missingno, los maldijeron para esto, si rompían su promesa, les saldrían dolorosas hemorroides.

Los amigos de Gray habían tenido que partir y a él lo habían dado por muerto, por ello no se le había buscado, a pesar de que en el fondo de sus corazones mantenían la esperanza de que estuviera vivo.

Gray se quedó durante al menos dos meses viviendo en ciudad Solar, allí inició su entrenamiento como hechicero aprendiendo en primer lugar los secretos sobre las plantas y bayas medicinales: Cómo preparar ungüentos, cremas y cosas por el estilo. Le gustaban esas clases, salvo por el hecho de que debía compartirlas con niños de 9 y 10 años, esas eran las enseñanzas más básicas, pero como él no había recibido ninguna instrucción debía empezar por eso.

Durante su estancia en ciudad Solar, tuvo la oportunidad de compartir con su hermana y su abuela, conocerlas mejor y pelearse también, principalmente peleaba con Sivir, sus caracteres eran demasiado opuestos y luego de toda una vida separados empezar a convivir no era algo fácil, pero a pesar de eso se llevaban bastante bien.

La vida de Gray en aquel lugar podría haber sido feliz, pero tenía un dolor en el alma que lo carcomía y ese era la pérdida de Blue. Se sentía miserable y culpable, a sus ojos por él Blue había muerto y la angustia de este pensamiento lo atormentaba en crueles pesadillas, donde veía a su pokémon morir una y otra vez de las formas más diversas, crueles y dolorosas.

Comenzó a sentirse un ser desgraciado, el peor entrenador del mundo, esto parecía confirmado con el hecho de que ninguno de sus otros pokémon había regresado y de que a pesar del tiempo pasado, su pikachu parecía seguir odiándolo. Todo debía ser su culpa, era imposible que fuera de otra forma y además como castigo por eso, había perdido a sus amigos y hasta a la mujer que amaba.

Pronto una profunda depresión se instaló en el corazón de Gray, perdió los ánimos, ya no quería hacer nada, ni siquiera levantarse, cada vez comía menos y las ganas de llorar lo asaltaban a cada momento del día. Se puso más delgado de lo que ya era y su piel se volvió tan blanca como el papel, su abuela angustiada por ello llamó al médico quien declaró que era una enfermedad del alma, no era algo que pudiera sanar con su ciencia, pero como recomendación le sugirió salir de viaje, quizás un cambio de aires le sentara bien.

Así fue como se decidió que Gray una vez más partiría de viaje, se esperaba que con esto recuperara su ánimo y salud. Iría solo, acompañado nada más que por pikachu. Más de alguien le dijo que no era buena idea, que sería mejor que abandonara a ese pokémon que tanto desprecio sentía por él y que se consiguiera otro. Más de alguien le ofreció un eevee, pero Gray los rechazó declarando que pikachu era su responsabilidad y que seguiría con él hasta que encontrara su lugar ideal.

Su hermana, su abuela y los pocos amigos que había logrado hacer le hicieron una fiesta de despedida, a Gray se le vino a la mente la fiesta de despedida que le habían hecho en el orfanato de pueblo Crepúsculo, hacia ya tantos meses de aquello ¿Cómo estarían por allá? ¿Cuánto habrían crecido los niños? ¿Se acordarían de él?

Pero sin importar nada, finalmente el día de la partida llegó, Sivir se despidió de él con lágrimas en los ojos haciéndole prometer que regresaría para su cumpleaños, el cual era una semana antes del festival eevee, Gray dijo que estaría con ella para esa fecha y que incluso se quedaría para apoyarla en el festival. Así con despedidas y promesas el muchacho inició su nuevo viaje.

Gray no sabía bien hacia dónde ir, ahora caminaba sin un objetivo al cuál seguir, avanzaba por avanzar, para sacarse la pena que invadía su pecho, para superar las pérdidas, para no extrañar a sus amigos ¿Qué sería de ellos? ¿Qué sería de Carmín? Sabía que a ella no podría encontrarla jamás, vivía en la aldea de los exorcistas pokémon, un lugar secreto al que los extraños no pueden acceder, no sabía donde quedaba, jamás llegaría allí sin ayuda. Tenía la esperanza de toparse con un exorcista y que este lo ayudara, pero esta esperanza no tardó en desvanecerse, luego de la derrota de missingno el número de pokémon fantasmas problemáticos, de espectros y demonios disminuyó mucho y la presencia de estos personajes dejó de ser tan necesaria.

Deambuló de un pueblo a otro gastándose los ahorros que tenía, pero no se complicó por ello, pues asomaron sus habilidades de comerciante, había trabajado en una tienda y tenía algunos cursos de contabilidad y comercio, sabía hacer negocios, por lo que se volvió un mercader ambulante, compraba artículos en un pueblo o aldea y los vendía en otra, no ganaba demasiado pero era suficiente para mantenerse, tampoco es que tuviera grandes ambiciones, pero tenía talento para los negocios.

Sus pasos terminaron llevándolo de vuelta a ciudad Lunar, la urbe más grande toda la región, allí contempló con nostalgia la torre abandonada donde luchó contra Demon y donde se dio su primer beso (no oficial) con Carmín. Al recorrer sus calles recordó cuando no eran nada más que ellos dos, una triste sonrisa apareció en su cara cuando pasó por el karaoke donde ella y Blue habían cantado, que no daría por repetir aquellos días, pero eso era imposible, ojalá hubiera aprovechado mejor aquellos momentos felices.

Esta vez teniendo tiempo de sobra se dio el gusto de recorrer la ciudad por completo, visitando todas las atracciones que no vio la vez anterior, hasta que sus pies lo llevaron al puerto donde partían los ferris que cruzaban el gran río del Amanecer hacia las demás lugares. Fue entonces que se le metió aquella idea en la cabeza ¿Qué tal si viajaba a otras regiones? La región Zero ya la conocía casi por completo, no había mucha variación entre los distintos pueblos, todo eran bosques y más bosques, pero visitar otra región parecía algo interesante.

Comenzó a revisar los distintos destinos, habían tantos lugares atractivos, estaba la región de Kalos, famosa por sus edificios antiguos y su historia, un lugar sacado de un cuento de hadas, donde existían castillos en los que aún se podían encontrar genuinos reyes, reinas, príncipes y princesas. Otro lugar muy interesante era Hoenn, conocido por sus pueblos y ciudades de características exóticas y el clima tropical, en una revista de viajes había leído que allá había una ciudad construida por completo sobre los árboles y otra hecha sobre balsas flotantes sobre el mar e incluso una ciudad que se erguía sobre un volcán activo donde se podían tomar baños termales y enterrarse en la ceniza tibia, no podía negar que sonaba interesante. También habían otros destinos menos conocidos como la lejana región de Hades donde habían algunas leyendas e historias un tanto espeluznantes y ciudad Satélite, famosa por sus academias para entrenadores de donde habían salido algunos de los genios más respetados del mundo. Pero teniendo todas estas opciones, prefirió viajar a Kanto, por la sencilla razón de que le salía más barato.

Kanto, un lugar pacífico, de aquellos donde los abuelos serían felices de vivir, un lugar tan tranquilo que hasta los mocosos de 10 años podían salir de viaje sin supervisión adulta teniendo un pokémon consigo, un lugar endemoniadamente aburrido donde no pasaba nada y todos eran unos chalados obsesionados por los pokémon y las batallas, al menos esta fue la imagen de Kanto que Gray se formó en su mente, en resumen, no le gustaba aquella región.

Para su gusto le faltaban bosques, casi todo eran praderas y a la hora de hablar con alguien, si el tema no eran los pokémon básicamente te quedabas sin conversación. Y lo otro es que todos los niños de 10 años soñaban con ser entrenadores e ir a la liga, no todos lo hacían claro, pero en verdad, había muy poca variedad de aspiraciones, aunque se podía considerar que eran cosas de críos.

Lo que en verdad Gray no se atrevía a confesarse, era que le irritaba ver a aquellos niños conviviendo felices con sus pokémon, teniendo a sus amigos y librando batallas donde primaba la confianza entre ellos, le dolía en el alma ver eso, porque le recordaba a Blue y a sus compañeros que jamás habían regresado. Todo lo deprimía, aquella parecía la región menos apropiada para él, con decir que incluso la primera ciudad a donde llegó se llamaba ciudad Carmín, parecía un mal chiste, una ciudad que llevaba el mismo nombre de su novia a la que nunca volvería a ver. Gray lo único que quería era llorar.

Malas experiencias no le faltaron, su pikachu había comenzado a escaparse de su pokebola regularmente y a Gray se le hacía cada vez más difícil controlarlo, sólo con unos guantes de hule podía manejar al problemático pokémon. Lo peor fue cuando en una de sus escapadas un chiquillo lo retó a una batalla, esta terminó desastrosamente con Gray debilitado, porque a pikachu se le ocurrió atacarlo a él en vez de al primeape oponente. Fue la burla de todos, habitualmente se ve a los entrenadores llevando a sus pokémon al centro pokémon, en este caso fue pikachu quien llevó a Gray arrastrando hasta un centro de atención de salud para humanos.

Esta fue otra de las razones para detestar Kanto ¿Por qué la salud de los pokémon es gratis mientras que la de los humanos es pagada? Se decía cabizbajo mirando la cuenta del médico mientras pikachu lo veía con una expresión burla.

-¡Ah! Y todavía tienes del descaro de reírte, deberías avergonzarte, esto es tu culpa y la cuenta del doctor me sale un ojo de la cara, si pasamos hambre no te quejes. –Una vez dicho eso regresó a pikachu a su pokebola en contra de la voluntad de este, pikachu odiaba las pokebolas y los humanos, aún tenía la influencia negativa de Demon.

Gray dio un suspiro, lo de pasar hambre no iba tan en serio, por lo menos no para pikachu, siempre podrían alimentarlo en el centro pokémon, pero para él la cosa era un tanto diferente. De todos modos no se desanimó y planeó su siguiente gran negocio que le daría mucho dinero como para despreocuparse por un par de semanas. Fue a diversas tiendas de juguetes al por mayor a comprar mercadería, planeaba viajar a algún pueblo donde estaba seguro de que sus productos se vendería como pan caliente, sabía que cosas comprar, que juguetes lindos y divertidos jamás encontrarías en un pueblo. Luego abastecerse, debía decidir el rumbo, consultando el mapa determinó que pueblo Paleta sería su próximo objetivo.

Durante el viaje a pueblo Paleta las peleas de Gray con pikachu continuaron, pero el muchacho no notó el leve cambio de actitud que pikachu estaba experimentando, su agresividad había disminuido. El pokémon comenzaba a darse cuenta de que Gray no era mala persona, y todas las jugarretas que le hacía en realidad eran muy crueles, atacaba a aquel pobre humano sin piedad y sin razón alguna, comenzó a sentirse mal por él. Entonces aquel día cuando Gray lo encerró en su pokebola, decidió que la próxima vez que lo liberara se disculparía con él y comenzaría a ser el buen pokémon que siempre debió ser, el pobre no sabía lo que le esperaba.

Gray se encontraba atravesando bosque Verde, se estaba muy a gusto en aquel lugar, le recordaba a su hogar, por alguna razón se sentía un tanto inseguro en las praderas, como si algún pokémon volador lo fuera a atacar desde las alturas. Pero sólo eran ideas suyas, Kanto era seguro, sobre todo ahora que era primavera y ni siquiera hacía frío, por lo que el peligro de resfriarse se descartaba.

La peor amenaza en aquel bosque era toparse con alguno de los entrenadores chiflados por los insectos que abundaban allí. No quería batallas pokémon, no podía tenerlas con un pikachu que no obedecía, de modo que cada vez que divisaba a algún entrenador, se ocultaba entre la hierba hasta que se iba, tuvo suerte de que ningún pokémon salvaje lo atacara, era algo bastante curioso, antes todos los pokémon huían de él debido a la maldición que pesaba sobre su ser, pero ahora que esta estaba rota, los pokémon eran muy amistosos, en general le tenían simpatía.

Seguía su camino a través del bosque, estaba cruzando un sector donde los árboles estaban plagados de caterpie, no le molestaban esos simpáticos bichitos verdes, en realidad le agradaban, pero a pesar de su abundancia no era fácil verlos pues se confundían con las hojas de los árboles debido a su color. Gray iba distraído jugando a encontrar a los caterpie entre el ramaje cuando de pronto divisó a un humano, no dudó en esconderse por si se trataba de algún entrenador, pero luego de observar mejor la situación se dio cuenta de que no era el caso.

Cerca de él había un hombre de bastante edad, tenía el cabello gris, los rasgos toscos y cuadrados y las cejas gruesas y negras, iba vestido con una bata blanca de laboratorio, camisa roja y pantalones café claro. El individuo se encontraba observando a un caterpie que por alguna razón en vez de estar seguro escondido entre las hojas de los árboles, estaba posado en el tronco de uno y se mantenía muy quieto, como si estuviera esperando algo, el hombre no paraba de observarlo, como si se tratara de un criminal al que debía mantener muy bien vigilado, en sus manos llevaba una libreta en la que parecía estar anotando algo, tal vez datos del pokémon.

De pronto a Gray aquel hombre se le hizo familiar, definitivamente había visto aquel rostro en algún lado, hasta que de pronto lo recordó. A quien tenía al frente era al ilustre profesor Oak, conocido en toda la región e incluso fuera de ella como una eminencia en el tema de los pokémon, Gray lo recordaba bien, había una foto de ese hombre en la enciclopedia pokémon que había tenido tiempo atrás, además de que había tenido la oportunidad de leer diversos artículos que hablaban de él, era uno de los personajes más famosos de Kanto.

Según sabía este hombre vivía en pueblo Paleta, donde tenía ubicado su laboratorio en el cual llevaba a cabo diversas investigaciones sobre el mundo pokémon, tenía un gran número de estas criaturas allí donde podía observar su comportamiento a gusto, pero además de eso, él era quien le entregaba su pokémon inicial a los jóvenes que querían iniciarse como entrenadores.

Esta última idea se fijó en la mente de Gray, este hombre regalaba pokémon a los entrenadores novatos, entonces sacó la pokebola de pikachu y le dio un vistazo. Se consideraba a sí mismo como un entrenador fracasado que había dejado a su umbreon morir y que no merecía el respeto de ningún pokémon. A sus ojos cualquier pokémon que estuviera a su lado sólo conocería la desgracia, estaba seguro de que pikachu pensaba eso y que por eso lo odiaba tanto. Pero pikachu merecía algo mejor, un entrenador bueno que pudiera ser amigo suyo y que lo entrenara apropiadamente, si entregaba a su pokémon al profesor Oak seguro que él le encontraría un compañero ideal.

El profesor Oak se encontraba de pie frente a aquel enorme árbol observando el intrigante comportamiento de un caterpie que contra toda lógica, había abandonado la seguridad de la verde copa del árbol para colocarse en el tronco a la vista de todos, donde fácilmente sería el blanco del ataque de algún pidgeotto u otro pokémon de ese tipo, estaba muy concentrado en su tarea, tanto que no notó la presencia de aquel muchacho pálido, alto y delgado de tristes ojos negros que se colocó a sus espaldas y cuando este le habló dio un brinco de la sorpresa.

-¿Usted es el profesor Oak?

El científico casi se quedó sin aliento por el susto que le provocó este muchacho, pero su miedo aumentó más al darse la vuelta y conocer al dueño de aquella voz. Por aquel tiempo Gray tenía un aspecto lamentable, estaba más pálido que nunca, tenía dificultades para dormir por lo que las ojeras se hacían presentes en su rostro, su delgadez ya parecía enfermedad y la tristeza en su mirada era capaz de impresionar a cualquiera. El profesor Oak al principio pensó que era un fantasma, pero luego su mentalidad de científico le obligó a desechar esa idea. Tras superar la impresión se fijó un poco más en aquel muchacho, quien a pesar de su aterrador aspecto tenía un cuerpo sólido, definitivamente no era un fantasma.

-¿Es usted el profesor Oak? –Repitió la pregunta.

-Eh... Si...

-¿Usted es el que se encarga de entregarle a los entrenadores su primer pokémon?

-S... Si... -El profesor Oak comenzó a temer que aquel muchacho fuera un ladrón de pokémon y que ahora estaba en serios problemas, por eso se sorprendió cuando el muchacho le entregó una pokebola.

-Por favor, encuéntrele a este pikachu un buen entrenador, alguien digno que pueda ser su amigo, yo no puedo cuidarlo, confío en que podrá hacer algo por él

-Pero... -El profesor recibió la pokebola confundido y se quedó mirándola, era la primera vez que le pasaba algo como eso. –Pero este es un pikachu, a los entrenadores novatos no les damos este tipo de pokémon, pueden ser problemáticos para ellos. Acá en Kanto los pokémon iniciales son charmander, bulbasaur y squirtle, son los indicados debido a su docilidad y fácil entrenamiento, un pikachu no sería un pokémon que regalaría a un...

El profesor Oak levantó la vista de la pokebola que llevaba en la mano pero no vio a nadie, el muchacho había desaparecido, parpadeó perplejo por lo que había pasado ¿Acaso de verdad se había encontrado con un fantasma? ¿O había sido todo un sueño? No, lo último no podía ser, la pokebola que tenía en la mano era la prueba de que todo había sido real, un misterioso chico le había entregado un pikachu para que se lo regalara a algún entrenador ¿Pero qué entrenador novato querría un pikachu? En verdad no sabía qué hacer con él ahora.

Para pikachu la situación fue por decir lo menos, traumática. Al salir de su pokebola esperaba encontrar al muchacho de cabellos grises con quien estaba dispuesto a hacer las paces, quería empezar de nuevo y ahora ser el buen compañero que debía haber sido, pero eso ya no podría ser, Gray no estaba por ningún lado, ahora estaba solo en un lugar desconocido junto a aquel hombre de bata blanca que lo miraba con interés.

Pikachu asustado no dudó en atacar al profesor, no quería estar allí, quería a su entrenador, pero este no aparecía por ningún lado, corrió por las instalaciones buscándolo pero todo fue inútil, se había esfumado, lo había abandonado con ese extraño hombre vestido de blanco. El profesor Oak se las arregló para encerrar a pikachu en su pokebola a pesar de las protestas de este, dio un suspiro de alivio cuando lo logró y creyó entender la razón por la que su antiguo entrenador lo abandonó.

En aquel momento pikachu se sintió traicionado, es cierto que su comportamiento no había sido el mejor, pero consideraba injusto que lo abandonara de esa manera, hubiera preferido que lo liberara en el bosque, que al menos le diera la oportunidad de despedirse de él.

Entonces el pokémon herido en el alma decidió detestar a todos los humanos, ninguno era digno. Demon había tenido razón, mientras les sirvieras todo estaba bien, pero en cuanto comenzabas a causarles problemas te desechaban sin remordimientos, con ellos no existía la amistad ni el compañerismo. Así fue como le cogió resentimiento a los humanos, y también a las pokebolas, pues mientras se estuviera encerrado en una era imposible controlar lo que pasaba afuera.

Pero lo que pikachu no sabía, es que pronto conocería a un chico muy especial, un muchacho de 10 años, lleno de energía y de sueños por cumplir, que por cosas del destino llegó tarde recibir al que sería su primer pokémon y que debido a esto, no pudo recibir ni un squirtle, ni un bulbasaur ni un charmander, quedando sólo disponible para él, el pequeño pikachu de mala actitud. Pero aún sin tener la simpatía de su pokémon, el muchacho recibió a su nuevo compañero con una sonrisa y mucho entusiasmo. Entonces con su gran corazón y buena voluntad, terminó por ganarse el cariño de pikachu, quien se convirtió en su mejor amigo, al punto de ser inseparables, juntos vivieron aventuras incomparables e hicieron grandes amistades, mientras recorrían el camino que llevaría a aquel muchacho a cumplir su sueño de convertirse en maestro pokémon...

Pero esa es otra historia.


Por si a alguien les asalta la duda, los dos lugares que se mencionan en el capítulo, la región de Hades y Ciudad Satélite, son dos lugares imaginarios no canónicos en los que se desarrollaban un par de fanfics que solía leer en la página donde originalmente comencé a publicar esta historia. De ellos del fanfic de la región de hades quedó abandonado, y el de la ciudad satélite sigue avanzando a paso de tortuga, el autor sube algo así como 3 capitulos por año, a ves si lo termina algún día, Se llama Historias nunca contadas pokemon y es una historia soberbia, quizás el mejor fic de pokemon que haya leído alguna vez (Dentro de su categoría por supuesto).

El siguiente capítulo es el último.