Me llamo Fate Testarossa…
Yo vivía una vida normal y corriente hasta que la conocí.
Me crie en un pueblo pequeño de Japón, pero me fui a estudiar a la ciudad con mi mejor amiga Hayate. Comparto apartamento con ella, si a eso se lo puede llamar compartir ya que yo lo hago todo y ella vive de gorra, pero bueno me hace compañía supongo que eso sirve.Estudio una licenciatura en publicidad y marketing. La verdad es algo que me apasiona, aunque a veces resulta agobiante. Hayate estudia medicina, siempre le gusto ayudar a la gente sobre todo a los niños así que se especializó en pediatría. Aunque no lo parezca porque no lo parece nada de nada Hayate se esfuerza mucho.
Bueno que me voy por las ramas y no estamos aquí para hablar de Hayate, aunque a ella le encantaría eso, sino de cómo la conocí. Pues haber…
Era un tarde de inverno como cualquier otra. Hayate y yo estábamos en el salón, tiradas en el sofá tapadas con una manta y es que hacia un día de esos donde lo que menos te apetece es salir de casa.
-Ne Fate-chan, alguna vez has estado enamorada?-preguntó de repente, mientras cambiaba de canal distraída.
-eh…-la pregunte me había pillado por sorpresa-Pues no lo sé, creo que enamorada de verdad no pero…-me quede pensando en una buena respuesta.
-pero…-insistió
-es que nunca he sentido las mariposas-dije definitivamente. Y era verdad nunca las había sentido, cuando me gustaba alguien simplemente me gustaba.
-de que rayos estás hablando? Que mariposas?-dijo con la cabeza ligeramente ladeada demostrando así que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando.
-pues la mariposas. Ese cosquilleo que se siente en la barriga cuando ves a esa persona especial…-le explique aunque por su cara parecía que no lo comprendía -No me lo creo Hayate Yagami la autoproclamada "GURÚ DEL AMOR", no sabía lo de las mariposillas en el estomago. Jajajaja-me reía de abiertamente. No soy una mala persona pero ella siempre se ríe de mi y aquí donde las dan las toman.
Hayate se enfado bastante por mi acción así que cogió y me hecho, si, como lo oyes me hecho, y ni siquiera me dejo cambiarme y mucho menos coger las llaves.
Y ahí me encontraba yo vagando por las calles con un pijama de un panda, un domingo por la tarde a dos grados, todo perfecto no creen?
Cuando de repente apareció ante mí la criatura más preciosa que había visto en mi vida. Sentada en un banco al lado del lago, llevaba una coleta alta puesta de lado y tenía unos preciosos ojos azules como el zafiro; los más bonitos que había visto en mi vida aunque en aquel momento no se apreciaban del todo, ya que estaba llorando.
Me acerque lentamente a aquella chica, me senté a su lado en el banco y le dije lo mas idiota que pudiera haber dicho, pero fue lo que se me ocurrió.
-pues… se ha quedado buen día, no crees?-mientras lo decía me arrepentía como iba a hacer buen día si hacía un frío y un viento que congelaba al mismo Santa Claus-me miró.
-yo…s-sé que… n-no ha-hace buen día, porque hace un frío pero…los osos son peludos y lo aguantan bien-dije como si fuera algo de interés mundial.
Se me quedó mirando como si fuera una loca y claro tenía todo el derecho a pensarlo. Ah! Y como no; cuando se fijó en cómo iba vestida le dio un ataque de risa de película. Me alegraba ver que ya no lloraba.
Estuvimos un largo rato sin decir nada en silencio era como si fuéramos árboles más nos habíamos fusionada con el entorno y entonces vi como sus ojos se comenzaban a humedecer de nuevo y volví a hablar. Y ella volvió a mirarme.
-Sabes cuando era pequeña mi padre siempre me decía que cuando lloraba, sino era de alegría, había un elfo que moría. Y claro yo no podía con el peso de haber matado unos elfos por alguna tontería. Ha-ha-haber no quiero decir que lo te pase sea una tontería-no podía dejar de hablar-seguro que tienes algún buen motivo para estar matando elfos-volvió a reírse, tenía la risa más bonita que había escuchado en mi vida, suave y aguda era la combinación perfecta.
En ese momento podría haber cogido y haberme largado de allí, ya había parado de llorar, pero no yo no podía ser como las personas normales, tenía que continuar ahí liándola.
-ah ,vale, vale te hace gracia haber matado a unos elfos –me hice la indignada y continué con la broma, y ella seguía riendo- no te reirás tanto cuando vengan a matarte –le dije tratando de no reírme, pero me fue imposible y acabe riéndome con ella.
-Vale, "señorita panda capitana de los elfos" que decía su padre sobre cuando se reía?-habló la misteriosa chica al fin. Y os diré una cosa si su risa ya era grandiosa imaginaos como era su voz, os prometo que los ángeles hablan igual.
-esto…decía que….-estaba tan impresionada por su sonrisa que no podía articular palabra-Así! Siempre ponía una voz muy graciosa-puse voz de Gollum y dije- "el elfo caído ha revivido porque tú te has reído"-me lo estaba inventando todo, pero por hacer reír a esta preciosa (y desconocida) mujer lo que sea. Y encima me había quedado una frase muy graciosa que rimaba y todo. Continué haciendo bromas sin sentido sobre elfos durante un tiempo.
Mire la hora ya era tarde y si seguía allí iba a coger un catarro. Me levante del banco.
-Yo ya m-me te-tengo que i-ir –empecé a tartamudear porque me estaba mirando muy fijamente- hasta siempre "señorita asesina de elfos"- imite su broma con lo del mote.- mira no sé porque estabas llorado pero con la sonrisa tan bonita que tienes no deberías hacerlo nunca; además piensa un poco en lo elfos y trata siempre de reírte lo máximo que puedas-sonreí mientras le hablaba.
Ella también se levantó, miró mi camiseta otra vez y una sonrisa escapaba de sus labios.
-Adiós Panda-chan-me dio un beso en la mejilla y se fue. Me dejo una extraña sensación en la barriga.
Y ahí me quede yo sin saber su nombre sin su número ni nada. Me fui casa, pensando en que tendría que habérselo preguntado.
-Achuuuus! Encima me voy a resfriar.
Aquella noche no pude dejar de pensar en esos ojos celestes como el cielo y profundos como el mar.
Esa fue la primera vez que la vi, desde aquel día todo cambio.
Me llamo Fate Testarossa y esta es mi historia.
