Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.

La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.

Nota: Son varios personajes, en total cinco, así que será una serie llamada: "Serie Bestias Genéticas".

Capítulo beteadopor Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction

.

Burning Zeal

.

Capítulo 3.

La respiración de Isabella era frenética después de que su primer orgasmo la golpeara como una ola abrasadora. Todo a su alrededor daba vueltas, no poseía fuerzas para seguir, pero al parecer este hombre no lo entendía, pues volvió a meter un dedo en su interior, arqueándolo un poco, haciendo presión justo en su punto G, mientras masajeada su clítoris. Gemía cada vez que él hacía presión allí. La estaba volviéndola loca.

Muchacha, tu olor me tiene loco. Eres como un afrodisíaco que me excita con solo tu esencia —susurró.

—Yo…

—Dime lo que quieres. —Arqueó su dedo otra vez—. Dime qué es lo que quieres de mí.

—Yo quiero… —Un segundo dedo se unió al primero.

—No te escucho, muchacha. —Se rio entre dientes. Era una risa sensual y sexy—Habla más fuerte si quieres que cumpla tus deseos.

—Quiero tu polla en mí ¡ahora! —grité al sentir un nuevo orgasmo sacudiéndome, sus dedos estaban siendo succionados por mis paredes internas mientras me corría.

—Tus órdenes son mis deseos. —Sonrió malévolo, en sus ojos la lujuria estaba presente—. Te haré gritar tanto que ni voz tendrás. Te consumiré como el fuego, dejando solo cenizas. Te volverás tan loca de placer cuando te folle, que suplicarás clemencia. Y, te digo que, soy el mejor para este trabajo. —Me guiñó un ojo—. Una pregunta más: ¿quieres que te folle?

Sabía que él se divertía haciéndome esas preguntas mientras yo estaba indefensa ante él. Con un placer como este, ¿quién le negaría algo? Estaba muy caliente, húmeda y excitada, mi sexo dolía por sentirlo y mis pechos porque los probara, necesitaba de su tacto, con tal de que apague este fuego que me consumía lentamente.

Su mirada gritaba pecado y peligro con mucha fuerza, sabía que me embaucaba en algo grande con solo estar aquí, pero como cualquier loca, hice un pacto con el diablo y me dejé llevar. Las consecuencias serían altas o quizás súper agradables, dependiendo de lo que él hiciera conmigo, ya no importaba. Teniendo en cuenta que moriría pasara lo que pasara, ¿por qué no disfrutarlo? La muerte me iba a llegar, pero al menos él me estaba haciendo disfrutar de mi primera vez, ¡y me niego a morir virgen! Eso sí que no. Yo, Isabella Marie Swan, no moriría virgen en un lugar como este.

Lo miré a los ojos y algo en mí se removió, lo quería a él, quería todo de él y por extraño que suene era un sentimiento grande. Tomé una decisión, y con gran esfuerzo me incorporé, quedando a la altura de su cuello, alcé la vista y lo miré.

—Hazme tuya —musité en su oído, para luego pasar mi lengua húmeda por todo su lóbulo. Sentí su estremecimiento a mi contacto—. Quiero que me folles.

Sin esperar respuesta alguna me arrojó en la cama abriéndome totalmente las piernas, solté un gemido involuntario cuando retornó a tocar mi centro. ¿Es que este hombre no se cansaba? Su lengua envolvió mi pezón ya erecto, mientras que con su mano recorría mi vagina hasta llegar a mi ano e introducir su dedo en mi virgen entrada. Nunca nadie me había tocado allí, o al menos, decía que jamás lo consentiría. Sin embargo, con él todo era diferente, me sentía completa y febril con cada embestida que me daban sus tres dedos. Estaba cerca, lo podía sentir…

—No… –protesté cuando se detuvo.

—Quiero que te corras cuando esté enterrado en ti —aseveró.

Lamiendo sus dedos llenos de mis jugos ronroneó como un gatito, su mirada nunca perdió la mía.

—Eres dulce como la miel, tu olor me embriaga y me vuelve loco. —Me levantó haciéndome girar, mi estómago asestó contra la cama. Con ambas manos me alzó la cadera separándome los muslos—. Iré despacio, con tal de que puedas aceptarme fácilmente, muchacha.

El miedo recorrió mi cuerpo pero a la vez solo quería que me follara de una buena vez. No entendía porqué aplazaba tanto mi muerte; tendré en cuenta eso de ''hacerlo placentero para luego hacerlo doloroso", nada se sabe con este hombre cada vez que me toca.

Fue rozándome con su polla todo mi coño para llenarse de mis jugos, ese ligero movimiento lento me hacía gemir fuertemente, movía su cadera en un ligero vaivén sin penetrarme aún. Si bien la tortura era lenta, el placer lo compensaba. Él me tenía en sus manos para hacer conmigo lo que quisiera.

—Lo siento, linda, pero no aguanto más.

Me sostuvo firmemente por las caderas.

Su polla se posicionó en mi entrada.

Tragué grueso.

Se fue deslizando lentamente, pero aún así dolía, sentía una presión molesta e insoportable. Fue entrando un poco más y el dolor aumentó, su tamaño no era el de un ser humano. Su polla era más gruesa y grande que el de un hombre normal. Su ADN fue modificado en todo sentido cuando los científicos los crearon.

—¿Puedes tomar más? –Con voz preocupada me preguntó.

¿Cuánto más quedaba? Jesús, este hombre era descomunal. Me partiría en dos si antes no moría de placer.

—Sí... —Fue lo único que pude articular en ese estado de placer/dolor.

De una sola estocada llegó hasta mi matriz, dando un golpe que hizo temblar mi vientre. Jadeé de placer y dolor al mismo tiempo, no sabía si llorar de éxtasis o de aflicción. Me acarició la espalda tratando de reconfortarme. Ya era oficial, dejé de ser virgen y ahora no sabía lo que me esperaba.

Con un gruñido se retiró para retornar a introducirse dentro de mí rápidamente hasta tocar fondo. Sus movimientos pasaron de lentos a rápidos y desenfrenados; me montaba sin ninguna piedad, con cada estocada rauda y certera. Me tenía a sus pies, me dominaba, me hacía sentir inferior a él; y lo peor de todo, era que me gustaba.

—Tan húmeda, tan apretada como un puño —expresó—. Jamás me imaginé que te sentirías así de buena cuando te poseyera.

—Haaa… Más…más…

—Tu coño me aprieta tanto, que no estoy seguro de si lograré aguantar más tiempo. —Me dio una nalgada, haciéndome gritar.

Sus manos estaban en mi cadera, moviéndolas acompasadas con la suya, obteniendo así penetrarme más profundo, su polla golpeaba mi vientre, esto sería denominado un 4D en tamaño polla. El pensamiento me hizo reír, su polla era tan grande y larga que me dolió un infierno cuando me despojó de mi virginidad.

Me tomó de la cintura con su brazo cambiando de posición, dejándome sentada entretanto él estaba detrás de mí, sus manos me hacían subir y bajar rápidamente, mis senos se balanceaban al ritmo de los vaivenes que hacíamos. Con un rugido que espantó hasta las aves, incrustó sus dientes en mi cuello. Grité cuando una ola orgásmica atravesó mi cuerpo, y al parecer, él también, puesto que sentí su semen caliente en mí. Algo se infló en mi interior.

—¿Qué es eso?

—Tranquila, solo relájate —musitó—. Mi polla se hincha al momento de la eyaculación.

—¿Cómo un perro? —inquirí.

—Algo así. —Dudó unos segundos—. Más bien como un anillo. Al finalizar de eyacular mi polla que se entierra en tu entrada para no permitir que mi esencia salga de tu cuerpo.

—Ya veo. Así que… ¿Cuánto tiempo tengo que esperar?

—No lo sé, siempre me retiro antes que suceda.

—¿Qué sucede si me muevo?

—No sabría decirte.

Tanteé mover mi cadera de un lado a otro, él, en cambio, gruñó apretándome contra su cuerpo.

—¿Te hice daño? —Lo miré un tanto preocupada.

—No, es que…se siente tan bien…

—Oh, entiendo. —Me sonrojé furiosamente.

Giré completamente, quedando frente suyo y con mis piernas de un lado a otro. Él sonrió para mí.

—Como estaremos así un rato… ¿Cuál es tu nombre? —preguntó sin rodeos.

—María...

—No me mientas, sé que ese no es tu nombre. —Frunció el ceño—. Sé detectar las mentiras en las personas.

Tragué grueso. Eludí su mirada, pero con su mano me tomó de la barbilla obligándome a mirarlo. Sus hermosos ojos amarillos eran como el sol resplandeciente.

—Isabella —susurré bajito.

—Un bello nombre. —Me miró divertido—. Mi nombre es Edward. Te sugiero que lo grabes, porque tendrás que gritarlo cada vez que te folle.

Lo contemplé confundida. ¿A qué se refería con "cada vez que te folle"?

—No lo entiendo. ¿No me ibas a matar?

—¿Matar? ¿Para qué? —Ahora el confundido era él—. Eres mi compañera. Yo nunca te haría nada, Isabella.

—¿Q-Qué quieres decir con…c-compañera? —Tenía miedo de su respuesta, porque en el fondo intuía lo que él contestaría—. No comprendo…

—No hay nada qué entender, solo debes saber que eres mía —declaró—. Sabes…eres tan cálida por dentro, que solo imagino follándote una y otra vez.

No sé exactamente cuanto tiempo estuvimos hablando, lo único que sentí fue una sensación única cuando reanimó sus embestidas. Edward salió por completo de mí para introducirse rápidamente una vez más sin piedad, era implacable y dominante en su forma. Mi orgasmo llegó más explosivo que los anteriores, casi pierdo el conocimiento si no es porque el gruñido de Edward me despertó.

—¿Puedes continuar? —me preguntó, sin señas de estar agotado.

—¿Es que no te cansas? —repuse incrédula.

Se rio entre dientes.

—Soy una máquina de matar pero también una del sexo, y me temo decir que puedo tener mas de diez a quince orgasmos en una sola noche, o quizás más. En los laboratorios siempre nos daban diez mujeres para cada uno de nosotros. —Su semblante cambió a preocupado—. ¿Te hice daño?

—No, no es eso. Es solo que… ¡Válgame Dios! Tienes mucha resistencia y yo solo soy una novata en esto del sexo. ¿Cómo quieres que te lleve el paso?

—Eso lo podemos arreglar en unas horas. —Con una sonrisa ladina salió de mí, haciéndome jadear.

¿Es que toma la pastillita azul, o qué? Debe ser una broma que tenga más de diez polvos en una sola noche. ¡Joder! Nadie en su sano juicio puede aguantar tanto. Ya perdí la cuenta de cuantas veces me he corrido en tan solo unas horas atrás. Mi sexo se encuentra muy adolorido, aunque disfruto mucho de todo lo que me hace. Edward es un dios del sexo, con ese cuerpo tan fornido y esa voz tan sensual que me hace desearlo incansablemente.

—Sé que te duele, muchacha. —Minutos después de correrse se aparto de mí, su semen goteaba de mi coño—. Mejor te instruiré en el arte de una buena mamada.

Puede que sea tonta o bruta, pero en verdad no capté eso de ¿mamada? Eso es algo nuevo, sinceramente tengo que leer más novelas o quizás un buen video porno que explique un poco sobre las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer. ¡Diablos! Ni en mi educación en los laboratorios se hablaba de algo así.

Edward se fue acercando hasta a mí, me indicó que me sentara. Su polla era algo descomunal, erguida con su magnifico orgullo en todo lo alto, no puedo creer que eso allá estado en mi más de una vez. Con suerte dejará de dolerme la próxima vez que tengamos sexo. ¿Habrá una próxima vez? No, claro que no… Es solo que él…me descontrola. Esta no soy yo, yo soy analítica, segura e inteligente en lo que hago, no soy impulsiva ni me dejo llevar por los deseos.

Se me acercó, cuando mis labios se encontraron con la cabeza de su pene, un tiro de emociones me recorrió desde mi boca a mis pezones y vagina. Se sentía tan suave contra mis labios y con tanta fuerza en la mano. La emoción fue aún más intensa a sabiendas que yo era la causa de su excitación.

Una sonrisa tocó mis labios cuando pasé la lengua por el pequeño agujero de su glande y probé el líquido que salía de allí. Salado y dulce, y me gustó. Quise más de él.

Edward movía la otra mano hacia arriba y abajo de los otras seis pulgadas de su eje. El pene del hombre tenía un buen total de diez pulgadas (1), pero fui capaz de llevarlo a una profundidad suficiente. Cuando Edward gimió, juré que nunca había sentido una emoción tan grande en mi vida. Tenía el control del placer de este hombre.

Y luego algo me golpeó... Una oleada de placer recorrió mi cuerpo entero.

Pasé la lengua a lo largo de su longitud, y aplicando una suave succión mientras su mano seguía trabajando en su eje, pensaba en lo excitante que era hacer una mamada. Sin duda este hombre era dominante, prepotente y posesivo.

Él la deseaba como su compañera.

Pero, ¿era esto lo que ella deseaba?

Su cuerpo ardía en fuego, sus sentidos estaban llenos del almizcle y el aroma masculino que destilaba. La cama se movía a un ritmo que hacía que sus pechos se movieran, mientras se seguía de arriba hacia abajo de la polla de Edward.

—Agarra mis testículos —ordenó con la lujuria marcada en sus ojos.

Me encontré instintivamente siguiendo sus órdenes, mientras continuaba dándole felación. Llevé una de mis manos hasta sus testículos y sentí su peso. Se los apreté suavemente.

Edward gruñó.

–Retírate antes de que yo…

Sus palabras quedaron a medias. Sus testículos se movieron, su pene se puso rígido y le llenó la boca.

Supo diferente, como nada que hubiera probado nunca. Dulce y salado.

Saber que le había traído tanto placer y que lo hizo correrse era un poderoso afrodisíaco. La hizo desearlo aún más. No importaba que fuera un extraño, quería sentir sus manos sobre su cuerpo, y sentir su pene dentro de su núcleo.

Isabella lo chupó, atrayendo más líquido a su boca y a su garganta. Edward apretó la mano más duro en su pelo y tiró de su cabello apartándolo de él.

—No lo vuelvas hacer, muchacha, si no quiere que cuando mi polla se hincha te haga daño en la mandíbula. —Me miró para luego sonreír—. Has obtenido un sobresaliente en tu primera mamada.

Me tiré en la cama, ya no podía ni mover un solo músculo después de tanta acción. Estaba súper agotada y es decir mucho, este hombre me tenía controlada y en su poder. Lo último que recuerdo antes de perder la conciencia fue lo tibio de un paño en mi sexo.

Me desperté y solo había una tenue luz que provenía de una fogata encendida dentro de la cueva, aquello la mantenía cálida y agradable. Mis partes me dolían mucho y otras que jamás podría imaginarme que me podrían doler en mi vida. Todo mi cuerpo estaba tenso y el dolor era molesto, pero claro, no me quejé cuando me folló unas mil veces, y ahora aquí están las consecuencias.

Me bajé de la gran cama, halando conmigo una manta para cubrirme mi cuerpo. Encontré mi ropa en una esquina doblada junto con mi mochila y algunas de mis barras de proteínas. Me vestí colocándome mis shorts y una blusa de tiros, tomé dos barras con algo de agua. ¡Qué bien se sentía comer algo después de no haber consumido nada por casi un día! Imaginaba que era así, pues el cielo, al final de la cueva, se veía oscuro. Me tensé al recordar a Edward. ¿Dónde estará él? Traté de recoger mis cosas para poder escapar.

—¿A dónde crees que vas? —Volteé y allí se encontraba Edward, recostado maravillosamente en una de las paredes de la cueva con unos pantalones de cuero—. Eres mi compañera, y de aquí no sales.

—No puedes tenerme aquí para siempre. —Mantuve mi mirada fría en él.

—No, tienes razón, pero debes aprender a obedecerme, muchacha.

—¡Joder! Deja de decirme muchacha. Yo tengo un nombre y es Isabella, así que recuérdalo.

—Isabella… —Lo pronunció como saboreando mi nombre en sus labios—. Me gusta, es algo dulce y fiero que me excita. Haremos un trato, ¿te parece?

Busqué algún signo de mentira en sus ojos.

—Si continúas mirándome así, olvidaré que estás adolorida y te montaré. —Sonrió.

Me sonrojé ante su forma de hablarme.

—Soy toda oídos.

—Toleraré que hagas lo que quieras por la amazona, pero jamás me dejarás. Eres mi compañera, y no sé qué consecuencias haya si nos alejamos el uno del otro. Trataré de controlarme en dominarte, pero a cambio, quiero que tengamos sexo cada vez que yo quiera y cuando tú desees. No te obligaré a menos que tú lo ansíes. —Me inspeccionó de arriba abajo—. No quiero que uses eso que los humanos llaman bragas en nuestro nido, en presencia de hombres te doy permiso para llevarlas, y aunque no me hace gracia que andes vestida aquí, no te puedo imponer a que andes desnuda para mí.

No podía creer lo que mis oídos escuchaban, estaba prácticamente redactando un contrato en palabras. ¿Es que no tiene límites este hombre? Me debatía entre aceptar o declinar su oferta. Por un lado, si aceptaba, puede que Edward no cumpliera todo al pie de la letra, y por el otro, que igual no me hiciera caso y me matara. Sé que él dijo que no lo haría, más nadie sabe si cambia de opinión. También está la cuestión de ir por el tesoro que había olvidado por tantas cosas.

Ahora me encontraba entre la espada y pared.

¿Qué debía hacer?

Mi mente trabajaba a mil por horas buscando alguna respuesta lógica, pero todo era inútil.

—Aceptaré todo lo que has dicho, solo con algunas condiciones.

—Te escucho.

—Primero, usaré ropa donde y cuando quiera, ya que no me siento cómoda andando por ahí sin nada de ropa interior; segundo, no me digas muchacha y usa mi nombre. Tercero, tengo una misión importante, que es buscar un tesoro oculto en el amazona, y tú me ayudarás. Eso es todo por el momento.

—Me parece bien, Isabella. —Se burló—. Eres mía, y te protegeré con mi vida. Ahora, vamos a comer algo mejor que esa basura que llevas en esa bolsa grande.

—¿Te refieres a mi mochila y la barras de proteínas? —le pregunto y él asiente—. Eso no es basura, es muy nutritivo y sano para el ser humano.

—Lo que tú digas, Bella, porque eres más bella que una flor en el paraíso. —Me sonrojé.

—Gracias.

—He cazado algunos pescados, espero te gusten.

—Sí, no hay problema. —Sonreí—. Hay otra cosa que quiero decirte…

Bang.

Bang.

Bang.

El sonido de unos disparos se escuchó a lo lejos, los pájaros asustados emprendieron el vuelo, despavoridos y algunos animales echaron a correr. ¡Oh no! No puedo creer que los imbéciles esos me hayan seguido hasta aquí. ¡Demonios! Esos gilipollas tratan de matarme. El miedo corría por mis venas. Jamás les había temido, sin embargo ahora es diferente, no sé qué quieren ellos de mí. ¿Será el tesoro? Podría ser, pero… ¿Por qué tomarse tantas molestias en matarme desde hace ya tiempo atrás? No tiene sentido, aunque nada tiene sentido en mi vida.

—¿Qué ha sido eso? —Me observó y yo desvié la mirada—. Dime qué demonios ha sido eso, Isabella. ¡Responde!

—Ellos...son…

—¿Quiénes son? —Me sacudió en mis hombros—. ¡Habla de una vez, joder! Niña, habla.

—¡Ellos tratan de matarme! —le grité—. No sé quienes son o qué quieren de mí, siempre los he despistado pero de una forma u otra siempre dan conmigo.

Algunas lágrimas rodaron por mis mejillas. Edward me apretó contra su pecho, transmitiéndome apoyo. Él era mucho más de lo que alguna vez había soñado. Se había convertido en mi mundo ahora, y a pesar de que me rehusaba a ser su compañera, él ya me había marcado como suya desde pequeña. ¿Se acordará él de mí? Porque yo recuerdo perfectamente el día que nos vimos cara a cara. Fue un día en el que los médicos estaban en la sala de experimentos y permanecieron allí por más de cinco horas, estaba sola y aburrida estudiando, así que me escabullí hasta las jaulas del sector de contención.

.

.

Con la tarjeta de acceso de mi madre abrí la puerta de contención, acercándome a la jaula número uno. Allí estaba él, tirado como un perro en una esquina. Entré, a sabiendas de que podía matarme, y me agaché hasta su altura. Tenía sus ojos abiertos de par en par, contemplándome con sus hermosos ojos verdes. Le acaricié su cabello y él gruñó. Me asusté y aparté la mano, pero él me agarró por la muñeca con algo de presión, atrayéndome a su cuerpo.

No dijo nada, en cambio yo moría por preguntarle si le dolía algo. Quedamos frente a frente, mirándonos sin decir palabra alguna, le acaricié su pelo, era tan suave como la seda, le sonreí y saqué de mi bolsillo media hamburguesa, la cual me había suministrado a escondidas el doctor Swetem.

Por favor, come algo. —Me ubiqué a su lado—. Mi madre sale en dos horas de la sala de experimentos, si me ve aquí contigo va a pegarme. Cómelo, no está envenenado. Mordí un pedazo de la misma—. Ves, está bueno y es de carne.

Tomó la hamburguesa y se la comió toda.

No deberías estar aquí, niña enunció por primera vez y me enamoré de él desde entonces.

Suspiré.

Lo sé, pero no digas nada, ¿sí? Le tendí mi mano dejando ver mi dedo pequeño—. ¿Me lo prometes por la garrita?

Él sacudió la cabeza, negando y sonriendo.

Te lo prometo por la garrita. Se carcajeó después de decir eso—. ¿Cómo te llamas, niña?

Dime Bella…

Después de ese encuentro, cada vez que los doctores se iban a la sala de experimentos hablábamos de todo. Cuando entrenaban, los vislumbraba a través de la doble ventana.

.

.

—Isabella… ¡Isabella! —gritó trayéndome al presente. Lo miré—. No te preocupes, yo te protegeré con mi vida, te he conocido y no pienso perderte ahora.

Si tú supieras, Edward… Al parecer no me recuerda.

Ese pensamiento me puso triste y no tenía idea de cómo se sentirá él al saber que soy la hija de los doctores que experimentaron con ellos.

—Edward, te creo, sé que me cuidarás mucho. —Me puse de puntitas y lo besé en la comisura de sus labios—. Solo quiéreme y no me dejes.

Me tomó por la cintura y me besó con fervor, como si no hubiera un mañana. Cada beso era candela pura que me encendía con cada movimiento de nuestras lenguas. ¿Dónde quedo la Isabella decente? Al diablo con lo decente, teniéndolo así quien piensa en ser decente cuando puedo ser indecente y mala con él de una forma placentera.

Los disparos cesaron, los animales estaban más calmados y todo parecía estar tranquilo. Los tiros provenían de muy lejos, aunque eso no quiere decir que no pudieran llegar hasta nosotros. No quiero que a él le pase algo, ya fue suficiente con lo que ha vivido; a cambio de mí que he estado rodeada siempre de lujo.

No supe en qué momento llegamos a la cama, Edward seguía besándome y obviamente eso que rozaba mi vientre era la prominente erección que trataba de contener sus pantalones, mi coño estaba mojado y mis pezones erectos y sensibles. Edward inhaló y sonrió pícaro.

—Eres mi compañera, y nunca podría alejarme de ti por más que huyeras de mí. —Sonrió arrogante—. Además, todavía no te he hecho gritar mi nombre, nena.

Continuará…

.

.

N/a: bueno girls aquí el capitulo y gracias a Manuela por tenerme paciencia con mis horrores ortográficos y siempre tenderme una mano. Espero les allá gustado y me dejen sus comentarios. Saludos y hasta la próxima.

* 10 pulgadas equivalen a 25, 4 cm