Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Capítulo beteadopor Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction
.
Burning Zeal
.
Este fics esta registrado por Safe Creative bajo el Código: 1404140590923
Fecha 14-abr-2014 5:10 UTC
Licencia: Todos los derechos reservados
.
Capítulo 4.
Me encontraba recostada sobre algo muy suave, sentía mi piel contra seda, o quizás pieles. No quería despertar del sueño erótico que invade mi subconsciente. Un gemido se escapa de mis labios y mi vientre se encoge ante una ráfaga de lujuria, la cual me atraviesa por todo el cuerpo.
Mi respiración se vuelve algo pesada y agitada. Alguien o algo lamía mi coño con mucho ahínco.
‒Mmmm…
Se podía escuchar perfectamente los murmullos del personaje erótico de mi sueño, quien se ubicaba entre mis piernas chupando con fervor mi coño, sin clemencia alguna, sacándome un jadeo. Este sueño era más real que los demás que he tenido en toda mi vida, y les aseguro que los puedo contar con mi mano.
Un gruñido me hizo abrir mis ojos. Observé con firmeza el hombre que me tenía con las rodillas dobladas y su cara entre mis muslos, lamiendo y chupando mi vagina como si fuera algo suculento para él.
Entretanto, me di cuenta que nada había sido un sueño. ¡Esto es real! Madre mía, qué vergüenza. ¡Y yo gimiendo como perra en celo!
Vagos recuerdos vinieron a mi mente como un rayo. Recordé la manera en la que llegué a parar aquí, y las cosas que habíamos estado haciendo, considerando que yo era su "rehén", o mejor dicho, su esclava de placer.
―Por favor… Haaaa, para…
Me apretó más contra su cara y pellizcó con sus dientes mi clítoris. No aguantaba más, quería correrme de una buena vez, por el contrario, él solo hacía la tortura más lenta.
¡Rayos, cómo quisiera que me follara!
A veces ni yo misma me entiendo. Mi lado bueno dice "sé sensata, esto no durará mucho, así que detenlo mientras puedas"; mientras que mi lado oscuro, que normalmente es el que sigo desde que conozco a Edward, exige "que nos folle, al diablo todo. Solo queremos sentir la adrenalina de estar viva, hermana".
Si escucho mi lado bueno, estoy segura que mi segundo nombre sería frustración, y no precisamente de estrés. En caso de que sea una completa perra, se me alegra todo en la vida.
Genial, simplemente genial.
―Edward ―jadeé cuando uno de sus dedos entro en mí―. Más, dame más…
―Solo déjate ir, nena. Dale a tu macho lo que desea.
¿Macho? ¿A qué se refiere con eso?
―¡Jesucristo! ―exclamé cuando, de una sola estocada, me penetró.
―Lo siento, nena, pero Dios no te va ayudar en esto. No creo que quiera verte mientras te monto. ―Una sonrisa burlona surcó sus labios.
Su vaivén era alucinante, me volvía loca con cada estocada. Sus manos se trasladaron hacia mis senos, apretándolos con delicadeza mientras empujaba su polla gruesa y larga hasta lo profundo de mí ser. No me dolía, aunque lo sentía hasta mi vientre. Con una de mis manos, lo atraje por su pelo con el objetivo de que me besara en los labios.
Mi cuerpo ardía por él. Quería dejarle una marca para que todas las perras supieran que era mío, así que le formé un buen chupetón entre su cuello y hombro. Una estocada profunda me hizo estremecer. Él gruñía, mientras tanto nuestras lenguas hacían su danza para saborearnos el uno con el otro. Sus manos bajaron hasta mis nalgas, con tal de sujetarlas y aumentar el ritmo a sus penetraciones.
Solo se escuchaba nuestra entrecortada respiración, gemidos, gruñidos y jadeos por parte ambos.
―¡EDWARD! ―clamé al sentir cómo estaba por explotar.
Un gran orgasmo arrasó con todo mi cuerpo, esparciéndose rápidamente; él, por otro lado, seguía bombeando en mi interior.
Aún no me había recuperado del primer asalto, aunque él ni siquiera me daba tregua alguna para descansar y reponerme, no era que me quejara, al contrario, me encantaba la sensación de sentirme ardiente junto a él.
Me tomó en brazos, quedando sentados y yo encima de él. Arriba y abajo, movimientos rápidos y profundos. Otro orgasmo me atravesó y él seguía sin acabar.
¡Este hombre es de hierro!
Ya no puedo aguantar más. Mi cuerpo se hallaba adolorido, pero aun así mi deseo aumentaba considerablemente a medida que las estocadas continuaban. Sus manos suben y bajan por mi espalda hasta llegar a mis nalgas y volver a subir. Me besa entre la unión de mi cuello y hombro.
¿Por qué se siente tan bien estar con él? No lo sé…
Sin embargo, siempre me he sentido muy atraída por él, desde el momento que lo vi. Aunque de pequeña no sabía que, esa fascinación por él, se convertiría más adelante en pura lujuria.
Un gruñido fuerte me sacó de mis pensamientos. Edward, agarrándome la cintura con ambas manos, continuó subiéndome y bajándome con rapidez. Estaba por correrme, lo sentía, y por lo visto él también estaba por llegar a su culminación.
―ISABELLA ―rugió mi nombre por todo lo alto al correrse en mí.
Chorros de semen me fueron llenando, quedando estancado en mi interior al hincharse su polla, dejándonos a los dos abotonados. Sin poder resistirme, lo besé hasta que perdí la conciencia.
Me desperté algo desorienta y adolorida en partes que desconocía que podían dolerme algún día. Me quejé al tratar de incorporarme, con tal de mirar a mí alrededor y saber donde me ubicaba. Todavía me sentía algo cansada y con dolor.
Observé todo lo que me rodeaba. Cerca de la fogata, había unas hojas de mata de un cocotero con algo de pescado y fruta fresca. Me levanté y atraje una de las pieles para cubrir mi desnudez.
Me acerqué a donde se hallaba la comida y mi estómago protestó. Me senté cerca del fuego y me dispuse a comer. Estaba delicioso. A mi lado estaba un coco, con un hoyo en el medio para facilitar beber su contenido.
¿Quién lo diría? Isabella Swan comiendo como un cavernícola. Me reí ante mi ocurrencia.
Le di un mordisco al pescado y gemí en aprobación. La fruta estaba muy rica, nada comparado las barras de proteínas que solía consumir a diario.
―Veo que despertaste, Muchacha.
Di un respingo al escuchar a Edward entrar con bananas sobre su hombro. Se veía tan sexy, con sus pantalones de cuero negro y unas botas militares. Mi vista se centró en una parte de su anatomía en concreto. Me pase la lengua por la comisura de mis labios.
―Si continúas haciendo eso, no me quedará otra opción que tomarte en el piso. ―Sonrió de lado.
Dejó en una esquina las bananas y se acercó con paso glacial y dominante. Me sentía pequeña en su presencia. Me quedé boquiabierta cuando se fue quitando las botas, dejándolas tiradas a un lado.
Mi cara debía ser todo un poema. Cuando sus manos se dirigieron a sus pantalones y se los fue bajando lentamente, liberando su erección, un jadeo involuntario brotó de mis labios. Se detuvo en frente a mí, mirándome como un depredador.
―Espero que esta vez no pierdas la conciencia. ―Se rio entre dientes.
Definitivamente era un maldito arrogante.
―Quieres chuparme la polla.
No sabía si era una pregunta o una orden. Mi cuerpo enseguida reaccionó ante su pregunta algo indecorosa.
―He dicho si quieres chuparme la polla.
Lo miré a los ojos y asentí.
―No te he escuchado decirlo. ―Sonrió mostrando una perfecta dentadura marca Colgate.
―S-Sí, permíteme chupártela.
Me arrodillé ante él, agarrando entre mi mano derecha su enorme falo, duro y suave como la seda. Un gemido de satisfacción surgió de Edward cuando hice presión en su erección.
Me reí al ver su cara de tortura cuando mi mano se fue moviendo de arriba abajo, mi pulgar acariciaba su glande y rozaba su pequeño orificio.
―¿Quién domina a quien? ― dije, ganándome una mirada asesina.
¡Oh sí!, disfrutaría mucho mi momento de poder.
Habían pasado dos días desde que caí "prisionera" en la guarida de Edward. Él se portaba muy bien conmigo, aunque se negaba rotundamente a dejarme viajar por la selva para buscar lo que había empezado desde un principio. El sexo era alucinante, sobre todo momentos en los que me quería "hacer entrar en razón", cada vez que sacaba a flote el tema de salir y buscar el tesoro Maya.
Edward me cuidaba como nadie. Me desquiciaba su manera sobreprotectora, hasta para ir al baño se aseguraba que todo estuviera con calma. Nos bañábamos juntos todos los días.
Mi vida estaba llena de emoción y acción cada vez que iba de excavación en excavación por distintos continentes, y pensar que Edward me quiere aquí, viviendo como un animal, me está haciendo perder la cordura.
Algunas veces los gruñidos de Edward me asustan, o se me acerca como un depredador por detrás. Él asegura que no puede hacerme daño, puesto que me reconoce como su compañera; yo confío en él, solo que no puedo evitar que el miedo se apodere de mí.
El tesoro Maya debe estar muy cerca de aquí, lo sé, solo necesito poder salir de aquí sin que Edward lo note, tal vez en día de casería. Otra cosa es la muerte de los animales destripados en la zona. Él me dijo que aquello era obra de los humanos, ya que distintas huellas y olor provenían de ellos. Lo de los humanos muertos sí había sido él.
.
Edward estaba encendiendo una hoguera para mantener caliente la cueva del frío de la noche. Después de un sexo increíble, me había bañado en un riachuelo cerca de aquí. Al regresar, él se hallaba sentado, mirándome fijamente mientras comía un trozo de carne.
―E-Edward, ¿t-tú sabes de los humanos que m-murieron en la zona, de una manera algo loca?
―Me preguntaba cuando, por fin, me interrogarías. ―Sonrió cínico―. Los maté yo.
Permanecí quieta en mi puesto, el miedo estaba regresando. Trataba de tranquilizarme, pero era inútil, mi corazón bombeaba tan rápido que sabía que él podía escucharlo. Di un paso atrás y luego otro.
En tan solo unos minutos, nuestras miradas se cruzaron, y Edward se encontraba detrás de mí. No sabía que era tan rápido hasta que lo sentí tocarme mis pechos y pasar sus manos por todo mi cuerpo.
―Sí, los maté, solo porque ellos eliminaban animales que, tengo entendido, están en peligro de extinción en esta zona. Que viva aquí no quiere decir que sea un retardado. ―Su mano hacía estragos por mi vientre―. Les di una advertencia. No obstante, continuaron disparando sin cesar, y no me quedó de otra más que matarlos.
―Edward, yo… Haaa… ―gemí cuando metió su mano por mi short.
―Ahora, vamos a la cama. ―Me cargó entre sus brazos―. Te haré mía una y otra vez.
.
A veces no entiendo si Edward sabía más de la cuenta o no, lo único que tengo seguro es que, sus habilidades en la cama son descomunales y es sobreprotector al extremo.
Caminé hasta salir de la cueva. Avancé adentrándome un poco hasta la jungla sin mirar atrás. La duda de si estaba bien marcharme sin darle ningún aviso a Edward me carcomía por dentro, pero tenía una misión y no podía abandonarla ahora. Vine con un propósito, y Edward seguramente no me dejaría ir a buscar el tesoro más allá de los límites donde estábamos situados.
Mi pantalón corto es perfecto para moverme con mayor facilidad entre los árboles si ocurría cualquier percance. Aceleré el paso y saqué un mapa de mi mochila, con tal de ubicarme.
¡Rayos! Estaba más lejos de lo que había imaginado, me tomaría dos días llegar al otro lado.
En mi mano dibujé unas coordenadas por si perdía el mapa. Alcé mi cabeza a lo alto para mirar el sol, había un buen tiempo, lo que significa que en siete horas oscurecería. Me encaminé de nuevo, ya que no era un camino fácil por donde seguir; mi cuerpo decía que regresara, pero mi cerebro me animaba proseguir con esta aventura.
Edward estaría furioso cuando llegara y notara que mis pertenencias desaparecieron de la cueva, incluyéndome a mí.
Pues lo siento, señor arrogante, pero es mi misión hacer el mundo mejor y que ese tesoro no caiga en manos equivocadas.
¿A qué me refiero?
Soy famosa hasta cierto punto, y me siguen a todos lados un sinnúmero de odiosos reporteros. Estoy a favor de las buenas acciones, como no dejar cosas de valor expuestas ante el mundo para que estén subastándolas. Prefiero dejarlos en un lugar seguro.
Un rugido espantoso hizo que las aves se dispersaran por el cielo. ¡Oh no! Edward ya sabe que desaparecí.
El calor era insoportable. Eran como alrededor del mediodía y Edward ya debió reparar en que no estaba. Saco una barra y un poco de agua para comer y poder seguir mi camino en veinte minutos.
De pronto, un dolor en mi vientre se fue formando, como un ardor en mis partes que me iba afectando poco a poco. ¿Qué me ocurre? Me arrojé al suelo, bebiendo agua como una desesperada y derramándola por mi cuerpo, desapareciendo por el valle de mis senos, mojando mi camisa.
Empecé a sudar frío, mis pezones se alargaron como dagas debajo del sostén. Me sentía caliente y con dolor.
¿Habré cogido un virus? Lo dudaba.
¡Isabella, vuelve!
Una voz, específicamente la voz de Edward, estaba en mi cabeza pidiéndome que vuelva. ¿Me estaré volviendo loca? Un escalofrío recorrió mi cuerpo, haciéndome jadear y marearme un poco.
¡Edward!
Su nombre fue lo primero que mi mente pensó. Unos calambres en mi vientre me hicieron colocarme en estado fetal. Lágrimas bajaban por mis mejillas. Ya no podía soportarlo más.
Anhelaba que Edward se encontrara conmigo en este momento. Lo añoraba más que a nada, considerando que solo han pasado unas horas desde la última vez que lo vi.
―Ahhh… ―lloriqueé.
¿Qué me está pasando? No lo entiendo.
Ya no lo soporto más.
―¡AAHHH! ―grité cuando el dolor se intensificó.
No paraba de gritar, por más que lo deseara estar callada no era una opción en mi estado. Un alarido quedó ahogado en mis labios cuando una nueva corriente me atravesó.
Tenía que tocarme con desesperación. Me bajé el short junto con las bragas, ya estaba mojada así que me senté recostándome en un árbol mientras juntaba mis dos dedos en mi clítoris. El contacto me produjo un gran alivio, pero el dolor en mi bajo vientre persistía.
Me masturbaba ansiando conseguir mi liberación, pero me era imposible llegar. Me faltaba algo, y sabía perfectamente qué era, solo que no se hallaba a mi alcance.
Poco a poco empecé a entender lo que me ocurría, y tiene que ver con Edward y los malditos científicos de mierda que los crearon.
Traté de imaginarme a Edward mientras me penetraba. Con un dedo dentro de mí seguí con mi fantasía: Edward tocándome por todos lados, entretanto me besaba y acariciaba sin parar. Yo jadeaba y gemía, moviendo mis caderas a la par con mis dedos. Edward seguía tocándome.
Cuando por fin recobré la conciencia, vi al verdadero Edward lamiendo mi coño con voracidad. Me miró con sus ojos dorados en estado depredador. Un espumo me llegó, haciéndome acabar en su boca.
Las palabras no eran necesarias, sabía que él estaba muy furioso conmigo por huir y dejarle solo. Me levantó por las caderas, guiándome hasta sentarme justo en su polla. Los movimientos eran desesperados por parte de ambos, era un vaivén desenfrenado. Ninguno de los dos paraba de jadear. Yo, por mi parte, lo cabalgaba salvajemente, hasta que en un beso acallamos nuestros gritos en el momento de la liberación.
―Empieza a hablar, Muchacha. ―Me apretó más contra su cuerpo.
Contemplé su rostro y, efectivamente, tenía una expresión de enojo.
―Lo siento…
―Esa no es una respuesta. ¿Por qué te fuiste?
―Tu no tolerabas que fuera en busca del tesoro, que es la razón por la que estoy aquí en primer lugar. No quería dejarte, pero no me has dado opción alguna, Edward. ―Lágrimas recorrieron mis mejillas, así que bajé mi vista―.Tú no me dejas hacer nada por mí misma. Me tienes controlada y eso no me gusta, siempre he sido muy independiente en mi vida, no necesito que nadie me diga qué hacer.
Un momento en silencio. Ninguno dijo nada. Él seguía estando hinchado dentro de mí, lo que me hacía querer perder la cabeza nuevamente.
―Ay, Muchacha, lo hago porque me importas y no quiero que nada malo te ocurra por estar sola sin me protección. Eres mi compañera, y necesitas comprender que siempre seré un sobreprotector, aunque no te guste. Además, no te puedo dejar sola ni por un segundo, puesto que te escapas cuando me doy la vuelta. ―Pone un dedo en mi barbilla y me hace mirarlo a los ojos―. Hagamos un trato, ¿te aparece?
Asentí. Él sonrió de lado.
―Buscaremos ese dichoso tesoro y harás lo que tengas que hacer con él. Yo te ayudaré en todo momento, ya que ninguno puede estar lejos otro. Luego, estarás conmigo para siempre. ¿De acuerdo?
―Me parece súper ―acordé―. Yo no quería dejarte, pero si no me iba jamás me dejarías salir de la cueva. Lo siento mucho.
―Ah no, Muchacha, tendrás que atenerte a las consecuencias de tus actos. ―Una sonrisa malévola surcó sus labios y debo decir que no me gustaba para nada―. Y algo me dice que te va a gustar mucho tu castigo.
¡Oh no! Quedaré en sillas de ruedas después de esto.
Estaba acompañando a Edward en su casería. No entendía por qué debíamos permanecer en silencio, hasta que cayera su presa, si él tenía trampas. Porque tenía, ¿no? Los árboles se sacudían con el viento, refrescando todo a su alrededor; la selva era algo misteriosa y llena de vida, no debía ser tocada por los humanos, ya que todo lo que tenemos es para destruir en cierto modo.
Mi vista se posó en la fuerte espalda de Edward, con todos esos músculos que me hacían sentirme segura y protegida cuando me abrazaba. Todo en él era magnífico y hermoso en su forma. Su cabello cobrizo con mechas rubias resaltaba sus ojos verdes, los cuales se tornaban dorados cuando estaba en modo instinto.
Su torso estaba muy marcado, parecía una tableta muy comestible de chocolate negro. Mis pensamientos se están desviando y me estoy empezando a excitar otra vez. "Cálmate, chica, ¿no ves que están en algo importante y tú pensando en follar?". No lo puedo evitar, es como si algo me incitara a coger a cada rato con Edward.
Se escuchó el crujir de unas ramas y algo correteando por nuestro alrededor, estaba comenzando a tener un poquito de miedo, pero la presencia de Edward lo apaciguaba un poco. Un chillido agudo resonó a lo lejos, se podía sentir cómo se iba acercando hasta nosotros, no podía ver nada, pero de seguro que él sí.
Su cuerpo se tensó y soltó un leve gruñido mientras se posicionaba como si fuera a correr en cuatro patas. Me dio una mirada pícara y me hizo un gesto con su mano de que siguiera en silencio, yo asentí con una sonrisa. Volvió su vista al frente, esperando que la presa se dejara ver.
En eso un jabalí salta para comer un poco de carne seca que había puesto antes para atraerlo. Edward salta de nuestro escondite mas rápido que un jaguar, solo le toma unos segundos cuando sus garras crecen y desgarran al jabalí, dejándolo muerto.
No tuve tiempo para reaccionar cuando ya todo había pasado. Me hallaba ahí, estática, mirando cómo él amarraba a una liana las cuatro patas del animal y se lo pasaba por su hombro, caminando en dirección hacia mí.
―Ya podemos irnos, tendremos carne para tres días, amor. ―Me guiña un ojo.
Yo sigo sin moverme, observándolo.
Él suspira, llevándose su mano izquierda a la frente con los ojos cerrados, mientras negaba.
―Sabía que no debía traerte, ya me imaginaba cuál sería tu reacción. ―Avanzó unos pasos hacia mí―. Debe ser algo brutal mirar cómo cazo, sin embargo, tendrás que acostumbrarte porque…
―¡Qué impresionante! ―chillé emocionada cortándolo―. ¿Cómo corres así de rápido? ¡Wow! No te tomó ni un segundo matarlo fue… ¡Jesús! Me has dejado loca.
Una sonora carcajada se escuchó en el bosque.
―¿Por qué te ríes? ―inquirí curiosa.
―Por nada. ―Sonrió―. Vámonos a casa.
Al levantarme, me tropiezo con una raíz sobresalida de un gran árbol de lianas. Él se acerca para ayudarme, cuando en eso se escucha…
Bang, bang, bang…
Tres disparos secos a lo lejos, ocasionando alboroto entre las aves. ¿Quién diablos estará haciendo eso? Tenía que moverme ya en busca del tesoro, he olvidado cual es la razón por la que estoy en el Amazonas.
Miro a Edward seria, a lo que él asiente, como si supiera lo que estaba pensando en ese instante.
―Yo te acompañaré, Muchacha ―aseguró.
―Será peligroso.
―No creo que más que yo, ¿no? ―Una sonrisa arrogante adornó sus labios―. De todas formas, no dejaré a mi chica sola en esto.
―Gracias… ―Fue todo lo que pude decir.
Dejó caer al animal al suelo y se acercó abrazarme entre sus dos fuertes brazos que eran mi escudo. Quería encontrar el tesoro Maya, pero también quería permanecer para siempre con él, así que lo más práctico era quedarme con mis dos objetivos, a pesar que el segundo me daba un poco de temor.
―Mañana mismo saldremos a buscar ese dichoso tesoro, y luego, serás mía para siempre ―sentenció.
Continuará…
N/a: disculpen la tardanza aquí el cap 4 y mil disculpa por tardar, tratare de actualizar antes si puedo D: y no me maten ladys y gracias a las que han dejado sus reviews.
Pd: el siguiente cap será un POV EDWARD desde su nacimiento hasta el final del capi 4 okz.
