Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Capítulo beteadopor Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction
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Código: 1405100832725
Fecha 10-may-2014 4:54 UTC
Licencia: All rights reserved
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Burning Zeal
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Capítulo 5
Alaska 1938
Sede de investigaciones Scram
Las personas que transitaban de un lado a otro con pruebas en sus tubos de ensayos y algunas muestras que observaba un hombre por el microscopio, hizo que surgiera una sonrisa en sus labios al ver tal descubrimiento. Miró a un lado y luego al otro, hasta que apareció una joven muy hermosa enfundada en una bata de laboratorio y en sus brazos en pequeño bebé, de no más de dos meses de nacido, durmiendo con tranquilada. Ella le sonrió abiertamente mientras en una esquina colocaba al bebé en su corral.
―¿Cómo van las muestras? ―preguntó la mujer.
―Mi amor, ya estamos cerca. Sé que si probamos esta nueva inyección, podríamos ser hasta inmortales. ―Sonrió.
Ella suspiró y lo observó por unos instantes.
―¿Y cuándo podremos irnos de vacaciones? ―cuestionó.
―Elle, ya hemos hablado de esto antes. ―Su mirada se tornó sombría―. No puedo irme y dejar todo lo que he conseguido hasta ahora.
―Lo prometiste ―reprochó levantándose.
―Lo siento, pero así son las cosas.
Ella se giró en sus talones y cargó al bebé en sus brazos. Antes de salir expresó con tristeza y sin mirarlo.
―Me iré esta tarde, no nos busques… Esto se terminó. Quiero el divorcio; entretanto estaré con mi madre ―decía con lágrimas en sus ojos―. Ya no puedo más. Desde hace dos años es lo mismo y no cambias para nada, ya no eres el mismo de quien me enamoré hace cinco años. Lo siento. Adiós…
Se fue sin decir más, cerrando la puerta detrás de sí.
No le importaba que se fuera, así ya no interferiría en su investigación. Solo era un estorbo que lo consumía poco a poco con sus reclamos. Estaba cerca de conseguir que la vacuna para la inmortalidad funcionara y ella quería ir de vacaciones. ¿En qué estaba pensando? Esto era más importante que nada.
Siguió con su investigación por unos días. Se olvidó se todo, incluso de asearse. Solamente se detuvo a firmar la carta de divorcio que llegó un día por escrito, trazó su firma sin leerlo y despachándola al buzón de correo.
La locura lo llevó hasta el límite. Necesitaba poner a prueba sus experimentos, así que raptó a unas diez mujeres embarazadas de los pueblos más lejanos, durmiéndolas con un somnífero que duraba horas hasta que despertaran; las trasladó hasta el sótano que construyó para sus estudios de pruebas.
Las mantenía amarradas con correas de cuero de pies y muñecas, previniendo que no escaparan. Lo más tedioso era darles de comer sin que le escupieran en la cara y gritaran hasta desmayar, hasta que por fin llegó el día de parto. Había nacido un niño fuerte de ojos verdes y pelo cobrizo. Lo mantuvo cerca de la madre para que lo alimentara hasta su primer mes de vida. Llevó a cabo el mismo procedimiento con las demás, solo que cinco de ella murieron en el parto, al igual que sus bastardos.
Solo quedaba una joven niña por alumbrar y estaba seguro que sería pronto. La tenía en estudios constantes, hasta que en un día de abril por fin se animó ese bastardo a hacer acto de presencia. Ella murió, dejando un bebé un poco débil; no sabía si viviría y era poco probable que lo mantuviera la leche de vaca, así que se lo dio a la primera mujer para que lo alimentara.
Pasados dos meses, les disparó en la cabeza con un tiro certero a las mujeres, llevándose consigo a los bebés hasta su nuevo punto en Alemania, donde se instalaría con unos colegas para seguir con la investigación. Ellos se encontraban registrados a su nombre como su padre, por lo tanto no habría inconvenientes en llevárselos del país sin que sospechen.
Los progresos en su crecimiento dieron frutos, eran niños sanos y fuertes, sin enfermedades, que le alegraban la vida, puesto que de esta manera sería más fácil de aplicar la inyección Applu cuando hubieran crecido. Mientras solo pondría a prueba su capacidad mental hasta los doce años si todo salía bien.
Los doctores Millers y Smith se hallaban encantados con la idea, sin olvidar a la científica Díaz que permitía nuevos avances a la inyección que haría inmortales a estos niños y así poder algún día ser nosotros los dioses del mundo.
¿Qué más se podía pedir?
Todo estaba progresando mejor de lo esperado, a sus seis meses se les había aplicado la inyección Life1 y no habían tenido consecuencias ni efectos secundarios, lo que significaba que iban por buen camino. Se les administraba pequeñas dosis todos los días después de alimentarlos, no se quejaban, únicamente observaban como si entendieran todo.
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Alemania 1953
Laboratorio central de investigación Miths.
A los niños se les suministraron sus inyecciones Applu a los doce años, tal como se había acordado. Sin embargo, los resultados eran desconcertantes, no veían cambio alguno en lo que concernía a la investigación de la inmortalidad. No entendían qué procedimiento realizaron mal con los sujetos. Seguían normales, como cualquier otro ser humano. Hasta que un día su inteligencia superó a cualquiera de la de nosotros, un niño de tan solo doce años resolvía ejercicios de álgebra sin tener conocimiento en la materia.
Los avances no pasaron de ahí y lo frustrante era que, aparentemente, no habían fallado, no cometieron errores. Todo parecía marchar bien y sin contratiempos, lo preocupante era el hecho de que los niños no cambiaban; quizás si aumentaran la dosis los efectos fueran mayores al momento de probar su fuerza.
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Rusia 1957
El sujeto 1 proporcionaba numerosos avances en esta investigación. Con una mano aniquiló a un jaguar con solo correr a una velocidad inhumana y quebrarle el cuello, su fuerza bruta superaba a cualquier otra en el mundo. El sujeto 2 tenía algo con la telequinesis, no habíamos hallado su fuente de poder, aunque es posible que tenga que ver con sus emociones. Cuando se enojaba su poder se salía de control, lo manteníamos drogado la mayor parte del tiempo, era peligroso tenerlo cerca ya que se consideraba una muerte segura para quien se encontrara a su alrededor.
Los sujetos 3 y 4 podían rastrear cualquier cosa con los ojos cerrados, mientras el sujeto 4 congelaba las cosas con solo tocarlas. El sujeto 3 poseía gran fuerza, pero lo más asombroso era que podía transportar objetos pequeños de un lado a otro, sin importar qué fuera.
El sujeto 5 era muy peligroso para mantenerlo suelto, quien lo tocara se quemaba al instante, podía mover las cosas de un lado a otro y su temperamento era horripilante, nada lo calmaba hasta que lo sedáramos. Su fuerza era igual a la de los sujetos 1 y 3. No entendíamos bien su poder y dejábamos en un gran libro escrito todo en lo que abarcaba nuestra investigación, de manera que, en años posteriores, nuestros sucesores serían lo que siguieran con los experimentos.
Tendríamos que esperar a ver cómo avanzaban los experimentos hasta que fueran un poco mayores y así saber hasta dónde alcanzaban sus poderes. Todavía permanecían dudas de sus avances y queríamos sacar provecho de todo esto.
Nos estábamos haciendo viejos y ellos continuaban creciendo y así permanecerían durante toda su vejez. Quizás tendríamos que utilizar a más niños por si morían en el transcurso de los años. Nada era cien por ciento seguro hasta ahora, solo teníamos esta parte de la investigación adelantada. Ahora restaba observar los progresos.
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Singapur 1961
Sede subterránea Miths 2.
EPOV
No entendíamos por qué estábamos aquí, solo sabíamos que nos entrenaban para algo. Cada vez que preguntábamos por qué nos inyectaban nos golpeaban hasta quedar muy débiles y casi inconscientes. Yo era el más fuerte de mis cinco hermanos y no lo demostraba con tal de que desistieran de realizarme pruebas que no entendía.
Me hice llamar a mí mismo Edward en una charla con mis hermanos, acordamos tener un nombre más allá que "sujetos" o "experimentos". Cada vez que podíamos nos revelábamos sin importar las consecuencias, aunque los golpes se hicieron más constantes. Nos encadenaban en una pared metálica hecha de titanio y nos electrocutaban; las torturas eran muy dolorosas, al principio llorábamos hasta que dejamos de sentir.
Los avances no eran como ellos esperaban. Nos exigían más de la cuenta, llegado al punto de incrementar la dosis de inyección llamada Applu. Jasper era el sujeto 2 y optaba por encerrarse en sus emociones cuando los doctores se hallaban cerca. Nuestras celdas eran de cristal sólido, no se quebraba por más que lo golpeáramos; quizás no intentábamos con fuerzas o ya habíamos perdido las esperanzas.
Emmett era muy optimista en que algún día escaparíamos de aquí y seríamos libres. Era muy extrovertido hasta que llegaban los doctores con sus pruebas de sangre y sacaban lo peor de él. Alec era un bromista perdido que sacaba de sus casillas a Carlisle, nuestro hermano menor, al cual siempre tenían drogado cuando se salía de control.
Yo era el líder y daba las órdenes que ellos seguían sin chistar, que consistía en defenderse únicamente si era necesario. Por el momento solo nos habían provocado daño al negarnos a las pruebas, era un infierno grande y queríamos escapar de una vez de él, odiamos a Scram, Miths, Díaz y Tsubaku, el nuevo científico japonés que habían contratado.
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China 1965
Cambiábamos de lugar cada cierto tiempo para asegurar que su centro de investigaciones no fuera localizado por los militares. Todo marchaba bien en lo que respecta a sus investigaciones, pero para nosotros continuaba siendo una mierda. Un día nos entregaron varias mujeres con el fin de despojarnos de nuestra virginidad, como lo llamaban ellos. Nos encadenaron a camillas y dieron una especie de afrodisiaco para que nuestras pollas permanecieran erectas. Fuimos violados más de cinco veces, nos enseñaron el arte de seducción y los lugares esenciales para dar placer; aunque cuando teníamos más fuerza las matábamos para que no sufrieran tanto al momento de ser penetradas.
Odiábamos ser usados de esa manera. No les bastaba con hacer pruebas, sino que trataban de que no reprodujéramos, cosa que no conseguían. Era un alivio no poder concebir y sentenciar a nuestras crías al infierno.
Al cabo de dos años terminaron las pruebas, sin éxito alguno, sobre aparearnos. Sin embargo, surgieron nuevos rasgos de animales cuando la inyección Applu fue modificada con ADN animal, haciéndonos más fuertes y ágiles; el olfato iba mejorando con los años al igual que la vista nocturna, el audio incrementaba dependiendo en el lugar en el que nos concentráramos, así fuera a más de tres metros de distancia.
Las cosas se iban saliendo de control a medida que ellos iban envejeciendo. En cambio nosotros, a la edad de treinta años, aparentábamos jóvenes de veinticinco años.
Todo iba de viento en popa y si seguían muriéndose esos desgraciados pronto tendríamos nuestra libertad. Esperábamos esa gran oportunidad, pero todo se vino abajo cuando arribaron unos científicos jóvenes, mucho más listos. Estos seguían el protocolo con nosotros y como yo era el primero de mi especie, tenía que ser llevado a la sala de entrenamiento.
Eran crueles con nosotros, nos mantenían en celdas peores que los viejos y solo nos sacaban para golpearnos hasta dejarnos sin fuerzas y así poder tomar muestra de esperma. Ellos querían continuar con la reproducción, tal como habían insistido los ancianos, pero todo fue en vano, nada de lo que hicieran fecundaba a ninguna hembra humana, así que se enfocaron en nuestros rasgos animales, probando a cuál especie en sí pertenecíamos.
Yo era una especie de león cruzado con otros animales como el murciélago, lince, puma, etc. No sabían que de todos esos cruces provenían mis poderes y, por mi bien, ojalá que nunca se enteraran. En ocasiones, saber más de la cuenta no es bueno. Ellos querían jugar a ser Dios y no iba a salir nada como ellos esperaban.
Cuando se nos presentaba la oportunidad, matábamos con nuestras garras a los que osaran entrar a nuestras celdas. El dolor y el suplicio de ser torturados nos tenían a borde de la locura. Carlisle no les permitía acercarse a su celda sin morir calcinados en el intento; cada vez que trataban tocarlo, morían en el instante, debido a que su sangre se encontraba hirviendo, matando así el cerebro y el corazón de los individuos.
Odio.
Rencor.
Venganza.
Era lo que corría por nuestras venas. Odiábamos a los seres humanos, o al menos a estos que nos retenían cautivos sin nada de agua o comida más que una vez a la semana. Pactábamos no desperdiciar el pan que se nos daba si queríamos tener fuerzas para seguir luchando contra ellos. Nada era factible en estos momentos, y cómo deseaba bañarme en su sangre cuando los atrapara, y seguramente sucedería algún día, solo necesitaba esperar.
Una sonrisa malévola cursó en mis labios.
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Italia 1970
Todo era confuso, nos escondían en celdas oscuras todo el tiempo, únicamente se escuchaban sonidos raros, querían probar nuestros sentidos en este entorno. Transcurrieron más de dos años sin ver a mis hermanos por estas desgraciadas pruebas que el doctor Scram, en su herencia hacia los hijos bastardos que había tenido hacia ya tiempo, nos continuaban haciendo.
Lograron probar la Applu en un joven, sin embargo, murió instantáneamente y sin dolor, hecho que los alarmó considerablemente.
El joven convulsionaba en el suelo, una espuma blanca salía por su boca, hasta que finalmente paró de moverse y la sangre brotaba por cada orificio de su cara. La preocupación y el miedo los llenó, pues con solo una dosis mínima consiguieron a efecto en un muchacho de diecisiete años.
Al cabo de una hora todo había quedado limpio, como si nada hubiera ocurrido en el salón de experimentos. Emmett se encontraba desesperado por escapar, al punto de destruir su cuerpo con cada golpe que le propinaba a su celda. Jasper se encerró en su propio mundo, sin hablar con nadie, hasta excluirnos de él. Alec reemplazó su actitud elocuente y bromista por una taciturna. Carlisle no hablaba, lo mantenían sedado por ser altamente peligroso. Y lo cierto era que todos éramos extremadamente peligrosos para la humanidad, Conformábamos una raza nueva de humanos en las que ni las balas traspasaban nuestra la piel, no podíamos morir de ninguna forma, ni siquiera ahogados.
Trataron de ahogarnos en tanques de agua mientras nos hallábamos indefensos, pero fue inútil, ya que al cabo de una hora proseguíamos vivos gracias a una especie de franja que poseíamos detrás de las orejas, las cuales nos permitían respirar bajo el agua. Las pruebas bajo el agua continuaron, hasta hervir el agua a tal grado que un simple ser humano moriría al instante.
Para ellos era un gran avance en su investigación saber que la inyección Applu era el salto hacia el poder, un poder que, en mi opinión, no debería ser proporcionado nunca a un ser humano.
Todos las mañana nos colocaban en una especie de máquinas de correr, conectados a unos circuitos con tal de monitorearnos. Éramos muy rápidos, tanto que las máquinas no daban abasto, así que las reemplazaban continuamente. Además, nos probaban en una especie de rueda de gánsteres para hacer energía suficiente para la máquina de pruebas, con la finalidad de que el gobierno no sospechara de sus instrumentos ilegales.
Yo era el primero de nuestra especie que usaban como conejillo de indias para los exámenes de sangre. ¿Por qué teníamos que ser tratados de esta manera? Desde que tengo memoria todo ha sido así siempre, y al paso del tiempo, peor.
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Moscú 1977
Laboratorio central New Miths
El tiempo pasa y ya no somos conscientes de lo que hacemos, solo de sentir el dolor cuando nos insertan cables eléctricos en los muslos y cuello. Las muestras de saliva y sudor eran todos los días después de un intensivo ejercicio de combate con humanos que nos custodiaban las celdas; en minutos estaban muertos, desangrándose en el suelo frío y húmedo de nuestras celdas.
El dolor de sus odiosas pruebas nos tenían en la locura, no pensábamos ni éramos dueños de nuestros cuerpos, solo teníamos a obedecer como simples perros a su amo con cada orden que nos daban.
Los golpes no cesaban, si cometíamos un solo error al momento de aplicar lo que se nos decía, si caías en el suelo antes de tiempo, un golpe era seguro en cualquier parte de nuestros cuerpos, sangrábamos y las heridas no eran atendidas en su momento, aunque eso no les preocupaba en lo absoluto debido a que nuestros cuerpos eran rápidos en la restauración de piel y no podíamos enférmanos con nada.
¿Por qué teníamos que estar aquí?
¿Qué habíamos hecho?
¿Dónde están nuestros padres?
Eran preguntan que nos hacíamos casi todos los días al ver imágenes en los libros de familias juntas.
¿Por qué fuimos abandonados aquí?
Eran tantas las dudas que no eran respondidas por nadie, y si preguntábamos solo nos castigaban por hablar.
Imagino que en algún lugar hace mucho tendría un padre y una madre que me querían, pero la duda que nos carcomía era por qué terminamos en este infierno, cosa que nos preocupaba mucho. Desde niños solo habíamos conocido al doctor Melvin Scram, quien nos cuidaba aunque mostraba su lado sádico para enseñarnos algunas cosas; era, en cierto modo, una buena persona, que nos trataba como humanos y no como estos doctores que nos tienen encerrados como animales. Al morir él nos dijo que, si algún día lográbamos escapar, fuéramos a un lugar donde guardaba un diario con todas sus memorias, y ahí entenderíamos por qué nosotros fuimos escogidos por él.
A pesar de todo, hasta los diecisiete años de vida él se comportó casi como un padre para nosotros, hasta que su hijo tomó el poder cuando el doctor murió de cáncer, dejando a Lief Scram al mando de la investigación. Un hijo bastardo de una relación entre una prostituta y él. A Lief lo conocimos cuando tenía solo diez años de edad y nos miraba con odio solo porque su padre nos dedicaba toda su atención. A sus veinte años fue nombrado por la real academia como el científico mas joven de su generación, ganándose miles de premios en sus investigaciones, hasta que desapareció para unirse a Scram.
Después de todo Lief fue el científico más despiadado que hemos conocido, disfrutaba del dolor que nos provocaba; para él solo existía el objetivo de conseguir sus intereses, solo le importaba él mismo. Su mujer llegaba todos los días oliendo a otro macho y por suerte solo el niño en su interior era la lepra de Lief. Nos reíamos de ese pobre ingenuo, ni su mujer podía serle fiel.
La doctora Díaz era la amante de Lief, que a pesar de su edad era una mujer muy hermosa aunque igualmente despiadada cuando se trataba de nuestros cuerpos. ¿Qué querían demostrar? Ya nada de lo que hagan con nosotros les servirá de algo, Applu solo funciona con nosotros, ya que antes de eso se nos aplicó la inyección Life, la cual quedó en el olvido al perfeccionarla en Applu.
Para ser unos locos científicos no son tan inteligentes como ellos creen. Hasta nosotros intuíamos que con ello es que podemos ser compatibles con el virus.
Un día trajeron a otro muchacho, amarrándolo en una camilla y poniéndole la inyección. Dejé de pensar en lo que ocurriría ya que era inevitable que ese chico muriera en unos minutos después de ser aplicada la inyección, y en efecto, poco más de tres minutos empezó a convulsionar en la camilla hasta morir desangrado como los otros. Lief bramó a los cuatro vientos, furioso, aventando todo a su alrededor sin importar que hubiera muestras en el escritorio.
¿Por qué nuestro destino es ser inmortales?
Para que nos sigan haciendo pruebas…
¡No! Sé que tenemos un destino más allá que este horrible lugar…
Emmett siempre decía que lograríamos algún día respirar el aire libre, donde los árboles se moverían con el viento en un hermoso prado cubierto de flores, y el mar con sus olas salvajes... Eso era lo que mi mente anhelaba, mi imaginación se trasladó hasta ese punto ficticio, transportándome a mi momento más feliz.
Algo que valga la pena vivir por ello.
Alguien por quién luchar.
Eso por lo que yo podré decir mío.
Yo quiero mucho más que solo cuatro paredes llenas de barrotes eléctricos en la que me encierran las veinticuatro horas al día si no me necesitan para experimentar. Con mi pantalón sucio, lleno de machas de sangre, barro y rasgado por algunas partes me acuesto en el frío suelo, calculando mi próximo movimiento.
Solo es cuestión de pensar y coordinar bien. Una sonrisa su formó en mis labios, tal vez serían años en lo que llegara el momento preciso para conseguir la libertad de todos, aunque me gustaría poder matarlos a todos antes de irnos de este mugriento lugar que es para mí miseria y discordia.
Solo hay que esperar, el momento llegará y todos morirán por lo que nos han hecho pasar. Somos seres vivos al igual que ello; sin embargo, eso no les importa. A veces pienso que sería mejor si todos muriéramos aquí mismo y se acabara todo de una buena vez, sin sufrimiento alguno, ya no habría dolor por el cual lamentarse o soportar diariamente en esas celdas de retención.
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Hawái 1985
Laboratorio subterráneo Twees.
Ellos envejecían y nosotros seguíamos con la apariencia de unos jóvenes de veinte y tanto, sin rastros de arrugas en nuestros cuerpos más que unas simples cicatrices blancas que se iban curando con el paso de los años hasta borrarse por completo. Lief estaba molesto por su vejez, y sus investigaciones no estaban dando frutos.
Su ánimo de perros le molestaba a los demás, tuvieron que enviarlo por unos días fuera del laboratorio hasta que despejara la mente. Fueron los días más felices para nosotros cinco, ya que no habría pruebas ni maltratos por una semana entera.
Dos días después estábamos cada uno tumbados en sus celdas mirando el techo o algún punto inespecífico en qué entretenernos estando solos; al menos había tranquilidad y paz sin presencia de los científicos locos que nos rodeaban. Emmett se reía nuevamente de los chistes de Alec; Carlisle, por primera vez en años, hablaba con nosotros. Nos divertíamos juntos, así estuviéramos separados por unos barrotes de electricidad.
Hablamos sobre la libertad tan esperada y lo que sentíamos. Susurrábamos, ya que solo nuestros oídos agudizados podían escuchar sin que las cámaras lo grabaran todo. No nos importaba lo que nos hicieran si veían las grabaciones de nosotros riéndonos o tirándonos en el piso por un ataque de risa, sabíamos que eso le daba justo en la llaga a Lief. Era tan divertido verlo desmembrarse pensando en lo que tenía que hacer, entretanto todo estaba en sus narices, pero el muy idiota no lo veía.
La clave era su nombre.
Como decía el doctor Scram: "Todo en la vida es un ciclo que gira a nuestro alrededor, pero que se modifica si queremos"
No decía las cosas muy lógicas, no obstante su significado era algo que entendíamos muy bien. Él no podía ser el mejor cantante, pero era un gran científico y quizás el mejor en años. Scram podía ser un gran filósofo o quizás un poeta, pero decidió ser científico loco como todos los demás. La diferencia radicaba en que lo veíamos como una figura paterna.
Cuando llegaba borracho, de algún lugar llamado bar, olía mucho alcohol y hablaba sin sentido, nos hacía reír hasta dolernos los costales. Hablaba de las chicas cuchi-cuchi, como les decía él a una revista de puras mujeres desnudas.
Me reí al recordar el mohín de asco de Emmett al ver la revista, Alec quedó traumado por unos días, Jasper solo hablaba de eso con curiosidad y Carlisle no le daba importancia alguna a eso. De todos nosotros Carlisle era el más callado, aunque no se aguantaba a un ataque de risa si lo provocábamos, y era muy sobreprotector con Alec, Jasper y Emmett cuando se les acercaban los guardias.
"Pequeños, tienen que saber que las mujeres son el Santo Grial más divino de esta vida, porque sin importar en qué época o edad tengan, ellas son lo más parecido a la eternidad".
El topo tenía arrogancia cuando se trataba de hablar sobre mujeres y lo que abarcaba lo relacionado con el sexo, era un tipo atractivo para tener cuarenta años, en ese tiempo era todo un rompe corazones, como decía él, era muy gracioso verlo hablar de sus locuras en la calle que no se nos permitía ver.
Al fin y al cabo todo era alegría con alguna pizca de tristeza, pero era mil veces mejor eso que lo actual con Lief.
Odio a todos los seres humanos, tanto que no dudaría un solo minutos en bañarme en su sangre mientras les arranco sus intestinos. Era cuestión de tiempo, me repetía cada vez que me desesperaba. Respiraba profundamente y me centraba en lo que era importante en estos momentos, solo restaban algunos años para que presenciáramos el momento idóneo de obtener nuestra la libertad.
"La libertad está en aquello que todo lo piensan con calma y sabiduría. Si la tienes, Sujeto 1, conseguirás grandes cosas en tu vida, pero mientras tanto espera que llegue algún día".
Esas palabras me tenían con voluntad a seguir y sé que conseguiría mi objetivo para seguir luchando con tanto sufrimiento.
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Francia 1989
Laboratorio nuclear.
Ya no quiero vivir.
Ese era el pensamiento que me abarcaba desde hace unos años atrás. Escuché decir a los doctores hace un mes que Lief se estaba muriendo por Leucemia, lo que significaba que muy pronto habría un nuevo líder, y seguramente será su hijo mayor.
Los años que aguanté los malos tratos de Lief no tienen importancia si de igual modo seguirán con sus experimentos. Estoy harto de estar aquí encerrado como un animal en cautiverio, los mataré a todos, ya no quiero estar aquí, no soporto otros años más, mi vida es un caos total.
"Toda espera tiene su recompensa si eres paciente".
Últimamente esa frase del doctor Scram se colaba a menudo en mis pensamientos cuando. Me encontraba al borde del suicidio y lo peor de todo esto es que no podía morirme por más que lo intentara, traté de morir desangrado pero no funcionó, también dejé de comer por dos meses y fue inútil, ya que los doctores me encadenaron y me administraron sueros de proteínas para que no muriera deshidratado. Por último, clavé en mi pecho uno de los bastones eléctricos, pero por más enterrado que estuviera en mi abdomen, al cabo de tres días ya no había rastro de la herida.
Seguía estando encadenado a esta especie de cruz de metal. No me importaba ejercer tanta fuerza con cada jalón que diera; el muy infeliz de Lief me observaba divertido desde el doble espejo que había en la habitación.
Ojala tuviera visión de rayos X, si así fuera hace mucho que le hubiera quemado el culo a todos con una sola mirada, pero se vale soñar al menos. Suspiro de frustración, tratando de zafarme de esta prisión, pero es en vano.
Mantenerme así les hacía sentirse seguros, aunque se equivocaban, algún día los haría papillas con mis propias manos y vería quién dominaría a quién. La rabia se formaba en mi interior nuevamente; la frustración y la desesperación estaban a punto de llevarme al límite de mi paciencia otra vez.
¿Qué habíamos hecho para estar aquí?
¿Encontraría algo que fuera mío?
Yo deseaba tener algo que amar y cuidar… ¿Quién aceptaría a un adefesio como yo? Me lo repetían miles de veces los doctores que había conocido tras estos largos cuarenta y nueve años que había vivido, y faltaban tantos por vivir en este infierno que solo quería morir de una buena vez, sin dolor. Además, nadie me extrañaría, no era como si tuviera familia que se preocupara por mí.
¿Cómo sería mi madre…?
¡No! No podía estar haciéndome esto a mí mismo, eso significaría sufrir más. Si pensaba en ella y cómo sería, me dolía en el alma no haberla conocido jamás, y para este año posiblemente estuviera muerta, si no lo estaba ya.
Un gruñido de cólera brotó de mis labios, resonando por toda la habitación y despedazando la ventana de doble visión en varios trozos. Ahí se encontraba él mirándome, esa mirada reflejó temor, retrocedió un paso atrás antes de activar la alarma y que llegaran los guardias, trasladándome así a otra habitación más reforzada.
Una sonrisa de satisfacción cursó en mi rostro, al menos algo divertido había ocurrido y lo recordaría siempre. Lief me había tenido miedo, y eso inflaba mi gran ego.
Cinco guardias me trasladaban encadenado de manos y pies hasta la siguiente habitación, estaba equipada con una silla y una gran X en medio de la habitación. Me encadenaron y colocaron un bozal en mi cara para que dejara de gruñir por orden del doctor. Me sentía tan humillado estando aquí solo y sucio. Al menos mis hermanos no lo estaban pasando tan mal como yo y eso me alegraba. No tendría un poco de esperanza si alguno de ellos les ocurriera algo. Yo era el Alfa y mi deber era cuidarlos.
Solo tenía un objetivo en esta vida: matar a Lief.
Lo mataría y lo daba por hecho.
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Islas Galápagos 1996
Campamento de investigación animal.
Navidad era una época que no comprendía. Entendía que todos se iban y los guardias se turnaban para cuidarnos. Desde la muerte de Lief, o mejor dicho desde que le rasgué la garganta estando encadenado, pude liberarme, antes que su enfermedad lo dejara en una tumba preferí hacerlo yo mismo de una forma rápida y dolorosa, solo para él, desde ese día mi vida era feliz.
Su hijo mayor trabajaba con su hermano menor en nosotros, y como los tontos ilusos volvieron a las pruebas de acoplamiento. Raptaron varias mujeres que no me quedó más que matarlas. Las odiaba, odiaba a todo ser humano sin importar de qué género fuera, para mí todos eran iguales.
He pasado años meditando lo que quiero hacer. Mi deber es esperar y mantener la calma como Alfa, pero eso no quiere decir que me quedaré de brazos cruzados si algo no me gusta. Pelearé si intentan hacernos daño a mí o a mis hermanos, que a pesar de que no llevamos la misma sangre, lo somos de crianza, y eso vale más que todo en el mundo; sin ellos yo no tendría la fuerza de continuar con tantas pruebas y muestras.
Unas extrañas bombas explotaron en el exterior, sacándome de mis pensamientos. A pesar que era un campamento, contenía un pequeño laboratorio subterráneo con celdas más decrépitas que las anteriores, donde solo se escuchaba el caminar de los animales rastreros por el lugar. Tendía a alimentarme de ratas para sobrevivir cuando mi objetivo se convirtió en meta: lograr salir de aquí. Lo intenté en muchas ocasiones, pero siempre me atrapaban y torturaban por horas, sin descanso, entretanto ellos se turnaban para golpearme.
Esos hijos de puta eran hechos de la misma calaña que su padre o peores que él. Cada uno era sádico y bizarro en su forma, si uno quería hacernos sufrir con quemaduras al otro le gustaba cortarnos con una navaja todo el cuerpo, como si fuera la cosa más divertida del mundo. Había días en los que solo me pegaban ellos, diciendo que era mejor que sus sacos de boxeo para entrenar; competían entre ellos sobre quien lograba hacerme sangrar en mayor cantidad por la boca al golpearme el abdomen entre patadas y puños.
Agradecía al cielo por tener un ADN avanzado que me curaba los huesos rotos solo en horas, puesto que, con estos chiquillos, ya estaría solo a un paso de la muerte si no fuera inmortal. Ellos se divertían con el dolor ajeno, y si no te quejabas no paraban, les enfurecía ver que nos resistíamos a su dominio.
Me dejaban tirado, encadenado al techo con mis muñecas juntas y sangrando considerablemente. El dolor era horrible y de seguro al otro día me dolería como el diablo la cabeza por tanto ajetreo.
Los hermanos se rieron mientras tomaban en unos tubos de ensayos unas gotas de sangre que resbalaban por mis brazos, se fueron de allí hablando de lo que harían. Estaban muy equivocados si encontrarían la respuesta de nuestro ADN. Ni su idiota padre pudo descifrar la primera creación del virus Life, la cual estuvo todo este tiempo en sus narices.
"Nada es lo que parece y más si no visualizas más allá de lo que ves".
El doctor era muy sabio y cuando estaba pasado de copas podía ser un gran enigma en lo acertijos. Al pasar más tiempo con él, conseguíamos conocer su modo de actuar y pensar, predecíamos sus movimientos cuando se trataba de hacer investigaciones.
La puerta se abrió de un golpe, sacudiendo la pared tan fuerte que me aturdió la audición. Entraron dos guardias con sus armas, desatándome de las cadenas y llevándome arrastras como si fuera basura, sin importarles que al cruzar las esquinas del suelo me golpeara una costilla, solo se burlaban. Abrieron la celda; tomándome en brazos me empujaron, provocándome un fuerte golpe en la cabeza. El impulso me llevó hasta los barrotes de mi jaula, caí al suelo sin moverme hasta que se hubieran marchado, dejándome solo para atenderme un poco las heridas de las manos.
El hedor de la celda por las cloacas que goteaban del piso de arriba era insoportable; las ratas que me había comido se hallaban en un extremo en estado de putrefacción, hacía imposible para alguien vivir aquí que no tuviera un estómago de hierro.
Me removí en el piso tratando de llegar a la sucia manta que tenía para "dormir", era lo único que nos permitían en un lugar como este. Debía mantenerme en constante alerta; si dormías, perdías.
Dentro de unas seis horas, como máximo, vendrían en mi búsqueda para otra sesión de "diversión". Mientras tanto, descansaría, para que mis heridas sanaran lo más pronto posible.
Miré a mi alrededor por última vez y mis ojos se fueron cerrando poco a poco, el olor y el sonido de unos grillos era lo único que se escuchaba antes de que todo se volviera oscuro para mí.
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Escocia 2002
Castillo de Eilean Donan En Loch Duich en Dornie, Las Highlands.
El hijo mayor de Lief se había casado y había engendrado, de seguro era para que continuara con el negocio familiar. La frustración me tenía cegado, cualquiera que se me acercaba lo mataba. Había aprendido a defenderme de los guardias, a pesar de que poseían nuevas armas, que al paso de los años fueron modificadas por tecnología avanzada.
El olor era sutil y muy dulce, algo que jamás en mi vida había olido. Me llenaba el alma con solo respirar; desconocía su origen, solo sabía que me tenía vuelto loco, mi polla se estaba hinchando únicamente con respirar, pero me reprendí a mí mismo con tal de controlarme, una cosa era ser torturado hasta morir y otra era que yo mismo me humillara estando erecto.
La mujer de Lief segundo era muy hermosa, eso no lo dudaba, pero como algo hermoso también estaba podrido por dentro. Después de un año todo volvió a la normalidad y ella tomó el mando como la mano derecha de su esposo. Ella misma se rebajaba a follar conmigo cuando todos se hallaban descansando, desactivaba las cámaras de seguridad y me obligaba a beber el afrodisiaco para excitarme y follarme hasta que ella culminara. Yo jamás regaba mi semilla en ninguna de esas mujeres a menos que me obligaran con sus estimulantes o la máquina que succionaba mi polla hasta terminar.
La mujer de él era una víbora, como todas las demás. En una ocasión estuve a punto de eliminarla con mis filosos colmillos, pero se salvó por un instante la muy perra.
Luego de lo ocurrido, al día siguiente, me envolvió ese suave aroma que todavía no podía distinguir a quién pertenecía; olía a chocolate y fresas, una combinación tan sublime que me cortaba la respiración. Quería tener esa esencia para mí todo el tiempo. Sin embargo, así como apareció, también desapareció de mis fosas nasales.
Todos los días a la misma hora ese olor me invadía como una ola gigantesca, me estaba volviendo loco del éxtasis, no podía vivir un solo día más si no lo tenía conmigo. ¿Qué clase de perfume es ese? Me hacía esa pregunta todos estos días, tratando de encontrar a la dueña de tan suculento aroma. Mi polla se sacudía en mis pantalones y clamaba por salir de esa prisión y obtener un poco de alivio.
Me volvería loco como un animal en celo si no conseguía lo que buscaba, y cuando lo encontrara sería para mí. Lo único que mi mente dictaba era:
¡Mío!
Ese olor tenía que ser mío.
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Texas 2007
Laboratorio Scram.
¡Joder! Esto sí que dolía como el mismo diablo. La piel me escocía por las cortadas recibidas hace unas horas y estaba que me llevaba el que me trajo. Se curaban rápidamente, pero de igual manera me dolía mucho.
Me encontraba tirado boca abajo con mis ojos cerrados después de salir de la sala de experimentos con fuego, hierro, agua, y sin olvidar el de apareamiento. ¡Maldición! Eso era lo que más odiaba. Estaba tirado como un perro en una esquina de esta jodida jaula con el número uno escrito arriba.
La puerta de contención se abrió.
¿Y ahora qué?, pensé con frustración.
Giré la cabeza un poco tratando de ver quien había entrado, y para mi sorpresa era solo una niña, muy linda, con dos coletas que le llegaban hasta la cintura, llevaba un bonito vestido azul y zapatos negros y unas pantimedias del mismo color. Mis ojos se abrieron de par en par mientras ella se acercaba hasta mí, se agachó hasta llegar a mi altura, sonriéndome.
Creí morir cuando el olor que había estado torturándome por años impactó contra mi cara haciéndome gruñir y asustarla un poco, pues retiró su mano. ¡Joder, Edward! Lo has hecho muy bien, ahora querrá irse.
Inmediatamente la tomé de la muñeca y la atraje hasta mí, respirando el olor de su cabello para luego quedar fijamente mirándonos el uno con el otro. Su mirada era hermosa, con esos ojos chocolates que me observaban con preocupación. Ninguno dijo nada, el silencio que nos rodeaba decía más que mil palabras. Ella era lo que tanto había anhelado, y no la dejaría ir nunca, ella era mía, solo mía. No podía dejarla escapar tan fácilmente aunque sabía que era egoísta de mi parte.
Ella se libró de mi prisión estirando una de sus adorables manitas para acariciar mi cabello, traté con todas mis fuerzas de no soltar un ronroneo de satisfacción, con solo un toque, ella me encendía como nadie y la deseaba tanto.
¡Maldición! Era solo una niña, podría ser tomado como un pedófilo ¿Qué edad tendría? ¿Seis? ¿Siete? O quizás unos ocho años como máximo. Debía esperar que ella madurara su cuerpo para poder reclamarla como mi compañera de vida por siempre.
Paró de tocarme, regresándome a la realidad, cuando tenía en frente de mi una... ¿Hamburguesa? ¿Qué se suponía que haría con esto?
Ella me instó a comerla… La miré con duda, ella le dio un mordisco para luego volver a ofrecérmela. Sin dudar me lo comí todo, tenía mucha hambre, y fue más que suficiente y aún mayor mi satisfacción estando ella a mi lado.
Estuvimos hablando, su voz era como la de un ángel caído del cielo, me hizo reír con su inocencia tan infantil y con eso de "¿lo prometes por la garrita?". Luego de ese hermoso día mi diosa volvía a visitarme siempre que podía mientras los doctores se encerraban con uno de nosotros en la planta baja del laboratorio, cuando la puerta de acceso se abría, su olor tan dulce me embriagaba, y comprendía que venía ella con algo de comer.
Con solo mirar su cara angelical mi mundo era de colores. Ella era la luz de mi existencia en esta oscura vida. Por años he estado buscando algo por el qué luchar y por fin encontré mi motivo.
Bella es mi razón de vivir.
Ella y solo ella conseguía risas de mi parte que nadie más que mis hermanos habían escuchado. Era tan divertida, con las anécdotas que me contaba no paraba de reír, además de que me alimentaba. Bella me explicaba algunas cosas del mundo humano y cómo debía actuar; para ser solo una niña de siete años era muy inteligente en lo que respecta en las actitudes de las personas, cada vez que le preguntaba algo ella me contestaba como podía.
Y así pasó un año, conociéndonos, ya había decidido que ella sería mía para siempre.
¡Mía!
Solo para mí.
Ella es mi luz, mi esperanza y mi todo.
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Texas 2008
Laboratorio Scram
En todo un año mi niña había crecido y estaba más alta y más hermosa que nunca. Ella llegaba, como de costumbre, y me daba algo de comer, antes de contarme lo que había hecho en sus clases. Al menos ella no era tratada mal, porque si no, conocerían mi furia.
Tenía miedo de que algún día la descubrieran por frecuentarme. Sabía que esta era un área restringida para todos, excepto los científicos, que tenían el acceso a todas las áreas. Ella robaba la tarjeta de su madre para poder ingresar a mi área.
Se acercó a mí con algo que ella llamaba pizza, sabía tan rico que el estómago me gruñía cuando lo probaba, era lo que más me gustaba de todo lo que ella me ofrecía para comer. Se sentó a mi lado, abrazándome con ternura, y luego me dio un beso en la frente asegurándome que todo marcharía bien. Esa era mi niña, tan compasiva y amorosa, la amaba tanto que dolía estar con ella y no tenerla como quisiera.
Un día escuché una explosión fuera del laboratorio. No comprendía qué pasaba ya que hoy no era una fecha para celebrar con fuegos artificiales, como me había explicado Bella. Ella me había enseñado a contar los días de la semana y aprender varias cosas. Otra explosión hizo sacudir el piso fuertemente.
¡Bella!
Mi instinto me decía que necesitaba estar con ella, sabía que estaba allí porque su olor no había desaparecido. Me levanté, rasgué y pateé la puerta mandándola a volar tan lejos que traspasó la otra pared; corrí a toda velocidad, siguiendo el sutil rastro de Bella.
No me importaba que los guardias me dispararan, no me detendría ante nada para estar junto a ella. Los maté a todos con mis garras, estaban afiladas y llenas de sangre. Corrí como un loco desesperado por todo el lugar, hasta que llegué al piso de arriba, donde me esperaban más guardias, los cuales dispararon con todo lo que tenían.
Me impulsé sobre ellos, mordiéndolos, rasgando sus gargantas, y con mis uñas afiladas, les atravesé el chaleco anti-balas, quitándoles el corazón. Al seguir me encontré con la sala de bacterias donde había unos pantalones azules que me quedaban a la perfección, pero antes me estaba limpiando un poco la sangre hasta que el lugar se volvió a sacudir, derrumbándose un trozo del techo.
El olor estaba cerca, ella debía estar por aquí. Al final la visualicé, estaba mirando por el cristal de una sala, asustada como un conejo. Me fui acercando a ella con paso lento, me miró con alivio hasta que un doctor gritó algo a mi derecha y corrió a toda velocidad. Noté muy tarde que a mi izquierda se encontraban dos guardias con una especie de cápsula de metal donde caí. Él me miró tras el cristal de vidrio en forma de círculo, traté con todas mi fuerzas de salir de esa cosa, sin embargo, el frío cubrió todo el lugar.
Mi cuerpo se hallaba entumecido, no entendía qué ocurría. Mi cerebro hizo clic y todo estaba claro como el agua, él trataba de congelarme y así preservarme.
Intenté salir dando puñetazos como podía, pero el sueño me venció, me sentía cansado y lo único que mi mente gritaba encolerizada era Bella, no sabía si se hallaba bien, lo único que veía era cómo trataban de sacarme del laboratorio. De pronto se escuchó una horrible explosión que casi me dejó sordo; mi audición dolía como el infierno.
¡Bella!, gritó mi mente antes de que todo se volviera negro.
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En algún lugar de Brasil, 2015
Una suave y molesta luz se filtraba por una pequeña abertura, cerré mis ojos, me dolía todo el cuerpo. Si bien intenté moverme, mi cuerpo no respondía. Abrí nuevamente mis ojos, se fueron acostumbrando a la luz, respiré profundamente hasta poder conectar mi cuerpo con mi cerebro.
Pasaron unas horas, según mis cálculos, en los cuales me ejercité con tal de lograr que mis músculos respondieran. Un día fue todo lo que necesité para moverme con normalidad en esta enorme caja que me tenía prisionero. Empujé con todas mis fuerzas mandando a volar la puerta, me incorporé y observé mí alrededor. Los árboles se sacudían con el viento y las aves cantaban.
¿Dónde diablos estoy?
No lograba comprender dónde me encontraba, solo sabía que desperté en algún lugar solitario. Agudicé mi oído, tratando de escuchar si había civilización en algún lugar cerca, y definitivamente había, pero muy, muy lejos de aquí. Como a unos dos días caminando y quizás solo horas en automóviles.
Me levanté sintiendo con mis pies la tierra, se sentía tan bien poder, finalmente, apreciar algo tan puro como esto. Al fin estaba libre…. Muchos recuerdos me envolvieron, recordando todo lo que había vivido hasta...
¡Bella!
¿Dónde está mi niña? No sabía si estaba bien, herida o quizás…muerta. ¡No!Ella no podía estarlo, ella tenía que estar viva, se suponía que jamás la dejaría ir.
¿Por qué fui tan estúpido? Me hallaba tan distraído mirándola, que no vi venir cuando el doctor me asaltó y encerró en la cápsula de sueño criogénico.
Caminé hasta encontrarme una cueva en la que habitaban una manada de tigres, quienes al verme, empezaron atacarme. Los maté a todos en defensa. Me llevé algunos rasguños y mordidas pero nada que no se curara en unos instantes. Usé la piel y un grupo de hojas de algunos árboles frutales que había encontrado, y formé mi cama, una grande, suave y muy cómoda para dormir.
No muy lejos de allí, o al menos para mí velocidad, se ubicaba un cascada, la cual utilicé para bañarme y beber agua pura. ¡Oh sí, esto era libertad! Amaba esta sensación de sentirme libre al fin, no esperaba que fuera de este modo, pero era mil veces mejor que ser un sujeto de pruebas.
A menudo, cuando comía la carne de los animales que cazaba, pensaba en mis hermanos y si ellos habrían podido escapar de ese horrible destino. Yo me sentía feliz en el Amazonas, como le llamaban los humanos curiosos que venían a mis dominios a cazar animales indefensos, no me quedaba de otra que matarlos, me acercaba silenciosamente como un puma y les rasgaba las gargantas sin chistar.
Un día me ganó la curiosidad y me fui hasta la civilización. Era algo tan grande y con muchos humanos que corrían y bailaban en las calles. Me dispersé entre ellos, sonriendo como un niño. Me acerqué a un puesto y pregunté la fecha en la que nos encontrábamos y casi me muero, no lo podía creer.
13 de septiembre del 2015.
¡Eso es imposible!
Únicamente dormí unas horas, ¿cómo había transcurrido tanto tiempo? ¿Mi niña estaría bien? Siempre pensaba en ella… Mi luz, mi todo. Esa pequeña niña me había enseñado tanto y yo no le retribuí nada a cambio. Juré que cuando la encontrara la cuidaría y la mimaría como nunca.
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Brasil 2018
El Amazonas
El olor de humanos me tenía con la ira al borde. Sin pensarlo, corrí por el bosque hasta que me topé con un hombre que caminaba riéndose como si hubiera hecho algo. De repente sacó un arma, apuntándoles a los armadillos que protegían a sus crías. Me abalancé encima de él. El susodicho corrió como un loco despavorido al verme, gritaba asustado y seguía disparándome; su pistola cayó al suelo, así que aproveché y la destrocé con mis manos. Un olor sutil pero leve inundó mis fosas nasales, desconocía su origen y el cambio del viento me impedía seguirle el rastro.
El hombre había llegado al río y se disponía a cruzarlo, dudó un segundo y eso fue todo lo que me tomó para acabar con él. Me llevé el cuerpo para ofrecérselo de comida a los pumas. Corrí a toda velocidad a mi cueva y cené algo para dormir.
Al día siguiente juro que el olor a humano me estaba volviendo loco. ¿Es que no pueden quedarse en su lugar? ¿Tienen que venir aquí y perturbar la paz de los animales? Suspiré con pesadez y me marché en busca del humano que faltaba. El olor provenía del río, sabía que estaba allí.
El olor a sangre me hizo sonreír. Al llegar al lugar, me fui acercando como un depredador. Al parecer llevaba su ropa en una mochila. Observé el lugar buscando mi objetivo, hasta que me fijé más arriba del río, justo donde yo solía bañarme. Salté y juro que cuando la vi allí, desnuda e indefensa, el corazón se me encogió, su olor a chocolate y fresas me llegaba como un afrodisiaco, y mi polla se tensó con solo imaginármela debajo de mí.
Un gemido de dolor por parte de ella me sacó de mi ensoñación. Estaba herida, por lo que la cargué en brazos inconsciente, ella solo soltó un gemido y luego todo quedó en silencio.
Después de meterla en la cama, donde dormía plácidamente, me dispuse a curar su herida. Estaba muy tranquila, sabía que ella era Bella, mi Bella, y se hallaba de vuelta conmigo. La observé de arriba abajo, ella había crecido consideradamente y su cuerpo era exquisito, todo en ella me llamaba a poseerla.
¡Tonto! Quizás ella no te recuerde.
Eso podía ser verdad, era mejor tener mi pasado en el olvido por el momento.
Salí a cazar algo de carne para que comer más tarde. Cuando regresé, ella estaba levantada, se veía confusa y al verme podía oler su miedo destilar por todo sus poros. Me tenía miedo. No la culpo, después de todo mi tamaño y mi cuerpo era intimidantes, sin agregar que tiendo a gruñir cuando estoy excitado. ¡Y vaya que se notaba! Mi polla quería enterrase en ella, así que la encarcelé en mis brazos; sabía que ella lo deseaba tanto como yo.
Así pasaron los días, con sexo salvaje entre nosotros. Todos los días ella era mía y yo suyo, jamás nos separaríamos, únicamente la quería a ella. ¿Por qué era tan difícil de entender?
Ella comenzaba a confiar un poco en mí, y eso me hacía sentir mejor.
Un día no la encontré y estaba seguro que fue en busca de ese maldito tesoro que tanto había mencionado. Al no encontrarla, una serie de confusos sentimientos se fueron mezclando en mi pecho. Un gruñido furioso emergió desde el fondo de mi garganta.
Tenía que buscarla, no podía estar muy lejos. Salí corriendo a todo dar, no me importaba si tenía que ir al final del mundo por ella, al menos la tendría entre mis brazos y en mi cama.
Desde el momento que supe que era hija de los infelices, sabía que esto solo se podía significar problemas, ¡y vaya que esa muchacha me los estaba causando, joder! Le daría unas buenas palmadas en ese culo por marcharse sin mí.
Un dolor me atravesó todo el cuerpo. ¡Maldición! Ya estaba empezando el dolor. Ella era mi compañera, y en el estado en que estábamos solo podíamos follar como conejos. Ella necesitaba estar conmigo, me duele el alma estar separado de ella.
Al fin al encontré.
Estaba enojado con ella, aun así le alivié su dolor. El sexo fue increíble, ella me encendía como ninguna otra. La tome con mis dedos para que los follara y seguimos estando en la posición sentados mientras la penetraba.
Todo dolor se disipó al llegar al clímax.
Alguien estaba en mi territorio, no sabía quién era, solo que tiraba gatillo al aire unas pocas veces. Me encargaba de consolar a Bella cada vez que podía. Ella tenía algo qué hacer, por lo que no me quedaba otra opción más que acompañarla y ver si al fin podíamos vivir en paz.
Pasamos unos días hablando de nuestros gustos y una que otra nimiedad. Ella estaba feliz, pero en el fondo quería ir al corazón de la selva. Hice un trato con ella y nos encaminamos para ir al corazón del Amazonas y encontrar el dichoso tesoro.
Continuará….
(1)Life: ADN animal ligado con ADN mutado entre humanos infectados por enfermedades. En si esta vacuna se aplico antes de que fuera modificado el virus por el Applu.
N/a: para mi fue duro escribir este capi después de releerlo llore Q_Q mucho en saber que hice sufrir un chorro a Edward T_T. espero les halla gustado mucho. Saludos.
