Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.

La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.

Nota: Son varios personajes, en total cinco, así que será una serie llamada: "Serie Bestias Genéticas".

Capítulo beteado por Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction.

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Burning Zeal

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Capítulo 7

EPOV

Al fin y al cabo esos idiotas se marcharon como lo planeé desde un principio; ahora solo restaba esperar que se alejen un poco más de donde se ubicaban hace una hora. No puedo correr el riesgo de que vuelvan y sigan directo hasta mi escondite, Bella se hallaba durmiendo plácidamente, sin percatarse que aún no me hallaba a su lado.

El ruido de las ramas siendo cortadas por un machete me obligó a dirigir mi vista hacia ellos desde las sombras. Ellos continuaban caminando hasta que llegan al río, algunos se tiran al suelo para beber un poco de agua fría, el líder se la pasa observando todo a su alrededor, estoy seguro que él es quien me dará problemas en un futuro, y ojala él le ruegue a Dios porque así no sea.

Todos están muy tensos. Un rugido sale de los alrededores, espantando a las aves que chillan y vuelan a toda velocidad para irse, el viento sopla con gran fuerza y trae la oscuridad consigo, lo que significa que habrá una tormenta de dos días como mínimo.

―Mark, busca algunas ramas; Zack, ve y consigue tantas palmeras como puedas y llévate a dos hombres más. El resto escoja con quién se va. ―Se giró―. Los demás busquen provisiones, nos quedan pocas y esta tormenta se ve que durará un buen rato; y si no quieren morir de hambre, apúrense.

Resonó el látigo contra un árbol.

Se quedaron dos hombres mientras él le daba indicaciones de que rodearan el río mientras se pudiera con tal de encontrar una especie de cueva. Eso me hacía feliz pues estarían del otro lado del río y alejados de nosotros. Esperaría a que ellos se alistaran para cruzar, mientras tanto iría a dejar uno de los envoltorios de esas cosas que ingiere Bella.

―Jefe, encontré algo aquí ―gritó el hombre del otro lado del rio―. Venga y échele un vistazo.

Él solo asintió y se preparó para cruzar. Al cabo de unos minutos ya estaba con el otro hombre y caminaron un poco hasta legar a la cueva, podía escuchar sus voces y una sonrisa surcó mis labios, esto era grandioso, aunque no me podía confiar mucho. Al fin y al cabo se iban al otro lado porque la cueva era lo suficientemente grande para todos ellos. Finalmente llegan los demás hombres, quienes solo hacían quejarse y maldecir a su jefe por enviarlos a buscar cosas sin sentido. Llegaron al punto de encuentro y en eso les informa uno de ellos que crucen.

Era mejor que me fuera y durmiera un poco con mi Bella, si se daba cuenta que no estaba empezaría el interrogatorio y odio con fuerza mentirle.

A veces yo mismo me sorprendo con mi propio sigilo y rapidez para desaparecer como un fantasma sin dejar rastro alguno.

La lluvia empieza a caer con fuerza, salto de un árbol a otro par luego bajar al suelo de un solo brinco y ponerme en marcha hacia mi hogar. Escucho todavía las voces de los hombres a pesar de que el ruido de la lluvia hace un poco de interferencia.

Tendré que recoger provisiones antes de llegar junto a mi Bella, tan solo quedaba un poco de comida para el día de hoy y la tormenta ha cambiado, ya no parece que tenga pinta de irse en dos días, la comida tendrá que durarnos unos cinco días por lo menos. Los rayos y centellas en los cielos alumbraron la selva, asustando a los animales que habitan aquí, al menos ya eso no me causa molestia en mis oídos como cuando era pequeño y nos castigaban de esa forma; allí el ruido era insoportable, te hacía hasta desmayar si no lograbas canalizar los sonidos una vez se dispersaran todos a la vez.

Cierro mis ojos con fuerza tratando de esfumar esos dolorosos recuerdos que aun perduran en mi mente solo para atormentarme cada vez más. Al menos llegó la luz entre mis sombras, ese pequeño rayo de pureza que hace que me olvide de todo pecado que haya cometido alguna vez en mi vida; solo ella con una sonrisa me hace sentir completo, tanto físicamente como mentalmente.

Isabella.

Desde el día que la conocí no he dejado de pensar en ella, y desde que la tengo mi corazón late solo por ella. Quizás esa era mi razón de seguir viviendo, vivir para encontrarla a ella después de tantos augurios de oscuridad en mi alma.

La lluvia cae, salpicando todo a su paso. El cielo está negro y los rayos iluminan la selva, todo se halla tranquilo por parte de los animales, en contraste con la presencia ruidosa de la lluvia y los hombres que he dejado atrás hace unos minutos.

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BPOV

En un hermoso prado estaba Edward, esperando con una de sus hermosas sonrisas que derretían, el cielo era de un hermoso azul con algunas nueves blancas, las flores en el campo eran hermosas y bailaban con el movimiento de la suave brisa de primavera. El viento sopló fuertemente, agitando mi cabello junto con mi vestido blanco floreado, con la otra mano traté de sostener mi sombrero pero una ráfaga de brisa se lo llevó lejos. Aparté algunos mechones de mi cabello de mi campo de vista y no vi a Edward por ningún lado, mi corazón se encogió de dolor. ¿Dónde estaba? ¿A dónde se ha ido? Giré a mí alrededor pero era inútil, él ya se había desvanecido y me volvía a quedar sola. Lágrimas caían de mi rostro hasta tocar suelo.

—¡Edward! —llamé, sin respuesta alguna. Me asusté, el cielo se empezaba a oscurecer.

—¡Bella, ven aquí! —Apareció tendiendo su mano para que lo alcanzara.

Su imagen fue desapareciendo poco a poco hasta esfumarse. Cuando intenté alcanzarlo ya era demasiado tarde. Caí de rodillas entre las flores, las cuales se fueron marchitando, dejando el prado como un desierto. La iluminación de la luna escarlata sobre mí parecía sangre teñida. En mi regazo se encontraba Edward sin vida en un charco de sangre, llevé mis manos hasta la altura de mi vista, estaba temblando y la voz casi no me salía.

El lugar resonó con un fuerte ruido que me asustó.

—¡EDWARD! —grité desgarradoramente.

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—¡Bella! —me llamaban sacudiéndome—. ¡Isabella, despierta, amor!

Me desperté luchando contra los brazos que me tenían aprisionados. Estaba sudando frío, cuando vi a Edward en frente de mí y comprendí que era quien me sostenía lo abracé con todas mis fuerzas y dejé que mis lágrimas salieran; tenía tanto miedo de que a le ocurriera algo, jamás me lo perdonaría. Lo amaba tanto y por fin que lo encontré no lo quería perder. Me aferré a él e inhalé su olor tan masculino que lo caracterizaba, él era mi todo, y era solo mío.

—¿Qué soñaste? Empezaste a decir cosas sin sentido y me preocupé, me acerqué a ti y empezaste a gritar —comentó apretándome contra su pecho.

—Fue solo una pesadilla.

—¿Quieres hablar de ello?

Asentí mirándolo a los ojos.

No sabía por dónde empezar, así que le expliqué todo más resumido, empecé a llorar nuevamente cuando le dije que en mi sueño él estaba muerto entre mis piernas y lleno de sangre.

—Bella, amor, es imposible que yo muera. Nuestros cuerpos fueron modificados genéticamente, sin obviar que nos trataron de matar más de mil veces con distintas formas y nunca funcionó —explicó acariciando la comisura de mis labios—. Solo fue un mal sueño del que no hay que preocuparse.

Se incorporó. Edward solo llevaba esos pantalones de cuero negro que dictaban pecado y ese trasero tan pecaminoso se movió al compás de sus pasos; agarró uno de los cocos y le hizo un hoyo con la cuchilla, se volvió hacia a mí, se sentó junto a mi lado ofreciéndome.

Estaba sedienta.

—Bella, tenemos que hablar.

Oh, oh. Esas palabras nunca traen nada bueno.

¿Qué me tendría que decir? ¿Terminaría conmigo? Yo no quiero, yo lo amo a él como para dejarlo. Me levanté para vestirme lo más rápido posible.

—¿De qué hablas, Edward? ¿Vas…a dejarme? —No pude evitar que una lágrima recorriera mi mejilla. No sé por qué estaba tan llorona, me dolía que fuera a dejarme.

Su mirada fue un poema, pasó de estar serio a sorprendido.

—¿Qué? ¿De qué estás hablado? Yo jamás te dejaría, eres mi mujer y de nadie más. —Se levantó hasta llegar a mí—. Jamás pienses que quiero dejarte porque eso no es verdad, lo que tenemos que hablar es que vamos a ir a buscar el tesoro ese que buscas, creo saber dónde podría estar.

—Ah…el tesoro. —Suspiré aliviada—. ¿De verdad vamos a buscarlo?

—Claro, después de todo te lo prometí, ¿no? —Caminó hasta mi mochila guardando algunas frutas y varios cocos en ella—. Espera unos diez minutos mientras busco algunas frutas más para partir.

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EPOV

Teníamos que irnos lo más rápido posible mientras los hombres estuvieran a una distancia más que prudente de nosotros. Todavía los podía escuchar durmiendo en esa cueva húmeda. Busqué algunas vayas que no fueran venenosas, ya que la mayor parte lo eran. Al menos el doctor nos enseñó algunas cosas en los libros que tantos estudiamos hoy en día, sabemos mucho más que los propios humanos; todo el tiempo nos actualizaban en información avanzada, solo necesitábamos leerlo una vez y la información quedaba grabada de por vida en nuestros cerebros. Algunas lianas o palmeras servirían para guardar y conservar el pescado y carne seca en buen estado sin marchar nada.

Mis sentidos se agudizaron, podía sentir moviéndose a los cazadores y murmurar palabras que no entendía debido a que me hallaba un poco retirado de su ubicación. Con Isabella y su condición de humano tardaríamos unos días en llegar al lugar exacto tras la cascada. Si me permitiera cargarla, sería otra cosa, aunque estoy seguro que se negará, con lo cabezota que es.

Iba a tomar más lianas, pero recordé que Isabella tiene una cuerda en esa bolsa que carga, y algunas de esas porquerías que saben a tierra, ¿cómo puede comerlas? Según ella son barras de proteínas, yo más bien diría de mierda, pero mejor callarme que hacerla enojar.

El cielo estaba nublado, y no es de extrañar. El clima lluvioso, monzónico y tropical le daba un aire acogedor al lugar.

A lo lejos escuché el sonido de una pelea entre unas guacamayas, y no solo eran ellas, si no Isabella, que desde aquí se escuchaba resonar su estómago. Me reí entre dientes. Bella tenía hambre, y era mi deber alimentarla. Después de todo soy el hombre.

Agarré todo lo necesario, las bayas las metí en un trapo que usaba como saquito para guardarlas, mientras saltaba de árbol en árbol. Dejé las cosas cerca de mi nido para no tener que ver a Bella y someterme a sus preguntas. Suspiré, tarde o temprano me las hará y más si escuchó el disparo.

Corrí hasta acercarme a los humanos y los observé por unos minutos desde un árbol. El jefe estaba guardando su pistola en la funda de su chaleco, los demás tan solo se reían mientras el oso hormiguero yacía en el piso, muerto. Por eso odio a los humanos, matan si se sienten en peligro, sin saber por qué son atacados por animales inocentes.

Gracias a mi audición podía distinguir el temblor y el chillido de una cría del oso. Sigilosamente bajé del árbol y caminé hasta llegar al cachorro, quien al verme retrocedió. Me acerqué y lo tomé en brazos, lo más acertado sería que lo llevara hasta otra madre oso que tuviera crías y lo cuidara.

Regresé con mi Bella, no teníamos mucho tiempo para irnos en busca del tesoro antes de que ellos nos siguieran.

Recogí las cosas que había dejado tiradas en una esquina y entré al nido, me recibió una Bella muy animada estrechándome en un gran abrazo.

—Te he echado mucho de menos —declaró.

—Bella, solo ha pasado media hora desde que me fui. —Sonreí de lado. Ella hizo un puchero.

—Tiempo suficiente para extrañarte. ¿Te molesta? —Me miró con una intensidad que hizo que mi polla se alzara, pero no estaba para follar en estos momentos.

—Bella, hay unos cazadores que llevan unos días vagando por la selva, creo que te buscan a ti y al tesoro que tanto quieres encontrar. Lo mejor será partir de una vez para llegar lo antes posible a la cueva subterránea. Será peligroso, pero yo te protegeré. Mientras sigas mis instrucciones todo irá bien. Conozco este lugar como la palma de mi mano y habrá trampas escondidas, en una de mis exploraciones las encontré por casualidad y me dispuse a descifrar todas las trampas que me fueran posible. Al final hay una extraña pared con símbolos que espero sepas interpretar —le expliqué lo más sencillo que pude para que entendiera—. Ya tengo todo listo, solo déjame acomodar esto y no vamos. Cualquier cosa que veas que te sea útil, éntrala en tu bolsa.

Agarré una de las navajas que le había quitado hace mucho tiempo a unos cazadores y se la tendí a Bella.

—Para que te defiendas si en algún momento yo no puedo. —Ella la tomó y asintió—. No quiero pensar que ese momento tenga que llegar, pero por si las dudas ya sabes qué hacer.

—Tranquilo, nada me pasará. Aún más si tú estás a mi lado. —Me lanzó una de sus miradas pícaras.

Mi polla respondía gustosa cada vez que ella insinuaba algo. ¿Es que esta niña no tiene vergüenza? ¿Cómo me provoca de esta forma sabiendo que no podemos hacer nada en esta situación? Gruñí de irritación y ella se rio, mientras se acercaba a mí. Se ubicó delante de mí, se puso en puntillas y besó mi barbilla con sus labios. ¿Es que me quiere matar acaso? ¿No ve que estoy en unos serios problemas con mi polla? En estos momentos lo más importante era irnos, no podía confiar en que ellos nos encuentren y se lleven a mi Bella lejos de mí.

—¿Lista para irnos? —pregunté.

—Lista. —Sonrió. Se agachó para tomar su bolsa pero se lo impedí, ganándome una de sus miradas de indignación—. Edward, deja mi mochila.

—Lo siento, pero lo llevaré yo. Está muy pesada para ti. —No la soltaba y me miraba con reto en sus ojos—. Le he agregado cosas pesadas, no creo que aguantes ni cinco horas caminando con eso.

—Bien. —Suspiró sacándome la lengua, a veces ella podía ser muy infantil—. ¿Cuánto tiempo nos tomará llegar? ¿Días? ¿Meses? ¿Años?

Me carcajeé. Ella a veces exageraba todo. ¿Meses? ¿Años? Si por lo mucho unos dos días, y quizás menos si me dejara llevarla en brazos.

Me coloqué la mochila en mi espalda listo para partir. Bella llevaba su vestimenta de excursionista, mirándome mientras comía una banana. La lluvia ya había parado, aunque el cielo seguía grisáceo, el clima estaba algo frío. Se me ocurrió llevar una de las pieles encima de la mochila, cubriéndola con algunas hojas por si llovía nuevamente.

Salimos de la cueva en dirección opuesta de los cazadores, Bella estaba al tanto de lo que ocurría desde que ellos habían entrado a mis dominios, pero ella no sabe por qué la buscan o qué es lo que quieren de ella. Todo esto está muy raro, estos humanos no parecen ser unos aficionados, más bien eran personas contratadas. Pero, ¿quién los contrató y por qué?

Caminamos alrededor de una hora, según el reloj de Bella. Recuerdo que la primera vez que vi uno de esos fue en Francia, cuando nos enseñaban cómo crear y armar cilindros para que anduvieran; si no fuera por nosotros el reloj de Londres seguiría dañando después de la guerra.

Mis hermanos… no he sabido nada de ellos por unos años y me preocupan, solo le ruego a Dios que estén bien y sean felices como yo lo soy. Amo a Bella, y espero que ellos también encuentren a su compañera, estamos destinados a una por más que no deseemos, el impulso es fuerte ante su olor.

Antes no entendía a lo que se refería el doctor cuando nos dijo que algún día tendríamos una persona especial a quien amar, pero en esos momentos no estábamos interesados en nadie, solo anhelábamos la libertad con la que soñábamos día y noche. Ya puedo entender que la persona especial es Bella. Su olor desde niña, aunque leve, me volvía loco de lujuria, y si no tuviera un fuerte autocontrol prácticamente la hubiera violado en aquel entonces. Aunque desde que nos volvimos a reencontrar todo se fue al garete, no pude contenerme por mucho más tiempo, había estado esperando por años y por fin la tenía lista, húmeda, deseosa para ser follada y lo mejor de todo era que ella no me era indiferente en ningún momento, ella deseaba esto tanto que sus ojos destilaban lujuria sin hablar, su cuerpo solo reaccionaba a lo que ya conocía, su mente podría decir que no, pero su cuerpo decía que sí.

Los árboles estaban muy altos y espesos, en algunas ocasiones tuve que ayudarla a subir por piedras resbalosas y casi se mata. Juro que por poco la tomo de la cintura y la subo a mi hombro. Ella se merecía unas buenas nalgadas por ser tan terca.

Suspiré resignado y la tomé de la mano todo el tiempo que transcurrió. El sol se pondría dentro de dos horas y teníamos que avanzar más rápido, no fuéramos a encontrarnos con algunos animales salvajes en el camino.

Las aves cantaban y el sonido de un riachuelo se escuchaba. ¡Perfecto! Ahí podríamos descansar un poco antes de continuar. Faltaba poco para llegar.

Bella sonreía todo el tiempo y su olor estaba cambiando. Era extraño, ya que su aroma se estaba tornando en un intenso chocolate que me gustaba; amo el chocolate, por lo que es lógico que mi compañera tuviera tan delicioso aroma.

Su olor…

Su cuerpo…

Las gotas de sudor que bajaban y desaparecían entre sus senos…

¡Joder! Mi polla se hallaba dura como una roca y mis manos dolían por tocarla, arrancarle sus ropas, ponerlas en cuatro y montarla como un desquiciado. Quiero lamer su coño mil veces e impregnarme con su olor.

El sol se ocultó, solo estábamos iluminados por una linterna que Bella traía consigo en su bolsa. Extraje algunas frutas para comer y un par de cocos. No estábamos para ponernos hacer una fogata en medio de la noche, así que terminamos de comer y nos subimos en el palo más alto de un árbol.

Bella se acurrucó buscando mi calor. Ella estaba un poco helada, así que desde la rama que había colgado la bolsa saqué la piel que sabía que nos sería útil en algún momento, la cubrí con ella y dejé un beso de buenas noches en su frente.

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BPOV

—Bella, despierta —susurró Edward, sacudiéndome suavemente.

—¿Qué? —pregunté un poco desorientada, había dormido tan plácidamente que me había olvidado por completo del mundo.

—Hay un pequeño riachuelo a unos diez minutos de aquí. Desayuna y nos vamos —ordenó dándome un coco y unas bayas.

—¿Cómo llegué al suelo? —inquirí. ¿No estábamos en el árbol?

—Me desperté antes y te bajé mientras inspeccionaba el lugar. Estabas tan dormida que ni ruido hiciste. Me aseguré que no hubiera ningún animal salvaje y me fui. —Se incorporó, su cuerpo estaba divinamente hermoso, me tenía con unas ansias de sexo desde que partimos, y por más que le diera pistas para que me follara, no lo hacía.

Me dio un beso en la boca para luego inclinarse y mirarme desde otro árbol con esa sonrisa moja bragas. ¿Es que quiere matarme? ¿Cómo cree que aguantaré tanto sin que me folle? Sí, lo sé, no debo estar pensando en sexo en un momento como éste, pero estando él a mi lado es inevitable que lo haga. Es decir, estás con un tío que está de infarto y no hacen nada más que hablar y caminar, a cualquiera le da por violarlo.

—Edward —le llamé. Él se acercó con preocupación.

—¿Qué ocurre? ¿Te duele algo? Si quieres te cargo y…

—No. Yo puedo caminar muy bien, para eso Dios me regaló dos piernas en perfecto estado para cuando quiera. —No sé qué tiene él con eso de llevarme como hombre de las cavernas, pero ni loca lo dejaría hacerlo, ya era suficiente que no permitiera llevar mi propia mochila.

—No entiendo por qué no me dejas, así nunca te cansarías y sería más rápido llegar. —Parecía frustrado.

—No me importa si tardamos meses en llegar, yo sola puedo sin ayuda de nadie. Edward, entiéndeme. ¿Cómo te sentirías si no pudieras caminar y yo me ofrezco a llevarte? —cuestioné.

Él permaneció pensativo por unos minutos.

—Entiendo. —Suspiró resignado—. Si ya terminaste, en marcha, amor.

—¡Edward!

—¿Qué?

—Te amo. —Sonreí ante su cara de sorpresa.

—Yo también te amo. —Me haló de mi muñeca para darme un beso de esos que me ponían con calor en ciertas partes—. Y te prometo que cuando se acabe todo esto del estúpido tesoro hindú…

—Maya —corregí.

—Lo que sea… Te haré el amor tantas veces que quedarás en una silla de ruedas por días, o quizás meses —prometió.

—Espero eso con ansias, bebé —susurré en su oído y lamí el lóbulo de su oreja. Él se estremeció. Me reí entre dientes para luego soltarlo—. Bueno, querido, es hora de continuar. Usted dirá.

Reconozco que era mala por apartarme de ese modo, pero si Edward no daba el siguiente paso, me tocaría a mí, y lo más probable es que lo viole sin control. Mmm…si tuviera unas esposas… se me ocurrirían una y mil cosas qué hacer con él, agregándole un pañuelo de seda para taparle los ojos.

¡Isabella!, me regañé mentalmente. Tenía que concentrarme en lo que estábamos haciendo, no en sexo y más sexo. Últimamente no sé qué me está pasando, cuando Edward se halla cerca de mí no me reconozco.

Continuamos caminando, el sol no había salido en todo el trascurso del día, estaba nublado y el clima húmedo; yo iba detrás de Edward, quien de vez en cuando volteaba a chequear si estaba bien.

A lo lejos visualicé un pajarito que se había caído de su nido.

—¡Edward, mira! —Señalé al pajarito que chillaba mientras sus hermanitos estaban en el nido esperando por su madre—. Tenemos que devolverlo con sus hermanos.

Él asintió. Cogió al pajarito en sus manos y me lo pasó para que lo tocara, con uno de mis dedos lo acaricié suavemente, sus plumas eran suaves y chillaba porque tenía hambre.

—Es lindo y suave. —Se lo devolví mientras escalaba el árbol alto y lo colocaba en su lugar.

—Sé que no deberíamos interferir en la vida de la naturaleza, pero por verte feliz al diablo eso. —Sonrió mientras me tomó de la mano para seguir cambiando.

BANG, BANG…

Se escucharon unos disparos a lo lejos.

—Deben ser ellos —anuncié.

—No dejaré que te lleven —aseveró mientras retomaba el paso.

Ellos debían ser los que tuvieron todo este tiempo vigilándome y entraron en mi habitación en el hotel. ¿Quién más entraría y no se llevaría nada de valor? También está la cuestión de que me buscan, una de las probabilidades es que sea por lo del tesoro.

—Si mis cálculos son correctos, llegaremos en unas horas o a más tardar mañana —informó Edward.

—No importa cuánto nos tome mientras esté contigo —declaré aferrándome a su brazo.

Continuará…