Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente mía. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Nota: Son varios personajes, en total cinco, así que será una serie llamada: "Serie Bestias Genéticas".
Capítulo beteado por Manue0120, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction.
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Burning Zeal
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Epílogo.
Un mes después...
Edward se encontraba arreglando unos papeleos en su oficina luego de construir un enorme edificio de Software y contratar a más de mil trabajadores, Jasper era el vicepresidente y hoy por fin se inauguraba. Los nuevos empleados se hallaban en sus respectivas oficinas, se podía sentir el leve olor a café recién hecho, así que me levanté de mi asiento con la intención de llevarle una taza a mi jefe. Abrí la gran puerta de madera, entrando a una iluminada y espaciosa oficina.
—Buenos días, señor Cullen. —Dejé el café en su escritorio—. Aquí tiene su café como le gusta. Recuerde que hoy tiene una junta con los nuevos accionistas al mediodía, una cena con el embajador de Asia a las dos y media de la tarde, una entrevista a las cinco de la tarde y, por último, la fiesta de gala de la empresa por abrir sus puertas.
Mi jefe giró en su silla mirándome con una ceja alzada y una sonrisa se formó en sus labios, haciendo que mis bragas se empezaran a humedecer. ¡Dios, este hombre me quiere matar!
El traje negro e impecable que llevaba lo hacía ver endemoniadamente sexy, aunque sin él lo preferiría aún más.
—Señorita Swan, usted tan eficiente como siempre. —Una sonrisa ladina era todo lo que necesitaba para derrumbar mis defensas—. Pero prefiero que seas eficiente en otras áreas aparte del trabajo, ahora ven aquí, te follaré en este nuevo escritorio.
—Pero la junta…
—Ellos pueden esperar —aseveró levantándose hasta quedar frente a mí—. Mi mayor prioridad es darte placer.
Cuando intenté dar un paso atrás todo empezó a darme vueltas, si el señor Cullen no me sostiene rápidamente me hubiera pegado bien duro contra el suelo.
—Ven, vamos a la suite. —Me tomó en sus brazos hasta abrir una de la puertas secretas de su oficina, la cual daba a una lujosa habitación equipada con todo, sin contar con lo grande que era, los vidrios eran a prueba de balas—. ¿Te sientes mejor? Llamaré al doctor para que te revise y no quiero protestas.
Tan solo asentí sabiendo que con él no podría discutir, cuando se trataba de mi salud él salía a mi rescate y empezaba a consentirme. El doctor llegó media hora después como si de una emergencia se tratase, estábamos en la oficina de mi jefe, puesto que la habitación era secreta a excepción de mí. El doctor pidió al señor Cullen esperar afuera, cosa que no le agradó mucho por su expresión.
—¿Hace cuánto está experimentando estos mareos, señorita Swan? —me preguntó el doctor.
—Hace un mes y medio, más o menos. Recién he empezado unas leves náuseas —respondí recordando todo lo que me estaba ocurriendo.
—Querida niña, esto es algo normal en tu estado. Te recetaré algunas vitaminas, trata de no estresarte y exigirte mucho en tu trabajo —comentó mientras anotaba en un recetario—. Y, por si me lo preguntan, es seguro tener relaciones sexuales, jóvenes.
—Uhm... ¿doctor?
—¿Sí?
—Todavía no me ha dicho qué tipo de virus tengo. —Me mordí mi labio.
—Cierto, querida. —Se rió—. Felicitaciones, estás embarazada de dos meses.
No lo podía creer. ¿Un bebé? Esto tenía que ser broma, mi corazón se aceleró y no pude evitar que una sonrisa se formara en mis labios. Llevé mis manos a mi abdomen aún plano.
—Yo me retiro, que tenga un buen día, niña. —Tomó su maletín y se marchó.
La puerta se abrió de nuevo dejando entrar a un preocupado hombre.
—¿Qué tienes, Bella? El doctor era todo sonrisa y cero palabras, estoy muy preocupado por ti. Hoy hueles muy extraño; con una esencia diferente.
—Edward, vamos a tener un bebé, los mareos son por eso, mi amor —anuncié.
—¿Mi cachorro está creciendo dentro de ti? —Yo asentí—. Mi semilla se ha esparcido en tu interior para darnos un regalo tan bello.
Nos besamos en ese instante tan perfecto. Edward tocó mi vientre, tratando de sentir al futuro bebé que yo resguardaba en mi interior.
—Eso me recuerda que, antes de marcharse, el doctor me informó que te podía montar sin preocupación alguna, y eso es lo que haré en estos momentos. —Una sonrisa malévola surcó su expresión—. Te haré gritar mi nombre una y otra vez.
Agradecía a Dios que la oficina fuese a prueba de sonido, ya que me daría mucha vergüenza si todos los empleados me escucharan gritar como una loca sexual.
Sus besos eran como un afrodisíaco para mi cuerpo, todos los sentidos se me alborotaban con tan solo un toque. La blusa terminó hecha trizas en el suelo junto al fino pantalón de vestir negro que llevaba, sus ojos estaban ciegos por el deseo al ver mi nueva colección de ropa interior verde esmeralda. Me sostuvo en sus brazos hasta trasladarnos a la cama que ocupaba la gran habitación, me acarició todo el cuerpo, pasando sus labios por mi clavícula y haciéndome gemir sin pudor alguno.
Mi tanga desapareció junto con mi brassier, los cuales fueron rasgados por Edward. Amaba mi ropa interior, pero él se encargaba de destrozarlas.
—Te compraré otras mucho más sexys —me dijo respondiendo a mi pregunta.
Ya estaba lista para él, pero Edward solo jugaba con mi clítoris y no me daba lo que mi cuerpo tanto ansiaba. Acarició unos instantes mi vientre con delicadeza sabiendo que su fruto estaba creciendo dentro de mí. Me miró como pidiéndome permiso de penetrarme, a lo que asentí con la cabeza, ya no aguantaba más el deseo por él.
Posicionó la punta de su pene en mi entrada y fue penetrándome tan despacio que casi me sentía a morir, era divino y a la vez una tortura. Cuando su punta besó el final de mi canal, sacó por completo su pene para volver a embestirme de una sola estocada, haciéndome gritar su nombre; Edward sonrió complacido.
El vaivén de sus caderas era más pausado y profundo, toda una delicia en su cuerpo, cuando sentía que su clímax estaba acercándose, aceleró el movimiento de sus caderas hasta que un rugido resonó en toda la habitación, yo contuve un gemido encajando las uñas en su espalda y, por consiguiente, dejándole una marcas.
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EPOV.
Los rayos de la luz de luna se filtraban entre las cortinas acompañado de un ligero viento, Bella gemía sonoramente mientras la montaba encima de la cama, aferrándose a los barrotes de la misma. Por mi parte, empujaba más profundo en su interior con un vaivén que sabía que la volvía loca. La tomé de la cintura penetrándola con más fuerza de lo habitual y casi me detengo pensando que le estaría haciendo daño al bebé, pero ella solo pedía más, así que continué con el mismo ritmo. Estaba a punto de derramar mi semilla, sabía que ella no aguantaría mucho más, por lo que con un último rugido me vacié en su interior, recibiendo alrededor de mi polla los espasmos de su coño apretándome con furia.
—Casi pierdo la conciencia. —Su respiración era agitada.
—Al menos sé que no he perdido mi magia en ti. —Me reí entre dientes.
—Tonto. —Me pegó suavemente con la almohada.
—Eres traviesa... —Sonreí malévolamente.
—Sí, ¿y qué?
—Esto…
Me abalancé a ella haciéndole muchas cosquillas, sus carcajadas inundaban la habitación mientras me pedía que me detuviera, cosa que no haría. Era divertido jugar con ella de vez en cuando, o casi siempre que podíamos.
—P-Para… tú ganas… d-detente, ya no puedo más… m-me haré pipí en la cama….
—¿A quién perteneces? —Seguí con el juego.
—A ti…
—¿A quién? ¡No te escuché, Bella!
—¡A ti! —gritó riéndose—. Te pertenezco solo a ti y a nadie más.
—Así me gusta, mi Bella, tu me perteneces y yo a ti, eso nadie lo podrá cambiar. Eres mi compañera para toda la vida, lo quieras o no, pequeña traviesa.
La besé en la coronilla y la atraje a mi cuerpo para dormir, acaricié ligeramente su vientre sabiendo que allí se hallaba mi cachorro descansando. Estaba feliz por mi familia y que Bella y yo nos reencontráramos una vez más para ser feliz, como debía ser hace mucho.
Miré su rostro plácidamente descansando en mi hombro, sus pestañas eran largas, sus labios rosados y apetecibles, me hacían querer probarlos toda la noche. Su cuerpo era el más increíble que había visto en toda mi vida, sus curvas eran las más definidas, sus senos llenos con esas pequeñas puntas rosadas; todo en ella me fascinaba, no la cambiaría por nada en este mundo, ni por una joya preciosa ni por otra mujer, si no era Isabella no sería nadie más. Su vida ahora estaba ligada a la mía, compartíamos una eternidad única.
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Ya estábamos más relajados después de aquellos acontecimientos pasados nada encantadores para recordar. Jasper estaba sentando frente de mí con su iPod enviando mensajes a sus nuevas conquistas, estaba asombrado de que se acostumbrara tan rápido a esta nueva época y se adaptara al mundo trabajador.
En las revistas salía como un playboy con el cuerpo más sexy del mundo. No comprendía cómo llegó a ser tan popular y en tan corto tiempo, en cuanto a mí prefería mantener mi privacidad, a lo que me lleva a preguntar: ¿dónde habrá estado Jasper todo este tiempo?
—Jasper, ¿qué has estado haciendo estos años?
Él alzó su mirada y emitió un largo suspiro.
—Ya te habías tardado en preguntar, hermano. La verdad es que había estado en África, Francia y hasta en Japón llegué a parar, hice cualquier tipo de trabajo para ganar dinero, luego estuve en Bolivia y escuché sobre algunos desaparecidos en una zona de Brasil, me dio curiosidad por saber si eran mis hermanos. —Guardó en su chaqueta su celular—. Estuve algún tiempo en las calles de Brasil escuchando todo tipo de comentarios, fue cuando unas semanas después me enteré que una chica completamente loca se adentró con uno de los cazadores en la selva, pensé que había cavado su tumba, Edward. Sabes que nosotros no estábamos acostumbrados a los humanos y que invadieran tu territorio lo más lógico sería la muerte.
—Me conoces muy bien. —Sonreí, él se encogió de hombros—. No los mataba porque invadieran mi territorio, lo hacía porque herían a los animales sin piedad alguna, hasta presencié cómo los humillaban y retorcerse de dolor cuando les disparaban. Lo más horrible de su especie ocurrió hace más de dos años, unos hombres entraron con una chica a la que estaban violando a la esquina de un rio, no aguanté la escena y los maté a todos, incluyendo a la chica, quien me suplicó que acabara con su sufrimiento. Todavía no le he contado a Bella y al parecer ella me acepta sin juzgarme.
—Ella es una chica fantástica, Edward, no la dejes ir nunca.
—El que intente robármela tendrá que saber que estará muerto, ella es mía.
—¡Wow! Me sorprende tu posesividad. —Se carcajeó—. Dejando a un lado lo otro, he escuchado por algunas fuentes que en los laboratorios Cosmos han estado ocurriendo accidentes, no tan frecuentes pero sospecho que esconden más de lo que ellos dirían a la prensa, han encontrado muertos a las afueras de la ciudad y todas mujeres humanas pasando los treinta años, su garganta estaba rasgada por garras.
—Tengo a mis hombres investigando, quizás sea uno de nuestros hermanos. Tenemos que encontrarlos rápido antes que los científicos se vuelvan a unir en nuestra contra. Tenemos que eliminarlos a todos. —Mi voz sonaba a pura ira contenida.
—Así será, Edward. Todos pagarán por lo que nos hicieron.
—No comentes con nadie lo que hemos estado hablando y mucho menos con Isabella, en el estado que se encuentra no quiero preocuparla, ella debe guardar reposo absoluto. Jasper, tu vuelo sale dentro de una semana hacia Italia para que investigues todo lo que puedas, ya que la nueva sucursal se abrirá allá, no sería extraño que el vicepresidente la inaugurara.
—Entendido, todo será de acuerdo al plan. Si eso es todo me despido, hermano, tengo una cita y pasaré a ver a Bella antes de irme. —Sonrió.
—¿Otra de tus conquistas? —Su sonrisa se agrandó más—. Me lo imaginaba. Otra cosa, no le des tanto chocolate a Bella, Jasper.
—¿Qué? Pero si a ella le gusta.
—Como también la caja de pizza que le llevaste ayer en la noche. —Alcé una ceja.
—En mi defensa yo también tenía hambre, solo que Bella se la comió sola. —Lo miré severamente—. Edward, lo siento, pero ella está tan adorable que no puedo evitar mimarla con las cosas que pide. Tu te encargas de decirle a todo que no porque no es sano, parece mi hermana menor desvalida. Así que, como su hermano mayor, tengo que complacerla en sus caprichos de embarazada.
—No diré nada más sobre este tema, nos vemos dentro de un mes y medio.
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BPOV.
Seis meses después...
Me sentía una ballena. Sabía que mi bebé no tenía la culpa, yo estaba comiendo de más y, aunque Edward me dijera que estaba linda todas mañanas al despertarnos, ver a todas las mujeres con sus cuerpos esbeltos me hacía sentir insegura de mí misma. ¿Edward me seguirá amando? ¿Estoy gorda? ¿Le gustarán esas chicas plásticas? Ya no sabía qué más pensar.
La empresa iba viento en popa cada día, aún permanecía como su secretaria, habíamos viajado dos veces en estos últimos meses para no poner en riesgo mi embarazo, aunque ya el doctor había asegurado que estaba más que bien de salud y podía seguir con mi vida cotidiana normal, sin embargo Edward no me había tocado desde algunas semanas y eso me tenía de mal humor, insegura y frustrada sexualmente; estaba que le arrancaba la ropa y lo violaba en su oficina en cualquier momento.
Jasper estaba atendiendo los negocios en Escocia y estaría allá un buen tiempo, pero vendría cuando tuviera a mi bebé. Él había sido muy buena persona conmigo y tan sobreprotector como Edward. No podía tardar más de una hora en la tina porque me creían ahogada.
Edward estaba dispuesto a contratar a una nueva secretaria hasta que diera a luz, pero me negué rotundamente, mi trabajo era algo en lo que no lo dejaría entrometerse.
Llegué a casa después de hacer unas compras, tenía mi día libre porque fui a mi cita con el médico. Preparé la cena favorita de Edward, pero luego me informó que llegaría algo tarde, así que comí sola en la cocina y le guardé su parte en la nevara por si le apetecía comer algo. Me duché y perfumé con esencia a chocolate, me puse ropa interior sexy aunque no me lo pareciera tanto con mi nueva figura, observé el reloj y marcaban las doce en punto. Me puse un camisón trasparente por encima y decidí esperar a mi marido.
El cuarto del bebé ya estaba casi listo, solo le faltaban algunos detalles mínimos que después hablaría con Edward. En eso escuché el auto entrar por el inmenso portón y aparcarlo afuera, Edward bajaba de su camioneta dándole las llaves a nuestro chofer, que luego desapareció con el auto hasta el estacionamiento subterráneo donde Edward coleccionaba más de veinte autos deportivos. Se veía tan sexy que mi boca se hacía agua de tan solo verlo con su impecable traje negro Armani.
—Buenas noches, amor, ¿cómo han estado tú y mi pequeño? —Acarició mi estómago.
—Bien, cielo… —respondí.
—¿Te sucede algo, Bella? —Alzó una de sus cejas.
—No pasa nada.
—Te conozco más de lo que tu crees y no me mientas. Dime qué te preocupa.
—¿Me quieres?
—Sabes que te amo más que al infinito mismo, solo tú eres mi vida y mi razón de seguir vivo en este mundo. —Me abrazó y unas lágrimas brotaron de mis ojos.
—Me siento insegura de que tu quieras a las demás por tener un cuerpo mejor que el mío, yo estoy gorda y últimamente no hemos estado juntos como yo quisiera.
—Mi dulce Bella, tú eres la más hermosa de este mundo, y si no te he montado es por miedo hacerle daño al bebé y a ti, ya que tu embarazo está algo avanzado, sabes que cuando te monto no lo hacemos nada delicado.
—No le haces daño al bebé y mucho menos a mí, amor.
—¿Sabes qué? Ahora mismo te montaré como jamás lo había hecho… Mmm… ¿cómo le dicen los humanos? Ah sí, haremos el amor lento para disfrutar de tu néctar —me susurró lo último en el oído y no cabe duda que la idea hizo que mojara mis bragas—. Ya puedo oler tu excitación, chica traviesa.
Sonreí más animada y lo besé sin previo aviso, me tomó en sus brazos subiendo las escaleras hasta llegar a nuestra habitación. Me besó con tanta dulzura que casi no reconocía al hombre que tenía frente a mí, sus caricias eran diferentes pero agradables, me tocaba con delicadeza, como si fuera un cristal a punto de quebrazarse en cualquier momento.
No negaré que me gustaba cuando lo hacíamos rápido, era todo más intenso y que me dejaba aluciando, aunque esta nueva faceta de Edward ya me tenía loca también, sus caricias y sus besos por todo mi cuerpo me excitaban cada vez más.
Fue bajando su cabeza hasta posicionarse entre mis muslos, lamiendo de arriba abajo mis pliegues, haciéndome soltar un gemido, estaba sonrojada de mí misma por la forma en que gritaba tan escandalosamente cuando hacíamos el amor.
Me estaba volviendo loca de deseo, su boca, su lengua y todo lo que me hacía allí abajo era increíble. La forma en que movía esa lengua por mi clítoris, dando ligeros golpes... estaba tan cerca de llegar cuando sin previo aviso metió uno de sus dedos en mi interior y de repente se detuvo, subió por encima de mi besándome, haciéndome probar mis propios jugos, al mismo tiempo masajeaba mis senos apretando ligeramente mis pezones erectos. Me estaba volviendo loca, le gustaba torturarme de placer a este hombre, me besaba como si su alma dependiera de ello mientras sentía su pene erguido y erecto en mi coño, pero sin entrar en ningún momento; hasta que me olvidé de todo a mí alrededor e hice que entrara de una sola estocada, aunque lo más difícil fue mantenerme quieta, ya que él no parecía querer moverse en ningún momento, solo una sonrisa traviesa en su mirada me hacía fulminarlo con mis ojos.
Su vaivén era lento, tan lento que sentía que si no se movía más rápido yo tendría que tomar riendas en el asunto, me besaba el cuello enviando descargas eléctricas por todo mi sistema y más cuando sus penetraciones empezaron a ser más rápidas que antes, acelerándolas como sabía él que me gustaba. Envolví mis piernas en su cadera para que fuese más profundo, estaba a punto de llegar y sabía que él también por sus expresiones, besé su pecho como pude, ya que mi abultado vientre me impedía ciertas cosas; Edward se inclinó un poco para besarnos mientras su vaivén se aceleraba hasta llegar al clímax los dos al mismo tiempo, los gritos acallados por nuestros besos, su semilla se sentía caliente en mi interior, ya extrañaba esa sensación de plenitud en estos últimos meses sin estar con mi Edward, lo podía sentir duro todavía dentro de mí pero él se salió dejándome vacía pero cálida al mismo tiempo y más aún cuando me abrazó con amor.
—Seremos muy felices, mi Bella, con nuestra familia y mis hermanos —expresó apretándome fuerte contra su pecho.
—Lo seremos, Edward. No te preocupes, yo siempre estaré a tu lado. Sé que también encontraremos a tus hermanos, amor mío, ellos son tu familia y la mía también —le dije besando su barbilla.
—Te amo, Bella.
—Te amo, Edward.
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Fin
N/a: gracias a todas las grandes lectoras que me tuvieron paciencia en este fics, se que algunas estaban impacientes y otras me entendían que solo escribir no era lo único que hacia, mi carrera toma mucha dedicación mía y no la podía dejar de lado, tuve momentos difíciles y ustedes supieron como animarme con sus comentarios y simplemente las adoro mucho ladys, le quiero a agradecer principalmente a mi Beta Manue0120 y a todas las que comentaron en este fics….las adoro y nos vemos en El Deseo de Tu Calor….
