La puerta de la suite se abre, permitiendo la entrada a dos enamorados que se besan.

Sin separar sus labios de los de Serena, Darien cierra la puerta con el pie. Serena está colgada a su cuello, respondiendo sin reservas.

-Lo que nos obligan a ver.

La voz divertida de Mina y la risita de Mamoru los obliga a separarse. Completamente ruborizados, voltean a verlos. Mamoru tiene el rostro enterrado en cojín, mientras que la rubia los observa con las cejas enarcadas.

-¿Qué hacen despiertos?

-Mi niñero me dijo que podíamos quedarnos despiertos hasta que el cuerpo aguante -Observa a Serena, la otra desvía la mirada avergonzada.

Darien ve que en la mesa junto a Mamoru y frente a él hay dos envases de helado de chocolate y fresas, nutella, galletas de leche, gaseosas, envases desechables de arroz frito y dos botellas de cerveza.

-¿Le diste licor a mi hijo? -Pregunta acusador.

-Tengo entendido de que el único irresponsable en esta sala eres tú. -Responde calmada.

En ese instante Yaten sale de una de las habitaciones.

-Ya está listo el baño para el peque... ño. -Observa a los recién llegados.

-Mamoru, -Serena se pregunta qué habrán hecho -¿Dejaste entrar a un extraño?

-Es Yaten. -Justifica el niño.

Encogiéndose de hombros, Serena se quita los zapatos. Mina descubre el brillo en su mano izquierda. Levantándose del sofá, se acerca a la chica.

-¿Se comprometieron? -Grita azorada. Serena asiente -No sé si felicitarte o darte el pésame.

-Muy graciosa. -Darien refunfuña.

La rubia exasperante abraza a Serena.

-Mil felicidades, amiga. Y tú -Voltea hacia el moreno -Si me llego a enterar que la hiciste llorar nuevamente o le eres infiel, te juro que lo lamentarás.

-Ya sé, me matarás.

-¿Y darte la satisfacción de no sufrir? -Ella mueve el dedo índice frente a su rostro. -Lo que te haré será tan terrible que cada día desearás haber muerto.

Darien sabe que no juega. Su expresión decidida se lo indica.

La tensión en el ambiente se puede palpar.

-¡Felicidades! -Yaten se mueve hacia Serena -Golpea a ese hombre en la cabeza cada vez que no te obedezca y lo dejas sin cenar si te alza la voz.

-Lo haré -Sonríe tímida.

-¿Qué sucede? -Mamoru no entiende.

-Que tu papá y Serena se van a casar.

-¿Por qué?

-Porque se aman.

-¿Él no ama a mi mamá? -Pregunta inocente.

Todos cruzan las miradas.

-Iré a cambiarme -Serena se dirige a la habitación.

Yaten toma a Mina del brazo.

-Mira la hora que es. Ya deberíamos estar dormidos.

-Hasta mañana Mamoru. Y exígele al asno de tu padre que te explique en qué loca familia viniste a nacer. -La rubia indica antes de ser halada fuera de la suite.

Silencioso, Darien comienza a recoger el tiradero que dejaron.

-¿Eres un asno?

La pregunta del niño lo hace reír. Sentándose junto a él, toma la pequeña mano.

-Una vez fui el rey de los asnos. Lastimé a mucha gente, entre ellas a tu madre, pero a Serena le provoqué el mayor daño.

-¿Por qué?

-Porque me creí superior a ella, cuando en realidad ella es muy grande para mí.

-No es cierto, ella es pequeña -Habla de su talla.

Darien sonríe triste. Desea que Mamoru jamás pierda la inocencia.

-Ahora a dormir.

-¿Serena va a vivir con nosotros?

Darien lo mira fijamente. No ha pensado en eso.

Son muchas las decisiones que deberá tomar antes de hacerla su esposa. Ella no merece estar arrimada en casa de su madre, pero tampoco está dispuesto a vivir bajo el mismo techo que Kenji y el abuelo loco.

-A dormir -Tomándolo en brazos, lo lleva hasta la alcoba.

-Serena dijo que podía dormir en la otra.

Ella se asoma ataviada con un pijama de pantalón y camisa manga larga.

Darien se pregunta si alguien más puede verse tan sensual con esa ropa.

-Pueden dormir aquí, yo ocuparé la alcoba del hechicero. -La rubia pasa a su lado.

El moreno aspira el aroma a rosas.

-¿Hay un hechicero? -Mamoru se cuelga de ella.

-Solo bromeo -Besa su nariz -Ve a dormir para mañana salir a disfrutar de los eventos ecuestres.

Diez minutos más tarde, Darien ha logrado dormir al niño, decide tomar una ducha y beber algo antes de descansar.

Abre la puerta de la alcoba, descubriendo a Serena sentada en el sofá.

-¿Qué haces levantada?

La rubia se encoge de hombros.

-Pensando en muchas cosas.

El moreno sirve en vasos dos botellitas de licor, ofreciéndole una a Serena se sienta a su lado.

-¿Te arrepientes del compromiso? -Pregunta tenso.

Contemplando la mesa frente a sí, ella niega con la cabeza.

-Pienso en mi futuro.

-¿Estoy incluido en él?

Serena gira la cabeza para verlo. Por primera vez desde que lo conoce observa inseguridad reflejada en el atractivo rostro. Levantando la delicada mano, toca la vena que palpita en su tensa quijada.

-Me has hecho mucho daño. Más del que cualquier mujer puede soportar.

Darien toma su mano, besando los nudillos.

-Estaré arrepentido toda la vida por ello. El tiempo no me alcanzará para demostrártelo.

La rubia se prenda del azul tempestuoso de sus ojos. Quiere creerle. Olvidar el pasado y comenzar desde ese instante.

-Aceptaré trabajar en otra telenovela -Comenta de pronto, estudiando su reacción.

-¿Es lo que quieres hacer? -Pregunta calmado.

-Por ahora si. Después decidiré qué rumbo tomar en mi vida.

-¿Qué pasará con la fábrica?

-Miyake se hará cargo de todo.

-¿El Miyake que quería invitarte a salir? -Una vez del año anterior, escuchó a Mina sonsacar a Serena para que aceptara la invitación de un hombre con ese nombre.

A Darien no debería haberlo molestado eso, pero se sintió ofendido por la tontería de Mina. Recuerda el apellido como si eso hubiera ocurrido el día anterior.

-No lo sé -Ella se encoge de hombros. No recuerda nada. -Cuando Mina era la dueña, él se encargaba de llevar la fábrica. -Llevando el vaso a la boca, bebe un pequeño sorbo tosiéndolo -¿Qué cosa es esta? -Con el rostro contraído observa el contenido oscuro.

Darien se levanta para leer la etiqueta.

-Es Ron añejo.

-¿Ron? ¿El ron que bebe el capitán Sparrow? -Hace alusión a las películas Los Piratas del Caribe. -Ya veo por qué el hombre era tan raro, -Se incorpora.

-¿Ya te vas a dormir?

-No tengo sueño -Va a la pequeña nevera. -Debe haber una manera de prepararlo para que quede suave. -Saca una cubitera de hielo.

-Sé como se prepara -Darien toma el control. Guiando a Serena al sofá, se prepara observa pacientemente como le agrega limón, coca- cola, y unos cubos de hielo, regresándoselo. -Dame tu opinión.

La rubia acepta el vaso, probando un pequeño sorbo. Asiente ligeramente.

-No está mal.

Darien se hipnotiza en su boca. Siente su cuerpo responder al inocente gesto de Serena de lamer su labio superior para recoger una gota de líquido. Ella comenta algo que él no logra entender, solo tiene sentidos para el suave subir y bajar de sus senos al respirar. -Darien, te estoy hablando.

El moreno parpadea por el tono molesto.

-¿Qué?

-Te preguntaba que cuándo vas a hablar con mis padres y mi abuelo.

-¿Debo hacerlo? -Pregunta preocupado. Ella chasquea los dientes -No te enojes, es broma. Pediré a mamá que me acompañe. Necesito una aliada que me salve en caso de que deseen acabar conmigo.

Serena ríe. De pronto se pone seria. Dejando el vaso en la mesa, lo observa a los ojos.

-¿Y Mamoru?

-¿Qué pasa con él?

-¿Le dirás a mi familia que eres padre soltero?

-No volveré a negarlo. Sé que le debo una explicación y miles de disculpas a tu madre por mi trato hacia ti en el pasado, pero no me importa lo que tu familia opine de mi hijo, porque la única opinión y aceptación que necesito es la tuya. Deseo que lo aceptes en nuestro futuro.

-Sabes que no podría ignorarlo. Mamoru es bienvenido a mi vida.

-Será un hermano más para los hijos que tengamos.

-Sin discriminación -Afirma la rubia.

-Yo -Hace una mueca -aceptaré que beses a todos esos actores de cartón.

-¿En serio? - El moreno desvía el rostro, haciéndola reír -Darien, dime si es en serio.

-No había sido celoso antes, pero desde febrero...

Serena desvía la mirada.

-Cuando querías acabar con lo nuestro porque era gorda, acosadora, malcriada...

Él aprieta la mano femenina.

-Andrew tenía razón al enojarse conmigo. Pero no quería terminar contigo porque tuvieras más carne que ahora.

-Se llama grasa o tejido adiposo.

-Serena, por favor. Nunca quise dejarte por eso. Prefiero que tengas esos kilos a verte como estás ahora.

-La mujer por la que me ibas a dejar es delgada. -Las comisuras de sus labios tiemblan.

-No era por eso. Ahora que conozco el interés monetario que tuvo mi padre para casarse, iba a cometer la misma barbarie. Pero no saber de ti después de que te cortara la llamada por nuestro aniversario, me hizo abrir los ojos. Te amo, amo tus niñerías, tus celos, lo cual debo decir que es bastante desagradable lo que se siente. Lamento haberte hecho pasar por tantas penalidades, por no haberte valorado.

Serena abre la boca para decir algo. Pensándolo mejor, se mueve sobre Darien, quedando a horcajadas sobre él. Observa sus ojos oscurecidos por la impresión y el deseo que se ha apoderado de él. Con el pulso acelerado y los nervios a flor de piel, enmarca la áspera quijada masculina antes de unir sus bocas.

Darien coloca sus palmas en la espalda femenina apretándola contra él. Pierde el control de sus actos cuando siente a través de la tela los pezones endurecidos de la rubia.

Serena se aparta un poco para verlo. Con una sonrisa y sin palabras lo invita a continuar. Sus ojos brillan como diamantes cuando Darien comienza a soltar los botones de la camisa del pijama. Cierra los ojos al sentir los labios masculinos en su hombro izquierdo mientras su mano izquierda juega con la sonrosada y erecta aureola derecha. Serena aguanta la respiración cuando su boca toma el lugar de la mano.

Introduciendo los delicados dedos en el cabello oscuro, si querer lo aprieta hasta hacer gemir de dolor a Darien.

-Lo siento -Murmura apenada.

Darien la besa, exigiendo rendición total. El aroma que despide el cuerpo suave y tibio lo tiene fuera de sí. Si Serena quisiera echarse atrás, no está seguro de poder hacerlo. Ella es fuerza y delicadeza, es tempestad y paz. Serena saca a la luz al Darien salvaje y descontrolado, al hombre primitivo y celoso.

Sujetándola de las caderas, eleva las suyas para hacerle ver lo que hace a su cuerpo, el palpitar de su masculinidad exige liberación y satisfacción.

Pero sabe que tiene que ir con pausa para no asustarla.

Suaves gemidos salen de la garganta de la chica. Arquea el cuello permitiendo que el lama el pulso en la base de su cuello.

Darien la sujeta fuerte, de un impulso se incorpora con su tesoro en brazos. Trastabillando llega hasta la alcoba. Sujeta a los anchos hombros, Serena se siente intoxicada. Su cuerpo anhela culminar lo que empezó en el bar de motorizados. No dejan de besarse, exigiendo más.

Darien la deja en la cama un instante. Serena lo observa cerrar la puerta y despojarse de la ropa para luego regresar a ella. Contempla el rostro arrebolado, los labios hinchados por los besos y sus senos.

-Quiero recordar para siempre la primera vez que te hice mía. -Lleva sus manos al elástico del pantalón rosa, conminándola a levantar las caderas. La rubia siente que perderá el sentido cuando él besa cada centímetro de sus muslos, separando sus rodillas, besa su húmeda feminidad.

-Darien... -Jadea. Él le hace el amor de una forma que jamás habría imaginado. Lame sus pliegues temblorosos, saborea su intimidad sin dejar de percatarse de sus febriles jadeos y murmullos. Serena aprieta la almohada y arquea la espalda en el momento en que el mundo estalla a su alrededor. -Da... ri... -No tiene voz ni control ante la estampida de sensaciones que recorre su sistema nervioso.

Darien busca un preservativo. Desde que cometió aquel error nunca está sin protección.

-Apenas estamos empezando -Le susurra al oído al acomodarse entre sus piernas.

Serena aguanta la respiración al sentir la piel de él frotarse contra la suya. Suave y lentamente él la invade sintiendo un poco de resistencia, esa resistencia que le certifica que él es el conquistador de tan preciado tesoro. Besándola, juega con su lengua hasta que la llena.

Serena se sujeta a su espalda cuando su hombre comienza a mecerse, a guiarla nuevamente por el mar del placer. Darien cabalga en su cuerpo, sintiendo que vuela hacia el cielo.

La rubia acaricia la poderosa espalda reconociéndola, sus palmas descienden a las posaderas apretándolo, deseando fundirse para siempre con él. Eso le da Darien razones para embestir con poder. Serena lo recibe una y otra vez hasta que nuevamente es sacudida por la fuerza de los mares.

Darien también ha perdido la batalla. Sintiendo cómo los músculos femeninos lo aprietan, se deja llevar por la marea hasta que con un grito de satisfacción, se derrumba sobre ella...