Perdonen la tardanza al publicar. ocurrieron cosas con esta historia que ahora no vienen al caso. Solo pediré que si alguien aspira publicar por otra página, grupo o en facebook la novela, me pregunten antes, para evitarse inconvenientes con mis lectores de Seiharu, El Rincón de Azumi. Otra cosa, en mi país estoy registrando mis novelas (con personajes y locaciones cambiados, por obvias razones) con mi verdadero nombre, por lo que cualquier publicación sin mi autorización es un delito. Odio escribir esto y hacer creer que soy la peor persona del mundo con ínfulas de escritora barata, pero como dije al principio, han ocurrido cosas desagradables. No soy tan antisocial y pueden hablarme cuando quieran.
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Ante penúltimo Capítulo
Kenji entra en la casa silenciosa.
No entendió la llamada de su esposa donde le pedía que regresara lo antes posible a casa. Algo como una calamidad, banalidad, casualidad o algo parecido.
-¿Ikuko?- Llama.
De inmediato recibe un gracioso ladrido por respuesta. Un pequeño perro se acerca moviendo la cola. Lo recuerda. Es el mismo que Serena debía cuidar y dejó bajo el cargo de Ikuko.
-Gracias al cielo que llegaste. -Ikuko sale a su encuentro.
-¿Qué ocurre?
Ella lo toma del brazo.
-Vinieron a pedir la mano de Serena...
Kenji no tiene tiempo de asimilar la información. Los gritos de Mina, Yoko y Serena son espeluznantes.
Lunes.
-Y eso fue lo que pasó.
Andrew escucha pasmado el relato de su amigo. Se reunieron a desayunar en casa de Darien. Yoko salió a pasear al pequinés por lo que pueden tener un rato de paz.
-¿Tu madre no te defendió?
-Aupaba a favor del anciano -Darien hace una mueca al escuchar la carcajada del rubio -Te aseguro que no fue divertido.
-Tu madre sería capaz de ofrecerte de alimento para gatos con tal de salirse con la suya. -Responde después de calmarse -Ahora la señora Ikuko, Mina y hasta el señor Tsukino están de tu parte.
-De Mina no me confío un ápice. Ella intervino solo porque Yaten sostenía al perro para que no mordiera las ancas del majadero viejo.
No lamenta que la comida haya volado por los aires ensuciando el salón, tampoco haber sido atacado a traición por el infernal anciano. Su prioridad y preocupación fue Serena.
La chica sufrió un ataque de nervios al ver que su abuelo tomó lo primero que halló a mano para golpearlo.
Y todo eso pasó porque su madre no pudo mantener la boca cerrada con respecto a Mamoru.
Para su fortuna, Kenji y su esposa intervinieron antes de que cometiera el error de defenderse y empeorar su situación.
-¡Mi nieta no se merece a este irresponsable!
-¡Eso lo decido yo! -Kenji lo enfrentó.
-Ambos están equivocados. -Los hombres giraron hacia Yoko. -Quien decide con quien o no casarse, es Serena. Ustedes solo le dan la bendición o la espalda.
-La señora tiene razón – Ikuko se acercó a su hija que aún temblaba. -¿Amas a Darien? -Serena asintió silenciosa -¿Deseas casarte con él a pesar de todo?
-Lo deseo más que a mi vida.-Con un hilo de voz apenas audible, respondió - Sé que no es perfecto y que a veces desearé enviarlo a otro planeta. Pero es el hombre que amo y con quien quiero pasar el resto de mi vida.
-¡Nunca! -El abuelo chilló.
-No es tu decisión, abuelo. -Mina intervino -Sabes que los tiempos han cambiado y doy gracias por ello. De lo contrario mis padres me habrían vendido al mejor postor sin tomar en cuenta mis deseos. Serena también puede tiene derecho de elegir.
-¿Por qué aplaudes la independencia de Mina y condenas la de tu nieta? -Kenji preguntó -¿Acaso no tiene derecho a ser feliz?
-¡No confío en ese bueno para nada!
-Mi Darien dirige la empresa familiar. Cuando yo muera heredará todo lo que poseo.
-Ha demostrado con creces... -Mina es interrumpida.
-¡Patrañas! -El anciano palmoteó el aire -¿Han visto su tamaño? ¡Ese gigante puede lastimar a mi nietecita!
Yaten se mantuvo al margen sosteniendo al pequinés que no dejaba de ladrar y aullar.
-Serena puede cuidarse muy bien. Ya le ha pegado a mi hijo por mal portado. Y tiene mi permiso de seguir apaleándolo si no la obedece.-La intervención de Yoko suavizó la tensión.
Al final, las mujeres limpiaron el desastre, mientras Kenji se disculpaba apenado por el comportamiento del anciano.
-¿Cómo quedó todo? -Andrew le pregunta en ese instante -¿Te casas o seguirás burlándote de Serena?
-Créeme cuando te digo que aprendí la lección. Casi pierdo a Serena por mis niñerías. -Observa el líquido en su taza -Tenías razón.
-¿En qué?
-Me comportaba como mi padre. Sin darme cuenta repetía sus patrones de comportamiento y despotismo.
-Al final no le fue bien.
-No. -El moreno concuerda con él. -Perdió su familia, su trabajo y su honor.
Yoko regresa de su paseo matutino. El perro entra feliz saltando junto a la silla de Darien.
Andrew observa su reloj.
-Me tengo que ir -Incorporándose evita el contacto visual con Yoko.
-¡Oh! -Ella, curiosa lo detalla – ¿Qué has estado haciendo? Mi hijo me contó que ya no estás vendiéndote.
El rubio voltea hacia su amigo.
-¡Nunca mencioné una de esas palabras! -Se defiende éste.
-¿Ah, No? -Yoko pregunta inocente.
-Lo que dije fue que está comprometido...
-Olvídalo -Andrew se dirige a la salida -Nos vemos en clases.
-No olvides que tenemos cita con el tutor de la tesis. Lleva las notas que tengas.
-Trae a tu novia a cenar -Pide Yoko en el momento en que se cierra la puerta. ¿Es mi idea? -Se dirige a la nevera -el chico parece más responsable. ¿Qué está haciendo?
-Trabaja para Serena.
Ella lo observa confundida.
-¿Es actor? No lo he visto en la telenovela.
Darien mira techo implorando paciencia.
Fábrica de Cosméticos.
-Deje todo en mis manos, jefecita y vaya a deleitarnos con su espectacular actuación de temporada invernal-Apoyado sobre su brazo izquierdo, Miyake contempla arrobado a Serena. –A cambio, deseo que me autografíes un afiche de cuerpo completo. Tú y mi descarada ex jefa.
Sin levantar la vista de la pantalla y sentada en la silla de Serena, Mina le muestra el dedo de corazón.
-Tu madre irá a firmarte la fotito, porque mis autógrafos valen mucho dinero. –envía todos los correos de sus padres a la papelera.
El hombre se siente ofendido.
-Jefecita, ¿Vas a permitir que nuestra subalterna le hable así al hombre que firma sus cheques mal habidos?
-¿Mal habidos?-Mina lo fulmina con la mirada.
-Cobras un sueldo exorbitante sin necesidad de sudar una gota.
-Sudo lo suficiente –Responde ácida. –Pero menos que tú, orangután. Y mi sueldo no me da ni para comprarme un pañuelo.
-Podría despedirte por eso. –Sisea amenazante.
-¿Por llamarte por tu nombre? –Eleva las cejas.
-Uy, se hace tarde –Serena toma su mochila –Hoy veremos a nuestros nuevos verdugos, merendaremos en el teatro y seguiremos…
-Vaya en paz, jefecita –Ignorando a Mina, Miyake hace una reverencia –Avíseme cuándo será el estreno de la obra de la temporada. Siento envidia del coprotagonista.
-Eres un envidioso nato –Espeta Mina antes de ser halada hacia la salida por su amiga.
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-¡Un momento! –Yaten se limpia el rostro con una toalla, molesto porque tocan insistentemente. El insulto preparado para el intruso se congela en su boca al ver a los visitantes. –Señora Aino.
-¿Podemos pasar? –La dama nota la confusión en la mirada esmeralda –Por favor.
Desconcertado, el peliplateado se retira, permitiéndole el ingreso. Contempla al hombre maduro de cabello rubio y porte aristocrático, que estudia el pequeño salón.
-¿A qué se debe el honor de su visita? –Pregunta retador. -¿Viene a ver si este pobre diablo aceptará su soborno?
-Todos tienen un precio –Comienza el hombre, guardando silencio cuando la mujer levanta una mano.
-No todos –Reconoce ella, tomando una pequeña foto enmarcada -¿Mina es feliz?
-¿Sin dinero ni lujos? ¿Sin sirvientes que trabajen para ella? –Interviene el hombre. –Mi hija no podría escalfar un huevo.
-¿Son padres de una chica que vivió toda su vida con ustedes y no la conocen? –Sonríe irónico -La felicidad no se basa en lo que te sobra. Tampoco en pisar y humillar al más débil. Puedes tener un imperio a tus pies, y sin embargo ser el más miserable de los hombres. –Pronuncia despectivo. –Mina no es ese tipo de personas. ¿Acaso alguna vez le preguntaron cuáles eran sus sueños?
-Dedujimos que por ser hija nuestra, pensaría como nosotros –La mujer mantiene su voz baja.
-La dejamos a su suerte pensando que tú y su pelea independentista eran solo un capricho.
-¿Despojarla de todo lo que tenía era dejarla a su suerte? –Está sorprendido por la actitud del caradura.
-No queríamos que terminara con un empleaducho…
Yaten emite un gemido ininteligible.
-¿Empleaducho? ¿Soy menos persona que ustedes? ¿Acaso no enferman ni les da erupciones, diarrea o vómito? ¿Usted no sufre de cólico menstruales? –Interroga a Minako -¿A usted no se le escapa un gas mientras duerme? –Le pregunta al hombre - O son tan superiores para ser humanos.
Avergonzados por las preguntas directas, los Aino solo guardan silencio.
-No despiertes a Amy con tus gritos –Taiki sale abrochándose la camisa, deteniéndose ante los visitantes – Buenos días –Dirige su mirada interrogante a Yaten.
-Los dioses nos han bendecido con su presencia –Expresa burlón.
-Somos los padres de Minako…
-Que están a punto de irse. A no ser que hayan comprado el edificio para echarnos. –Ironiza.
El hombre se ofende.
-Jovencito…
-Yaten Kou. –Corrige. –Lo dice claramente el expediente que el investigador le entregó a su esposa hace meses.
Taiki se mantiene silencioso, admirando la templanza de su hermano.
-Por favor, -La mujer suplica –No vinimos a humillarlo. Solo queremos comunicarnos con nuestra hija.
-Tsukino no permite que nos acerquemos.
-Si van con él con la misma superioridad que lo hicieron conmigo, no me extraña que les haya dado con un palmo en la nariz.
-Sé que nuestro primer encuentro no fue apropiado y que debí ser menos soberbia.
El peliplateado la contempla pasmado.
-¿Acaso está muriendo y teme ir al infierno?
-Hermano –Taiki mueve la cabeza. –Todos tenemos oportunidad de rectificar.
-¿De veras? –Se cruza de brazos –Vengan dentro de dos semanas y si su actitud no ha cambiado tal vez, y solo tal vez, trate de que Mina los reciba…
Teatro.
Cinco horas de ensayo interminable han dejado agotadas a las chicas.
-¿Acaso vinieron a dormir? –Hanasaki descubre a sus pupilas dentro del cuarto de mantenimiento.
-Apague la luz –Serena gruñe cubriendo su rostro con el antebrazo.
-Micaela nos tiene al trote y a ella se han sumado nuevos y bestiales profesores.
Ignorando los gritos histéricos de la directora, el coreógrafo entra al pequeño cuarto cerrando la puerta.
-¿Cuántas horas duermen por la noche?
Serena levanta una mano mostrando cinco dedos, luego cuatro.
-Anoche apenas cerramos los ojos cuando sonó el despertador –Mina confiesa.
-No fue así, pero eso pareció. –La otra rubia susurra.
-¿A qué hora despertaron?
- A las cuatro menos cuarto. Gabriel…
-¿Gabriel? –Hanasaki la interrumpe. -¿no es el occidental que será tu pareja en la nueva trama?
-El mismo. –Asiente Mina -Por fortuna su papel será de sordo mudo gran parte porque le cuesta despojarse de su acento musical. Es tan malo para el japonés como serena lo es para el inglés.
-¿Qué pasa con Gabriel? –Hanasaki retoma su pregunta.
-Tiene la agenda apretada por su tour "Volver a amar" y a las cuatro de la mañana hora de Japón, es que tiene tiempo para su clase.
-Luego fuimos a la fábrica y de allí a clases.
-Esto no puede seguir así. –El coreógrafo mueve la cabeza.
Piensa en la posibilidad de exigirle a Micaela que las suplante por otras actrices, pero la preventa de la obra ya está colapsada.
-¡Sirena! –Se escucha la voz de Micaela en el pasillo -¡Venus! ¡Protervas mocosas consentidas!
Serena levanta la cabeza.
-¿Protervas? –Susurra -¿Existe esa palabra?
-Significa maligna, perversa, malvada. –Explica el profesor.
-Yo soy todo eso, pero mi amiga es lo contrario. –Mina se levanta. –Ya me despertaron, ahora vayamos a destrozar los nervios de la proterva Micaela. –Jala a Serena por el brazo –Hora del espectáculo.
-¿Al estilo de "no aprendí un comino"? –Pregunta con fuerzas renovadas.
-Señoritas… -Hanasaki ve como ellas salen animadas.
-¿Conoces otro estilo? –La voz de Mina se pierde.
Hanasaki mueve la cabeza. Cuando sus pupilas se lo proponen, son un verdadero caos.
Diez minutos después, la risa de los otros y los gritos histéricos de Micaela lo comprueban…
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Los días pasan veloces. Serena y Darien apenas tienen tiempo para verse. Lo mismo ocurre con Mina y Yaten. Los ensayos para la obra son agotadores para las chicas, pues a Micaela se le ocurrió escribir un guión basado en los distintos géneros musicales y su evolución desde la década de mil novecientos cuarenta.
El ballet-fusión se les hizo sencillo, no así la música de cabaret fusionada con rock and Roll.
Mina congeló el semestre. Sin embargo, Serena se mantiene estudiando. Para Ikuko es un orgullo que la pequeña perezosa haya desaparecido, pero una nueva preocupación se apodera de ella. Serena siempre está ocupada y las horas de sueño se reducen notablemente. De seguir así podría enfermar o peor, dormirse al volante y estrellarse.
-Yo me encargaré de llevarla y traerla a salvo –Se ofreció Andrew, en vista de las múltiples ocupaciones de Darien.
Por fin llega un fin de semana de descanso.
Su deseo de dormir todo el sábado se ve truncada por un visitante inesperado.
-Serena, despierta que quiero llevarte a pasear. –La voz de Mamoru despabila a la rubia.
-¿Qué haces aquí? –Sentándose, observa el reloj. Son las once y cuarenta y cinco.
-Mi papá me dijo que no te dan recreo en tu escuela.
-Avalo esas palabras –Ikuko sale del tocador –Tu baño está preparado. Es bueno que descanses, pero también debes distraerte y pensar en otras cosas que no sean responsabilidades.
Serena enarca las cejas.
-¿Quién eres y qué hiciste con mi madre?
-¿Qué?
-La Ikuko que conozco estaría sermoneándome sobre las virtudes de madrugar y ser responsable.
-Sigues siendo perezosa –Mina entra sin ser invitada. –Mamoru, ¿Quieres comer leche condensada y gelatina? Tu padre estará feliz de que te atienda bien.
-Mina… -Advierte Ikuko.
-¡Si! – Aplaude el pequeño -Y con chispitas de colores.
-Lo que quieras y que eleve tu energía ilimitada. Todo sea para que revientes los ánimos de tu fufurufa, aprovechada y pobretona madre –Sin importarle las expresiones de las otras mujeres, se lleva al niño.
-Mina no tiene remedio. –Despojándose de la cobija, Serena se levanta de la cama -¿El abuelo está limando el hacha? –Se encierra en el baño.
-Yoko lo llevó a dar un paseo mientras Kenji atiende a Darien. –Se detiene frente a la puerta del tocador –Creo que Mamoru se ganó el aprecio de tu padre.
Serena abre la puerta.
-¿No convulsionó como Linda Blair al estilo "El Exorcista" cuando lo vio?
-Me parece que la actitud de papá lo empujó al extremo de enfrentarlo y llevarle la contraria. Aún con el padre soltero prometido de su nena, Kenji es capaz de aceptarlo por ti.
Serena regresa a la tina.
-Es una ironía que yo temiera a la reacción de papá cuando el verdadero enemigo de mi felicidad es mi abuelo.
Ikuko se aleja de la puerta.
–Usa el traje de otoño de dos piezas que Michiru diseñó para ti. Yo iré a arreglarme.
-¿Vendrás al parque?
-Tu amiga Haruka rentó el restaurante todo el día. Su hermano ganó algo y a esta hora debe estar arribando a Japón.
Serena piensa que la gata que vive en Michiru volverá a rasguñar…
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-No me agrada esas cintas –Michiru gruñe -¿Quién ordenó flores artificiales?
-Jean Paul te poseyó –Haruka se burla.
-¡No invoques demonios! – Se acerca a la puerta de servicio -¿Dónde está el inútil de la fuente de chocolate?
Haruka saca de su bolso un chupete de caramelo, metiéndolo en la boca de su amiga.
-Te estás portando peor que mi hija. Los invitados está por llegar y tú pierdes el tiempo cacareando. Ve a cambiarte y no bebas una gota de licor.
Una vez a solas, Haruka recibe las flores naturales, sustituyendo las del restaurante. Cayenas bailarinas rojas, rosas blancas, orquídeas, no-me-olvides, azahares, jazmines, inundan el espacio iluminado a su máxima capacidad. Las mesas con manteles blancos son bellamente decoradas con servilletas bordadas con hilo de oro, vajilla de porcelana del siglo XVIII y cubiertos de plata propiedad de los Tenoh.
-Llegaron los músicos –El Jefe de meseros avisa.
-Aliméntalos bien antes de que empiecen a trabajar –Observando su reloj, Haruka se dirige la enorme cocina -¿Va todo bien?
-Sin contratiempos. –El Chef afirma.
Haruka se acerca a un enorme pastel.
-Las copas de champán no están en su lugar. Y la mesa de canapés continúa vacía. Si quiere que le entregue el pago sea completo, atienda mis requerimientos.
-En seguida, señora.
Su teléfono suena, indicando una llamada. Reconociendo el número, se retira para responder.
-Querido –Responde sonriente. –Ya todo está dispuesto para el sacrificio o la gloria. –Apunta misteriosa…
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-No debería beber ahora, pero necesito un trago –Kenji sirve dos raciones de sake ofreciéndole una a Darien. –Bebe, muchacho.
-No creo…
-Necesitarás una excusa en caso de que Serena enfurezca –Insiste.
-¿No debería estar amenazándome de muerte? –Ataviado con un traje oscuro y camisa roja, Darien obedece.
-Ese es trabajo de mi suegro. Pero ya que lo mencionas, -Entrecierra los ojos -¿Sabías que existe un alto índice de muertes producidas por la comida? –Hace una mueca de indiferencia –Podrías comer algo que te corte el suministro de oxígeno, o que te envenenes con alguna sustancia a la que seas alérgico…
-Entendí y le aseguro que jamás escuchará quejas de parte de su hija con respecto a mi comportamiento. Me propuse y prometí hacerla feliz hasta el fin de mis días.
Kenji se mantiene silencioso, contemplándolo como si quisiera penetrar en su mente.
-Si llegas a olvidarlo, –Responde por fin –me encargaré de desaparecerte.
Darien asiente silencioso, comprendiendo que dice la verdad.
