Cuatro
Dejaron su inocencia en el lugar donde se hospedaron y se dirigieron a Japón como un par de polizones en un barco. Annete, esa vez había estado tan contenta como cuando recién llegó a la Orden. Se la pasaba dando vueltas de un lado a otro, y canturreaba canciones que Dimitri jamás había escuchado.
Ambos a la vez intentaron planear lo que harían una vez llegaran a Japón. El cómo encontrarían una vivienda, y hasta cómo subsistirían ahora sin el respaldo de la Orden. Al mismo tiempo hicieron todo lo posible, para no pensar en una posible persecución. Pero Dimitri falló en todo, y se encontraba ansioso todo el tiempo, la incertidumbre de un futuro se remarcaba con cada minuto del día, el miedo a la sanción por su falta con la Orden, no lo dejaba dormir. Pero en vez de hablar de su mala visión para un futuro, prefirió callarse y verla sonreír. Annete, nunca le dijo lo que pasaba por su cabeza. No lo hizo ni cuando llegaron a Japón.
Cuando pisó tierra, Dimitri se dio cuenta que las cosas no eran tan fáciles. Muchos de los pasajeros con los que viajaron, habían ido a ese lugar con la simple razón de buscar a su familia desaparecida, otros para dejarse morir en su tierra, y algunos cuantos para recoger todo lo que podían de su hogar y escapar. La población en Japón había menguado demasiado, y todo el mundo hablaba de seres horrorosos que mataban a todo humano sin compasión. Y ellos, que ahora eran civiles comunes y corrientes tuvieron dificultades para decidir si ir a su destino, o tan solo volver, y aceptar su vida en la Orden.
Pero Annete era terca y él también, y caminaron sin vacilación hacia el estanque de sus recuerdos. Aun cuando ambos sabían, que éste podría haber dejado de existir.
En un principio no hubo dificultad en su viaje, el paisaje parecía tranquilo y ninguno encontró señal de Akuma alguno. Y como todo parecía tan perfecto, se confiaron. Annete se la pasaba caminando a la distancia, con la misma curiosidad con la que la conoció. A veces cuando se alejaba mucho, le gritaba entre rizas que era muy lento, en otras cuando iban en un solo paso, ella entrelazaba sus manos. Fue un buen recorrido, o lo fue hasta que llegaron al lugar de sus recuerdos.
Annete fue corriendo sin contemplación y él decidió ir lento. Pero cuando estuvo a punto de llegar, vio como una densa nube negra se acercaba a ellos, y cómo ésta no era tal sino una condensación de varios Akumas que iban tras ellos.
Dimitri, intentó correr hacia ella, pero sintió el golpe de un disparo que lo tiró al suelo. Sin tener fuerzas estiró sus manos, sabiendo que pronto se desvanecería, y que no podía llegar a ella. Que ninguno pudo cumplir sus sueños y que jamás pudo hacerla tan feliz se merecía. Con un nudo en la garganta, dijo:
— Te amo.
Digamos que mientras estaban agonizando, vinieron los de la Orden, les sacaron sus cerebros a carne viva, y la pusieron en otros cuerpos, porque tal cuál, no podían desperdiciarlos, por más que sean un par de traidores.
Es M, por la muerte de los personajes, jajaja
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Bueno, fin de la historia. En ciertos sentidos me gusta cómo quedó. Yo amo a este par como pareja, y lo triste que son siempre sus finales. En lo personal no me los imagino en un ambiente muy feliz, pero… joder me gustan mucho, y hasta a veces me preguntó por qué no los tengo como OTP –pregúntenle al Laviyuu, qué hizo para robarme el alma, jajaja-, y bueno, ya está, fin del mes de Kanda.
¿A alguien le gustó la historia?
