Notas iniciales:

Hola lectores.

Reviews, que reconfortante. Gracias. Seguiré escribiendo :)

Bueno, vamos con lo que era en un principio el principio. Habiendo sentado los lineamientos de la cancha de juego podemos seguir.

Disclamer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen. Todos los derechos a su autor.


Briza de menta sobre un melocotón

Aún era "Shiro chan".

Después de todo lo ocurrido, predecible e inesperado, tormentoso y convaleciente. Su imagen parecía inamovible en la mente de Momo. Contrario a lo que varios pensarían, esto no era un alivio para el más joven de los capitanes en los trece escuadrones de protección. Como fuese, ser reconocido como una figura de autoridad, de menos adulta, por ella era un deseo inalcanzable. Quería dejar de ser visto como un niño, más ahora ya sin serlo... en físico. Sin embargo, la situación era irremediable, no importa a cuantas estrellas uno pidiera deseo, cuantos templos visitara, todos los amuletos del mundo eran de poca ayuda. La teniente durazno estaba ciega a los acontecimientos cercanos o era muy densa de corazón, a saber. Toshiro, expectante, fue defraudado desde el primer momento, la primera oportunidad, un siglo y medio atrás; para ser precisos pocas décadas después de sellar a Aizen en el abismo del olvido: una misión en conjunto. Menos fortuito y más una artimaña del nuevo comandante... algo aburrido metió al "Capitán-corazón-Gélido" y a la "Teniente-alma-dulce" en una situación, para dejarlos cocinando un rato. Así, en la confusión militar tan común del quehacer shinigami, fue necesario desplegar el poderío del bankai helado y con ello los años correspondientes al aumento de energía espiritual quedaron a la vista.

Fracaso total.

Si bien Toshiro no se pronunciaba como admirador de su figura adulta, muy en el fondo no podía soportar que Hinamori tampoco. Información secreta, por supuesto.

Cínica, a decir de suyo, la indolencia de la chica le exasperó... ¿Acaso su corazón palpitaba normalmente? usualmente la actividad cardíaca de las mujeres se aceleraba o alentaba un tantito al verlo bien. De mala gana él había dejado que la expectación se filtrara en sus palabras. No queriéndolo preguntó algo al respecto, tratando de mantener un perfil bajo frente a ella.

"Me da gusto que te sientas más cómodo con tu apariencia, pero por dentro sigues siendo Shiro chan."

No existía un alma más pura en el universo para destrozar esperanza a golpe de ternura como Hinamori Momo. Hitsugaya nunca antes había sido abofeteado de esta manera por la decepción. Nada era suficiente, ¿De qué estaba hecha Hinamori?, ¿masa para pastel?

Ni el dolor causado por las heridas del pasado.

Ni el asombro por el desarrollo físico, deleite de otros ojos femeninos.

Ni el término de la convalecencia y la subsecuente rehabilitación de su cuerpo y del Seretei.

Toshiro sufría en silencio, seguía despertando de vez en vez ahogado en una neblina de frío y muerte al soñar con ese día, cuando casi mató a Hinamori. En la privada obscuridad de sus pesadillas recordaba la sensación de la sangre, cálida al tacto sobre su piel. Su propio grito de réplica al horror que sostenía en sus brazos, su amor moribundo preguntando "¿Por qué?" De terror. Perseguido, la buscaba al día siguiente, dando cese a su turbación en el refugio de su voz, su sonrisa o la sola imagen de su cuerpo moviéndose, siempre necesitaba verla viva para despertar por completo. No se sentía cómodo en su piel luego de esos sueños.

Secuelas. El inocente Shiro Chan se sentía responsable. Como si él hubiese podido hacer algo.

Por su parte, Momo se procuraba nuevas vivencias para substituir las anteriores, decidida a seguir adelante, se entregaba con particular alegría a sus labores, quehaceres y experiencias. Su actual capitán había sido parte fundamental del proceso, aparentemente venía en el paquete, una parte no especificada en la descripción del puesto "Teniente en el escuadrón cinco". Algo extravagante desde su perspectiva pero de naturaleza afable Shinji le había dado cabida a su candidez en las oficinas de la división, podía ser ella misma sin la censura de la preocupación obvia en los shinigamis enterados de su pasado con Aizen, es decir, casi todo el Gotei. Hirako Shinji le enseñó a bailar sin motivo más que la felicidad de existir, llenó de objetos del mundo humano la oficina y su rutina, le dio la confianza para reír de nuevo. Todo un regalo del destino para el fino corazón de Hinamori.

Ahora bien, a relación de Momo y Toshiro se balanceó en las décadas subsecuentes. Entre miedo y culpas fueron capaces de llegar al perdón y a la acostumbrada cercanía del chico dragón de hielo y la joven durazno. Demasiado acostumbrada.

Poco a poco la apariencia adulta de Toshiro abandonó la exclusividad del uso de la espada dragón para instaurarse en la cotidianeidad de los cuarteles del seretei, dando disfrute a muchas mujeres y algunos hombres con buen gusto. No sólo en centímetros se demostraba la madurez varonil, también el gesto formal había adoptado en la boca un guiño astuto, provocador; dotando al albino de un aire autosuficiente. Un cuadro ciertamente irresistible.

E insospechadamente Hinamori también cambió. Nadie lo vio venir, pero varios voltearon la mirada cuando pasó. La abuela tenía razón, para crecer se debía dormir con frecuencia y comer en abundancia. Tantos periodos de recuperación en cama y reposo se tradujeron en aumento, no vertical sino redondo. La curvatura de su cadera se dibujó coqueta y contrastante con el carácter dulce mientras la breve cintura podía cortar la respiración a quién se fijara en el detalle, ¿qué haría esa hermosa estrechez al ser sujetada? Gracias a su capitán el rostro delicado y la tez blanca se enmarcaban por una melena obscura y traviesa que descansaba libre a espaldas de Momo, "Uno de los dos debe tener el cabello largo" Y así de vez en vez, cuando la carga laboral era poca él se dedicaba a cepillar los mechones de seda negra entre los cuales asomaban uno o dos hilos de nieve. Rangiku gritó e intentó arrancar esos demonios blancos de la cabeza de su amiga. ¡Canas! El horror para muchas mujeres. Contraria a otras, para la chica durazno eran pruebas de que el tiempo si pasaba y no le molestaba envejecer. A parte dolía cuando las arrancaba su mejor amiga con una saña característica de quien no tolera un aspecto desaliñado.

Además el quinto capitán le explicó la importancia de aceptar los procesos y como siempre tuvo las palabras adecuadas para desvanecer la pequeña incomodidad causada por la opinión de Matsumoto: "No eres tan mayor, seguro encaneces de preocupación. Tu cabello Momo es negro y con estrellas, como la noche misma". Ella de inmediato se sonrojó... En un principio la teniente temió ser una molestia por este tipo de cosas, su pasmosa tendencia al drama. Se sintió muy incómoda, pero el carácter de Shinji la relajó al paso de los meses y los años, entonces se dejó hacer. Un hermano mayor en esos momentos. La sonrisa aperlada y tintineante retornó al lugar de siempre.

Ah, pero la mirada.

Los ojos de Hiamori ya no se encontraban siempre en el presente, se perdían en el espacio con facilidad, daba la impresión de ser absorbida por la nada. Si bien regresaba al presente cuando se le llamaba y sonreía para disculparse por no prestar la atención suficiente, sus ausencias tenían un aire siniestro. Una opacidad inescrutable se posó en la mirada chocolate endurecida por el llanto de la traición, el abandono, la guerra y la caricia de la muerte.

Shinji Hirako lo sabía, y entendió a diferencia de otros el valor y la fuerza que la pequeña mujer poseía, Hinamori le representaba valores que él mismo consideraba de suma importancia para la vida y el alma. Ciertamente no lo demostraba con frecuencia y le daba un trato a veces infantil a su segunda al mando. Pero la respetaba y no tan en el fondo la admiraba. Su inocencia la habían arrancado de golpe dejándola impotente y vulnerable. Y ella se había levantado de nuevo. A los ojos de este hombre no le faltaba malicia, le sobraba bondad.

Su recuperación resultó exitosa en definitiva. La teniente de la quinta división nunca volvería a ser la misma, cierto. No obstante, era capaz de avanzar con mayor seguridad y conciencia de sí que en el pasado.

Constante y silente pero apartado, Toshiro fue una sombra acompañante en la convalecencia y rehabilitación de Momo. Siempre inaccesible y traidor a sus deseos de hablarle estando despierta. En tanto Matsumoto, Hisagi, Renji, Kira y una inesperada Nanao le sostuvieron la mano con fuerza y un paso a la vez le recordaron cómo caminar. Hitsugaya sentía un muro invisible e insalvable entre ellos… Además tenía sus propias complicaciones.

Ineludiblemente con los cambios físicos del albino surgieron prospectos, admiradoras y perseguidoras; había de todo en el Seretei. Incluso su subordinada arqueó la ceja una vez, cuando tardó en reconocerlo por verle caminar de espaldas. Al tiempo rio de sí misma. Su corazón nunca estaría disponible de nuevo, se hallaba fuera de la sociedad de almas. En el recuerdo de un héroe fallido.

Volviendo a Hitsugaya… Pocos en la Sociedad de Almas podían gozar de un harem tan poblado.

Sin embargo, Hinamori y su mirada muerta daban la impresión de estar ajenas al club de grupies, provocando desconcierto y furia congelante. ¿Cómo podía estar tan fuera de todo? No sólo parecía no importarle lo apuesto que era Shiro chan ahora, tampoco sentía nada porque otros sí lo vieran e intentaran acercarse. Una idea poco brillante pasó fugaz y peligrosa por la mente del décimo capitán, una originada por la mala interpretación de las acciones de su teniente, ¿cómo se llamaba ese sentimiento...? ¡Celos, claro!

Así comenzó el desfile de citas.

Toshiro no supo qué hacer. La inercia del reconocimiento lo elevó hasta permitirse a sí mismo probarse deseado por alguien. Un experimento derivó en él vagabundeando por amores superfluos, inició como un juego y se convirtió en costumbre. Por tanto la lista de chicas que esperaban tener suerte para acercarse al Capitán, se acrecentaba por más encuentros efectuados. Para colmo Momo no daba pruebas de conocer los celos. Sonará grave el estado actual de las circunstancias pero Shiro chan era más virginal de lo que el crédito dado por los rumores. Si acaso un beso y era todo... para siempre. Nunca más vería a la chica en cuestión.

Un té, una cerveza, algo de sake, una sesión de entrenamiento, algún espectáculo fuera de los trece escuadrones, comidas, cenas. Incluso ocasionales visitas al mundo humano. No es necesario culpar a nadie, Hinamori estaba cierta en que a ella no le correspondía decir algo sobre la vida privada de Shiro Chan, el tiempo había pasado y él era un adulto capaz de tomar decisiones, buenas o malas era ya otro decir, a sabiendas de su lugar se guardó su opinión. ¡Tan bella!, no se daba el permiso de admitir que Toshiro ya no estaba al alcance de su amor. Al menos de eso se convencía cuando llegaban a ella pruebas de la comunidad femenina en el Gotei: Cartas, visitas, miradas, amenazas, súplicas. ¿Dolía? ¡Por supuesto! pero era una ayuda para recordarse a sí misma la verdad: Toshiro tenía un amplio mundo para elegir y no había espacio para una amiga de la infancia en su amar. En consecuencia Momo, imperturbable miraba de lejos el atormentador andar de su hombre por otros corazones, otros labios y quién sabe qué más. Nunca se atrevió a decir algo al respecto. Ni ayudaba, ni estorbaba.

Aunado a esto, sí era de dominio público lo estricto del paso romántico por el camino del corazón de hielo: nunca más de un par de semanas, dos salidas y nada que pudiera crecer. Todas las fantasías eran de naturaleza efímera. Por supuesto, sin derecho a un segundo capítulo, una vez que él activaba la cuenta regresiva, nadie podía detenerlo; un reloj de arena imposible de voltear. Hitsugaya podía sentirse querido con facilidad y corresponder con ilusiones alimentadas por ellas. Nunca prometía más, caducidad pronta.

"Vaya rompecorazones" El nuevo comandante sonrió en alguna ocasión cuando por error llegó a él, precedida de los rumores, una carta de amor dirigida al joven albino. "Si no tienes cuidado podrías congelar el corazón incorrecto" Le advirtió al encontrarlo y entregarle la confesión escrita. Toshiro sabía bien a qué se refería, pero la complejidad se había acrecentado demasiado para pararla de la nada y más cuando el palpitar durazno parecía encontrarse en otro lugar. Momo era un misterio indescifrable para él.

Sutiles pero mejor colocados, los cambios en el cuerpo femenino fueron también apreciados por otros.

No obstante, Hinamori era tajante. Algo aprendido de las enseñanzas de Rangiku. Con su amabilidad característica daba un agradecimiento dolorosamente hermoso y amistoso, dejando en claro el rechazo y a la humillación masculina ella no prestaba atención. Así cuando llegaron los obsequios anónimos fueron retornados en cuanto se develaba la identidad del temerario perdedor. Y los chocolates de Hisagi tuvieron el mismo destino que las flores de Kira y el inesperado broche para cabello de Kensei… entre otros afiches de amores no correspondidos por la belleza durazno.

A pesar del campo de minas en el cual se movían, Toshiro y Hinamori hacían lo posible porque su relación no se viera mermada. De este acuerdo implícito todos los miércoles por la tarde, el universo se convertía en ellos dos. Un sistema binario de estrellas centrado en su misma gravedad.

— La comida estuvo deliciosa, gracias.

— No agradezcas Shiro chan, lo hago con gusto. ¿Seguro que el té está bien? Rangiku ha dejado algunas cervezas.

— El té está bien—. Toshiro no se sentía cómodo bebiendo alcohol en presencia de Momo. Este era un espacio puro en su mente que procuraba mantener así— ¿Y por qué dejas que use tu casa como bodega de licor?

— No exageres, sólo son sobras. Y no me molesta guardarlas.

— Como prefieras. Bueno, ¿qué tenemos hoy? —Preguntó casual para dejar el tema en paz mientras la chica servía solícita su taza de té blanco.

— Pues… Podemos seguir con los cien poemas. O ese libro de hace 200 años, el del muchacho perdido en la vida y que se deja ir en el dolor…—. La chica melocotón se sobresaltó de pronto— ¿Te viene mejor jugar Pai sho? La semana pasada dejamos la partida pendiente.

Siete días antes Shiro chan fue convocado a una reunión que únicamente había dejado más papeleo y rigurosidad en los entrenamientos. Cosa que tenía que atender en persona, pues su teniente no mostraba interés en mejorar en batalla o apoyar a los de la división.

Toshiro suspiró, la lectura no era apasionante para él. Sin embargo, Hinamori devoraba los libros con una facilidad asombrosa y como si fueran algodón de azúcar en su boca las historias se deshacían rápidamente, eran sencillas, hasta disfrutables, y se le veía feliz a la joven durazno al pasar las páginas, él no podía pedir más.

— Lee uno de esos poemas y explícamelo — Decidió con resignación.

— Me preocupa que sea aburrido para ti.

— Ya te he dicho que no, si me das a elegir entonces respeta mi decisión. —Ella exhaló con pesadez.

— Te molestas con mucha facilidad, Shiro chan. —Toshiro se recostó en uno de los sillones mientras buscaba el libro. — ¡Ah el poema 56!

Para Hinamori ese poema era la suma de muchos sentimientos en una gota, una lágrima según ella de esperanza. Dolía, al leer el poema, sentía cerca el momento de conmoverse por el amor ajeno.

A pesar de negarse al inicio, ella misma se dirigió a Toshiro sin pensar.

— De ser nada a ser una memoria hay mucha resignación ¿no crees? Es mucha la impotencia, seguro ella se sintió triste al escribirlo, pero tenía esperanza de encontrarse con él después, quizás en otra vida. Digo, habla del momento en que no somos y ellos sólo podían ser en la memoria de otros. —Los ojos femeninos comenzaron a tener comezón, contrario a su opinión, la verdad es que seguía llorando mucho. Hinamori era de lágrima fácil y corazón tierno. —Detesto los amores imposibles.

Hitsugaya asintió. Había algo familiar en el dolor con el cual Momo describió el poema. Bordeando su propio sentir y viendo la irregularidad en la respiración de la chica interrumpió el momento.

—Saca Takenoko yo dispongo el tablero en lo que limpias tu nariz. No empieces a llorar. — Su voz no salió con la frialdad característica. Simplemente dejó advertir la ternura causada por lo fácil que Hinamori se conmovía.

Takenoko era un juego poco tradicional que la abuela les había enseñado años atrás. Entre varios otros. Ambos guardaban celosamente las vivencias con la anciana, lejos de la pobreza característica del Rukongai, su cultura lúdica se desarrolló con fuerza.

Toshiro esperaba poder ampliar los placeres que compartía con Momo, por mucho que disfrutara de la compañía melocotón…

—Shiro chan, ¿el sábado irás al festival?

¡Como eso! El festival que se había organizado en Soul society desde hacía algunas décadas. El comandante Sunsui ya había dado la sugerencia de tomar el día libre. Realmente no había ocurrido nada comparable a los eventos de un siglo y medio atrás, las obligaciones del Gotei de protección eran constantes y demandantes. Un descanso no sobraba.

—Tal vez… ¿Tú? —El capitán aventuró cauteloso mientras se fingía sumamente interesado en el tablero de juego.

— No he hablado con Rangiku, pero supongo que iré en el grupo de tenientes; ya no es igual, de todas maneras la paso bien, pero desde que Renji tuvo a su segundo bebé… La verdad nunca pensé que fuera tan buen papá.

—No, Abarai no aparentaba tener madera para una tarea tan delicada. —De pronto el corazón de hielo empezó a derretirse y moverse de lugar. Los latidos, violentos, resonaban en la cabeza del chico, hasta sentía su cuerpo moverse en espasmos rítmicos e involuntarios. Inhaló profundo y con fuerza contenida soltó sus palabras una a una —Hinamori ¿Te gustaría que fuéramos nosotros?

Momo se quedó sin habla.

— ¿Cómo? ¡Papás! —Hitsugaya tosió con fuerza y miró hacia el suelo tratando de contar cada raya del tatami… por su parte, ella abrió los ojos tanto que sus pupilas casi desaparecen.

— ¡No! — Un mal entendido… el cerebro de Toshiro hizo un recuento veloz ¿Padres? ¿Así como Kuchiki y Abarai? ¡Cuántas implicaciones! —Espera ¿Qué? — Entonces sí buscó la mirada chocolate y más bien encontró una enorme cereza: el rostro femenino.

— ¿Qué? —El melocotón casi se hace un licuado allí mismo. — ¡Hablamos de Renji y sus hijos! —La teniente levantó mucho la voz, sorprendiéndose a sí misma.

— ¡Al festival, Momo! ¡Vayamos juntos al festival! — El pánico era contagioso.

— ¡Sí! Eso quería decir, vamos sí.

— ¡Bien! Bien.

La misma habitación pareció sentirse liberada tras un prolongado silencio. La invitación había salido medianamente bien. Ninguno quiso agregar más respecto de la fugaz e hipotética parentalidad recién pensada. Respiración regular, corazón en el pecho, té aún dentro del estómago. El festival era un buen inicio, a saber si luego con las cosas en marca la maternidad y la paternidad eran más atractivas también.

— De acuerdo moja camas, me retiro— Suficientes emociones para una tarde.

—Sí, Ah… ¿El sábado salimos de tu oficina?

—Como quieras— Frío, seco, indiferente. Shiro chan estaba de vuelta.

—Allá te veo entonces, antes del atardecer para ver los fuegos artificiales.

La chica lo acompañó a la puerta de su casa, modesta y chiquita, envueltos de nuevo en su pequeño ritual ambos guardaron silencio. En la despedida nunca se tocaban, ni un abrazo, ni un apretón de manos o una palmada en la espalda. Sin embargo, por alguna razón desconocida para el universo rosa, con la energía a flor de piel Toshiro elevó la mano hasta la mejilla sonrosada.

Suave, cálida.

Momo sorprendida casi da un pequeño salto pero haciendo acopio de toda su voluntad permaneció inmóvil.

— Shiro chan…—apenas audible el delgado hilo de voz.

— Descansa.

El capitán de la décima división dio vuelta y se fue. Hinamori permaneció un momento más en la puerta, su mano en el marco para evitar caer.

¿Qué había sido eso?

Había sido algo ¿Cierto?

Cuánta confusión cabía en un durazno. Pero la resignación que escapó por un momento, ese momento en el que sintió la mano fuerte y áspera en la cara, dio vuelta en "U" y volvió a acomodarse en su alma. No obstante, algo había cambiado pues no tenía tanto espacio ahora encontraba ¿esperanza?

Sacudió con fuerza su cabeza, se pasó el dorso de la mano por la frente, entró y cerró la puerta tras de sí.

De camino a casa él tampoco estuvo tranquilo.

— ¡Capitán Hitsugaya! —Una voz lo sacó de la maraña de inconexiones formada en su cabeza. —Qué bueno verle.

— ¿Qué necesita?— pregunto molesto, no miró del todo a su interlocutora, una chica de la división cuatro que había intentado acercarse con anterioridad y fracasó al Albino.

— Quería saber si planea ir al festival el sábado...

—Sí.

— Entonces…

— Estaré ocupado, como ahora mismo.

Debía irse, por lo cual siguió caminando sin prestar mayor atención alrededor. Necesitaba meditar seriamente en sus acciones y las respuestas de Momo a ellas. Los pasos de Toshiro eran rápidos y firmes, su gesto más congelante que las creaciones de Hyorinmaru. Años atrás dormían en el mismo espacio: falta de habitaciones, por indicaciones de la abuela la había peinado, ella había lavado su ropa, eran tan cercanos como el cielo y las nubes... y a pesar de ello no recordaba la textura de su piel. La envoltura durazno, absurdamente suave. La antítesis de la mano masculina, rugosa y lastimada de tanto sostener la espada. Ese tacto quedaría en su memoria eternamente.

Luego de recrear esa pizca de felicidad Toshiro pensó. Un gesto parecido habría derretido en sus brazos a otras chicas. La parsimonia de Hinamori lo descolocaba. Aun con eso el capitán sonrió para sí. El viernes saldría de la burbuja de media semana y tendría a Momo con él. En su mente ese momento tardaría un siglo más en llegar o ya estaba perdido... en la memoria y no era nada... Maldita poesía.

Shiro chan llegó a casa contrariado. Por un lado las palabras de la abuela cobraban fuerza en su mente "Hinamori y Hitsugaya son nombres que van juntos", en la otra parte de la balanza tenía los decires de la sabiduría popular: "crea fama y échate a dormir", lastimosamente el capitán del décimo escuadrón salía sobrante de fama de conquistador.

Corría el riesgo de mover las fichas de forma equivocada.

Continuará


Notas finales:

WTF?

¡Bebés! Jajaja ¡Ay qué muchachos! Pero así los malos entendidos y los deseos ocultos, alguien me dijo que se llaman lapsus.

Gracias por leer, nos vemos en el siguiente capítulo.