Hola
Tengan paciencia lo voy a terminar y van a terminar juntos. Aún no es sábado, así que estoy a tiempo para honrar mi palabra y publicar en viernes… casi morimos mi beta y yo en el intento pero quedó
Ya estamos entrando en la recta final del año, a ver qué tal.
Un pasado con aliento voraz
Viernes por la mañana, estado del cuerpo de shinigamis en el escuadrón cinco: muerto.
El entrenamiento del capitán Hirako había sido poco menos que brutal a decir de todos, sin embargo nadie se quejó, sonreían a las dolencias de su cuerpo y agradecían la oportunidad de desarrollarse como guerreros.
Shinji por su parte no se molestó en cambiarse de ropa pues su cuerpo no se vio afectado por las incomodidades del ejercicio matutino. De hecho para él había sido un calentamiento útil para lo siguiente, el régimen de adiestramiento con su teniente. Regresó a la oficina principal tarareando alguna canción de forma distraída. Tomó la manija de la puerta y lo que debió ser un movimiento fluido se convirtió en un torpe jaloneo.
― ¡Qué rayos ocurre!―Hinamori apareció del otro lado ayudándole a abrir por completo, llevaba un paño en la cabeza y otro en boca, las mangas de su uniforme sujetas por una cinta para evitar que estorbaran. Sin mucho cuidado quitó una silla empujándola con el pie para liberar el paso ― ¿Momo?
― ¡Capitán Shinji!, disculpe creí poder avanzar más para cuando usted llegara, perdí la noción del tiempo y de pronto las cajas estaban afuera todas y…
― ¿De qué hablas teniente?, y quítate ese pañuelo, no te entiendo bien. ― Hirako entró a su, usualmente ordenada oficina, y abrió los ojos horrorizado al ver el caos manifestado en hojas de papel, cajas de cartón y archivos tirados por todas partes ―¿Por qué estalló nuestra oficina?
La chica se sintió más que apenada. Se quitó el paño de la cara y lo apretó entre sus mano, mientras intentaba poner algo en orden, sus ideas, por ejemplo.
―Dijo que debíamos empezar con la reorganización para tener espacio más, ¡digo!, más espacio en la oficina. Pero ayer no nos dio tiempo y decidí… comenzar ahora. ― El hombre se llevó una mano a la sien y cerró los ojos.
―Momo, se trata de hacer espacio, no de inundarnos de caos.
―Lo sé… perdone. Pero empecé a encontrar cosas interesantes, mire. ―La chica llegó con dificultad a una esquina de la habitación y tomó un sobre color blanco. Sonriente se lo entregó a su superior. Él lo tomó sin mucho interés. ―Es el reporte de nuestra primera misión juntos. También están los perfiles de los tres reclutas que entrevistó y… varias cosas.
Shinji sonrió, casi no recordaba las primeras semanas, no solía darle mucha importancia al pasado, ya no. Suspiró esta chica realmente podría enfermar de nostalgia.
―Bien, démonos prisa. Hoy iniciamos con tu instrucción pro-bankai.
―De acuerdo―, Hinamori se colocó nuevamente el paño que cubría su nariz y boca, Hirako se retiró la Haori y la dejó en el primer lugar que pudo. Al girarse su teniente le tendía un paño parecido a los suyos. ―Es para el polvo. También traje guantes.
―Piensas en todo ¿no? ―Seguramente debajo de la tela blanca ella sonreía.
Ordenar la oficina fue una tarea titánica, poco entretenida. Hubo una breve pausa para comer algunas Gyiosas. Shinji estaba exhausto, no tanto por la labor física sino por tratar de evitar las constantes distracciones de Momo al toparse con algún reporte ligado a anécdotas. Hubo mucho papeleo inútil, y más inútiles los juegos de interminables copias. Esas, decidió el capitán, serían llevadas al archivo general y sólo guardarían el original de cada asunto. El mar de caos poco a poco se hizo un lago y pronto un charco fácilmente manejable.
― Sólo falta el almacén. ― Recordó la chica de pronto. ―Casi lo olvido…
― ¿Tenemos un almacén? ―El capitán se sorprendió, realmente nunca habían puesto tanta atención en la organización y disposición de su lugar de trabajo. La puerta estaba más bien decorada de la misma manera que cualquiera de las paredes, razón por la cual pasaba fácilmente desapercibida. Cuando Momo abrió el pequeño cuarto en el aire se hicieron visibles pequeñas partículas, testigos del tiempo en encierro. ―Parece más bien una guarida secreta… ¿Cuándo fue la última vez que la usaron?
―No lo recuerdo. ―Era verdad. La teniente no podía poner en claro una época siquiera para el uso del espacio. Sabía de su existencia, y dudaba de qué forma ella tenía conocimiento de tal.
Además de polvo y algunas polillas no había más que papeles, reportes y comunicados oficiales de hacía más tiempo del calculado. Varios tenían la firma de Hirako como capitán y de Aizen como segundo al mando. Al darse cuenta Hinamori se sobresaltó, y más curiosa que impactada continuó abriendo archivo. Por su parte él, más aburrido y menos interesado decidió unir esas cajas al enorme paquete para el archivo general. Pronto terminaron con casi todo el trabajo, acomodaron los informes de la nueva administración y el objetivo se cumplió.
― ¿Qué es eso? ―Preguntó Momo antes de dar por terminada la tarea del día. Señalaba un libro pequeño, una edición de bolsillo gris y común de primera instancia.
―Un libro, deja ya. Hicimos suficiente por hoy… No estarás escapando de nuestra sesión de entrenamiento, ¿o sí? ―La chica no se molestó del todo en responder sólo dijo un escueto "Huh" atrapada por la curiosidad se aproximó al estante seguida de cerca por el hombre, quien por fin notó lo que su teniente miraba. ― ¿Qué es eso?
Ambos ladearon la cabeza para leer mejor el título. "Amaestramiento de mariposas nocturnas".
― Es la primera vez que lo veo… Debe ser muy viejo, no sabía que antes de criarlas en el escuadrón se cazaban mariposas salvajes y se entrenaban.
― Lo que dices además de estúpido, no es posible…―la chica se volteó un tanto sorprendida por el tono reprobatorio que usó su capitán―Fueron desarrolladas por el escuadrón 12 y el método de cultivo se perfeccionó acá. ¿Cómo entrenarías algo tan pequeño?
Ese era un punto imposible de someter a discusión, los insectos eran criados para propósitos de comunicación, Momo conocía el proceso desde las larvas hasta el deshecho de la crisálida; sin embargo, no era muy aficionada a las mariposas obscuras, por ello agradecía que otros fueran los encargados dentro de la división de interactuar con los bichos. Así, para ella pareció creíble un origen silvestre.
―Entonces el título es una mentira―Señaló convencida. Ambos sabían las implicaciones de una anomalía hallada en las oficinas del escuadrón número cinco del Gotei de protección…
―Seguramente. ―Con una complicidad tensa en el ambiente Shinji tomó el libro. Inesperadamente pesado y cálido al tacto, él arrugó un poco la frente. Lo abrió y pasó las hojas con rapidez.― Vacío, en blanco.
―Vi algo allí…―Dijo Momo mientras tomaba el libro de las manos de su capitán, turbándose por las sensaciones causadas gracias al contacto con el papel. Si tan sólo Hinamori no hubiera puesto la suficiente atención, si Hirako hubiese restado importancia a las palabras de su teniente… Nada habría cambiado.
La chica abrió el libro pocas páginas antes del final del volumen. Allí, un tanto demacrado por el paso del tiempo quizá, se podían ver los trazos caligráficos que corresponden al ideograma de "mariposa".
―Se siente extraño… ―Eso extraño era un rastro ínfimo de energía espiritual, no tenía sentido preguntarse el origen pues era peligroso, un misterio tan obvio que dolía. Aizen.―Deberíamos informar a alguien de esto.
― ¿De qué exactamente si no hay nada qué decir? ―Hirako pasó los dedos por la tinta desgastada aparentando estar distraído pero atento al más mínimo cambio en las partículas del libro; un trazo a la vez, dio suave despertar palpitante y este comenzó a seguir sus movimientos sobre la celulosa. Allí donde su huella acariciaba el color negro daba la impresión de avivarse. Por su parte Momo se aferró a las tapas del libro con mucha fuerza, aquel cálido susurro táctil se convertía en un hirviente suplicio sobre la piel.
― ¡Quema! ―Gritó la joven al soltar el libro en el momento justo de la última línea.
Carmesí y luego obscuridad.
― ¿Capitán? ―Hinamori parpadeó repetidamente tratado de acostumbrar su vista a la falta de luz. ― ¡Capitán Shiji!
―Calma teniente, estoy a la misma distancia que hace un momento. ―Hirako extendió sus brazos y los colocó en los hombros de la chica, ella respiró profundo ―No sé en dónde estamos pero es seguro en el Gotei no…
Ciertamente el ambiente era distinto, de alguna forma causaba zozobra.
― ¿Recuerdas el truco que te enseñé? ― En realidad Shinji únicamente le había provisto con la teoría de una técnica usada por Hachi frecuentemente; no obstante, Momo pudo ponerla en práctica sin mucha dificultad.
― Sí…―la teniente levantó la mano izquierda a la altura de su rostro y se concentró. Un ligero resplandor se acomodó en la punta de sus dedos. Respiró profundo y decidiendo un solo dedo no sería suficiente para la voraz obscuridad, dejó arriba el índice y dedo corazón mientras el resto los bajó a puño. Hinamori se sintió orgullosa de su pequeña lámpara de kidoh.
― El control fino te es sencillo… Bien ¿Qué tenemos aquí? ― Hirako comenzó a caminar por la habitación, su gesto se volvió inusualmente serio. Gracias a la luz ambos pudieron dar cuenta del tipo de lugar en el que se hallaban. ― Aizen… probablemente algún escondite más. Esa sabandija no termina de morir…
Efectivamente, un lugar de trabajo con la puerta de entrada en el Gotei. Había tres mesas y un par de lugares para sentarse, en varias partes se podían ver libretas, distintos objetos; algunos en frascos, la mayoría secos. Por un momento el estómago de la chica la hizo sentir incomoda.
― ¡Hinamori mira esto!
Ella se acercó a su capitán quien sostenía un cubo, no más de una pulgada de tamaño. El hombre se veía emocionado y sonriente de nuevo. A la teniente durazno le hubiese gustado compartir la sorpresa y el gusto por el objeto, pero esa cosa no le significaba más de lo obvio a simple vista y el ambiente que los rodeaba no la dejaba pensar con claridad. Hirako buscó su mirada esperando algún tipo de reacción. Momo se encogió de hombros, él rodó los ojos.
― Esto, pequeña e ignorante teniente es un Seishinhako.
― A mí me parece un trozo de madera. ―Dijo precipitadamente.
―Como siempre. No sabes nada de la vida. ―Ciertamente sabía poco, menos que más pero de todas maneras era molesto el recordatorio… constante. ― Supongo que es de esperarse, cuando fui capitán por primera vez ya eran casi una leyenda, muy raros de ver casi imposibles de encontrar. La división de Kidoh poseía uno y por ello lo reconozco. Un Seishinhako es un contenedor espiritual, puede guardar grandes cantidades de energía sin ser destruido, se necesita bastante experiencia y habilidad para manejarlos.
Era algo digno de informarse, para el criterio de Hinamori ya habían recorrido, visto y encontrado bastante, lo mejor sería regresar pronto…
― ¿Qué es esto? ― Sin ser capaz de identificar la razón, la atención de Momo fue llevada directo a una especie de canica partida por la mitad, con bordes irregulares, e incompleta.
―No sé, pero está roto y no se compara al Seishinhako. Busca lo que quieras, el mejor hallazgo es mío. ―La teniente no tenía duda de aquello. Shinjii siguió inspeccionando el lugar. Tocó la esfera rota; estaba fría, era lisa por fuera y un poco rugosa en el interior. La tomó con cuidado y su primer impulso fue llevarlo a su nariz: dulce y extrañamente familiar, aspiró profundo nuevamente y se relajó… durazno. Se extrañó pero fue un oasis de tranquilidad muy conveniente dada la situación actual. Guardó la canica rota en el bolsillo de su uniforme.
― Momo, una puerta. Ya deja de jugar. ― Los dos intrusos dejaron atrás la habitación y caminaron por un pasillo largo, hacia el final se podía ver el resplandor de lo que Momo esperaba fuera el sol del Gotei o del mundo humano.
Cuando estaban más cerca de la salida Hinamori dispersó la energía de sus manos. Al salir le costó un poco acostumbrarse a la luz de nuevo por lo cual no vio que Hirako se había detenido y no pudo evitar estrellarse de lleno con él.
― ¿Capitán? ―La chica apoyó su mano en la espalda del hombre mientras miraba a su alrededor. Piso a cuadros, paredes derruidas y columnas rojas. Un lugar del que había escuchado en los recuerdos de Renji, su mejor amigo. Recuerdos llenos de arena y miedo.
― Las noches. Quédate cerca teniente, no sabemos qué puede haber aquí. ―Shinji evaluó la situación. Por un lado ya había mucho que informar, pero una vez que dijeran algo el lugar sería sellado. Por otro lado tendrían suerte de nadie hubiera notado su presencia aún.
―Lo mejor será que prepare una puerta para volver. ―Tal vez su teniente tenía un poquito de razón. La chica se arrodilló a un lado dispuesta a empezar. ―Espera… hay alguien aquí, si abrimos la puerta podrían llegar a la Soul Society y no estamos en posición de incumplir más faltas.
Hinamori no se atrevió a contradecir a su superior. ¡Por supuesto que habían llamado la atención! Obviamente había alguien, para ser precisos siete "alguien", uno bastante fuerte según la percepción de la chica durazno.
― ¡Detrás de mí capitán! ― sacó su espada y en un latido cuatro de las presencias que ella registraba se esfumaron. Shinji sonrió orgulloso. No era una gran guerrera y el manejo de la espada era pobre; sin embargo, casi nadie le había tratado de proteger en su vida. Enternecido, acarició el cabello de su teniente cuando esta volvió a su lado. ―Quedan tres.
― Qué valerosa. ― Dijo más serio de lo que su tono dejaba traslucir. Momo no pudo dar cuenta de todos los movimientos de Hirako, sólo se vio sorprendida por el evaporar de dos espíritus perdidos seguido del sonido de la espada de Shinji al regresar a su funda.―El último no será igual…
Los pasos de la última presencia dejaron eco en la sucia sala en la que se encontraban.
Hinamori no sabía mucho de los habitantes de Hueco Mundo, había visto varios de cerca y entendía que era el quehacer de Aizen mayormente el que les proveía la apariencia más humanizada, tan lejana de la común monstruosidad de los Hollow.
― ¡Arde Tobiume! ―No tembló. Estaba lista, aunque su corazón dio un vuelco.
Shinji llevó la mano a la empuñadura de su espada. Sonrió divertido al ver a su adversario, sería interesante. Y no imaginó cuánto. Al desenfundar otra vez y liberar el shikai su gran hallazgo, el Seishinhako, se resbaló de sus manos cayendo con estrépito hacia el piso.
Tobiume se selló en automático y tintineó contra las baldosas blancas.
Hinamori no podía escuchar nada, apenas era capaz de mover su cuerpo y sentía una tensión muy fuerte por todas partes, tanta que parecía venir de su interior. Cayó de rodillas y tomó su espada nuevamente, le pesaba toneladas. Echó un vistazo rápido a su alrededor: no era visible el enemigo y Shinji estaba a unos metros de ella, con evidente dificultad para mantenerse de pie. No pudieron sentirlo ni escucharlo pero no tan lejos los dos shinigamis vieron una breve explosión seguida de una pequeña fuente, un aspersor de jardín sangriento.
El capitán se dejó caer al piso como su teniente sin poder resistir más. Momo lo vio mover sus labios pero la presión era tanta que no podía escuchar, sentía que sus oídos reventarían como aquella criatura. Él señalaba algo: olvidado en el suelo estaba el Seishinhako con una parte separada del resto. Aparentaba una pirámide sin punta afilada, seguramente era la tapa del artefacto, ella lo entendía ahora, esa cosa se había abierto y toda la energía espiritual contenida fue liberada en un instante. Shinji asintió y decidido alzó la mano cerca de su rostro, un segundo después éste se hallaba cubierto por su máscara blanca.
La presión espiritual aumentó de golpe.
La chica sintió sus órganos apretados por esa fuerza invisible, casi no podía meter aire en sus pulmones. Por su parte Hirako se levantó, sus movimientos aún erráticos eran impresionantemente lentos y a Hinamori le pareció una eternidad el tiempo que le llevó a su superior tomar el maldito artefacto. Con sumo cuidado el hombre colocó la pieza suelta en su lugar correspondiente y comenzó a empujar, mientras más fuerza ponía en la tarea mayor era el dolor en su cuerpo de ambos.
La teniente durazno se preguntó si habría cuchillas en el aire o si era algún truco del trozo de madera. En la ropa y el cuerpo de Shinji aparecieron rasgaduras cuyo origen era incierto, la haori blanca comenzó a teñirse de carmín en algunos lugares. Desesperado buscó a la joven y trató de explicarle algo pero al intentar hablar terminó por usar el resto de su fuerza; su máscara desapareció, ojos cerrados y boca abierta se lastimaron cuando su cara dio de lleno contra la superficie.
Hinamori estaba aterrada y sola, en la mano de su capitán se encontraba esa cosa… respiró tan profundo como pudo y se arrastró lentamente hacia él. Tomó el Seishinhako entre sus manos, ignorando el ardor provocado por las heridas que dejaban las afiladas hojas de energía espiritual se concentró lo mejor que pudo. Como hizo con la lámpara de kidoh cubrió sus manos e hizo presión, el dolor en su mano derecha seguida de un fuerte hormigueo casi la desconcentró, no quería abrir los ojos porque seguramente la visión de sus dedos fuera de lugar la asustaría más. Con toda su fuerza apretó una vez más.
Creyó ser succionada por la caja y después de tanta tensión el vacío trajo una calma siniestra a la habitación.
Por fin se aventuró a abrir los ojos. Inerte y aparentemente inofensivo el trozo de madera descansaba en la palma de su mano izquierda. Tal como imaginó los dedos de su otra mano estaban en posiciones antinaturales y parecían tener más dobleces de lo normal. La chica ahogó un gemido y miró a su alrededor.
Las noches. Casi nadie le había contado del lugar por mucho que disimuló su interés y preguntas. Seguramente podría encontrar algún objeto para ayudarse y al capitán pero no se atrevía a explorar… Resuelta depositó con suma delicadeza el Seishinhako en el suelo, se vio obligada a cerrar un ojo cuando su sangre le inundó la mirada, se trató de limpiar un poco pero ella misma era un estropicio. Agarró a Tobiume y cortó la manga de su uniforme, aunque estaba casi hecha jirones le sería útil. Con la boca rasgó varias veces la tela para obtener vendas.
Juntó los dedos de su mano fracturada y los apretó dentro de una de las tiras de tela. No gritó pero por falta de fuerza, no por falta de dolor. Controló pobremente el sangrado de su frente con otro el resto podía esperar. Lo importante ahora era su capitán.
La teniente durazno se acercó a Shinji y pegó la oreja a su espalda. Respiraba con dificultad pero sus latidos eran constantes y fuertes. Como si arreglara las plumas de un avecilla Hinamori le retiró su Haori e improvisó una almohada, lo colocó con el pecho hacia arriba y puso su cabeza de lado. Pacientemente vendó las heridas más graves del hombre y lo dejó descansar.
Pensó en usar kidoh para primeros auxilios, su mano realmente lo necesitaba pero casi no tenía energía física ni espiritual y debía invocar la puerta que los regresaría a la Sociedad de Almas, a casa.
―Yo cuidaré de usted Capitán Shinji. ―La chica inició el canto para abrir una puerta hacia el quinto escuadrón pero nada sucedió… No podía dejar a su superior solo para pedir ayuda y le sería imposible llevarlo a rastras sin lastimarlo. Debía permanecer alerta para otros posibles encuentros con los nativos de Hueco Mundo.
Con Tobiume a su lado, la valerosa Hinamori exhausta y asustada esperó.
Lejos de allí, en la oficina principal de la décima división en el Gotei de protección Shiro chan se miró la mano derecha bastante extrañado. Su meñique cosquilleaba con intensidad. Se talló el dedo con la otra mano a la vez que se espabilaba… debía terminar papeleo y le costaba concentrarse. Mañana tendría una cita con Momo.
El atardecer dio paso a la noche.
― Despierta Momo…― Se repetía constantemente. Quería dejarse llevar por la suave caricia de la inconciencia. Pero el saber del cuerpo de su superior vulnerable por las heridas y el desmayo la obligaban a mantenerse aferrada al mundo que la rodeaba con cada ápice de voluntad: un hilo de araña del cual pendía una montaña completa. ― Despierta…
Continuará…
¡Listo!.
Ay, miren le sus comentarios… en serio. Pero he tenido cosas varias que hacer… Prometo responderlos todos en el sig cap. Por otro lado eso de los comentarios me anima bastante a seguir escribiendo J
Excelente inicio de año a todos y gracias por leer.
