Pero hola vale, qué bonita es ésta persona que me está leyendo :D

Ya va siendo tiempo de que diga algo ¿no? ¿No? ¿Mejor me voy? Ah, bueno.

Nah, mentira, sí diré algo. Resulta que esta historia estaba planeada para ser un one shot de esos tristes que te dejan pensando que, aunque haya mucho cariño de por medio (y sabemos que estas chicas se aman) en el amor no siempre hay un final feliz. El caso es que yo escribí esto en un estado de despecho que mejor ni les cuento (?) y bueno, no tenía pensado continuar, pero visto que ha gustado y a mi me ha mejorado el ánimo, pues vamos a darles un poquito el gusto de verlas juntas. Pero les advierto que no tengo una trama en mente para esta historia, por lo que es su deber darme ideas. (?)

No dejen de comentar y dejarme saber lo que opinan ¿vale? Me encanta leeros.

cecilis: te debo el momento sexy porque, no sé, como que no se me da escribir en plan grrr. ):

Anonimo[Jun 9]: no tienes idea de la emoción que he sentido al ver este comentario, debo decir que me has alegrado el fin de semana. Si lees esto, espero no dejes de comentar, por favor. Me anima ver cosas como esta.

diana10: esa era la idea :D no, no dar ganas de matarme, lo otro jaja. Gracias a ti por comentar.

Veronika: ¡Saludos! :D felicidades por haber sido el primer comentario de esta historia. Te has ganado la oportunidad de pedir un one shot a tu gusto. (?)

Selva: te mando un beso, gracias por comentar.


—Estaba segura de que habías dejado Boston aquella noche, pensaba que no habías venido siquiera a trabajar.

La italiana se interrumpió para beber el contenido de la botella de cerveza en su mano izquierda, y mientras lo hacía, Maura le respondió alzando levemente uno de sus hombros.

—No abandonaría mi trabajo por asuntos personales como este —Jane la miró enarcando las cejas, como si no le agradaran las palabras que había dicho— me refiero a que mi trabajo es más importante que cualquier cosa.

—¿Soy cualquier cosa? —fingió estar ofendida.

—No, Jane, no quise decir...

—Estoy bromeando —la mano que no sujetaba la botella, tomó con gentileza la delicada mano de Maura por encima de la mesa, para así demostrar que no estaba enojada ni nada por el estilo. —Sé lo importante que es tu trabajo. Para mi también lo es, ya sabes. Sólo... Tuve miedo entonces —confesó, y sus ojos no miraban a Maura, sino que estaban fijos en un pequeño charco de agua que había dejado su cerveza en la mesa cuando la levantó para beber— no sabía dónde podías haber ido, le dijiste a ma que se encargara de Bass, no dejaste dicho qué harías, y no te vi en toda la semana.

—Estuve aquí toda la semana.

—¿Escondida?

—No, trabajando. Ese día, después de nuestra pelea, lo tomé libre para aclarar mis pensamientos. Estaba realmente enojada, pero lo sobrellevé, y fui a trabajar normalmente. Pero entenderás que no me apetecía cruzarme contigo...

Jane suspiró. La felicidad que la había invadido minutos antes, tras besar por primera vez los labios de la rubia, se hizo a un lado para dejarle paso a un sentimiento de culpa mucho mayor al que había experimentado después de romper el corazón de Maura. En ese entonces sólo pensaba que había lastimado a su mejor amiga, pero ahora, tenía la certeza de que no sólo había roto el corazón de la forense, sino el suyo propio además, pues de la manera más tonta se había privado de recibir el amor puro y sincero que la rubia tenía para ella. Al rechazarla como hizo en esa fiesta, había cerrado su corazón y su mente a la idea de que alguien como Maura Isles pudiera sentir cosas por ella.

Ella, que era tan desaliñada en ocasiones, que muchas veces carecía de la gracia femenina, y que huía lejos de los compromisos.

Se había menospreciado.

—¿Jane?

Un suave apretón en su mano, por parte de la rubia, trajo a Jane de vuelta a la realidad que compartían.

El Dirty Robber no estaba tan lleno como ellas habían imaginado antes de llegar allí. Korsak y Frost, desde la barra, miraban a ambas mujeres preguntándose si todo estaba bien, o si se aproximaba una nueva pelea entre ellas, debido a que habían permanecido en silencio y con caras largas por unos largos minutos.

—Lo siento, sólo pensaba en... —Rizzoli hizo una pausa, mientras Maura esperaba pacientemente a que estuviera lista para continuar.

Dicha continuación no llegó, y la rubia supo entonces que algo atormentaba la mente de la detective.

—Ya pasó —quiso tranquilizarla con una sonrisa y otro apretón suave en su mano. Sus dedos; los suyos y los de Jane, empezaron un jugueteo inocente, acariciándose, sin importar que alguien más pudiera verlas perfectamente, sólo disfrutaban la agradable sensación de tener sus manos finalmente entrelazadas como debió ocurrir tanto tiempo atrás. —Estamos bien ahora, y el presente es lo que importa. No puedes seguir martirizándote si ya lo hemos resuelto.

—Entonces, si no lo hubiéramos resuelto ¿estaría bien que siguiera martirizándome?

—Desde luego.

Por fin, en todo ese rato que habían permanecido serias, ambas rieron relajadas, y la tensión que se había creado sin que alguna de ellas fuera consciente, desapareció tal y como había llegado.

—Oye, en verdad lo lamento —insistió Jane, con una media sonrisa que permitía a Maura ver ese pequeño y adorable hoyuelo que había en su rostro. La rubia quiso intervenir, pero Jane no lo permitió. —¿sabes? Siempre he pensado que eres la persona más extraña que he conocido.

—Vaya —comentó entre risitas— gracias por eso, creo.

Ambas volvieron a reír.

—Pero es lo que te hace especial. Eres única en tantos aspectos, Maura...

—Concuerdo con la detective. —Alguien la interrumpió.

—¿Disculpa?

Un muchacho que bien podría tener la edad de Tommy estaba de pie junto a la mesa que Jane y Maura compartían, y miraba a la rubia con tal intensidad, que hizo que a la italiana le hirviera la sangre.

Era un hombre joven de cabellos rubios, que no era demasiado alto, pero sí tenía su atractivo. Maura lo observaba sin saber qué decir, a diferencia de Jane, que sabía exactamente lo que quería soltarle al rubio en ese preciso instante, y ninguna de sus palabras tenía amabilidad implícita. Estaba interrumpiendo una charla importante -aunque él no tendría modo de saberlo- y además, estaba mirando a Maura como si de un trozo de carne se tratara. ¿Quién se creía?

—¿Puedo hablarte un minuto?

—¿Disculpa? —insistió Jane, siendo ignorada por completo por aquel hombrecito, que sólo parecía tener ojos para la rubia. Maura sacudió levemente la cabeza, y miró a la detective con tanto cariño, que por un momento, Rizzoli se relajó. Pero sólo por un momento. —No irá a ningún sitio.

—Entonces danos un minuto —sugirió él, dedicándole una encantadora mirada que permitió a Jane admirar el azul de sus ojos.

En otra ocasión, la morena seguramente hubiera incitado a Maura a salir con este muchacho. Ella se hubiera ido a beber con Korsak y Frost para dejarle a ambos la mesa, pero ahora la situación era diferente, ya no eran sólo amigas, eran mucho más. Y Jane sentía que debían actuar como tal.

Ellas intercambiaron miradas, y la detective pudo ver, confundida, cómo Maura se ponía de pie y arreglaba su vestido y cabello. Se sintió impotente al pensar que la forense se iría a charlar con él. No estaba segura si debía decir algo, pues, después de todo, sólo tenían un par de horas de haber iniciado lo que sea que aquello fuera, y aunque quería evitar que su rubia hablara con éste estúpido y atractivo joven, tampoco estaba en la mejor posición para impedirle algo a Maura.

La confusión en el rostro de Jane desapareció en el instante que sintió la mano de Maura tomar la suya con firmeza, indicándole que se pusiera de pie también.

—Lo siento, pero ya estábamos por retirarnos —respondió la rubia educadamente, mientras Jane se ponía de pie, terminaba lo que quedaba de su cerveza y se colocaba junto a Maura, ambas frente al muchacho de ojos azules.

—Pero acabas de llegar hace sólo unos minutos... Vamos, sólo quiero conocerte —insistió él— te he visto otras veces, pero jamás te había notado tan radiante como hoy.

Maura siempre luce radiante, idiota, pensó la italiana.

Jane se preguntó por un momento de egocentrismo, si el brillo que había en el rostro de Maura tenía algo que ver con ella y lo que había sucedido tiempo antes. Y como si Maura hubiera leído sus pensamientos y quisiera afirmarlo, le dedicó una mirada cómplice con una sonrisa coqueta.

—Debo insistir —fingió lamentarse ella, todo sea por no hacer sentir mal al rubio que, hasta ahora, lucía bastante amable y educado. Jane, desde luego, puso los ojos en blanco y se removió incómoda en su sitio, hasta que sintió una delicada mano tomar la suya para entrelazar sus dedos. —mi novia y yo salimos hace poco de trabajar, y estamos agotadas.

—¿Novia? —preguntó sin creerse aquello, mirando por unos segundos las manos de ambas mujeres, para luego echar una mirada de desaprobación a la detective— Estoy seguro de que si realmente te gustaran las mujeres, no te enredarías con alguien como ella.

Maura sintió cómo la italiana soltaba su mano y avanzaba un paso, seguramente para tomar al rubio por el costoso cuello de su camisa para intimidarlo, pero ella fue, afortunadamente, más rápida, y le impidió dar otro paso bloqueando el cuerpo de Jane con el suyo propio. Sus manos viajaron rápidamente a las mejillas de la detective, y en voz baja, exigió su atención.

—Tú y yo sabemos cual es la realidad aquí, Jane. —Un grupo de ojos se había fijado en los tres, después de que Rizzoli reaccionara bruscamente y la rubia prácticamente saltara frente a ella. Desde una mesa no muy alejada, los amigos de el hombre de ojos azules miraban la escena conteniendo la risa, mientras Korsak y Frost desde la barra, esperaban atentos una señal de que era el momento de interrumpir. Maura giró su rostro para dirigirse al joven, educada, pero no tan amable y delicada como antes. —Es mejor que vuelvas a tu mesa, y deberías saber que menospreciar a la gente no te llevará a nada bueno.

—Sólo menosprecio a los que no valen nada, como ésta poli de quinta. Debería estar con gente de su clase, doctora, alguien que valga la pena, como yo.

Sólo eso bastó para que la italiana buscara por todos los medios rodear el menudo cuerpo que se interponía entre su puño y la nariz de aquel rubio pretencioso. Ésta vez, los labios de Maura fueron más rápidos al estrellarse suavemente con los labios de la detective, que, impresionada ante el hecho de que la rubia la estuviera besando frente a todos, no fue capaz de reaccionar, pero sí de quedarse quieta, olvidando por completo lo que antes había deseado hacer.

Cuando el rostro de Maura se distanció lo suficiente para romper el beso, Jane la miraba con incredulidad. Sus labios estaban ligeramente abiertos. La rubia deslizó sus manos desde las mejillas de Jane hasta sus hombros, y luego simplemente la abrazó, rozando con su nariz la mejilla de la detective.

—Si diez veces tuviera que elegir, —empezó, susurrando sólo para la italiana— diez veces diría tu nombre, Jane Rizzoli.

Por fin fue capaz de controlar su cuerpo, y lo primero que hizo, fue sonreír ante esas palabras, para acto seguido rodear la cintura de Maura, correspondiendo así el abrazo.

El muchacho había desaparecido, Jane no había sido consciente de en qué momento lo había hecho, pero no le importaba. Estaba feliz de no verlo, y feliz por aquella confesión, aunque nerviosa ante las miradas que ambas recibían.

—Me esperaba algo así como unas mil veces, o al menos cien. Pero ¿diez? ¿No crees que es muy poco, Maur? —bromeó ella para disimular sus nervios y las terribles ganas de salir corriendo que sentía. Desde luego que había bromeado antes con hacer ésto para "marcar territorio" pero nunca se imaginó que la forense fuera capaz de hacerlo en realidad.

—Bueno, no veo motivos para exagerar de ese modo, al igual que creo muy poco probable que alguien me obligue a elegir una persona más de diez veces. Sobretodo porque no pienso tener más opciones, sólo te quiero a ti.

—La doctora Isles me quiere... —canturreó en voz baja, hasta que Frost y Korsak se acercaron a ellas.

—¿Todo en orden? —preguntó el mayor, tras aclararse la garganta para llamar la atención de las mujeres. Maura, que había permanecido con los ojos cerrados mientras abrazaba a Jane, abrió sus ojos para mirarles con una sonrisa tímida.

—Parece que sí —respondió la italiana, recorriendo el lugar con la mirada para localizar al molesto rubio. Frost le hizo señas en la dirección que el muchacho había tomado. —¡Oh! Creo que ahora entiendo —comentó sonriendo, a lo que Maura se alejó para mirar su rostro y comprender a qué se refería. —¿no es ese de allá Trevor?

—Travis —corrigió la rubia tras echar una mirada a donde la vista de Jane estaba fija, y pudo escucharla decir "claro, Travis" en voz baja, mientras la abrazaba con más fuerza, como si temiera que Maura pudiera escaparse en cualquier momento. —sí, es él.

—Parece que quería vengarse.

—Creo que nos estamos perdiendo de algo interesante —comentó Frost.

—No realmente. El idiota que habla con el patán de hace un momento, es el hombre que estaba con Maura cuando llegué a su casa la otra noche.

—¿El que echaste a patadas?

—El mismo —le respondió Maura a Korsak, que todavía estaba intentando procesar el beso que había visto antes.

—Me retracto, Maur.

—¿Mm? —Todos miraron a la italiana, a la espera de lo que tuviera que decir.

—No es un prostituto con buenos principios.

Y rompieron a reír, haciendo nuevas bromas y comentarios entre ellos.


Cortito, pero bonito. (?)

Les tengo un reto.

Hagan sugerencias, y si llegan los 20 reviews, subo un nuevo cap (que tal vez sea el final, todo depende) tomando en cuenta lo que me digan/pidan.

PD: acepto ideas para un one shot (o varios) ya sea SwanQueen o Rizzles. Si quieren otra cosa, háganme saber y consideraré las posibilidades. Si no lo han hecho, recuerden echar un vistazo a mi otro fic Two Worlds Collide.

Vale, besito con mucho love. ~S