¡Hola allí!

Lo prometido es deuda, así que aquí tienen.

No es un glorioso final, porque, para los que no lo saben, soy un poco nueva en ésto. Sigo aprendiendo, así que espero no defraudarles.

diana10: gracias por tus palabras, un beso para ti también.

Me tomaré la idea de una Maura celosa ;) y gracias al sexy anónimo que describió ésta como "una gran y hermosa historia" me emocionan mucho, gracias a ustedes por comentar.

JMari: me pregunto si te animará saber que me he planteado hacer una continuación de esta historia más adelante... Creo que el final deja mucho que pensar, no lo sé, ya me harán saber.

cecilis: definitivamente, te tomo la idea. Sintoniza para más información. (?)

Saludos en general, y bueno, hasta aquí llegamos... Por ahora. Gracias por la motivación. No olviden comentar y dejarme saber lo que piensan.

Besos. ~S


—Es increíble que después de tres semanas, Angela todavía no se entere de lo que hay entre ustedes —comentó un animado Korsak mientras acariciaba a uno de sus perros; el que había decidido sacar a pasear esa mañana, antes de que Rizzoli le hiciera una llamada para invitarle a un "almuerzo familiar" que no tenía motivo en especial, pero que Angela insistió en realizar con los más cercanos a su familia.

Jane, sentada a su lado en el patio de casa de Maura, donde todo estaba preparado para llevar a cabo dicho almuerzo, casi se ahoga con la cerveza que estaba bebiendo al oír el comentario.

—¿Qué te hace pensar que no lo sabe?

—No la he oído hacer ningún comentario desde que llegué —el hombre se encogió de hombros después de que el perro se alejara para seguir correteando por ahí— lo cual es extraño en ella.

—Lo sé —soltó tras suspirar. —Te sorprenderá saber que está muy al día con nuestra relación.

—Oh ¿lo sabe entonces?

Ella asintió.

—Y no querrás saber cómo se enteró.

—Ya cuenta, Rizzoli.


Dos figuras entraban a la casa que permanecía medianamente a oscuras, y ni siquiera se tomaron la molestia de encender las luces a su paso. Tenían mejores cosas que hacer, como besarse, por ejemplo, mientras avanzaban entre pasos torpes y caricias suaves con intenciones de llegar lo antes posible a la habitación. La luz de la cocina estaba encendida, y Maura, de espaldas a la misma, pudo notarlo sin darle importancia. Jane también lo ignoró, hasta que un grito ahogado las hizo a ambas dar un respingo.

Maura giró el rostro rápida y dolorosamente en la dirección de la cual creía que el grito había provenido, y poco o nada faltó para que sus ojos se salieran de sus órbitas.

La reacción de Jane no fue demasiado diferente. Su corazón parecía querer hacer un agujero en su pecho debido a lo fuerte que golpeaba contra éste, y su rostro, estaba pálido como el papel, mientras ella intentaba torpemente ocultarse tras el cuerpo de la rubia. Ninguna pudo articular palabra.

¿Madre? —inquirió la forense.

Maura —dijo Angela, mirándola con los ojos entrecerrados.

Ma... —murmuró Jane a regañadientes.

Detective Rizzoli —saludó Constance de manera cortés, aunque no menos sorprendida que las demás.

Jane tenía medio rostro oculto tras el cabello de Maura, y la rubia se llevó la mano izquierda a la altura de los labios, como si quisiera cubrir con sus dedos la hinchazón provocada por los besos que había compartido, apenas segundos antes, con su amada.

Constance parecía estar tranquila, aunque en su interior estaba tan confundida y sorprendida como Angela, quien no tardó en romper el incómodo silencio.

Maura, querida. Me parece que olvidaste que tu madre venía de visita hoy... —comentó muy casual la mayor de los Rizzoli. La aludida llevó la mano que cubría sus labios hasta su sien, y con los dedos índice y medio, presionó sin usar demasiada fuerza.

Es cierto, lo olvidé por completo.

Brillante idea olvidar ese detalle justo hoy, doctora Isles —susurró entre dientes la detective.

Discúlpame por centrarme en ti y tu hermosa y romántica confesión de amor —respondió de la misma forma, en un susurro que sonó más brusco de lo que había sido— tenía otras cosas en la cabeza, Jane.

Claro.

Niñas —llamó Angela su atención, para recordarle a ambas que seguían ahí— ¿hay algo que quieran compartir con nosotras?

Constance Isles se puso de pie, abandonando su lugar frente a la madre de Jane, que permaneció sentada en la banca esperando por una respuesta.

Madre... —empezó la rubia, con cierta inseguridad que no desapareció incluso después de que Jane tomara una de sus manos para tranquilizarla.

Estoy segura de que tienes una muy buena razón para haberme plantado hoy.

Estaba con Jane, pero...

Con Jane —interrumpió su madre— lo que me lleva a preguntar: ¿qué es lo que está sucediendo entre ustedes? Porque, honestamente, esos besos de hace un momento no me parecieron nada inocentes. No recuerdo haber actuado así con ninguna de mis amigas.

Apenas estamos empezando, pero...

¿Empezando qué? —volvió a interrumpir, y aunque deseaba tomar un largo trago de el vino que antes había servido en su copa, temía que la respuesta de su hija la hiciera perder la elegancia al escupir todo.

Amo a Jane.

Clara y directa, sin rodeos, como a su madre le gustaba. Sólo que en ésta ocasión a Constance no pareció gustarle demasiado la respuesta de Maura.

Constance Isles siempre había deseado para su hija que hallara un hombre adecuado para ella, un hombre de su mismo estatus social, con un buen trabajo, y que fuera atractivo. Alguien con quien fuera adecuado formar una familia. Aceptaba a Rizzoli como la mejor amiga de Maura, por supuesto, si es que la detective incluso se había enfrentado a ella para proteger a su amiga. Eso era admirable. Sin embargo, imaginar a Maura con alguien como Jane... Bueno, no era su pensamiento favorito.

Al ver que su madre no decía palabra alguna, la rubia decidió agregar un par de cosas más, tanto para su madre, como para la madre de Jane. Quería hacerles saber a ambas, incluso a Jane que permanecía tras ella en silencio, lo importante que era esa relación para ella. Recién estaban empezando, sí, y todavía no habían llegado al punto de hablar de lo que deseaban que sucediera entre ellas, sólo sabían que deseaban estar juntas. Sin embargo, Maura estaba segura, desde el momento que confesó sus sentimientos en aquella fiesta, de que ya no quería imaginarse con alguna pareja que no fuera Jane Rizzoli. Siempre tuvo la certeza de que la detective sería su compañera de vida, aunque no sabía entonces hasta que punto deseaba que fuese así.

Pero sin previo aviso, y como las veces anteriores, su madre la interrumpió incluso antes de que pudiera emitir algún sonido.

Tendremos que hablar de ésto a solas, Maura.

Acto seguido, Constance se retiró a la habitación de Maura, dando por sentado que dormiría allí con ella, pues la única habitación de invitados en esa casa, mantenía las cosas de Jane para las ocasiones en las que la italiana decidía quedarse. Por supuesto que la mujer había echado un vistazo a la acomodada casa mientras esperaba la llegada de su hija, y Angela se le había sumado tras ver las luces de la casa encendidas, y pensar que se trataba de Maura que había regresado de trabajar. Se había llevado una sorpresa al encontrarse con la madre de la forense, completamente sola, y sin siquiera haber visto a su hija con anterioridad. También le sorprendió el hecho de que Maura, que siempre mantenía todo bajo control, no hubiera mencionado nada acerca de la visita de Constance, pero seguramente eso tendría una explicación, al igual que la escena que recientemente había presenciado entre su hija, y la que hasta ahora había visto como una hija más.

Maura cubrió su rostro con ambas manos, y Jane la rodeó con sus brazos con toda la intención de hacerse notar, dejando que su cuerpo le diera un mensaje a la rubia; ella estaba ahí para apoyarla.

Jane, tal vez deberíamos irnos y dejar que Maura y Constance...

No voy a irme, ma —respondió sin siquiera un atisbo de duda en su voz— no pienso dejar a Maura en este momento. Estoy con ella. De no ser por mi, no tendría que darle explicaciones a su madre.

La rubia estaba como en otro mundo, haciendo caso omiso a la conversación que madre e hija compartían.

Tú y yo también tenemos que hablar —anunció la mayor, con toda la firmeza que pudo.

Honestamente, eres quien menos me preocupa en este momento.


—Vaya, ustedes sí que saben cómo dar una noticia.

—No te burles, Korsak. Lo pasamos muy mal esa noche.

—¿Y qué sucedió luego?

—Pues, al final Maura y yo nos fuimos a mi apartamento, ninguna de las dos tenía ganas de estar en casa con su madre y la mía rondando por allí. —La italiana sonrió, recordando lo que fue dormir esa primera vez con la rubia entre sus brazos. Recordaba lo bien que se había sentido al jugar con el cabello de Maura hasta que ambas se rindieron ante el cansancio.


Rizzoli se había enfurruñado al despertar y no hallar entre sus brazos el cuerpo que tan posesivamente había mantenido cerca de ella mientras dormían, sintiendo entonces que todo aquello bien podía haber sido un sueño, y que su mejor amiga estaría tranquila en su casa, durmiendo entre sus finas sábanas, lejos de ella. Un vacío se instaló en su pecho durante los minutos que pasaron antes de que Maura regresara a la habitación, vistiendo únicamente la parte inferior de su ropa interior y una camiseta que la italiana le había facilitado para dormir.

Luces terrible —comentó, al tiempo que dejaba la única taza de café que traía en las manos sobre la mesita de noche, y tomaba su lugar nuevamente entre los brazos de Jane, quien la recibió felizmente, dejando un beso en su cabeza.

Bueno, trata de dormir con sobre-población en tu cama, tú también te verías terrible —respondió de buen humor, con ánimos de bromear.

Después de que ambas encontraran una posición medianamente cómoda en la cama individual, Jane llevó gustosa su mano derecha al cabello rubio de la mujer que tanto adoraba, jugando con éste, lo cual parecía haberse convertido en su actividad favorita. Su mano izquierda sirvió para llevar la taza de café a sus labios, y así beber un poco, con cuidado de no tirar nada en la cama, o en el peor de los casos, encima de Maura.

Lo siento, tal vez debí quedarme en casa.

¿Cómo? —preguntó una confundida Jane, dejando la taza donde antes había estado.

Es posible que hayas tenido una mala noche por mi culpa, estarás agotada hoy y tu cuerpo no rendirá al cien. Si no se tiene una buena noche de sueño...

Hey —interrumpió, inclinándose para besar su cabeza una vez más— sin contar el asunto con nuestras madres, para mi ha sido la mejor noche en siglos.

Para mi también fue una noche memorable —confesó con cierta timidez que a Rizzoli casi mata de ternura— y ya que sacas el tema de nuestras madres... —Jane ya estaba arrugando la cara cuando la escuchó comentar aquello— tu madre llamó esta mañana.

¿Y le has atendido?

No podía dejar el teléfono sonando todo el rato. No quería que te despertaras tan temprano un sábado.

Bueno, me has dejado dormir hasta tarde y además me has traído el café a la cama. ¿Quién eres y qué has hecho con mi Maura?

Son casi las diez, así que no es demasiado tarde. Y aún estoy a tiempo de tirar el café, no me tientes.

No he dicho nada. —Jane simuló sellar sus labios. —Dejemos de lado el asunto del café, ¿qué ha dicho mi madre?

Dijo que descansó toda la noche y que quiere hablar con nosotras, simplemente para enterarse de los detalles y atar cabos sueltos —Maura arrugó ligeramente la nariz— honestamente, no entendí el 70% de lo que dijo, sólo sé que quiere cenar con nosotras. Hoy.

Y supongo que no hay manera de escapar... Espera ¿y Constance?

No la mencionó, pero recibí un mensaje suyo hace poco, avisando que estaría todo el día ocupada.

Lamento si te causé problemas con ella. Si no hubiera insistido en ir a tu casa...

Eventualmente lo iba a saber, Jane, y dudo que su reacción hubiera sido diferente.

Nos vio besándonos... No es una imagen que emocione a una madre.

Si hubiese preparado una cena formal para dar la noticia, ella igual no lo hubiera tomado de buena manera. Tiene expectativas en cuanto a mi futuro.

Un futuro que no admite a una detective "poca cosa" como dicen por ahí —comentó la italiana con amargura. Maura se incorporó un poco para protestar, pero Jane se lo impidió. —Está bien, Maur. Sé que tu no piensas así, pero otras personas lo hacen. Mi trabajo no es el mejor pagado, o el que alguien quiera para su pareja.

Si a eso vamos ¿crees que a la gente le fascina mi trabajo? —preguntó enarcando una ceja— Tú misma me has advertido sobre hablar de mi trabajo en las primeras citas.

Lo sé. Oh, y hablando de citas, acabo de recordar que iba a pedirte una —admitió con una sonrisa, mientras con su dedo índice se rascaba suavemente la mejilla.

¿Una cita?

Sí, ya sabes, hacer algo lindo... No puedo decir que te llevaré a un sitio de esos a los que estás acostumbrada, pero, no sé, quizá... Algo se me ocurrirá —los nervios hacían acto de presencia— es mi forma de compensarte por cómo actué. Quiero darte lo mejor que pueda, Maura.

La sonrisa en el rostro de Maura no podía ser más amplia, y el brillo de sus ojos bien podía cegar a Jane, que sonreía también, aunque un tanto incómoda. No estaba segura de cómo pedirle una cita a alguien, mucho menos tratándose de Maura Isles, y lo menos que deseaba era que su torpeza arruinara aquello. Tal vez tampoco había sido el momento indicado para comentarlo, ni el modo adecuado para hacerlo, pero ya estaba hecho, y ahora no podía hacer más que esperar por la reacción de la rubia.

Jane... —empezó, buscando con sus manos alcanzar las mejillas de la detective. Le encantaba acariciar su rostro y sentir la suavidad de su piel. —No hay momento a tu lado que no sea para mi el mejor. No importa lo que hagamos, cuando estoy contigo, todo está bien. Todo es... lindo —afirmó sonriente— no dudes, ni por un segundo, lo feliz que puedes hacerme sentir con tan sólo dirigirme una sonrisa. Con tu presencia, incluso tu sarcasmo...

Te amo, Maur.

Si antes había estado insegura de las palabras que había dicho, ahora sentía como si jamás hubiera estado tan segura de algo en su vida. Maura ya en dos ocasiones había confesado amarla, pero ella no había sido capaz de responder a tan fuertes palabras, no supo entonces qué decir, porque, para Jane Rizzoli, decir un "te amo" era algo incluso más fuerte que sentir una bala atravesando tu cuerpo. Ella lo sabía por experiencia.

Ahora estaba segura. Ahora, no existían dudas en su mente ni en su corazón. Había estado amado a esta mujer desde hace ya mucho tiempo atrás, eso lo sabía, sin embargo, de algún modo se había negado a comprenderlo y aceptarlo hasta ahora. No del modo correcto, al menos.


—¿Y tuvieron su cita? —preguntó un curioso Barry Frost, que se había unido a ellos a media historia, junto al hermano de Jane; Frankie.

—Claro que sí. Apenas terminamos la cena con ma, ellas desaparecieron por lo que quedó del fin de semana —comentó Frankie con una media sonrisa ante la mueca de su hermana— no supimos de ellas hasta el lunes siguiente que se aparecieron por el trabajo.

—No es justo, Frankie, yo lo estaba contando.

—¡Jane, cariño! —escucharon claramente desde la cocina— ¿Puedes venir y ayudarme con esto?

Los tres hombres que rodeaban a la italiana hicieron todo lo posible por contener la risa, fallando desde luego, pues rompieron a reír después de escuchar la contestación de la morena.

—Seguro, amorcito —había respondido a regañadientes, aunque lo suficiente audible para el disfrute de sus compañeros.

La detective desapareció tras la puerta y fue directamente a la cocina, donde su novia la esperaba con un montón de cosas listas para llevar a la mesa.

En el patio, los tres hombres comentaban animadamente acerca de la historia que habían escuchado, y la relación que ellos mismos habían visto nacer.

—¿Quién diría que Jane Rizzoli era material hogareño? —dijo el mayor, con una sonrisa.

—¿Janie? —preguntó Frankie, señalando el lugar por donde la italiana se había ido— No, qué va. Sigue negándose a echar una mano en la cocina y esas cosas.

—Pero si se ha ido casi corriendo —comentó Frost, haciendo una mueca.

—Vamos, que se lo ha pedido Maura —respondió el mediano Rizzoli como si fuera lo más obvio— si lo hubiera hecho mi madre, pueden apostar que me hubiera enviado a mi a ayudarla. Además le ha llamado cariño. Verán que Jane nunca dice que no cuando Maura le llama así, lo he visto.

—Es gracioso verla de este modo.

—Es lo que hace el amor —afirmó con seguridad— lo sabrán cuando les suceda, niños.

—Imagino que tú, con tus tres matrimonios encima, sabrás mucho de eso.

Korsak y Frankie rieron ante el comentario de Frost. Entonces, un pensamiento que habían empezado a tener tras notar el funcionamiento de la relación entre la detective y la forense, se hizo audible entre ellos.

—¿Ustedes creen que lleguen a casarse esas dos? —Frankie no estaba muy seguro de por qué lo preguntaba. Tal vez era porque Barry había mencionado la palabra matrimonio, o quizá se debía a que, ver a Maura y Jane platicar y actuar como una pareja legítima, le hacía imaginarlas a ambas viviendo juntas oficialmente, a lo mejor comprometidas, o ya casadas, como cualquier matrimonio perfecto que hubiera visto en una película. Porque si de algo estaba seguro, era que su hermana y la doctora Isles no tenían un romance casual, sino un romance de telenovela. —Ya actúan como esposas —agregó, encogiendo sus hombros— pero no sé. ¿Imaginan a Jane casada?

—Apenas llevan un par de semanas saliendo, y ya parecen casadas —comentó Frost, pensativo— yo les doy un par de meses para comprometerse. Ya tienen la convivencia —señaló, llevando la cuenta con sus dedos— conocen a sus familias, saben prácticamente todo la una sobre la otra... Y están muy intensamente enamoradas. Es decir, eso cualquiera lo notaría. Yo creo que sí.

—Pues yo les daría un año —informó Frankie.

Korsak sonrió con autosuficiencia.

—¿Quieren apostar?

—Trato.

—Trato.

—¡El almuerzo está servido! —escucharon decir a Angela, y todos se dirigieron a la mesa, donde Jane y Maura, ya sentadas una junto a la otra como de costumbre, conversaban tranquilamente, ajenas a la conversación que sus amigos habían mantenido a sus espaldas.


Hace cuatro semanas, Jane Rizzoli había dejado a Maura Isles con el corazón hecho pedazos...

"Puedes llevarte todo mi amor... ¿Para qué lo necesito?

Puedes llevarte todas éstas palabras, ya no tienen significado.

Puedes llevarte todo, y dejarme aquí en el suelo.

Todos esos 'lo siento' no pueden llevarnos de regreso al comienzo.

No puedes arreglarme, estoy destrozada.

Quiero huir del amor... Ésta vez he tenido suficiente."

"No tengo nada en mi interior, nada que ocultar. Estoy rota."

. . .

"Sálvame"

Hoy por hoy, quizás un 'lo siento' no pueda curar un corazón roto.

Pero ¿qué hay de el amor? Muchos dicen que el amor todo lo puede.

Y éstas dos mujeres tienen entre ellas amor de sobra.

Lo que el futuro traiga para ambas es ahora desconocido.

Sin embargo, están dispuestas a esperar juntas por ello.

Fin.