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La luz que se colaba por la ventana del baño me pego en los ojos al cruzar el umbral de la puerta. Apoyando ambas manos en la cerámica azul rey estire la espalda hundiendo la cabeza entre mis brazos sintiendo como sonaban algunos huesos, exhalando me enderece frente al lavamanos –Buenos días galán…- le dedique un guiño al hombre alto, moreno y de facciones aniñadas que se reflejaba en el espejo. Di unos cuantos toques a mis mejillas para despertarme del todo. Había dormido muy poco la noche anterior pero poco me importaba la verdad, después de haber gozado el cuerpo de aquella pelirroja despampanante el dolor taladrante de mi cabeza, las ojeras y el cansancio pasaban al olvido al observar mi cara post-sexo, el escrito en lápiz labial rojo en el espejo y la tanga rosa pálido con el numero de teléfono de esa chica grabado en ella. Lo tome mientras una sonrisa comenzaba a dibujarse en mi rostro. Soy un hombre que disfruta de la vida sin restricciones de ningún tipo, la vida se ha hecho para vivirla y yo estoy en la mejor etapa de todas. Tengo 27 años, nadie puede negar que sea un hombre apuesto, tengo fama en mi medio, dinero para mis caprichos y amo a las mujeres… a todas las mujeres. No hago distinciones ni tengo un modelo especifico, para mi todas son hermosas. Morenas, pelirrojas, rubias, todas me vuelven loco. Es bueno tener un currículo bien sustentado como amante y la agenda de hilos dentales en la cómoda de mi habitación me daba la razón. – Bien, hora de empezar el día Emm…- frote mis manos antes de ponerme con la rutina diaria de aseo y cuidado personal, si, cuido mi aspecto sin caer en la metrosexualidad. Cepille mis dientes, me rasure la barba y aplique espuma para el cabello. Los risos obscuros heredados de mi santa madre eran uno de mis mayores encantos, a las mujeres parecía volverlas locas el tener donde hundir sus dedos al estar fundidos en un beso apasionado. También les atraían los hoyuelos que se formaban en mis mejillas al dedicarles una sonrisa tímida cargada de un "te quiero esta noche en mi cama". Escogí un saco gris Clásico del armario, una camisa de vestir blanca y una corbata de seda con líneas diagonales. Una taza de café y dos aspirinas me ayudarían a pasar el día. Contemple el mar por el gran ventanal de la sala mientras anudaba la corbata. Era la mejor inversión que había hecho en mi vida hasta ahora, una casa con el mar de fondo a tan solo pasos de ella, sin vecinos molesto alrededor ni mocosos correteando y atropellándote con sus bicicletas. Mi paraíso, mi santuario en Baja California. El pie se me enredo en una diminuta tanga azul de camino a la recamara, al tenerlo en mis manos la sonrisa no tardo en aparecer y ver con claridad el numero escrito en la parte mas gruesa de la prenda –Heidi….- suspire…¡Mamma Mia! Si unos años atrás me hubieran contado que las italianas daban el mejor sexo oral de la historia hubiese aceptado la propuesta de mi padre de irme a estudiar a La bella Italia sin pensarlo, pero decidí quedarme por mi madre, la única mujer que me ataba a este lugar….bueno ella y la hermosa Hummer gris que ahora brillaba bajo el resplandeciente sol mañanero. Gire la llave sintiendo el suave ronroneo del motor y el cálido viento mediterráneo dándome en el rostro al acelerar. El vivir apartado de la ciudad me permitía unos minutos de carretera solitaria para acelerar al máximo y disfrutar de la sensación de poder al mirar como subía el velocímetro. Los espectaculares paisajes de Ensenada no dejaban de enamorarme, las interminables hileras de cultivos de uvas al pasar el camino arenoso por la Ruta del vino todas las mañanas seguía encantándome como el primer día. Me apasionaba mi trabajo, todo de lo que producir vino se trataba. El cuidado de la uva, la cosecha, el añejado, la degustación, el aroma. Este año había estado promocionando mi creación, Mi Cabernet "Esmeralda" como un loco en todos los lugares que podía. Con un añejado de años en barriles bajo tierra para conservar mejor la humedad mi bebe estaba subiendo como espuma en el mundo del vino y no podía estar mas orgulloso, siendo que este era un negocio de años de preparación era grato ver resultados y buenos. El semáforo rojo me obligo a frenar, metido en mis pensamientos como estaba no me percate que casi salía del pequeño pueblo. Me di una ojeada rápida en el espejo retrovisor antes de poner mi atención en el convertible negro a mi lado a la espera del semáforo, bueno, más bien poner toda mi atención a la castaña en shorts cortos y traje de baño floral que iba manejándolo. Nada mejor que empezar el día encantando mujeres…-Disculpe, señorita- la caballerosidad ante todo. Ella se volvió hacia mí quitándose las gafas obscuras dejando al descubierto unos ojos verdes aceituna –Me podría decir la hora por favor?- me sonrió antes de mirar su reloj de pulsera que bien podía ser de la misma marca del que yo llevaba en la muñeca

-Son un cuarto para las nueve- contesto estudiándome con la mirada sin borrar su sonrisa. Fue mi turno de quitarme las gafas, ella me había permitido ver sus espectaculares ojos y yo no iba a ser mal educado al no corresponderle aquel gesto, le sonreí mostrándole mis hoyuelos

-Gracias, muchas gracias señorita…- la escuche suspirar antes de poner en marcha mi coche, sintiéndome victorioso una vez más. Solo tres sencillos pasos fueron necesarios para sacarle un suspiro, caballerosidad, sonrisa y hacerle una pregunta desinteresada para que no piense que quiero llevármela a la cama –Dios mío, gracias por hacerme tan…pero tan chulo, esta noche te prendo una vela compadre.- me distraje contemplando los caminos hacia Valle de Guadalupe, el lugar donde hay mayor concentración vinícola en la región. Los hermosos paisajes salpicados de vides, olivos y naranjos lo convertían en un destino turístico atractivo para vacacionar. Un lugar exótico, romántico, lleno de museos, casas vinícolas, centros artesanales y hoteles boutiques que hacían del lugar una experiencia inolvidable. Dolce era mi casa vinícola y cada vez que leía el letrero de bienvenida a lo lejos no podía dejar de sentir emoción. Dolce nació en 1997, cuando Carlisle Cullen adquirió la propiedad en Valle de Guadalupe con viñedos de hacia mas de 50 años. Su idea principal era elaborar vinos caseros e instalaron toda la maquinaria necesaria. Después de graduarme fue el primer lugar que visite y me enamore de el, junto a Carlisle surgió un proyecto ambicioso y con ayuda de reconocidos enólogos comenzó la regeneración y la propagación de diferentes variedades por toda la región y posteriormente por el mundo. Nuestros vinos se caracterizan por estar elaborados con amor y con los cuidados necesarios que se le tiene que dar a un producto de alta calidad como lo es Dolce. Utilizamos tecnología de punta, sistemas de gravedad, controles de temperatura automatizados, fermentamos en cubas de acero inoxidable y barricas francesas y americanas que redondean la textura de nuestros vinos. Los vinos de dolce se han caracterizado desde su nacimiento por ser bebidas nobles, que merecen la honra de tomarse en una copa especial, dejar todos los sentidos libres para llegar al momento crucial de llevarlo a la boca y apreciar el conjunto de sabores que los conforman. Son vinos que nos invitan a compartir nuestros sentimientos, a generar pláticas, pasión y emociones y Esmeralda me ha dado muchas satisfacciones, ha causado impresiones maravillosas en los paladares tanto del que inicia, el conocedor y hasta el más exigente catador. Estacione en mi lugar de siempre, cerca de la entrada echando una ojeada antes de bajarme del auto, todo estaba tranquilo y extrañamente solo, pero eso no me libraba de algunos obstáculos que sabia me esperaban en el camino. Acomode mi traje y la corbata dando un largo suspiro y persignándome antes de cruzar la reja de la hacienda con pilares de ladrillos y el aspecto contemporáneo de esas viejas haciendas que se construyeron en el sur del país hace algunas décadas, con elementos clásicos, puertas de madera, rejas de hierro grueso, pórticos de herrería, paredes expuestas, iluminación atmosférica y enchapados de piedra laja. Di un par de pasos silenciosos al interior, estudiando los pasillos largos, anchos y solitarios de ladrillo rustico, al no ver moros en la costa di tres largos pasos subiendo los tres escalones de una zancada mirando la fuente que adornaba el centro del lugar sentí como mi cuerpo chocaba con alguien, su voz me hizo cerrar los ojos y maldecir la ley de Murphy


En este primero conozcamos a nuestro Emmett =D

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