Los jadeos en la habitación son cada vez mas desesperados. Los latidos de mi corazón retumban en mis oídos mientras me muevo en contra y meso ese cuerpo exquisito encima de mi...
-¡Emmett!- gime, envuelta por el placer. Retorciéndose de un lado a otro, arqueándose sobre mi cuerpo con todo ese cabello rubio cayendo en cascada por su espalda y hundiendo las uñas en mi pecho -¡Emmett!- vuelve a gritar, cuando acelero el sube y baja.
-¿Te gusta, nena?- jadeo, comenzando a sentir la tensión y ese delicioso palpitar en todo mi cuerpo. Tomando sus caderas para ejercer mas presión sobre mi, buscando la liberación de los dos.
-Dios...- gime, dejando caer su cabeza hacia atrás dándome una visión perfecta de sus exquisitos pechos ofreciéndose sin pena. Solo un poco mas...
-¿Te gusta?- hundo mis dedos en sus cadera, mirando su cara de éxtasis al estar a punto de alcanzar su orgasmo. Sus mejillas ruborizadas, el cabello revuelto y esa boca completamente roja por morderse los labio.
-¡Ah... no!.- gruñe apartando mis manos de su piel y presionándolas en la cama a los lados de mi cabeza moviéndose desesperada sobre mi -¡Emmett!- oigo mi nombre en un grito y cuando estoy por explotar en mi orgasmo algo suave y a toda velocidad se estrella contra mi rostro trayéndome al mundo bruscamente, mientras me incorporo asustado, desorientado, sudado, perdido y jadeando para ver a la protagonista de mi sueño erótico de pie junto a mi, escondido una sonrisa. Miro hacia abajo y noto la almohada en su mano.
-¿¡Que demonios te sucede!?- gruño enervado -¿¡jamás te han dicho que puedes matar a alguien del corazón por despertarlo bruscamente!?- aun respiro agitado, no estoy seguro de si es por mi sueño malditamente caliente o por el susto de muerte que me ha pegado. Doy una ojeada veloz a mi pantalón de pijama que tiene una carpa perfecta. ¡Maldito subconsciente traicionero!
-Llevo horas tratando de despertarte- y se da el lujo de hacerse la enojada -parecías asno en celo, ¡por dios!.- hace una mueca de asco y sus ojos viajan hacia mi carpa pero disimula rápidamente mirando hacia otro lado. Me quedo mirando el sonrojo leve que empieza a aparecer en su cara y me vitoreo de que al fin da muestras de no ser inmune a mis encantos. Importándome poco que me vea de esa manera regreso a tirarme en la cama, piernas extendidas y manos detrás de la cabeza en una digna pose de modelo de calzones.
-¿Y a que debo tu encantador despertar?- mi voz destila sarcasmo puro.
-Pues... a que se nos hace tarde para ir al estanque.- contesta, caminando hacia la ventana corrediza y abriéndola completamente. Al instante la brisa llena el lugar y la escucho inhalar.
-¿Ir? ¿al estanque? ¿tu y yo?- hago mímica con cada palabra que pronuncio y ella parece recuperarse.
-¿Qué? ¿el golpe te afectó la comprensión?- alza una perfecta ceja -Si, ir. al. estanque. Tu y yo.
-Paso- digo simplemente, poniéndome de pie para ir directo al baño por una ducha fría sino quiero pasar todo el maldito día con las pelotas azules. El mal humor de minutos atrás regresa a mi. Sin saber a ciencia cierta si es por haber soñado con ella o porque deseaba seguir haciéndolo.
-Emmett, lo apostaste ayer. ¡No seas mal perdedor.!- me sigue.
-Primero- me giro, deteniéndome en la puerta del baño -yo no aposté nada y segundo, ¿crees que pasaría un lunes feriado viendo pescados?
-Peces- corrige- son peces y es mejor que quedarte tirado todo el día aquí sin hacer nada.- apunta firme.
-Es mi día feriado y hago lo que me plazca...- sostengo mi argumento.
-Pero...
-Además, ¿por qué te importa tanto que yo valla?- pregunto con tono aburrido y la observo con interés, esperando la respuesta que se piensa por un largo minuto en el que miro su cara caer, me parece ver un fugaz rastro de desilusión grabada en sus ojos azules.
-Ayer hicimos una tregua y...- se detiene y luego niega con la cabeza. Como si hubiera corroborado algo con mi actitud -pensé que seria un buen comienzo llevarte a conocer mi área de trabajo, pero ya veo que no te interesa nada de lo que tenga que ver conmigo, así que, ten un bonito día.- y con eso, se gira en sus talones y sale de la habitació quedo de pie allí, sintiéndome culpable y un completo desalmado.
Mientras me ducho su cara de desilusión no abandona mi cabeza. Creo que es la segunda vez que la veo de ese modo y ambas veces he sido yo que ha causado dicha cara y el pensamiento me hace sentir idiota.
Luego de vestirme con un mono y sudadera salgo a la cocina por algo ligero para antes de salir a correr consiguiendome con el pequeño intruso tirado en la puerta de la entrada mientras intenta mirar por la rendija de abajo y excava raspando la pintura.
-Bau... bau... bau...- ladra y lloriquea.
-Sigues aquí, pequeña rata...- hablo y se gira inmediatamente, corriendo hacia mi y saltando a mi alrededor. -No te emociones mucho, no te besaré.- le digo apartándolo un poco de mi camino con el pie, haciendo una mueca y él parece entenderme porque se detiene y me sigue, con su diminuta lengua afuera y su cola bamboleando de aquí para allá. -¿Rosalie, se ha ido?
-bau... bau..- ladra, sentándose junto a mi y mirando como me sirvo café. Lo miro y ladea la cabeza a un lado como si me estudiara. Luego su cola se convierte en un látigo incesante y se saborea varias veces cuando tomo mi paquete de galletas de leche de la alacena. -¿Te gustan estas?- lloriquea, siguiendo el paquete con la mirada y babeando por él. Saco una y se la tiendo, haciéndolo brincar para tomarla y comérsela a toda prisa. -Veo que al menos tu y yo si tenemos algo en común.
-bau...
-Te doy mas si no vuelves a acercarte a mis zapatos.- hace un asentimiento chistoso y se sienta obediente. Tarde me doy cuenta que me he hincado para acariciarle la cabeza y come de mi mano -Creo que fui un poco brusco con Rosalie, chucho.- hablo distraído, como si pudiera entenderme -Es que, si te soy sincero no comprendo a esa mujer. Es tan... confusa y desconcertante. Ayer me provoca con su diminuta ropa y su modo de seducción, después me deja con las ganas y entonces hoy despierto y es toda accesible y dispuesta a hacer funcionar esto de la tregua...- niego con la cabeza -O ella es bipolar o yo tengo serios problemas en entender a las mujeres estando sobrio- lame mi mano cuando acaba de comer y me mira atento -La vida de casado no es sencilla, ¿sabes?
-¡Bau! - me río entre dientes.
-¿Tú que crees que deba hacer?- el pequeño animal se sienta, observándome y juro que veo una sonrisa en su cara de perro. Le alboroto el pelo de la cabeza y me levantó por mi café, dando un largo suspiro, cuando escucho una melodía desde la sala. Compruebo mi móvil en el mesón de la cocina pero no es él así que camino en busca del sonido. proveniente de un aparato color rosa con diamantes en todos lados. Cuando lo tomo ya no está sonando pero la pantalla me deja ver una imagen de una pequeña y hermosa niña rubia junto a otro pequeño rubio y dos adultos tras ellos. Rápidamente identifico que es Rosalie y la que imagino es su familia y la culpa de haber rechazado su invitación me embarga una vez mas en tanto estudio la foto y veo los ojitos azules de la niña, que se dejaban ver inocentes y suaves y no desilusionados por mi estupidez. Los cuatro sonríen, los cuatro se ven felices y me hace sonreír y recordar momentos familiares como esos. Es un sentimiento agridulce aun a mi edad, cuando ya esos momentos no formaban parte de mis día.
Escucho a chucho ladrar y raspar la puerta de la entrada otra vez, veo el móvil en mi mano y tomo una decisión espontánea.
...
El olor a pescado inunda mis fosas nasales nada mas entro al lugar. La fachada es una especie de cúpula en lo alto de un rompe olas de rocas masisas que tiene toda la pinta de ser un laboratorio o algo por el estilo con las siglas UBP* en la entrada.
-¿Hola?- pronuncio al entrar. Todo está en silencio a excepción de los ruidos propios de la maquinaria y el sonido amortiguado de las olas chocar contra las rocas. El sol imponente y radiante entra por el techo de cristal, alumbrando todo con luz natural. Hay grandes piscinas de vidrio específicamente separadas. Unas mas grandes y mas profundas que otras, con un sistema de purificación en cascada para lo que supongo es la oxigenación del agua para los pescados. Me acerco a espiar en una de ellas, curioseando a los pequeños peces nadando en bancos al rededor del vidrio.
-Yo tu, no haría eso.- la voz me hace saltar justo cuando me disponía a tocar el agua con los dedos. Brinco lejos del estanque con cara de pánico. La rubia está de pie en el ultimo escalón de una escalera de hierro frente a mi, la escucho reírse delicadamente.
-¿Saltan?
-No, pero podrías resbalar y caer y no seria lindo- niega con expresión divertida.
-¿Son carnívoros?- mis ojos están muy amplios.
-Nop, pero tu carisima ropa olería a pez durante meses.- sonríe divertida y doy un asentimiento. Pegándome a la pared opuesta del estanque -¿Qué haces aquí? creí que...- su voz muere sabiendo a que se refiere.
-Dejaste tu celular en casa- explico, sacándolo de mi pantalón -y ha estado sonando, así que te lo traje por si era algo urgente, digo.- me encojo de hombros. Me mira aun desde las escaleras, con una expresión extraña que me pone nervioso, luego parece recuperarse y termina de bajar el escalón parándose frente a mi. Lleva un ajustado traje de neopreno y su cabello recogido es una larga y húmeda trenza francesa.
-Gracias...- lo toma -por molestarte.- culmina.
-No hay problema.- ambos nos quedamos en silencio mientras me balanceo en mis talones y miro al rededor rehuyendo de sus ojos que siento sobre mi. ¿¡por qué no deja de mirarme!? No se porqué me intimida que lo haga. Yo no soy así, ¡jamas he sido así! Tal vez, es porque en este momento tiene un brillo cálido e ilusionado, un brillo al que no estoy acostumbrado -Entonces, ¿es aquí donde trabajas?- hablo, haciendo un gesto con la mano, englobando todo el lugar para dejar la estúpida discusión interna conmigo mismo.
-Si- asiente con una sonrisa radiante -Bienvenido al acuario de baja California.- imita mi gesto, englobándolo todo.
-¿Aquí? ¿entre pescados?- rueda los ojos.
-Entre peces, entre peces- corrige, igual que esta mañana.
-Mnn- vuelve a instalarse en silencio. Tampoco soy nada bueno manteniendo conversaciones cotidianas y menos con una mujer, una vez mas, no es para nada lo que acostumbro hacer. Por fortuna ella es de las que no le gustan los silencios.
-¿Quieres que te dé un recorrido?- la esperanza en su voz me hace no tener el corazón para negarme.
-¿Tengo opción?- finjo fastidio, cuidando de que se de cuenta que lo digo en broma y sus labios se ensanchan mucho mas.
-¡Nop!- niega divertida. Tomándome por sorpresa cuando enrosca su brazo en el mio. -Te voy a mostrar lo que estaba haciendo antes de que llegaras.- sin decir mas, me conduce por la estrecha escalera hasta un segundo piso de suelos blancos y mas piscinas. Pasamos junto una donde nadan unos muy grandes y me detengo un momento, observándolos.
-¿No muerden estas cosas, verdad?- inquiero, comparando el tamaño de mi cabeza con uno que se acerca al cristal, mide como un metro. Ella se ríe entre dientes.
-No, si no los enojas, no lo hacen.- luego vuelve a tirar de mi, conduciéndonos a unas piscinas mas pequeñas donde no distingo lo que hay dentro de ellas.
-¿Qué son?- señalo el borrón de diminutos puntos moverse lejos de nosotros.
-Son Totoabas bebes.- anuncia.
-¿Estas cositas?- asiente mirando con orgullo a los que ahora distingo como pecesitos translúcidos -¿Y cómo los capturan?
-No lo hacemos, estas son creadas y criadas en cautiverio.- explica experta.
-¿O sea que eres algo así como su madre?
-Mas o menos. Aunque hay muchas personas detrás del Proyecto de cultivo y conservación de la totoaba.
-¿Y estas cositas se convierten en las que están allá?- señalo incrédulo el estanque de las gigantes.
-Sep, las que viste tienen poco mas de dos año.
-¿O sea que hay mas grandes que esos?- no puedo creerlo.
-Bastante mas- se ríe de mi cara -Al alcanzar la madurez pueden llegar a medir 2 metros y pesar hasta 100 kilos.
-¡Woooo!
-Si, son increíbles.- asiente con mirada risueña.
-¿Y básicamente tu haces?...- estoy comenzando a interesarme.
-En este momento soy encargada del desarrollo de los primeros machos criados en cautiverio.- habla mientras camina al rededor y yo la sigo un par de pasos atrás -Tienen cuatro años y medio de edad y si todo sigue como hasta ahora en unos meses los liberaremos en el Golfo de California para que ellos ayuden con la repoblación de manera natural.
-¿Y por qué en el Golfo de California?- me detengo a observar como comen una especie de polvo que ella esparce sobre el agua al pasar.
-Ah, porque solo existen ahí.- hay puro orgullo en su voz.
-¿Y por que esperaron a que tuvieran casi 5 años?
-Es un largo proceso, Emmett.- llega junto a mi, guindándose de mi brazo una vez mas para que continúe caminando. Es una acción que no se como tomar pero hace relajarme -Son muchas pruebas que se deben hacer. Ver si son capaces de adaptarse al océano luego de vivir en piscinas, si son capaces de buscar su alimento, de aparearse, de sobrevivir. Además de que no alcanzan la madurez reproductiva hasta esta edad.
-Ya veo. ¿Y todo esto lo hacen ustedes solos?
-No, estamos en conjunto con la universidad autónoma de Baja California, la unidad de biotecnología y piscicultura de esa universidad, también la secretaria del medio ambiente y recursos naturales y el gobierno nacional y regional. Tenemos mucha ayuda lo cual se agradece.- tarde me doy cuenta que subimos otra escalera y me conduce fuera de las instalaciones, cerca de donde las olas revientan. Hay una pared gruesa con un cristal que deja ver el agua de una de las piscinas que supongo vimos abajo. Es relajante.
-Esto te apasiona.- digo luego de un rato de quedarnos en silencio. contemplando a los animales moverse con facilidad a través del agua. Sus escamas destellan a los rayos del sol. Ella me mira y se encoge de hombros, como disculpándose.
-¿Se me nota demasiado?- suena culpable.
-Por la forma en que te brillan los ojos, y la pasión con que hablas de todo ello, si.- contesto sincero.
-Si, me apasiona mucho.- asiente y vuelve la mirada al cristal.
-De hecho, creo que hiciste darme cuenta de lo molesto que sueno al hablar de Esmeralda con personas que no tienen ni idea de vinos.- ríe, golpeándome el brazo.
-¡Oye!
-Es broma, es broma.- me excuso divertido -De verdad, es hermoso lo que haces por estos animales y el planeta. Eres toda una mujer de ciencia.- me dejo llevar y le alboroto el cabello de manera juguetona, ella arruga el entrecejo fingiendo disgusto pero se deja hacer.
-Es importante lo que hacemos. Si nosotros mismos no cuidamos nuestro hogar, ¿Donde acabaríamos mañana?- pronuncia de manera filosófica. Y yo la imito, mirando distraído el agua mientras sus palabras hacen eco en mi. ¿Que será de nosotros cuando por culpa de lo egoístas que somos los seres humanos a veces, acabemos con todo lo que la vida y la naturaleza nos regala?
-Pues, estaríamos muy mal.- se ríe una vez mas de mi expresión.
-Muchas gracias por venir.- sus palabras son sinceras -De verdad, fue... lindo tenerte aquí.
-Muchas de nada. Aunque no lo creas, lo pase bien hoy. Muchas gracias a ti.- también soy sincero. Ha sido una experiencia enriquecedora y por primera vez no hemos discutido mientras estamos en la misma habitación.
-Muchas de nada.- repite mis palabras, luego niega con la cabeza y una vez mas el silencio se instala entre los dos. ¿Por que no consigo un estúpidos tema de conversación para entablar con ella? ¿Por que me hace sentir extraño su presencia al no estar discutiendo como perros y gatos?... al no tener una respuesta lógica, y aunque por primera vez no quiera alejarme, emprendo la retirada, ya que tengo una sensación rara en la boca del estomago que comienza a asustarme.
-Creo que debería irme...- escondo las manos en mis bolsillos -Así, puedes trabajar tranquila.- sus ojos viajan a los mios, haciendo una linda cara triste y la sensación en mi estomago aumenta ¿Que demonios me esta pasando?
-La verdad es que hoy no trabajo, solo vine a inspeccionar y me regresaba a... casa.- pronuncia la ultima palabra con inseguridad, mirándome.
-Entonces... ¿quieres que te lleve?- salen las palabras de mi boca sin pensarlo -después de todo, vamos al mismo lugar.- me encojo de hombros en un gesto sin importancia para ocultar el incómodo palpitar en mi pecho. ¿Me voy a enfermar?
-Ok.- asiente extrañada y luego sonríe radiante -Deja me cambio y busco mi mochila.- se gira sobre sus pies en dirección a la escalera.
-¿Podemos llevarnos una totoabita a casa?- pregunto antes de que llegara al escalón en un intento de recuperarme de todo el revuelo en mi estomago.
-¿Para que?- alza una ceja, claramente intrigada.
-Debe ser muy buena en sushi...- su cara de horror difícilmente me causa gracia, así que retiro lo dicho de inmediato.-Es broma, jamas les haría daño. Son unos animales bellísimos.- digo rápidamente y la observo exhalar y mirarme de manera amenazante, para no perder la costumbre, pero tiene un trasfondo de diversión.
-Mas te vale.- amenaza apuntándome con el dedo, Y luego de eso se pierde.
...
-¿Puedo encender la radio?- pregunta luego de un interminable tramo de silencio de 100 kilómetros en dirección a la casa. Mi voz, ingenio y bromas me han abandonado y mis manos sudan en el volante. Es seguro que voy a enfermarme al término del día.
-¿Me estas pidiendo permiso para ejecutar un movimiento?- arqueo una ceja agradecido porque ella rompa el silencio.
-Puedo ser buena cuando quiero.- asiente de manera angelical.
-¿O sea que cuando eres mala lo haces deliberadamente?- no puedo evitar mirarla acusadoramente, ella empuja lento mi cara hacia el parabrisas.
-Ojos en la carretera- reprende -Y no responderé a eso. ¿qué quieres oír?- subo y bajo mis hombros.
-Me gusta cualquier tipo de música, menos el hiphop.
-¿Se te dan las rancheras?- pregunta, cuando sintoniza una conocida de Alejandro Fernández.
-Ja, estas en el auto del mejor cantante de rancheras del bar muchacho, Rosalie.- hago todo el esfuerzo por sonar superior, haciéndola rodar los ojos y reír. De alguna manera adquirimos una conversión agradable y cómoda, como si fuéramos dos buenos amigos
-Pues yo no creo hasta que no veo.- me saca la lengua y comienza a tararear la letra. Sonrió, tomando aire y preparando mis pulmones para cantar el coro.
-Aaaaa aaaa aaaaaaaay aaaaaa aaaaaaaaaayy quiero que se oiga mi llanto, como me dolió perderte, después de quererte tanto... aaaaay después de quererla tanto... diosito dame consuelo... para sacarme de adentro... esto que me está matandoo ayayaaaaaa aaaaay aaaaaaa aaaaaaaay!- cuando me doy cuenta esta cantando conmigo y ha subido el volumen. Al culminar la canción los dos soltamos la misma carcajada relajada.
-Pues, me has callado la boca.- aun hay remanentes de su risa al hablar y algo se remueve dentro de mi.
-No escuché aplausos. Soy el próximo Alejandro Fernández.- bromeo petulante.
-Esta bien, solo porque fue un buen show.- sus ojos alcanzan los cielos pero da unas cuantas palmadas por mi actuación y me jacto triunfante. Me detengo en un semáforo a espera de la luz, con el aire en el auto mas llevadero. Su teléfono se enciende en su regazo dejándome ver una vez mas la foto familiar de fondo de pantalla.
-Es una hermosa foto- comento con una leve sonrisa. Sus ojos azules viajan de mi al móvil.
-Si, lo es.- la mira, sonriendo nostálgica y me doy cuenta de que es un tema delicado. Otra canción ha empezado, habla de no estar en su corazón cuando ella lo necesitó. Pongo en marcha el coche cuando el semáforo cambia.
-Me gusta esta canción, aunque no recuerdo el nombre.- intento cambiar de tema para volver el animo divertido al ambiente pero al parecer no tengo éxito.
-Tampoco recuerdo el nombre.- responde de manera automática, aun con la vista fija en la pantalla que se apaga lentamente. El momento ha muerto. Bajo el volumen de la música.
-No sabia que tenias un hermano. Porque es tu hermano, ¿cierto?- la escucho soltar una risa bufada sin nada de alegría.
-Estamos casados y no sabemos nada el uno del otro. ¿Que irónico no?- me mira, y habría preferido que no lo hubiera hecho. Sus ojos, los cuales recordaba brillantes por nuestra mañana en los estanques ahora estaban nublados por recuerdos tristes, apagados y sin luz. Trago en seco volviendo la atención a la carretera y trato de aligerar el ambiente.
-Pues si, pero admite que así es mas divertido.- digo sonando a sarcasmo. La miro de reojo asentir imperceptiblemente
-Se llamaba Jasper...- su voz vuelve a la vida luego de un tramo de silencio por nuestra parte, ya que Alejandro sigue cantando de fondo.
-¿La ranchera?- pregunto algo perdido.
-Mi hermano.- aclara suavemente.
-¿Por que hablas de él en pasado?- no puedo evitar la curiosidad y luego me pateo mentalmente cuando suspira volviendo la atención hacia las manos en su regazo.
-Él y mis padres murieron en un accidente cuando yo tenia 16 años.- revela y tengo que recordar que estoy manejando cuando mi cuerpo se queda estático por su confesión.
-Yo... lo siento mucho, Rosalie...- las palabras me fallan. Jamas he sido particularmente bueno para enfrentar momentos como estos.
-Si, yo también...- pronuncia en un susurro.
-¿Por eso dejaste el ballet?- pregunto luego de juntar algunas piezas en mi cabeza.
-¿Eh?- sus ojos cristalinos encuentran los mios.
-Me dijiste que practicaste ballet hasta los 16.- mi voz es suave, como si hablara con un animal herido. Por primera vez desde que soy adulto quiero abrazar a una mujer sin motivo ulterior. No me mueve la pasión, solo el simple deseo de consolarla.
-Lo recordaste- murmura sorprendida.
-Tengo buena memoria- me alza una ceja, claramente diciéndome que eso no es para nada cierto -cuando estoy sobrio.- aclaro.
-Si, fue una de las razones.- Asiente, volviendo al tema -Esta era su pasión, ¿sabes?- vuelve la mirada al móvil, tocándolo para encenderlo y acariciar la foto -El mar, cuidar a los animales... amaba quedarse contemplando las olas por horas.- su boca es una linea curva en una esquina, nostálgica y anclada en momentos felices.
-Por él haces lo que haces- mas que una pregunta lo digo como una afirmación mientras estaciono el auto fuera de la casa. El sol comienza a esconderse detrás y hace darme cuenta que el tiempo ha transcurrido a una velocidad luz.
-Si, de alguna manera sentía que tenia que cumplir sus sueños y terminé amándolo tanto como él lo hacía.
-Eso es hermoso.- comento sincero.
-Si...- suspira.
-¿Puedo preguntar que sucedió?- me pellizco yo mismo el muslo cuando las palabras abandonan mi boca -olvídalo no...
-Habían ido a visitar a un amigo de papá en la montaña. Era época de fin de curso y me quedé con mi abuela en la ciudad porque tenia practicas para el recital de verano de la escuela de ballet. Fue un día Domingo, en la tarde cuando se disponían a volver que todo sucedió.- hace una pausa y su expresión me hace ver que aquel momento lo tiene grabado como el primer día -Hubo un incendio que se propagó con rapidez y alcanzó las vías de acceso. Fue uno de los mas grandes registrados en los veranos de Colorado, murieron 8 personas en él. Según las investigaciones, un árbol en llamas cayó sobre el auto...no tuvieron tiempo de salir y... explotó.
-Rosalie... no tienes que...- intento detener el recuerdo tan duro pero está perdida en él.
-No consiguieron su cuerpo, ¿sabes?- veo una gota resbalar todo el camino de su cara hasta el mentón, donde se precipita hasta la unión de sus dedos en su regazo -Mis padres salieron disparados con la explosión y cayeron a unos cuantos metros, pero él no. Todo parece indicar que se calcinó completamente.
-Rose...
-Solo tenia 12 años...- susurra para si misma. Su mirada se pierde en el cristal por un momento en el que parece darse cuenta de algo y me mira. Una exhalación entrecortada, remanente de las lágrimas escapa de sus labios -Hace mucho que no hablaba de esto con alguien.- se seca las lágrimas con los dedos de manera rápida en tanto niega con la cabeza -Lo siento... No acostumbro...- su rostro apenado hace que un inquietante sentido de protección se instale en mi cuerpo.
-Yo lo siento- la corto -lamento haberte hecho recordar algo tan triste.- mis manos viajan solas a su rostro. Limpiando el rastro de las lágrimas gruesas en sus mejillas ruborizadas por el sol.
-Es algo inevitable.- me sorprende cuando no se aleja de mi toque -Son cosas que no puedo cambiar y que son parte de mi vida.- su voz suena resignada, sin duda el tiempo ha amainado el dolor pero no lo ha desaparecido.
-Y yo creí tener problemas en mi adolescencia.- pronuncio distraído. Mis manos bajan con naturalidad por su rostro, hombros y acaban en sus manos, apretándolas firmemente. Ambos las miramos unidas pero ninguno de los dos se aparta.
-¿Cual es tu historia?- pregunta sin alzar la vista de nuestros dedos.
-Nada comparada con la tuya. Discusiones entre mis padres, hijo único, rebelde, divorcio, mi madre destrozada, ausencia de una figura paterna en muchos momentos importantes, lágrimas, rabia. Básicamente ese es el resumen.- me en cojo de hombros, en tanto una secuencia de recuerdos no tan agradables me invade.
-¿Te quedaste con tu madre? ¿Luego del divorcio?
-Si. Creo que fui bastante maduro a mis 12 años. De alguna manera, ella se anclo en mi y gracias a ello pudo salir de la depresión.
-¿Le pegó mucho?
-El amor de mis padres era único en su clase, ¿sabes? Era de esos que te causa vergüenza ver por mucho tiempo. Jamas he visto uno igual. Pero... las circunstancias lo llevaron al fracaso. Aun, luego de tantos años se que ella lo sigue amando.- culmino con una mueca.
-Si dice que se amaban de tal manera es una lastima que haya acabado.
-Pues si, pero son cosas que no puedo cambiar y que son parte de mi vida.- le regreso sus palabras y por fin sus labios se curvan en una leve sonrisa. Mis dedos en algún momento han comenzado a acariciar distraídos los suyos, consolando y calmando los remanentes de los recuerdos. De repente alza la vista y sus cejas suben y bajan.
-Hemos llegado...- dice sorprendida.
-Si...- respondo nervioso cuando soy del todo consciente de su toque. Ella aparta sus manos de repente, dando una leve palmada juguetona y sonriéndome para disimular ¿que? ¿incomodidad?
-Yo...- pronunciamos a la vez y los dos nos callamos. Incapaces de explicar o entender lo que acaba de suceder y el bendito salto en mi estomago regresa.
-Creo que... me iré a la cama temprano...- habla, tomando sus cosas sin mirarme, una acción que me indica que se encuentra tan desconcertada como yo. Pongo mis manos en el volante, enderezándome en mi asiento, tratando de recuperar la compostura.
-Yo... iré a dar una vuelta por ahí.- me encojo de hombros en un gesto desinteresado. No tengo el valor de mirarla, no después de todo lo que he descubierto que causa en mi en una simple tarde. Con un asentimiento salta fuera del coche
-Ok, suerte- dice, cerrando la puerta y encaminándose a la entrada sin mirar atrás ni esperar respuesta de mi parte.
-Descansa- hablo mirando su silueta perderse rápidamente tras la puerta mientras pongo el coche en retro y salgo del lugar, tratando de eliminar lo mucho que, sin saber, ha significado esta tarde. Tenia el corazón latiendo a un ritmo incesante y el irritante y persistente sentimiento abrumador de que los dos habíamos perdido algo el día de hoy.
*Unidad de Biotecnología en Piscicultura (UBP)
Lo prometo y lo cumplo :) Nuevo capitulo de Recién Cazado. Gracias por las que han esperado y han estado siempre pendiente de la historia y espero este cap les guste mucho!
Esperó leer sus RV que como saben son mi pago :) un beso enorme y nos leemos en la próxima!
Alana!
