El aire cálido de un típico atardecer en el mediterráneo no es precisamente lo que recomendaría luego de la tarde que he tenido. Conduzco sin rumbo, asimilando las revelaciones hechas por el demonio rubio hospedado en mi casa. El cual, ahora me era incomodo llamar de aquel modo. Extrañamente me sentía culpable, inhumano e idiota por tratarla tan mal. A fin de cuentas ella no tenia la culpa de mi estupidez y mi falta de conciencia cuando mas la necesitaba. Y podría decir que hasta me merecía todas y cada una de las cosas que me estaban sucediendo. Mi santa madre lo había advertido, esta vida no me conduciría a nada bueno y su consejo me entró por un oído y me salio por el otro y entonces aquí me encontraba. Sin saber ahora que era lo que me causaba la mujer que dormía en mi cama. ¿Era lastima? ¿Empatía? ¿Compasión?. Y mas desconcertante aun... ¿desde cuando me importan los sentimientos de una chica?.

-Valla, valla, valla. Pero si es mi play boy favorito- alzo la vista de mis pies cuando llego a la barra. Con las manos en mis bolsillos, la cabeza gacha y un avispero de confusión dentro de mi. Alessio, el dueño del bar me sonríe con indulgencia y burla. -¿Dónde has estado metido, macho?

-Casado.- me encojo de hombros, como justificación y él se ríe a carcajada limpia. El lugar esta casi vacío, normal al ser las 6 de la tarde.

-Lo sabemos- afirma -tapizamos el lugar con las fotos de tu boda hasta hace unos días.- maldito traidor. Pienso en mi fuero interno, pero solo ruedo los ojos, enseñándole mi dedo medio. No estoy de humor ni ánimos para bromas ni chistes.

-Sirveme un bourboun- pido, sentándome en la barra dando un suspiro inconsciente.

-Enseguida- responde, girándose para comenzar a preparar la bebida. Siento tres golpes en la espalda que me hacen girar la cabeza.

-Compadre, ¿Cómo te trata el matrimonio?- Seth se abraza a mi, en plan saludo de machos alfa. Me lo sacudo con un gesto. Aun estoy resentido con él, creo.

-No estoy para chistes Seth- tomo el vaso que desliza Alessio frente a mi y le doy un trago -Hoy no.- me mira con una mueca, captando que algo serio sucede. Es lo bueno de él, sabe cuando se deben dejar las bromas.

-¿Le pasó algo a Esme?- inquiere, jugando con su cerveza en la barra.

-¿Por que lo dices?- pregunto extrañado

-Solo por tu madre tendrías la cara que traes- objeta, señalando mi rostro. ¿Tan mala cara tengo?

-No, mamá está bien...- niego con el ceño fruncido.

-¿Y entonces?

-Es Rosalie.- dispara sus ojos a los mios, incrédulo.

-¿Es chiste?- me mira como si le hubiera dicho que la tierra es triangular.

-No, no es chiste. Hoy... me contó cosas de su vida que me hicieron sentir miserable por tratarla mal y... extraño por sentirme miserable por tratarla mal.- intento explicar, aunque ni yo mismo esté muy seguro de lo que diga.

-¿Pues que te contó?

-Su familia murió cuando era adolescente. Esta prácticamente sola en este mundo.- no puedo evitar la punzada de tristeza que me atravieza.

-Eso es una revelación.- también puedo ver que es algo que le impacta. Baja la mirada, en un minuto de silencio de manera solidaria.

-Si... Fue... extraño...

-¿Por que?

-No lo se, quizás porque para mi solo era alguien que venia a amargar mi existencia y digamos que no pensaba en ella como alguien que estuviera cargando consigo algo tan doloroso.

-Eso se llama prejuicio.- dice apuntandome con la cerveza antes de beber.

-Eso se llama falta de comunicación.- corrijo.

-También, pero sigo sin entender ¿Por qué la cara de dilema entre, me corto las venas o me tiro de un puente?- me encojo de hombros.

-Me dieron ganas de abrazarla.- confieso, mirando el liquido ámbar girar en el vaso -de consolarla, de protegerla.- sus cejas casi alcanzan el copete de su cabello, sorprendido e incluso a mi me sorprende encontrarme diciéndo aquello en voz alta.

-Ay hermano- dice luego de un rato, en el que su cara cambia de seria a burla -¿No me digas que te estas enamorando?- es mi turno de mirarlo como si le hubiera salido un tercer ojo.

-¿Cuantas cervezas te has tomado?

-Las suficientes como para saber que esa mujer comienza a afectarte.- dice sabiamente. -Y no me refiero a afectarte solo dentro de tu pantalón.- culmina de manera morbosa.

-¿Cómo no va a afectarme? Tampoco soy de piedra Seth, no soy un maldito desalmado.- objeto, molesto.

-Entonces lo que sientes por ella es lastima.- asimila.

-No es lastima. Lastima siento por ti, porque no te has acostado con una mujer ¿en que? ¿Dos años?- me golpea las costillas.

-No te metas conmigo y no me cambies el tema. El punto aquí eres tú y Rosalie.

-El punto aqui es que no es lástima, es... otra cosa.- frunzo el ceño sin saber como expresarme. Ni siquiera se a ciencia cierta que me está haciendo esa mujer.

-¿Compasión?- apunta. Niego con la cabeza. -¿Pena?

-No. Creo que es... ¿ternura? o ¿admiración por todo lo que ha logrado a pesar de lo que le ha sucedido?- me mira con ojos entrecerrados y luego hace un gesto desinteresado.

-Eso en mi pueblo se le llama "Estar sintiendo algo por alguien"- dice, dándole un trago a su cerveza.

-A lo tuyo en mi pueblo se le llama "sequía vaginal."- apunto, fastidiado y comenzando a molestarme el que esté afirmando que empiezo a sentir cosas por Rosalie cuando no es así.

-¡Idiota!- gruñe y sonrio sarcástico.

-El cariño es el mismo.- me lanza una mirada y se gira para pedir otra cerveza.

-¿A donde iremos esta noche? tengo ganas de...

-Acabar con tu sequía vaginal.- culmino y no veo venir el gancho en mi costilla. -Pff..- deje escapar el aire por el golpe. ¡Maldito!

-No te metas conmigo.- me señala. Y no se lo regreso porque sé que lo tengo merecido.

-No tengo ganas de salir.- hablo aun costándome respirar.

-¿Estas bromeando? Emmett es feriado. Noche de baile, alcohol y mujeres -hace movimientos con sus hombros al ritmo de la musica de fondo en claro gesto de "fiesta" al que niego, tomandome mi bebida de un trago.

-¿Y qué? no tengo ánimos para festejar.

-Te estas convirtiéndo en un marido aburrido.- canturrea fingiendo asombro y ahora si le devuelvo el golpe directo en su intercostal derecho. ¡JA!

-Es gracias a ti- contestó sarcásticamente, tirando un billete en la barra para salir del lugar mientras él se retuerce en su taburete.

-¡Dejado!- me grita cuando estoy saliendo.

-¡Virgen!- contesto y lo veo ponerse azul mientras abandono el lugar muerto de risa.

Regreso a casa algo mas relajado pero igual de desconcertado. Las luces de la sala estan encendidas pero todo esta en silencio al entrar, ni siquiera la pequeña rata se encuentra pululando por mi sala. La habitación es todo lo contrario. A obscuras, sólo iluminada tenuemente por el brillo de la noche que se cuela por las cortinas semiabierta. Chucho duerme a los pies de la cama. Ni se inmuta cuando entro, él está muy feliz por el aire acondicionado. Lo noto por su postura boca arriba, muy estirado y relajado.

En la cama, un bulto de cabellos rubios duerme pacíficamente en su lado, no el mío, como lo venia estando haciendo para fastidiarme. La miro un momento desde mi lugar. Sus labios entreabiertos, sus pestañas haciendo sombra en sus mejillas y su respiración es acompasada, tornándose en inhalaciones entrecortadas por momentos. Así como cuando se ha llorado por mucho tiempo y queda ese remanente de las lágrimas. Un sentir de algo que no se descifrar me atraviesa y me freno en seco cuando mis pies buscan moverse hacia ella. No, es demasiado. Me reprendió yo mismo.

¡Deja de verla como alguien indefenso! ¡Es la misma mujer que te amenazó con cortarte tus bolas, por dios!

Me cuesta creer el hecho de como ha cambiado mi manera de verla en solo una tarde y también me cuesta creer que la esté observando como menso en mi dilema interno mientras duerme.

"No comprendo tu rollo" habla una voz del lado izquierdo de mi cabeza "Es la misma Rosalie. La misma que te saca de tus casillas, te desafía y tiene esa maldita boca inteligente."

"También es la misma que ha tenido que lidiar con mucho dolor" se une otra a mi derecha " la misma que ha salido adelante por si sola a pesar de ello y está aquí fuerte y hermosa..."

"Hermosa, ¡ja!. ¡Lo que está es buena! ¡saltale encima!"

"Ni se te ocurra hacerlo, eso arruinaría su tregua. Además, no serias capaz de despertarla. Parece un ángel durmiente."

"Ángel mis huevos. Ángeles los de Victoria Secret... grrr" - sacudo la cabeza, frustrado conmigo mismo por haber dejado que me afectara tanto su revelación. ¿Por que narices tenía que tener un corazón de pollo?. La miro removerse y abrazarse al cobertor pero no se despierta y relajo mis músculos. Ya estuvo bueno de mirarla. Me regaño. Camino hasta el sillón indivual para quitarme los zapatos sin querer despertarla.

Mientras me lavo los dientes intento no seguir pensando. Estoy seguro que a ella no le gustaría nada que la mirase con lastima o compasión o lo que sea que fuera que sintiera por ella. Si yo fuera ella tampoco me gustaría. Con ese pensamiento y dándole una ultima mirada me meto bajo el cobertor, sintiendo su calor corporal atrapado allí. Sin duda esta sería una muy larga noche.

Me despierta el ruido de algo caerse. Creo que una olla o algo por el estilo. Me estiro inconscientemente. Mis sabanas y almohades tienen un perfume dulce exquisito y que me hace recordar que no estoy solo en mi cama y me enderezó rápidamente. Por fortuna Rosalie no se encuentra allí y me ahorro el grito que hubiera soltado de haberla aplastado.

...

-¡No, chucho!. No voltees el plato- oigo la voz a lo lejos. Y la curiosidad me puede. Me levanto de un salto, directo al baño a comenzar con mi rutina de aseo personal con mucha energía. Es la primera vez desde que ella está aquí que puedo decir que he dormido bien. Una vez vestido, afeitado y peinado, salgo a ver que hacen mis invitados en la cocina.

Chucho ladra al verme, corriendo hasta mis pies y tumbandose para que le haga cariños. Me hinco y le rasco la panza. Era oficial, me estaba encariñando con la pequeña rata.

-Buenos días.- la voz de la rubia me hace alzar la vista. Esta asomada del otro lado de la barra con una sonrisa encantada. Una vez mas se instala en mi estomago esa sensación de hormigueo desconosida. Nada queda de los ojos apagados y tristes de la tarde de ayer, aunque se que internamente el dolor permanece pero es buena disimulando.

-Hola Rosalie- Pronuncio su nombre completo, porque me he dado cuenta que me gusta como suena en mi voz. Ella hace una mueca extraña.

-¿Rosalie? Me recuerdas a mis profesores de primaria cuando me descubrían haciendo travesuras- Se estremece ante el recuerdo con una mirada de cariño. Me pongo de pie para verla mejor y porque ya empezaba a sentir calambres en las piernas.

-Es que me gusta como suena tu nombre completo. Es...- busco las palabras adecuadas.

-Un nombre...- me corta, sonriendo, medio en broma, medio perdida, creo.

-Muy lindo.- culmino, inseguro y completamente extrañado por aquel piropo.

-¿Quien eres y que hiciste con Emmett?- acusa con una sonrisa nerviosa bailando en su boca. Me encojo nervioso y y ella se gira hacia la barra a continuar con la tarea que estaba haciendo.

-¿Por que hay comida de perro tirada en el suelo?- pregunto al mirar a chucho comer las croquetas del piso.

-Al parecer no le gusta su plato nuevo y prefiere comer alli- apunta ella haciendo un mojin que me hace reír.

-Ya veo...

-¿Cómo te fue ayer?- su voz es cautelosa, sin reproches ni acusaciones, simplemente por el hecho de mantener una conversación normal.

-Bien, supongo...

-¿Dónde fuiste?- pregunta, mientras continua con el desayuno -no llegaste inconsciente...- apunta.

-Te dije que daría una vuelta y eso hice.- se gira en sus talones. Su cara reflejando sorpresa y diversión con esa ceja rubia alzada.

-Es bueno saber que mi esposo no me miente.- bromea risueña y eso me hace sonreír tímidamente. Haciendo que ese posesivo "mi" haga cosas raras en mi estómago.

-Si...- al final es lo único que consigo que salga de mis labios.

-¿Tienes hambre?

-Si, pero no te preocupes. Yo me preparo algo luego. Gracias por preguntar.- ella me mira extrañada. Quizás por el hecho de que estoy tratando en lo mas mínimo de no pelear. Mi cocina es un desastre de croquetas de perro, agua y toda clase de cremas y salsas para huntar esparcidas en mi mesón, pero por el bien de nuestra tregua, lo ignoro.

-Puedo hacerte un sándwich, de todos modos me estoy haciendo uno también.- dice de manera amigable.

-Eso no es un sándwich, es una declaración de principios.- bromeo al ver las mil capas en el pan.

-¿Que? ¿Te intimida un poco de pan?- arquea una ceja.

-No...

-Entonces, shhh...- me calla, dándose la vuelta para terminar de colocarle otra rebanada de queso.

-Ok, gracias.- asiento.

-Y prometo que no toqué tus cuchillos.- aclara solemne. Enseñandome el de plástico que esta usando.

-Gracias- ya parecía disco rallado repitiendo aquella palabra. Me sonríe y yo le sonrio a su vez, observando como se mueve por mi cocina, con soltura y normalidad. Tiene puesto una licra verde militar y una camiseta blanca ajustada a sus curvas, su cabello sujeto en una alta y lisa cola de caballo y esta descalza. Sus delicados pies con manicura perfecta. No se que tengo con los pies de las mujeres, es un raro fetiche debo admitir. Agradezco que los hoyuelos de venus estén ocultos bajo su camisa y que no esté en sus habituales mini shorts.

-¿y... cual es tu rutina?- habla de repente trayendome de mis cavilaciones luego de sumirnos en un largo silencio para nada incómodo -¿antes de ir a trabajar?- culmina.

-Pues, cuando me da chance voy a correr un rato a la playa. O a veces, cuando hay mal tiempo uso la caminadora y las pesas que están abajo.- me gusta mantenerme en forma.

-¿Tienes un piso abajo?- inquiere, sacando los sándwiches de la plancha.

-Es mas bien como una bodega.- aclaro -Es bastante amplio. Guardo mis vinos allí.

-¿Tus vinos?- dice, mientras desliza el desayuno y se sienta frente a mi. El olor dulce de mis sabanas regresa a mis sentidos cuando sacude su cabello, es su perfume natural...

-Sep, ¿o que? ¿Creíste que solo tengo a Esmeralda?

-¿No es así?

-No Rosalíe, tengo por lo menos 4 vinos diferentes bajo mi observación. Esmeralda es el único en el mercado hasta ahora pero siempre estoy experimentando con nuevos sabores.

-¿De verdad?- esta interesada.

-Sep. Algún día, si te portas bien te dejaré degustarlos.- molesto juguetón.

-Yo siempre me porto bien- hace berrinche como niña pequeña y me río -Y me gustaría mucho. Por lo menos algo bueno debo sacar de ésta locura. Si termino siendo una experta en vinos me doy por bien servida.- asiente, dándole una mordida a su sándwich. -¿Puedo acompañarte a correr hoy?.

-Luego de este elefante que preparaste dudo que pueda levantarme de la mesa.- molesto, tratando de que no vea mi sorpresa ante su pregunta y me lanza su servilleta.

-¡Deja de quejarte y come!- regaña.

-Si mamaaa...- canturreo haciéndola rodar los ojos.

El desayuno transcurre en calma y paz por parte de los dos. Nos molestamos mutuamente con bromas tontas y reímos relajados. Nada de hablar de recuerdos tristes ni nada por el estilo. Rose me pide que le hable de los otros vinos en los que estoy trabajando. Crear un nuevo vino no es cuestión de dejar eñejar jugo de uva. Es un proceso complejo de elección de aromas, texturas y sabores. Un largo tiempo de cultivo, cosecha, extracción, destilado, macerado y añejado para poder ver algún resultado. No es que tuviera una cava de añejado en mi zotano pero si un par de barriles de la mas fina madera de roble con mis experimentos envejeciendo para que, quizás en algunos años vean la luz. Trato de explicarle lo mas sencillo posible y se deja ver fascinada lo que hace relajarme luego de la marea de confusión del día de ayer. Muy dentro de mi pienso que podría llegar a acostumbrarme a esto y comienzo a creer que mi defendida teoría de que hombres y mujeres no pueden ser amigos esta alguito herrada.

Salimos a correr luego de mucha insistencia de su parte. El enorme sándwich de jamón, queso, salami, carne embutida y todo lo que haya conseguido en mi nevera se instala como una piedra en mi estomago y me siento tan pesado como un costal de papas pero aquí estoy, tratando de seguirle el paso a ese cuerpo exquisitamente cuidado que corre delante de mí, al que, para mi sorpresa, no le pude negar nada cuando me lo pidió pronunciando un suave "por favor".

-Emmett, la idea es quemar las calorías no que te quemes tú con el sol.- me dice divertida una vez regresa corriendo hasta donde me he dejado caer en la arena. Brazos y piernas estiradas en crucifixión sin poder dar un paso mas. El sol me da en la cara de yeno hasta que se detiene frente a mi cubriendome con su sombra. -no estas en forma.- se ríe en burla.

-¿Quien podría estarlo con semejante barbaridad de desayuno?

-Mañana te pondré cereal integral.- rueda los ojos, sentándose junto a mi como si no hubiéramos corrido 10 kilómetros mientras yo trato de respirar normalmente -Es hermoso este lugar- habla fascinada con la mirada pérdida en el horizonte.

-Si, a esta hora lo es. No sabes donde acaba el cielo y comienza el mar- contesto, incorporándome en mis codos para mirar también.

-A todas horas lo es. No se como prefieres ver este paraíso a través de una ventana.- le ruedo los ojos antes de mirarla con una mueca.

-¿En serio quieres regresar ahora a esa discusión?- niega con la cabeza sonriendo. -Eso pensé- me tumbo una vez más, cerrando los ojos y disfrutando del suave sol mañanero.

-¿Por que compraste una casa a la orilla de la playa?- pregunta, luego de mucho rato disfrutando del sonido de las olas, tanto, que me aletargó por un momento.

-Soy gran fan de las olas- Contesto con los ojos cerrados -El sonido me tranquiliza. Verlas crecer y luego reventar es... un buen relajante.- la escucho murmurar un asentimento -Además de que mi madre se enamoró al verla. La compré para ella, pero luego se dio cuenta de que era demasíado grande para ella sola y me la dejó.

-Amas mucho a tu mamá.- la miro y me está sonriendo con sus ojos e inmediatamente desvío la mirada. El sol en su cara o el cielo o el mar hacen que se vean mil veces mas azules, más hermosos y brillantes. Y es una mirada que causa cosas raras en mi.

-¿Que hijo no lo hace?- es mi respuesta.

-¿Qué hay de tu padre? ¿Esta vivo?- su pregunta me hace volver a verla. Ya había hablado de mi historia, no tan ampliamente como ella lo había hecho pero era un buen resumen aunque no podía reprocharle el querer saber, después de todo yo conocía mucho de ella ahora.

-Si, esta vivo- asiento a sus ojos espectantes, sentándome con las piernas cruzadas.

-No te agrada hablar de él.- es una afirmación, no una pregunta.

-No es mi tema favorito de conversación.- hago una mueca.

-¿Tienes contacto con él?- suelto un bufido en burla.

-Mas de lo que crees.

-Entonces, sí forma parte de tu vida después de todo.

-Lo intenta, pero no tiene buenos resultados.- hago una mueca una vez más. -Nuestra relación es algo asi como de jefe/empleado.- digo de manera ácida.

-¿Puedo saber que pasó exactamente?- inquiere cautelosa.

-No hay mucho que saber. Un resumen acertado seria que su nuevo proyecto empresarial para esa época estaba en pleno auje y... simplemente lo absorbió. Faltó a fiestas de cumpleaños, navidad, graduaciones, aniversarios... y con cada una de esas ausencias mi madre se iba quebrando.- apreté los puños inconsciente en la arena -No fue hasta que lo enfrenté a mis 12 que ella decidió acabar con todo porque sabia que terminaría odiándolo eventualmente.- me encojo de hombros.

-¿Lo haces.?- pregunta.

-¿Odiarlo? no. Se que pagó una a una las lágrimas de mi madre con la soledad.- contesto, sonando algo resentido -El trabajo puede darte satisfacciones, pero jamas el calor de una familia.- culmino mirando las olas reventar frente nosotros. No puedes odiar a la persona que te trajo al mundo, me había dado cuenta de ello con el paso del tiempo, pero eso no borraba el hecho de que lo culpaba por no haber sabido priorizar a su familia y que por ello me faltó una figura paterna en mi adolescencia. La vida no me había premiado con un excelente padre pero si con una increíble madre y lo agradecía.

-¿No comprendo?.- la voz de Rosalie me saca de mi nostálgico momento y su pregunta me agarra desprevenido.

-¿Que cosa?

-Lo que me dices.- su cara es pura confusión -Hablas de que el trabajo jamas sustituirá el calor familiar y estas haciendo lo mismo con tu vida.- apunta. La miro serio un momento, analizando sus palabras. Por supuesto que no es lo mismo, no soy como él.

-No es así...- corto rotundamente.

-Claro que si- insiste -No haces nada mas que trabajar, emborracharte y acostarte con todo lo que tenga senos prominentes pero al final terminas solo en tu casa.- está seria, sosteniendo su argumento mientras la observo sin expresión y comienzo a sentir como el desagrado hacia ella de días atrás comienza a renacer dentro de mi. Siempre esa boca teniendo que arruinarlo todo.

-Es diferente.- es mi simple respuesta.

-Yo lo veo igual.- dice tercamente, haciéndome mirarla algo exasperado. Ya había escuchado ese maldito discurso por parte de mi madre, jefe, amigos y demás familiares, no me hacia falta alguien mas que se metiera en mi vida.

-Pues no lo es.- corto -Además, no soy el único hombre que lo hace.- culmino para salir del paso y acabar con el tema.

-Pues no, pero eso igual no lo justifica, Emmett.

-No es lo mismo.- gruño a su exasperante insistencia, haciendo ademán de levantarme para irme a casa pero sus manos me detienen.

-Esta bien, esta bien, dejaré el tema por hoy. Hablemos de otra cosa.- apresura dándome una sonrisa de disculpas, a la cual por una estúpida y desconocida razón no puedo resistirme -A ver... cuentame algo gracioso. De tus travesuras de niño o de grande.- intenta regresar a nuestro ambiente relajado y le alzo una ceja.

-¿Mis travesuras de grande?- pruebo las palabras -¿Conoces el kamasutra invertido?

-¡Emmett!- me golpea ofendida.

-Esta bien, esta bien- dejo de reír -¿Qué quieres que te cuente exactamente?

-No lo se. ¿Alguna vez te has arrepentido de algo que hayas hecho, alguna broma?

-No...- respondo mientras pienso en algunas de las tantas bromas que he hecho en la vida. ¿Tirar a Seth del bote en pleno mar abierto sabiendo lo mucho que le aterran los tiburones cuenta? no... Me las cobró años después el muy maldito poniendo pica pica en mis boxers. ¿La broma a Bella, tal vez?

-¿Emmett?

-Estoy pensando, he hecho muchas bromas.

-¿Le has hecho bromas a chicas?

-Sip, desde soltarles el traje de baño en plena playa o ponerle arena en sus bikinis.

-Hablo de una broma seria. Que te haya hecho perder amistades o algo por el estilo- mueve sus manos en el aire enfatizando sus palabras mientras me sumerjo en mis memorias en busca de algo. A Seth siempre le he hecho bromas pero siempre el muy maldito termina cobrandoselas. La broma de acostarme desnudo en la cama de Leah luego de que se emborrachara tampoco ya que ella y yo nunca hemos sido amigos.

Me rio al recordar su cara al pensar que algo habia pasado entre nosotros. El unico amigo que nunca volvio a hablarme fue Edward y todo por culpa de su toxica novia. Ruedo los ojos al recordar lo embobado que estaba con esa chica caza fortunas a la cual nunca soporte porque solo se estaba aprovechando de mi amigo.

Emmett!- me llama rose moviendo su mano frente a mi.

-Estaba pensando, creo que la unica broma que me hizo perder una amistad de años fue a Bella-relato aun perdido en el recuerdo de la maldita broma que me hizo solo por el hecho de que le advertí a mi amigo la clase de fichita que era.

-¿Quien es Bella? ¿Que le hiciste?

-Bella era la novia de un amigo. Tecnicamente le pedi matrimonio una navidad.

-¿Tu? ¿Le pediste matrimonio a la novia de tu amigo? ¿Pero que clase de amigo eres? Era el amor de su vida.- bufo en burla.

-¡Amor de su vida!- me río de manera sobreactuada.

-¿Te habias enamorado de ella?- cuestiona horrorizada. La miro como si le hubiera salido una segunda cabeza. ¡Jamas!

-¿Qué? ¿¡Estas loca!? ¡No!

-¿Y entonces porqué le pediste matrimonio? No entiendo.- demanda con el ceño fruncido.

-Le pedi matrimonio a nombre de mi amigo. Puse un anillo en el árbol de navidad para ella con la firma de Edward. Ella enloqueció, obviamente segura de que habia sido él y saltó gritando de felicidad pero Edward no estaba enterado de nada. No fue hasta que mi amigo negó que el lo hubiera puesto en el àrbol y que yo no pude aguantar la risa que se dió cuenta que era una broma y me lanzó el anillo a la cara diciendome hasta del mal que moriría.- la cara de Rosalie es de sorpresa e incredulidad al inicio, luego pasa a una de reprochee indignación en nano segundos.

-Era obvio que perderias la amistad de Edward. Lo hiciste perder al amor de su vida.- me reprocha mirandome con ojos entrecerrados.

-Lo salvé de cometer el error de su vida mas bien.- objeto, alzando un dedo para enfatizarlo.

-Eres la peor persona del mundo, Emmett. Seguro la pobre lloró muchisimo. Si me lo hubieras hecho a mi jura que no estarías contándolo en este momento- dice exasperada, cruzandose de brazos en claro desacuerdo y dandome la espalda. Ruedo los ojos y la tomo de los brazos haciendola que me de la cara nuevamente. No iba a dejar que se quedara con aquella imagen de mi cuando habia una razón para haber hecho lo que hice.

-Hey, hey, hey no me juzgues si no conoces la historia tras la broma. No soy un maldito que hace las cosas sin una razón, Rosalie. Ella se buscó lo que le hice.

-¿Que? ¿Pues que te hizo?.- pregunta con los ojos muy abiertos.

-Meses atrás de la broma se encargó de divulgar en el pueblo que yo tenia SIDA por el simple hecho de haberle advertido a Edward que era una caza fortunas ¡SIDA YO!.- me agito colerico ante el recuerdo -¿Puedes creerlo? me llevó meses desmentir esa maldita calumnia. ¿Y sabes? Ahora que lo pienso mi broma fue demasiado suave para lo que ella me hizo. Y viéndolo bien no me arrepiento de haberlo hecho. Mi amigo se merecia a una mujer que lo quisiera por lo buena persona que era no por su dinero.- giro mi rosto al suyo cuando termino de hablar. Ella tiene una expresión de confusión con la mirada perdida en algun recuerdo o algo. Murmura un "¿como pudo?" al cual no hago mucho caso. Tal vez se dio cuenta que en este caso no sirve de nada la solaridad femenina ya que yo tenia toda la razón para vengarme. Es mi turno de traerla al mundo sacudiendo mi mano frente su rostro. -Hey ¿es asi como vas de visita a tu raro planeta?- sacude mi mano de un manotón.

-Estaba solo analizando. Y si bien ella... Fue un poco pesada en la broma es todo culpa tuya por no tener una sola pareja.- regaña de manera altanera. La miro con ojos entrecerrados.

-¿Que tiene eso que ver?

-Pues... Si tuvieras una sola pareja nadie hubiera creido en ese rumor absurdo, ¿no crees?. Conocirndote, podrias tener a la mujer mas hermosa de todas a tu lado- ruedo los ojos al darme cuenta hacia donde va su discurso. ¿Que no pueden estar un dia sin criticar mi estilo de vida?

-Si ya tienes a una mujer ¿Que necesidad tienes de buscar mas?

-Rosalie de verdad que tu vienes de un planeta... Enseñame a la mujer mas buena del mundo y yo te enseño a un tipo que ya esta harto de ella.- la desafio. Alzando mis cejas justo como ella hace y espero que tome su actitud defensiva pero en vez de eso y como ya es costumbre hace todo lo contrario de lo que espero. Se rie.

-El verdadero problema contigo es que le tienes panico al compromiso, Emmett- me da una mirada de sabelotodo mientras yo bufo ante aquella afirmación. ¿Panico al compromiso? ¡Ja!.

-Por favor... ¿Panico yo?

-Claro que si...- canturrea infantilmente.

-Claro que no...- bufo molesto.

-Claro que si... Y sabes que? Dejemos de hablar del tema y vamos..- Dice, levantándose de un salto y comenzando a quitarse la ropa ¡¿Qué!?

-¿Vamos? ¿A... A donde vamos?- tartamudeo cuando su camisa vuela por los aires y veo su traje de baño negro asomarse por su pantalón.

-Vamos al agua..- Me sonríe cegadora mente mientras estoy allí mirándola desnudarse frente a mí.

-¿Al agua? Rosalie el agua aqui es helada, es imposible bañarse

-Claro, esta fria. Esta muy rica el agua. -afirma dándome una invitación irresistible cuando suelta su cabello dejándolo volar al viento, todo rubio oro y ondulado. Se inclina para susurrarme al oído un -Eso es lo que necesitas para tu calentura interminable- y con una sonrisa y ese bikini negro que debería ser ilegal se contonea hacia las olas dejándome allí admirándola alejarse con un problema en mis pantalones.

-Chingados y pensar que no me acuerdo de nada.