A pesar del sol incandescente de un día normal en el mediterráneo el agua del pacifico es helada debido a las corrientes provenientes del sur. Aun así, llevado por el cuerpo escultural que se sumerge como sirena con cada ola y el problema que empieza a crecer en mi pantalón aprovecho su próxima sumergida para correr literalmente y no hacerle ver la carpa que se hace en mis boxers por estar observándola. A veces no estaría mal poder controlar con mayor facilidad los instintos carnales pero que puedo hacer, soy un hombre de sangre caliente y una parte debajo de mi ombligo sabe eso a la perfección mientras que los vellos de todo mi cuerpo se yerguen debido al frio, ¡mierda!

-¿A que esta rica?- la oigo unos cuantos metros delante de mí. Su cabello pegado a su cuello, sus labios húmedos y sus hombros con malditas gotas recorriendo su piel. Hago una mueca de dolor al sentir el tirón en mi bóxer.

-Tú y yo tenemos una muy diferente definición de "rico"- digo. Mis labios tiemblan como una hoja al viento y siento como los dedos de mis pies y manos comienzan a endurecerse. Ella se ríe, sin inmutarse al parecer del agua helada que nos abraza.

-Eres un llorón.- acusa, comenzando a nadar a mí alrededor mientras yo trato de pensar en todas las cosas posibles que me pueden mantener calientes ya que siento que no me puedo mover. Nalgas, Bubis, labios, boca, garganta, piernas, cuello, manta, café, sol, una apretada vagin…-Hagamos una carrera a la orilla, no quiero que mueras.- reta, llegando a mi lado. Ya sus labios comienzan a mostrar indicios de congelamiento al pasar de rosa a morados. Mi mandíbula parece las alas de un colibrí en vuelo para ese instante así que no puedo siquiera responder a su reto y no es necesario decir que perdí por mucha, mucha diferencia mientras ella me mira triunfante y hermosa desde la orilla.

Una vez regresamos a la casa ya con el cuerpo caliente por el sol ella se mete directo a la ducha mientras yo me quedo de pie en la puerta sin saber qué diablos hacer. No era para nada un secreto que tenía unas ganas locas de irrumpir en aquel baño y hacerla mía. Todo esto se estaba volviendo insoportable para mí, aún más al verla hoy en ese diminuto bikini. ¿Por qué demonios no podía recordar la noche que pasamos juntos? Si al menos lo recordara se me quitarían un poco las ganas y podría rememorarlo cuando mis instintos salieran a la luz pero ni una imagen venía a mi cabeza, nada, cero, nulla, niente, nothing, rien…

-¡Tienes que explicarme muchas cosas!- la oigo decir y frunzo el ceño poniendo alerta mi sentido del oído, por lo que puedo intuir está hablando por el teléfono y se escucha bastante enojada. –No, se supone que estaba haciendo esto por ti, ¿Y encima me mientes?- está indignada y mis sentidos se activan alertas ¿Con quién está discutiendo y por qué? –No, no me pidas disculpas ahora ni me digas que me quieres.- mis cejas se disparan al oír aquello. ¿Es acaso algún un novio? ¿Ella me está engañando? ¿Y qué demonios hago yo pensando semejante idiotez? –No, no me interesa. Ahora como me salgo yo de esta loc…- la puerta se abre, está en ropa interior y yo me congelo al ser descubierto escuchándola igual que ella que en un nanosegundo estira la mano hacia su bata de seda que descansa en la silla cerca de la puerta –¡Emmett!- dice, más nerviosa que enojada por encontrarme de pie en la puerta. La miro curiosamente ya que me esperaba la segunda guerra mundial de parte de ella -¿Q… que quieres, desde cuando estas allí?- tartamudea, mientras aprieta la seda en su pecho, cubriéndose. El teléfono apretado entre sus dedos. Le entrecierro los ojos al aparato. ¿Con quién estaba hablando? ¿Por qué esta tan nerviosa? Y ¿Por qué me interesa?. Sacudo la cabeza, ella espera mi respuesta.

-A… Acabo de entrar Yo… Solo, venía a preguntarte si querías salir a cenar. Conozco un restaurante muy bueno. Tiene una hermosa vista- sonrió haciéndome el indiferente y el que no ha estado aquí y no ha escuchado absolutamente nada. Ella me regresa una sonrisa nerviosa, aliviada mientras camina al armario. La sigo con la mirada.

-¿Me estas invitando a una cita?- se asoma desde dentro, su sonrisa pícara y burlona que me trae a la tierra. ¡NO! No es una cita ¡Eso jamás!

-No, no es una cita es solo… una cena… de… dos personas en plan amigable.

-Una cena que no una cita.- repite, escondiendo la risa. Le gusta provocarme.

-No, no lo es.- corto

-Ok. Como el Sr. Diga. ¿Pasas por mí a las 7:30?- inquiere. Le alzo una ceja. Es medio día ¿Que se supone que haga hasta las 7:30?

-¿Si son suficientes para ti seis horas para prepararte…

-Sí, son suficientes- asiente, perdiéndose en el armario -No llegues tarde.- dice desde dentro.

-Saldré media hora antes de la sala para llegar a tiempo. Puede que haya tráfico en el pasillo y quiero evitarlo- pico y la escucho reírse.

-¡Gracioso!- grita cuando ya voy por el pasillo de camino al baño de invitados. Con una misión en mente para la noche. Averiguar con quien estaba hablando tan acaloradamente mi rubia endemoniada.

…..

-¿A qué restaurante me llevaras?- pregunta cuando pongo en marcha mi bebe. Son un poco más de las ocho y si, a pesar de haber tenido más de seis horas para prepararse me hizo esperar media hora más por ella, aunque no puedo negar que la espera valió la pena.

Nadie, ni siquiera yo puede negar que es una mujer hermosísima, y más cuando deja de lado los vaqueros gastados, las camisas de algodón decoloradas y se enfunda dentro un vestido entallado, acompañado de tacones ultra altos y aquella melena rubia suelta al viento del mediterráneo. Mi primera impresión fue la palabra "despampanante" las demás impresiones se las imaginaran. Si nuestra situación fuera otra hubiera declinado de la cena para llevarla a la cama en cuanto la vi caminar hacia mí, toda caderas oscilantes, cabello en ondas, ojos maquillados de manera felina y esa boca color rojo. ¡UFFFF!

-¡Emmett!- doy un salto al escuchar su grito que me trae de mis más profundos pensamientos. La miro con una media sonrisa y le hago un guiño.

-Vamos al Punta Morro. ¿Has estado allí antes?

-No, nunca.- niega mientras hago una inversión para tomar la carretera.

-Bien, te encantara.- viajamos en silencio, disfrutando del sonido de las olas chocar en la costa y la baja música que ambienta la atmosfera. Es extrañamente tranquilo y relajante y admiro su perfil mientras ella tiene la mirada perdida en el obscuro paisaje de luces titilantes del puerto y la luz de la luna que se refleja en el agua. No es hasta que mi celular se enciende con algún mensaje o publicidad que me recuerda la misión que tenía en mente.

-¿Todo bien con el trabajo? - en un movimiento casi imperceptible su espalda se endereza, claramente no es un tema de trabajo y mi disposición a indagar que hay detrás de aquella llamada aumenta. -Te veías algo alterada cuando hablabas por teléfono esta mañana.- luego de una inhalación se gira a verme con una sonrisa incomoda que me hace fruncir el ceño.

-No era una llamada de trabajo.- niega nerviosa –E…Era mi ex- inmediatamente vuelvo el rostro a la carretera. ¡Lo sabía! Su corazón le pertenece a alguien más y no sé porque ese pensamiento me hace sentir decaído. –Está en la ciudad- continua al ver que no digo nada. –Quería verme.

-¿Y tú no?- pregunto. Ella hace una mueca.

-Es complicado.

-¿Era él con el que te casarías?

-Si…- suelta una suave risa bufada. Regresando la vista a la ventana mientras yo aparco el auto. Está claro que no quiere hablar del tema y lo dejo ir, por ahora.

-Llegamos- anuncio, con una amplia sonrisa para amainar el clima que comienza a enfriarse. Ella sonríe mientras yo salgo directo a su puerta para abrirla.

…..

-Si me dices que nunca encontraron el cuerpo, ¿no existe la posibilidad de que este vivo? Hablando hipotéticamente.- pregunto mientras le doy un sorbo a nuestra tercera copa de vino de la noche. Hemos cenado como los dioses, portadas de ostiones acompañados de la salsa del chef, seguido de una crema de almejas. De plato fuerte unas codornices del valle para Rose y un filete de res a la parrilla para mí y de postre pastel de chocolate con pana y compota de frutos rojos con el que aún estamos lidiando mientras compartimos una plática amena y cordial con el sonido de las olas chocando bajo nuestros pies y la luna alumbrándonos desde el gran ventanal.

-No- responde, también dando un sorbo a su copa. Sus mejillas iniciando a tener esa tonalidad rosada por el alcohol –También llegue a pensarlo en algún momento pero no encontraron rastro. Tampoco es que fuera un bebe que no se recuerda de las cosas, Emmett. De haber sobrevivido me hubiera buscado, ¿no crees?

-¿Y cómo sabes que no lo hizo?- lo sucedido con su hermano es un tema que me tenía muy intrigado.

-¿Seguimos hablando hipotéticamente?- asiento –Pues porque no ha dado conmigo y han pasado casi diez años.

-¿No regresaste a Colorado después de del accidente?

-No, luego del accidente deje el ballet y al terminar la preparatoria me inscribí en la Universidad de Baja California y me mude aquí. Unos años después mi abuela murió y me quede sola.- trago al escucharlo. No ha de ser nada fácil verse solo de un día para otro a tan temprana edad. Pienso en mi madre y en que a veces no soy lo suficientemente agradecido al tenerla aun conmigo.

-¿No tenías más familia?

-Mi madre era hija única y la familia de mi padre no es de esas a las que las una el cariño. Intente mantener contacto con ellos pero eventualmente las personas nos cansamos de empujar en contra de la corriente.

-Pues si…

-Pasaba mucho tiempo sola ¿sabes?- continua, con la mirada perdida hacia el negro cielo de la costa y una sonrisa nostálgica -Mi mejor amigo era el mar, cuando estaba triste o feliz simplemente me sentaba a observar y dejar que el aire me diera en el rostro y sentir las olas. No tenía amigos y mis compañeros de clase solo querían emborracharse, drogarse y tener sexo. Yo tuve que crecer mucho antes.

-¿Dónde conociste a tu ex?- suelto aquello que me ha estado comiendo las entrañas desde que supe que fue ese tipo quien la había llamado.

-Eso se llama cambio de tema.- se ríe entre dientes de manera dulce, llevándose un trozo de pastel a los labios.

-Estoy interesado.- me encojo de hombros sin revelar mis intenciones ulteriores.

-EL padre de Royce fue mi primer jefe. Trabajaba en una tienda de animales en mis horas libres de la universidad.

-Tus padres te dejaron

-¿Desamparada?- me interrumpe. Asiento -No, pero el fideicomiso no era suficiente para pagarme la carrera, tener casa y comer. Aunque tuve becas que me ayudaron a vivir hasta que me gradué y me abdujeron en la BPA. También vendí las propiedades en colorado y el coche que me regalaron por mis 16. Era un BMW deportivo rojo, amaba ese auto.

-¿Por qué vender y no alquilar?

-¿No quería nada que me anclara a ese lugar que me quito tanto.- se encoje de hombros, jugando con su dedo en el borde de la copa –Pensaras que es algo estúpido pero fue lo que pensé me haría olvidar más fácilmente.

-Y no lo hizo.- apunto. Ella niega y me mira sin dejar descifrar nada en aquellos ojos azules.

-El dolor se lleva a cuestas siempre.

-¿Entonces conociste a Royce mientras trabajabas allí?- miro como su labio se curva hacia arriba por mi pregunta, y sé que ella sabe que estoy siendo demasiado curioso ante el tema Royce pero no protesta.

-Comenzamos a salir al poco tiempo de graduarme, luego de mucha insistencia de su parte. Hasta a veces pienso que lo hice por lastima.- dice encogiéndose de hombros -No quería una relación.

-¿Por qué?

-Porque eso implica entregarse y entregarse implica sentimientos y eso eventualmente se convierte en cariño o amor.- contesta sin más. Asiento, tomando la botella de vino y sirviendo nuevamente nuestras copas.

-¿Y no querías nada de eso por qué?

-Porque en algún momento las relaciones fallan, Emmett. Por incompatibilidad, diferencias, mal sexo, terceras personas y yo no estaba lista para perder a alguien más en mi vida. Incluso en este momento no lo estoy.- le frunzo el ceño tratando de comprender.

-Entonces no te casaste con él por miedo a perderlo por si no funcionaba y para no salir lastimada?

-Básicamente ese es el resumen.- ambos le damos un sorbo a nuestro vino. Hace mucho mi paladar se ha acostumbrado al sabor amargo pero carraspeo al hacer la pregunta del millón.

-¿Lo amabas?- ella se lo piensa por mucho rato antes de contestar.

-Lo quise, pero creo que no era suficiente como para casarme con él.- la miro, analizando el discurso y las palabras dichas y eso no sé porque me hace sentir un poco menos ansioso. Básicamente tenemos la misma idea en común pero con diferentes palabras. El compromiso lo arruina todo.

-Discúlpame Rose, pero eres una hipócrita.- suelto, recostándome en el espaldar de la silla muy convencido de mi acusación y en espera de su explosión. Para mi sorpresa solo levanta una ceja perfecta.

-¿Disculpa?

-Sí, eres una hipócrita.- la señalo -Hace unos días me dijiste que mis argumentos sobre relaciones de pareja eran errados y que debía creer en el amor de pareja y aquí estas tú, dándome el mismo discurso solo que con palabras diferentes.

-No es lo mismo, Emmett.- niega, poniendo los ojos e imitando mi postura.

-Si lo es. Tú perdiste a tus padres y no quieres sentir que pierdes algo más. Yo no confío en el compromiso porque simplemente las personas nos aburrimos el uno del otro o simplemente dejamos de enamorarnos en alguna parte de la relación y se acaba la magia por mas amor que se tenga. Es simple 2+2=4 Rosalie.- se ríe por lo bajo, alzando la copa y mirándome.

-Entonces si vamos al caso tú también lo eres.

-¿Por qué?- hace un movimiento con la copa en la mano como englobándolo todo.

-Hablas de tu padre, que los abandono y descuido y tus estás haciendo exactamente lo mismo.- bufo.

-¡Por supuesto que no!

-Claro que sí, con la única diferencia de que no tienes un hijo o una esposa a quien lastimar no significa que no lo estés haciendo. En algún momento la vida que llevas traerá consecuencias.- la miro con ojos entrecerrados.

-¿Conociste a mi madre y no me lo dijiste? ¡Hablas como ella!- me exaspero.

-No, no la conozco- Dice –Y es mi turno de hacer las preguntas ahora.- Me corta cuando estoy punto deprotestar -¿No te has puesto a pensar que por azares del destino en alguno de tus días de parranda dejes a una mujer embarazada o aun peor contagies una enfermedad?- le alzo un dedo mientras llevo la copa a mis labios.

-Hey, yo siempre uso protección y no es como si me acostara con prostitutas, Rosalie.

-Lo hiciste conmigo sin protección.- no contesto –Además de que estabas demasiado borracho como para recordar que es un condón.- me mira de manera acusadora.

-Para eso hay dos personas en la cama. La mujer también debe cuidarse ¿No? ¿Dónde estabas tú en ese momento?

-¿Siendo estúpida?- acota.

-Entonces no me eches toda la culpa.- suelto.

-Es que no se trata de culpas, Emmett. Se trata de que en algún momento cuando te caigas de esa nube te dolerá y a tu madre también.- me sermonea. Y es mi turno de rodar los ojos ya iniciando a molestarme el cambio de dirección hacia mi modo de vivir. Me siento derecho dispuesto a ordenar otra botella de vino.

-Se acabó el tiempo. ¿Quieres algo más?- me mira con la boca abierta por haberla dejado con el tema en la mesa.

-¡No se vale! Ni respondiste ni a cinco preguntas.- me acusa y yo me encojo de hombros guiñándole un ojo.

-Eso te pasa por lenta. ¡Mesero!

-¡Emmett!- lloriquea y yo llevo un dedo directo a mis labios para ver si así la puedo hacer callar.

-Shhh, Rosalie.

-Por favor, una más. No tiene nada que ver con tu estilo de vida.

-¿Qué?- gruño sin saber porque soy tan condescendiente con ella. Sonríe triunfante.

-¿Bailas?- Alzo una ceja, sin duda esa era la última pregunta que estaba esperando de su parte.

-No me agrada demasiado- Mi madre siempre ha dicho que tengo buen ritmo y que solo es cuestión de práctica y yo siempre le he dicho que prefiero disfrutar de un baile en posición horizontal la verdad, aunque eso siempre me haga ganarme un buen jalón de orejas de su parte.

-¿bailarías conmigo?- me está haciendo ojitos y maldigo a la luna que le da una luz especial a esos ojos azules que me intimidan.

-Eso es más de una pregunta- miro hacia otro lado huyendo de su hipnosis y negándome a aceptar que me afectan.

-Tomare eso como un si- dice y en menos de lo que yo puedo procesar está de pie frente a mí, extendiendo su mano a la mía.

-Pero si yo

-Shhh Emmett- imita mi gesto de minutos atrás y le ruedo los ojos, sin más remedio que ponerme de pie y seguirla. Agradezco que el lugar este algo vacío pero no el que seamos la única pareja en la pista. Hasta ahora me doy cuenta de que es una banda en vivo la que toca en la pequeña tarima que nos deleitan con un jazz lento. El sonido del saxo es increíble. Con un movimiento sutil de ella la tengo entre mis brazos. Se ríe, creo que por mi cara de pánico. –Solo sígueme.- y eso hago. Uno, dos, tres, cuatro. Pasos lentos de un lado al otro al compás del piano y el sexi sonido del saxofón. Dejándome llevar más de lo que debería, la abrazo, pegándola a mi pecho y balanceándonos. Su cuerpo es uno solo con la música, sin dudas lleva el baile en las venas.

-Lo siento- musito al sentir como la piso sin querer.

-Descuida- niega en mi cuello. Su mano descansa entre su pecho y el mío y la otra acaricia la piel de mi cuello. Se siente demasiado bien. –Para no saber bailar no lo haces tan mal.

-Creo que tú lo haces sencillo.- le susurro en su mejilla, extrañamente flotando en el momento, en el aroma de su cabello y en su tacto sutil. Ella estaba empezando a afectarme mas de lo que queria aceptar.


Espero lo disfruten =)