Hola! Mis sexis lectores, ya sé que me comprometí a subir los caps diarios….solo que me fui de viaje el fin de semana y regrese con un dolor de espalda terrible (nunca se tiren de toboganes completamente sentados u.u) y bueno solamente porque los amo y son tan sexis como yo, me lo propuse y con toda mi fuerza estoy aquí arrecostada y quejándome de dolor pero escribiendo para ustedes
Sin más aquí está el nuevo capitulo de "volver a amar"
Capitulo 18
En ese momento, el poco distanciamiento que le quedaba se evaporó. No podía aislarse de aquel hombre, viviendo con él día tras día, siendo testigo de su pesar y compartiendo su dolor. Debía amarlo con todo su corazón y toda su alma, darle sin cesar sin esperanza de recibir nada a cambio. Porque sólo de aquella forma podría ayudarlo. Se sintió inundada de valor. Ella no era una chica tierna sino una mujer, con el poder de amar de una mujer, de dar y de soportar.
Y lo pondría todo al servicio del hombre al que amaba.
Ikuto se recuperó y terminó el voto. Con voz calmada, Amu hizo su promesa poniendo el alma en ella.
Al final, el sacerdote dijo:
―Puede besar a la novia.
Ikuto la atrajo para rozar sus labios con los de él.
Amu intentó no sucumbir a la oleada de amor que la invadió. Su boca era cálida y firme, el beso tan delicado que podría haber durado unos segundos o una eternidad, no podía estar segura. Sólo sabía que lo amaba, y que siempre lo amaría.
Mientras el órgano desgranó las notas de la marcha triunfal, se dieron la vuelta y empezaron a desfilar por el pasillo sonriendo para que todo el mundo los viera.
El fotógrafo estaba esperando captar el momento en que abandonaran la iglesia y después, siguió una serie interminable de fotos. Amu e Ikuto solos, después con Alice resplandeciente en medio de ellos.
―Me gustaría una a solas con mi hija ―dijo Amu
Alice la miró extasiada.
Encontraron el sitio perfecto en el jardín de la iglesia bajo los árboles. El fotógrafo, que tenía talento para la espontaneidad, las sorprendió caminando de la mano y riéndose entre una nube de hojas que había levantado el viento.
Después siguieron unas cuantas más con la familia de Ikuto y en medio de una de ellas, él le susurró: ―He seguido tu consejo.
―¿Acerca de qué? ―le susurró ella.
―De aceptar el consejo de Alice. Espera a ver la sorpresa que te hemos preparado los dos.
La sorpresa resultó ser un coche de caballos abierto.
Amu se rió encantada y Alice saltó de alegría. Ikuto la condujo dentro, pero cuando estaba a punto de cerrar la portezuela, ella le dijo:
―Creo que te olvidas de algo.
El entendió a la primera y tendió la mano a su hija.
―Sube.
―Pero se supone que los novios deben ir solos ―dijo Alice, dividida entre la esperanza y la tradición.
―No pensarás que no íbamos a dejarte disfrutar de tu propia idea, ¿verdad? ―preguntó su padre―. Vamos.
Alice le asió la mano con ansiedad y saltó al carruaje.
Se sentó frente a ellos y no dejó de mirar con adoración a Amu durante todo el camino a casa. A veces saludaba a la gente que pasaba a su lado agitando la mano como si fuera un miembro de la realeza de visita. A su paso se congregaban pequeñas multitudes que les saludaban encantados de la imagen que ofrecían los tres.
―Mi hija acertó al hacerte comprar ese vestido ―dijo Ikuto con una sonrisa provocando un sonrojo en Amu.
―Nuestra hija ―le corrigió ella con firmeza.
―Sí, nuestra hija tiene un gusto exquisito.
―Mami no lo quería comprar porque decía que era demasiado caro ―le confió Alice―, pero yo dije que no importaba lo que costara ―miró a su padre con cierta ansiedad―. Si es demasiado, me lo puedes descontar de las mesadas.
Su padre sonrió.
―Gracias, cariño. Agradezco tu oferta, pero no la aceptaré. No me importa lo que costara. Es precioso. Y también mamá.
―Sí, está muy guapa, ¿verdad? ―dijo Alice, feliz.
Después de que diera los discursos de recepción, llegaron los brindis. A Alice le permitieron dar un sorbo de champán para brindar por su nueva madre con los ojos brillantes de alegría. La imagen de aquella alegría ya hacía que todo mereciera la pena.
Un primo llamado Tadase, de quien Robert le contó en un susurro que era el payaso de la familia, hizo un discurso tan divertido que dejó a todos los invitados riendo a carcajadas. Cuando la banda de cuatro empezó los primeros acordes, Tadase hizo una reverencia hacia Alice y la condujo a la pista.
―Estará bien con él ―dijo Ikuto―. Tadase es un idiota, pero buena persona. Ahora, ¿puedo bailar con mi mujer?
Mientras daban vueltas por la pista de baile, Ikuto murmuró:
―Estás maravillosa. Lo dice todo el mundo.
―Tus perlas han sido el toque final ―susurró ella―. No esperaba una cosa así.
―Por supuesto que te he regalado lo mejor que he encontrado. Quería que supieras que yo...
―Sí, ha sido un gran día, ¿verdad? (jujuajaja que mala soy Xd)―comentó alguien a sus espaldas.
Amu suspiró. ¿Qué habría estado a punto de decir?
―¿Hasta qué hora pensarán quedarse? ―le preguntó él al oído.
―Supongo que hasta no muy tarde, pero no puedes pedirles que se vayan.
―Bueno, pues desearía que se fueran todos.
A Amu se le aceleró el pulso y se le sonrojaron las mejillas ante lo que podría significar. Cuando la música terminó, cada uno siguió bailando con otras parejas. Amu bailó cada baile como en un sueño. En la sala hacía calor y el corazón le cantaba ante la imagen de lo que se abría delante de ella. La tarde transcurrió feliz. Ikuto bailó con Alice, que fue enviada a la cama no sin protestar.
Tadase le pidió baile a Amu. Parecía estar en el final de la veintena, con facciones cambiantes y mucho encanto volátil. Había bebido mucho champán, lo que reconocía él mismo con franqueza.
―Esto es lo mejor de las fiestas ―dijo animado―. La oportunidad de inflarte a cuenta de alguien. Que me ahorquen si alguna vez creí que Ikuto se enamoraría a primera vista.
―¿Es eso lo que te ha dicho él? ―preguntó con desenfado Amu
―¿Ikuto? Vamos. Tú ya lo conoces. Nunca habla de lo que tiene dentro. No creo que me haya dicho más de cincuenta palabras en toda mi vida y normalmente son cosas terribles de tipo: Ni un penique más o ¿cuándo vas a conseguir un trabajo decente?
Amu soltó una carcajada. Por muy irresponsable y poco fiable que pudiera ser Tadase, era imposible que no cayera bien.
―Entonces, ¿cómo sabes que fue amor a primera vista? ―le siguió interrogando.
―Bueno, por las fechas. Parece que te lo debió proponer desde el momento en que te conoció. Aunque no le culpo. Si yo encontrara un bombón como tú, te lo hubiera propuesto el primer día.
Amu se sonrojo y soltó una carcajada que consiguió que varias cabezas se volvieran.
―No creo que debas hablarme así el día de mi boda ―le amonestó en broma.
―¿Que no? Mírate en el espejo y verás lo preciosa que estás. Ikuto es un gato ladron con suerte.
Intentó atraerla más hacia él.
―Suéltame ―le ordenó ella. Él aflojó el abrazo al instante―. Y ten cuidado de que Ikuto no escuche lo que dices o no te hará ningún otro «préstamo».
―No te preocupes. Eso ya lo tengo ganado ―dijo él con un guiño.
Amu no pudo evitar reírse de nuevo. La cabeza le daba vueltas de placer. Pronto terminaría la velada. Pronto estaría a solas con Ikuto. Souko anunció el último vals e Ikuto tomó a Amu en sus brazos de nuevo. Estaba frunciendo el ceño levemente.
―Parece que te llevas bien con Tadase. No creas nada de lo que te diga.
―¿Ni siquiera si me dice que estoy preciosa? ―preguntó ella con una sonrisa. A él se le suavizó la cara.
―Si necesitas cumplidos, estaré encantado de darte todos los que quieras. Hoy me has hecho sentirme orgulloso.
La atrajo más cerca y sus sentidos se despertaron.
―¿Qué ibas a decirme? ―murmuró ella.
―¿De qué? ― El pareció volver de un sueño.
―Ibas a decirme algo acerca de por qué me compraste estas perlas.
―Más tarde. Cuando se hayan ido todos. Te gustan, ¿verdad?
―Son perfectas.
―Le dije al joyero que tenían que serlo. Le hicimos revolver toda la tienda antes de encontrar lo que nos gustaba a Alice y a mí. Creo que se alegró cuando nos fuimos.
¿Era una locura intentar descifrar algo en el deseo de Ikuto de hacerle el regalo perfecto? Amu sabía de su eficacia rutinaria, pero en un recodo de su corazón que todavía insistía en creer en los milagros, añoraba algo más. Rozó las perlas con delicadeza esperando contra toda esperanza que... el la amara…
'=)
;=)
;-)
fin del capitulo 18
holis! De nuevo…..bueno como les dije estoy postrada en mi cama pero no importa sobreviviré por ustedes ;'D, en fin espero que les haya gistado y recuerden
CAPITULO=REVIEW
chan chan chan chaaaaaaaaaaaaaaaaan!
Que le querra decir Ikuto a Amu?
Su sexi autora les dara la satisfacción temprana de que Ikuto y Amu se pongan calenturones?
Alice seguirá tranquila como hasta ahora?
Todo esto y mas en el siguiente capitulo de "volver a amar"
Nos leemos luego!
