Holis! De nuevo ^-^.. y aquí ta!

Capitulo 20

Amu se llevó bien enseguida con Akane y con Gilberto, que juntos se encargaban de cuidar la casa y el jardín para dejarla libertad para concentrarse enAlice. Muchas tardes tomaba la merienda con ellos en la cocina. Era una habitación grande de ambiente tradicional debido a las cazuelas de cobre colgadas de las paredes. Pero a pesar de su ambiente, los electrodomésticos eran de último modelo

Es como estar en una estación espacial ―comentó Amu mirando a su alrededor todos los mandos―. ¿Te lo puso Ikuto para ti?

Amu sabía que Akane vivía para su cocina.

Algunos de los aparatos más recientes los pedí yo ―dijo Akane―, pero siempre hemos tenido las últimas novedades. Nagisa...

Se detuvo abruptamente.

A Nagisa le gustaba así ―terminó Amu por ella―. Está bien. No tienes que tener miedo de nombrarla delante de mí. ¿La conociste bien?

Nos conocimos en las mismas clases de cocina. Después, nos pidió a Gilberto y a mí que viniéramos a trabajar para ella. Se acababa de casar y estaban poniendo esta casa.

En las fotografías se la ve muy guapa ―observó con naturalidad Amu

Ese día estaba a solas con Akane y se sentía más libre para hablar sin Gilberto.

¡Oh, era preciosa! ―recordó Akane―. Tan fina y delicada, como si una simple brisa pudiera llevarla. Cuando se murió, pensé que él se volvería loco. Estoy segura de que se hubiera vuelto loco si no hubiera sido por la pequeña.

Cuando llegaron las fotografías de la boda, Amu y Akane las contemplaron juntas. Akane estaba entusiasmada con la de Alice y Amu juntas.

Parece un pequeño ángel ―suspiró―. Uno nunca imaginaría...

Se cortó con una débil sonrisa.

No, pero lo estoy descubriendo.

A pesar del debilitante efecto de su enfermedad, Alice no era un ángel, sino una niña normal. Tenía una naturaleza dulce, pero podía ser tan terca como una mula. Tenía una gran fuerza de voluntad y la capacidad de conseguir lo que quería. En definitiva, era como Ikuto en miniatura.

Su padre encontraba difícil negarle nada, y Amu sabía que estaba rozando siempre una línea muy delicada. Alice podía enzarzarse en batallas tan agotadoras para conseguir lo que deseaba que podían ser peligrosas para ella. La pequeña no dudaba en usar su fragilidad como arma con el resultado de que ganaba demasiado a menudo y estaba escapándoseles de las manos.

Sin embargo, incluso cuando podía ser más enervante, era adorable. A veces, Amu la sorprendía mirándola secretamente en medio de una discusión como si no fuera más que un juego. Cuando sucedía eso, las dos acababan en un estallido de carcajadas y Amu con la convicción de que la estaba sometiendo a prueba.

La niña acudía a la escuela sólo por las mañanas. A la hora de comer, Amu la recogía y Alice pasaba la tarde descansando en la cama y leyendo hasta la hora de dormir. A la hora en que Ikuto volvía a casa, estaba descansada y ansiosa por hablar con él durante la cena.

A veces la llevaban al ballet. A Ikuto le aburría, pero aguantaba las veladas ignorando el escenario, con los ojos fijos en Alice saboreando su felicidad.

A veces, Amu le sorprendía riendo con Alice como si no tuviera ni un solo problema en el mundo.

Después, en la intimidad de su habitación, sus hombros se encogían y se le ponía la cara gris de la tensión. Ella ansiaba consolarlo, pero sabía en lo más hondo que era inútil. No había consuelo posible para la muerte de una hija amada.

El cinco de noviembre, Amu organizó una fiesta de fuegos artificiales para los amigos del colegio de Alice. La tarde fue un éxito enorme. Alice estaba muy animada, con una linda yukatarosa dibujando estelas en la oscuridad con las bengalas.

Papá, mírame ―gritó agitando una tan cerca de su cara que él apenas consiguió apartarse a tiempo.

No me saques un ojo ―se rió él―. Déjame encender una.

Ikuto encendió una cerilla y, de repente, el aire se encendió con el brillo de las chispas multicolores iluminando ambas caras como por arte de magia.

Estaban sonriéndose el uno al otro en un momento perfecto que excluía al resto del mundo. Amu levantó la cámara de vídeo y más tarde por la noche, cuando todos estaban en la cama, bajó a ver la cinta.

Allí estaba Ikuto, con la cara radiante de amor y ternura por su hija. Era una mirada que Amu había visto a menudo, pero que nunca le había dirigido a ella.

Con la llegada del fin de año, el volumen de trabajo de la oficina de Ikuto aumentó y él empezó a llevarlo a casa. Una tarde, Amu entró en su estudio con café y sandwiches mientras él hablaba por teléfono.

Después de dejarlo, hubiera salido, pero, sin mirarla, él agitó una mano de forma imperiosa para que esperara.

Como si fuera todavía su secretaria, pensó entre la indignación y la diversión.

Se había acostumbrado tanto al padre tierno, que, inconscientemente, casi se había olvidado del autócrata que ladraba órdenes a sus subordinados.

Se sentó mientras él terminaba de hablar y, mientras esperaba, se fijó en un papel en el borde de la mesa con el nombre de George Cosway. Lo recordó del primer día en que Ikuto la había hecho pasar a su oficina para cambiar el contrato de Cosway. Se dejó llevar por la curiosidad y miró el documento.

No me importa si tienes que sacarlo de la cama ―estaba diciendo Ikuto por teléfono―. No pienso esperar más. Consigue una respuesta para mañana ―se quedó en silencio un instante―. No discutas, Sam. Hazlo. Simplemente hazlo.

Amu soltó una carcajada.

En la oficina solíamos llamarte, el Gran Arreglador ―le recordó―. La leyenda era que podías arreglarlo todo.

Eso me gustaría a mí ―se reclinó contra el respaldo con los brazos detrás de la cabeza sonriendo. Estaba en plena forma por haber obligado a que los asuntos salieran como él deseaba, la droga más potente del mundo para él―. Es increíble lo a menudo que la vida consiste en forzar algunas cuerdas por detrás del escenario.

O mover a la gente como si fueran marionetas ―bromeó ella.

Su estado de ánimo era contagioso.

Eso también ―concedió él―. Tengo la teoría de que la vida está dividida entre las marionetas y los que las mueven.

Contigo como manipulador y todos los demás como marionetas ―dijo Amu ―. Conseguiste que yo hiciera lo que tú querías.

Por supuesto. Así es como me gusta. En un mundo bien ordenado, todo el mundo debería hacer lo que yo quiero.

Entonces, de repente, el buen humor se evaporó.

Pero hay algunas cosas que no pueden arreglarse ―murmuró sombrío―. Ni siquiera por el manipulador más duro de la ciudad.

;-)

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Fin del capitulo 20

Que tal? Les gusto?

Espero que si!

Ahorita si les prometo que subiré mas pronto los caps…lo juro! Sere buena ^-^

No olviden dejar sus comentarios, son muuuy importantes para mi y ver si les interesa mi historia

Review=capitulo

Y sin mas me despido!

Espero que comenten y aguarden el próximo capitulo de "volver a amar"

Nos leemos luego!