Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.

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Variables:

Mamá, termo, pintura de cabello, pastillas, enjuague bucal, pintura, pasta de dientes, regla, lentes, puerta.

Invierno.

Cafetería, cocina, zoológico, acera, florería.

Café, azul, amarillo, negro.


2. Primera Lección

Durante dos semanas observaba de lejos a Sakuraba, siempre la veía con una sonrisa, yendo de un lado para otro, tarareando melodías y ayudando a todos, como ahora que estaba adornando los pasillos con motivos navideños, inclusive escuchó que ella ayudaba a organizar "El santa secreto". Para él eso era una tontería, algo sin sentido, una pérdida de tiempo y dinero. Pero allí estaba ella, anotando cada nombre de cada compañero y guardándolo en una media tejida. Continuó caminando y fue a su oficina, tenía que escapar de todo ese ambiente de felicidad.

Mientras tarareaba una canción navideña escribía los nombres de sus compañeros en pequeños papeles, luego los doblaba y los metía en una media que ella misma tejió. ¡Le fascinaba aquella época por los adornos y por el ambiente que se creaba!.

― Miho ya terminé ¿A qué hora haremos el sorteo?― preguntó a su compañera que organizaba el sorteo.

― Antes de salir, toman un papel y se pueden ir.

― ¡Rin!― se escuchó el gritó de una compañera que tenía un gorro de duende.

― Sora, ¿Pasa algo malo?― preguntó preocupada al verla tan alterada.

― ¿Verdad que no anotaste al jefe?

― ¿Por qué lo preguntas?

― Lo anotaste.― dijo espantada, si Rin lo había hecho ya nadie iba a querer hacer el intercambio.

― No hice tal cosa.― confesó, pero ganas le sobraban para hacerlo.

Había anotado a todos, incluso a los guardias, a los de limpieza, a los mensajeros y a la secretaría del jefe, pero el jefe era un asunto especial. En el fondo sentía pena por él, era un completo antisocial. ¿En su casa prepararían cena?.

― Muchas gracias, mi corazón iba a sufrir de un infarto.

Las nueve y media, a esa hora sus empleados ya no estarían y no se encontraría con su alboroto. Cerró su oficina y bajo al primer piso, en el camino no se encontró a nadie y eso le alegró.

El ascensor se abrió al llegar a la planta baja y fue a la cabina de los guardias para registrar su salida, no es que él tuviera deseos de hacerlo, pero fue algo que su padre implementó por seguridad y era una normal.

Pero a su regreso y pasar por el recibidor notó que Sakuraba estaba sentada en un sillón.

― ¿Sigues aquí? Tu salida fue hace dos horas.

― Jefe.― joder, eso sí era mala suerte.― No había terminado lo que me pidió, la muestra de cómo debía quedar la fachada de la nueva sección del zoológico, ya sabe la del...

― Se dé que hablas, yo te di la orden y solo te pedí eso.

― Tiene razón.― dijo avergonzada.― Y cuando me iba el clima empeoró.― finalizó al mirar a la calle, donde el viento no dejaba de soplar.

― Eso te pasa por tontear y perder el tiempo con celebraciones idiotas. Deberías ser más responsable, terminar primero lo que te pido y luego puedes hacer con tu tiempo libre lo que quieras.― le reprendió.

― Lo siento mucho, intentaré que no pase de nuevo.― él tenía razón, primero estaba su trabajo.

― ¿Por qué no pediste un taxi?

― Tienen lista de espera.

― Sígueme.― dijo fastidiado.

― ¿Qué?

― Sí prefieres quedarte aquí más tiempo no hay problema.― dijo al irse de nuevo al ascensor.

Rin apenas si reacciono y logró entrar al ascensor antes de que las puertas se cerraran. Bajaron al estacionamiento y fue cuando la castaña se percató de algo.

― Esto se está haciendo costumbre, usted solo me dice últimamente "sígueme" y no me dice adonde .

― ¿Y te molesta?― preguntó Sesshoumaru al caminar a su coche.

― Por alguna extraña razón, no... Me atrevo a decir que ya me acostumbre.

― Costumbre se te hace a ti quedar atrapada en el frío. Está abierto.― dijo en una clara indirecta para que subiera al coche.

En el caminó Rin no dijo nada aun que tenía muchas ganas de hablar, pero se esforzó para no decir una sola palabra, no quería fastidiarlo. Él ya bastante hacía con llevarla a casa.

― Etto, era la anterior calle.― dijo al ver que habían pasado de largo su calle.

― Vamos a cenar, me hiciste enojar y me dio hambre, por eso ahora me acompañarás y tendrás que soportarme.

― Como diga.― era un trato justo, pero muy cruel de su parte, ella moría de hambre y ahora le miraría comer.

― Espero te guste la pizza.

― ¿Pizza?― preguntó confundida.

¿Qué le guste la pizza?

― ¿Prefieres otra cosa?

¿Él tenía planeado comer con ella? ¿Le haría pagar la mitad o todo?¿Se lo descontaría de su sueldo?

― Si me gusta, es solo que... Olvídelo, nada importante.

Llegaron a un pequeña pizzería italiana que quedaba a un par de cuadras lejos de la casa de Rin. Entraron y se fueron a sentar en una mesa con asientos tipo sillón, sentándose frente a frente. No tardaron en que fueran a pedirles su orden y Sesshoumaru ordenó sin consultar a la chica. Rin observaba el establecimiento, no había mucha gente, solo ellos dos, una familia de tres y dos chicas de secundaría, observó a su jefe y él tenía la mirada perdida en la ventana ¿En qué estaría pensado?. Suspiró cansada, no le gustaba ese silencio tan incomodo, solo esperaba que no se tardaran con la pizza.

Los ruegos de Rin fueron escuchados cuando en menos de cinco minutos les llevaron la comida, pero ahora no sabía qué hacer, no sabía si podía tomar una rebana o solo miraría. Sesshoumaru se sirvió una rebana y comenzó a comer, estaba por terminar su primer rebanada cuando notó que Sakuraba no comía.

― ¿Por qué no comes? ¿No te gusta de este estilo?.― seguramente ella era de las que prefería las hawaianas, de salami, carnes frías u otras donde le agregan demasiadas cosas para su gusto, él solo comía las tradicionales italianas.

― No es eso jefe, es solo que... Estaba esperando que usted se sirviera primero.― mintió.

― Ya me serví, come, no me terminaré toda.― dijo al tomar otra rebanada.

Sesshoumaru se dio por satisfecho al comer la cuarta rebanada y se sorprendió al percatarse que Rin iba por la tercera.

― En verdad que no te importa comer más de dos rebanadas.

― ¡Es que está deliciosa!

― Cualquier otra hubiera dicho que ya estaba llena.

― No me compare con otras.― contestó ofendida.― Solo disfruto de una buena pizza, eso no tiene nada de malo... Jefe, ¿Kagome cómo ha estado? Le llamo y platícanos pero no he tenido tiempo de verla.― dijo para seguir la conversación, aprovechando que su jefe había comenzado.

― El inútil la cuida bien, a ella y sus hijos.

― ¿Ya los conoció? ¿Cómo son?― preguntó emocionada, ella no había tenido oportunidad de verlos.

― Iguales a su padre.― dijo con algo de fastidio.

― Lo dice como si fuera algo malo, no debe pensar así jefe.

― Fuera de la oficina no me llames "jefe", me incomoda.― dijo al ser ya la tercera o cuarta vez que ella le llamaba de esa manera.

― ¿Entonces cómo le digo?― preguntó confundida.

― No lo sé.

― ¿Señor Taisho? No, ese es su padre. ¿Joven Taisho? Está bien, ese no.― dijo al ver la mala cara que le puso.― ¿Taisho-sama? ¿Taisho-sempai?.

― Creo que cualquiera de los dos últimos, eres desesperante.― ¿Y si era desesperante por qué la llevo con él? Era tan fácil dejarla en su calle, no perdería mucho tiempo en dejarla, pero no. ¡Debió llevarla con él pensando que era un castigo para ella! ¡Pero la mocosa lo disfrutaba! ¿Por qué la chiquilla no se intimidaba con él?.

― Lo sé, ya me lo ha dicho.

― ¿Terminaste? Queda una.

― ¿Me la puedo llevar?

― Haz lo que quieras, voy a pagar.― dijo al levantarse e ir a la caja.

Rin iba justo detrás de Sesshoumaru, en está ocasión en cuanto los seguros fueron quitados Rin subió al coche.

― Taisho-sempai, ¿Me descontará esta comida de mi paga?― preguntó dudosa y el chico no dijo nada por un momento.

― Lo tendrás que averiguar en tu próximo pago.― dijo finalmente Sesshoumaru, la haría sufrir.― Llegamos.

― Hasta mañana, que descanse.

Rin bajó del coche y al llegar a la puerta de su casa, Sesshoumaru ya no estaba. Ni se había esperado a ver que entrara, pensó algo molesta Rin.


El día del intercambio había llegado, estaba emocionada por convivir con sus amigas y compañeros. Habían encargado un pastel de chocolate, gelatina de yogurt y ponche de frutas, ya quería comer un poco de todo.

Dejó a un lado uno de los obsequios de sus compañeras, por hacer compras de última hora no los envolvieron y ahora ella debía ayudarlas, todo fuera porque ese día fuera perfecto.

― Espero esta vez ya terminarás lo que te pedí.― dijo Sesshoumaru al entrar a la oficina y verla envolver regalos.

― Estaba por hacerlo, es solo que las chicas no tuvieron oportunidad de envolver sus presentes y yo soy rápida haciéndolo.― se excusó avergonzada, siempre la cachaba haciendo otras cosas.

― Deja de hacerlo.

― Ya casi termino, por lo que me pidió no se preocupe, solo me falta...

― Deja de hacer eso, en este momento vienes conmigo.― ordenó con voz dura, le daría una lección esa niña que jamás olvidaría.― ¿Qué esperas?― preguntó al ver que no le seguía.

Caminaron directo a la oficina de Sesshoumaru y no faltaban los empleados chismosos que les veían con miedo, el jefe parecía claramente furioso.

― ¿Ves todos esos papeles?― preguntó al señalar una gran pila que estaba en la esquina de su oficina y Rin asintió.― Los metes en la trituradora y luego llevas las bolsas a reciclaje.

― Pero ¿Qué pasa con lo que me pidió?.

― Lo terminaras cuando acabes con todo eso, tenías mucho tiempo libre ¿No? Es mejor que te apures si quieres ayudar a sus compañeras.

Rin se apuró lo mejor que pudo, incluso llegó a cortarse con las hojas de papel, pero debía darse prisa, ella podía terminar a tiempo.

― Ya terminé.― dijo al volver de reciclaje.

― Te falta esa caja, la acabo de sacar.― dijo al señalar otro tanto de hojad.

― Pero...― quería llorar, no terminaría a tiempo, tenía el tiempo encima.

― Algunas tienen grapas, revísalas bien, no quiero que la maquina se descomponga.

¡Su jefe era un demonio! ¡Un demonio cruel, despiadado y sin corazón!

― Terminé con esta caja.

― Ve a dejar la bolsa y sigue con tu trabajo.

Vio los regalos con pena, solo les puso un moño y los dejo de un lado, esperaba que sus compañeras comprendieran, aún le faltaba mucho por hacer, no había terminado el trabajo que le pidió su jefe.

― Rin, el intercambio ya va a...― comenzó a decir Miho, pero al ver los regalos se decepcionó.― No terminaste de envolverlos.

― El jefe me mantuvo ocupada todo el día, solo les puse el moño, perdón.

― El día de hoy estuvo enojado y se desquito contigo, me contaron que te gritó.

― No es para tanto.― ¿Por qué después de como la trato le defendía?.

― Ya que, pero date prisa, vamos a...

― No puedo, tengo que imprimir esto y dejarlo listo para mañana. Lleven mi obsequio y entréguenlo por mí, es para Jakotsu.

― Te guardaremos tu pastel, Rika, Rei, ayúdenme a llevar los obsequios.

Y así es como las tres se fueron dejando a Rin sola en la oficina, cuando finalmente la castaña había terminado, fue a registrar su salida y ya no había nadie, solo uno de los guardias nocturnos.

― Señorita, tarde de nuevo.― dijo uno de ellos.

― Hola Goro-sama, ¿Ahora esta solo?.

― No, Nagano está comiendo, al pobre no le dio tiempo de comer en su casa.

― Lo saluda de mi parte.

― Claro señorita, aquí tiene su obsequio y su pastel.

― Muchas gracias.

― Jefe, le llegó un paquete, deje voy por el.

Sesshoumaru acababa de llegar y no le sorprendió ver a Sakuraba, eso le pasaba por tonta.

― ¿Por qué esa cara?― preguntó Sesshoumaru al verla tan decaída, pero ya sabía la respuesta, solo quería castigarla más.

― No pude estar en el intercambio.― ¡Todo por su culpa!.

― Lo hice para que aprendieras una lección, tú siempre ayudas a todos sin esperar nada a cambio, pero nadie se molesta en ayudarte, ya ninguna de tus "amigas" estaba haciendo algo de provecho y no fueron para ofrecerte ayuda.

― Aquí tiene jefe.― dijo Goro al pasarle una caja rectangular no más grande que una libreta.

― Goro, pídele un taxi a Sakuraba.― decía mientras veía quien le había mandado aquel paquete.

― En seguida.

Sesshoumaru abrió la caja, encontrando que eran chocolates y había una nota, la leyó para después guardarla en su gabardina. Esa mujer no entendía que no le gustaban los dulces, en vano tantos años de conocerle.

― ¿Te gustan los chocolates?― preguntó a Sakuraba, no iba a tirar la caja solo por el apreció que le tenía a esa persona.

Rin solo atinó a asentir, no entendía a qué iba aquella pregunta.

― Quédatelos, yo los detesto.― dijo al darle la caja.

Rin le observó partir al estacionamiento, vio la caja que le había dado y ¡Eran chocolates finos! ¿Quién se los habría mandado?

― Cada fecha importante los recibe, no viene con remitente, solo un sello en la caja, por eso la reconocemos.― explicó Goro al ver que Rin miraba extrañada la caja.― Las últimas veces se los ha dado a Kagome.

― El jefe es tan misterioso.

― Demasiado para su bien, su taxi llegó, vamos, la acompaño.

Aquella noche Rin no pudo dormir bien, las palabras de su jefe le daban vueltas en su cabeza, le habían dolido y quería creer que no era verdad, pero por alguna razón sabía que decía la cruda y triste realidad. Finalmente se quedo dormida con la caja de chocolates a medio comer junto a ella.


¡Chan-chan-chaaan! Hasta aquí otro capítulo, perdón si son muy cortos pero los hago hací para no hacerles esperar mucho.

07/10/2015

Palabras aprox: Word: 2,350.

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