Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa que tal mis sexis lectores!...los extrañe muchiiiiisimo :3…y bueno se que me desaparecí y no les di lo que quieren pero…lo importantes es que aquí esta! :D y el cap es mas laaargo que lo normal…así que aquí les dejo con un nuevo capitulo de

"volver a amar"

(se va corriendo antes de que le tiren piedra)

Capitulo 27.


Después de los acontecimientos de aquella noche, Amu temía encontrar alguna tensión entre ellos y le pareció ver menos a Ikuto durante un par de días. Pero entonces, Alice pilló un severo catarro y la alarma consiguiente les hizo olvidarse de sí mismos. El doctor les tranquilizó diciendo que se encontraba bien, pero la mantuvieron en la cama unos días, febril y abatida. Ikuto se trajo el trabajo a casa y visitaba a Alice con regularidad para volver a su estudio y a la seguridad de la pantalla de su ordenador.

―¿No podrías quedarte un poco más para hablar con ella? ―protestó Amu una noche mientras se preparaban para acostarse. Ya se comportaban con naturalidad el uno con el otro.

Ikuto suspiró.

―Sigo pretendiendo hacerlo, pero no sé qué decir. He estado jugando a las muñecas toda la tarde con ella.

―Sí, pero después ella quería hablar del ballet que había visto en la televisión y tú me la pasaste a mí y escapaste.

―Tú puedes hablar de ballet mucho mejor que yo ―dijo él a la defensiva―. Mira, cuando esté mejor, las llevaré a las dos donde quieran. ¿Bastará eso?

―Sólo si te tomas interés en comentarlo con ella después.

Ikuto enterró la cabeza entre las manos pasando sus largos dedos por su azul cabellera.

―Ya hemos hablado de esto antes ―gimió―. Estoy haciendo lo que puedo. Pero en lo que se refiere a las palabras, yo...

―Ya sé que las palabras son duras para ti ―dijo ella con más delicadeza―. Pero a menudo son palabras lo que ella quiere. Comprarle cosas es fácil. Incluso cuando quería una madre, el Gran Arreglador simplemente salió y lo consiguió. Pero podría no haber echado tanto de menos una madre si hubiera tenido un padre que hubiera estado a su lado.

―Yo le dedico mi tiempo ―dijo él, furioso―. No puedes decir que no.

―Pero, ¿cuánto tiempo pasas a solas con ella, hablando de lo que ella quiere hablar? El día que yo conocí a Alice la llevaste a la feria con Gilberto.

―Necesitaba que Gilberto nos acercara a la feria para ahorrarle el paseo a Alice―se defendió él con rapidez.

―Pero me uniste al grupo demasiado rápido, ¿verdad? Entonces me extrañó, pero ahora lo entiendo.

Él suspiró.

―Bueno, ¿y de qué quieres que hable con ella? ¿Debería contarle todo lo que pienso y siento? ¿No comprendes que a veces tengo miedo de hablar con mi hija por miedo a lo que pueda escapárseme?

Ella le rozó el brazo ligeramente.

―Lo siento. Ya sé que haces lo que puedes.

―Pero no es suficiente. ¿No crees que no lo sé? No me culpes mucho, Amu. Hay cosas que no puedes entender.

Ella se quedó en silencio antes de decir despacio:

―Quizá lo entienda mejor de lo que crees.

―Ya sé que quieres a Alice, pero sólo la conoces desde hace unos meses. ¿Puedes imaginarte perder a un niño que ha sido parte de tu vida durante años? Por supuesto que no puedes.

Ella lo miró fijamente.

―No tengo que imaginármelo. Lo sé.

Algo en su actitud le llamó la atención y la miró a la cara.

―¿Qué estás diciendo? Pensé que no habías tenido ningún hijo.

―Tenía una hermana pequeña. La crié cuando mis padres murieron. Estaba cargada de vida hasta que...
Amu se detuvo invadida por los recuerdos.

"Mierda Amu…no necesitas hacerte la victima contando esto"- pensaba esta tratanto de mantenerse inmune es eso Ikuto la sujetó con delicadeza, mirándola a los ojos.

―Cuéntame lo que pasó.

―Enfermó. Yo creí que era sólo un resfriado, pero empeoró con rapidez y, cuando llamé al doctor, dijo que era meningitis. Lucharon mucho por salvar su vida en el hospital, pero era demasiado tarde. Tenía ocho años.

―¿Cuándo sucedió todo eso?

―En enero de este año.

―¡Sólo hace unos meses! ―exclamo él, sorprendido―. ¡Dios mío! ¿Por qué no me lo contaste antes?

―Al principio quise hacerlo, cuando me pediste que me quedara aquí por Alice. Iba a negarme, pero Alice me necesitaba tanto... Hice lo que pude por no pensar en Ami, pero... ―sintió un temblor por todo el cuerpo―. La quería tanto... y le fallé.

No digas eso ―la interrumpió Ikuto con rapidez―. No fue culpa tuya.

―He intentado convencerme a mí misma de eso tantas veces... pero ella está muerta y yo la podría haber salvado si hubiera actuado con más rapidez.

―Eso no lo sabías. Podría haber sido demasiado tarde de todas formas y la meningitis es muy difícil de diagnosticar al principio...

―¡Pero ella está muerta! ―dijo Amu con desesperación―. Está muerta y eso no va a cambiar ―las lágrimas le rodaron por las mejillas―. Es tan definitivo e irrevocable, nadie puede saber...

―Eso es verdad ―dijo él en voz muy baja, tomándola en sus brazos―. Nadie puede saber lo que nosotros sabemos. No llores, mi Amu

―No puedo evitarlo ―sollozó ella, sacudida por un violento temblor.

Lloraba por Ami, por Alice, por el dolor del hombre al que amaba y por la vaciedad de su propia vida cuando lo hubiera perdido.

Él la atrajo hacia sí calmándola con palabras suaves, acariciándole el pelo, la cara, intentando llegar hasta su dolor y consolarla. Amu sintió que su ternura la envolvía y se relajó en sus brazos diciendo que, por fin, había encontrado la seguridad. Por primera vez, tenía a alguien en quien apoyarse, alguien que se mantenía fuerte para ella. Sólo dándose cuenta a medias de lo que estaba haciendo, le rodeó con sus brazos rogando en silencio sin saber por qué. Lo quería de todas las formas, como marido, amigo y amante. Podría no ser más que una ilusión, pero, en ese momento, se aferraba a la ilusión, aunque no fuera más que por seguir cerca de él.

Sintió sus besos caer sobre sus labios, sus ojos, su cara.

―No llores, querida ―murmuró él―. Estoy aquí... contigo.

―Sí ―murmuró ella con voz entrecortada―. Me alegro tanto de que estés aquí. Quédate conmigo, abrázame. He estado sola tanto tiempo. No quiero estar sola nunca más.

Él la silenció acariciándole con suavidad la boca con la suya propia. Sus brazos alrededor de ella tenían a la fuerza del acero, pero en sus labios sólo había ternura. Algo cedió dentro de ella. Había luchado contra su propio deseo, pero no tenía resistencia contra la oleada de ternura y de su amor compasivo.

Su cuerpo se apretó contra él tanto que pudo sentir cómo le latía el corazón. El suyo también latía desbocado.

Las manos de él se movieron con cautela sobre ella, tocando la curva de sus senos, su cintura, sus caderas.

Amu..―murmuró él.

Sssh... no digas nada.

―¿Pero estás segura? Creía que tú...

Ella le cerró la boca con la yema de los dedos antes de que pudiera decir más, las palabras sólo estropearían la magia.
Su beso cambió, se hizo más profundo, más explorador. La punta de su lengua se agitó en el sedoso interior de su boca. Unos temblores de placer la sacudieron hasta que todo su cuerpo estuvo ardiente de pasión. Se sintió viva, con cada uno de sus nervios a flor de piel. Le pertenecía en cuerpo y alma y, por un breve momento, podía aparentar que él también la pertenecía a ella.
Ikuto tomo a Amu por la espalda pegándola a la pared mientras delicadamente metia la mano detro de su blusa mientras esta saboreaba los labios de su amante sientiendo paz…..sintiendo que por fin estaba en su hogar
El calor irradiaba de todo su cuerpo. El amor y el deseo se mezclaban tan perfectamente que no podía decir dónde terminaba la emoción y empezaba la sensación. Sólo sabía que todo formaba parte de su respuesta a aquel hombre.

La ropa en la habitación estaba de mas y sin darse cuenta yacían desnudos en la cama mirándose fijamente

-eres hermosa- dijo Ikuto mirándola de pies a cabeza

-tu tampoco no te quedas atrás señor ogro- dijo Amu sonriendo a lo que Ikuto se apoderaba de su cuello y sus manos buscaban terreno en ese sueño de lujuria y pasión

Amu era toda sensaciones llevada por las caricias de ese hombre, ella recorría su espalda hasta llegar al comienzo de sus nalgas y volvia a repetir el recorrido mientras el…simplemente la devoraba

-I-i-kuto…ya…

Ikuto detuvo su contienda de besos para mirarla

-estas segura?- dijo mirándola dulcemente- si tu quieres yo….

No, estoy segura Ikutp…quiero ser tuya- dijo Amu besándolo mientras este separaba sus piernas

Cuando él se movió sobre ella, estaba ya preparada para él, recibiéndole contenta, sintiéndose completa por fin gracias a su unión. Los gemidos y ruidos sofocaron la habitación y las miradas y besos no esperaban una invitación, Amu susurró su nombre y lo miró a la cara, cercana a la de ella. En la tenue luz apenas podía discernir su sonrisa, su mirada de ternura. Lo abrazó atrayéndole más y deslizando las manos por su espalda y estrechas caderas. Todo en él le producía regocijo, el aroma masculino de su cuerpo, la suavidad de su piel, el poder de sus entrañas, llevándola a las cumbres del placer hasta sentir que estaba en la cima del mundo y todo era precioso.

Volvió la tierra muy despacio, a salvo entre sus brazos.

Ikuto ―murmuró.

Sssh.

La silenció con un beso todavía abrazándola de forma que su cabeza reposaba en su torso. Echada en la oscuridad, Amu escuchó la voz de Ikuto sobre su cabeza.

―Estás muy silenciosa. ¿Estás dormida?

―No ―susurró ella―. Me he adormilado un poco, pero ahora estoy despierta.

Amu había estado pensando feliz en los tumultuosos acontecimientos de la hora anterior. Ser amada por Ikuto , sentir su cuerpo alcanzar las alturas del éxtasis en sus brazos y caer en el sueño segura en su abrazo era más de lo que había soñado.

―¿Estás enfadada conmigo? ―le preguntó.

―No, ¿por qué debería estar enfada?

―Porque he roto mi palabra. He intentado no hacerlo, pero... Estoy tan agradecido por toda tu amabilidad. Y por una vez, me pareció que tú la necesitabas también. Me dejé llevar. Siempre que a ti no te importe...

―No ―dijo ella con un leve suspiro―. No me importa. Después de todo ―soltó una carcajada nerviosa―, estamos casados o algo así. Y.. necesitamos los dos la ayuda del otro de muchas maneras.

―Sí ―acordó él con la voz cargada de alivio―. Sin lazos ni ataduras. Sólo dos amigos que se quieren y ayudan en las dificultades.

―Sí ―afirmó ella.

Se quedó inmóvil, preguntándose si él hablaría de nuevo, pero no lo hizo. Después de un rato, se adormiló y cuando se despertó, él no estaba. Salió a rellano de la escalera y miró abajo. La puerta de su estudio estaba abierta. Bajó unas cuantas escaleras y vio a Ikuto sentado a la mesa de su despacho, contemplando la foto en que Nagisa tenía a Alice en brazos. En la otra mano tenía la de ella y Alice el día de la boda caminando entre las hojas. Miraba de una a otra como si estuviera en un sueño. Entonces, dejó las dos fotos y enterró la cara entre las manos.

Amu volvió a la cama con el corazón dolido.

Descubrió, sin embargo, que algo bueno había salido de esa noche. Cuando Alice la encontró mirando las fotografías de Ami, pudo hablar de su hermana con naturalidad. Alice asintió y no dijo nada, pero rodeó a Amu con sus brazos en un abrazo de simpatía. Ikuto entró para encontrarlas mirando las fotografías juntas.

Más tarde, cuando estaba solas, él dijo: ―Deberías haber hablado de Ami antes, no haberlo mantenido en secreto. Duele más de esa forma.

―Sí, supongo que eso también lo sabes tú. No quería que Alice sintiera que tenía que compartirme. Pero sí ha dolido haber mantenido oculta a Ami.

―Parece divertida ―observó

―Oh, sí. Era muy divertida. Estaba cargada de buen humor. Mira ésta...

Señaló una foto que mostraba a Ami vestida de "hada-princesa-bruja-cantante" de pie delante de un árbol de Navidad.

―Yo le hice el traje y se pasó toda la fiesta echando conjuros y cantandole a todo el mundo.

―¿Qué es lo que pasa? ―preguntó Ikuto al ver que su expresión se volvía sombría.

―Quería una bicicleta por Navidad ―dijo con tristeza Amu -Le dije que era más de lo que me podía permitir. Quedó decepcionada, pero fue muy comprensiva. Me sonrió y dijo: Quizá el año que viene ―la voz se le puso ronca―. Si yo hubiera sabido que sólo le quedaban unas semanas, le hubiera conseguido esa bicicleta de cualquier manera ―suspiró―. Y ya casi estamos en Navidad otra vez.

―¡Oh, por kamisama! ―exclamó Ikuto con suavidad―. ¡Alice!

―Sí, tenemos que conseguir que sean las Navidades más felices de su vida. Nosotros no importamos.

Él asintió.

En otro tiempo me hubiera preguntado de dónde sacaría las fuerzas, pero ahora sé que las sacaré de ti. Pero tú, ¿de dónde las sacas tú?

«De mi amor por ti», le dijo su corazón en silencio. «No sabía antes cómo el amor da fuerza para hacer lo que haya que hacer. Pero ahora lo sé».

Alice tenía muy claro lo que quería para Navidad.

―Clases de baile, por favor. Antes iba hasta que me puse enferma, pero ahora estoy mejor.

―Todavía no ―dijo Ikuto―. Espera hasta que estés un poco más fuerte. De todas formas, las clases de baile no cabrían en los calcetines.

―Sí, sí cabrían. Papá Noel encontraría la forma. El puede conseguirlo todo.

―Pero yo no puedo ―replicó Ikuto.

―Pero no serías tú. Sería Papá Noel.

―Pero ―Ikuto se detuvo asombrado―. ¿A qué viene esto de Papá Noel? El año pasado me dijiste que no creías en él.

―No, no es cierto.

―Sí, me lo dijiste. Me acuerdo bien.

Alice abrió mucho los ojos con cara de inocente.

―No, no lo hice, papá.

Ikuto sorprendió la mirada de advertencia que le dirigía Amu y retrocedió apresurado.

―Debo haberme equivocado.

―Papá Noel viene por la ventana de la escalera porque no tenemos chimenea ―recitó Alice―. Yo lo vi una vez. ¿No te acuerdas?

Para asombro de Amu, Ikuto pareció de repente tímido…hasta si no vio mal Amu, se le sonrojaron las mejillas.

―Sí, sí, me acuerdo.

Amu esperó hasta que Alice se fue a la cama para preguntar:

―¿Qué es lo que decía? ¿A quién vio por la ventana?

―A mí. Mi madre me hizo disfrazarme unos cuantos años y lo dejé cuando Alicr dejó de creer.

―Pero no ha dejado de creerlo.

―Te juro que el año pasado Alice... bueno, no importa ahora.

―¿Dónde está el disfraz?

―En algún sitio del desván.

―Iré a buscarlo y lo limpiaré.

Ikuto pareció dudoso.

―¿Y qué será lo que le ha hecho volver a creer de nuevo en Papá Noel?

Amu pensó que ella podría explicárselo, pero le pareció más prudente mantenerlo en secreto.

;-)

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;-)

Fin del capitulo 27

Holoootas de nuevo!

En serio lamento no haber subido cap….es que estuve suuuuuper ocupada con los exámenes del colegio y unos proyectos de curso :/..pero bueno…..me extrañaron? Jajaja en fin…prometo esta vez si subir constantemente los cap…falta poco para el descenlace!

En serio gracias a los que siguen el fic…nunca había escrito algo tan largo y que no sea con la pauta d ela historia ya conocida asi que….bueno

Como estaba en los anteriores capítulos les estaba haciendo preguntas para matar el hielo…asi que…practican algún deporte? Yo hago karate y soy cinturón negro!\

dejen sus comentarios!

En fin…nos leemos luego!