Hola sensuales lectores :3…..etto….tiempo a pasado verdad jejeje…..0_0…bueno aquí esta el capitulo y como lo notaran es mas largo que los demás asi que disfrútenlo!
Sin mas aquí el nuevo capitulo de "volver a amar"
(se va antes que la quemen ;-;)
Capitulo 28.
Una tarde, cuando Alice estaba en la cama, subió al ático en busca del traje. Fue difícil porque la luz no se encendía. Tuvo que sacar la interna del coche de Ikuto y ponerla en una caja mientras buscaba por el polvoriento desván. Después de revolver durante una hora abriendo y cerrando cajas, tenía calor, estaba cubierta de polvo e irritada.
―¿Qué estás haciendo?
La cabeza de Ikuto asomó por el suelo.
―Intentando encontrar el disfraz de Santa Claus, pero no creo que esté aquí. Has debido recordarlo mal.
―No, sé que está aquí arriba en algún sitio.
―Bueno, ¿pues dónde está? ―preguntó enfadada―. Estoy harta de mirar.
―Tienes polvo en la punta de la nariz. –dijo Ikuto acercándose y juntando su nariz con la de Amu
―Tengo polvo por todas partes.- replico estagirando el rostro sonrojado a lo que Ikuto respondió con una sonrisa gatuna mientras se acercaba lentamente
-q..que..crees que haces Ikuto?-dijo esta retrocediendo y en un abrir y cerrar de ojos Ikuto la tenia entre sus brazos
. ―Ahora yo también tengo polvo ―dijo él, después de un momento.
―Bien.- dijo Amu como un tomate- Entonces, no te importará ensuciarte más y encontrar ese disfraz.
―Si no me acuerdo mal, está en esa maleta de ahí.
―¿Quieres decir en la que está debajo de todas las demás? ―preguntó ella con desmayo.
―Esa misma. Bueno, como ya estoy hecho un desastre...
Cuando abrió la maleta, sacó un antiguo traje de los que los faldones caían hasta los pies. Amu lo contempló encantada.
―Curioso que compraras una cosa así.
―Lo compró Nagisa cuando estaba embarazada deAlice. Tenía planeado que yo me lo pusiera en las primeras Navidades de la niña ―suspiró―. Bueno, no pudo ser.
―¿Cómo era Nagisa?
Él pareció incómodo.
―Era guapa ―dijo por fin―. Muy parecida a Alice. A Nagisa también le encantaba el ballet. Quería ser bailarina, pero lo dejó para casarse conmigo. Ella era así. Siempre me hizo sentir que yo era lo primero en su vida. Transformó mi vida...
Estaba mirando al vacío. Amu notó que los ojos se le suavizaban con los recuerdos y se preguntó por qué seguiría atormentándose. Era evidente que Ikuto no había superado la muerte de Nagisa.
Valoraba la amistad de Amu y a veces la deseaba, pero era a Nagisa a quien amaba.
―Me alegro de que me hayas hecho hacer esto ―dijo él por fin a mirar el traje rojo.
―Es lo que ella hubiera querido que hicieras.
―Tú sabes todo ―le sonrió―. Nos entiendes a Alice y a mí y lo haces todo bien por instinto. Creo que a Nagisa le habrías caído muy bien. Gracias, Amu, con todo mi corazón ―le tomó la mano entre la de él―. Espero que estas Navidades no sean demasiado duras para ti con los recuerdos de Ami.
―Ahora ya tengo superados los recuerdos de Ami. Nadie puede mirar al pasado para siempre. El pasado tiene que ser pasado Ikuto. Tenemos que ser lo bastante fuertes como para dejarlo atrás.
Se detuvo. Podía notar el tono de peligrosidad en su propia voz, una súplica silenciosa de que le dejara el pasado a Nagisa y el futuro a ella.
Él frunció el ceño y Amu se preguntó si habría aceptado su sentido oculto. Pero si lo había hecho, le había desagradado. Ikuto esbozó una sonrisa nerviosa y le soltó la mano.
―Me temo que este traje se ha ensuciado mucho aquí ―dijo con ligereza.
―No te preocupes. Tengo mucho tiempo para limpiarlo.
―Bien. Bajemos entonces.
Los dos abandonaron el desván juntos.
***
La semana anterior a la Navidad, Ikuto y Gilbert pusieron un enorme árbol en el jardín y lo llenaron de luces. Alice lo contemplaba con los ojos muy abiertos desde la ventana.
―¿Crees que nevará? ―le preguntó a Amu por centésima vez―. Me encanta la nieve.
―Entonces, nevará ―prometió ella con la esperanza de que la última Navidad de Alice fuera perfecta.
Decoró la casa con orlas rojas y doradas, azules, plateadas y verdes. Después, se puso otro árbol en la sala de abajo y colgó luces intermitentes.
Los días se sucedieron sin que nevara. Siguió el ajetreo de las compras, adquiriendo montañas de comida para todos los invitados y la compra de regalos. Alice tardó bastante en decidir el regalo de Ikuto, pasando una y otra vez el catálogo que Amu le había llevado de la tienda para evitar que hiciera jornadas agotadoras.
―¿Qué te parece esto? ―dijo señalando una elegante maleta―. Papá viaja mucho al extranjero a venderle cosas a la gente.
―No lo sabía.
―Bueno, dejó de hacerlo cuando tú te pusiste mala. Pero espero que lo vuelva a hacer en cuanto te encuentres mejor.
―Vamos a comprársela entonces.
―¿Qué quieres tú para Navidad, mami?
―No lo sé. No lo he pensado.
―Pero debes hacerlo. Tengo que decírselo a papá ―puso un gesto de culpabilidad y se llevó la mano a la boca―. Se suponía que era un secreto.
Amu se rió.
―¿O sea que te han mandado a espiar el terreno? Lo pensaré seriamente.
Mentalmente aplaudió a Ikuto, que había recordado su consejo de que metiera a Alice en la conspiración.
No podía decirle a Alice que lo que deseaba para Navidad era el amor de Ikuto bien envuelto para la ocasión (y mejor si no lo incluía con ropa). Le dijo que le gustaban los espectáculos musicales y que le faltaban algunos en su colección.
Alice apuntó los que ya tenía y se fue con aire solemne.
Ikuto estaba en todas partes con la cámara, sacando a Alice preparando el árbol al lado de Akane, en el coro de Navidad del colegio, envolviendo los regalos y pegando las etiquetas con la lengua fuera de la concentración.
―Vamos a guardarlas ―dijo Ikuto, apagando el vídeo―. El año próximo será el momento de verlas.
Estaban sentados juntos a la una de la mañana.
Amu apenas podía verlo, pero podía sentir las líneas de su cuerpo y con debilidad esbozó una sonrisa mientras se le rompía el corazón.
―Vámonos a la cama ―dijo tocándolo con suavidad.
―Sí, de acuer... ¡Dios, dios! ¿Qué es eso?
Desde arriba, escucharon la voz de Alice que los llamaba apresurada:
―¡Papá! ¡Mamá! Subid, deprisa.
―Está enferma ―dijo él con miedo.
Corrieron hasta el recibidor donde encontraron la silueta de Alice en el rellano de la escalera saltando con agitación.
―Venid y mirad ―gritó con urgencia señalando la ventana―. ¡Está nevando!
*******días después********
En la boda, Amu había tenido poco tiempo de fijarse en detalles de la familia de Ikuto, pero cuando llegaron para pasar la Navidad, tuvo ocasión de observarlos más de cerca. Souko era como ella la recordaba, cálida y acogedora, con tendencia a decirlo todo a la cara. A Amu le sorprendía comprender que Alice había heredado toda su fuerza de carácter de Robert y éste de su madre.
Aruto, su padre, era un hombre imponente con una belleza oscura como Ikuto, unos centímetros más alto que su hijo, y un hombre contemplaba el mundo con cierto aire de sorpresa y a su hijo con cierta admiración.
Aparte de ellos, estaba la hermana menor de Ikuto, Futaba, que era tutora en una universidad a cierta distancia. Era una mujer tensa con aspecto severo y lengua sarcástica. Pero Amu notó que a Alice le caía bien y que buscaba su compañía ignorando sus indirectas o ni siquiera captándolas.
La hermana pequeña, Utau, había llegado desde Hokaido con su marido Kukai y sus hijos gemelos de once años, Matt y Ada. Eran unos niños alegres, pero sensibles y ambos sabían que debían tratar a Alice con cuidado. Después de la primera hora, Amu los dejó a los tres juntos con tranquilidad.
El día antes de Navidad, Amu estaba haciendo todavía preparativos para acomodar a tantos invitados. Al final, consiguió que todo el mundo tuviera una cama, aunque la casa está casi a reventar. Hasta Utau declaró que era acogedor que hubiera tanta gente bajo el mismo techo.
―Aunque no pensarás lo mismo el día de Navidad cuando llegue el resto ―declaró sombría.
―¿Faltan todavía muchos? ―preguntó Amu- Lo sabía, pero ya he perdido la cuenta.
―Varios primos ―declaró Utau, agitando la mano―. A Tadase ya lo conociste en la boda, Kevin y Andrew. Están bien, al menos alguno de ellos. Kevin no es tan tonto como aparenta. No es como Tadase que sí que lo es.
Alice soltó una carcajada.
―Bueno, ya sé que a ti te cae bien ―dijo Utau―. A todos los niños les cae bien. A mi parecer, él mismo tiene mentalidad infantil y muy delicadita.
―Exactamente ―acordó Ikuto con cierta aspereza―. Y no recuerdo haberle invitado a mi boda.
―Por supuesto que no ―intervino Souko―. Nadie invita a Tadasea ningún sitio. No hace falta, él siempre se presenta.
En medio del ajetreo, Amu consiguió tomar tranquilamente una copa de sherry con Souko en la cocina. Ahora que eran amigas, era fácil compartir su preocupación acerca de la incapacidad de él de hablar con Alice, excepto de forma superficial.
―Él la adora, haría lo que fuera, daría lo que fuera por ella, excepto hablar con el corazón. Al principio, pensé que era maravilloso que él siguiera el juego de los Yoru hasta que comprendí que sólo era porque le resulta más fácil. Mientras tontea con los muñecos no tiene que decir nada más. No es un hombre superficial.
―Oh, no ―acordó su madre―. Más bien al contrario. Siente las cosas con tal profundidad que no encuentra las palabras. Es igual que su padre. Nunca me ha dicho que me quería, pero los mejores retratos y melodías que me ha hecho han sido desde que perdí el gozo de la juventud. Por eso es por lo que sé que sí.
Amu sonrió.
―Es muy bonito. Pero yo no estaba hablando de Ikuto y de mí.
―Si tu marido no puede hablar de sus sentimientos, también debe ser problema tuyo ―observó Souko.
Un impulso celoso le hizo a Amu preguntar:
―¿Cómo lo conseguía Nagisa? ¿Le dijo alguna vez que la amaba?
―No estoy segura. Pero eso era diferente. Verás, se criaron puerta con puerta, fueron a la escuela juntos y se entendían con alma y cuerpo. Nagisa no necesitaba las palabras.
―Ya entiendo ―dijo Amu con un suspiro.
El día de Navidad, Alice comentó con ansiedad:
―Papá, te has olvidado la escalera.
―¿Qué escalera?
―La de la ventana del descansillo, para Papá Noel.
―Él no necesita ninguna escalera, cariño. El reno le deja justo fuera.
―Pues siempre ha necesitado una escalera. Se la ponías contra la pared y dejabas a ventana un poco abierta.
Ikuto cedió sin más discusión.
―De acuerdo. Una escalera.
Kukai le ayudó a sacarla del desván y Amu les observó ajustarla.
―Ya está ―dijo―. Ahora, Papá Noel podrá entrar sin ningún problema.
Su marido le dirigió una mirada de disgusto.
―Por lo que a mí respecta, Papá Noel podría caerse de esa escalera y...
―Cuidado. Alice está en la ventana. ¿Está bien así, cariño?
―Perfecto ―declaró Alice.
―Es hora de irse a la cama.
A Alice le costaba ahora menos irse a la cama desde que compartía la habitación con Matt y Ada. Sus susurros se alargaban hasta muy entrada la noche, como había averiguado Amu escuchado desde fuera. Esa noche, mientras les veía colgar los calcetines elaboró un plan. A los tres niños se les permitiría salir a media noche, justo a tiempo de ver la llegada de Papá Noel, que bajaría a dejar los regalos cerca del árbol. Mientras los niños lo observaran, Souko entraría en su habitación y cambiaría los calcetines por otros idénticos llenos de caramelos y juguetes pequeños.
A las once y media, cuando la casa empezó a quedarse en silencio, Ikuto preguntó:
―¿Y hasta dónde tiene que llegar la comedia? Porque si crees que voy a trepar por esa escalera...
―No, por supuesto que no ―le tranquilizó Amu- Desde donde Alice estará espiando, no se puede ver la ventana, así que no sabrá por dónde entras. Vamos. Ya has llegado hasta aquí. No abandones ahora.
―Tú te asegurarás de que Alice esté espiando, ¿verdad? Odiaría estar haciendo el ridículo para nada.
―Déjamelo a mí.
A las doce menos diez, Amu fue a examinar el rellano de la escalera fuera de la habitación de Alice.
Estaba vacío, pero enseguida asomó una carita por la puerta.
―A media noche en punto y ni un minuto antes ―dijo Amu―. Vuelve a la habitación.
La cabeza se desvaneció obedientemente y Amu bajó a buscar a Robert.
―No hay moros en la costa. Rápido.
Se fueron juntos al trastero cercano a la ventana donde habían guardado el disfraz. Después de ayudarle a ponérselo, Amu dijo:
―Ahora, entra por esa ventana con el saco lleno de regalos. Pasas al descansillo y miras a tu alrededor. Entonces, bajas hasta el recibidor de abajo y descubres la cerveza y el pastel que te ha dejado Alice y pones cara de encantado.
―¿Cómo puedo parecer encantado si no se me ve la cara?
―Puedes levantar los dedos con el símbolo de la victoria. Asegúrate de ponerte bajo la lamparilla de la pared para que ella te pueda ver bien. Alice estará en las escaleras. Después, te vas al lado del árbol y dejas los regalos alrededor. Al volverte, te bebes la cerveza y te comes el pastel. Ahora estás casi listo para irte.
La ventana a través de la que se suponía que debía entrar había quedado abierta unos centímetros ante la insistencia de Alice. Amu corrió las pesadas cortinas y dio un respingo. Ante su mirada de incredulidad, la ventana se estaba abriendo. Apareció una mano.
―Alguien está intentando entrar ―murmuró Ikuto.
―Quizá sea Santa Claus ―dijo ella con la cabeza ligera.
―Bobadas. ¿Cómo puede ser Santa Claus cuando yo...?
Robert se miró a sí mismo en un gesto absurdo y escuchó a Amu soltar una carcajada.
―Espera un momento ―dijo él autoritario, pasando por delante de ella mientras alguien se apoyaba en el alféizar.
Lo que pasó al instante no tardó mucho. Hubo un golpe cuando cayeron al suelo juntos seguido de un forcejeo que acabó con Santa Claus encima.
―¡Oh! ¡Diablos! ―exclamó una voz conocida.
;-0
;-)
;-)
Fin del capitulo 28
Bueno hola! A pasado un laaaargo tiempo desde que pase la ultima vez por aquí, e recibido varias amenazas de muerte por si dejaba la historia pero tranqui gente la historia sigue! (ya estamos terminándola) lo que sucedió es q otra vez estuve en exámenes y me fui de vacaciones por lo que fue imposible para mi actualizar, además para completarla no tengo internet ;-;, ahora mismo estoy en un cyber y un tipo al lado mío trata de mirar que es lo que escribo tan apresuradamente -.-
En fin, tratare de actualizar mas rápido asi que sigan al corriente de este fic
Recuerden dejar sus reviews ya q son muy importantes para mi y para reconocer que si leen este fic
En fin sin mas nos leemos luego!
Besitos :X
