Tú eres mi única felicidad
Capítulo 11
— Sesshomaru deja a tu hermana en paz. –ordenó la azabache mientras se aproximaba a ellos.
— Pero se lo tenía merecido. –habló el pequeño niño mientras se reía de lo que le había sucedido a su hermana.
—Cariño, ella es tu hermana y como tal la debes de cuidar. –ella se agachó hasta quedar a su estatura.
El pequeño ambarino había roto los colores de su pequeña hermana Nem y luego se había lanzado a morderle el brazo dejándole una fea marca en su brazo derecho.
Kagome agradecía a Kami que su esposo no estuviera ahí pues habían ido por Rin a la escuela y la otra pequeña se había pegado a su padre como cual chicle.
Para tener cinco años los pequeños eran tranquilos, pero cuando se lo proponía el cuarteto, incluyendo a Rin, se ponían insoportables, hace una semana se habían puesto a hacer un mega berrinche porque querían una consola XboxOney ambos padres se las habían negado, ellos no querían que sus hijos fueran como los de sus demás amigos, todo el tiempo pegados a los aparatos y casi nunca salían de casa para jugar ya bastante tenían con la televisión y el reproductor DVDpor ahora tendrían que jugar como ellos lo hicieron cuando eran pequeños.
Logró curar a la pequeña niña a tiempo cuando escuchó el auto de Sesshomaru llegando a la enorme casa, ella sabía que tenía que hablarle sobre el problema pero no quería que se pusiera a gritar como loco como la semana pasada con la consola.
— ¡Mamá! –gritó la pequeña Meiko al cruzar la puerta corriendo para abrazarle.
La mayor correspondió al abrazo inmediatamente vio entrar a Sesshomaru sosteniéndole la mano a Rin la cual venía cojeando.
Era el primer día cursando primero de secundaria, y al parecer le había ido de lo peor.
— Rin, cariño ¿Qué sucedió?-inquirió con preocupación.
— Le han peleado sus compañeras de aula por ser adoptada.-respondió Sesshomaru, mientras dejaba la mochila en el suelo y cargaba a la pequeña al estilo nupcial para llevarla a su recamara.
— Mañana mismo iré a hablar con la directora, yo no estoy de acuerdo con que te hallan golpeado por eso. —Chilló Kagome con cierto enojo—. A mi pequeña nadie me la toca y mucho menos si es para pegarle.
Ambos subieron para dejar a Rin recostada cuando esto sucedió ambos se sentaron a su lado y la castaña se abrazó a Kagome llorando mientras esta le correspondía de igual manera y Sesshomaru solo acariciaba sus cabellos.
-K&S-
— ¡Niños! –llamó algo alterada la azabache; llevaba horas hablándoles pero no salían y ya era hora de irse a casa.
Estaban de visita en casa de su abuela Irasue y por ende los pequeños se entretenían por horas en el enorme patio de la amorosa abuela en la enorme casa del árbol que había construido su padre cuando él aún era niño.
— Mamá un rato más. —Pedía la pequeña Nem—. Mañana es sábado ¿si?
— Si quieren pueden quedarse a pasar la noche en casa de la abuela. –intervino la mujer, interrumpiendo a la pequeña.
— No creo que deban quedarse es mucho trabajo para usted Irasue. –mencionó algo incomoda la joven.
— Vamos mamá. –insistió el pequeño Sesshomaru intentando convencer a su madre.
— No podemos hacer eso, es mucha carga para su abuela. -intentó convencerlos pero no tuvo mucho éxito porque en ese instante llegó su esposo a recogerla y logró escuchar un poco de la plática.
— Que mala eres Kag, deja que los niños se queden con mi madre y nosotros nos vamos de "novios"-dijo sorprendiendo a la chica.
Irasue solo escuchaba divertida, el haber recibido a Kagome a la familia había sido la mejor decisión pues desde que la conoció supo que ella era diferente no era como la amargada de Kagura o la presumida de Yura sin duda su hijo había dado en el clavo, ella era una mujer inigualable se preocupaba por ella.
— Está bien Kagome yo puedo hacerme cargo de los niños, vallan a divertirse vengan por ellos hasta el domingo.
Al escuchar esto los cuatro niños comenzaron a saltar felices.
— Está bien. —suspiró resignada—. Pero se van a portar bien o si no su abuela tiene todo el derecho de retarles. -declaró para después agacharse a su altura y abrazarlos.
-K&S-
— ¿A dónde quiere ir señorita Higurashi? -preguntó una vez que había puesto en marcha el auto.
Ella soltó una risita—.Pues no sé tengo algo de hambre. -al terminar de decir esto se mordió el labio inferior y ante esto él albino sonrió de lado.
— ¿Entonces quiere ir a cenar a casa o prefiere ir a algún restaurante? –inquirió sin dejar de mirar al frente deteniendo el auto frente a un semáforo siendo alumbrados de manera tenue por la luz roja.
— Sorpréndame. -susurró ella para acercarse a él.
— Si eso es lo que desea. -contestó de manera pícara para cortar la distancia entre ambos dándose un casto beso que duró más de lo que tenían planeado y fueron regresados a la realidad al escuchar el claxon de los otros autos.
No tardaron en llegar a un café, pero no era cualquier café, se había sido el lugar donde platicaron la primera vez, esa vez en la que ella se tropezó con él en la calle.
Ella sonrío recordando aquel día que de ser el peor había pasado a ser uno de los mejores, después de eso ella había caído ante sus encantos masculinos. Sonrío para después soltar un suspiro al sentir que el auto se detuvo.
— ¿Sucede algo?-cuestionó observando su expresión.
— Para nada, solo que este lugar tiene un recuerdo muy especial para mí.-respondió un poco nostálgica.
— Oh pero que coincidencia, para mí también tiene un recuerdo muy especial.-coincidió siguiéndole el juego.
Ambos sonrieron y bajaron el auto, dirigiéndose al interior del café.
— Hace ya cinco años de la primera vez que nos vimos. –recordó Sesshomaru al terminar de beber de su expreso.
Kagome bajo su taza de café para dedicarle una sonrisa pero no se dio cuenta de que la espuma de la leche le había dejado un pequeño bigote haciendo que él se riera.
Se aproximó hasta quedar en su oreja para después susurrar— Amo cuando ríes. -al terminar de decir esto lo beso.
-K&S-
Al entrar a la enorme casa él la tomo estilo nupcial besándola subió las escaleras con una única dirección: su recamara.
La recostó de manera lenta mientras acariciaba su espalda y a la vez iba bajando el cierre del vestido violeta que llevaba y ella acariciaba su platinado cabello. La luz de la luna que se colaba por el enorme ventanal era perfecta para la escena. Sesshomaru miraba su rostro en todo momento no dejo de observar esos hermosos ojos, eran brillantes y de un hermoso color oscuro, sin duda, la luna era esencial para darles ese toque tan especial que se mezcla a la perfección con el placer.
En un abrir y cerrar de ojos ambos se encontraban en ropa interior besándose de manera hambrienta, en una intensa batalla de lenguas, las manos de ambos viajaban por el cuerpo del contrario como intrusas, suspiros, gemidos y gruñidos de placer, los besos de él abandonaron los labios de ella para explorar el cuerpo de la femenina haciendo un camino de besos por su cuello, hasta llegar al nacimiento de los pechos.
mientras que con sus dedos jugaba con los pezones pellizcando haciendo que ella arqueara la espalda y gritara de placer, comenzó a succionar y a jugar con sus pechos para después continuar bajando hasta llegar a su feminidad y comenzar a mover un dedo de haciendo círculos sobre su clítoris para después comenzar a penetrarla lentamente de manera que -al menos ella así lo veía- parecía una tortura que la volvía loca, el vaivén de su mano contra la feminidad de ella se fueron haciendo más y más rápidos hasta que ella se derramo sobre él soltando un fuerte grito haciendo que él sonriera y la besara.
Ahora era el turno de ella sacando fuerzas se giró para quedar sobre él haciendo que su ya notoria erección saltara un poco ella sonrío y besando su aún bien marcado abdomen bajó hasta tomar entre sus manos su erecto pene haciendo un lento vaivén, arriba abajo que lo hacía volverse loco luego de escuchar el primer jadeo del ambarino ella lo fue introduciendo lentamente a su boca hasta que estuvo todo dentro y después lo saco para dejar caer un poco de su saliva en la punta y luego comenzó a jugar con su lengua en la punta del miembro masculino y así continúo hasta que él terminó en su boca y ella gustosa lo trago completo sin dejar caer una sola gota.
— Sessh...no lo... soporto...más —le estaba costando hablar, su respiración era demasiado irregular—. ¡Te necesito dentro de mí!
Después de esa declaración él sonrío y la colocó debajo de él y abriendo sus piernas un poco para darle mejor acceso a su sexo comenzó a entrar cual intruso en ella para después comenzar un intenso vaivén hasta terminar dentro de ella exhaustos.
— Te amo. -expresó mientras de acurrucaba en el pecho masculino.
— Te amo. -contestó él pero para su mala suerte ella ya había sido atrapada por Morfeo, siendo así, transportada al mundo de los sueños.
Dándole un beso en la frente él también se dejó envolver en el mundo de los sueños.
-K&S-
Los dos enamorados paseaban por una plaza con un helado y unas cuantas bolsas de compras que habían hecho. Sin duda regresar a ser "novios" después de dejar a los niños con Irasue había sido la mejor idea.
Al terminar el helado se dirigieron al deportivo de él, Corvette stingray, un auto que a ambos les gustaba. No tardaron en llegar a su enorme casa.
El la cargó dentro, mientras se besaban con dirección al jardín dejando un camino de ropa, él quería intentar algo nuevo: la tomaría en la piscina.
Una vez que ambos estaban en ropa interior se dejó caer en el agua fría haciendo que ella soltara un jadeo, los besos continuaron, las manos vagaban por el cuerpo hambrientas del otro. Ese día él dejaría de lado la cordura, le resultaba un poco excitante el saber que podían ser descubiertos por algún vecino en pleno acto. Sin poder aguantar más la tomo dentro del agua de una manera salvaje, los gemidos no tardaron en aparecer a pesar de que Kagome había tratado de contenerse el deseo se había apoderado de ella llevándose consigo toda la cordura que tenía olvidándose de que alguien los podrían escuchar, ya no lo soportó más, demasiada tensión en su punto "G" y soltando un grito se vino de una manera espectacular.
Después decidió tomarla en la hamaca y así lo hizo, iban por el sexto, era un récord para ambos, al final se quedaron dormidos sobre la cómoda hamaca, desnudos.
-K&S-
Esa noche Inuyasha les había citado a todos en su casa quería darles una sorpresa.
Así que después de pasar por los niños se fueron con dirección al apartamento del aludido, los infantes estaban felices por que irían a visitar a su tío favorito. A Sesshomaru no le agradaba la idea de que sus hijos quisieran tanto a Inuyasha ya que según el mayor su medio hermano los malcriaba demasiado. Al llegar al lujoso departamento del albino menor los niños saltaron felices.
— Bienvenidos. -los recibió a todos con una enorme sonrisa —. Pasen los estaba esperando.
— Tío Inuyasha ¿vamos a jugar videojuegos hoy? -preguntó la pequeña Nem emocionada.
— Me temo que esta noche no, pequeña.-respondió con tono de disculpa.
La niña solo asintió y se fue.
Todos pasaron al comedor porque Inuyasha lo había indicado.
— Quiero que todos ustedes aquí presentes sean los primeros en enterarse de que me voy a casar. -él sonaba más que contento.
Ahora sí que se había puesto interesante ir a ver al tonto de Inuyasha.
— ¡Muchas felicidades! -grito feliz la joven.
— Muchas gracias Kag.-expresó sincero el Taisho menor.
— ¿Quien es la afortunada? -preguntó Sesshomaru intentando sonar desinteresado.
— Pues veras querido hermanito su nombre es Rosa.-contestó con un deje de ilusión.
— ¡Tío Inuyasha se va a casar! -exclamó Rin llena de felicidad.
Esa noche Inuyasha le pidió a su hermano y cuñada que si querían ser sus padrinos, ambos aceptaron felices y los pequeños no se digan su tío les había prometido que sostendrían el vestido que llevaría su tía.
Dos años después
— ¡Inuyasha! -grito una castaña desde el balcón de su casa —. ¡No pelees con tu primo Sesshomaru!
— ¡Él comenzó, mamá! -intentó salirse del problema pero la mirada de su madre le dijo que había fracasado.
Kagome había dado permiso de que sus hijos fueran a casa de su tía Rosa a jugar por la tarde mientras ella iba a un chequeo al médico acompañada de su marido.
— ¡En hora buena, muchas felicidades señora! –la felicitó el doctor.
— ¿Porque dice eso? -preguntó algo extrañada.
— ¡Usted está embarazada de gemelos!-anunció emocionado.
Tanto a Kagome como a Sesshomaru esta noticia era como un balde de agua fría sobre ellos, hace un año que habían tenido otro pequeño hijo y era casi idéntico a su padre solo tenía los ojos de color morado con destellos en dorado, y ahora de nuevo iban a ser padres esto sí que era lindo.
Esa tarde al llegar a su casa después de haberle dado la buena nueva a sus cuñados sus hijos estaban que no cabían de felicidad.
El tiempo pasó más rápido de lo que esperaban y ahora la azabache se encontraba dentro del quirófano dando a luz, mientras su marido hacía una zanja de tanto caminar de un lado hacia el otro a espera de noticias sobre su esposa.
— ¡Familiares de la señora Higurashi! -gritó una enfermera a lo que Sesshomaru salió como bala al lado de la chica.
— Soy su esposo.
La enfermera asintió y le pidió que le acompañara, así lo hizo y al llegar a una habitación de recuperación pudo divisar a su esposa en la enorme cama con dos pequeños a los lados envueltos de forma cuidadosa, en un par de cobijas azul y rosa.
— Sesshomaru. –musitó Kagome.
— Kagome. -sonrió para acercarse y besarle.
— Te presento al pequeño Shirkino. -el pequeño bebé era casi idéntico a ella pero con los ojos dorados de él —. ¿Cómo le llamaremos a ella? -en ese instante la pequeña comenzó a llorar mirando a su padre y este de inmediato la tomo en sus brazos y al hacerlo se calmó.
— Ella se llamara Kagome, como su madre.- dijo, sin atisbo de duda.
Ahora sin duda eran una enorme familia, que habían logrado ser felices después de tanto tiempo y de tanto sufrimiento.
— Sesshomaru Tú eres mi única felicidad.-reveló con gran alegría
— Y tú eres la mía Kagome.
Fin
