Disclaimer: Desde las profundidades siniestras de nuestra mente, hemos vuelto con esta pasión prohibida, rompiendo con las parejas establecidas y desafiando los estándares de la sociedad mágica. Claro, los personajes le pertenecen a JK Rowling. A Millionaire's First Love, no nos pertenece en ningún sentido. Es de sus respectivos creadores. Esta historia es parte del Reto «Verano de películas» del Drinny fest, del grupo Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido!
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A MILLIONAIRE'S FIRST LOVE
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.F.
*º*º*º
Los giros de la vida.
Ginny estaba frente al fuego, sentada en un mullido sillón con su cabeza recargada en el hombro de *Neville Longbotton, su mejor amigo. Un chico sencillo y agradable con el que había ido al colegio desde siempre, lo consideraba simpático pero más que nada le agradaba su corazón sincero.
Ella le contó todo lo que había sucedido en la tienda de la gasolinera y él la había tranquilizado como siempre lo hacía, por eso había confiado en él y no en su hermano Ron o en Hermione, pues sabía bien lo que dirían. Incluso Luna se lo tomaría mejor, pero con ella era difícil descifrar sus consejos bien podrían significar algo o no. A veces creía que su amiga había sido abducida por una nave nodriza y que por eso actuaba así, pero eso era algo improbable y no es que ella fuera una creyente de los ovnis, para nada.
—¿Por qué te pintas las uñas con el jugo de las flores? —cuestionó tomando su mano.
—Están perdiendo su color —murmuró alzando su cabeza, pasando su mirada del fuego de la chimenea a su mano.
—No es verdad.
—Lo es —agregó con un suspiro lleno de tristeza.
Él estrechó sus manos y giró su rostro para mirarla. —Lo es si lo crees, mantén la esperanza.
Ginny pegó sus labios a la mejilla de su amigo en un corto contacto. —Gracias.
—Verás de nuevo el solsticio de invierno, la primera nevada, navidad —animó enlistando todas las fechas que a su amiga le gustaban.
—No puedo esperar para que eso pase.
Ella onduló sus labios con ilusión, era la primera sonrisa desde que había llegado. Él se tomó un momento para apreciarla como si fuera espectáculo único, hermoso e irrepetible, tal como lo eran muchas cosas en la naturaleza y las flores.
—¿Y eso por qué? ¿Acaso esperas compartirlo con alguien?—curioseó—. Nunca has estado enamorada.
Ella hizo un puchero. —Claro que he estado enamorada.
—Escribirle un poema a Harry, no creo que cuente como amor real.
—¿Tienes que recordarme eso?, es tan vergonzoso —comentó con sus mejillas arreboladas.
Neville soltó una risa contagiosa, ella finalmente se relajó volviendo a recargarse en él.
—Puede que pronto llegue para ti.
—¿Qué? —cuestionó sin comprender.
—El amor, tontita.
Ginny dejó escapar un profundo suspiro, mientras sonreía, pensando en ese chico.
*º*º*º
Draco estaba terriblemente irritado, frustrado y aburrido. No tenía celular, no había televisión, no había nada, todo porque la energía eléctrica estaba cortada. Estaba sólo, encerrado en esa casa vieja, metido bajo las mantas de su cama cuidando que el fuego de la chimenea no se apagara. No deseaba estar a oscuras ahí y no es porque tuviera miedo, no, Draco Malfoy no era ningún miedoso.
El único sonido que lo acompañaba era el que provenía del viento que azotaba las ventanas y alguno que otro ruido proveniente de los animales que andaban en los alrededores que bajaban del bosque.
No podía creer que Snape ni siquiera lo hubiese prevenido acerca de todos los peligros y carencias que había en ese lugar.
En verdad era un cretino desgraciado con pelo grasiento.
Tal vez si el hombre no practicara la vida de un monje célibe, estaría menos amargado y lo comprendería más. No entendía cuál era su afán de permanecerle fiel al recuerdo de una mujer muerta que nunca había sido suya, que había sido la esposa de otro y la cual únicamente lo había visto como su amigo.
En verdad le parecía algo muy enfermo.
Una total locura.
Se levantó y fue hasta la chimenea colocando otro par de leños, no podía creer que estaba haciendo eso.
—Ahh… joder. —Una espina de madera se había enterrado en su dedo, lo apretó buscando sacarla logrando que un punto de sangre apareciera e hizo algo que odiaba hacer, se llevó el dedo a su boca, chupándolo un poco para apagar la sensación dolorosa.
Caminó hasta la ventana, corriendo un poco la cortina para asomarse, apenas pudo ver algo entre los vidrios empañados y la oscuridad. Estaba distraído cuando escuchó un chillido, se giró buscando de dónde provenía con la piel erizada.
Una rata de campo pasó frente a él, haciéndolo pegar un grito de señorita que podría haberse escuchado hasta la siguiente casa, claro eso si tuviera un vecino cerca. Salió corriendo como loco dando un brinco hacia su cama que ya quisiera haber hecho un atleta experimentado en una prueba.
—¿Qué demonios?
El animal asustado por el ruido fue a refugiarse a su guarida en un agujero en la esquina de la habitación.
Jamás en la vida hubiese podido pensar que una casa que le perteneciera a los Malfoy pudiera tener esa clase de plagas. Era espantoso, inconcebible… en definitiva ese lugar debería haber sido demolido y vuelto a construir antes de que él lo pisara, pero no… esos abogados en complicidad con Snape lo habían mando ahí, buscando deshacerse de él de la forma más vil.
Sí sólo les interesaba que aceptara renunciar a su herencia, pero no lo conseguirían, nadie disfrutaría de ese dinero más que él.
Mañana, mañana le ordenaría a ese corriente hombre que eliminara a todos esos animales.
El problema era que no podría dormir sabiendo que podía ser atacado por alguna rata, se tiró en su cama cubriéndose con las mantas hasta la cara quejándose amargamente de su destino.
¡Diablos, esta iba a ser una larga noche!
*º*º*º
Draco apenas y había logrado pegar el ojo, se había levantado con un humor de perros para asistir a esa dichosa escuela donde quería su abuelo que se graduara.
Al no tener un vehículo había tenido que caminar nuevamente para llegar ahí y lo odiaba. Nunca antes recordaba haber andado tanto a pie para poder ir a algún lugar, era impensable que un Malfoy hiciera eso.
Al menos le habían dado unas botas para esa época y una túnica que lo protegía de la nieve.
El camino ya había sido despejado de los montículos blancos facilitando así el avance. Finalmente pudo divisar un enorme castillo antiguo. Sería una mentira si dijera que no se había impresionado porque si lo había hecho, pero aun así, mantuvo su actitud gruñona.
Al cruzar las puertas, notó el lema que estaba escrito en arco. "Draco dormiens nunquam titillandus".
—"Nunca hagas cosquillas a un dragón dormido". —Su boca se jaló hacía aún lado en una media sonrisa.
Esa frase tenía mucha verdad.
Sólo esperaba que esa escuela no tuviese nada que ver con que él se llamara Draco, aunque era algo que probablemente nunca averiguaría, al igual que muchas otras cosas que sus padres ya no podían compartir con él.
Dios, no iba a ponerse melancólico por un tonto lema.
Siguió avanzando mirando el lugar con fingida indiferencia, había un gran lago, unos invernaderos y un terreno enorme que conectaba con un Bosque, era demasiado para estar en un pueblo abandonado tenía que reconocerlo, aunque Durmstrang era mejor, siempre lo sería.
Le tomó un rato dar con la oficina del director, pues no esperaba que la entrada a ésta estuviera detrás de una estatua de una gárgola. El lugar parecía haber sido decorado por locos amantes de lo extravagante rayando en lo extraño y paranormal.
Si antes había estado medianamente impresionado, ahora había sufrido un lapsus de locura. Subió la escalera de caracol hasta llegar a una habitación circular. *Las paredes estaban cubiertas por retratos de lo que parecían ser los antiguos directores y directoras.
Sin duda el colegio llevaba muchas décadas de funcionamiento, aunque no entendía por qué alguien querría asistir a esa escuela en medio de la incivilización, pero lo hacían, curiosamente había visto a varios alumnos, no un puñado como él había pensado en un inicio.
Tal vez era la única escuela de por ahí y seguramente muchos de los que asistían debían venir de pueblos de los alrededores.
—Muchacho ahí estas, has llegado tarde —comentó Hagrid.
—No lo hubiera hecho si tuviera un vehículo, cosa que no tengo.
—Eso suena como un pretexto, muchos de los estudiantes tampoco lo tienen y llegan a tiempo.
Draco resopló molesto, entornando sus ojos. Él no era como los otros estudiantes, él estaba por encima de ellos. —De cualquier forma, ¿qué haces aquí?
—Soy el guardián de las llaves y los terrenos de Hogwarts y ahora me encontraba buscando mi caja de herramientas —explicó, bajándola de un estante de libros con gran facilidad, pues su gran altura evitaba que tuviera que hacer uso de una escalera.
—¿En la oficina? —indagó con desaprobación.
—La deje cuando arreglaba algo para el director.
—¿Y dónde está? —Volvió a recorrer el espacio con su mirada, pero aún no había rastro del hombre.
—No comas ansias, él salió un momento pero espéralo aquí —comentó dirigiéndose a la puerta.
—Yo no estoy ansioso, quiero terminar cuanto antes con esto.
—Claro —respondió con una sonrisa, era claro que no le había creído nada.
—Por cierto, quiero que para cuando yo vuelva a mi casa haya luz y esté libre de ratas, ¿entiendes?
—¿Has tenido un encuentro con esas bribonas?
—¿Qué?
—Son tan listillas, he estado tras ellas pero saben bien como esconderse. Sin duda hermosas criaturas.
Draco lo miró como si estuviese loco.
«¿Las ratas hermosas? ¿Qué demonios? Seguro es zoofílico…».
—No me interesa, las quiero fuera de mi casa —repitió frunciendo sus labios.
—Veo que ya está aquí señor Malfoy —declaró un hombre anciano de cabello plateado y larga barba del mismo color. Tenía unos brillantes ojos azules tras sus gafas de media luna y su nariz estaba torcida hacía un lado como si hubiese recibido varios puñetazos en una pelea y Draco sabía eso, porque había causado heridas similares en otros hombres. Su vestimenta era peculiar, como si estuviese listo para presentarse en una obra medieval, pero dado que la escuela tenía esa temática no le extrañaba.
—¿Quién es usted?
—Es Albus Dumbledore, debes hablarle con respeto —regañó Hagrid.
—Hagrid, está bien, no hemos sido presentados aún. Soy el director de Hogwarts, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore y tú eres el nuevo alumno de nuestra institución trasladado de Durmstrang.
—Así es —replicó con su tono arrogante, alzando su barbilla mientras repasaba al hombre, evaluándolo claramente—. Draco Lucius Malfoy.
—Bienvenido a nuestro colegio, espero que su estancia sea grata.
Draco tuvo que resistir el impulso de soltar veneno en forma de palabras. —¿Quién es mi tutor?
—Claro, estoy seguro que deseas conocer a tus profesores, hazlos pasar Hagrid —pidió, sentándose detrás de su enorme escritorio de patas con forma de garras.
—Enseguida profesor.
«¿No puede ser más lambiscón? Seguro le besaría los pies.»
—Buenos días a todos, les presentó al señor Malfoy, el alumno del que les hable —expresó apenas el personal estuvo reunido en la habitación—. Horace Slughorn será tu tutor.
—Señor Malfoy, es un gusto conocerlo, tuve en mi clase a su padre Lucius Malfoy y a su madre la hermosa Narcissa, una de las tres hermanas Black.
—¿Conoció a mis padres? —Su voz estaba teñida de sorpresa, mientras su rostro mostraba un claro desconcierto. No sabía que sus padres hubiesen asistido a ese lugar, ¿cómo había sido posible?
—Claro que lo hice, todos aquí lo hicimos y no sólo a ellos sino a otros miembros de su familia, como Abraxas Malfoy.
—Mi abuelo…
—Todos se graduaron en esta institución, si gusta podemos hablar de esto más tarde en mi despacho con un té.
—Gracias Horace, estoy seguro que el señor Malfoy apreciara eso —dijo Albus con tono jovial y alegre—. La profesora Minerva McGonagall es la subdirectora, nuestra bibliotecaria Madame Pince, la enfermera Madame Pomfrey, el celador Argus Filch…
*º*º*º
Ginny había comenzado a asistir a la escuela cuando su hermano Ronald lo había hecho, de ahí que estuviera adelantada en sus estudios y ahora se encontraban en su último año, a pocos meses de graduarse.
El grupo estaba compuesto por varios rostros conocidos, había crecido con esos chicos. Neville, su mejor amigo, Hermione Granger, la más lista de la clase. Harry Potter, el chico más conocido en el Colegio por su historia de vida —cuando apenas era un bebé un criminal había entrado a su casa y había matado a sus padres, él milagrosamente había sobrevivido con apenas una herida en su frente— , y también era el mejor amigo de su hermano Ron, al cual le había escrito ese tonto poema; ella sabía que Neville tenía razón, lo que había sentido por él no había sido amor real, tal vez si un enamoramiento, una ilusión infantil… después de todo Harry no la había hecho sentir nunca como esa persona, pero eso también era una tontería.
Luego estaban Lavender Brown, la ex novia de su hermano, Parvarti Patil, Seamus Finnigan, Dean Thomas, el cuál alguna vez la había invitado a salir, pero eso no había ido a ningún lado.
—Por fin están listas las copias de los guiones —anunció Ginevra entrando al salón con varios cuadernillos en las manos, que fue repartiendo mientras cruzaba el pasillo de la fila de bancas—. Es un musical, necesitamos practicar duro.
Lavender apenas lo tuvo en sus manos leyó el título en voz alta: —"The sound of music".
—No quiero cantar —comentó Ron con una mueca.
—Por cierto, McGonagall me pidió que les avisara que no habrá clase de literatura —añadió Ginny, hablando un poco fuerte para que todos escucharan por arriba de sus voces.
—Que bueno, no hice la tarea —repuso Seamus, resbalando en su asiento.
—Ni yo —agregó Ronald, sonriendo campante.
Hermione los miró mal mientras chocaban sus manos, antes de volver su atención a su amiga. —¿Sabes la razón?
—La vaca de la profa *Burbage está dando a luz.
Las exclamaciones sobre la noticia no se hicieron esperar, pero éstas terminaron cuando la puerta del salón se abrió dejando ver a un llamativo rubio de ojos fríos como hielo, de aspecto elegante y altivo, casi era como si estuvieran en presencia de un actor salido de una comedia juvenil.
La pesada puerta se azotó y Ginny giró su rostro para encontrarse nuevamente con ese chico prepotente. En verdad deseo no sentirse afectada por su presencia pero no funcionó, un vació creció en su estómago, haciéndola sentirse extraña y fuera de control. Ni siquiera se dio cuenta del momento en que sus dedos se clavaron con más fuerza en los cuadernillos que cargaba.
No la tomaba por sorpresa que él estuviera ahí, la profesora McGonagall también la había puesto al tanto sobre su llegada, pero ella ingenuamente había esperado que él apareciera desde la primera clase, pero no sólo era odioso, sino también impuntual.
Y estaba segura que la lista sobre sus defectos crecería conforme avanzara el día.
—Seguro es de Londres —cuchilleó Lavender, pasando su mirada gatuna por él.
—Es tan guapo —respondió Parvarti con las mejillas sonrojadas, recargando su mentón sobre las palmas de sus manos, mientras sus codos descansaban sobre su pupitre.
—¿Viniendo al Instituto tan tarde? —farfulló Seamus para Dean, claramente molestó por la atención que estaban dándole todas al chicas, parecían como hipnotizadas por ese desabrido.
—Entró con estilo —susurró Lav con una sonrisita tonta, cubriendo sus labios con su lapicero que tenía un adornó en la punta.
—¿Ese quién es? —rumió, colocando una cara de agrió. A primera vista le caía mal ese tipo y estaba seguro que eso no cambiaría.
—No lo sé, Ron —contestó Harry, empujando sus lentes por el puente de su nariz hacía arriba devolviéndolos a su lugar.
—Deberían esperar a que se presente, de seguro es un alumno nuevo —dijo Hermione, manteniéndose templada y serena, aunque era evidente que también se había visto ligeramente impresionada por él.
Ginevra se giró hacia sus compañeros dándole la espalda a él. —Es un transferido de Bulgaria, viene de Durmstrang.
El silencio que apenas había durado unos segundos se rompió nuevamente entre las habladurías y los aplausos de bienvenida.
Draco le dirigió la misma mirada al salón que al resto del castillo, en serio ese lugar parecía ser sacado de la película del rey Arturo de Camelot, pero vamos era el siglo XXI, entendía eso de ocupar y darle otro uso a los espacios antiguos pero esto era demasiado fanatismo por esa época.
Sus cejas se elevaron y sus ojos se abrieron al ver ahí a esa chica extraña al frente del aula. ¿Acaso se trataba de una maldición? Parecía ser que estaba condenado a encontrársela en todos los lados.
Esta vez se permitió verla mejor que las dos últimas veces.
«¿Quién hubiera dicho que el uniforme la haría verse más decente?».
Realmente se sorprendió a sí mismo al tomar consciencia de lo que estaba pasando por su cabeza. Tal vez era porque ella llevaba una ropa en la que no nadaba y que le daba una mejor idea del cuerpo que había debajo o quizás era que no había alguien más interesante que ver ahí y eso era grave.
Ella se encontraba mirándolo profundamente como esa primera vez en su hotel. La antes línea recta de sus labios, desapareció bajo una sonrisa que se fue ensanchando lentamente. Ella podía fingir que no le atraía, pero seguro se estaba muriendo por él.
Inesperadamente ella cortó el contacto, bien… había ganado ese duelo de miradas. Seguramente la había puesto nerviosa y hecho temblar sus rodillas.
Perfecto.
Su chispazo de regocijo se terminó en dos segundos, cuando se dio cuenta que estaba sintiéndose así por una chica que probablemente estaba embarazada y que tenía como hobbie visitar los hoteles de lujo para ganar dinero metiéndose a la cama de los hombres ricos.
Eso cambio nuevamente su humor por uno muy oscuro.
—Preséntate tú mismo y escoge tu asiento.
Los ojos de Draco la atravesaron como si fueran dos cuchillas, ella confundida avanzó al escritorio dejando los guiones que habían restado.
—Siéntate aquí —pidió Lavender, limpiando de sus cosas el asiento vacío a su lado izquierdo.
Malfoy con frío desdén cruzó el aula sentándose en la butaca libre, sin preocuparse por presentarse. —Todos unos payasos —siseó para sí.
Esto sería tan divertido, como un día esquiando.
Fue entonces que lo notó, al lado de esa chica que parecía perro babeando por él, un enchufe iluminado por una luz divina que sólo él podía ver. De inmediato buscó su cargador y su celular en su mochila, no iba a desperdiciar esa oportunidad de tener un poco de comunicación con gente como él, que si merecía su atención.
Se levantó y en un santiamén ya había conectado su celular, lo prendió casi con desesperación, apretando de más el botón. Suplicando porque se cargara rápidamente.
—Míralo, parece que el cara de estreñido se quedó sin batería —susurró Ron para Harry y Hermione.
—Basta Ron, no tienes porqué molestarlo, ni siquiera lo conoces.
—Y ni quiero, ¿no viste cómo nos miró?, como sino existiéramos… parece que no somos suficiente para él. Así son todos los de ciudad, ¿has visto el celular que tiene?
—¿Eso qué tiene que ver?
—Es rico, Hermione.
—¿Y qué? Harry también lo es y eso no quiere decir nada.
—Harry nunca fue así, es uno de los nuestros.
—Dile algo —pidió exasperada.
Potter se sobó su nuca, incómodo por estar de nuevo en medio de una de esas peleas que siempre se daban entre sus dos amigos, odiaba hacerla de mediador. —No sé Hermione, Ron tiene un poco de razón, ni siquiera ha intento hablarnos.
—Pues deberíamos hacerlo nosotros, tal vez le cuesta sociabilizar.
—O no quiere hablarnos, acéptalo.
—Apenas ha estado unos minutos aquí, Ron.
Draco ajeno a esa pelea, por fin veía con alegría como su aparato cobraba vida.
—Sí.
Apenas estaba revisando sus mensajes cuando un nombre apareció en su pantalla, junto con una canción electrónica que inundó el aula. Sus entrañas se calentaron por la molestia que bullía en su interior. Sin pensarlo deslizó su dedo, aceptando la llamada de Snape.
—¿Qué es lo que quieres?
—Estaba preocupado por ti, la llamada se cortó anoche.
—Se cortó porque ese lugar al que me mandaste no tiene ningún servicio, es un cuchitril barato… así que no vengas con eso, joder. Empieza a preocuparte por ti mismo.
—Draco…
—Pronto serás despedido. —Con eso, colgó. Rechazando las llamadas consecuentes.
«El testamento decía no abandonar el Instituto, así que ser expulsado estará bien.»
Una sonrisa maligna se dibujó en sus labios. Alzó su cara, notando a su público, vaya par de estúpidos chismosos.
—¿Acaso nunca han visto a nadie hablar por celular? ¿Al menos conocen los celulares?
—¿Ves?, es un imbécil —concluyó Ron, lanzándole una mirada de triunfo a su amiga.
—Basta —pidió Harry, notando como Hermione volvía su atención al guion, claramente sulfurada por no haber tenido la razón esta vez. Él no necesitaba conocer más a ese chico, pues ya tenía su juicio sobre él. De alguna extraña forma le recordaba al abusivo idiota de su primo, sólo que éste era la versión de Hollywood.
La mente maquiavélica de Draco no tardó nada en idear un plan. Se sentó nuevamente en su lugar dejando su celular cargando, al instante Lavender se acercó a él, batiendo sus pestañas, utilizando la que probablemente creía su mejor sonrisa para coquetear—lo que ella no sabía es que esa sonrisa la hacía parecer un payaso sicótico—.
—No puedes hablar, ni usar tu celular en clase —manifestó Ginny atrayendo su atención. Normalmente Hermione era la que hacía notar ese tipo de cosas, pero ahora ella no estaba precisamente centrada en el nuevo.
—¿Y quién me lo va impedir? ¿Tú?
Ginevra estrechó sus ojos, su nariz se arrugó casi imperceptiblemente al igual que sus labios en un gesto de enfado.
—Haz lo que quieras.
—Es lo que hago.
—No te preocupes, nosotras nos encargaremos de ayudarlo a ponerse al tanto de las reglas y los deberes —anunció Lavender con gran amabilidad.
«Claro que lo harán.» Pensó sintiendo una punzada de fastidio, se recargó en el escritorio abriendo su guion, debía concentrarse en ese musical, pues eso si debía tener su atención, además era importante, no como él.
Draco exhaló dejando caer sus hombros, pasó su mirada de desagrado de una a la otra guacamaya, podía haberlas despachado rápido y fácil con alguno de sus comentarios mordaces, pero las necesitaba, así que tuvo que poner una de sus sonrisas que hacía caer rendida a cualquiera.
—Ese tipo de allá, ¿quién es?
Parvarti ladeó su cara, frunciendo sus cejas al ver a quién se refería. —Neville Longbottom.
—¿Ese es su nombre? —Soltó una risa, como si ellas hubieran contado un chiste que le hubiese causado tanta gracia, Lavender y Parvarti intercambiaron miradas confundidas.
—Sí, ese es.
—Vaya, todo aquí es así de circo, ¿no?
—¿Cómo?
—¿Y dónde están los monos? Seguro es ese —señaló a Seamus con mofa.
—No…bueno… ¿de qué hablas?
—Olvídenlo —dijo con rastros de risa, no esperaba que chicas con cerebro de pájaro entendieran lo que decía—. Volvamos con Bomboton, ¿sabe pelear?
—Es muy fuerte —mintió Parvarti.
—Te puede aplastar si le da la gana —agregó Lav, moviendo su cabeza logrando que su flequillo se agitara, siguiéndole el juego a su amiga—. No te metas con él —dijo rozando su hombro con el de Draco.
—¿Qué es lo que pasa con tu acento? —interrogó ladeando su cuerpo hacia la derecha, evitando así que se tocaran.
Lavender soltó un pequeño sonido que le hizo a Draco recordar un aullido de un gato ronco. Ella se enderezó, ignorando su anterior comentario siguió coqueteando muy a su estilo.
—Yo sólo digo, que es tan fuerte —repuso colocando su mano en forma de garras que arañaban su rostro— que no querrás…
—Deja de exagerar, si quieres mi atención tendrás que mejorar, asegúrate de seguir intentándolo.
Lavender se sonrojo. Levantó el espejo que tenía en su pupitre y se miró girando su rostro de un lado y otro, tocó su copete sonriéndole pícara.
—¿Me queda bien? —inquirió con la esperanza de obtener un halago.
—¡Como una buena zorra!
Lav sintió que la cara se le caía de vergüenza, estaba segura que no había sido la única que había escuchado eso. En verdad quiso echarse a llorar, pero su indignación pudo más, logrando que se mantuviera entera.
—¡Es tan insensible!
Draco se levantó apenas terminó de hablar, cruzó la habitación yendo directamente a la banca donde se encontraba Bomboton, golpeó su hombro y esperó a que éste se levantara.
—¿Qué?
Entonces se giró chocando con su torso, topándose con que ese Bomboton era aún más alto de lo que había pensado.
—Nos vemos afuera.
Neville desconcertado volteó a ver a sus amigos, los cuales tenían distintas expresiones, pero ninguno dijo nada. Así que él se rascó detrás de la oreja, encogiendo sus hombros mientras salía del aula.
Fue entonces que todos reaccionaron, algunos levantándose de sus lugares.
—¿Qué es lo que le pasa? —soltó Seamus.
—No lo puedo creer, lo ha seguido afuera —comentó Ron con pasmo.
—Oh no, ¿cómo ha podido? —expresó Lavender mortificada por sus anteriores palabras sobre Neville—. ¡Le va a pegar!
—¿Qué? —preguntó Dean sin entender.
—Sí, él quería saber si sabía pelear.
—¿Y qué le has dicho? —cuestionó Hermione con el ceño fruncido.
—Bueno… tal vez dije unas cosas que lo hicieron pensar que Neville sabía hacerlo.
Todos soltaron exclamaciones encontradas, logrando que Lavender se hiciera chiquita apenada por sus actos.
—No permitiremos que pase, vamos —anunció Hermione.
—No puedo creer que hayas hecho eso —replicó Ginny al pasar al lado de su ex cuñada. Realmente le preocupaba la suerte de su amigo Neville, no creía que supiera defenderse en una pelea, sabía que era valiente pero no creía que quisiera pegarle a Malfoy, y ese apenas había aparecido y ya estaba causando problemas.
—Lo siento, no pensé que él quisiera pelearse —comentó Lavender en un susurro.
—Mejor ya no digas nada —pidió yendo tras sus compañeros.
—Si los ve algún profesor, seguro los castigara o suspenderá —mencionó Seamus, andando detrás de sus amigos.
—Neville nunca se ha peleado, dudo que lo haga —añadió Harry.
—Creo que perdería si lo hiciera —musitó Ronald con una mueca.
—No digas eso Ron, no pasara nada.
—Sabía que ese sólo traería problemas…
*º*º*º
Draco esperaba en la torre de astronomía a que apareciera Bomboton, sentado tranquilamente fumando un cigarro mientras escuchaba su ipod. Después de escuchar doce canciones y terminar cuatro cigarros, observó su reloj.
¿Qué era lo que hacía que ese se tardara tanto? Debía haber salido tras de él.
Finalmente apareció cuando terminaba su quinto cigarro, parecía que había ido a participar en un triatlón antes de llegar ahí. Le faltaba la respiración y estaba sudado, con la ropa húmeda hasta las pantorrillas por la nieve.
Y no era para menos había estado buscando a Draco por todo el castillo, incluso en los terrenos, seguido de sus compañeros de clase.
—Tú… deberías haberme dicho a dónde ibas —exhaló con esfuerzo, alzando su cara y cerrando sus ojos buscando recuperarse. Estaba tan cansado que podía dejarse caer ahí—. Te he estado buscando por todas las partes.
Malfoy tiró la colilla de su cigarro, pisándola con la punta de su bota, asegurándose que estuviese apagada. Deshizo su posición y caminó hacia él, quitándose sólo un audífono.
—Deberías haber supuesto que sería aquí.
—Pensé que querías que te mostrara la escuela.
—Lo que sea —repuso sin interés, apagando su ipod y quitándose su otro audífono, guardándolo en el bolsillo de su pantalón—. Hagámoslo.
—¿Qué? ¿El recorrido? Seguro, podemos...
Por la escalera aparecieron atropelladamente sus compañeros, liderados por el trío de oro. Harry, Ron y Hermione.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —inquirió fastidiado.
—¿Qué es lo que haces tú aquí? —cuestionó Seamus crispando sus cejas— ¿Por qué sólo querías ver a Neville?
—Las peleas están rotundamente prohibidas —manifestó Hermione, dando un paso hacia ellos.
—¿Peleas? —pronunció Neville sin comprender.
Draco dirigió al cielo sus ojos, en serio que ese chico era un completo tonto. Se acercó a Neville pasando su brazo por el cuello de él, atrayéndolo a su altura.
—Escucha, sé que soy un chico malo, pero nunca había hecho esto antes. ¿Quieres golpear tú primero?
—¿Qué? ¿Golpear? ¿Por qué? —Compuso su postura, logrando que Draco quedara colgando de él— ¿Estás loco? —Se apartó de él, mirándolo de forma distinta.
—Entonces perfecto, permíteme. —Se tronó los dedos y su rostro de príncipe se deformó, mientras su mirada se oscurecía. Sin perder tiempo le soltó un puñetazo en el estómago, logrando que Neville se doblara y antes de que pudiera atinarle otro, Harry se interpuso, defendiendo a su amigo, golpeando a Draco, mientras Ron sostenía a Neville.
—¡Harry no! —gritó Hermione, saliendo disparada hacia ellos— ¡Ron haz algo!
—No se queden ahí —exclamó Ginny, pasando entre Lavender y Parvarti, para empujar a Seamus y Dean, pero al ver que estos estaban más interesados en vitorear a Harry, los ignoró.
—¡Basta! —intentó meterse, pero Ronald la atrapó entre sus manos alejándola de la bola de golpes.
—Estás loca, podrían haberte pegado.
—¡Suéltame Ron! —Pataleo, clavando sus uñas en las manos de su hermano, logrando que su hermano se quejara y dejara ir.
—¡Rayos, Ginny!
—¡Vayan por un profesor! —mandó Hermione, mirando a las dos chicas restantes.
Harry empujó a Draco con un golpe en el costado, finalmente se habían separado momento que Ginny aprovechó para saltar en medio al igual que Hermione, quién de inmediato tomó a Harry de los hombros.
—No más, por favor —suplicó, observando con angustia las heridas de su amigo—. ¿Dónde están tus lentes?
—¡Eres un animal! ¿Cómo pudiste hacer eso? —dijo Ginny con las manos cerradas, como si estuviera conteniéndose. Sus ojos azules centellaban furiosos, tal parecía que una tormenta se estuviera desatando en ellos, sus mejillas coloradas lograban que sus pecas resaltaran aún más.
Draco había visto desfilar por su vida muchas mujeres enojadas, pero esa extraña chica, parecía una fiera dispuesta a atacarlo.
Neville sintiéndose un poco mejor, se apresuró a ir por su amiga, temiendo que algo peor sucediera.
—Ginny vamos. —La abrazó, alejándola de Malfoy, sintiendo como ella se recargaba en él.
—Cálmate —pidió preocupado.
—Debería ser yo, la que estuviera cuidando de ti.
—No permitiré que se intercambien los papeles.
—Oh, vamos —Una mueca parecida a una sonrisa se dibujó en sus labios—. ¿En verdad estás bien?
—Sólo me tomó por sorpresa y su golpe me sacó el aire.
—¿Qué es lo que sucedió aquí? —preguntó McGonagall, acompañada de Horace y Filch. Todos se quedaron quietos con distintas caras.
*º*º*º
Draco había salido prácticamente ileso, apenas unos raspones y unos moretones debajo de su ropa. Harry Potter había resultado con el labio roto, la ceja izquierda hinchada, entre otras pequeñas magulladuras que habían sido atendidas en la enfermería.
Él había esperado que esto lo mandara directo a su expulsión y a su libertad, en el mundo de dónde provenía eso hubiese sucedido, pero al parecer eso no ocurriría en esa realidad distorsionada, sino porque estaba sentado en el despacho de Slughorn tomando él té, como si estuviese en un salón para saludar a viejos amigos.
—Entonces señor Malfoy, ¿usted comenzó esto? —preguntó, partiendo con su cuchara un trozo de su pastel.
—Sí.
—Sin duda heredó ese carácter de Abraxas, él solía ser así de explosivo. ¿Por qué lo hizo? ¿Qué es lo que le hicieron?
¿Acaso ese viejo siempre le recordaría que había conocido a su familia? Unas arrugas aparecieron en las esquinas de sus ojos cuando los estrechó. —Nada —respondió simple, una sonrisa cínica cruzó su cara—, quéjese con el director, dígale que me expulse por no respetar las reglas.
—¿Así qué eso es lo que quiere? Snape ya nos había puesto al tanto de sus posibles intenciones.
—¿Qué? —Estaba completamente turbado.
—Han comenzado mal sin duda, pero estoy seguro que podrán superar este penoso suceso, que no puede volver a repetirse. Confió en que ustedes, señor Potter, Longbottom, no irán tras él por una venganza.
Malfoy sintió como su sien brincaba por la sangre aglomerada, estaba hirviendo de rabia. Ese maldito Snape se le había adelantado, era un hijo…
—A Malfoy le está ocurriendo algo —mencionó Neville al verlo cambiar de color.
—Vamos relájese y disfrute de su té, le hará bien —indicó posando su vieja mano sobre su hombro sacudiéndolo un poco—. Cuando las heridas sanen, su mente madurara. Así es la vida, ustedes deben crecer, por supuesto habrá un castigo y usted señor Malfoy se llevara la peor parte, pero le ayudara a meditar sobre su comportamiento.
—¿Qué? Sólo quiero irme de esta escuela —masculló, sintiendo como sus entrañas se retorcían.
—Claro inminentemente lo hará como todos, pero tendrá que esforzarse para poder graduarse, no querrá pasar más tiempo aquí.
Draco se hundió en su silla con un aura oscura rodeándolo.
¡Demonios, demonios y demonios…!
La vida apestaba.
*º*º*º
Draco había tenido que acomodar materiales en el laboratorio de química como parte de su castigo, algo que le había desagradado por completo. Un Malfoy no era mozo de nadie, ni cumplía con castigos, así que cuando se quedó solo buscó un ingenuo chico de doce años, al cual le pagó por ayudarle, para cuando Slughorn había aparecido para supervisarlo, la mayoría del trabajo ya estaba hecho, sólo había tenido que tontear un poco y fingir que se encontraba haciendo algo.
No sabía cuáles habían sido los castigos de los otros dos, probablemente había sido algo más fácil, era obvio que ese viejo Sluggy babeaba por Potter, sin duda era su favorito. No entendía qué podía tener de interesante, era feo, con un cabello que parecía ser el nido de animales, cuatro ojos, desgarbado…y no parecía ser brillante.
Salió de Hogwarts al atardecer, fastidiado, cansado y un poco adolorido. El tener que caminar a su casa era lo peor.
Estaba por tomar el sendero que lo llevaría cuando vio a unos pasos de él a Potter montado en una gran moto acompañado por Longbottom. Su desprecio por ellos subió tan rápido como un cohete al cielo.
Apenas llevaba unos metros cuando los dos imbéciles decidieron pasar a su lado cerrándole el paso. Neville bajó de la moto, entregándole una linterna.
—Esta anocheciendo, úsala.
Draco se quedó perplejo. ¿Acaso se trataba de un tipo de venganza?
Neville puso el objeto en su mano. —El camino está muy oscuro y debes apresurarte, pronto nevara más fuerte —explicó al ver el mutismo del chico. Finalmente convencido de que no lograría sacarle ni una palabra, subió nuevamente a la moto.
—Ten cuidado, Malfoy —profirió Harry antes de acelerar, alejándose.
Ok. En serio este pueblo estaba de cabeza.
Se echó a andar, aún aturdido, prendiendo la gran lámpara. Hubiese sido mejor para él que le dieran una que no funcionara o que explotara, eso haría todo más sencillo, pero no, funcionaba e iluminaba muy bien su camino.
—¡Menudo pueblo de locos! ¿Qué se creen? ¿Ángeles? ¿Santos?
Contrajo su gesto con disgusto y resopló imperiosamente.
Metros adelante aún seguía dándole vueltas a lo mismo, el sendero en verdad se había puesto tenebroso, logrando que él se pusiera nervioso. La luz de la lámpara pronto iba a ser insuficiente, lo peor era que no había ni un alma por ahí y eso era espeluznante, en las películas de terror siempre los sicópatas aprovechaban esos momentos para atacar.
Unos aullidos le pusieron los pelos de punta.
—Deben ser perros.
Apretó su paso, deseando estar ya en su casa, pero conforme avanzaba los ruidos aumentaban.
—Se hombre Draco. Se hombre Draco…
Sonaba tan fácil decirlo, pero costaba llevarlo a cabo.
Un venado cruzó el camino, logrando que él se asustara, encogiéndose ligeramente, colocando sus brazos frente a su rostro.
—¿Siempre eres así de cobarde?
La voz femenina lo hizo componerse, tal como si no hubiera pasado nada. Ginny le lanzó la luz de su linterna a la cara molestándolo aún más.
—Era sólo un animal. ¿De qué te asustas?
—Ah, eres tú —contestó al reconocerla—. Tú fuiste la que me asusto.
—¿Yo? Claro… aprovechado, buscapleitos e insípido —murmuró con una mueca.
—¿Qué dijiste?
—¡Que eres un miedoso!
—¡Ha! Claro, da miedo tropezar con una chica fea como tú por la noche —contestó apartando el rostro de la luz—. Aleja ya eso de mi cara.
—Como quieras. —Movió su lámpara y Draco pudo por fin enfocar su mirada, notando como ella se había quedado en silencio y su rostro tenía una expresión de pánico total.
—¿Qué? ¿Qué ocurre?
—Tu novia está temblando, tiene frío —comunicó dramática con cara de pánico, alejándose de ahí aprisa.
—¿Qué?
Draco sintió cosquillas en la nuca, ni siquiera quiso voltear a ver detrás de él, por temor a encontrar un fantasma. Tomó su lámpara y se echó a correr tras la chica extraña. Ginny sonrió con travesura, seguro que le había metido un buen susto.
—Ahí no había nadie, ¿cierto?
—¿Acaso no la viste?
—No sigas con eso.
Ginevra se mordió su labio inferior, apresando la risa que deseaba escapársele. Una profunda "v" apareció en el ceño de Draco mientras se regañaba a sí mismo mentalmente, había sido demasiado tonto al caer en ese jueguito.
Caminaron en silencio bajo los copos de nieve, curiosamente, ninguno se sintió incomodo al respecto.
Draco tuvo que reconocer que le agradaba verla en calma y no convertida en una fiera, pensaba que cuando se volvieran a encontrar, ella lo golpearía o reclamaría por atacar a sus amiguitos, pero no había sido así.
«Que chica tan más extraña.»
Ninguno en su clase había mencionado nada sobre su embarazo, sin embargo su hermano y el simplón de Bomboton la habían estado cuidando, alejándola de la pelea, ¿podía eso significar algo?
Tal vez ni siquiera estaba embarazada o probablemente ya no lo estuviera. Ya no sabía qué pensar de ella, ¿era o no una zorra? Lo único de lo que tenía certeza era que ella se había molestado cuando había golpeado a Potter.
Vaya, vaya…
Ginny se detuvo inesperadamente, recogiendo una flor de la nieve. Seguramente se le había caído a alguien al pasar por ahí. Se la puso detrás de la oreja y se giró hacía él con una hermosa sonrisa.
—Bonita, ¿no crees?
—¿Estás loca?
Ella bajó la mirada, sintiéndose tonta. —No, pero sí enferma.
—Joder, lo sabía te escapaste del manicomio.
Ginny hizo un gesto de enojo, le arrancó la lámpara de las manos y la aventó al montón de nieve al lado de la vereda.
—Buenas noches, esta linda chica se marcha —anunció sonriéndole un vez más antes de partir con paso saltarín.
—¡Vuelve aquí!
Ginevra se volteó agitando su brazo, diciéndole adiós de forma muy alegre.
—¡Esa zorra! —rumió, el aliento escapó de su boca, creado una pequeña nube de vapor. Con coraje tuvo que meterse a la nieve, para buscar su lámpara— ¡La tengo! —gritó logrando que ella volviera a mirarlo con esa sonrisa infantil, danzando en la oscuridad con su lámpara.
*º*º*º
Draco llegó a su casa, topándose con que por fin había luz. Eso sin duda mejoraría su vida ahí, ya que su plan de la expulsión no funcionaría, tendría que pensar en otro y eso quería decir que tendría que pasar más tiempo ahí.
Su celular no dejaba de sonar, con todo lo que había pasado ni siquiera había podido revisarlo y justo en ese momento Blaise, estaba llenando su celular de notificaciones.
—¿Qué es lo que quieres?
—Carajo Draco, ¿dónde te has metido?
—En el fin del mundo —comentó sarcástico.
—¿Acaso ya estás disfrutando de tu fortuna?
—Si, no sabes como la estoy disfrutando.
—¿Qué diablos te pasa?
Draco entornó sus ojos, se quitó con exasperación su bufanda aventándola al sillón. —Pasa que el viejo me jodió todo…
Zabinni se carcajeó al escuchar la historia, logrando que Malfoy zumbara de enojo. Sabía que ese imbécil no pararía de burlarse así que colgó sin más, botando su celular.
Se quedó en medio de la sala, escuchando el sonido de la soledad, estaba acostumbrado a eso, pero por alguna razón se le hacía pesado estando en ese lugar. Se pasó los dedos por su cabello hasta llegar a su cuello.
Necesitaba comer y dormir.
Avanzó hasta la cocina buscando algo de lo que había comprado ayer que pudiera hacer en el microondas y mientras esperaba, sentado en la mesa, a su mente volvieron todos los eventos del día.
No pudo evitar pensar que esa extraña pelirroja que era igual a más preguntas que respuestas.
—Debo estar volviéndome loco.
¿Por qué diablos estaba rompiéndose la cabeza pensando en ella? Ya fuese una zorra, una loca, una embarazada, una fiera… le daba igual.
Él no se interesaba en chicas así.
Lo que le recordaba que debía seguir haciendo su labor con Astoria, pues al salir de ese pueblo, requeriría una larga temporada con chicas de verdad y ella estaba en su lista de promesas a cumplir.
Después de una cena carente de elegancia y buen sabor, subió a su cuarto. Encontrándose con que ese empleaducho en lugar de atacar a esas ratas, había decidido colocar trampas.
Se pasó las manos por la cara, frotándosela frustrado.
*º*º*º
Algunos días pasaron y él se las arregló para sobrevivir. Nada había mejorado ni empeorado, había hecho algunos otros intentos por salir de esa escuela, pero ninguno había funcionado y tampoco pensaba pasársela en detención y castigos, eso le salía demasiado caro a sus bolsillos.
Justo ahora estaba matando su aburrimiento jugando *Jetpack Joyride en su celular. Acostado en una de las gradas del gimnasio; como era aún invierno tomaban Educación física dentro, suponía que en la primavera lo harían al aire libre, pero era algo que no le importaba.
Sus compañeros se encontraban jugando un partido de fútbol en espera de que la profesora llegara. Lo habían invitado a participar, pero él los había rechazado, no es como si le interesara hacerse su amigo, ni convivir con ellos.
—¡Juega como tiene que ser! —gritó Seamus.
—Pásame el balón…
—Yo soy más rápido…
—Estoy más cerca…
—¡Vamos Harry! —animó Ginny, sentada a unos metros de él.
Draco la miró por arriba de su celular. Parecía tan emocionada con el partido que era evidente que deseaba estar ahí, pero no lo estaba.
«Seguro es por su embarazo.»
Ese pensamiento le trajo un mal sabor a su boca y no supo por qué.
Ella no tenía novio, lo sabía con certeza, no porqué hubiera estado poniendo demasiada atención en ella, sino porque era un pueblo en el que solías toparte a las personas fuera de la escuela y a ella la había visto andar con muchas personas, pero con ninguna tenía una relación amorosa.
Tal vez el padre del niño era de la ciudad, o quizás ni siquiera sabía de quién era.
Aunque era evidente que tenía preferencia por San Potter, el defensor de los tontos. Se preguntaba si la Come-libros Granger lo sabía, después de todo era obvio para él que le gustaba ese y enmascaraba sus sentimientos bajo esa amistad.
Patético.
Le había bastado ese tiempo para analizar y catalogar a sus compañeros. Aunque esa pelirroja sí que lo perturbaba, había algo de ella que no le cuadraba.
Había momentos en que era toda sonrisas y otros en los que le parecía que sufría una profunda tristeza que escondía bajo un semblante alegre. Tal vez en verdad estaba mal de la cabeza.
Justo ahora estaba tan animada, soltando porras para sus amigos. Su cabello rojo —inaceptable— estaba arreglado en dos trenzas, un flequillo caía sobre sus ojos y ella parecía nadar en ese pans que traía, era obvio que no era de su talla, haciéndola ver frágil y bonita.
«No, no estoy pensando eso. ¡Ella no es bonita!».
Rolanda Hooch apareció haciendo sonar su silbato. —¡Agrúpense! —mandó, notando a su espalda a Draco descansando cómodamente—. ¡Usted! ¿Qué está haciendo ahí?
—¿No es obvio?
—Ah, señor Malfoy. De una vez entérese que en mi clase se viene a trabajar. Empiece a dar vueltas alrededor de la cancha.
Draco se sentó de golpe. ¿No estaba hablando en serio o sí?
—¡Ahora, señor Malfoy!
—¿Y por qué no le dice nada a ella? —graznó señalando a Ginny, quién respingó antes de bajar la mirada.
—Eso no es su asunto —respondió hermética—. Empiece a calentar.
A regañadientes hizo lo que le pedía esa vieja fea de cabello gris. Ginny se echó a reír divertida y él la miró de forma siniestra entrecerrando sus ojos.
—Cállate Cabeza de jitomate.
Ella le sacó la lengua, girando su cabeza con indignación. Él contorsionó su rostro mosqueado.
*º*º*º
Había pasado un cuarto de hora y Draco estaba que no podía más, sus compañeros se encontraban dando vueltas como él acompañados de la profesora, pero parecían no cansarse, estaban tan frescos como cuando habían comenzado.
Y él creía que tenía condición por jugar en el equipo de fútbol de Durmstrang e ir al gimnasio un par de veces a la semana, que equivocado estaba. Incluso el sapo de Longbottom tenía más condición que él y eso era imperdonable.
—Vamos, señor Malfoy, cierre la boca y respire por la nariz o se cansara más.
Draco juntó sus cejas, lanzándole una mirada enojada.
«Ojala se cayera, maldita bruja.»
Para cuando el reloj había dado la media hora, él ya estaba cayéndose, dando pasos más por inercia que por deseo. Tenía un dolor en la costilla, en las piernas, los talones y el aire no parecía ser suficiente para saciar sus pulmones, estaba jadeando como perro.
—Tendrá que ejercitarse, su condición física es inadmisible. Descanse ya, verlo es un espectáculo miserable.
Las burlas no se hicieron esperar. Ginny desde su lugar lo vio desplomarse, una sonrisa floreció en su cara pecosa. Tomó su botella de agua, junto con una toalla y sin pensarlo se dirigió hacia él.
—¡Hey! Toma un poco.
Draco abrió sus ojos, observando a la pelirroja inclinada hacia él, sus ojos azules tenían un brillo divertido y sus labios rosados estaban ligeramente curvados como si la risa estuviese a punto de escapar de ellos. Ella tenía un halo de luz que provenía de la lámpara bajo la que encontraban, parecía como una aparición… una que logró dejarlo en blanco.
—Sí, tiene arsénico, pero seguro alguien como tú es inmune a eso.
—¿Qué? —barbotó.
—En verdad te afecto, ¿no? —La sonrisa en sus labios creció hasta volverse radiante—. Que no tiene veneno. —Dejó la botella a un lado de él y colocó la toalla sobre el torso que subía y bajaba aún de forma irregular. Y en una acción imprevista pasó sus dedos por la frente de él despegando sus cabellos húmedos por el sudor.
El hormigueo eléctrico que sintió con aquel roce lo tomó por sorpresa, se movió por instinto logrando que ella apartara su mano, apenada. Sus mejillas se tiñeron de rosa y desvió su mirada.
—No morirás por esto.
Se enderezó y se alejó de él, yendo hacia los vestidores.
Draco estaba trastocado, sus ojos la siguieron sin razón, hasta que no pudo verla más.
¿Qué había sido todo eso?
*º*º*º
Malfoy iba nuevamente tarde para la escuela, había tenido una muy mala noche y esta vez no tenía nada que ver con las ratas que azotaban su casa, afortunadamente Hagrid las había sacado. No entendía cómo es que trataba a semejantes animales como mascotas, aunque claro todo en ese pueblo era así de rarito.
No había podido dormir debido al carrusel de pensamientos que había desatado aquel incidente con la Cabeza de zanahoria. No le encontraba sentido a por qué ella lo había hecho sentir así y dado que ya lo había tratado de entender desde todos puntos de lógica, había decidido olvidarlo, dejarlo pasar.
Estaba dicho, lo borraría de su mente, así todo volvería a la normalidad.
*º*º*º
Ginny estaba escribiendo en el pizarrón todos los papeles del musical y quien se encargaría de desempeñarlos, así como los equipos que se ocuparían del vestuario, la parte de las luces y audio, escenografía, entre otros detalles.
No eran el único grupo que se graduaría, había otros tres, los cuales realizarían distintos eventos. Sabía que podían contar con algunos de sus compañeros si hacía falta, pero en esencia tenían que sacar adelante éste proyecto, solos.
El profesor *Flitwick se encargaría de observar su trabajo y guiarlos hasta que la profesora Burbage estuviese de vuelta.
—Sólo queda un personaje —murmuró Ginny—. La sirvienta. —Se giró hacia sus compañeros, esperando sus opiniones cuando la puerta se abrió.
Draco entró al salón con su actitud de autosuficiencia, notando que todos lo miraban como si esperaran que él hiciera algo.
—¡Ah, sabía que había olvidado a alguien! Bien. El personaje es tuyo, Draco —anunció ladeando su rostro con una pequeña sonrisa.
—¿Qué? ¿Qué tengo? —cuestionó con aire despreocupado.
—La sirvienta —dijo Ginny, señalando hacia el pizarrón.
—¿La sirvienta? ¿Qué es eso? —Sus ojos buscaron la respuesta en sus compañeros.
Hermione tomó la tarea de explicárselo. —Tenemos que interpretar una obra para graduarnos, es a beneficio del Orfanato.
—¿Quién lo dice? —replicó con una risa— Esto es una mierda. ¿Qué pasa con este Instituto? El Ministerio de educación se enterará de esto.
—Es una parte del temario —añadió Hermione, frunciendo su ceño.
—Todo el mundo tiene que hacerlo —profirió Seamus.
—No tienes elección —comentó Ginny con seriedad.
Él bufó audiblemente, maldiciendo por dentro. Su mirada filosa atravesó el lugar clavándose en esa pelirroja, ignorando al resto de sus compañeros.
—¿Por quién me has tomado? ¿Por un marica? ¿Qué es este lugar? ¿Un parvulario? —exclamó de mala forma— ¿Y para el Orfanato? ¡Ni creas que lo voy a hacer, déjame fuera!
—¡Eres un idiota! ¿Cómo te atreves a hablarle así a mi hermana? —bramó Ron, levantándose de forma brusca de su asiento, logrando que sus lápices cayeran.
—Yo hago lo que quiero, ahora que si quieres que te rompa la cara podemos ir afuera.
Ronald dio un paso hacia él, cuando su hermana apareció a su lado. —No vale la pena.
—¡Huy que tierno! ¡Los hermanitos sangrientos! ¡Que asco me dan!
Salió dejando un ambiente tenso detrás.
—Es atractivo, pero también es un idiota —exclamó Lavender, torciendo su boca.
—Debiste dejarme pegarle a ese… hurón.
Ginny sonrió a medias por la comparación. —Déjalo, sé que volverá.
Se le había hecho un nudo en el estómago, no le agradaba nada tener estos desencuentros con él. Tal parecía que nunca se entenderían…
*º*º*º
Malfoy no regresó a la escuela ese día, por la tarde había salido de su casa a caminar un poco. No lo habría hecho de poder, pero tenía un grave problema entre las manos, uno que si le robaba la tranquilidad.
El dinero que había llevado consigo se había terminado con su última comida, por supuesto no quería recurrir a Snape, eso sería como arrastrarse y dejarlo ganar.
Sentado en un puente de piedra, tomó una decisión. Tragándose su orgullo, sacó su teléfono y mientras el sonido del tono de llamada resonaba en su oído, sus dedos tamborileaban sobre su pierna, evidenciando su nerviosismo.
*º*º*º
En Londres, Theo, Blaise y Pansy pasaban un buen rato en el restaurante de moda de su círculo.
—Bueno, soy rica.
—¿De verdad? —cuestionó Zabinni tomando su mano, observando la pulsera que rodeaba la muñeca de Millicent, una amiga de Theodore que se habían encontrado en el lugar y a la cual él atentamente había invitado a unírseles en la mesa.
—No tanto como yo —comentó Pans.
—Eso no lo sabes.
Pansy le dio una sonrisa forzada. Theodore se estaba divirtiendo con la situación, su amiga solía ponerse tan posesiva con ellos y más ahora que su amor se encontraba lejos, sin contestarle las llamadas. Blaise le había comentado la breve plática que había sostenido con su amigo, no sabía que tanto era cierto, pero por lo que había logrado averiguar Draco en verdad se encontraba en el país y en esa escuela. Sobre su herencia los detalles eran privados y sólo el equipo de abogados que manejaban el asunto tenía la información, haciendo que fuese casi imposible acceder a ella.
Comprendía por qué Draco no había querido hablar con ninguno, era obvio lo que le pasaba, se había pavoneado tanto por ese dinero que obtendría, que al no tenerlo, se había sentido como él más grande idiota y todos a su alrededor se lo hubiesen hecho ver.
—Estás muy callado —acusó Pansy, mirándolo con análisis.
—Lo siento, me quede pensando en algo.
Su celular comenzó a vibrar al lado de la mesa, lo tomó leyendo en la pantalla el nombre de Draco.
—Disculpen, debo atender —musitó, levantándose de la mesa con rapidez, alejándose unos pasos de ellos—. ¿Qué ha pasado?
—¿Por qué has tardado tanto en contestar?
—Estaba ocupado y tú no has respondido a mis llamadas, así que guarda tu molestia para otro.
Pansy dejó de poner atención a la plática trivial apenas Theodore se fue de la mesa. Era obvio que algo sucedía, se incorporó discretamente escuchando apenas retazos de lo que decía.
—¿Es Draco? ¡Pásamelo!
Nott bajó el celular, mirando a la chica con desaprobación.
—Déjame hablar con él —exigió buscando quitarle el celular.
—Espera, estamos tratando algo importante —exclamó, retomando su llamada.
Blaise al escuchar el nombre de su amigo, había dejado de atender a Millicent para ir con Theodore, buscando también poder hablar con Draco, desde su última plática el muy maldito había dejado de responderle.
—No preguntes, quiero que me deposites algo de dinero.
—¿Me estas pidiendo dinero? —indagó incrédulo, no creía que tal mal estuviera su situación.
Blaise abrió sus ojos muy grandes, su mandíbula cayó un poco. Draco Malfoy sin dinero, ¿quién lo hubiera pensado?
—¡Quiero hablar con él! —chilló Pansy colgándose del hombro de Theodore.
—Joder Draco, ¿en verdad estás en la escasez?
*º*º*º
Draco soltó un sonido de molestia. Esto estaba costándole más de lo que creía posible, nunca había tenido que recurrir a eso y era tan desagradable.
—Te mandare la dirección —acotó sin dar más detalles, antes de colgar.
Se movió del puente y comenzó a caminar buscando apaciguar el malestar de su interior. —Esto es tan humillante. ¡Tan jodidamente humillante! ¡Es humillante! —declaró dejando escapar todo lo que sentía y que estaba acumulándose dentro de él. Había tenido que dejar de lado su arrogancia para poder dar ese paso y sentirse así no era algo a lo que estuviese acostumbrado.
—¡Es tan humillante! ¡Diablos, es humillante!
Odiaba perder el control, odiaba ser pobre. Se pasó las manos por su cabello, tirando de él.
La sensación que lo recorría era algo que pocas veces había experimentado y nunca con tal intensidad, esto se estaba clavando en lo profundo de su ser.
Era un Malfoy, no tendría que pasar por esto.
Pateó el puente con coraje. Necesitaba desquitarse, sacar todo lo que traía adentro, pelearse en ese pueblo no parecía ser la mejor opción —no con la gente que vivía ahí—, así que tenía que pensar en otra cosa.
Miró el cielo como si se encontrara viendo a Abraxas Malfoy.
—Abuelo… se lo que tenías planeado, pero no va a funcionar, le podré final a esto.
Avanzó pateando la nieve. —¡En verdad es humillante!
*º*º*º
El fin de semana Draco tuvo que ir al Callejón Diagon, un lugar a unos kilómetros de distancia de Ottery St. Catchpole, donde se encontraban varios negocios, incluido un banco Gringotts.
Theodore le había depositado una cantidad que le permitiría encargarse de todos sus gastos, además de llevar a cabo otra cosa que tenía mente para escapar de ese infierno.
Al ser la primera vez que iba, se tomó el tiempo para recorrer el pasaje y cuando se encontraba observando el escaparate de Artículos de calidad del fútbol, vio por el reflejo pasar a "Ginny Weasley" —sí, conocía su nombre pero no era algo que quisiera saber en realidad—, acompañada de una peculiar rubia.
Parecían muy animadas y él no pudo evitar sentir curiosidad. Así que las siguió, ellas no hicieron nada realmente interesante hasta que se detuvieron en una edificio azul. *La vidriera izquierda era deslumbrante llena de un surtido de mercancías que giraban, estallaban, destellaban y chillaban. Todos los que pasaban por ahí se quedaban embobados, incluso él desde lejos había tenido que parpadear para evitar que los ojos le lagrimearan por ver así de fijo ese lugar.
No esperaba que en ese pueblo aburrido se encontrara una tienda de bromas. ¿Así que la gente sabía lo que era reír y divertirse? ¡Vaya novedad!
—Draco —exclamó Lavender con singular alegría, tomándolo del brazo—, ¿qué haces aquí?
Malfoy puso los ojos en blanco. No estaba Pansy para fastidiarlo, pero si estaba esta pueblerina con nombre de perro —aunque ella insistía en que provenía de una flor—.
—Eso no te incumbe.
—¿Quieres entrar a Sortilegios Weasley?
—¿Weasley? —repitió crispando su cara.
—Sí, es de los hermanos de Ginny y Ron, hace dos años ellos dejaron la escuela para poner esta tienda, al parecer Harry los ayudó.
—Vaya…
—Debes conocerlos, son tan divertidos… sólo pasa un rato con ellos y dejaras de estar amargado.
Él se zafó de su agarre. —No tienes tanta suerte.
—Eres un aguafiestas —mencionó sentida.
—Vete. —La despidió como si se tratara de una mosca.
Ella hizo una rabieta, pero él la ignoró más interesado en ver como Ginny reía mientras le hacían cosquillas dos pelirrojos idénticos.
Se veía feliz ¿y eso qué le causaba a él?, ¿qué es lo que estaba sintiendo?
*º*º*º
Ginevra por fin pudo descasar del ataque de Fred y George, la panza le dolía pero de buena forma y mientras buscaba recuperarse, un escalofrío la recorrió desde la nuca hasta sus pies, haciéndola temblar un poco. Era esa sensación que tenías cuando eras observada, sus ojos buscaron entre las personas que transitaban por la calle, por un momento creyó que sólo había sido su imaginación hasta que su mirada encontró la de Malfoy.
Su boca se abrió en una pequeña "o". Eso sí que no lo había esperado pero no importaba. Una sonrisa se formó en su rostro, era esa clase de sonrisa que le das a un amigo a manera de saludo.
*º*º*º
Draco huyó escabulléndose entre la gente, tenía el corazón descontrolado. No podía creer que había sido descubierto por ella.
¿Qué rayos había estado haciendo?
En su vida había estado tan avergonzado. Eso a él no le pasaba, él no hacía esa clase de cosas. ¡Las chicas se lo hacían a él!
Definitivamente la estupidez era contagiosa, debía salir cuanto antes de ahí o terminaría siendo como Bomboton o peor como Flaherty —apellido equivocado de Seamus—.
*º*º*º
El lunes por la mañana, Draco llegó a Hogwarts dispuesto a terminar con todo eso. Se dirigió a la oficina del director y sentado frente al extraño escritorio esperó la llegada de Albus.
—Buenos días, señor Malfoy, ¿qué lo trae aquí?
Draco sacó un sobre blanco de su abrigo deslizándolo hacia Dumbledore. —Esto debería ser suficiente.
Albus se acomodó sus gafas de media luna, sus labios se curvaron con la experiencia ya de muchos años de haber tratado con alumnos. Tomó el sobre y le echó una mirada sólo para complacer a su alumno, incluso arqueó sus cejas fingiendo sorpresa ante la cantidad que le ofrecía en ese cheque.
—Déjeme graduarme, no vendré más a clases.
—Y dígame señor Malfoy, ¿qué tiene que ver eso con este dinero? —cuestionó, guardando el papel de nuevo en el sobre.
—Será codicioso —espetó insolente, sin poder creer el descaro del viejo, quizás necesitaba más dinero para ganarlo en más baratijas para seguir con su escenografita de época medieval. Buscó en el bolsillo de su túnica, sacando otro cheque doblado y colocándolo frente al hombre—. ¿Qué tal ahora?
Albus le regresó el papel junto con el sobre. Draco lo miró con cara de interrogación, esperando que se explicara.
—Tal vez no lo ha escuchado antes señor Malfoy, pero "la habilidad de un profesor es el ideal de poder cambiar a las personas". Por Ralph Emerson —profirió, entrelazando sus manos, recargándose en su silla.
Draco desinteresado, sonrió con descaro. —Ya sé, pero no voy a cambiar. No es para tanto.
Dumbledore sonrió, se incorporó y anduvo por la habitación hasta que encontró su dulcero dejándolo sobre el escritorio.
—Adelante, tome uno.
Él miró los dulces sin comprender, pero aun así complació al viejo tomando uno.
—Señor Malfoy, en esta institución las cosas se hacen justas y completas, lo que quiere decir que tendrá que trabajar y esforzarse como lo están haciendo el resto de sus compañeros. Aquí no hay atajos, deberá seguir por el camino largo.
Draco emitió un sonido de queja y a pesar de las palabras de Albus, logró mantener la cara en alto. Se incorporó tensó, dejando que el rictus de su boca hablara por sí solo. Tomó sus cheques con disgusto arrugándolos en su puño.
—Y señor Malfoy, le aconsejo no intentar hacer nada parecido con el resto del personal.
Malfoy cerró sus ojos con fuerza, los músculos de su cara se endurecieron al igual que el resto de su cuerpo. Se estaba tragando su enojo de tal forma que terminaría teniendo una fuerte gastritis.
Se alejó con pasos rabiosos. Albus sin embargo lo encontró gracioso.
—Su carácter debe ser de familia —comentó con una exhalación—. Lo han dejado demasiado pronto.
*º*º*º
Draco ni siquiera se molestó en ir a su salón, salió a los terrenos. Se quedó ahí recargado en un árbol, buscando apaciguar su genio. Para cuando miró su rolex ya habían pasado dos clases, golpeó su cabeza contra el tronco.
No podía creer que una vez más hubiese fracasado, parecía estar condenado a cumplir lo que su abuelo quería como había dicho y lo odiaba.
Unas chicas de grados menores al suyo, pasaron a su lado sacudiendo sus caderas al caminar, con las mejillas coloreadas, buscando captar su atención.
Él no estaba para eso ahora y las ignoró olímpicamente.
—Joder…
Necesitaba un cigarro, había logrado conseguir unos con otro estudiante que solía fumar atrás del estadio de futbol. No eran los que a él le gustaban pero eran mejor que nada. Estaba buscando su cigarrera cuando el ruido de un motor atrajo su atención, en cuestión de segundos vio aparecer dos coches de lujo.
Una sonrisa sincera danzó en sus labios al reconocer a los tripulantes, nunca antes se sintió tan feliz de verlos.
—¡Amor! —exclamó Pansy, saliendo casi por la ventanilla.
—Draquito —gritó Blaise, deteniendo el coche.
—¡Draco eres malo, no me has respondido ni un sólo mensaje! ¡Te he echado muchísimo de menos! —exclamó Pans corriendo hacia él, echándole los brazos encima.
Él se dejó abrazar, al fin una chica que olía a ciudad y riqueza. Sus dedos se enredaron en su melena oscura, mientras ella besaba su mejilla. No pensó que se sentiría así de bien tener a Pansy cerca, pero bueno la vida en ese pueblo lo había hecho añorar muchas cosas que antes que no.
—¿Subirás o no? —cuestionó Theo desde el interior del coche.
Malfoy soltó una carcajada. —Dalo por hecho.
Pansy lo dejó ir con una sonrisita de victoria.
—Vamos por unos tragos —comentó Blaise—, muéstranos el lugar.
—Aquí no hay chicas a las que quieras conquistar.
—¿Quién hablo de chicas?
—Por favor, negro.
—Déjame decidirlo a mí —concluyó Blaise con una sonrisa lobuna.
Pans alargó la mano golpeando al moreno. —Yo seré la única chica de esta reunión.
—Nena, acéptalo… eres como el cuarto amigo, no tienes voto en esto.
Ella refunfuñó girando su rostro hacia la ventanilla.
—Eres tan gruñona —comentó con una risotada, prendiendo su coche para seguir a Nott, ya quería ver lo bueno de ese lugar.
Ginny junto con sus compañeros se dirigían hacia el gimnasio, para su práctica de fútbol, pronto se jugaría el segundo partido del torneo interno y debían estar preparados para enfrentar al equipo de "Ravenclaw", del grupo B del último año.
Le extrañaba que Draco no hubiera aparecido con su mal humor en el salón, sabía que había ido a la escuela, lo había visto por los pasillos, cuando iba a la enfermería y se hubiese quedado con todas sus preguntas de no haber presenciado como se iba con unos foráneos adinerados.
Nunca lo había visto sonreír así, incluso apostaría a que estaba feliz. A pesar del tiempo que llevaba yendo a la escuela, no había logrado adaptarse y cada día que pasaba era una oportunidad más que él dejaba ir.
—¡Son coches fabulosos!
—Y ella es hermosa —suspiró Ron embobado.
—¡Esa barbie seguro es un trabajo de cirugía plástica! —farfulló Lavender torciendo su boca hacia un lado, sintiendo celos.
—Es mejor que sigamos —manifestó Hermione acarreándolos, notando como Harry también había encontrado bella a esa chica. El estómago se le hizo nudo, no soportaba seguir siendo la amiga que veía como el hombre que quería se fijaba en alguien más y no en ella. Harry nunca había mostrado más que amistad y cariño de hermanos por ella, sabía que estaba fuera del grupo de chicas que le gustaban. No era estilizada y hermosa como las francesas que habían llegado de intercambio a Hogwarts, ni tampoco como Cho Chang, una atractiva asiática que había egresado ya del colegio, con la cual él había sostenido una relación.
Inhaló profundamente, buscando controlarse. No le hacía nada bien, ponerse a pensar en esas cosas. De cualquier forma no es como si la situación fuera a cambiar de un día a otro, ya debería estar acostumbrada y saber cuál era su lugar en la vida de su amigo.
Por su parte Ginny se fue quedando atrás, su semblante se había vuelto gris reflejando su estado.
—Ella es linda, pero no tanto como tú —halagó Neville, buscando sacarle una sonrisa.
—No es cierto —repuso sacando su lengua. Sabía lo que su amigo quería hacer, así que lo complacería, él siempre quería hacerla sentir bien.
Neville tropezó con el cordón de su tenis, haciendo que ella riera un poco.
—Debes tener cuidado.
—Ya estoy acostumbrado.
Ginevra se agachó y en un dos por tres ya había amarrado la agujeta. —¿Ves? No es tan difícil hacerlo.
—Gracias.
—De nada, vamos… ya nos hemos retrasado.
—Esta bien Ginny, no pasa nada —comentó tomándola del codo, haciendo que volviera un paso para estar frente a él—. Malfoy es realmente un idiota, pero seguro debe tener algo bueno para que te hayas fijado en él.
Ginny respingó al escuchar eso, claramente anonadada por ser descubierta. —Eso…
Él levantó su mano, pidiéndole que esperara. —Eres un arcoiris ahora mismo, aunque también podrías pasar por un camaleón —murmuró con burla observando su rostro teñido de colores—, escucha, él se dará cuenta de lo grandiosa que eres.
La pelirroja no aguantó más, se abrazó a su amigo, escondiendo su rostro en su torso. —Tal vez… no quiero que lo haga.
—Ginny —murmuró estrechándola con fuerza— , ¿eso es por…?
—Sí —respondió cerrando sus ojos húmedos, aferrándose a él.
Ya debería haber aceptado su destino, pero no era fácil…
*º*º*º
Draco los llevó al bar más cercano del que había oído hablar: Las Tres Escobas.
Al entrar comprobó que no era la gran cosa, como todo en ese lugar. Tenía ese aspecto campirano y pobre, al menos estaba limpio.
—¡Que sitio, Draco! —silbó Blaise, pasando su mirada por cada rincón.
Se sentaron en una mesa desocupada, aunque era evidente que los tres desentonaban con el lugar.
—Hola, ¿qué les traigo? —preguntó de forma melosa Melanie, la mesara en turno, la cual tuvo el atrevimiento de tomar la silla al lado de Draco.
—Sorpréndenos linda —contestó Zabinni con una sonrisa que escondía una mofa. Dios esa chica no era para nada su tipo y mucho menos masticando de forma tan espantosa su goma de mascar.
Ahora comprendía lo que decía Draco antes.
—Chicos tienen tanto estilo.
Blaise le guiñó el ojo, alimentando más el parloteó de la joven.
—Sólo tráenos algo de beber —pidió Theodore, despidiéndola.
—Así que decidiste quedarte en este pueblo perdido en las montañas —comentó Zabinni sin rodeos.
—No.
—Pensamos lo peor, porque no contestabas.
—Menos mal, creí que con todo eso del testamento acabarías volviendo un pueblerino pobretón —molestó Blaise.
—Idiota —acotó mirándolo con odio—, es sólo que no he encontrado la forma de lárgame de aquí y obtener mi dinero.
—Deberías intentar terminar y ya, es menos de un año —aconsejó lógico Theo.
—No les he pedido su opinión.
—Tranquilo *Grumpy, tu secreto está a salvo con nosotros —mencionó entre risas.
Pansy entró al lugar estremeciéndose con horror al verlo. —*¡OMG! ¿Qué es este lugar? —Avanzó y con cada paso que daba encontraba algo más de que quejarse. Finalmente se sentó en la silla que había dejado abierta la mesera, el lugar junto a Draco—. No quiero beber aquí —lloriqueó, recargándose en su amor.
—No lo hagas y ya.
—Pero…
—No hagas enojar tan pronto a Draquito —señaló Blaise, sus labios se jalaron hacia la izquierda en una media sonrisa al ver la mueca agría de Pansy.
—Deja de decirme así —advirtió severo.
—Oh y ella ¿quién es? No estaba cuando les tome la orden —manifestó la mesera, mirando mal a Pansy, quién le regresó el gesto.
Zabinni dejó escapar una risa, mientras Theo se contenía y Draco ladeaba su cuerpo, sin tomarle importancia.
—¿Quieres algo de beber Pansy? —preguntó cortes, Theodore.
—No somos iguales gata.
—Pansy —pidió, buscando calmar los ánimos.
—¿Qué? ¡Ashh! —Se levantó berrinchuda y salió del lugar.
—Sí que tiene mal temperamento, pero estarán mejor sin ella… así nos podremos divertir —manifestó la chica, poniendo delate de ellos un par de cervezas. Sabía que no deberías estar vendiéndoles, pero a su defensa diría que para ella esos clientes eran mayores.
*º*º*º
Pansy se encontraba cómodamente sentada en el coche de Blaise, con el respaldo hecho para atrás y sus pies subidos sobre el volante, mientras hablaba por teléfono.
—Daph cómprame uno a mí también, tengo que tenerlo.
—Lo haré. ¿Y cómo está Draco?
—¡Yah! ¿Por qué preguntas por él? ¡Draco es mío!
—Vamos Pan, no te pongas así.
—Hmmh ¿es por tu hermana?
—Sabes que no me meto en eso, no tuve nada que ver con que se conocieran.
—¡Ha! Te llamó después iré con Draco. —Colgó haciendo un ruidito de molestia. Estaba sedienta, no había tomado nada desde Londres, se estaba deshidratando y no quería entrar a ese feo lugar por una botella de agua, buscaría una tienda.
Intento prender el auto, pero este no encendió, lo hizo varias veces hasta que golpeó con sus palmas el volante, dándose cuenta que no tenían gasolina.
No había de otra tendría que ir con ellos, para solucionar esto.
*º*º*º
Tiempo después Pansy se miraba al espejo arreglando su maquillaje recargada en el coche, a su lado estaba Draco fumando un cigarro.
—Al menos no tenemos que ir hasta la estación —comentó Blaise.
—Debiste darte cuenta. —Se quejó Pansy.
—Ya, tenía el tanque lleno cuando salí de mi casa, no me fije que se había acabado.
—Parece que ahí viene el empleado —comentó Nott, observando cómo se acercaba una motoneta.
Draco dirigió su mirada hacia el camino, girándose por completo al ver que se trataba de su compañera de clase.
Ginny tomó aire, no pensó que se tratara de los amigos de Draco, esto sería muy incómodo y cuanto antes terminara sería mejor. Apagó la moto sintiendo todos los pares de ojos sobre ella haciéndola transpirar. Se quitó el casco, dejándolo sobre la canastilla.
—¿Cuál es? —preguntó amable.
Malfoy la observó con su cabello suelto cayendo por sus hombros, llevaba ese horrible uniforme gris y amarrillo, y aún así no podía alejar su mirada de ella. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué era esa sensación en su estómago?
—Creí que habías dicho que no había chicas lindas y ella lo es —profirió Blaise, completamente atrapado por la belleza natural de la pelirroja. Pansy soltó una exclamación escandalizada.
—No, no lo es —riñó Draco, dándole un golpe en su hombro.
—Es este —indicó el coche Theodore sonriéndole, parecía ser el único que no había olvidado porque ella se encontraba ahí.
Ginny luchó con todas su fuerzas para no soltarles un par de cosas, aunque lo que sino pudo detener fue el sonrojo en sus mejillas.
—¿Puedes abrir el tanque? Por favor —pidió, tomando la garrafa.
—Déjame ayudarte —Se apresuró a ofrecerse Blaise—. Vaya que es pesado, no puedo creer que mandaran a una chica tan delicada como tú a hacer este trabajo.
—Es mi turno en la gasolinera, estoy acostumbrada.
Él hizo todo el trabajo por ella, aprovechando para coquetearle.
—Vaya, entonces eres muy trabajadora.
Ginevra le dio una mirada rara, no sabía qué pensar exactamente de ese chico, ¿acaso estaba tratando de conquistarla? No podía negar que era sumamente atractivo con esos ojos oscuros y esa sonrisa de niño travieso, pero lo más seguro era que se tratara de una broma de mal gusto.
—Soy Blaise Zabinni, amigo de Draco de Londres —Él extendió sin dudarlo su mano hacia ella—, ¿y tú cómo te llamas?
—Ginny… Ginny Weasley —murmuró limpiando su mano en su pantalón antes de dársela, sabía que seguramente tenía el olor impregnado y no sería agradable para un chico como él.
Zabinni tomó con firmeza su mano, agrandando su sonrisa al ver su gesto. —Yo también huelo a gasolina ahora —dijo restándole importancia—. Ginny es un nombre muy dulce. —Acarició su mano con su pulgar antes de devolvérsela.
Ella sintió el calor correr por sus mejillas, casi no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su boca.
—¿Cuánto es? —cuestionó Pansy interrumpiendo la nube que se había creador alrededor de ellos.
—Son 35 libras, incluido el transporte —respondió, recordando porqué estaba ahí.
Pansy no tardó en sacar efectivo, dándole un par de billetes. Quería que desapareciera ya, pues parecía que a pesar de ser fea estaba obteniendo toda la atención de sus amigos, pero lo que le molestaba más era que también la de su amado Draco.
—Quédate con el cambio.
—La nuestra es la única estación del pueblo, esto es lo que traigo ahora, pero pasa a la vuelta y te daré el resto —profirió firme sin querer aceptar el cambio de esa arrogante chica.
—Te lo estoy dando, quédatelo —insistió.
—No.
Blaise previendo cualquier altercado tomó el dinero. —Pasaremos por lo que falta después, así tendré un pretexto para verte de nuevo.
Ginny lo miró agradecida con las mejillas rojas. Caminó hacia su moto, estaba a punto de subirse cuando la voz de Draco la detuvo.
—¿Por qué siempre tú? —profirió Draco rezumbando, no sabía que pudiera sentirse así, pero los latigazos de cólera que lo invadían lo hacían saber que si era posible. Odió la manera en que Blaise se comportó y odió aún más que ella no lo tratara con indiferencia.
Ella cerró sus ojos y respiró lentamente. Mordió su labio inferior y se obligó a seguir.
—¿Son amigos? —inquirió curioso Blaise.
Ninguno de los dos respondió, la tensión se elevó en cuestión de segundos. Theodore enarcó sus cejas, mirando a su amigo con un aire perspicaz. Topándose con un descubrimiento que lo dejó helado.
—Espera —habló Pansy, su intuición no le mentía, esa chica era un peligro muy grande. Caminó hasta ella, mirándola como un bicho que podía aplastar si quería—. Tengo otra tarea para ti, vacía el cenicero del coche antes de irte.
—¿Qué diablos estás haciendo Pansy? —retó Blaise.
—Vacíalo tú —intervino Draco, para asombró de todos, pues él no solía ponerse a defender a nadie—. ¿Fumas?, pues ocúpate tú de tu basura.
Pansy se quedó con la boca abierta con la protesta en la punta de sus labios, que tuvo que morir al ver la mirada de furia que hacia centellear sus ojos.
—¿Qué estás esperando? Vete de aquí —mandó grosero.
Ginny hizo de tripas corazón y se alejó de ahí, sin mirar atrás.
—Draco, tú…—Blaise se quedó a la mitad de la oración, sin poder afirmar lo que estaba pasando por su mente, pues era realmente ridículo e inconcebible. Su amigo no podía estar teniendo sentimientos por esa chica ¿o sí?
—Larguémonos de aquí. —Se subió al coche de Theodore, dejando a su trío de amigos realmente confundidos.
*º*º*º
Después de comer Draco los llevó a su casa o más bien él se fue y ellos lo siguieron. Su humor no había mejorado y Pansy seguía enfurruñada como un gato, sacando sus uñas en cada oportunidad.
—¿Qué rayos le sucedió a este lugar? —comentó Blaise pasando sus ojos de un rincón a otro.
—Es espantoso y tan viejo —expresó Pansy, frunciendo su nariz.
—Estuvo mucho tiempo sin mantenimiento —supuso Theodore.
—¿Seguro que no te quedaste en la pobreza? —bromeó Blaise, riendo.
—Idiota.
—¿Estás solo? ¿El murciélago de Snape no se pasa aquí las noches? —preguntó Blaise, sentándose en el sillón frente a la chimenea.
—¿Por qué no se van ya?
—Eres un malagradecido Draquito, sin nosotros estarías ahí en esa escuela llorando por los rincones.
Malfoy le dirigió una mirada marca demonio al moreno. —Largo.
—Yo podría quedarme —insinuó Pansy, acercándose a él como serpiente.
—Basta, Pansy —dijo irritado.
—Es mejor que nos vayamos ya —anunció Theodore al ver por la ventana que la nieve comenzaba a caer copiosamente—, si no queremos tener imprevistos en el camino.
—Es verdad, además aún tenemos que pasar a la gasolinera. —Se levantó contentó, pues tenía toda la intensión de lograr conseguir al menos un teléfono de esa pelirroja.
—¿Vas a insistir con esa pueblerina? —cuestionó Pansy alzando su ceja con incredulidad.
—¿Por qué no?
—Es… es… creí que tenías mejores gustos.
—Pans, Pans creo que te está haciendo mal juntarte con nosotros, ¿ahora sabes cuáles son nuestros gustos?, ¿te estás volviendo lesbiana?, porque si es así… puedo sugerirte a unas nenas que… yo estaría gustoso de compartir contigo.
—Eres un tonto —replicó torciendo sus labios en una mueca fea.
—Entonces pasemos a la gasolinera, pero sólo será unos minutos o te dejare atrás —advirtió Theo y mientras lo decía miraba de reojo a su amigo Draco, no podía estar más verde ni más rígido, era obvio que no le hacía gracia.
Ya eran demasiadas señales, era evidente lo que pasaba ahí.
—Partamos —dijo gustoso, se acercó a Draco abrazándolo—. Volveremos a visitarte para que no te sientas abandonado, grinch.
Draco sonrió forzado, le dio una palmada en la espalda tal vez demasiado fuerte haciendo que Blaise se quejara.
—Ella no te conviene, sólo aléjate —profirió sólo para él.
Zabinni se separó aún con el dolor aquejando su omoplato. Su cara era un signo grande de interrogación.
—Draco volveré pronto y traeré conmigo algo para… arreglar este lugar —mencionó Pansy, abrazándolo, tratando de tener el mayor contacto posible con él—. Te quiero.
—No vengas pronto.
—Eres malo —musitó con una vocecita triste.
—Cuídate Pansy. —Depositó un beso en su mejilla y la alejó.
—¿Qué diantres significa lo que me dijiste? —exigió saber, Blaise.
—Lo que oíste.
—Dejen de secretearse como niñas en salón de té —pidió Theodore—. Estamos en contacto —dijo estrechando su mano, antes de compartir un breve abrazo.
Pansy corrió hasta el coche, Nott la siguió apresurándose a entrar al suyo. Blaise se retrasó a propósito, no se iba a ir sin respuestas.
—Escúpelo, sabes que no me gustan las cosas a medias… ¿te gusta? —Por fin hizo la pregunta que lo había estado acosando desde su encuentro con la chica.
Malfoy se sintió ofendido. —No me agradan las zorras.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste y lárgate ya.
Zabinni desconcertado dirigió sus pasos a su auto. Lo que su amigo le había dicho le parecía más una mentira que una verdad, él conocía a las zorras y esa chica no podía ser una.
*º*º*º
Neville había ido a recoger a Ginny a la gasolinera, la llevaría a casa en el viejo auto de su abuela. Solía hacerlo siempre que nevaba para evitar que ella usara la motoneta de noche con los caminos helados.
—Tal vez le gustas, sabía que no podía ser tan idiota.
—Nev no.
—Bien tú ganas, apúrate. Luna nos invitó a cenar y seguro querrá escuchar esto.
—Ella piensa que él es agradable, sólo que unas criaturas le nublan los pensamientos —comentó con una sonrisa bailando en sus labios.
—Yo no culparía a las criaturas.
Ella se quitó la chamarra colgándola en el pechero. Estaba por ponerse su abrigo cuando el atractivo moreno entró a la tienda.
—Sabía que debajo de ese uniforme tenías una hermosa figura.
Ginny se sonrojó furiosamente. —Pensé que no pasarían.
—Draco nos corrió de su casa, así que lamentablemente tenemos que irnos —comentó recargándose en el mostrador.
Longbottom tosió haciéndose notar. Blaise lo volteó a ver, no era una amenaza para él, pero eso le hizo pensar en lo que Draco había dicho sobre ella.
—¿Eres su novio?
—No —respondió sin achicarse ante el citadino.
—Él es Neville —indicó Ginny, abrió la caja y tomó el dinero que faltaba para saltar su cuenta—. Aquí está el resto.
Zabinni le hizo un gesto a Neville a manera de saludo. —Gracias preciosa. Me estaba preguntando si tendría la oportunidad de conseguir tu número.
—Ah…
—No soy un asesino, ni un acosador.
—En estos tiempos no se sabe —balbuceó medio sonriendo ante su mofa.
El claxon de su auto sonó varias veces. Era obvio que Pansy quería dejarlos sordos.
—Cierto. Hagamos algo, este es mi número por si te decides a escribirme o llamarme —espetó tomando una propaganda y el lapicero que estaba ahí para garabatear su número—. Nos volveremos a ver.
Ella tomó el pedazo de papel, sintiendo el roce de los dedos de él en su mano. —Espero que tengan un buen viaje —deseó abochornada.
—Gracias, hermosa.
Abandonó el lugar dejando que por fin Ginny se relajara. Ella tenía los ojos puestos en el papel, pero al escuchar la risa de su amigo los despegó para verlo a él.
—¿Te estás burlando?
—No.
—Lo haces —repuso con un mohín.
—Eres muy popular, si Malfoy no aprovecha la oportunidad habrá quién sí.
Ginny exhaló pesarosa, sintiendo una espina clavarse en su corazón.
—Aunque si me lo preguntas, no me agrado.
Ella dejó que una risa se escapara de su boca. —Lo sé, demasiado estirado y muy desinhibido.
—Riquillos de ciudad.
—Buenas noches —saludó Bertie, el trabajador de la noche—, ¿qué pasa?
—Nada —contestó Ginny—, deje todo en orden. Nos vemos.
—¿Qué le pico? —le preguntó a Neville.
—Un citadino —contestó, refiriéndose más a Draco que a ese tipo que acababa de irse.
*º*º*º
* Vamos a tomar la apariencia de Neville de las películas, no el del libro que sería rubio, bajito y rellenito. Información del diccionario.
* Un pequeño spoiler de HPCS.
* Burbage, Charity: Profesora de Estudios Muggles desde 1991, Charity fue asesinada por Lord Voldemort en la mansión de los Malfoy como consecuencia de escribir una carta a favor de los muggles en El Profeta. Aquí le dimos un giro a su historia, esperamos uno bueno xD.
* Jetpack Joyride: Es un juego de acción y plataformas.
* Filius Flitwick: Profesor de Encantamientos en Hogwarts.
* Fragmento del libro HP6.
* Uno de los siete enanos de Blanca nieves.
* ¡Oh mi dios!
*º*º*º
Continuará…
¡Gracias por leer!
…
* ¨ )¸.·´¸.·´¨)
(´¸.·*´¯`*»— — The darkness princess & Lady Muerte.
