Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J. K. Rowling y Suzanne Collins.
3
La Sala de los Menesteres
La semana que nos queda en Hogwarts no es como la esperaba. Todos ven a la hija de Hermione y Ron Weasley y al hijo de Ginny y Harry Potter como si los fueran a ver por última vez.
Lo que me enoja de todo esto es que los estudiantes de Ravenclaw y Hufflepuff nos ven como si nos conocieran. Nos tienen lástima. Nos mandan sonrisas de aliento, y alguna que otra vez juro haber visto a una Hufflepuff de séptimo año llorar cuando pasamos al lado de ella.
Digo, está bien que Albus y yo tengamos una sentencia de muerte. Ya lo acepté, pero ¿acaso ellos nos lo deben de recordar a diario?
Sin embargo, los entiendo. Ellos saben, como yo, que por ser nietos de los mayores rebeldes de la historia mágica el Ministerio hará lo imposible para que no salgamos vivos del campo. Ahora me pregunto cuando tiempo estuvo esperando para que algunos de nosotros fuese elegido.
Albus, Molly y yo nos dirigimos a la Sala de los Menesteres para nuestro primer entrenamiento. Tenemos seis días, este incluido, para entrenar. Si queremos pasar al menos a la segunda etapa. En el camino al séptimo piso nos encontramos con unos Ravenclaw, que nos observan por cierto momento. Deben estar preguntándose que hacemos aquí. Sin embargo, no hacen ningún comentario y solo nos ven con lástima mientras nos vamos alejando. La única diferencia entre antes y después de haber sido elegidos es la lástima.
Y hay que admitirlo, a pesar de todo, es una ventaja ser evitado por tener el apellido Weasley. No nos preguntan nada por temor, y muchas veces dejan que hagamos lo que queramos. James y Fred (cuando el último aún estaba en Hogwarts) han aprovechado mucho de eso. Todos saben que si se meten con nosotros, si los ven relacionándose con nosotros, puede que sufran las consecuencias.
Claro, eso no les impide vernos con lástima, o llorar cuando pasamos a su lado. (O que los mayores vengan hacia James para venir de vez en cuando a las sesiones del E. D.)
Cuando ya estamos seguros de que nadie más pasará por el pasillo, doblamos en la esquina y nos encontramos con otro largo pasillo. El tapiz de Barnabás el Chiflado se encuentra ahí y nos paseamos tres veces, pensando en querer estar donde James, Lucy y Lily. Una puerta se aparece enfrente de nosotros lentamente y sonrío.
Albus vuelve a checar que no haya nadie y entramos.
Nos recibe una sala con una gran estantería llena de libros, calderos para pociones y muñecos de práctica. Mis primos se encuentran en una esquina, sentado en unas pequeñas mesas de estudio y voltean a vernos.
James y Lucy tienen la misma mirada concentrada y seria que han tenido durante todo el día. Lily en cambio, parece más preocupada de lo normal, pero trata de mantener la calma arrugando un trozo de pergamino que poco a poco se va humedeciendo por el sudor que ella transmite.
Mientras Albus se queda observando los libros y los demás objetos de práctica con Molly, yo me acerco a James y Lucy.
—¿Qué haremos primero, profesores? —bromeo un poco y les guiño un ojo.
James y Lucy son los mejores estudiantes de su año. Ellos, por razones obvias, son los que están a cargo del Ejercito de Dumbledore y hasta ahora han hecho un excelente trabajo. Todavía no nos atrapan, aún cuando haya una organización muy ligera en cuanto a las sesiones.
—Tío Neville nos ha dicho hoy que no podrán hacer pociones en el campo. Los patrocinadores serán los que les envíen las pociones que necesiten —me informa James.
—¿Entonces no... tendremos la oportunidad de conseguir los ingredientes necesarios en el campo?
James mueve su cabeza de un lado al otro.
—No del todo. A lo que se refiere es que hacer pociones es peligroso en el campo. Delataría su escondite. Además de que muchas pociones de sanación tardan días y hasta meses, para poder usarse.
—Entonces los calderos son inútiles. Ahora debemos de practicar mejor nuestra defensa y ofensiva —la voz de Albus resuena por la sala y me sobresalta un poco.
Sin responder, Lucy saca su varita y la pone en alto.
Sin decir más palabras, el entrenamiento ha comenzado.
Todos terminamos exhaustos. El sudor se resbala por mi frente y siento como mi blusa escolar está más que húmeda, pues se me pega a la piel. Mi cabello, que anteriormente lo tenía en una cola alta, se salió de control y mechones rebeldes salen de mi cabeza.
James y Lucy nos dieron ejemplos de cómo atacar a las personas por sorpresa y también cómo mantenernos en una posición defensiva. Albus y yo hicimos lo mismo. Nos juntamos en parejas, yo con James y Albus con Lucy. Una y otra vez fui desarmada y lanzada a la pared; el aire me falto muchas veces y mis piernas me temblaban con frecuencia. A Albus tampoco le fue muy bien.
—¿Cuándo se volvieron tan buenos? —pregunto con dificultad, mientras me apoyo sobre mis rodillas.
Albus se encuentra tirado, con un brazo cubriéndole sus ojos. Su pecho sube y baja con rapidez, pero tiene una sonrisa pegada en sus labios.
—Es la práctica, Rose —me responde Lucy.
Veo que a ellos también les falta un poco la respiración, pero no tanto como a mí y a Albus.
—No es como si fuéramos el los mejores del año, o jefes del Ejército de Dumbledore —James bromea y se revuelve el cabello.
Nos damos cinco minutos de descanso y e imito a Albus. Me acuesto en el suelo y cubro mis ojos con uno de mis brazos. Mi cabeza me da vueltas por un rato, pero luego me estabilizo. Me relajo lo más que puedo y me sorprendo a mi misma del sueño que tengo. Cuando estoy a punto de quedarme dormida un aplauso me devuelve a la realidad y me paro lo más rápido que puedo.
James y Lucy no dan unos cuantos libros sobre encantamientos básicos y avanzados más pergaminos con apuntes muy bien estructurados sobre criaturas mágicas. Me sorprendo al ver lo completos que están. Esto es algo que no nos han enseñado aún y dudo que James y Lucy lo hayan visto ya. Quiero preguntarles de dónde lo han sacado, pero en vez de eso me pongo a leerlos con rapidez, tratando de memorizar y aprender a la vez.
Hay más de cincuenta criaturas mágicas escritas. Están divididas por su rango de peligro. Las que no son hostiles van primero y las más letales hasta el último. Hay mucha información sobre ellas. Son descritas con mucho detalle. Me informan dónde encontrarlas, cómo, qué hacer con ellas y la manera de protegerme en caso de ataque.
Leo con muchísima atención la sección de criaturas letales. Me sorprendo al ver como existe una criatura que es capaz de matar a personas con su simple aliento. Es una suerte que solo vivan en África y solo pueda controlarse con una gran cantidad de magos expertos.
Cuando termino de leer los pergaminos se los paso a Albus. James me pasa más pergaminos que Albus dejó de leer hace unos minutos y los leo.
Esta vez tratan sobre plantas. No hay tanta información como en los otros pergaminos, pero aún así los leo ávidamente. Muchas de las plantas son benéficas y son usadas para preparar pociones.
Solo hay tres plantas que son venenosas o peligrosas. Arrugo un poco mi nariz, confundida.
—James, no creo que existan solo tres plantas peligrosas en todo el mundo mágico.
—No, por supuesto que no. Pero esta lista me la dio tío Neville. Nos asegura que esas plantas estarán en el campo. También me recomendó que leyeras estos libros —me pone unos cuatro libros sobre la mesa.
—¡Esperas que aprendamos lo que no pudimos todos estos años en a penas seis días! —exclamó exasperada y me agarro la cabeza entre las manos. Cierro los ojos y cuento hasta diez.
—Sí, ¡y si es posible más! —me espeta y escucho como se aleja.
Abro los ojos y encuentro a James con Albus y Lucy ahora. Repasan libros y pergaminos sobre pociones. Lily se encuentra leyendo un libro sobre encantamientos en la esquina y cuando siente mi mirada, levanta la vista y me sonríe.
—Deberías de leer esto, está interesante y podría servirles.
Lily camina hacia mi y me ofrece el libro. Leo el título del capítulo y sonrío. «Todo sobre el encantamiento desilusionador.»
—¿Te das cuenta de que si logramos manejar a la perfección el encantamiento Albus y yo podríamos hasta ganar? —le pregunto a Lily, chillando.
Camino con rapidez, casi dando brinquitos, hasta donde los demás se encuentran y les pongo el libro abierto sobre la mesa.
—¿Sabes hacer el encantamiento, James? ¿Lucy? —les pregunto, expectante.
Ambos asienten. Sonrío de oreja a oreja y comienzo a chillar.
—Pero no lograran hacerlo en unos cuantos días. Nos tomó un año aprenderlo.
James habla, pero no logro procesar lo que dijo por unos minutos. Y cuando lo hago, exploto.
—¿Y porqué no nos lo enseñaron antes? ¡Cuando aún teníamos oportunidad!
James suspira y Lucy trata de calmarme. Albus solo espera que su hermano responda. Lily pone una mano sobre mi brazo, pero lo sacudo bruscamente. No me volteo a ver su reacción dolida. En cambio me dedico a fulminar con la mirada a James.
—Porque no sirve de mucho, Rose —me explica mi primo, tratando de mantener la calma—. Con un simple hechizo detector e iluminador. Muchos campeones han muerto por usar ese hechizo, porque se confiaron demasiado. Ahora, ponte a leer los libros que te di. Esos te servirán mejor.
—Por supuesto, James, lo haré —lo fulmino con la mirada y me siento en la esquina mas alejada de la sala con todos los libros en mi regazo.
Pero mis pensamientos vuelan y se alborotan alrededor del encantamiento. Puede que James diga que no sirve de mucho, pero… si tan solo nos los enseñara junto con los otros hechizos que lo eliminan…
Las horas se pasan con rapidez. Me encuentro saturada de tanta información que me siento a explotar. Albus se encuentra descansando un poco la cabeza sobre los libros que lee. Lily se encuentra durmiendo a su lado, junto con Molly. James y Lucy hablan en susurros en una esquina.
La idea de aprender el hechizo desilusionador no sale de mi cabeza. Así que me levanto, dispuesta a discutir un poco mas. Tal vez esta vez logre convencerlos.
—¿Porqué no nos enseñas también los hechizos detectores e iluminadores? Junto con el encantamiento, obviamente —mi voz sale más aguda de lo normal, así que carraspeo un poco.
James se vuelve hacia mi y me observa con detenimiento. Sus ojos se ven cansados y no hay una pizca de brillo en ellos, si acaso lo único que veo es cuán irritado está.
—¿Tanto quieres aprenderlos, Rose? —interviene Lucy, antes de que James responda.
Asiento con firmeza. Veo como James resopla y se deja caer en la silla.
—Esta bien, pero debes entender que hay hechizos básicos más importantes. En especial de defensa. Recuerda que los de Slytherin, Durmstrang y Beauxbatons aprenden magia oscura.
Una sonrisa se abre paso en mi rostro y la abrazo. Susurro unos cuantos gracias y me volteo hacia James, victoriosa. El vuelve a resoplar y se pone de pie.
—¿Qué harás con las peleas físicas? Si agregamos eso a los entrenamientos no tendremos tiempo para enseñarles como defenderse físicamente.
—Encontraremos tiempo, James —lo interrumpe Lucy.
—Es más, ¡podemos hacerlo ahora! Deja levanto a Albus y tu nos enseñas unos movimientos básicos y…
La mirada de James se endurece y me hace parar en seco. Cuando James endurece su mirada no es una buena señal.
—Lo veremos al día siguiente a las ocho de la mañana. Albus está muy cansado hoy, y a juzgar por tu apariencia, tú también —su voz fría me eriza los vellos del cuello y me da escalofríos.
James se da la vuelta, sin siquiera voltearme a ver. Despierta a sus hermanos y Molly. Lucy me ve por unos momentos y sonríe apenada.
—Ya sabes como es, Rose. Siempre quiere que se haga todo a su manera. Está estresado porque teme que el tiempo no le alcance y… —ella quiere continuar, pero algo la detiene. En cambio, termina con «Sean puntuales mañana».
Tengo la sensación de que ella y James saben algo que nosotros no; y que no tienen la intención de decirnos de qué se trata.
Al día siguiente nos volvemos a encontrar en la sala. James sigue enojado conmigo. Albus no se da cuenta, o no quiere intervenir. Apuesto que es la segunda, el muy cobarde. Esta vez Lily y Molly no nos acompañan. Lucy cree que se vería muy sospechoso que todos desapareciéramos al mismo tiempo, así que propone que en los descansos bajemos al Gran Comedor o a la Sala Común. Todos aceptamos, sin mucho que decir y comenzamos el segundo día de entrenamiento.
La lección del hechizo desilusionador se pospone para el día siguiente porque ambos creen que ahora debemos de concentrarnos mejor en el combate físico. No digo nada esta vez, no quiero presionar mi suerte.
Nos dan un ejemplo de lo que podríamos hacer en caso de ser atrapados por detrás. Es un poco más fácil de lo que creí… La mayoría de lo que nos han enseñado se trata de usar la fuerza del oponente en su contra. Cuando ambos creen que han dado suficientes ejemplos, llega la hora en que Albus y yo pongamos lo enseñado en práctica.
Lucy me toma por sorpresa. Es demasiado rápida. Pero tampoco me toma mucho para darme cuenta de que me aprisionó contra el suelo. Sus pies mantienen presionados mis brazos y sus manos sostienen mis hombros contra el piso.
—Vamos, Rose, tienes que sacarme pronto. Razona, ¿qué es lo único que tienes libre?
Sonrío y lanzo mis pies, con mas dificultad de lo que imaginé, hacia sus hombros. Atrapo su cuello con mis talones y la tiro hacia abajo. Nuestras posiciones ahora han cambiado.
Repetimos lo mismo y practicamos distintas técnicas durante el resto del día, haciendo unas pequeñas pausas para ira la Sala Común y el Gran Comedor. Tratamos de aparentar normalidad cuando las personas pasaban a nuestro alrededor para no levantar sospechas. Aunque mi facha desarreglada no pasó por alto.
He quedado mas exhausta que el día anterior y James no me ha hablado en todo el día. Daba instrucciones, pero no se dirigía directamente hacia mi. ¿Qué le pasa? ¿Cómo podía ser tan inmaduro?
Albus y yo volvimos a nuestra cabaña después del toque de queda con la capa de invisibilidad sobre nosotros y el mapa en nuestras manos. Nos llevamos con nosotros unos libros para leerlos por la noche, así que el viaje no fue rápido. Tardamos mucho en tratar de acomodarnos y cuando lo hicimos nos retrasaron los libros que amenazaban con caerse de nuestros brazos.
Yo me encuentro leyendo el libro que Lily me dio el día anterior, mientras que Albus toma una ducha. Mis párpados me pesan un poco, pero trato de mantenerlos abiertos. Debo de terminarlo antes de mañana. Para el tiempo en que Albus sale de su habitación, limpio y cambiado, yo ya he acabado con el libro así que se lo paso y él comienza a leerlo desde la parte en que lo dejó.
Como ya no soporto el sueño, y aún debo continuar leyendo, voy al lavabo y me mojo el rostro un par de veces. Veo mi reflejo en el espejo de baño y parpadeo un par de veces, bostezando. Recuerdo los sucesos del día y al llegar a James hago una mueca, aburrida e irritada. Resoplo. Ni siquiera cuando nos despedimos de Lucy fue capaz de dirigirme la palabra —porque sí, él no se dignó en despedirse de mi. Cierro los ojos y suspiro. No estoy enojada con James. Estoy dolida. Me observo por última vez en el espejo, viendo mis grandes bolsas debajo de mis ojos, y salgo del baño.
—Tomaré la capa por un momento, Albus, vuelvo enseguida —le informo y antes de que pudiese preguntarme a dónde voy, decidir acompañarme o protestar, tomo la capa y abandono de la cabaña.
El camino al castillo es largo así que comienzo a andar con rapidez. Cuando por fin llego a la entrada principal desacelero con cautela. Dos mortífagos se encuentran en la entrada, vigilando que nadie salga o entre al castillo. Comienzo a temer que tengan algún hechizo detector, pero cuando cruzo sin problemas la entrada mis temores se desvanecen. Como era de esperarse, no notan mi presencia. Deben de creer que sus habilidades y sus varitas son suficientes para detener a cualquier intruso. Si tan sólo supieran.
El castillo está vació a estas horas. No hay nadie en los pasillos que se dirigen a la Sala Común de Gryffindor. Cuando por fin llego al cuadro de la Dama Gorda, la encuentro dormida. Toco su hombro desde el lienzo y al ver que no se despierta trato de forzar la entrada. Es entonces cuando se despierta y me descubro ante ella. Me mira reprobatoriamente y me deja entrar. Debió de estar aún dormida y creyó que ya le había dicho la contraseña.
Una vez dentro me quito la capa y subo las escaleras del dormitorio de chicos y abro la puerta de los de séptimo curso. Entro y cierro la puerta con cuidado. Busco a James entre las camas que hay, pero no lo encuentro. Extrañada, me marcho de la habitación y bajo las escaleras… Él podría estar en las cocinas, pero a esta hora se me hace muy arriesgado ir hasta el otro extremo del castillo. ¿Pero… que no estoy aquí ya? He arriesgado mucho con venir. Bajo las escaleras, esta vez corriendo. Cuando estoy apunto de salir de la Sala paro en seco al ver como el cuadro se abre y James entra por el marco.
Me congelo por unos momentos, al igual que él. Pasan unos momentos y James pasa a mi lado, sin hacerme caso y comienza a subir las escaleras.
Bien. Suspiro.
—¿Así saludas a la prima que morirá dentro de unas semanas? —trato de mantener mi voz fría y sin emoción. Me volteo hacia James, que se ha parado casi al final de la escalera.
—No morirás —me asegura, volteándose.
—¿Y es razón suficiente para ignorarme, en el caso de que estés en lo correcto? —mi voz sube un poco de tono. James baja un poco las escaleras hasta quedarse la mitad. Ahí es cuando puedo observar mejor la expresión en sus ojos. No era yo la única que estaba dolida.
—Rose… ¿acaso no entiendes? —su pregunta suena más como una súplica. Baja con rapidez las escaleras y pronto estamos a escasos centímetros de distancia.
James me envuelve en un abrazo estrujador y de inmediato le regreso el gesto; primero desconcertada, pero después me hundo en sus brazos. Nos quedamos así por un momento. Puedo sentir su aroma a jengibre y canela y la temperatura que su cuerpo emana. James es excelente para los abrazos. Me aprieta un poco más contra sí y comienza a hablar.
—Estoy preocupado por ustedes dos. Sé lo que pasará en las próximas semanas si todo lo demás falla. Tengo miedo de que todo lo que se ha planeado se derrumbe. Tengo miedo de que nunca más los vuelva a ver. Que nunca más vea a Albus… o a ti —termina y temo que empiece a llorar, su voz se escucha débil y entrecortada.
Mis ojos me escocen por las lágrimas que no tardan mucho en caer.
—¿De qué estás hablando, James? —le pregunto con dificultad, tragándome mis sollozos—. ¿Hay algo más de lo que deba preocuparme?
—No —susurra James, hundiendo su rostro en mi cabello. Sé que está mintiendo, pero no me atrevo a preguntar más.
Su camisa se encuentra húmeda por mis lágrimas y siento como la nariz me escurre. Trato de separarme un poco, para poder limpiarme, pero James aprieta el agarre.
—Mi nariz moquea —le refuto, riéndome un poco.
Es ahí cuando me suelta un poco y puedo limpiarme, haciendo sonidos raros con mi nariz en el pobre intento de hacerlo lo menos grotesco posible. Cuando termino, me encuentro con la mirada de James. Sus gafas están algo torcidas y su cabello sigue igual de alborotado.
Siempre he admirado a James. Su valentía en retar a los profesores, en calmar a las personas en tiempo de pánico y en como ha sido un gran apoyo para todos nosotros. Él siempre defiende lo que cree que es correcto y no le importan las consecuencias. Así lo demostró en la elección.
Yo siempre he querido parecerme a él.
Lágrimas silenciosas caen por mis mejillas y él las limpia con su áspero pulgar. Cierro los ojos, todavía sintiendo el calor de su dedo sobre mi mejilla. Vuelvo a suspirar.
—Rose —musita—, tienes que llegar a la segunda etapa. Tú y Albus deben llegar a la segunda etapa. Lorcan los ayudará.
—Hablas con demasiada seguridad. ¿Qué tal si Lorcan muere en los primeros días? Y en el caso de que viviera, ¿quién nos asegura que querrá hacer una alianza con nosotros? Si lo hace, estoy segura de que me encariñaré con él, ¿qué haré entonces? Tampoco estoy diciendo que preferiría a Lorcan sobre Albus. Eso jamás, pero… —las preguntas salen con prisa de mi boca. Tomo un respiro y miro a James con ojos expectantes, nerviosa por mi inesperado discurso. Cuando no dice nada, prosigo a decir lo que hasta ahora nadie se había atrevido a decir—: Tú, yo, Albus y todos sabemos muy bien cómo terminará esto. Albus y yo moriremos tarde o temprano, lo sé. James… tengo miedo. No sé que hacer…
James me envuelve en sus brazos nuevamente. Mis sollozos se ahogan en la camisa de mi primo y en las palabras de aliento que me da. Son todas mentiras, pero es ahora cuando me doy el lujo de pensar que son realidad.
Luego me agarra de mis brazos y se pone frente a mí, mi nariz rozando la suya. Me observa con sus ojos marrones, determinados. Mis mejillas se colorean de un tinte carmín al sentir su aliento chocar contra ellas. Mi corazón se acelera un poco, expectante. No sé de qué.
—Eso no debería de preocuparte. Yo estoy seguro de que tú sabrás que hacer. Lo único que deben de hacer Albus y tú es mantenerse vivos. Cueste lo que cueste.
Trago con dificultad y asiento. Besa con ternura mi frente y siento mis mejillas arder. Carraspeo un poco y vacilo. Él también vacila un poco, avergonzado por sus acciones, pero le aprieto el brazo y le sonrío, tratando de ocultar mi rubor. Ambos nos empezamos a reír. No hay nada de que avergonzarse, después de todo, ambos somos familia y lo que las familias hacen es apoyarse y darse cariño en los momentos en que más se necesitan.
Los días se pasan demasiado rápido. Nos pasamos tanto tiempo en la Biblioteca y la Sala de Menesteres que a penas podemos comer. Pero no importa. En el campo nos hará falta la comida así que acostumbrarse desde ahora no nos hará nada de mal. Como James dijo, el hechizo se nos complicó demasiado. A las tantas horas de intentarlo y no avanzar decidimos dejarlo y practicar nuestro patronus; tratar de que nuestras nubes plateadas tomen algo de forma. Sin embargo, al no tener un dementor cerca nuestras nubes solo lograron expandirse. Según Lucy, ese es un gran avance.
Albus y yo nos hemos desvelado leyendo los libros que ellos consiguen de la Sala de los Menesteres y nosotros de la Biblioteca. Es cansado, pero es algo que debemos hacer. Debemos estar al menos preparados para poder defendernos; no importa si lo que hemos aprendido sea más teórico que práctico.
Ya en la última noche que tenemos en Hogwarts, Albus y yo decidimos invitar a todos a quedarse a dormir en nuestra cabaña. Dejamos un gran espacio en el centro de la sala y acomodamos varias colchas y sábanas para poder formar una cama gigante que nos mantenga cómodos.
Platicamos y bromeamos toda la noche. Es lo único que podemos hacer.
Yo me encuentro acostada entre Molly y Lily. Ambas se aferran de mis brazos. Me da un poco de tristeza pensar que esta podría ser la última noche que las vea. Pero habrá más días, supongo, faltan dos semanas para que los Juegos empiecen.
Ahora solo me queda dormir y esperar lo mejor.
N/A: Estuve investigando sobre el hechizo desilusionador, no había gran cosa, así que me tomé la libertad de inventar eso sobre él. Imaginé cuán aburridos serían (y fáciles) serían los Juegos si todos usarán eso… xD
Muchas gracias a Jal y Annie Thompson por sus reviews. A la última por darle favorite y follow a la historia. A Vaal1D, también. ¡Gracias! xx
Editado el 13 de Junio de 2013
