Disclaimer: Desde las profundidades siniestras de nuestra mente, hemos vuelto con esta pasión prohibida, rompiendo con las parejas establecidas y desafiando los estándares de la sociedad mágica. Claro, los personajes le pertenecen a JK Rowling. A Millionaire's First Love, no nos pertenece en ningún sentido. Es de sus respectivos creadores. Esta historia es parte del Reto «Verano de películas» del Drinny fest, del grupo Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido!

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A MILLIONAIRE'S FIRST LOVE

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.F.

*º*º*°

Revelaciones.

Habían pasado dos semanas, Draco apenas había asistido a unas cuantas clases, su comportamiento se había vuelto aún más huraño principalmente hacía Ginny, a la cual trataba como sino existiera.

Ella no entendía lo que sucedía, era cierto que antes no eran los mejores amigos pero al menos había un poco de trato.

—Deberías intentar hablar con él —aconsejó Luna durante el almuerzo.

—No quiero —murmuró girando su rostro mientras se abrazaba a sí misma.

—Sabes que esto te hace daño.

—Iré a golpearlo —manifestó envalentado Neville, se incorporó del lugar donde se encontraban en los terrenos—. Esta vez sí tendrá la pelea que quería.

—No —pidió Ginny, posando su mano en su brazo.

—Si no lo hago yo, lo hará tu hermano o Harry, ¿has visto cuántos roces han tenido con él?

—La enemistad no genera nada bueno, ellos harán las paces estoy segura —profirió Luna con una sonrisa que escondía un toque de misterio.

—No lo creo —dijo Neville, pues hasta él dudaba en querer pasar tiempo con Draco.

—¿Quieres qué pintemos nuestras uñas con jugo de flores? Traigo un poco en una botella. —Luna rebuscó en el bolsillo de su suéter tejido, mostrando el pequeño frasco.

—Eso estaría bien —aceptó dejando ver una vaga sonrisa, mirando sus pálidas manos.

*º*º*º

Draco no se había dado por vencido, seguía pensando en métodos fáciles para adueñarse de su herencia, se resistía a creer que tendría que terminar el año ahí y hacer ese estúpido musical.

Había descubierto que la escuela contaba con su propia piscina y debido a que no había un gimnasio en ese pueblo, no había tenido otra opción que ir ahí. Su casa tenía piscina, pero como todo ahí, necesitaba restauración y no podía seguir esperando, su condición física andaba por los suelos, tal vez se debía a la altura de lugar o a esa horrible comida que lo estaba engordando.

Así que mientras los demás estaban en clases, él estaba ahí, nadando. Sacando su tensión y energía acumulada, de la cual no podía deshacerse con peleas o sexo.

La alberca contaba con un sistema que permitía que el agua se mantuviera templada en esa temporada y eso era una sorpresa, con lo viejo que era ese lugar no se pensaría que contara con esos adelantos.

Encontraba relajante estar ahí, solo, practicando su estilo de nado *crawl. En su anterior escuela había preferido pertenecer al equipo de fútbol, que al de natación pero eso no había evitado que se enfrentara con algunos de los mejores nadadores obteniendo un par de victorias. Por un tiempo lo había dejado pero su cuerpo no lo olvidaba.

Después de dar unas vueltas se quedó a mitad de la piscina flotando. Unos pasos lo pusieron alerta, se movió hundiendo su cuerpo hasta lo más hondo para después avanzar hasta la orilla.

*º*º*º

Ginny se dirigía al auditorio con su libreto del musical cuando vio a Malfoy, curiosa por saber dónde pasaba el tiempo mientras todos estaban en clases, lo había seguido. Pensaba que iría al estadio a fumar o a vagabundear, pero no, había ido a la piscina.

Se había quedado ahí escondida por las sombras cerca de las gradas. Mirándolo con asombro y molestia.

¿Cómo podía poner tanto empeñó en nadar y no querer esforzarse en la escuela?

Aguardó hasta que él se detuvo, entonces se acercó a la orilla. Ni siquiera esperaba que las cosas salieran bien, así que si empeoraban no estaría decepcionada.

—¿Tú? —murmuró sin ocultar su sorpresa al salir.

—Deberías estar en el ensayo.

Él soltó una risa burlona. —¿Es en serio? —cuestionó apoyándose en la barda para salir del agua. Se paró a su lado retador, esperando que ella se embobara, pero lo único que sucedió fue que sus mejillas se pintaron de rosa.

—Sí.

Una sonrisa socarrona apareció en sus labios. —Obedecer no es mi estilo. —Caminó hasta la banca donde había dejado su toalla, mientras la pasaba por su cuerpo la observó detenidamente, ¿que exactamente estaba haciendo ahí?

—Éste es el guion —comentó acercándose, haciendo un esfuerzo monumental porque su mirada se quedara en la cara de él y no en el movimiento de sus manos al secarse o en las gotas que lo recorrían.

Él enarcó su ceja, despectivo bajó sus ojos al librillo antes de regresarlos a la cara de ella. —No me interesa.

—Debes tener una copia para estudiarla —mencionó dejándola en la banca, antes de dar media vuelta y caminar a la salida. No quería que las cosas se calentaran entre ellos y no hablaba precisamente de contactos físicos —era obvio que la única que estaba a punto de abanicarse era ella—, sino de una pelea.

—No estás embarazada. —No fue una pregunta, era una aseveración, ahora estaba seguro.

Ginny se detuvo y sonrió a medias. No podía creer que él tuviera tan presente lo que le había dicho en el hotel. —Y tú no eres un dios, aunque andes por la vida pensando que sí.

Draco bufó audiblemente ante su comentario, haciendo evidente su desacuerdo. Sus ojos volvieron a ella, duros y furiosos, quería una respuesta concreta y no más interrogantes. —¿Por qué mentiste?

—¿El rey de la ironía no pudo reconocer un comentario así? —cuestionó con mofa, moviendo un poco su rostro para poder verlo de reojo—. Estás muy lejos de entender la razón por la que lo dije.

Malfoy contrajo su ceño confundido.

«Ahí esta nuevamente haciéndolo, más misterios.»

Ginevra no le dio tiempo de reaccionar, sus ojos tristes se clavaron en él de forma fugaz antes de alejarse de ahí, dejándolo trastocado.

*º*º*º

Draco bajo la regadera de los vestidores, no podía sacarse de la cabeza su encuentro con Ginny. Ahora que lo pensaba con claridad, aquella noche en su hotel cuando ella había dicho que estaba embarazada había estado sonriendo, debía haberse dado cuenta que sólo se trataba de un sarcasmo.

Esta nueva situación le había hecho repasar cada uno de los intercambios de palabras que habían sostenido, pues quería tener todo muy claro, no quería volver a caer en su juego.

La idea que tenía sobre ella, estaba mutando. Sabía que no tenía novio, no estaba embarazada y probablemente por los hechos no lo había estado nunca. No se comportaba como una zorra y si no lo era, ¿qué hacía en su hotel a esa hora?, ¿por quién había ido ahí?

Las preguntas saltaban a su mente y no tenía manera de responderlas, había demasiados cabos sueltos.

¿Y por qué estaba sintiendo esa sensación fresca y ligera en su pecho? ¿No podía estar sintiéndose aliviado de que ella no estuviera embarazada o sí?

—¡Demonios…! —Recargó su frente en la pared de mosaicos.

Estaba actuando como un reverendo idiota. ¿Qué rayos le estaba sucediendo? ¿Por qué no podía tratarla como a las demás? ¿Por qué ignorarla significaba un esfuerzo de su parte?

Sacudió su cabeza y se pasó las manos por su cabello húmedo.

No pensaría más en eso, ni en ella; alejarse de todos esos pueblerinos era lo mejor. No necesitaba de esa mierda en su vida, ya tenía suficiente con sus problemas.

*º*º*º

Ginny pasaba su pluma sobre los renglones de su libreta, escribiendo lo que el profesor Slughorn estaba diciendo, aunque realmente su atención no estaba ahí. Malfoy no había asistido a los ensayos ni ese día, ni los siguientes, tampoco se había parado por el salón y no había sido por estar en la piscina.

Mentiría si decía que no estaba preocupada, lo estaba.

—La forma orgánica ha cambiado… —Horace pausó al pasar por entre las filas notando el pupitre vacío. —¿El señor Malfoy está ausente otra vez?

—Ese nunca viene —comentó Seamus con un gesto de desinterés.

—Deberían expulsarlo y dejar que se vaya, es obvio que no quiere graduarse —opinó Ron, sin ocultar su desagrado.

—Yo me encargaré del señor Malfoy, ahora volvamos al tema…

Ginevra miró hacia las ventanas, dejando escapar un suspiro pesaroso.

«Es un tonto.»

*º*º*º

Draco salió de Honeydukes, se metió a la boca una rana de chocolate, mientras pensaba a dónde más ir para pasar el rato. Estaba nevando, el día estaba muy frío y probablemente seguiría así por el resto de la tarde.

Un niño y una niña de menos de diez años, pasaron frente a él con un paraguas. El espectáculo le llamó la atención, ¿a dónde podían dirigirse esos chicos solos?

Sin tener más que hacer y curioso por la situación, los siguió por largo rato, hasta que vio un letrero por el camino.

*"Orfanato Wool's"

La palabra hizo que su estómago se retorciera. Esos chicos debían ser huérfanos, como él lo era. Dolor. Uno muy profundo, una estaca clavada en su interior que no era capaz de quitarse.

Caminó un poco más quedándose de pie frente al lugar. Era un edificio grande y largo color gris, con un jardín cercado por verjas de madera. Los niños corrieron al interior, dejando las sombrillas en la puerta abierta.

Una mujer madura de cabello castaño largo acomodado en una coleta, recogía ropa de los tendederos ayudada por otra chica. Su corazón se estremeció con sólo verla, había algo en ella que se le hacía dolorosamente familiar.

—Mamá —pronunció consternado. Eso no tenía sentido, su madre era rubia y pálida como él, siempre arreglada y elegante. La señora que estaba viendo era común, aunque tal vez sus rasgos tenían algo de semejanza con los de Narcissa y por eso la estaba confundiendo.

La mujer entró al orfanato y él la siguió en un acto desesperado. Sólo para encontrarse en un pasillo largo y solo. Viró su rostro hacia la ventana topándose con un salón, ahí estaba un hombre con varios chicos.

—Compórtate —pidió el señor—, en unos años serás un caballero…

Esa conversación, su padre alguna vez le había dicho algo similar. Draco sintió su cuerpo temblar como si estuviera a punto de estallar de emociones encontradas. Esos recuerdos que había suprimido parecían querer salir de lo más recóndito de su cabeza.

Su pasado y el presente se batían por reinar sus pensamientos.

Parpadeó queriendo ganarle el duelo a las lagrimas. La ventana se estrelló y los vidrios volaron, como si hubiese ocurrido una explosión, pero eso sólo había sucedido en su mente.

*º*º*º

Dos camillas pasaron a su lado llevadas por las enfermeras y doctores por un corredor blanco. Los cuerpos heridos de sus padres iban ahí cubiertos por una sábana verde con rastros de sangre.

Él lloraba desconsolado siendo retenido por su abuelo, una venda rodeaba su cabeza y las raspaduras en su rostro aún sangraban. —¡Mamá, estoy aquí! ¡No me dejes mamá!

Draco, tranquilízate.

¡Papá no te vayas! ¡Mamá! ¡Papá!

Abraxas lo sujetó con fuerza, sufriendo con él al ver desaparecer a su hijo y su nuera tras una puerta doble.

¡Papá! ¡Mamá! ¡No mueran! ¡Estoy aquí! ¡No me dejen!

*º*º*º

Malfoy dio unos pasos hacia atrás sintiendo como sus muros metales se derriban uno a uno mostrándole todo lo que había bloqueado todos esos años. Salió corriendo del lugar, en crisis, completamente deshecho.

—¡Draco!

Volteó con un movimiento que le causó dolor a su cuello. Ahí estaba esa mujer que había visto antes, llamándolo. ¿Cómo era posible que supiera su nombre?

No, ella no era su madre, estaba alucinando.

Se alejó cuanto pudo, escuchando en su cabeza sus gritos infantiles suplicar por sus padres.

*º*º*º

Ginny apareció por la casa de Malfoy por la tarde, cruzó la reja de forma dudosa. Se había quedado preocupada por su ausencia que había decidido ir a ver qué había pasado con él, quería cerciorarse que estaba bien y que sólo se estaba comportando como un imbécil inmaduro rehusándose a ir a la escuela.

—Entra pequeña.

Ella se sintió en confianza al ver al hombre, caminó hacia él con una sonrisa. —Hola Hagrid, no sabía que trabajabas aquí.

—Bueno… es una larga historia.

—¿Está Draco? —inquirió, llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja, en un gesto nervioso.

—Sí, pero esta un tanto extraño, creo que se ha enfermado. Tal vez tú puedas ver qué es lo que tiene.

Su mirada dudosa se dirigió a la casa. —¿Crees qué este bien que pase?

—Adelante.

—Bien, gracias.

—Pequeña, me alegra que haya hecho amistad contigo, es un chico difícil y solitario, tu compañía le hará bien.

Ginny sintió sus mejillas encenderse, asintió con un cabeceo y entró a la casa. Ella no se calificaría como amiga de Draco, pero tampoco pensaba desmentir a Hagrid en ese momento. Lo buscó por toda la planta baja, sin lograr encontrarlo.

—¡Draco! ¡Draco! ¡Malfoy!

Sus ojos volaron hacia la escalera, sintiendo aprensión. No quería ir arriba, pero no había otra opción, él debía estar allá. Subió lentamente llamando al chico, al llegar a la segunda planta, él apareció con una manta cubriéndolo.

—Si sigues faltando…

—Mamá.

Ella se quedó perpleja. ¿Había dicho lo que había creído?

Draco caminó unos pasos repitiendo esa palabra como ido, sus ojos grises estaban rojos y ausentes de su brillo clásico. Ginny pudo verlo mejor notándolo afiebrado, apenas pudo hacer algo cuando él se desplomó.

—¡Malfoy! —exclamó terriblemente asustada, se arrodilló a su lado, moviéndolo, pero él no volvió en sí—. ¡Hagrid! —gritó con fuerza, esperando que el guardabosques la escuchara.

Pasó su mano por la frente pálida, sintiendo el calor que emanaba. Dios, estaba ardiendo.

—Tenemos que bajarte la fiebre —murmuró preocupada—. ¡Hagrid! —No dejó de llamar al hombre hasta que este apareció jadeante por el esfuerzo de subir la escalera tan rápido.

—¿Qué sucedió?

—Él se desvaneció, tenías razón esta enfermo; ayúdame a llevarlo a su cuarto, tenemos que bajarle la temperatura en lo que llega un medico.

*º*º*º

Ginevra había avisado que no iría a trabajar, no podía irse y dejarlo así. Cambió de nuevo el trapo que tenía Draco en la frente, ya había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho. El médico tardaría en llegar debido a que el camino se había cerrado por la nieve.

Malfoy estaba sufriendo de delirios, hablaba y decía cosas a las que ella no le encontraba sentido. Estaba desesperada al punto de querer salir de ahí e ir ella misma a traer a ese médico, no soportaba verlo así.

Se sentó en la cama a su lado, pasando sus dedos por su cara, susurrándole palabras para tranquilizarlo. El celular de Draco la hizo brincar, miró hacía la mesa de noche donde brillaba la pantalla y una música sonaba. Sus dientes se clavaron en la carne de su labio inferior.

«¿Debo o no responder?».

El tono cesó librándola de tomar la decisión, al menos hasta que volvió a hacer ruido. Malfoy pareció reaccionar unos instantes, sus ojos nublados la enfocaron, reconociéndola.

—Weasley.

—Hey…vas a estar bien.

No supo si él comprendió o no, pues sus parpados cayeron y él volvió a la inconsciencia. Lo contempló por unos instantes antes de ir por su celular para silenciarlo. Trató de desbloquearlo pero en un error aceptó la llamada.

—Diablos —expresó, buscando colgar.

—¿Draco?

«¿Ahora qué hago?». Cerró los ojos y se llevó el celular al oído.

—No…no, soy Ginevra Weasley, una compañera de la escuela, él no puede contestarle en este momento.

—¿Ha dicho Weasley?

—Sí —afirmó extrañada por la pregunta, pero no tuvo tiempo para detenerse a pensar en eso.

—Hagrid me puso al tanto de la situación, el médico no debe tardar en llegar, ¿puede estar con él hasta entonces, señorita Weasley?

—Eh… sí.

—Bien.

—Puedo saber, ¿quién es usted?

—Soy el padrino de Draco, Severus Snape.

—Oh, no sabía… bueno él…

—Estaré en contacto con Hagrid.

La comunicación se cortó y ella bajó el celular, en su mente trataba de procesar lo que había sucedido. Dios, ese hombre tenía una voz que le ponía lo pelos de punta, sonaba como alguien que no era muy agradable. —Al menos podría haber dicho "gracias".

El aparato vibró en su mano atrayendo su atención, lo puso a la altura de su corazón, observando el mensaje que parpadeaba.

What's Up Astoria.

Desearía que estuvieras en Londres, así me podría despedir. Estaré unas semanas en Paris, pero volveré a finales de febrero… has dicho que querías verme y lo pensé, sí acepo ir contigo a ese lugar que mencionaste

Ginny sintió que el estómago se le encogía y el corazón se le rompía. El historial del chat no tuvo necesidad de leerlo, podía imaginárselo. Así como el resto de las conversaciones que tenía en la aplicación.

Aventó el celular a la cama incapaz de seguir sosteniéndolo. No debía ser una sorpresa para ella y de hecho no lo era, pero la sensación indescriptible e indeseada que se había liberado en su interior no obedecía a razones.

Quiso desquitarse con él, pero nada más de ver su rostro aristocrático perlado de sudor contraído en una mueca de dolor, su enojo se volvió aflicción. Tuvo que sentarse y calmarse un poco después de ese cambio de emociones.

Unos pasos fuertes y presurosos se escucharon, ella respiró una vez más y se obligó a aparentar que nada había ocurrido.

—Es esta habitación —señaló Hagrid.

Las cejas de Ginny se alzaron bajo sus ojos asombrados, no pensó que el médico fuese a ser él, aunque tenía sentido vivía cerca de ellos.

—Cedric.

—Ginny —pronunció descolocado—, ¿por qué estás aquí?

—Es su amiga. —Se adelantó a responder Hagrid.

Cedric frunció y desfrunció su ceño, asintiendo. —Esperen afuera, por favor.

Ginevra hubiese preferido quedarse, no podría estar tranquila simplemente esperando. Desde la puerta miró una vez a Malfoy, tragó con fuerza y salió al pasillo.

—Iré a preparar un poco de té, nos caerá bien tomar un poco.

—Lo haré yo. —Se ofreció, dándole una pequeña sonrisa a Hagrid, estaría mejor haciendo algo.

*º*º*º

Rato después el médico apareció en la cocina. Hagrid le había dicho que bajara por una taza de té caliente antes de irse y él queriendo hablar con Ginny, no había dudado en aceptar. Cedric Diggory, era un chico muy atractivo. Hacía poco que se había graduado y realizaba consultas a domicilio, además de trabajar al lado de su padre, Amos Diggory, en el hospital local St. Mungo.

—No pensé encontrarte aquí.

—Bueno… ya sabes el pueblo es chico, él es un compañero de clase. —Colocó la taza frente a él y rellenó la suya con aquel líquido de agradable aroma, sólo para evitar aquella mirada de interrogación.

—Ya veo, gracias.

—¿Y cómo está?

—Sólo es un resfriado, estará bien pronto. Le dejé las instrucciones a Hagrid del tratamiento que llevara por si quieres leerlas.

—Hhhm… bien.

Cedric tomó un sorbo de su té, mirando por arriba del borde de la pieza de porcelana a Ginny, leyendo su rostro. —Te llevaré a casa para que descanses.

—No es necesario.

—Lo es y lo sabes. Te ves cansada, así que no dejaré que camines con esta nevada.

—Pero…

—¿Piensas quedarte aquí? —cuestionó retador.

—No —replicó dejando caer sus hombros, cuando adoptaba esa actitud le recordaba tanto a sus hermanos.

—Estará bien, ya te lo he dicho —aseveró, adivinando el porqué de esa reacción tan desanimada—. Además tú también debes cuidar de tu salud.

—Ok, tu ganas.

Él le sonrió de forma brillante. —Ve arriba y cerciórate de que lo dejé con vida, te esperare aquí.

—Tonto.

Ella conocía de primera mano su trabajo, así que no dudaría de él. Hizo una mueca infantil antes de salir de la cocina, escuchando a su espalda la risa cálida del chico.

*º*º*º

Ginny regresó por la mañana a pesar de lo que había descubierto en el celular de Draco y de la pelea que había tenido con Ron. Él no quería que estuviera metida en la casa de Malfoy, pero lo que no entendía su hermano era que Draco estaba solo en el pueblo y ayudarlo cuando estaba enfermo no le parecía mal, por muy idiota que éste fuera a veces.

Entró con mayor confianza a la casa que el día anterior, en el que todo había sucedido muy rápido y no había podido dedicarse a ver los detalles. El lugar era un poco lúgubre, seguro había tenido sus años maravillosos pero tampoco estaba mal, sólo necesitaba un poco de trabajo.

Estaba subiendo la escalera cuando se topó con un hombre de media edad, vestido totalmente de negro, su piel era cetrina y su cara era ligeramente tapada por sus mechones negros largos. Cuando él posó su mirada oscura en ella sintió como la piel se le ponía de gallina, la sensación persistió mientras la examinaba.

—Supongo que es la señorita Weasley.

—Sí —asintió con valor—, ¿es usted el señor Snape?

—Así es.

—¿Está…?

—Esta mejor —respondió adelantándose a su pregunta.

Ginny sonrió sintiendo como el peso de la preocupación se iba. —¿Vino a quedarse? —cuestionó interesada.

—Es usted muy curiosa.

Ella frunció el ceño. —Yo sólo…

—¿Está en el salón de Draco?

—Sí —balbuceó confundida.

—No deje que se gradué sin esforzarse.

Ginny se quedó perpleja por la repentina afirmación. Snape pasó a su lado sin decir más y ella no supo si volvería a verlo. En verdad ese hombre era escalofriante.

Después de unos minutos de desconcierto, se obligó a seguir su camino.

«Que hombre tan extraño.»

Tocó suavemente la puerta, pensando en que Draco estuviera despierto. Al adentrarse en la habitación su mirada de inmediato lo buscó, él estaba aún en cama y por lo visto seguía dormido, pero su mejoría era notoria.

—Hola.

—De nuevo por aquí —comentó Hagrid, elevando sus labios en una agradable sonrisa.

—Sí, voy a estar un rato, por si deseas irte o algo.

—Gracias, debo hacer unas cosas y no deseaba dejarlo solo.

—¿El señor Snape no se quedará? —inquirió sin importarle parecer una entrometida.

—No, sólo vino para verlo y confirmar que este llevando un tratamiento adecuado —explicó incomodó sobando su barba.

—No puedo creerlo —manifestó incapaz de reprimirse.

Hagrid formó una mueca, él también encontraba erróneo que dejara a ese muchacho tan solo. —Así son las cosas, volveré después.

—Sí, no te preocupes.

Esperó a que el hombre saliera para acercarse a la cama. Draco tenía el ceño ligeramente fruncido como cuando estaba despierto, llevó su mano a la zona, sobando la arruga. Él suspiró moviéndose ligeramente aún dormido, Ginny sonrió encontrándolo adorable.

Se tomó un momento para apreciarlo, antes de dejar su bolsa y mirar alrededor. Ese cuarto estaba demasiado oscuro. Las cortinas de la habitación estaban prácticamente todas cerradas, así que procedió a correrlas era hora que esa cueva viera un poco de luz.

Draco debía sentirse muy solo, Hagrid tenía una cabaña en Hogwarts y no parecía haber otra persona habitando la casa, aunque estaba limpia, alguien debía ir a hacer el aseo, pero sólo a eso. Anoche había notado que nadie cocinaba, todo lo que tenía él era comida que calentaba en el microondas y un par de frutas, pero no había una despensa de verdad para preparar unos buenos guisados.

Malfoy debía comer bien para mejorar.

Vaya dilema.

Se rascó su cabeza pensando cómo solucionar eso. En pocos segundos una idea se encendió como un foco en su cabeza. Salió del cuarto y utilizó su celular para llamar a sus amigos.

*º*º*º

Draco despertó lentamente, sentía que había dormido por días, trató de pasar saliva pero tenía tan reseca la garganta que le causó dolor, parpadeó sacudiendo los restos de sueño y de un momento a otro abrió muchos los ojos asustado al ver ahí a la extraña chica de cabello rubio enmarañado, a la Come-libros Granger y Bombotom sosteniéndolo, para que evitara levantarse o hacer cualquier otro movimiento.

—Tranquilo, habrá terminado antes de que te duela —anunció Luna con una sonrisa, mientras le mostraba una gran aguja.

—¿Qué hacen aquí? ¡Déjenme! —exclamó asustado. ¿De qué iba todo eso? ¿Acaso se trataba de una pesadilla?

—Es pequeña pero servirá. —Dejó de cepillarse con el objeto, clavó sus ojos grandes en él y Malfoy jadeó pensando lo peor.

—¡Suéltenme! ¡Los acusaré! ¡La policía se enterará de esto! —Se retorció cual lombriz, buscando liberarse.

—Tienes un problema de digestión, esa punción te ayudará —comunicó Neville con una seriedad que asustó aún más a Draco.

—¡¿Qué?! ¡Están locos!

—Es una técnica de la medicina alternativa —agregó Hermione con su tono de sabelotodo—, aunque personalmente no creo que funcione.

—Te ayudará con la digestión.

—¡No lo hagas! —le advirtió con una mirada filosa a Luna cuando tomó su mano— ¡Déjame!

—Draco Malfoy se hombre, no duele tanto —profirió Luna, alzando su tono de voz.

—¡No me toques, maldita loca!

—Si tanto te asusta, cierra los ojos.

—¡Déjenme o los mataré a todos!

Luna cogió su pulgar y en un dos por tres lo pinchó, logrando que este se lamentara como niño pequeño. En definitiva no se trataba de un mal sueño eso estaba pasando en realidad y se sentía así.

—Miren, la sangre es tan… roja —murmuró Luna decepcionada, era evidente que esperaba otro resultado.

Draco la fulminó con su mirada. —¡Por si no lo sabías ese es el color que debe tener, tonta!

—¡Hey! No tienes que insultar a nadie —regañó Hermione soltándolo.

—Sólo vuelve a dormir, Malfoy —mencionó Neville con una risa nerviosa.

Los tres se alejaron de él como si de repente tocarlo fuese la peor idea del mundo. Draco explotó en gruñidos e improperios, buscó levantarse para darles una lección pero no pudo hacerlo por un mareo.

—Te dije que no era dolor de estómago —interpeló Hermione desde la puerta.

—Parecía serlo —musitó Luna levantando sus hombros.

Ginny soltó una risa divertida, suave como el sonido de una pequeña campana, tal vez debería haber aclarado que Draco sólo tenía un resfriado. Había presenciado todo desde la puerta del baño, había ido ahí a cambiar el agua del molde que tenía para ponerle pañuelos en la frente. La temperatura le había vuelto, pero seguro le bajaría cuando se tomase el medicamento ahora que estaba despierto.

—Esperen en la sala, enseguida bajo —pidió buscando evitar que Malfoy siguiera quejándose como niño caprichudo por su presencia.

Hermione le dedicó una rara mirada, había estado estudiándola todo el rato, estaba por descubrir su secreto. No sabía con exactitud cómo lo tomaría pero se daba una idea, entendía que debía entrar en alerta roja pero su prioridad en ese momento, no era ver cómo solucionaría esa situación sino que Draco se sintiera mejor.

La puerta se cerró y avanzó hacia el malhumorado Malfoy. —Está bien, cálmate ya.

—Tú… ¿qué haces en mi cuarto?, ¿qué hacen todos en mi casa?

—No se te saldrán las tripas por ese piquete, deja ya de comportarte como un niño —declaró tomando su mano y limpiando la sangre.

—No me toques —gruñó mezquino.

—¿En serio? ¿Ahora harás berrinches? Deberías estar agradecido, todos estamos aquí porque nos preocupa tu estado.

Malfoy se quedó en shock. ¿Qué había dicho?

Ginny exhaló armándose de paciencia, aunque no pensó que silenciarlo fuese a ser tan sencillo, quizás debería haber empezado por decir eso. —Ayer te pusiste mal, vino el médico… estarás bien, sólo debes tomarte el medicamento y descansar —indicó, exprimiendo un pañuelo. Lo retuvo en su mano antes de atreverse a pasarlo por la frente de él y recorrer lentamente su rostro.

Draco esta vez apenas hizo el intento de alejarse, se quedó en silencio embargado por una emoción distinta al enojo. El frío del trapo lo hizo temblar ligeramente, tuvo que cerrar lo ojos un momento, en lo que su cuerpo se adaptaba a la sensación.

—Tienes que tomar esto —avisó, dejó el pañuelo un momento sobre la cama, mientras buscaba las pastillas.

Entonces él recobró un poco de control de la situación, se incorporó ligeramente buscando alcanzar el vaso de agua.

—Puedes pedirme las cosas —avisó, entregándoselo.

El agua refrescó su garganta de una manera que lo hizo exhalar agradecido. Draco observó con desconfianza las pastillas de colores en la palma de Ginny.

—¿Cómo sé que no se trata de un engaño?

—Dios, eres desesperante a veces. Yo no estoy tan demente para hacerle ese tipo de bromas a las personas. No sé con que clase de personas te reunías en la ciudad, pero aquí todos somos honestos, no jugamos con la vida de los enfermos.

Malfoy dirigió su vista a la pared, ella estaba logrando que él se sintiera avergonzado de su actitud y que deseara morderse su lengua antes de hablar. Eso no era algo que le sucediese comúnmente. Esa chica en verdad sacudía su mundo, desestabilizándolo.

—No te pedí que hicieras esto, ni a ninguno de ellos.

—¿Es tan difícil creer que la gente se puede preocupar por ti aún cuando eres un cabezota? —soltó con la voz llena de reproche.

Un nudo se creó en su garganta deslizándose hasta su pecho. Se removió en la cama, realmente incómodo con la tensión que se había creado entre ellos.

—Dame las pastillas.

Ella botó el aire que estaba sosteniendo, su rostro se suavizó. Al parecer había logrado hacer que entendiera y eso sin duda era un logro.

—Toma. —Se las entregó y tomó su vaso. —Te serviré un poco más de agua.

Él la siguió con la mirada. No la comprendía en verdad, ¿por qué estaba haciendo todo eso? Su historial no era el mejor y sin embargo ella no se cansaba de intentar ¿qué?, ¿qué es lo que buscaba?

Ginevra le dio el vaso, recogió el pedazo de tela, dejándolo en la vasija con agua. Draco se tomó el medicamento y se recostó nuevamente, estaba realmente confundido, pero ahora tenía mayor claridad sobre lo que había pasado el día anterior. Era verdad, había comenzado a sentirse mal después de estar en ese orfanato y ver a esa mujer.

—Descansa —pidió, acomodando su manta. Ginevra caminó hasta la puerta sintiendo su corazón brincar ante la mirada fija de él—. No somos como la gente de la ciudad, pero podemos ser tus amigos si te das la oportunidad de intentarlo.

Él exhaló incrédulo, cerrando sus puños alrededor de la manta.

—Y no está de más que comiences a ser agradecido. —Con esas palabras abandonó el cuarto, dejándolo solo con la guerra de pensamientos que tenía.

¡Con mil demonios!

Odiaba sentirse así… tan fuera de control.

Y todo por esa chica extraña que ni era zorra, ni era tan fea.

Estaba mal, muy mal.

Apretó los ojos con fuerza, no quería ya cavilar nada y mucho menos sentir.

*º*º*º

Ginevra se quedó tras la puerta, recargada. Inspiró varias veces, dejando ir todo lo que pasó en la habitación antes de bajar a reunirse con sus amigos.

—¿Se calmó? —preguntó Hermione, nada más al verla aparecer.

—Sí, sólo es un poco gruñón.

—Podría intentar sanarlo con otros métodos —sugirió Luna, jugando con su collar de corchos.

—Por mí no habría problema, pero ya has visto que no le hizo gracia —repuso con una alegre sonrisa, sentándose a su lado en el sillón de dos plazas.

—Ginny… ¿qué te sucede con él? —inquirió Hermione sin rodeos.

La expresión risueña de Ginevra vaciló por un segundo, su mirada cayó en su amiga que esperaba consternada su respuesta. —Supongo que lo mismo que a ti con Harry y que no has querido decirme.

—Eso no, yo…

La pelirroja casi se carcajea al ver como su amiga perdía elocuencia, lo cual no era para nada común. —Tranquila, está bien, todos tenemos derecho a tener nuestros secretos.

—Pero... ¿eso quiere decir, qué no te importa?

—No realmente —murmuró encogiéndose en el sillón—. Cuando le escribí ese poema a Harry no estaba pensando con mucha claridad, era pequeña e impresionable, confundí las cosas por la manera en que él se comportaba conmigo. Él es fantástico y una persona muy importante para mí, pero no hay más…

Hermione sintió una paz infinita al escuchar eso, su expresión se suavizó dejando que una sonrisa creciera en sus labios, antes de volver a ponerse seria al darse cuenta de lo que significaba. —Ginny no puedes fijarte en Malfoy.

—Resulta que las cosas no suceden así.

—Todo lo que él ha mostrado es ser caprichoso, arrogante y despectivo; yo sólo no quiero que te haga daño.

—Sé que él es el rey de los tontos —espetó esbozando una tibia sonrisa—, pero si en algo quieres ayudarme, no se lo digas a mi hermano.

—No estoy loca.

—Ron lo tomará bien cuando llegue el momento —aseveró Luna con una sonrisita, retirando la pequeña rama de árbol que tenía sobre su oreja izquierda, para pasarla entre sus dedos.

—Mmm no lo sé, conozco a mi hermano y se que reaccionara mal.

—Él puede ser comprensivo.

—Bueno sí… después de armar un lío, cuando finalmente acepta las cosas —evidenció Hermione, después de pensarlo un poco.

—Si siguen así, tendré que ir arriba con Malfoy.

—Nadie ha olvidado que estás aquí Neville…

Ginny comprendía la preocupación de todos, tal vez para muchos no tuviera sentido que se sintiera de esa forma por Draco, pero había hechos que ellos desconocían y que ella seguía guardando para sí. Compartirlos en ese momento no era algo que quisiera hacer, después de todo había cosas que era mejor dejarlas enterradas en el pasado.

Su corazón se estrujó con dolor al pensar en eso. La sombra de la tristeza se cernió sobre ella como una capa fría, pero supo ocultar bien su estado bajo su risueña actitud.

*º*º*º

Draco despertó horas más tarde, se destapó un poco notando que ya era de noche, su chimenea estaba prendida y emitiendo calor. Su cuerpo giró y sus ojos recorrieron el lugar como esperando encontrar a alguien, pero no fue así, estaba solo.

El desencanto que lo embargó lo hizo removerse molesto, se reprochó a sí mismo por sentirse así, era tonto creer que Ginny o cualquiera de los payasos del colegio seguirían ahí.

No los necesitaba de cualquier forma.

Se obligó como siempre a reprimir sus emociones. Se sentó en la orilla de la cama y se estiró buscando desentumirse, su cuerpo se estremeció pasado unos minutos resintiendo el cambio de temperatura, obligándolo a buscar una prenda caliente que ponerse encima de su pijama.

No tenía ganas de hacer nada, odiaba no tener a alguien a su servicio y cuidando de él. No pudo evitar preguntarse, ¿cómo sería si su madre estuviera con vida?, ¿estaría a su lado?, ¿sería cariñosa con él a pesar de que ya no era un niño?, ¿qué cosas le diría?, ¿estaría orgullosa de él?

La ola de sufrimiento que lo embistió fue colosal. Era cierto aquello que decían, era más sencillo sentir dolor físico que emocional, pero si le preguntaban él detestaba ambos.

Adolorido, dopado por las medicinas y en estado emocional defectuoso, se arrastró al baño. Sintiéndose un poco mejor después de esa parada, decidió bajar a la cocina, necesitaba comida para calmar su estómago y tener energía.

Nada más al abrir la puerta, un aroma delicioso llenó sus fosas nasales, logrando que su estómago se manifestara. Su ceño fruncido se pronunció, ¿qué estaba pasando ahí?

Por momentos creyó que la enfermedad le había vuelto con más fuerza haciéndolo tener delirios, pues aquel olor se hizo más fuerte conforme avanzaba. Al escuchar ruidos provenientes de la cocina se preocupó, él no tenía sirvientes. Claro que había notado que alguien iba por las mañanas a arreglar un poco, pero nunca se habían topado. Fuese quién fuese jamás había cocinado, ¿acaso ahora lo estaba haciendo? Seguramente era obra de Snape, arrepentido por lo que le había causado, pero y sino ¿se trataría de ese jardinerucho? La idea fue lo suficientemente chocante como para que sintiera nauseas, no podía creer que ese hombre pudiese cocinar algo que oliera bien.

Su sorpresa fue mayúscula cuando llegó a la cocina y descubrió que primero no estaba alucinando y segundo quién estaba ahí no era otra que esa extraña chica. Su cuerpo se detuvo por la impresión.

*º*º*º

Ginevra estaba haciendo croquetas de papa y pollo, mientras el arroz al vapor se cocinaba a fuego lento, se giró buscando la sal cuando vio parado en la entrada a Draco como un zombie. Sin duda le dio el susto de su vida, incluso el aire se atoró en su garganta por el pánico que había sentido.

—¡Rayos, me asustaste! —Sus labios se curvaron al darse cuenta que seguramente el hambre lo había llevado ahí. —Deberías haberte quedado en cama, pero si estás aquí es porque te sientes mejor, ¿no?

Draco no respondió, tenía una expresión que ella nunca le había visto, pero que la hizo disminuir su sonrisa nerviosa.

—¿Por qué me miras así?

Él experimentó un revoloteó en su panza que nada tenía que ver con el hambre que tenía. Verla ahí le había producido un subidón de alegría que sólo lo descolocó aún más.

—Jamás lo vi.

—¿De qué hablas? —Un aire confuso cruzó su cara.

—Jamás lo vi.

—¿El qué? —preguntó ahora curiosa, por un momento incluso creyó que la temperatura le había vuelto.

—Una chica cocinando —reveló serio.

Ginny ladeó su cabeza ligeramente mientras una sonrisa bañada de sorpresa se abría paso en su rostro. La manera en que esos ojos grises la miraban la hizo sentirse tontamente feliz, de ahí que fuese incapaz de formular una oración para responderle.

—Se te va a quemar.

Ella abrió muy grande sus ojos al igual que su boca. Se había distraído y eso provocó que descuidara la olla de arroz.

—¡Demonios!

Se giró apurada, alargando su mano para apagar el fuego y sin pensarlo tomó la tapa de la olla retirándola, quemándose las yemas de los dedos.

—Ahhh —lloró con dolor, soplándole a su mano—, soy una tonta —agregó apenada por ese incidente, ahora él también había visto a una chica quemando la cena. Se giró para verlo pero ni siquiera había hecho el movimiento completo cuando se dio cuenta que él ya estaba detrás de ella.

—Lo eres, debes tener más cuidado —regañó tomando su mano para examinar el daño, sintiéndola extrañamente fría.

Ella se quedó de una pieza con los labios ligeramente entreabiertos. No daba crédito a lo que estaba pasando, él jamás la había tocado por propia voluntad.

Su corazón pasó de un ritmo pausado a latir desenfrenado en cuestión de segundos, el calor subió hasta sus mejillas y ella sólo podía seguir con los ojos puestos en él, bebiendo el rastro de preocupación que él tenía en su cara.

Él la jaló hasta el fregadero, abrió la llave e hizo que ella metiera sus dedos bajo el chorro de agua. Ginny se sacudió por la sensación que pareció recordarle que debía reaccionar.

—Ya esta bien… no ha sido nada.

Draco giró la llave y permitió que ella recuperara su mano. Claramente dándose cuenta de que se había dejado llevar por la aflicción que sintió al saber que se había hecho daño. Se aclaró la garganta, buscando romper con el ambiente que se había formado. —Podrías ser más cuidadosa.

Ginny cabeceó asintiendo, sus labios crearon una sonrisa ligeramente trémula por los nervios.

—Yo… terminaré de hacer la cena —balbuceó apartándose.

Malfoy confundido como estaba sólo salió de la cocina, huyendo hasta llegar al lado opuesto de la casa. Se recargó en el estante de libros, dejando que su cabeza golpeara las cubiertas.

—Todo es por mi enfermedad sólo eso… no hay nada más.

Claro que decirlo en voz alta no servía de nada. Se sentía como un idiota, uno que tenía miedo de lo que estaba sintiendo como nunca antes.

*º*º*º

Ginevra despegó sus ojos de su plato para poder ver a Draco. Desde el incidente en la cocina él no había dicho ni una sola palabra y eso estaba acabando con su apetito. No esperaba que él estuviera hablando hasta por los codos, pero tampoco así de callado. Torció su boca indecisa y finalmente decidió que entonces ella iniciaría la conversación.

—¿Te gustó?

Él con sus impecables modales en la mesa, dejó a un lado su tenedor, tomó la servilleta y se limpió, fue entonces que notó que ella apenas y había probado bocado, enarcó sus cejas desconcertado. ¿Acaso la comida tenía veneno para ratas?

—¿No tienes hambre?

—¿Qué?... ah no, esto… sí pero —calló avergonzada, se estaba haciendo bolas con su propia lengua.

—Es aceptable.

Ella puso sus ojos asombrados en él. ¿Estaba diciendo lo que creía?

—Es mejor que mi cena precocida que caliento en el microondas —agregó haciendo un gesto con su mano, restándole importancia a la situación, aunque en realidad era lo más bueno que había comido desde que sus pies habían tocado ese pueblo.

La calidez de la piel de Ginny aumentó, sonrojando sus mejillas, una sonrisa creció en sus labios rosados. Bajó la mirada y se concentró ahora si en comer.

Draco no apartó sus ojos de ella, era la primera vez que ella estaba alegre por algo que él había dicho, una chispa de regocijo se desató en su pecho. Confundiéndolo y haciéndolo sentirse tonto e disgustado. ¿Desde cuándo a él le interesaba eso?

Sacudió su cabeza, enfocando sus pensamientos en lo que él si quería.

—¿Hay alguna forma de graduarse sin hacer esa obra?

Ginny perdió animosidad, su semblante se volvió serio. —No, no la hay.

—Entonces encuéntrala.

—¿No quieres hacerla, porque es para ayudar al orfanato? —cuestionó con las cejas contraídas.

—No quiero. Ya he ayudado bastante… —Su boca se apretó al ver el brillo de reproche en sus ojos azules. —Olvídalo.

Ella miró su plato y removió su tenedor entre sus dedos, cómo pensando si decir o no lo que estaba pensando pero finalmente alzó la vista decidida.

—El señor Snape dijo: "No deje que se gradué sin esforzarse." —Apenas terminó de decirlo y él ya tenía una cara de ogro que no podía con ella. Se levantó de la mesa de forma brusca y abandonó el comedor.

Ginny exhaló con desazón, no sabía que gobernaba más en su mente el enojo o la decepción.

*º*º*º

El lunes Draco no apareció en clases, ella no podía creer lo imbécil que era. Sabía que ya estaba mejor, lo había ido a ver el día anterior y esa visita había acabado con una pelea.

Sin querer pensar más en eso se había concentrado en la práctica del musical, hoy harían por primera vez la coreografía con la música de fondo, cuando la tuvieran lista comenzarían a ensayarla con sus voces. En clase de música, ya se encontraban trabajando las canciones y sin duda era algo para reírse, sonaban como un grupo de gatos desentonados, tendrían que poner mayor esfuerzo para mejorar, afortunadamente tenían varios meses por delante para hacerlo antes del estreno.

El grupo estaba formado en una fila mientras Lavender conducía el baile.

—Uno, dos, tres, cuatro…

Seamus avanzó y abrió sus brazos saliendo hacia la derecha, Hermione cruzó sus brazos sobre el pecho antes de extenderlos e ir hacía la izquierda, Neville salió hacia la derecha, Ginny salió hacia la izquierda dando un giro para moverse hacia el final, le siguió Dean, Parvarti, Ron tropezó logrando que Harry se atrasara en la salida, malogrando la secuencia.

—¿Por qué no puedes hacerlo bien? —cuestionó ceñuda.

—Porque no bailo —respondió con obviedad.

Y eso era verdad, aún recordaba aquel Baile de navidad, dónde Ron y Harry se la habían pasado sentados como dos viejos amargados, pero ella no iba a darse por vencida con esos dos, eso no.

—Háganlo de nuevo —mandó Lavender—. No es tan difícil, sólo giren y mantengan sus brazos en alto. —Mostró con un movimiento firme y enérgico la manera de hacerlo.

La fila volvió a formarse pero esta vez en lugar de salir, aplaudían unos hacia la izquierda y otro hacia la derecha.

—Hermione siente la música y muévete con gracia.

La aludida frunció sus cejas y apretó sus labios en una línea. Lavender se estaba aprovechando, quería molestarla porque según su reducida mente ella había sido la causa de que Ron la terminara, lo cual no era cierto. Ron había querido dejarla por semanas, pero no había logrado hacerlo, finalmente Lavender lo había hecho cuando había malinterpretado su amistad.

—¡Mete el trasero Parvarti! ¡Vuelta!

La práctica se interrumpió cuando Draco apareció en el auditorio con una muleta y un yeso en la pierna derecha.

*º*º*º

Malfoy no había dormido pensando en su nuevo plan, había tenido que ceder en algunos puntos, se graduaría ahí pero de ninguna forma haría ese estúpido musical. Se levantó temprano para ir en busca de lo que necesitaba y curiosamente lo encontró en donde menos lo esperaba: Sortilegios Weasley.

Lavender había tenido razón, los tipos eran geniales y sus productos los había encontrado divertidos, ingeniosos y bastante útiles como en su caso. Había conseguido un la escayola falsa pero muy bien realizada que engañaría a cualquiera que no tuviese conocimiento médico. También se las había ingeniado para conseguir una muleta que terminaría con su disfraz para esa movida.

Esperó hasta que fue la hora de la dichosa práctica para aparecer y hacer su mejor actuación. Incluso hizo que su apariencia fuese desarreglada como si ese día hubiese pasado por un accidente. Entró apoyándose en su muleta para andar, fingiendo una mueca de dolor profundo.

Todos se giraron a la entrada observándolo con distintas caras. Ginny salió del fondo de sus compañeros, sus ojos lo repasaron quedándose en su pierna enyesada. Su preocupación se extinguió como una llama de un cerillo puesta al viento, al darse cuenta de su treta. ¿Y cómo no iba a hacerlo? Ella conocía bien lo que sus hermanos vendían.

El coraje y la rabia la embargaron tan rápido como se esparce un incendio, contrayendo sus entrañas, acelerando su corazón.

—¿Te hiciste daño en la pierna? —preguntó al momento Lavender, haciendo la pregunta de la cual todos querían escuchar la respuesta.

—¿Qué te ocurrió? —añadió Parvarti.

—Tan sólo pasó —comunicó sufrido, recargando todo su peso en su muleta. —No creo que pueda hacer la obra.

—¡Maldito! ¡Eres… eres un hijo…! ¡Idiota egoísta! —manifestó Ginny temblando por contenerse. Se giró incapaz de seguir mirándolo.

Draco hizo un gesto feo. —¿Qué carajos? Joder… ¿cómo quieres que participe si tengo la pierna así?

La indignación de la pelirroja creció con cada palabra que él decía, no lo soportaba. La respiración comenzó a dificultársele obligándola a detenerse, una sensación horrible la azotó concentrándose en su pecho, haciendo que ella se llevara la mano cerca del corazón.

No, no, no...

«No ahora, por favor.»

El sonrojo en su cara desapareció de un segundo a otro dejándola tan pálida como un cadáver.

—¡Ginny! —llamó Ron, alarmado por la reacción de su hermana. Ella no podía tener ese grado de disgusto, no sin sufrir las consecuencias.

Neville a unos pasos de ella, observó todo su recorrido, dándose cuenta que algo le pasaba. Apenas alcanzó a llegar a su lado, para evitar que ella se estrellara con todo en el suelo.

Ron se arrodilló asustado, tomándola de los brazos de su amigo, girándola con premura.

—¡Demonios Ginny! No me hagas esto…

Sus compañeros que habían estado siguiendo su intercambio confundidos, corrieron espantados por el desvanecimiento de Ginevra, rodeándolos, olvidándose por completo de Malfoy.

—Ginny, Ginny… vamos —pidió desesperado su hermano.

—Háganle espacio, necesitamos que le llegue el oxígeno —exclamó Hermione exaltada.

Draco sonrió bulón, creyendo que todo se trataba de un teatro de Ginny. —Debe tener algún dolor de estómago —aseveró recordándole a la Come-libros y Bomboton lo que había pasado en su casa—, ¿por qué no llaman a su lunática amiga para que le pinché el dedo?

—¡Eres un imbécil! —expresó Hermione con enojo.

—Idiota, lo que deberías hacer es largarte —añadió Harry, separándose del grupo para ir a sus cosas y buscar su celular—. Llamaré a la ambulancia.

—Ginny abre los ojos, pronto llegara la ayuda.

Ron tenía gruesas lágrimas en los ojos, sostenía a su hermana con fuerza. Ella parecía una muñeca de trapo sin vida, la cabeza le colgaba a un lado y tenía el cuerpo desguanzado.

—Deja de fingir, Cabeza de zanahoria.

—Ella está enferma, ¿acaso no lo sabías? —escupió Dean con claro reclamo en el registro de su voz. Se levantó yendo hasta él dispuesto a sacarlo con sus propias manos.

Después de eso fue que Draco comprendió que Ginny en verdad estaba mal y fue como una cubetada de agua fría. Su estómago le dio un horrible tirón, su cara se llenó de desconcierto y el miedo se desató como una tormenta dentro de él.

«¿Enferma? No, no es verdad.»

¡Joder!

No, no… ella no podía estarlo.

—La ambulancia viene para acá —anunció Harry, volviendo veloz al lado de sus amigos.

—Vayan a avisarle a la profesora McGonagall y a Madame Pomfrey —pidió Hermione desesperada.

Draco estaba congelado, todo se movía a su alrededor y él sólo podía pensar en aquel accidente, en su madre inconsciente desangrándose entre los escombros del auto.

No, esta vez no se quedaría sin hacer nada.

No podía perderla.

Aventó a Dean, dejando caer la muleta en el proceso. Hizo a un lado a todos sus compañeros y sin más se la quitó a Ronald de sus brazos, cargándola él. Salió corriendo lo más rápido que el yeso y el peso de ella se lo permitían, debía sacarla a los terrenos esperaba que para cuando llegara la ambulancia ya estuviese ahí.

No le importó nada, ni los gritos de sus compañeros que lo seguían ni mucho menos de sus profesores.

Jamás hubiese pensando ser capaz de hacer ese esfuerzo sobrehumano, tal vez era el golpe de adrenalina que provenía del pavor que sentía de verla morir. Cada segundo que pasaba era uno que ella no tenía la atención necesaria, cuando escuchó el sonido de las sirenas se sintió agradecido como nunca.

Se dejó caer de rodillas, escurriendo el sudor, jadeando con fuerza buscando meter a sus pulmones oxigeno suficiente. Tal vez debería pensar en dejar de fumar.

Unos paramédicos corrieron hacia él con una camilla.

—Puedes soltarla ahora —indicó uno, colocando sus brazos para recibirla.

—Nosotros nos haremos cargo a partir de aquí —añadió el otro.

—Ayúdenla —pronunció suplicante con la voz entrecortada.

—¿Estás bien? ¿Tu pierna…?

—Está bien, el yeso es falso —aclaró—. ¡Carajo apúrense!

Los hombres la revisaron estabilizándola antes de asegurarla, llevándosela hasta el vehículo. Ron pasó a su lado sin detenerse subiendo con ellos, los profesores llegaron intercambiando unas palabras con los hombres y después la ambulancia salió a toda velocidad del colegio.

Draco se levantó apenas pudo, desapareciendo del lugar.

*º*º*º

Ginny se encontraba en un cuarto del hospital St. Mungo, le habían quitado su uniforme y puesto esa bata. Sentada en la cama, sostenía su celular a la altura de su cara para poder jugar mejor, evitando así ver a Billy, Amos Diggory, él médico que la había tratado desde hacía años y su hijo Cedric.

—No me puedes obligar.

William se pasó la mano por su rostro desencajado, queriendo armarse de paciencia. Su preocupación era tan grande como su dolor, sus ojos estaban rojos por las lágrimas que había soltado minutos antes, en el despacho de Amos después de oír las noticias.

—Ginny por favor.

—La decisión es mía —recalcó tozuda.

—Lo sé, pero entiéndenos —pidió Bill buscando hacerla entrar en razón—. Aquí tendrás la atención necesaria.

—No quiero morir aquí —repuso aún sin alzar sus ojos, parecía tan serena hablando de su muerte, pero todos sabían que era una fachada y que en realidad estaba devastada.

Ginny siempre mantenía su actitud positiva, sonriendo, luchando, aferrándose a la vida, era tan injusto que estuvieran perdiéndola.

—No puedes ser tan terca con esto —reprendió Amos.

—¿Por qué no puedo? ¿Acaso no es mi vida? —respondió simple—. ¡Sí, conseguí pasar de nivel!

—¡Demonios Ginny!, haznos caso por esta vez —profirió Bill, sintiendo como sus dedos formaban dos puños.

—No quiero.

William sintió el recorrido de las gotas salinas por su cara, la vista se le nubló irremediablemente. Su garganta se atrofió, impidiéndole seguir. Necesita salir con urgencia de ahí o terminaría rompiéndose frente a ella. Abrió la puerta, buscando alejarse.

Amos miró una vez más a la pelirroja negando con su cabeza impotente, antes de abandonar el cuarto. Cedric fue el único que no se fue, restó la distancia que los separaba quedándose de píe al lado de su cama.

Ginevra dejó caer su máscara, su fuerza la abandonó y sus hombros cayeron, logrando que se encogiera. Su llanto fue silencioso mientras bajaba el celular.

—Te tengo —murmuró Cedric atrayéndola con sus brazos a su pecho. Ella se dejó hacer humedeciendo su bata de doctor verde lima, sus uñas quebradizas se clavaron en la tela.

«Dios, déjame vivir hasta el solsticio de invierno, dame un poco más de vida… no quiero irme aún.»

—Permítenos cuidar de ti, no seas cabezota.

Ella no respondió, no tenía voz para hacerlo. Su cuerpo se estremecía mientras se desahogaba, pensando en todo lo que le hacía falta por vivir.

*º*º*º

Ron y sus hermanos estaban reunidos con Amos Diggory. Hermione, Harry, Neville y Luna, estaban sentados en la sala esperando obtener noticias.

—Iré a ver si podemos entrar a verla —anunció Hermione incapaz de permanecer un minuto más así.

Harry vio con cariño la figura de su amiga alejarse por el pasillo, ahora que no cargaba tantos libros su andar era derecho. Había cientos de detalles como esos de ella que para muchos podían pasar desapercibidos pero no para él, era el resultado de ser amigos por tantos años. Probablemente Ron podía reconocerlos también, después de todo siempre habían sido los tres para todo, en las buenas y en las malas.

Y era por esa amistad que le había costado esclarecer lo que sentía y entender que había atravesado los límites de un cariño fraternal. El problema era que no sabía si haría bien en arriesgarse y confesárselo. Sí, era un cobarde cuando se trataba de chicas y aquí había mucho que poner en riesgo, no quería perder a su amiga o volver incomoda su amistad, pero ahora al estar en el hospital recordaba una vez más que la vida era muy corta para desperdiciarla en esos miedos.

«Él tiempo pasa demasiado rápido como para dejar ir la oportunidad de ser feliz.»

Esas eran las palabras que le había dicho Sirius —su padrino—, después de haberse dado cuenta de lo que le pasaba.

«Debo hablar con ella.» Esta vez no era un pensamiento más, era una decisión. Esperaba que Ron lo comprendiera al enterarse, sabía que su amigo había albergado esperanzas de que él se convirtiera en su cuñado. Lamentablemente las cosas no habían tomado ese curso, a pesar de que él si se lo había cuestionado hace tiempo.

—Visitas no permitidas —anunció de vuelta Hermione con desazón.

—¿Tan mal esta? —cuestionó Neville con la voz rota, apretando sus manos en dos puños.

—¿No podremos verla? ¿Y más tarde?

—Al parecer no.

—Tendremos que esperar a que Ron vuelva —aseveró Harry, líneas de preocupación trazaban su rostro, sentado al lado de su amiga buscando confortarla.

—Estoy segura que ella estará bien —comunicó Luna con una sonrisa—. El amor le hace bien a cualquiera.

—¿De qué hablas Luna? —inquirió Harry.

—A veces cuando menos te lo esperas, la felicidad llega a ti —respondió dibujando una sonrisa misteriosa—. Miren ahí viene Malfoy.

Para Hermione, Luna y Neville su presencia no los sacudía tanto como a Harry, quién no acababa de entender lo que estaba ocurriendo ahí. Ginny y Malfoy no se llevaban nada bien, en un segundo estaban peleando y al siguiente actuaban de tal forma que pareciera que entre ellos había algo, pero ¿era imposible o no?

Sólo esperaba que Malfoy no fuese a lo que se estaba refiriendo Luna, Ginny lo último que necesitaba era sufrir por un patán mentiroso como él.

Todos se habían dado cuenta que él había pretendido engañarlos con su fractura para no hacer la obra y aquello le había salido mal. Y aunque deberían estar enojados con él por lo que había desencadenado, también estaban agradecidos de su pronta reacción al llevar a Ginny a los terrenos.

*º*º*º

Draco odiaba los hospitales, su olor, su color, los médicos y enfermeras, todo le traía recuerdos del accidente. Pisar St. Mungo había significado un gran dolor, un esfuerzo que había hecho porque no soportaba no saber qué había ocurrido con la pelirroja y cómo no se sentía en confianza de preguntárselo a cualquiera de sus compañeros —sobre todo después de su mentira— había decidido ir.

El cuerpo le dolía como pocas veces, el esfuerzo que había hecho al cargar a Ginny le estaba cobrando la factura, había recurrido a tomar un relajante muscular.

Estaba caminando por el pasillo con un ligero cojeo —producido por correr con el yeso— dirigiéndose al módulo de información cuando notó a sus compañeros todos mirando hacía él.

Se detuvo de golpe, debía haberse imaginado que estarían todos ahí. ¡Vaya chismosos! Exhaló torciendo sus labios en su sonrisa clásica y desenfadada, retomando su paso.

No sabía si le contarían las noticias pero en ese pueblo todos eran almas de dios, así que probablemente lo harían.

—Estás aquí por Ginny —mencionó Luna con naturalidad.

Él le dedicó una mirada hostil, aún no le perdonaba que lo hubiera pinchado. —Que perceptiva.

—Estás muy preocupado por ella —afirmó y él se incomodó cambiando el peso de su cuerpo hacia su otro pie. Esa chica estaba loca y mentiría si decía que no le causaba escalofríos.

—¿Qué es lo que tiene? —preguntó ignorando a la chica.

Los chicos se miraron entre sí, guardando silencio. Esto no se trataba de si estaban molestos con él, iba más allá de eso… se trataba de ella.

«Demonios, esto es más serio de lo que pensé.»

Y estaba claro que ellos no le dirían nada, tendría que obtener la información de otra forma. Apretó sus labios con disgusto.

—Es mejor que ella te lo cuente —contestó Hermione, después de un largo silencio.

Draco asintió estoico. —¿Dónde está?

—Tiene prohibidas las visitas —reveló Neville.

—¿Por qué? —La pregunta saltó de su boca sin que pudiera evitarlo y su pantalla de serenidad cayó dejando al descubierto su incertidumbre.

—No se encuentra muy bien, creemos que pasará un tiempo aquí… Ron se encuentra con su familia hablando con el doctor, cuando él vuelva tendremos más noticias —explicó Hermione, descubriendo con agrado lo que él buscaba ocultar.

Los músculos del cuerpo de Draco se tensaron, giró su rostro buscando recuperar un poco de su dureza, pero no le fue sencillo, no con la mezcla de emociones que lo estaban abatiendo.

*º*º*º

Después de un tiempo en el que no apareció la Comadreja, Hermione tuvo la iniciativa de decir que era bueno que fueran por algo de comer, la mayoría estaban ahí con los estómagos vacíos. Él hubiese preferido quedarse pero los necesitaba, él no tenía buena relación con Weasley, era mejor estar con ellos cuando él apareciera.

Tenía remordimientos, ella se había puesto mal por su pelea y él no se había detenido, había seguido atacándola. Debería haber puesto más atención a las señales, cuando Neville y Ron la habían alejado de la pelea era por eso. Esa tarde-noche cuando se la había topado en el camino, ella había dicho que estaba enferma. Jamás pensó que en verdad estuviera hablando en serio. Sus manos frías, su estado de ánimo cambiante, la razón por la que no hacia educación física era esa.

Tendría que haberse dado cuenta, pero con ella su intuición no funcionaba bien. Había sido un completo imbécil, no necesitaba que nadie se lo dijera.

—¿En qué piensas? Parece que estuvieras en el limbo.

Draco miró de refilón a la rubia. —¿De qué hablas Lunática?

Ella curvó sus labios como un gato, él arqueó su ceja confundido por su actitud.

—Tendrás oportunidad de hablar de nuevo con ella, Ginny es muy fuerte y ella olvidará lo que hiciste.

—No sé a qué te refieres.

—¿A qué más? ¿A comprar ese yeso falso con sus hermanos?

«Así que ella lo sabía… ¡joder!».

Luna sacó unos extraños lentes rosados de su bolsa y se los colocó para mirarlo, como si él no creyera que ya que estaba demente.

—¿Sabías qué los torposolos nublan tu mente?

Malfoy chasqueó su lengua, a ese pasó prefería hablar con Bomboton, al menos ese no le diría tantas insensateces.

Avanzaron por el Callejón Diagon, notó que Potter también encontraba interesante la tienda de Artículos de calidad del fútbol. Hermione tuvo que recordarles que estaban ahí para comer, debían ir al Caldero Chorreante, pero ella misma se había detenido en la Librería Flourish y Blotts, observando su escaparate como niño chiquito mirando su juguete deseado.

—No puedo creerlo he estado buscando esos libros y ahora están en oferta.

—¿Por qué no los compras? —cuestionó Luna.

—Porque no traigo el dinero suficiente —susurró apenada, inclinando su cabeza.

—Iré al banco y después te los compraré.

Ella tomó el brazo de su amigo para impedirle irse. —No Harry, no es necesario…

Draco rodó sus ojos con fastidio, ¿no podían ser más patéticos esos dos?

—Toma. —Sacó un par de billetes de su cartera.

—Yo no…

—No digas nada Granger —dijo con gesto indiferente, alejándose del grupo. No quería participar en una escena sensiblera.

—Estaremos en el Caldero Chorreante, no tardes —gritó Neville.

Draco no volteó siguió su camino perdiéndose entre la gente, casi al llegar al final del Callejón notó un pequeño puesto, una anciana se encontraba tejiendo hábilmente con dos agujas grandes y desgastadas.

No supo la razón pero terminó en cuclillas observando lo que tenía para vender. Eran varios pares de guantes, bufandas, calentadores y calcetas.

—¿Hiciste esto?

—¿Quién más? ¿Acaso tú? —respondió con voz rasposa, pero la burla aún así era evidente.

Él la miró divertido. —Es muy bueno.

—Lo sé.

Draco no podía creer lo creída que era la anciana, pero aún así sintió simpatía por ella y respeto por lo que hacía.

—¿Haces esto para vivir?

—¿Te parece que no?

—No deberías estar en las calles, puede ser peligroso, anciana.

—Patrañas.

Él se levantó y dejó dinero sobre su puesto.

—Me has dado dinero, debes llevarte algo.

—No lo necesito, tómalo como caridad.

—Muchacho engreído, ten esto, seguro podrás dárselo a tu novia.

La mujer mayor tomó lo más lindo de su puesto y se lo entregó.

—No tengo novia y no lo quiero. —Intentó devolvérselo, pero ella no se cansó de dárselo.

—Oh vamos, no tratas de engañar a una mujer que ha vivido por mucho tiempo, seguro que debe haber alguien especial en tu vida.

La imagen de Ginny apareció en su mente, un subido calor encendió sus blancas mejillas.

—Lo sabía.

—No sabes nada —masculló alejándose de ella con lo que le había dado.

—Se feliz niño tonto, busca a esa chica.

—Vieja insolente.

Refundió en el bolso de su chaqueta lo que ella le había dado, no quería que los demás lo vieran. Las palabras de la mujer siguieron repitiéndose en su mente, no entendía cómo había terminado pensando en la pelirroja, aunque claro ella era la única capaz de usar algo así… el resto de las chicas que conocía jamás lo haría.

«Es un pueblo extraño… chicos que se creen santos y salvadores, chicas que luchan por las causas perdidas, ancianas metiches.»

*º*º*º

Después de una poco común comida, habían vuelto al hospital. Finalmente no había sido Ron, el que había aparecido para hablar con ellos si no otro Weasley. Draco no podía creer que ella tuviera tantos hermanos, en serio sus padres no conocían la televisión, ni los métodos anticonceptivos.

Charlie Weasley, era aún mayor que los gemelos, un chico fornido de ojos azules. Malfoy después se enteraría que trabajaba en el zoológico en Londres, de ahí que él no lo hubiera visto antes.

Él les informó del estado de su hermana, agradeciéndoles su presencia, pero tuvo que pedirles que se retiraran pues las visitas estaban restringidas, y ya eran bastantes personas con ellos ahí.

Los chicos lo entendieron, él les dijo que le contaría a Ginny que habían estado ahí, también les había asegurado que ella se comunicaría con ellos en cuanto estuviera mejor.

Draco no estaba nada contento con la situación, había estado tantas horas ahí y ni siquiera había logrado verla. Se giró apenas el hombre terminó de hablar, dispuesto a salir de ahí, ya había tenido suficiente ese día.

Una pesada mano tocó su hombro deteniéndolo, él se giró alerta.

—Tranquilo —pidió Charlie, retirando su toque—. ¿Fuiste tú quién acercó a mi hermana a la ambulancia?

Malfoy se enderezó buscando no sentirse intimidado por el hombre. Asintió con un cabeceo, desconfiado.

—Gracias por lo que hiciste.

Draco se descolocó. —No fue nada.

—Claro que lo fue, la llevaste sobre tus brazos corriendo, esperaba que fueras un grandulón pero al parecer eres un modelo compacto.

«¿Modelo compacto?».

—¿Quieres que te demuestre que no necesito ser un deforme para ganarte?

—Cálmate niño…

Malfoy soltó un gruñido, su mandíbula se apretó con fuerza.

—Escucha, sé que ella tuvo una discusión contigo antes de que se desmayara. No me interesan los detalles, ni saber realmente lo qué pasó.

De nuevo la confusión transformó el rostro de Draco, tragó con fuerza, logrando que su manzana de adán se notara aún más. Nuevamente el gusano de culpa se hizo presente, atacándolo cuando menos lo deseaba.

—Conozco a mi hermana y tú debiste haber hecho algo que en serio la enfureció, ni por un segundo pienses en siquiera volver a hacerlo, porque entonces sí que habrá pelea y te prometo que tendrás una cama en este lugar de lo mal que te dejaré. Así que si quieres evitar que eso suceda mejor aléjate de ella. —El registro de su voz fue bajo y peligroso, del tipo que te haría querer ocultarte debajo de lo primero que encontraras. Le dio una última mirada feroz antes de volver al lugar donde se encontraban sus hermanos.

Draco soltó un improperio que hizo que las enfermeras jadearan, reprobando su vocabulario. Salió del hospital echando rayos, estaba rabioso como perro de pelea. Los pocos que habían osado hablarle de esa manera habían terminado siendo lastimados por sus puños y pies.

—Maldito…

Y él creía que la Comadreja era molesto, tendría que haber esperado a conocer al resto de su parentela. A él definitivamente nadie le vendría a decir lo que podía o no podía hacer y sí quería seguiría hablando con Ginny, lo haría.

—Vaya imbécil.

*º*º*º

Draco no volvió a St. Mungo, en parte por lo que había pasado con el Weasley y otra porque estar ahí le había causado pesadillas cada noche. La última la tenía muy presente en su mente, su madre en una cama de hospital entubada. Sentía el estómago en la garganta cada que lo recordaba y su corazón parecía ser oprimido por un puño invisible.

Volver a la escuela lo había hecho tener la cabeza concentrada en otros temas, extrañamente Ronald Weasley no se había ido contra él, aunque tampoco era su fan ni le besaba los pies al caminar. En esos días era Neville, el que lo mantenía al tanto sobre la salud de Ginny. No sabía por qué lo hacía, pero tampoco había intentado detenerlo pues estaba sediento de saber de ella, era una locura pero esa chica le importaba.

Desde que se había metido en su vida Ginny Weasley lo había intrigado, confundiéndolo irremediablemente, haciéndolo sentirse estúpido y sensible. Ella tenía la capacidad de hacerlo perder los estribos. Era salvaje, brusca, poco refinada… pero también era sincera, amable, se preocupaba por los demás. Los dos eran distintos y contrastantes, eran como las dos ca ras de una moneda.

No tenía explicación alguna para lo que estaba sintiendo, ella lo estaba revolucionando como nadie.

Era viernes por la mañana, Draco iba rumbo a su salón tenía el celular entre sus manos. Había logrado que Bomboton le diera el número de Ginny el día anterior, pero no había podido enviarle ni un mísero mensaje, cada vez que escribía uno lo borraba al instante siguiente, pues no lo convencía del todo y justo en ese momento estaba tecleando uno nuevo.

Se que estás fingiendo. Sal del hospital.

*º*º*º

Ginevra había salido el día anterior de St. Mungo, Amos no había estado de acuerdo, sus hermanos habían tratado de obligarla a quedarse, pero ella había luchado contra viento y marea manteniendo su decisión. Finalmente se había salido con la suya al estar ligeramente recompuesta, la habían dejado ir con una larga lista de indicaciones y con una bolsa de medicina, ahora tenía que cargar con un pastillero organizado con sus dosis diarias.

Sabía que todos estarían más pendientes de ella, lo agradecía pero no quería más atención extra. Lo único que ella quería era vivir, sentirse libre… ser como cualquiera de los demás sin tratos especiales, ni miradas de compasión, pero eso no iba a suceder, tampoco iba a agobiarse por eso, no tenía tiempo para eso. Seguiría haciendo lo que más le gustaba, disfrutar el día a día, compartir con sus amigos, su familia y tal vez sólo tal vez pudiera pasar algo extraordinario como el amor.

Sabía que añorar el amor de otra persona era algo egoísta después de todo ella se iría, pero en verdad deseaba experimentarlo en plenitud y quizás él que la amara pudiera perdonarla por hacerle eso, por tener que irse tan pronto dejándolo solo.

Hace mucho tiempo que había entendido que moriría tarde o temprano, siempre había vivido con eso, había crecido con eso. Había estado molesta con dios, la vida, el universo, todos pero eso no la había hecho sentirse mejor y vivir así la había hecho sentirse asfixiada en una perpetua incertidumbre, fue cuando hizo las paces con todos sus enojos y miedos que pudo ver a la vida como el milagro que era.

Ahora mismo ella era sostenida por la fe y la esperanza, ambas inquebrantables.

*º*º*º

Había llegado a la escuela temprano, incluso había dejado a Ron por dormilón. Estar de nuevo en el colegio la hacía sentir alegre. Sus amigos le habían contado lo que Malfoy había hecho, él la había cargado y llevado hasta la ambulancia. El sólo imaginárselo la hacía sentir un pequeño fuego en su interior. Además él había ido a St. Mungo, había pasado la tarde con sus amigos sin peleas y sabía por Neville que había estado al pendiente de ella.

Era casi imposible que después de eso no estuviera sonriendo como una boba, aunque claro no olvidaba lo que había pasado en el auditorio, pero tampoco quería darle más peso a ese evento de lo que tenía. Se negaba a creer que Draco era un caso perdido y confiaba en que él seguiría el camino correcto, por su propia elección.

Ella aguardo en el corredor que llevaba a su salón a que Malfoy pasará, confiaba en que él aparecería pues había estado yendo todos esos días, lo cual era una agradable noticia. Se recargó en la pared con sus manos metidas en las bolsas de su abrigo, no lograba que mantuvieran el calor.

Estaba ahí, perdida en sus cavilaciones cuando lo vio, él estaba con su celular. La animosidad que sintió al verlo disminuyó al pensar que probablemente se encontraba hablando con alguna de sus amiguitas o con esa tal Astoria que parecía tan interesada en reunirse con él. La amargura llegó hasta su boca, el monstruo de los celos nunca era bueno, envenenaba el alma. Lo había visto con Cho y su relación con Harry, y en Lavender con Ron.

Se despegó de la pared, sus ojos lo recorrieron de abajo hacía arriba hasta llegar a su mirada de acero.

—Tu pierna está bien.

Él bajó su celular invadido por la sorpresa de verla ahí de pie. Sus pupilas se movieron por ella buscando comprobar que estuviese bien, aunque era evidente su paso por el hospital. Estaba un poco más delgada, las facciones de su cara se notaban más, había sombras oscuras bajo sus ojos y sus labios estaban pálidos tanto como el resto de ella.

—Si no estás bien, no deberías venir a la escuela.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Tú, tienes esa apariencia de enferma y dudo que se trate de un disfraz, a menos de que seas de esas locas que creen que todo el año es halloween.

Él se maldijo al instante siguiente, ¿por qué no había podido decir otra cosa más amable? Alzó su ceja, mirándola con cautela esperando por una manifestación de su carácter, pero contrario a lo que esperaba una pequeña sonrisa se asomó en su boca.

—Tal vez sí soy de esas extrañas —bromeó.

—¿Qué pasa contigo? ¿Acaso en el hospital te dieron terapia de choques eléctricos? Deja de decir tonterías, deberías irte a tu casa aún pareces enferma.

—Fuiste tú él que comenzó.

Draco se pasó los dedos por su cabello jalándose un mechón en el proceso. Estaba claro que estaba nervioso, esto era nuevo para él. Él siempre estaba en control al hablar con chicas y ahora se sentía en un terreno desconocido, estaba actuando de forma estúpida. ¿Por qué no podía tener una conversación normal con ella? ¿Por qué le costaba tanto demostrarle lo que en verdad sentía?

Él se tomó un minuto para enfocarse nuevamente en lo importante.

—¿En verdad estás bien?

—Lo estoy —comentó, encontrando adorable la forma en que él había perdido su rigidez y su pose de chico inalcanzable.

Malfoy dejó escapar el aire que sostenía. —Estuviste demasiados días ahí, fui pero él… —Tuvo que tragarse el insulto que se le había venido a la mente para referirse a su hermano, no quería desatar una pelea ahí, estaba tratando de hacer otra cosa, fuese lo que fuese— no tenías visitas, debiste haberme mandado un mensaje si estabas bien o no.

Ginny no daba crédito a lo que estaba pasando frente a ella, su expresión se bañó de auténtica estupefacción, su corazón brincó con emoción. Se tuvo que morder el interior de sus mejillas para no reír o dejar escapar una expresión de júbilo.

«Él realmente esta preocupado por mi. ¡Le importo!».

—¿No dirás nada? ¿Cómo has podido colapsarte por exceso de trabajo?

Ginny sabía que la versión oficial de lo que le había pasado había sido esa y era cierta, pero no era eso lo que la estaba matando.

—Deja de trabajar en la gasolinera. ¿Entendido?

Ella siguió sin pronunciar palabra y él se sintió aún más tonto por ese monólogo emocional que había dicho. Jamás había dejado ver tanto de lo que de verdad sentía, pero ahí estaba él expuesto mostrando sus emociones, esto era inconcebible y lo peor era que ella no parecía estar afectada por él.

Fue entonces que mientras el silencio crecía y la escuela cobraba vida con varios alumnos moviéndose por los corredores, que él tomó la decisión de seguir, ya había sido demasiado vergonzoso no necesitaba alargarlo más.

Draco la pasó pero apenas había avanzado una corta distancia cuando el recuerdo de lo que llevaba guardado en su abrigo atravesó su mente. Sí, patéticamente había estado cargando con esas calcetas toda la semana esperando que ella volviera para dárselas.

Con la cara roja como nunca volvió sobre sus pasos, ella seguía ahí mirándolo con sus ojos azules y una curiosa expresión, que él no supo descifrar. Cuando estuvo frente a ella, las rebuscó en su bolsillo aventándoselas, no estaba cómo para delicadezas, estaba haciendo lo impensable y no le agradaba sentirse tan fuera de su zona de confort.

—Son buenas —profirió Ginevra, apreciando su suavidad y su diseño. Su sonrisa resplandeció hacia él, logrando descolocarlo aún más.

—No te confundas, yo no te las hice.

—Nunca lo pensé.

—No soy ningún mariquita, las compré en el Callejón Diagon.

Ella no creía que lo fuera pero era divertido poder burlarse de él. —Son muy bonitas. —Metió sus manos en ellas y se echó a andar, dándole la espalda.

Malfoy se quedó ahí con los pies clavados al suelo. —¡Podrías al menos agradecérmelo!

La risa dulce de Ginny llegó hasta sus oídos, haciéndolo sentir una sensación confortable. Tal vez no había hecho las cosas tan mal, quizás su toque seguía ahí. Fue entonces que volvió a ponerse en el camino serio, necesitaba tener la certeza de que ella se cuidaría.

—¿Dejarás de trabajar, verdad?

—No sé, ya veré —repuso sin girarse, estaba a punto de comenzar a avanzar con brinquitos pero se detuvo, eso sería muy cansado y necesitaba guardar su energía.

A él no le gustó esa respuesta, su intranquilidad retornó con mayor fuerza y no creía que ésta fuera a desaparecer pronto.

*º*º*º

Draco se fue a nadar después de clases, sus compañeros habían recibido a Ginny con gran entusiasmo, incluso los profesores se habían puesto contentos al verla de nuevo en el salón. Él se había mantenido alejado observando todo en silencio, dialogando consigo mismo, mientras trazaba unas líneas en su libreta que pronto tomaron la forma de un perfil femenino que era curiosamente semejante al de la pelirroja.

Estar en el agua lo había relajado, su cuerpo ya no le dolía, sus brazos estaban agradeciendo el ejercicio al igual que el resto de él. Su mente seguía siendo una maquina con los engranajes dando vueltas, mandando un pensamiento tras otro sin parar sobre la escuela, los pueblerinos y ella, esa chica que no podía entender y que lo volvía loco.

Después de ducharse pasó a su casillero a sacar su chamarra y dejar una libreta, entonces notó en el fondo el libreto del musical que Ginny le había dado. Lo tomó dándole una ojeada, había pequeñas notas en los márgenes de las páginas con lapiceros de colores.

¿No podía ser más infantil?

Observó su reloj el ensayo estaba por comenzar. La última vez que se había aparecido por ahí lo había echado a perder todo. Lo cierto era que graduarse en esa escuela estaba comenzando a volverse más un hecho que una imposibilidad y eso incluía tener que hacer ese tonto musical.

*º*º*º

Mientras Ginny esperaba que los demás aparecieran para iniciar el ensayo, había decidido ayudar un poco con la escenografía del musical en el auditorio, se trataba de unas pequeñas ventanas como las de la iglesia.

Sonrió al terminar una, la alzó un poco viéndola desde distintos ángulos. Satisfecha la bajo, limpiando sus dedos del rastro de pegamento.

Sus compañeros empezaron a llegar, se giró saludándolos con la mano. Tomó unas hojas con las imágenes del vestuario para mostrárselas al resto y se levantó para reunirse con ellos cuando vio aparecer a Draco, su paso elegante parecía algo titubeante, como si no estuviese seguro de estar ahí.

Una ráfaga de felicidad la recorrió, una sonrisa grande apareció en su cara pecosa. Él por fin había decido ir y por lo que interpretaba no había ningún truco.

—Hola.

Él la siguió con la vista, se acomodó el cabello sin saber bien qué hacer.

—Enseguida comenzaremos a practicar —avisó Lavender—, deberías estirarte un poco, no queremos que ya que estás aquí te de un calambre o peor aún te rompas la pierna.

Draco la miró mal, por supuesto no hizo caso a lo que ella decía. Observó una silla en el fondo del salón, fue por ella y la colocó donde la quería, se sentó al revés recargando sus brazos en el respaldo de madera. Desde ahí vio como los demás se preparaban con clara muestra de que no le estaba agradando nada.

—Hacia arriba y hacia abajo —declaró Lav, mostrando el movimiento de sus brazos.

—¿Qué es esto? ¿Un circo? ¿Por qué no simplemente decimos nuestras líneas?

—Se supone que debemos actuar —explicó Hermione—, además para hacer atractivo el musical tenemos esta coreografía que deberías estar aprendiendo.

Neville avanzó hasta él y Draco frunció su ceño con desconfianza, abrazándose a la silla. En cuestión de minutos todos los chicos lo habían rodeado y sacado de su asiento.

—¿Qué hacen? ¡Suéltenme! ¡Déjenme!

Él se resistió, pero se encontraba es sus manos destructoras que lo jalaban como si estuviera en una maquina de la inquisición cuyo objetivo era estirarlo hasta sacarle las extremidades del tronco.

—¡Suéltenme, malditos pueblerinos!

—Debes hacer tus estiramientos —comunicó Lav con una sonrisa maligna.

Prefería a la chica que babeaba por él que a esa maldita psicópata, ¿a quién demonios se le había ocurrido dejarla al mando?

Él grito cerrando sus ojos con fuerza, eso no era nada agradable. —¡Los haré!

—No seas un quejica, sólo son estiramientos básicos, no morirás —manifestó Lavender.

—¡Los demandaré! —amenazó entre dientes.

—Háganlo de nuevo chicos.

—¡No, no…!

—Sólo respira —sugirió Hermione.

Ginny miraba divertida la escena, haciendo el movimiento de inhalar y exhalar para él.

—¡Paren! ¡Por favor, paren!

Ellos no se detuvieron, hasta que consiguieron que él prometiera que iba a hacer el ridículo baile.

*º*º*º

El fin de semana siguiente, Neville había logrado conseguir que fueran a las orillas del pueblo a recolectar lechugas de grandes invernaderos. Les pagarían por el día y eso los ayudaría a tener fondos para la obra y vestuarios.

Draco estaba ahí más forzosamente que por propias ganas —lo cual quería decir que estaba ahí por la chica extraña—, él odiaba ensuciarse las manos. Además él no quería hacer eso, él era rico, aunque claro no podía disponer de su dinero ahora pero lo haría en un futuro próximo.

Así que dejó que los demás hicieran el trabajo mientras él fingía que lo hacía, cuando en realidad estaba escuchando música y mandando mensajes.

Astoria le había escrito un par de veces más contándole de su trabajo en Paris, él había querido que eso le importara, incluso había pretendido que así era, pero lo cierto es que ya no estaba interesado en saber. Buscó con la mirada a la causa de que él estuviera así.

Ginny estaba trabajando arduamente, sus manos estaban cubiertas por un par de guantes desgastados. Tomó la lechuga como Neville le había dicho, sacudió un poco la tierra y se la aventó al siguiente en la línea Seamus, quién la tomó quitándole un par de hojas mandándosela a Harry, el cual la colocaba junto a otro montón que sería recogido en breve por otro para ser llevado a donde serían lavadas y empaquetadas para su venta.

—¡Se supone que debes estar trabajando! —espetó Parvarti.

—Lo mismo digo.

—Debes coger las lechugas —dijo Ronald, el cual aún seguía mirándolo con recelo.

Malfoy hizo una mueca de fastidio. —¿Por qué tengo que hacerlo?

—Sólo cógela, ¿quieres? —pidió Parvarti con voz suplicante.

—Hacer la obra no es un juego, cuesta mucho —señaló Hermione desde el fondo de la fila.

—Y hablo la Sabelotodo —rumió—. ¡Quéjense con el director! ¡Esto es explotación laboral! ¡Lo notificaré a la policía!

—¡Cállate Malfoy y trabaja! —exclamó Harry, molesto.

—Necesitamos cobrar —apoyó Dean con las cejas fruncidas.

—Se ve que nunca ha trabajado en su vida por nada —murmuró Seamus chasqueando su lengua—, mi madre dice que su familia tiene dinero, pero lo dudo…

Draco guardó su celular, sintiendo su pulso resonar en sus oídos. Tomó una lechuga aventándosela. —Ahí la tienen, ¡cogí la maldita lechuga!

—¡No lo puedo creer, eres tan molesto!

—¡Y tú una bruja!

—Deberías largarte, no sé a qué viniste sino es a trabajar —bramó Ronald con los ojos ardientes de deseo de golpearlo. Se había tenido que contener por la advertencia que le había dejado caer Charlie acerca de meterse en problemas ahora que Ginny estaba más delicada. Entendía que no debía preocupar a su hermanita, pero ese desabrido hurón no ayudaba en nada a calmar sus deseos.

—Eso a ti no te interesa Weasel. —Salió de la fila y mientras se alejaba su mirada se encontró con la de Ginny, ella estaba molesta, cada facción de su rostro lo gritaba. Ella volvió a su labor y él siguió caminando al fondo del lugar.

Draco maldijo para sus adentros. Otra vez las cosas se habían torcido.

Si ella fuera de su mundo, de su circulo social, eso no estaría pasando, ellos ni siquiera estarían ahí "ensuciándose las manos", estarían en algún lugar pasándola bien, gastando su dinero, pero no en ese pueblo que era como otra dimensión y no con ella.

Tal parecía que estaban destinados a siempre tener desencuentros.

*º*º*º

Ginny ayudó hasta el último momento de la jornada. Draco en cambio apenas y había removido un par de lechugas, justo ahora se encontraba tan fresco descansando en una de las camionetas con su celular.

«Seguramente le está mandando mensajes a esa tal Astoria o alguna de sus amiguitas que si están a su altura.»

No supo que le molestó más, que él fuera un holgazán o lo de los mensajes, pero lo cierto era que estaba lista a soltarle un par de verdades y vio la oportunidad cuando el muy desvergonzado se formó para recibir su sueldo.

Pequeñas marcas aparecieron en sus ojos cuando los estrechó, mientras sus labios se tensaban, junto con el resto de ella.

A punto de alcanzarlo tuvo que detenerse para recibir los sobres amarillos con el sueldo de sus compañeros, a los cuales agradeció sinceramente por su esfuerzo.

Draco abrió el sobre, esperando encontrar varios billetes pero sus cejas se alzaron con incredulidad al ver la cantidad. Se detuvo y los sacó como si estuviera comprobando que no se había equivocado en su deducción.

—¿Sólo esto?

Se volteó grave dispuesto a reclamarle al hombre que les había dado la paga, pero Ginny apareció arrebatándole la intención y el dinero.

—30 es más que suficiente por lo que hiciste.

—¿Qué? ¿30? —soltó con un quejido— Soy Draco Lucius Malfoy, en mi cuenta tengo más de…

—Otra vez eso, no puede ser —exclamó en bufido, sus ojos echaban chispas—. ¿Y eso qué? No es tu dinero, no fuiste tú quién lo trabajó, porque ni siquiera sabes hacer eso, ¿no es así? —Retándolo con la mirada a responderle—. Todavía tienes un largo camino. Si tan sólo te escucharas sabrías que suenas como un fanfarrón, ni siquiera tu tarjeta platino funciona, mucho menos traes 5 libras encima…

Draco abrió la boca anonadado. ¿Acaso esa se había vuelto loca? La cara se le volvió carmesí de un momento otro sintiendo la vergüenza arder en ella. Esto era indignante, su cuerpo se puso rígido y su gesto se volvió severo.

—¡No me importa quién eres! Por una vez en tu vida deberías ser realista y trabajar duro para conseguir las cosas —culminó, dejando escapar su aliento. Eso había sido intenso pero sentía alivio de habérselo dicho. Ella hizo el amago de golpearlo en la cara con el dinero antes de caminar lejos de él.

Las burlas y aplausos de sus compañeros que habían oído todo no se hicieron esperar.

Draco sabía lo que hubiera hecho antes y de no ser una chica, lo habría golpeado hasta estar lo suficiente seguro de que quién había osado hablarle de esa forma recordara no volver a meterse con él, pero las cosas no podían ser así, no con ella. Sabía que era una fiera, una que no sabía dónde estaban sus límites y la encontraba terriblemente atractiva, de ahí que estuviese tan rabioso y excitado a la vez. Eso jamás le había pasado, ninguna chica había tenido el arrojo y la bravía para hablarle de esa manera, pero ella sí.

La odiaba. Si que lo hacia.

No, en realidad no.

Hizo acopió de todo su autocontrol, no necesitaba volver esto un espectáculo miserable y mucho menos quería que su discusión se volviera otra batalla, ni que ella acabara de nuevo en St. Mungo. Soltó un juramento y se apartó de ahí, buscando más que otra cosa ocultar su penoso estado.

*º*º*º

El viaje de regresó llegó, unas carretas modificadas con un par de bancas, jaladas por un motor de un tractor, eran sus vehículos. Se repartieron y Draco —tal vez a propósito le robó el lugar a Dean—, para poder sentarse al lado de Ginny, aunque para su disgusto frente a él estaba San Potter y el ratón de biblioteca Granger. Neville era el que manejaba, sólo esperaba que los llevara vivos de regreso y que esa "cosa" aguantara y no los dejara botados.

El enojo a Ginny ya había menguado, sabía que le había dado una buena lección a ese. Esperaba que él estuviera arisco y malhumorado por días, pero extrañamente él había decidido sentarse a su lado. No creía que buscara revancha, pero no se sabía con él y por otro lado se sentía contenta de que él no estuviera escupiendo fuego como un dragón atacando a todos los que se cruzaban para desquitarse. Y bueno… le gustaba tenerlo cerca, apretó sus labios queriendo esconder su sonrisa mientras el viaje comenzaba, pero le era imposible, así que optó por concentrar su atención en sus dos amigos, notando sus sonrisas de complicidad y sus manos entrelazadas.

—Me alegro de que estén juntos —comentó con gozo, al menos las cosas para Hermione habían salido bien. Claro que sentía celos, pero no era porque quisiese a Harry, sino porque ellos estaban disfrutando del amor.

Harry se frotó su nuca y apartó la mirada sonrojado, mientras Hermione mostraba una sonrisa llena de dicha.

—Apenas llevamos unos días —confesó con rubor.

Draco achicó sus ojos, vaya, así que esos dos estaban juntos. Granger al final no había salido tan mojigata como creía. Ladeó su cabeza para mirar a Ginny, ella en realidad no parecía molesta ni dolida por ellos, así que su alegría era sincera, lo que lo llevaba a pensar que o estaba resignada por perder el corazón del Cara-rajada o nunca había estado interesada en él realmente. ¿Cuál de las dos era la correcta? ¿Por qué con ella siempre terminaba en el mismo dilema? Con más preguntas que respuestas.

—Iremos a las Tres Escobas, ¿quieres venir? —invitó Harry.

—Vamos a celebrar que reunimos el dinero, irán los demás —animó Hermione—. Tú también puedes venir Draco, aunque no hayas hecho mucho.

—Cuánta amabilidad Granger, no me interesa —replicó arrastrando las palabras.

Ginny rodó sus ojos. —Lo siento chicos, me esperan en casa y después debo ir a trabajar.

La conversación siguió, Draco se cruzó de brazos escuchando nada más y hubiese querido sacar su celular para entretenerse, pero su atención ya estaba en Ginny. Ella aún no lucía rebosante de salud, pero se le podía ver mejor.

Había descubierto que le agradaba cuando ella estaba alegre como en ese momento, unos hoyuelos se le formaban en sus mejillas pecosas cuando sonreía, haciéndola lucir linda. Se había soltado el cabello y ahora revoloteaba con el viento, su cuello estaba expuesto y su piel cremosa lo llamaba, quería probarla, quería descubrir más de ella, conocerla por completo.

El aroma de flores que provenía de ella probablemente era el causante de que él estuviese así de idiota —trastocaba sus sentidos—; odiaba su perfume tanto como le gustaba.

—¿Tan bonita? —Ella se atrevió a preguntar sintiendo mariposas en su estómago. Él no le había quitado los ojos de encima en todo el rato que llevaban de camino.

—¿Qué? —logró balbucear, poniéndose derecho y fingiendo no saber de que hablaba.

—No has dejado de mirarme.

—¡Ha! —Se removió y actuó como si en verdad ella hubiese dicho una completa estupidez, el corazón le comenzó a latir como loco. Miró a Harry y Hermione, los dos lo estaban acusando con sus expresiones. La alerta se desató en su cabeza, debía actuar sino quería que esos payasos, alcanzaran a descubrir lo que sentía—. No te estaba mirando porque fueras bonita. Tu cabello huele a mierda… ni siquiera puedo respirar. —Arrugó la nariz como si en realidad tuviera ese efecto en él.

Ginevra sintió un vuelco, eso no había sido nada lindo. Se mordió el interior de sus mejillas. Hermione adoptó su postura analítica, sonrió al atraparlo en su juego, él siempre era veloz y venenoso con las palabras pero en ese momento había dado tropezones con su lengua, a eso ella le llamaba nerviosismo y el suave color en su cara pálida era otra muestra de que estaba mintiendo.

«¡A él le gusta Ginny!».

En un inicio había confundido su aparición en el hospital por remordimientos sobre lo que había pasado en el auditorio, pero no era así, él estaba realmente interesado en ella.

Su entusiasmo se apagó. No estaba segura hasta que punto Ginny estuviera consciente de eso y si ella se lo comentaba tal vez provocaría en ella ilusiones que luego Malfoy fuera a tirar a la basura. Él no era precisamente muy considerado con los demás y era poco comprometido, era un desastre en pocas palabras.

Vaya lío.

—Vamos Hermione, es hora de que bajemos, Neville no puede quedarse parado por siempre —mencionó Harry, el cual ya estaba con los pies en el suelo y tenía el brazo estirado para que ella se apoyara.

—Oh… lo siento, es el cansancio —repuso apenada, apresurándose a bajar, tropezándose.

—Te tengo —indicó Harry tomándola de la cintura.

Hermione sonrió, agradeciéndole.

Draco puso los ojos en blanco. —Que conmovedor.

—No los molestes —pidió ceñuda—. Adiós chicos, diviértanse.

—Nos veremos después —respondió alzando su mano.

—¿No vendrás, Ginny? —inquirió Ron, apuñalando con su mirada a Draco.

—No, tengo cosas que hacer.

—¿Estás segura que quieres irte con ese?

—¡Ron, por favor! —suplicó.

Draco arrugó su cara con desagrado. Detestaba a los hermanos celosos y más cuando eran unos brutos como ese.

—Yo me encargaré que llegue bien —intervino Neville—, después de entregar el vehículo los veré.

—Está bien —rumió—. Ten cuidado, Gin.

—Lo haré.

—Y tú ni siquiera pienses en molestarla —amenazó.

Draco soltó un sonido parecido a un gruñido.

—Ron, él no me hará nada —profirió abochornada.

Los dientes de Draco rechinaron de lo fuerte que estaba apretando su mandíbula. —Vámonos de una buena vez Longbotton, no quiero seguir escuchando sandeces.

—Idiota —farfulló Ron.

—Ron, ya déjalo —mandó Hermione, mientras Harry lo sostenía.

Neville puso la carreta en movimiento, cuando estuvieron lejos de sus compañeros habló: —Dejaremos primero a Ginny.

—Como sea.

—Gracias —replicó ella, sonriendo.

*º*º*º

Draco ni siquiera pudo intentar hablar con ella, cuando menos se dio cuenta, Neville se detuvo. Ginny se movió, bajándose de la carreta. Él miró alrededor, ya había estado ahí antes, frente a él se encontraba el Orfanato Wool's. Un vació se extendió por su estómago, no le gustaba nada aquel lugar. Extrañado buscó alguna casa cerca, pero no vio ninguna al menos no en par de metros a la redonda.

—Nos vemos después, ten cuidado manejando —manifestó Ginny, yendo a besar la mejilla de Neville.

—Lo haré.

Malfoy tosió buscando atraer la atención hacia él.

—Adiós —murmuró Ginny.

Neville arrancó pero Draco saltó con rapidez sin problema.

—Te veo después.

Longbottom respondió el gesto, no había esperado que Malfoy decidiera seguir a Ginny, ojala no estuviera haciendo mal en dejar a esos dos solos.

Ginevra se sintió nerviosa al saber que él estaba detrás de ella, tomó una bocanada de aire y se preparó para lo que venía.

—¿Qué haces aquí? ¿No te vas a casa?

Ginny detuvo sus pasos, viró su cuerpo observándolo con rastro de tristeza, que lo tomó por sorpresa. Ella entreabrió sus labios dispuesta a responderle cuando una mujer apareció.

Draco la reconoció como aquella que había visto la primera vez que había ido al orfanato. El corazón se le oprimió, al verla con detenimiento. Se había obligado a pensar que la enfermedad le había hecho creer que era parecida a su madre, pero ahora que la veía de nuevo, aquella sensación se volvió una confirmación.

—Buenas tardes.

Draco hizo una inclinación con su cabeza a modo de respuesta, pues en ese momento era incapaz de articular palabra.

—Él es Draco, un compañero de la escuela —presentó Ginny, sintiéndose en la obligación de hacerlo al ver la mirada de la mujer hacia él.

—Andrómeda Tonks, soy la directora del orfanato, es un gusto volver a verte. —Le dio una sonrisa cálida.

Malfoy sintió que el aliento se aglomeraba en su pecho. Ella lo recordaba, sintió que toda la sangre se le iba a los pies.

—¿Ustedes ya se habían visto? —cuestionó despistada, pasando sus ojos de uno a otro.

—No deberías estar afuera mucho tiempo —reprendió de forma cariñosa.

Ginny se encogió de hombros colocando una pequeña sonrisa. —Mamá, no me regañes.

—Hablaremos después, recuerda lo que tus hermanos te pidieron.

—Lo hago, en serio.

Andrómeda exhaló, sabiendo que la pelirroja no cambiaría. Su cabeza se movió, volviendo a mirar a Draco, quién parecía no entender nada. Reconocía tanto de su hermana en él, había heredado su elegancia natural, aunque sin duda era más parecido a su padre, tenía el porte y la presencia de Lucius.

—Entra, eres bienvenido a comer con nosotros. Después me gustaría hablar contigo de tu familia.

—¿De su familia? —cuestionó Ginny, juntando sus cejas.

—¿A qué se refiere?

—Hay una razón para que aquel día me hayas confundido con tu madre, Narcissa.

Draco sintió que el mundo se detenía. —¿C-cómo…cómo la conoce? —inquirió con la voz estrangulada.

—Porque es mi hermana.

—¿Qué? —Ginny la miró como si le hubieran salido dos cabezas, no estaba comprendiendo nada. Ella le había hablado de Draco y nunca le había contado nada de eso.

Draco oficialmente estaba pasmado, aquella mujer acababa de soltarle una bomba.

—Ya habrá tiempo de aclarar todo, ahora vamos al comedor —dijo emocionada, en las esquinas de sus ojos se podía ver un par de lágrimas brillantes.

Ginny se dio vuelta, con el rostro lleno de dudas. Se acercó a Draco quedándose a la mitad del camino, él parecía tan turbado que en verdad deseó poder rodearlo con sus brazos. No estaba entendiendo nada, ni tampoco por qué es que él no conocía de Andrómeda.

Malfoy abatido volteó a ver a Ginny, de todo lo que conllevaba a aquella revelación, la más horrible era la sospecha de que pudieran resultar familia. La mujer había dicho que se apellida Tonks, sabía que Ginny era Weasley y bien podía ser hija de su primer matrimonio.

—Yo… no lo sabía.

—¿Es tu madre? —preguntó raudo, incapaz de seguir con esa zozobra.

—Ah… sé cómo te sientes.

—¡¿Cómo me siento?! —contestó exaltado, ¿acaso era verdad? Fue hasta ella tomándola de los brazos— ¿A qué te refieres?

Ginny bajó la mirada. —Sientes pena por mí.

—¿Pena? ¿Crees qué estoy sintiendo pena? —No, lo que él estaba sintiendo en ese momento era un infierno que estaba muy alejado de eso. Fue entonces que comprendió por completo que estaba perdido por ella y que se estaba muriendo en vida al saber que ni siquiera tendría la oportunidad de estar con ella.

Ginny se deslizó lejos de él, sobando sus brazos. —Todos se compadecen cuando se enteran que soy huérfana

—¿Qué? ¿Huérfana?

Ella resintió su tono. —Andrómeda no es mi verdadera madre, mi papá murió en un accidente de trabajo y mi madre años después por una enfermedad. Mis hermanos y yo terminamos en el orfanato y crecimos en él —explicó inundaba de tristeza, parpadeando buscando no llorar. Caminó hasta el edificio, sin saber si él entraría o no.

Draco sintió que volvía vivir, la angustia aplastante se fue extinguiendo y toda la situación cobró otro sentido. —No siento pena por ti —exclamó logrando que ella parara nuevamente. Lo miró por arriba de su hombro, desconcertada.

Él se tomó un momento, aquello tampoco le resultaba fácil de hecho detestaba hablar de eso. —Yo tampoco tengo padres.

Ginevra había temido algo así, al verlo tan solo, cuando se había enfermado el único que había aparecido había sido su padrino. Se giró sobre su eje, la mirada plata y la celeste se conectaron sin decir ni una sola palabra. El lazo que se desarrolló entre ellos no tenía nada que ver con algo físico, provenía de heridas profundas y dolores similares.

—Dromeda y yo pensamos que se habían ido, vamos… la comida ya está servida —anunció un hombre maduro de cabellos rubios y gran abdomen.

—Ya íbamos para allá —respondió Ginny en automático.

Ted atrajo a la pequeña, dándole un besó en la coronilla de su cabeza. —Te ves cansada.

—Estoy bien.

—¿Entrarás? —interrogó Ted con una sonrisa bonachona.

Draco se aclaró la garganta, ojala fuera fácil sacudirse todas las emociones que los estaban aturdiendo. Anduvo hacia el lugar luchando por recomponerse.

—Soy Ted, el esposo de Dromeda —divulgó.

Malfoy tomó la mano que le estaba ofreciendo, estrechándola.

—Vamos…

*º*º*º

Draco no podía creer que había terminado comiendo en el orfanato, la comida fue la segunda más buena que probó, jamás se lo hubiese esperado, ahora sabía de dónde Ginny había aprendido a cocinar. Era una pena que apenas había podido comer un par de bocados, habían sido demasiadas cosas y ahora no tenía estómago para comer. Estaba nervioso y ansioso por tener esa conversación con su "tía".

Ginny ayudó a recoger la mesa, él había pensado que comerían con los niños pequeños pero ellos ya lo habían hecho.

—Draco pasa a la sala, estaremos más cómodos allá.

—Es un lugar extraño y algunas veces caótico, pero es confortable —explicó Ted, guiándolo.

Llegaron a un cuarto amplio con una chimenea, los sillones se veían mullidos y tenían un par de mantas tejidas dobladas en los posabrazos.

—Puedes sentarte, debo ir a ver a los chicos. Espero verte más seguido por aquí —comentó dándole la mano.

Draco asintió, no tuvo oportunidad de estar solo, apenas se había ido Ted cuando Andrómeda llegó con un álbum en las manos. Se sentó a su lado, sonriéndole.

—No debe ser fácil para ti todo esto…

—¿Por qué no sabía que existía?

Andrómeda suspiró suavemente como si una historia repleta de recuerdos difíciles hubiese pasado por su mente en ese momento. —Es muy largo y difícil contar —comentó acariciando la pasta del libro que tenía sobre las piernas—. Yo nunca fui la hija que tus abuelos esperaban, no seguí el camino que ellos querían para mi, me case con Edward en contra de su voluntad, eso hizo que perdiera a mi familia.

—¿Mi madre también se alejó de usted?

—Tomamos distintos caminos… ella se casó con tu padre, se fueron a vivir a Londres, yo me quede aquí haciendo una vida normal. Claro que eso no quiere decir que no supiera de ella, algunas veces intercambiamos correspondencia y llamadas por teléfono, algo que no sucedió con tu tía Bellatrix, ella siempre tuvo el carácter más difícil —explicó con melancolía—. Cuando sucedió el accidente, no podía creerlo… fui al hospital, tu padre ya había muerto. Abraxas no dejó que me acercara, le pedí que me dejara hacerme cargo de ti, pero él no lo permitió.

«¿Por qué mi abuelo nunca me dijo esto? ¿Y Snape? Seguro que también esta al tanto.»

Draco no podía creer todas las cosas que no sabía de su propia familia, se sentía realmente perdido. Todo eran secretos y más secretos.

—Este es un álbum tal vez quieras verlo.

Malfoy negó con su cabeza, no estaba preparado.

—Sé que no has ido a ver a tu madre —confesó después de un tenso silencio. Él arqueó sus cejas con asombro, la sensación de desazón subió por su pecho adueñándose de su pobre corazón—. Lo hago —respondió a la pregunta que él no se había atrevido a formular.

Malfoy se frotó el rostro, buscando ocultar las lágrimas traicioneras. La imagen de su madre en esa cama de hospital volvió con fuerza a su cabeza, dejándolo expuesto a su más grande dolor.

—Sé que han pasado años, pero aún hay esperanza de que despierte…

Ted entró con el corazón en la garganta a la sala. —Ginny se desvaneció en la gasolinera, ya va camino al hospital. Llama a sus hermanos.

Draco se incorporó de forma brusca impulsado por la noticia. Salió disparado del orfanato con el alma en un hilo.

*º*º*º

* Nado Crawl: Se trata del estilo con una velocidad media de nado, más rápido, debido a la acción alternativa y constante de piernas y brazos, lo que produce una continuidad en la propulsión. Información de i-natación.

* Orfanato Wool's: era un edificio cuadrado y sombrío rodeado por un patio el cual estaba cercado por una alta verja de hierro, cerca de Vauxhall Road. Ahí fue criado Tom Ryddle. Posteriormente el lugar fue destruido y se construyó un edificio de oficinas. Información del diccionario. Aquí en la historia seguirá en pie el Orfanato xD, claro que con otra dirección.

*º*º*º

Continuará…

¡Gracias por leer!

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(´¸.·*´¯`*»— — The darkness princess & Lady Muerte.