Disclaimer: Desde las profundidades siniestras de nuestra mente, hemos vuelto con esta pasión prohibida, rompiendo con las parejas establecidas y desafiando los estándares de la sociedad mágica. Claro, los personajes le pertenecen a JK Rowling. A Millionaire's First Love, no nos pertenece en ningún sentido. Es de sus respectivos creadores. Esta historia es parte del Reto «Verano de películas» del Drinny fest, del grupo Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido!

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A MILLIONAIRE'S FIRST LOVE

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.F.

*º*º*º

Altibajos.

El cuarto del hospital se encontraba silencioso, dormida con una máscara de oxígeno, reposaba Ginevra, estaba siendo monitoreada por varios aparatos que no dejaban de emitir pequeños sonidos. Billy había logrado pasar después de que la enfermera había terminado de colocarle a su hermana la bata y el catéter en el dorso de la mano, ajustando el sistema de perfusión junto al goteo de la solución que le había indicado Amos.

Billy sostuvo la mano libre de Ginny, sentado en la silla aún lado de la cama. Su cara estaba enrojecida, sus ojos no dejaban de producir dolor líquido en forma de lágrimas.

Él era el mayor de los hermanos, había visto morir a padres y no estaba preparado para enfrentar la muerte de su hermanita. Levantó la cabeza y miró el techo de la habitación, rogando en silencio, a dios, a sus padres…

La puerta de la habitación recibió varios golpes, interrumpiéndolo. Se enderezó en la silla perturbado, volcando su atención en lo que ocurría en el exterior.

*º*º*º

Draco llegó a St. Mungo tan rápido como le fue posible hacerlo. Avanzó corriendo los pasillos, golpeó el mostrador desesperado porque la enfermera le dijera dónde estaba Ginny. Cuando al fin obtuvo una respuesta, se topó de frente con Cedric Diggory, el cual estaba por entrar a la habitación, pero al ver a Draco tan fuera de sí, viniendo hacia él como una avalancha, supo que tenía que quedarse a enfrentarlo.

Las deducciones que había hecho cuando había encontrado a Ginny en la casa de Malfoy, no habían estado tan erradas, con él ahí todo terminaba de encajar, pero aquello no podía ser y de serlo, terminaría siendo una tragedia.

—¿Es el cuarto de Ginevra… Ginny Weasley?

—Sí —afirmó Cedric.

—Quiero verla —exigió impacientado.

—Las visitas están prohibidas.

—¡¿Qué?! ¡Tengo que verla! —Y estaba dispuesto a pasar sobre él si era necesario y lo demostró cuando se abalanzó contra la puerta golpeándola, hasta que Cedric lo hizo a un lado utilizando su fuerza.

—¡¿Estás loco?! ¡Este es un hospital, debes calmarte!

—¡No importa! ¡Ni tú, ni nadie me va a detener!

—¡Cálmate, demonios! —Lo volvió a empujar, un poco por sacárselo de encima y otro por alejarlo de la puerta.

—¡Voy a entrar! —advirtió encolerizado.

—¡Malfoy, las visitas están restringidas!

—¡¿Por qué no puedo entrar?!

—¡Porque ella debe descansar y con lo que estás haciendo seguramente sólo lograras que se altere y preocupe, eso sólo hará que empeore!¡Compórtate!

—Apártate de mi camino —exclamó, pero su ferocidad había decaído. Era claro que algo de todo lo que había dicho Cedric, había logrado colarse a su cabeza y encendido su sentido común.

—Es hora de que sepas lo que está ocurriendo verdaderamente, porque es obvio que no entiendes lo delicado de esto.

Draco lució completamente descolocado, aquellas palabras lo taladraron lo suficiente como hacer que se quedará lánguido, sus brazos cayeron al lado de su cuerpo.

—¿Qué has dicho?

Cedric comenzó a avanzar por el corredor, obligando a Malfoy a seguirlo.

—*Es cardiopatía hipertrópica.

—¿Qué es eso? ¡Habla claro! —demandó, sintiendo como el frío pánico aumentaba en él con cada segundo.

—Su corazón es muy inestable —reveló con impotencia, sin atreverse a mirarlo—, la puede matar en cualquier momento.

Y los más profundos temores de Draco se volvieron realidad.

Él perdió todo color, el aliento se le atoró en la garganta. Se quedó ahí, como una estatua con una tortuosa expresión grabada en su rostro. La noticia fue como un rayo que lo atravesó, quemando todo en su interior, produciéndole un dolor incalculable.

Lágrimas traicioneras escocieron sus hermosos ojos.

No podía creer que estuviese llorando.

Jamás lo había hecho antes por una chica y ahora lo hacía por ella.

—¡Malfoy! —llamó Cedric, zarandeándolo.

Draco reaccionó, ni siquiera se detuvo a pensar cómo es que sabía su apellido. Eso no importaba, lo tomó de las solapas de su bata blanca.

—Dijeron que fue por exceso de trabajo cuando estuvo aquí la vez pasada.

Cedric volteó su rostro, clavando sus ojos en el suelo. —No creímos que fuese a empeorar tan rápidamente. Ella no debió haberse ido de aquí…

Se soltó del agarré tembloroso de Malfoy y siguió caminando, dejando a Draco ahí, ahogándose en su pena.

—N-no te creo… ¡dilo otra vez!

Fue tras él, sumido en la desesperación. —¡Repite las pruebas! ¡¿Cómo pueden llamarse doctores sino pueden salvar a las personas?! ¡Sólo eres un maldito matasanos! —Sus gritos desgarrados hicieron eco en las paredes.

Cedric se detuvo, compartiendo el sufrimiento de Malfoy, Ginny era más que sólo su paciente, era una amiga muy querida.

*º*º*º

Ginevra comenzó a despertar, la luz solar se colaba por las persianas del hospital. Le habían quitado la máscara para respirar, apenas su respiración había vuelto a un ritmo normal, seguía conectada a varias máquinas y aún le estaban pasando medicamento.

Parpadeó varias veces sintiéndose débil, medio borracha y con una sensación de pesadez esparcida por todo su cuerpo. Se quedó un momento así, ordenando sus recuerdos, reconociendo el lugar, apenas hizo eso, entendió que hacía ahí.

Se llevó la mano a la frente, sobándola suavemente, giró su rostro padeciendo una gran impresión al ver otra cama en el cuarto, dónde estaba Draco Malfoy, escribiendo en su celular. Por un momento creyó que estaba soñando o inconsciente aún, pero por más que cerraba y volvía a abrir los ojos, no despertaba y él no se desvanecía, parecía muy real.

Así que se dio valor para hablarle: —¿Qué estás haciendo aquí? —Su voz sonó pastosa, baja y ronca.

Draco levantó la vista asombrado de escucharla. Jamás pensó que se sentiría tan bien verla despertar, el corazón le brincó de alegría. Se incorporó, sintiéndose torpe bajo los ojos soñolientos de Ginny, que parecían creer que se trataba de una alucinación.

Ella hizo el esfuerzo de sentarse en la cama, su cabello estaba suelto y enmarañado, probablemente tuviera lagañas y la cara marcada por la almohada.

—Estás babeando, ¿quién querría casarse contigo?

¡Oh! Él en serio estaba ahí, ¡era real!

Él corazón se le agitó.

La vergüenza le subió al rostro en forma en de sonrojo. Se pasó el dorso de la mano que no tenía el catéter por la boca, sobando un poco.

«…¿quién querría casarse contigo?».

¿Por qué tenía que haber elegido esas palabras? Se sintió aún más apenada, le daban ganas de meterse debajo las mantas blancas y no salir de ahí, pero entonces su cerebro la regresó al camino, recordándole lo importante.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Esta vez su pregunta sonó más segura al escapar de sus labios resecos. Lo repasó con sus pupilas, su ropa estaba arrugada, se podía notar que había trasnochado.

Malfoy sonrió ante la reacción de Ginny, le gustaba ver un poco de color en ella. Era después de todo una buena señal, ella seguía viva.

—En lugar de las flores —respondió con simpleza.

Ginevra puso una mueca de confusión adorable. —¿Qué?

Acaso había caído en un hoyo como Alicia en el país de las maravillas y este era como el mundo al revés.

—Quería traerte flores, pero me dijeron que no.

Ella se quedó callada, evidentemente aún más confundida y su sonrojo se volvió intenso, tanto que rivalizaba con el color de su cabello.

La sonrisa de él se volvió atrevida. —Sé que soy atractivo y que te dejó enmudecida…

Ginny desvió sus ojos a la manta, sus puños se cerraron alrededor de ésta, mientras su expresión se apagaba. —¿Sabes qué es lo que tengo?

—Sí, anemia —respondió él, siendo el mejor mentiroso. Billy Weasley le había pedido que dijera eso si ella acaso le preguntaba, él había accedido sin preguntas.

Ella pareció aliviada cuando él dijo eso. Draco sintió como su corazón se oprimía aún más, ella no tendría por qué esconder de él su padecimiento, él tendría que poder hablar con ella de eso, pero eran muchas cosas que no pasarían.

—Debiste haber dejado de trabajar —dijo de forma severa, pero segundos después su rostro se fue suavizando sabiendo que su caso estaba más allá de dejar de trabajar—. Diggory dijo que te recuperarías si comes bien —Se volvió a recostar en la cama, acomodando su almohada—, así que más te vale hacerlo.

Ginevra dibujó una pequeña sonrisa al verlo, él no parecía tener la intención de irse. Sentirlo cerca y preocupado, le dio las fuerzas que necesitaba para enfrentar esta nueva hospitalización. No sabía cómo es que había logrado entrar y estar con ella, pero era una historia que quería escuchar, sus hermanos seguro que habían dado el grito en el cielo.

Tomó el vaso de agua de la mesa de al lado humedeciendo primero sus labios antes de beber un poco. Apagada su sed, se volvió a acostar, sintiéndose fatigada.

—¿Quieres que le hable a una enfermera?

—No.

—¿A… tu familia?

—No.

Draco tenía la cabeza ladeada hacia ella, para verla y podía jurar que tenía una pequeña sonrisa en sus labios y quiso creer que se debía a él.

Ginevra cerró sus ojos, era egoísta no querer que sus hermanos entraran sólo por poder estar un rato más con Draco, debería sentirse mal, pero… no era así, sentía mariposas.

«¿Cuándo despierte de nuevo él estará aquí?».

Quiso creer que sí y deseó que así fuera.

Malfoy la observó quedarse dormida. La enfermera pronto entraría a hacer su revisión y él le diría que ella había despertado por unos minutos.

*º*º*º

Amos Diggory apareció cuando se encontraba con Cedric en aquel vacío pasillo, observándolos con ojos analíticos.

Eres el joven que quiso entrar a ver a la señorita Weasley —asumió.

¿Usted…?

Él es mi padre, es quién ha tratado a Ginny desde hace varios años —informó Cedric, recobrando su compostura.

Malfoy se dirigió de inmediato a él. —Tiene que salvarla, sálvela —exclamó exasperado—. Soy rico, así que intente todo lo que pueda, yo asumiré los gastos —aseguró, tomándolo del brazo—. ¿Qué tal un trasplante? —dijo lo primero que se le venía a la mente, que pudiera ayudar a la chica, aunque era claro que le hacían falta los conocimientos médicos sobre su padecimiento.

Amos lo miró con los ojos llenos de pesar, sus labios se jalaron en una mueca grave. A lo largo de su vida había aprendido a enfrentar esos momentos con los familiares de los pacientes y él aunque deseara no involucrarse sentimentalmente no podía, Ginny, era muy querida por la comunidad y por su familia, habían sido vecinos cuando Arthur y Molly aún vivían, la conocían desde siempre, por eso era tan difícil dar tan triste noticias.

Se aclaró la garganta, buscando ablandar el nudo que tenía. —Es demasiado tarde.

El alma se le fue hasta los pies. Draco lo soltó incapaz de asimilar aquellas palabras. Fue un golpe duro y profundo que lo desestabilizó por completo.

¡No! Ginevra sólo tiene… sólo tiene 17 años.

16 —corrigió Cedric—, ella sólo tiene 16 años, su cumpleaños es el 11 de agosto.

¿Qué? Pero… ella está en el último año.

Ella comenzó la escuela cuando Ron lo hizo.

Draco había creído que Weasley era un tonto, que se había retrasado, pero no era así. ¿Cuántas cosas no sabía de ella? Era injusto, era cruel, ella debería poder vivir una larga vida.

Malfoy se tambaleó, chocando contra el muro.

No podía ser posible.

Él iba a perderla, incluso sin haberla tenido.

Ni siquiera le he dicho que me gusta —exhaló roto.

Billy, quién había salido de la habitación a ver lo que ocurría, se había topado con su madre adoptiva Andrómeda. Después de hablar un poco sobre Ginny, los dos habían ido en busca del doctor, para que autorizara un pase para Ted, quién estaba en la planta baja esperando.

¿Qué demonios has dicho? —cuestionó William, observando al sujeto que estaba a punto de escurrirse por la pared. ¿Acaso no era aquel que había hecho a su hermana enojar? Debía serlo, la descripción que le habían dado sus hermanos coincidía con él.

Andrómeda no lució sorprendida ante la confesión de su sobrino, era algo que ya había imaginado y entendido esa tarde cuando Draco había llegado al orfanato con Ginny. Se llevó la mano a la boca conteniendo una exclamación. Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos hinchados.

La vida de su sobrino había estado llena de desgracias y su suerte no parecía cambiar. Tan joven y con heridas en carne viva.

Ella no puede soportar la tristeza o la sorpresa. Amar la puede matar —explicó Amos, destrozando así lo que Draco había llegado a pensar que podría tener con ella—. Si ella llegará a sentir demasiada felicidad o emoción, su corazón no podría aguantarlo.

No. No puede ser. ¡Eso es una mierda! —explotó incapaz de poder seguir guardando aquella sensación espantosa que estaba acabando con él.

Draco —llamó Andrómeda, sujetándolo, atrapándolo en un abrazo que terminó de desarmarlo. Él lloró cargado de impotencia con el rostro escondido en su tía, en la primera mujer que le había ofrecido su calidez de madre, después de tantos años de no sentirla.

Billy miró la escena consternado. Ese chico del cual sólo había escuchado malas cosas, estaba realmente sufriendo por su hermana.

¿Pasó algo? —cuestionó Amos, después de unos minutos.

Necesitamos un pase para Ted.

Entiendo, ¿está en la planta baja?

Sí.

Haré que una enfermera se lo haga llegar, pero recuerda mis indicaciones.

Sí, gracias.

Draco se fue calmando, escuchando las palabras de su tía que lo llamaban a ser fuerte, a mantener la esperanza, a enfrentar aquel dolor con valor, por Ginny que aún estaba viva.

Debo volver a la habitación —manifestó William. Aún no sabía qué pensar sobre ese chico, pero ahora lo que le importaba era estar al lado de su hermana.

Sí —respondió Dromeda.

Iré contigo —señaló Cedric, después de todo, de no haber sido interrumpido por Draco, estaría ahí.

Quiero verla —profirió Malfoy, alejándose de su tía, para poder ver directamente al pelirrojo.

Malfoy experimentó la misma sensación que había sentido cuando había conocido al otro hermano de la chica, pero estaba dispuesto a dar pelea, no se iba a dejar intimidad por ningún Weasley, por muy grandes que fueran. Se plantó frente a él, demostrando su obstinación.

Sólo pueden entrar familiares —repitió Cedric, buscando hacer que comprendiera las reglas del hospital.

No me iré de aquí y voy a conseguir verla, así tenga que pasar sobre ustedes.

Draco, por favor —pidió su tía, tomándolo del brazo.

No, yo tengo que verla y me importa un carajo que sólo puedan entrar sus familiares.

Es mejor que te calmes y vuelvas después —aconsejó Cedric.

No, ¡con una mierda…!

Déjalo, puede pasar a ver a Ginny —intervino Billy, para asombro de los presentes, incluso él no podía creer que había terminado de decir eso, pero era así.

Draco no esperó a que William cambiara de opinión, se desplazó con gran rapidez hasta la habitación de Ginny.

No sé si es correcto —confesó para Diggory y Andrómeda.

Eres un buen hombre —reconoció Dromeda.

Sólo espero que ella no quiera matarme cuando lo vea ahí.

No lo hará, le hará bien verlo.

Saben que no puede ser —barbotó Cedric, preocupado—, si eso sucediera…

Estuve pensando… Ginny se está muriendo, ya no quiero decirle que hacer y que no, ella debería ser capaz de poder vivir lo que le resta de vida como ella lo desee, incluso si eso quiere decir que no quiere morir en el hospital y ella quiera estar con alguien.

*º*º*º

Draco apenas se había apartado del lado de Ginny, había tenido la oportunidad de hablar con William, mientras Dromeda y Ted entraban al cuarto. Había sido la conversación más incómoda que había tenido, casi se había hecho en sus pantalones. Ni siquiera se le había declarado a Ginny y ya tenía a su hermano mayor sobre él. Y el pensar que tenía muchos hermanos más lo hacía querer salir corriendo, pero por ella no lo hacía, porque era dónde quería estar, a pesar de lo que el médico había dicho y de que eso era aceptar vivir con más dolor del que ya sentía por su madre.

—Hey.

Fue sacado de su sueño, mientras era agitado por una gran mano. Abrió sus ojos, enfocado al responsable de que en ese momento quisiera usar sus puños, pero el sueño se le cortó al notar que quién se trataba.

—Tú… —Su tonó estaba inundado de recelo.

Charlie bufó divertido, era evidente que ese mocoso seguía molesto por la forma en que se habían conocido. —Estaré con ella, es mejor que salgas de aquí a orearte y comer algo.

—Yo no…

—Lo harás. Sal de aquí, come algo, duerme, báñate… o has con tu tiempo lo que se te dé la gana, luego podrás volver si así lo quieres —declaró sin darle opción a pensar que se lo estaba sugiriendo. Billy ya lo había puesto al tanto de la situación, al igual que a Percy, el cual estaba en contra de que ese desconocido estuviese metido ahí como si fuera un familiar. Ron estaba más o menos en la misma posición sino es que en una más cerrada y los gemelos, habían tomado las cosas más relajados.

Draco rumió un improperio, se levantó rápidamente sin querer seguir estando en desventaja en postura. Se enderezó alzando su rostro con mirada desafiante.

—Lo haré. —Pasó a su lado airado y antes de cerrar la puerta miró a Ginny, ella seguía dormida, luciendo tan frágil.

—Vaya chico, Ginny —le comentó a su hermana, rascando su ceja—. Puedo imaginar que vio él en ti, pero tú y yo tendremos una plática cuando despiertes, para qué me digas qué te gusto de ese niñato arrogante y malhumorado.

Se sentó en la silla y tomó la mano de su hermana, sobándola suavemente, buscando darle calor.

*º*º*º

Tiempo después, Neville estaba en la planta baja de St. Mungo con Luna, Harry llegó con Hermione, reuniéndose con ellos.

—¿Hay alguna noticia? ¿Se puede entrar a verla?

—No, no se puede y está estable —respondió Neville—, pero…

—¿Qué pasa? —inquirió Hermione veloz.

—Al parecer Malfoy si logró ver a Ginny, a Ron no le pareció que él estuviera ahí y ahora ha salido a buscarlo.

—¡¿Qué?!

—¿Por qué no lo detuvieron? —cuestionó Harry, dispuesto a ir en busca de su amigo.

—Pensamos que había subido a ver a Ginny, pero cuando Fred y George bajaron nos preguntaron por él y para entonces ya había pasado tiempo —explicó Neville con una mueca de culpabilidad.

—Justo ahora íbamos a ir a casa de Malfoy.

—Iré yo —anunció Harry—, es mejor que ustedes se queden.

—Te acompañaré —añadió su novia apresurada.

—Mejor quédate aquí —pidió.

—Yo lo acompañaré —anunció Neville, colocando su mano sobre el hombro de ella. Esto tranquilizó considerablemente a Hermione.

—Bien, avísame cualquier cosa —dijo con la frente fruncida.

—Lo haré.

—Por favor, no terminen peleando con Malfoy —añadió a manera de advertencia.

Harry no podía prometer nada, ya una vez se había peleado con Malfoy por Neville, claro que lo haría por Ron si fuese necesario. Él se acercó y le plantó un suave beso, antes de marcharse.

—Estarán bien —comentó Luna con una ligera sonrisa, enredando su brazo alrededor del de su amiga.

—Quisiera estar tan segura como tú.

—Vamos, sentémonos.

Hermione exhaló un cortó suspiro y avanzó con su amiga. Necesitaba enfocar su mente en otro asunto así que pensó en Ginny, después de todo estaban ahí por ella. —¿Cómo es qué Malfoy logró entrar? ¿Y cómo convenció a los chicos para que lo dejaran estar?

—Es el amor, está en el ambiente.

Ella parpadeó confusa, antes de trazar una sonrisa en su rostro. Era cierto, Ginny estaba interesada en él y él en ella, al parecer había subestimado lo que él sentía, quizás si había una oportunidad para ellos… tal vez si existían los milagros de amor, después de todo a ella le había pasado.

*º*º*º

Pansy Parkinson estacionó su coche en la propiedad de los Malfoy, había decidido ir sola, así toda la atención de Draco estaría sobre ella y no con sus amigos. Además no deseaba ver a Blaise coqueteando con esa… pueblerina fea y que Draco se enojara por eso, le costaba creer que él pudiera estar interesado en esa.

¡Era imposible e inconcebible!

Tomó las bolsas que había llevado consigo. Le había dicho a Draco que arreglaría un poco aquel lugar y estaba dispuesta a tomar esa vieja casa como un proyecto personal, así tendría el pretexto perfecto para seguir yendo, al menos hasta que terminara el ciclo escolar y Draco volviera a Londres.

El clima había comenzado a mejorar, sin embargo el viento no y el frío apenas había disminuido unos grados. Recorrió el camino hasta la casa con sus lentes de sol puestos, tocó la puerta, pero nadie abrió así que no vio mal entrar. Buscó la llave de repuesto por todo el lugar encontrándola en el marco de la puerta.

—¡Hola, hay alguien! —Dejó su carga en el sillón, se quitó los lentes y la gabardina que traía. Subió y bajó por el lugar buscando al dueño, sabía que había estado ahí hace poco, había encontrado el baño lleno de vapor y su toalla mojada.

Tomó su celular, para llamarlo, no le tomó más que unos segundos hacerlo. Esperó tono a tono a que él respondiera, mientras pasaba su dedo por la chimenea, al menos el lugar no tenía una capa de polvo, un problema menos con el cual tratar. Inminentemente tuvo que colgar cuando el buzón de voz había entrado.

«Quizás sólo salió a comprar algo para comer.»

Resignada a esperar, comenzó a sacar las cosas que había llevado. Tenía un muestrario de la gama de colores y de algunas telas, que había creído que harían juego con el lugar para mandar a hacer las cortinas. También había llevado su Ipad, dónde tenía un programa que le ayudaría a decidir los accesorios, tipos de sillones y muebles para las habitaciones.

Estaba en eso cuando la puerta de entrada se abrió estrepitosamente, haciéndola respingar, pero al momento su susto quedó atrás, dando pasó a una gran alegría y sonrisa, se quedó quieta esperando ver a Draco, pero su animosidad se perdió al ver aparecer a un furioso pelirrojo que se dirigía a ella.

—¡Malfoy! ¡Ven aquí! ¡Maldito, da la cara!

Pansy dio un par de pasos hacia atrás, temiendo por primera vez desde la llegada de ese tipo.

Ron se detuvo de golpe al ver a la chica que semanas atrás había llegado a Hogwarts en un coche lujoso para ver a Malfoy, aquella vez había creído que era hermosa y ahora que la veía de cerca comprobaba que no se había equivocado. La sangre se le aglomeró en el rostro de vergüenza por su actitud agresiva, ella parecía estar a punto de correr por su vida.

Era un idiota la había asustado.

—Draco no está. —Logró decir en una sólo oración, para su asombro.

—No te voy a hacer daño —balbuceó, su cuerpo se relajó al igual que sus puños para que ella notará que decía la verdad—. Vengo a ver a Malfoy, tenemos algo pendiente.

—¿Qué es lo que le piensas hacer? —inquirió ahora preocupada por la integridad de Draco. Ese chico a primera vista no parecía ser una amenaza, pero ¿quién era ella para evaluar ese tipo de cosas? Ese pueblerino era un salvaje que entraba a casas ajenas a hacer escándalos.

—No creo que desees saberlo, es cosa de hombres.

Pansy tragó saliva, ese tipo quería golpear a Draco. Al darse cuenta de eso, fue como si le hubiesen acercado un encendedor, explotó. No iba a permitir que le hicieran daño.

—¡Largo de aquí! ¡Debería denunciarte con la policía! ¡Venir a irrumpir en propiedad privada para agredir a sus habitantes, eso es un delito!

—¡¿Qué?! —exclamó Ron, poniendo una mueca de confusión ante el cambio de actitud de aquella chica que había pasado de ser una delicada e indefensa hermosura a una loca que gritaba en exceso— ¿Qué diablos te picó? ¿Estás loca? ¿Acaso estás en tus días?

Pansy se indignó de inmediato ante el desparpajo de ese vulgar pobretón, porque a leguas se veía que no era de buena posición económica, sólo tenía que echarle un vistazo a esa ropa que usaba pasada de moda.

—¡¿Cómo te atreves?! ¡Fuera de aquí pueblerino de quinta!

Ron frunció su entrecejo nuevamente molesto, sus ojos centellaron ante el insulto. —Con mucho gusto, ni quién quisiera quedarse y menos contigo, loca estirada de ciudad… Lavender tenía razón, seguro estás toda "cirugiada"… ni siquiera eres tan linda, eres más bien desabrida y con cara de perro, hasta mi rata Scabbers es más linda y educada que tú.

A Pansy se le cortó la respiración, las entrañas se le retorcieron y se encontró tremendamente ofendida como nunca por ese chico. —¡¿Qué?! —chilló escandalizada, los ojos se le llenaron de lágrimas rabiosas— ¡Patán! ¡Pueblerino apestoso! ¡Largo de aquí! —gritó comenzando a aventarle lo primero que alcanzaban sus manos— ¡Vete, barbaján!

—Claro que me largo, no quiero seguir soportando a una creída plástica. —Se dio media vuelta saliendo como un ventarrón de la casa.

Pansy sentía el enojo recorriendo sus venas, hizo un mohín espectacular, mientas gritaba. —¡Idiota!

Nunca nadie le había hablado de esa forma en su vida.

*º*º*º

Draco fue a su casa directamente, tomó una ducha y salió poco después, dispuesto a comer un poco, no quería estar mucho tiempo fuera de St. Mungo, por cualquier cosa que pudiera ocurrirle a Ginny.

Estaba por entrar al Caldero Chorreante, cuando Ted Tonks lo interceptó, llevándolo al orfanato.

—Cuando quieras puedes venir a comer aquí —dijo Andrómeda, colocando un plato de comida frente a él.

Malfoy se quedó callado, observando a la mujer, parecía cansada y su rostro no mentía, era el sufrimiento de una madre lo que veía.

—En el orfanato tenemos 15 niños, no tenemos tanto personal, apenas unas personas y algunos voluntarios, por eso no puedo ausentarme por tanto tiempo.

—¿Tiene hijos?

—Sí, una hija, Nymphadora, es mayor que tú y está casada con un buen hombre, Remus Lupin, están esperando a su primer hijo —contó, con una sonrisa—, pero a todos los niños que han pasado por éste lugar los considero como mis hijos.

Draco había pasado de no tener familia a tenerla en un santiamén y en ese pueblo. Era algo difícil de digerir, ni siquiera había tenido tiempo de reclamarle a Snape por ocultarle todo ese tiempo esa información.

—También tienes un tío —agregó, como si hubiera adivinado lo que pasaba por su mente—. Sirius Black, él no se llevaba con tu padre y su relación con tu madre nunca fue la más cercana, por eso no sabías de él. Ya tendrás la oportunidad de conocerlo, es el padrino de Harry.

—¿Potter?

—Sí. Es una triste historia, Sirius se hizo cargo de Harry, después de que sus padres murieran.

Malfoy ni siquiera se le pasó por la mente algo filoso que decir, se quedó callado y pensativo.

Andrómeda lo observó, sintiendo como su corazón se estrujaba. Eran demasiadas cosas dramáticas y dolorosas para un chico de su edad. No era ingenua para creer que él se abriría con ella pronto, pero estaría para él, cuando llegara el momento.

*º*º*º

Ginny despertó sintiéndose mareada, tardó unos minutos en ponerse al corriente con sus recuerdos. Se frotó la cara y buscó en la habitación, topándose con Draco dormido, su cabeza descansaba sobre sus brazos, recargado en el borde de la cama.

Su imagen la enterneció e hizo que su corazón se acelerara. La segunda vez que se había despertado él no había estado ahí, no esperaba que regresara. Se quedó quieta casi sin atreverse a respirar de más por no causar un movimiento que lo advirtiera de su estado.

Era tan extraño tenerlo ahí y a la vez maravilloso.

La cara se le encendía de sólo recordar la conversación que había tenido con Charlie, apretó sus ojos sin querer recordarlo, aunque sus labios mostraban una sonrisa que no iba con su estado de salud, pues era alegre y genuina.

La enfermera entró haciendo el suficiente ruido para traer del mundo de los sueños a Draco, que se enderezó de inmediato.

—Lo siento, debo revisar a la paciente.

—Entiendo —Se levantó aún medio aturdido por el sueño, fue entonces que sus ojos se encontraron con Ginny mirándolo con calidez.

Él quiso decir algo pero nada escapó de su boca, por lo cual sólo optó por salir de la habitación.

—Tienes un buen novio.

—Oh no… él no es mi novio —aclaró en murmullo.

—Se comporta como si lo fuera, ha estado aquí casi desde que fuiste internada. Incluso armó un escándalo para poder entrar al cuarto.

No eran noticias que ella no hubiera escuchado antes, Charlie se lo había dicho, pero seguía causando todo un revuelo en su interior escucharlas, incluso le daban ganas de reír y bailar, sin sentido ambas cosas.

—Lo siento, él a veces no sabe comportarse… debería pedirle que se vaya.

—¿Sabes? Nadie deja su vida de lado sólo por venir a estar en el hospital a pasar incomodidades y él lo hace por estar cerca de ti. Si ese chico no te quiere, entonces el mundo está equivocado sobre lo que es amor.

Ginny enrojeció hasta las raíces de su cabello, se tapó el rostro apenada. Y comenzó a creer que sus sueños podían volverse realidad, si él en verdad pudiera quererla un poco por el resto de la vida que le quedaba, moriría siendo feliz.

—Trata de calmarte o el médico me regañara por alterarte —pidió la enfermera, mientras le administraba su medicamento.

Ginevra asintió, lo último que quería es que Amos Diggory se molestara. No quería darle un motivo para impedirle las visitas o hacerla pasar más tiempo en St. Mungo.

*º*º*º

Harry y Neville volvieron a St. Mungo, Luna y Hermione sonrieron aliviadas al verlos, enteros y sin golpes.

—¿Qué sucedió?

Potter se meció el cabello y le sonrió. —Nada, Malfoy no estaba en su casa, ahí sólo había una chica de ciudad malhumorada.

Hermione se quedó confundida, esperando que explicara.

—¿Y Ron? —inquirió Luna.

—Resulta que él sí estuvo ahí, al parecer hizo enojar a esa chica, no querrán saber lo que dice de él —añadió Neville, sentándose al lado, en la silla libre.

—¿Qué hacía esa chica ahí? —cuestionó con curiosidad Hermione, levantándose para ir con Harry.

—No lo sé, pero no paro de preguntarnos si sabíamos dónde estaba Malfoy —comentó Harry con una mueca.

—¿Saben dónde está Ron ahora? Aquí no lo hemos visto, ni a Malfoy, a menos de que hubieran pasado en algún momento en que nos distrajimos.

—Después de ir a casa de Malfoy, lo llame pero no contestaba, entonces llamé a Seamus y me dijo que Ron había ido a trabajar al taller.

—Menos mal —mencionó Hermione aliviada.

—Debe ser difícil para él estar trabajando —manifestó Neville, incluso para él era complicado hacer sus actividades pensando en que su mejor amiga estaba ahí muriendo.

—Eso lo ayuda a distraerse, estoy segura… aquí estaría como un león enjaulado —comentó Luna, jugando con su collar.

—Es cierto y con Malfoy aquí, eso sólo sería una bomba de tiempo —agregó Hermione.

—¿Por qué no vamos con él cuando salga del taller? —propuso Neville— Podríamos ir a cenar a un lugar.

—Esa es una buena idea.

—Hablando de comer, vamos aquí cerca, ¿por qué ustedes no han comido o sí? —inquirió Harry, cerrando su mano alrededor de la de Hermione.

—No, los estábamos esperando —pausó y frunció su ceño—, ¿ustedes ya comieron?

—Eh sí… —repuso apenado— Sirius nos invitó algo camino aquí.

—Entonces ustedes pagarán la comida de Luna y la mía, incluidos los postres —manifestó mirando con complicidad a su amiga, quién sonrió en respuesta.

—¿Pudieron ver a Ginny? —cuestionó Harry, mientras salían del edificio.

—No, Charlie vino y platicó con nosotras, dice que ella está bien y de buen humor.

—Es por el amor, se los dije —declaró Luna con sus grandes ojos brillando con alegría.

A Harry aún le costaba la idea de Ginny y Malfoy, por eso entendía a Ron y lo que estaba pasando.

—Harry, ¿pasa algo? —inquirió Hermione.

—Sólo pensaba —Le sonrió de forma ligera y ante la mirada interrogante, sólo atinó a besar su mejilla y apretar su mano—. Vamos.

*º*º*º

Draco regresó al cuarto después de ver salir a la enfermera. Ginny estaba sentada en la cama, mirando a través de la ventana.

—¿Estás mejor?

—Lo estoy —le aseguró, girando su cabeza enganchando su mirada con la de él.

—Mentirosa, tienes que dejar de fingir.

Ella rompió el contacto, mientras sus labios se curveaban.

—Y tú deberías ir a tu casa a dormir.

Draco se tensó. ¿Acaso ella no lo quería ahí? —Estoy bien.

—¿Ahora quién es el mentiroso? —preguntó ella con burla.

La puerta se abrió atrayendo la atención de ambos, el olor de comida lleno el cuarto.

—Debes comerte todo —anunció la mujer, colocando la bandeja sobre la mesa de alimentación que le acercó a Ginny—. Debe encargarse de eso —indicó dirigiéndose a Draco, antes de salir.

Ginevra hizo un gesto de desacuerdo nada más al ver lo que le habían llevado de comer, ella deseaba unos buenos platillos hechos por su mamá, esa comida sí que la haría sentirse saludable, no este conjunto de cosas blandas.

—Ya has oído Weasley.

—No lo he hecho, yo no escuche nada de nada.

—No harás esa clase de juego infantil conmigo, come tu papilla Weasley.

Malfoy la observó enarcando su ceja, estaba por ir a su lado cuando la puerta se volvió a abrir, esta vez se trataba de Cedric, una sonrisa tiró de los labios de Ginny.

—Pasé a ver cómo estabas —comentó pasando su mirada divertida de uno a otro, antes de concentrarse en el expediente que llevaba de la chica. Se acercó a revisar el pie que tenía el suero y las soluciones.

—¿Podrías hacer que la comida sea buena? —pidió utilizando sus ojos suplicantes.

—Si has recuperado tu humor, es que vamos por buen camino —comentó contento—. Veré que puedo hacer con la comida —añadió pasando con cariño su mano por el flequillo rojo.

Draco los miró ceñudo, hizo un ruido parecido a un gruñido. No le gustaba quedar en segundo plano y no le agradaba que otro la hiciera sonreír. Cedric posó sus ojos en él, ampliando su sonrisa al descubrir los celos de Malfoy.

—Gracias —murmuró risueña, percibiendo como la irritación de Malfoy crecía.

—Por ahora come esto, necesitas de la comida para fortalecer tu cuerpo —mencionó poniéndose serio—, vendré a verte más tarde.

Ginny asintió, observándolo partir. No necesitaba mirar hacia su acompañante para saber que estaba echando chispas, hasta su lugar llegaban sus ondas negativas. —¿Estás molesto?

—No —graznó—, es mejor que comas.

—A la orden amo —repuso con sarcasmo, tomó la cuchara y respiró profundo. Tendría que imaginarse que aquello era el mejor banquete.

«Vamos, tengo que hacerlo… por salir de aquí.»

*º*º*º

Pansy había tenido un horrible día, nada había salido como lo había planeado, primero Draco parecía que había sido tragado por la tierra, luego había aparecido ese patán pelirrojo y por si fuera poco, esos otros dos pueblerinos que no le habían dicho nada sobre Draco.

Sabía que algo pasaba, era más que obvio, averiguarlo no sería sencillo y francamente esa noche ya no deseaba otra cosa que salir de ahí e ir a su casa y eso hubiera hecho de no ser porque su coche estaba atascado y con una llanta ponchada.

¿Podía tener más mala suerte?

Ahora estaba ahí, medio congelándose en medio de la nada, tratando de contactar a Blaise o Theo, pero esos dos parecían haberse puesto de acuerdo con Draco, ninguno estaba disponible.

Desesperada marco al número de emergencia, pero ahí sólo le dieron un número de una grúa en el pueblo, pero nadie contestaba tampoco.

Se recargó en su coche con las lágrimas bordeando sus ojos verdes, pateó su coche pero eso sólo arruinó su calzado y le produjo un dolor en su píe.

—¡Eso fue brillante! ¡Espero que no hayas rayado la pintura!

Pansy alzó su rostro de golpe, buscando aquella voz que se burlaba de ella, topándose a ese estúpido pelirrojo en una vieja camioneta con otros dos idiotas que se estaban riendo de ella.

La indignación la hizo erguirse, buscando mostrarse fuerte. —¡Imbécil!

Ron rió divertido. —No deberías insultar a la única persona que puede ayudarte a solucionar tu problema.

—Yo insulto a quién se me dé la gana y quién te ha pedido tu ayuda, no la necesito… —exclamó rabiosa, dándose la vuelta para no tener que verlo.

Dean y Seamus silbaron, riendo.

—La has hecho enojar, Ron —comentó Seamus con mofa.

—La hiciste sacar las garras, se ve que no sabes tratar a las chicas de ciudad —añadió Dean.

—Idiota, como si tú supieras hacerlo —resopló de mala forma—, además ella no se comporta como una chica normal, es una arpía.

—Déjame hacerlo a mí —dijo envalentado Dean—. Hey hermosa, ¿quieres ayuda?

Pansy estaba completamente tensa, mientras más buscaba controlar su rabia más su cuerpo temblaba. Las lágrimas surcaron sus mejillas, ladeó su cuerpo y concentró todo su enfado en su mirada. —¡Lárguense par de payasos pobretones!

Ron alcanzó a ver sus lágrimas brillar a la luz de la luna, quiso que aquello no le importara pues ella era una mocosa malcriada que sólo había tenido malos tratos para él, pero su imagen hizo que su estómago se retorciera. Se quedó callado, escuchando a su espalda las burlas de sus amigos y en ese instante aquello ya no le pareció correcto, después de todo ese chica estaba ahí sola en medio del camino.

Odio sentirse así por ella y odio más que su consciencia lo molestara, pero lo cierto es que podía irse de ahí, no sería lo correcto y menos porque ella era una chica, odiosa pero una chica al final de todo.

Se quitó el cinturón de seguridad y abrió la vieja puerta con un rechinido. Se bajó para desconcierto de Dean y Seamus.

—Váyanse, los veré después —acotó, tomando una maleta de herramientas de la parte trasera de la camioneta.

—¿Estás seguro? —inquirió Seamus.

—No.

—Quieres quedarte con ella —acusó Dean—, no te culpo, pero saldrás raspado.

—No es eso —rumió hosco—. Largo.

—Como quieras, matador.

—Suerte con la potra.

Ronald torció sus labios incomodó, esos y sus bocotas. Se giró cuando sus ojos ya no alcanzaron a ver más los focos traseros de la camioneta. Pansy se había quedado extrañamente callada y eso para él era una mala señal.

Rodeó el coche para encontrarse con ella, acomodada cerca de la puerta del copiloto, abrazándose a sí misma.

Viéndola así no le parecía más una molestia, al contrario. Se jaló el cabello cuando pasó su mano por su cabeza, buscando despejarla de pensamientos absurdos. Dirigió su vista al auto, haría lo que tenía que hacer y después se iría.

—¿Tienes llanta de repuesto?

—No quiero tu ayuda —masculló sin siquiera mirarlo.

—Pues no creo que tengas otras opciones, ¿o sí?

—Las tengo, pronto vendrán por mí…

—¿Desde la ciudad? —inquirió guasón— ¿Sabes cuántas horas tendrías que esperar? Créeme no querrás quedarte aquí entrada la noche.

—Entonces, dame un número de servicio de grúas, donde si atiendan —contestó elevando su cara con arrogancia, clavando sus ojos llorosos en él.

Ron sintió un vuelco en su panza, su aliento se quedó dentro de su pecho. Se veía tan vulnerable, que no creería que se trataba de la misma chica con la que había sostenido una acalorada discusión.

Pansy jamás pensó que ese chico tuviera una mirada así, era como el mar, transparente y sincera. Sintiéndose expuesta y evaluada, se movió incomoda, cambiando el peso de su cuerpo a su otro pie.

—¿Me lo dirás o no?

Ron se sacudió la cabeza y apartó sus ojos de aquella citadina. —De nada serviría que te lo diera, las grúas han ido al pueblo vecino, al parecer hubo un accidente allá y fueron a apoyarlos.

—¿Todas?

—No es como si hubiera un ejército de grúas, esto es un pueblo, nunca se han necesitado tantas.

Pansy estaba completamente turbada, allá iba su mejor opción. —No…no puede ser, lo estás inventando.

Él soltó un resoplido de risa. —¿Por qué haría eso?

—Porque… porque quieres molestarme, estás disfrutando con lo que me está pasando… quieres vengarte.

—Tú en verdad estás loca —contestó agrio.

—¡Deja de decirme así!

—Pues deja de comportarte así, acepta que soy el que te ayudará.

—No… Draco… él vendrá a ayudarme.

Ronald no pudo contener la risa seca. —¿Malfoy? ¿Estás confiando en Malfoy? Creo que ya es hora que te des cuenta que él no hará eso.

¿Cómo podía hacerlo? Si él muy maldito estaba con su hermana. ¿Acaso esta chica tenía una relación con él? Si descubría que estaba jugando con las dos le retorcería el cuello.

—¡Él lo hará! —gritó, aunque sabía que no era así.

—Claro… entonces no voy a perder mi tiempo estando aquí, teniendo otras cosas por hacer más importantes —comenzó a andar y Pansy no se sintió nada tranquila con él alejándose a cada paso.

Miró alrededor, no había nada cerca y estaba oscuro, su celular no tenía ninguna notificación de sus amigos, su ansiedad creció y haciendo de tripas corazón habló: —Espera.

Weasley se detuvo, su boca se movió para mostrar una sonrisa de triunfo.

—Yo… yo… si tengo una llanta, está en el maletero. —Se apresuró a quitar el seguro, para poder abrir el compartimiento.

Ronald regresó, para ver como ella trataba de sacar el objeto.

—Hazte a un lado —señaló y con un poco de fuerza tiró de la llanta para sacarla, dejándola cerca de él sobre el camino, se puso de cuclillas y la examinó—. Servirá —dijo, sacudiendo sus manos. Abrió la maleta que había llevado consigo, buscando lo que necesitaría—. Enciende las luces de seguridad del coche.

Pansy frunció el ceño e hizo lo que le pedía. —¿Estás seguro que sabes lo que haces? —le dijo al verlo intentar quitar el tapón de la llanta— Este coche vale mucho.

—¿Quieres dejar de ser odiosa? Estoy seguro que sé más que tú, trabajo en un taller… además no necesito que me eches en cara tu riqueza, sólo mantén la boca cerrada mientras hago esto.

—¡Oye, no necesitas ser grosero! Yo no te pedí que hicieras esto, ¿recuerdas? —farfulló con las manos en la cintura.

Ron bajó la llave de cruz y la miró con las cejas unidas. Al menos ya no estaba llorando, ahora volvía esa chica que parecía una flor peligrosa.

—Si vas a estar interrumpiéndome a cada momento nunca voy a acabar y estoy seguro que tú también quieres que termine. —Se levantó y se quitó la sudadera de cierre, no quería que se ensuciara, la puso en el techo del coche y volvió a su posición de cuclillas frente a la llanta.

Pansy resopló con enfado. ¡Vaya sujeto, hacía que la sangre le hirviera!

Lo observó volver a trabajar con los brazos descubiertos. No entendía para que se había quitado su sudadera, estaba haciendo mucho frío como para estar así.

—Si vas a estar sólo mirándome al menos hazme el favor de sostener la lámpara —añadió, sintiéndose nervioso por esos ojos verdes.

—Yo no…

—La lámpara está en la maleta —cortó su diálogo.

Pansy apretó su mandíbula y se dispuso a buscar lo que él le pedía, apenas y tocó las cosas con las puntas de sus dedos. El temor a ensuciarse marcó su lindo rostro.

—No la encuentro.

Ron desvió sus ojos hacia la maleta, observando cómo es que ella la estaba buscando. —No la vas a encontrar haciendo eso, tienes manos, utilízalas como debe ser.

—¿Qué…? —Lo siguiente que supo es que él había tomado su mano obligándola a remover las herramientas, ella buscó zafarse, pero su agarre era fuerte y se sentía como un hierro candente, parecía que su piel estaba hecha de fuego… ahora entendía cómo es que no sentía el frío. Él la hizo cerrar su mano alrededor de la lámpara.

—Ahí la tienes, no fue tan difícil, verdad —rumió soltándola, quedándose con la sensación de aquella piel suave bajo su tacto.

Pansy estaba pasmada, se enderezó con la mirada perdida en él, aún podía sentir su calor sobre su mano y su fuerza también. Todos los hombres que había conocido la habían tratado como si fuera de porcelana y él, él la había tocado como si fuera cualquier cosa menos frágil.

—¿Vas a prenderla o no sabes utilizarla?

Él corazón se le agitó de forma violenta, ante aquel tono grave. Ella tragó en seco y con la mano temblorosa apretó el botón.

Ronald buscó concentrarse en su tarea, pero no le era sencillo… ella chica estaba logrando perturbarlo en verdad. Tal vez era porque jamás había tratado con alguien como ella, rica, fina… hermosa, malcriada y desesperante.

Finalmente después de unos minutos logró remover el tapón y fue por los birlos, no fue necesario que se parara sobre la llave para aflojarlos. Pansy vio hipnotizada como sus brazos se tensaban sobre la herramienta cuando hacia fuerza, incluso su rostro se ponía rígido dejando de lado los rasgos infantiles, luciendo más masculino.

Dios, ¿qué le estaba pasando?, alejó con molestia la mirada, recordándose que ese chico no era más que un pueblerino horrible.

Ron dejó de lado la llave de cruz y fue por el gato, buscó el lugar exacto para colocarlo y levantar el coche unos 15 cm sobre el suelo. Quitó la llanta ponchada, jalándola hacía él, la ubicó en dónde no le estorbara y fue por la llanta de refacción y la puso empujándola hasta el fondo, insertando todos los birlos en cada uno de los orificios.

Extrañado por el silencio buscó a la chica, notando que no estaba mirándolo y no le extrañaba era obvio que no le agradaba, eso le produjo un malestar que se obligó a refundirlo, a él qué más le daba.

Terminó su labor y guardó todas sus herramientas. —Ya puedes apagar la lámpara.

Pansy volvió en sí, dejando atrás el extraño tren de pensamientos que la habían invadido, hizo lo que él pidió y se la entregó, cuidando que sus manos no volvieran a tocarse.

—Echa a andar el coche, lo empujaré para que pueda salir del bache —mandó, sacudiendo sus manos de la tierra.

—Tengo gel antibacterial —le comentó al observar lo que estaba haciendo.

Ron la miró con gesto raro, ¿para qué querría eso él?

Pansy no esperó su respuesta, abrió su coche y buscó en su bolsa. —Úsalo, aunque después tendrás que lavarte las manos.

Ronald se quedó con la botella en las manos, mientras ella corría al interior de su coche. Miró el objetó y lo apretó en su puño.

«No sé para qué me da esto, no es como si mi suciedad fuera a alcanzarla.»

Con bilis guardó la botella en su pantalón y se dispuso a empujar el coche, desquitando ahí su enfado, logrando sacarlo del hoyo.

Pansy se detuvo unos metros adelante, observando la figura del chico por el retrovisor, sintiendo una extraña sensación en la boca de su estómago.

Ron sacó la botella la usó por tonto que le pareciera y tomó su sudadera. Tocó con sus nudillos el vidrio de la puerta del copiloto, dejó caer la botella de gel en el interior. —Es mejor que vayas por el otro camino, éste está lleno de baches y no manejes a alta velocidad, necesitaras cambiar la llanta en cuanto puedas y pide que te calibren las cuatro.

Ella cabeceó apenas entendiendo lo que él decía, ella no sabía nada de eso, su chofer se encargaba de todo eso.

—Bien, adiós.

Pansy abrió su boca, pero ni una sola palabra de agradecimiento logró salir. Lo vio andar colocándose su sudadera y echándose sobre el hombro su maleta, se mordió el labio y tocó su claxon casi sin pensarlo.

Ronald se detuvo y se giró con una mueca de confusión. Ella avanzó y se estacionó a un lado de él.

—Yo… no sé cuál es el otro camino —dijo para su sorpresa y era cierto, no sabía ni siquiera lo que estaba haciendo.

Weasley se llevó una mano a su cabeza, rascándola, tratando de encontrar una forma de explicarle que no fuera complicada.

—Necesitas tomar la siguiente desviación, no la de la izquierda, la de la derecha y esa te sacará a otro camino ahí debes ir hasta el retorno, luego dar vuelta en "u"…

—Espera no entendí, podrías esperar a que lo programe en el GPS…

—No te saldrá ahí —respondió y era verdad, no eran caminos establecidos después de todo.

—Entonces puedes dibujarme un mapa.

—¿Dibujar? No… abre la puerta.

—¿Por qué? —inquirió ella descolocada.

—Iré contigo —aseguró y ni siquiera sabía por qué lo estaba haciendo, pues esos significaba pasar más tiempo con ella y era lo que menos quería, en serio.

Pansy respiró a fondo sintiendo un vuelco violento en su corazón, apretó el botón y él pudo abrir la puerta. Se metió de un sólo movimiento.

—Andando —mencionó, asegurando su cinturón.

Pansy quitó el freno de mano y siguió, buscando concentrarse en el camino, encendió la radio para no tener que soportar el silencio y justo en ese momento terminaba una canción y empezaba otra "Apologize" de One Republic.

Alargó su mano para el botón del volumen, justo al momento en que Ron lo hacía, logrando que sus dedos se rozaran, apartando los dos la mano al instante como si el contacto lo hubiera quemado.

—Me gusta esa canción —dijo tratando de romper la incomodidad que se había formado.

—Es buena —reconoció Ron, aunque él la creía más que eso—. Esa es la desviación —indicó mientras tamborileaba sus dedos sobre su rodilla siguiendo el ritmo, notando lo mal que manejaba esa chica—. Terminaras arruinado tu coche.

—¿Qué?

—¿Quién te enseñó a manejar?

—¿Qué tonterías estás diciendo? Yo manejo bien —aseguró, alzando su barbilla con seguridad.

—¿Quién te enseñó? —repitió, tocando su ceja con impaciencia.

—Una amiga, ¿qué importa eso?

—Una chica enseñándole a otra chica. ¡Vaya! ¡Ahora lo entiendo todo! —mencionó con sarcasmo.

—¿De qué se trata? ¿Acaso eres misógino?

—¿Qué? No… claro que no, pero si te hubiese enseñado un hombre… manejarías bien.

—Tonterías, lo hago bien.

—Te haré otro favor y me haré uno a mí, pues estoy en tu auto y básicamente eso quiere decir que en tus manos y pies —acotó serio.

—¿Qué? Yo no…

—Oh sí y mejor concéntrate, te enseñaré la técnica de doble embrague apenas lleguemos a una calle pavimentada.

Tardó en explicarle y que ella comprendiera, de hecho no estaba seguro que lo hubiera hecho del todo, pero estaban a punto de alcanzar la salida del pueblo y él tenía que bajarse ahí.

—Lo conseguiré.

—Suerte con eso —comentó casi con burla.

—Lo haré —afirmó determinada.

—Déjame ahí —señaló un descanso en la carretera.

—¿Cómo volverás?

—Estoy acostumbrado a caminar —respondió con simpleza, soltando el cinturón de seguridad.

—¿Qué tan lejos queda tu casa?

—No voy a mi casa, te lo dije, tengo otras cosas que hacer.

—Oh…

Ron se estiró un poco y la miró de refilón, ahora que las cosas no estaban tan tensas entre ellos, se sentía bien estar con ella y eso era una locura.

—¿Qué relación tienes con Malfoy?

—¿Por qué te importa? —respondió mirándolo directamente.

—Me importa porque involucra a mi hermana, ¿estás con él? digo… ¿ustedes…?

Pansy sintió un dolor colarse en su corazón, Draco una vez más había elegido a otra chica en lugar de ella y ni siquiera se estaba poniendo a pensar que era de ese pueblo, además de quién podía resultar ser, lo cual era obvio.

—No —murmuró y no podía creer que estaba dejando escapar la oportunidad de arruinarle su romance a Draco o lo que fuera que estaba haciendo con esa chica.

Weasley esbozó una sonrisa, satisfecho con la respuesta. —Al menos no estás tan loca como creía.

—¿Qué?

—Si no te gusta Malfoy, eso es una buena señal, ahora comienzas a caerme bien.

—Eres un pesado.

—Lo mismo pienso de ti la mayoría del tiempo.

—Apenas hemos hablado unas palabras y tú eres el que ha sido horrible conmigo, nunca nadie me ha dicho tantas cosas desagradables como tú, él loco aquí eres tú y además anormal… y…

—¿Pobre? —profirió por ella— Sí, lo soy… y perdone que no la tratara como se merece majestad —agregó con mofa y molestia.

—No quiero pelear contigo —musitó después de un pesado silencio.

—Bien, me largo. —Puso su mano en la manija.

—Espera… no sé tu nombre.

Él se volvió con una expresión turbada plasmada en su rostro pecoso. —No creí que quisieras saberlo, pensé que preferías seguir llamándome "pueblerino de quinta".

Pansy apartó la mirada deseando darse contra el volante, por las dos cosas, debía haberlo dejado bajar y terminar de una buena vez con eso.

—Me hiciste enojar, llegaste despotricando contra Draco y luego dijiste esas cosas sobre mí… y lo de la rata…

Ron explotó en risas al recordar eso, logrando que Pansy arrugara su nariz y ladeara su cara con disgusto.

—Había olvidado que había dicho eso.

—Pues yo no.

Él temblaba esporádicamente por la risa, que Pansy encontró divertida con aquel bajo tono que la atraía como si fuera una melodiosa canción. Sus mejillas se colorearon, volteó su cara hacia el camino, clavando sus uñas con perfecta manicura en el volante.

—Puedes al menos fingir que sientes lo que dijiste.

Ron calló abruptamente. —Estaba enojado. —Se justificó, sobando su nuca, nunca había sido su intensión hacerla sentir mal—, si sirve de algo no creo que estés operada.

Ella lo miró de soslayo. —Pero crees que soy linda.

—¡Demonios, claro que lo creo!

Sus palabras le sacaron una sonrisa a Pansy, incluso tuvo que morderse el interior de su mejilla para no parecer muy feliz por ello.

Ron se avergonzó apenas se dio cuenta de lo que había dejado salir. —Bueno… no estás mal, aunque… eres algo malhumorada.

Pansy frunció su ceño y giró su cuello de forma violenta para mirarlo. —Tú en verdad no sabes tratar a una chica ¿no?

—¿Qué? ¿Por qué?

—Eres un tonto —susurró.

—Oh rayos… no te entiendo —dijo dejando caer sus hombros—. Es mejor que me vaya de cualquier forma —Abrió la puerta dejando que el aire frío llenara el coche, la cerró y se quedó de pie frente a él. Pansy bajó el vidrio y él se asomó— ¿Por qué no te has ido?

—¿Cuál es tu nombre?

—Ronald… Ron Weasley.

Una sonrisa se asomó en los labios rosados. —Adiós Weasley.

El coche avanzó y él lo miró alejarse con una mezcla de emociones. —No me dijo el suyo.

Ronald fue al hospital, topándose con Malfoy, pero por increíble que pareciera ni una pelea ocurrió. Lamentablemente Ron ya no alcanzó a ver despierta a su hermana, estaba deseando hablar con ella en verdad. Lo que si pudo hacer fue hablar con sus amigos que habían ido a buscarlo, pero él apenas les había dicho dos cosas sobre dónde había estado todo ese tiempo.

*º*º*º

Draco despertó a mitad de la noche, se levantó de la cama para estirar los músculos, anduvo por la habitación antes de volver cerca de Ginny, se quedó ahí mirándola dormir suavemente por un largo rato.

No podía creer que ella fuera a morir, cada vez que la miraba, veía a una chica alegre que merecía vivir y sin embargo su tiempo se estaba agotando.

Odiaba la sensación de pérdida, de no ser capaz de hacer nada.

Las primeras horas después de la noticia habían sido de shock, las siguientes de negación, después de asimilación y en cuanto eso había pasado. Su cerebro había vuelto a conectarse, anestesiando su dolor temporalmente y con ello había comenzado a pensar con claridad.

Entonces había empezado a hacer llamadas, buscando encontrar a alguien que pudiera decirle que todos en Ottery St. Catchpolese equivocaban y que había opciones para ella, que no estaba condenada a morir, pero lo cierto era que al correr los días y al escuchar las mismas noticias de voz de desconocidos supo que estaba frente a algo con lo que no podía luchar y no podía pagar con dinero.

Aborrecía ser débil y no tener el control de la situación.

Frotó su cara larga, respiró profundamente una y otra vez hasta que sintió que había vuelto a dominar su sentimentalismo.

Se acercó a ella pasando sus dedos suavemente por su pómulo. Ella apenas y notó su caricia, en verdad tenía el sueño pesado o quizás eran los medicamentos que la hacían permanecer la mayoría del tiempo dormida. Acomodó su manta, ella siempre se destapaba.

Eran muchas pequeñas cosas las que había aprendido de ella en ese tiempo. Como que no soportaba estar ahí, que era quisquillosa con la comida del hospital, pero aún así la comía. Solía ser gruñona cuando despertaba y siempre tenía una cara graciosa al hacerlo. Tenía una capacidad asombrosa para llevarse bien con todo el personal del hospital que entraba a verla. Sí estaba nerviosa mordisqueaba un poco sus uñas.

No habían hablado mucho, en realidad apenas habían tenido oportunidad de hacerlo, ella no permanecía mucho tiempo despierta y cuando lo estaba, comía, conversaba con cualquiera de sus hermanos que estuviera ahí o su tía Andrómeda y Ted, y las enfermeras se ocupaban de su aseo así como del de la habitación.

A esas alturas todos pensarían que ya había sido capaz de hablar con ella de sus sentimientos, pero no era así, esperaría que ella saliera para hacerlo. Ginny tampoco lo había presionado, de hecho sólo lo molestaba con que fuera a la escuela y dejara de ponerla como pretexto para no asistir.

Neville le había aconsejado que no lo pospusiera. Si, había caído así de bajo como para hacer de ese amante de la plantas sin vida social, su confidente. En realidad era con el único con el que podía hablar libremente, después de todo, él había sido el que lo había mantenido al tanto la ocasión anterior que Ginny había estado en St. Mungo.

Ni siquiera se lo había contado a Blaise o Theodore y a Pansy apenas le había respondido un par de mensajes, sabía que había estado en su casa, era difícil no saberlo con todo lo que había dejado ahí y con su gran cantidad de llamadas.

Volvió a la cama, cruzó sus brazos detrás de su nuca con los ojos clavados en el techo, así lo sorprendió el sueño, pensando en ella, en él… en ellos, en la muerte.

*º*º*º

Malfoy abrió sus ojos, se sacudió el sueño antes de ver hacia la cama de Ginny, pero al verla vacía se levantó como rayo, terriblemente asustado. La buscó por todos lados, pero al no encontrarla volvió a la cama, se había quitado el catetér y había pequeñas manchas de sangre por el piso y las mantas.

De inmediato dio avisó a las enfermeras, las cuales llamaron a los médicos. Había puesto a todo el personal de St. Mungo a buscar a Ginny.

—No es tu culpa, no es la primera vez que ella se escabulle —comentó Cedric, dándole un apretón en el hombro. Era obvio que estaba vuelto loco, nadando entre la preocupación y la desesperación.

—¡Con mil demonios, claro que lo ha sido! ¡Estaba ahí! ¡No debí haberme dormido!

—Tranquilízate o tendré que ponerte un calmante.

Draco le disparó una mirada violenta. —¡Que no te das cuenta el peligro que corre!

—Lo hago, pero ella está mejor…

—¡No lo suficiente!

—Es cierto, pero….

—¿Qué fue lo que pasó? —inquirió Billy con cara pálida y angustiada.

—Ginny volvió a hacer una de las suyas.

—¿Huyo de nuevo?

—Sí.

—Diablos, esa niña… —exclamó, pasando su mano por su cabeza.

—Es mi culpa.

—No lo es, no eres al único que le ha sucedido, nos ha pasado a todos, ella es muy astuta y escurridiza. Ya debes saber que no le gusta estar internada, de seguro se sintió mejor y decidió irse —explicó William, compadeciéndose de Draco, era evidente que se veía que se sentía responsable.

—Ya le hemos avisado a la policía, "Ojoloco" dará con ella —anunció con seguridad Cedric.

—¿Ese quién es? —interrogó Draco, frunciendo su frente.

—Es el encargado de la policía de Ottery St. Catchpole, su nombre es Alastor Moody, pero todos por aquí lo conocen como "Ojoloco", le dicen así porque tiene un ojo de vidrio, se ha enfrentado a varios delincuentes resultando con heridas graves que le han pasado una cara factura a su cuerpo, es algo paranoico pero es el mejor en su trabajo.

«Lo que faltaba, más locos en este pueblo.»

Casi, en verdad casi, había logrado olvidar que vivía en un lugar que rayaba en lo absurdo. Era como la versión barata y pobre de Wonderland.

Ya había escuchado suficiente, saldría de ahí y la encontraría así tuviera que buscarla por debajo de las piedras.

—¿A dónde rayos vas?

—No es obvio… voy a buscarla, no pienso quedarme aquí sin hacer nada —informó áspero, sin siquiera detenerse o girarse.

La mandíbula de William se apretó, su cuerpo estaba tenso y rígido, pero no podía dejar que la incertidumbre dominara sus actos, debía mantenerse sereno para pensar con claridad.

—Es tan cabeza dura como mi hermana.

—Tal vez por eso se gusten.

—No me recuerdes eso ahora.

Cedric soltó una risa breve y desganada. —Pensé que ya lo habías digerido.

—No por completo, y creo que nunca lo haré, es mi hermana pequeña… y este mocoso mimado le robó el corazón, ¿por qué diablos no sigue jugando con muñecas?

Diggory sonrió ante sus palabras. —Pensé que lo degollarían vivo.

—Aún estamos considerándolo, aunque no se lo digas a ella ni a Andrómeda —añadió con una mueca parecida a una sonrisa que no alcanzaba a serlo del todo.

—¿A dónde crees que haya ido?

—No lo sé, no creo que haya ido al orfanato, Andrómeda ya me hubiera llamado, tampoco creo que este con Percy o Charlie, tiene que estar en otro lugar…

*º*º*º

Ginny iba en un autobus caminó a Londres, se sentía mejor, lo suficiente como para hacer esa locura. Desde que se había enterado que iba a morir había hecho una lista de personas que deseaba ver y con la cuales quería tener una conversación de despedida.

Su tía Muriel era una de ellas, se había prometido que no volvería después de lo que había pasado la ocasión anterior, pero lo cierto es que ella no quería morir sin decirle un par de cosas.

Lamentaba haberse ido así, pero no podía haberlo hecho de otra forma. Sus hermanos no la hubieran dejado y mucho menos Draco. Había sido una suerte que él estuviera tan cansado, eso le había facilitado todo.

Seguramente no tardaría en darse cuenta que se había fugado y estaba segura de que estaría enojado como el infierno. Ese pensamiento hizo que sus labios se alzaran con una sonrisa.

Se acurrucó en el asiento y recargó su cabeza en el vidrio, rindiéndose al agotamiento, dejando que sus parpados cayeran, descansaría un poco o tal vez hasta que el camión llegara a la estación.

*º*º*º

La vieja tía Muriel se encontraba barriendo la entrada de su casa, ese día se había levantado con el ánimo de hacerlo. Estaba por ir a buscar el recogedor, cuando notó la presencia de su sobrina, la cual le produjo un revuelo en la panza.

—Otra vez tú. No puedo creerlo… y con peor semblante que antes, ya te he dicho que no tengo dinero para mantener hijos de vagos.

—Yo…

—Habla de una buena vez chiquilla, dime cuánto es que esperas obtener de mí.

Las lágrimas llenaron los ojos de Ginny. —¿Cómo puede ser tan cruel? ¿Qué le hemos hecho? ¿Qué le he hecho yo para que piense lo peor de mí? No sabe lo mal que la pase por usted, por sus palabras despiadadas… ¿acaso no llevamos la misma sangre? Dinero, usted sólo habla de eso como si fuera lo más valioso que tiene aún por encima de su familia, es usted la que pierde, no nosotros… me costó entender esto, pero usted es tan egoísta que prefirió no convivir más con nosotros creyendo que la desfalcaríamos, cuando lo que nosotros necesitábamos era amor, porque sabe qué… sabemos trabajar, sabemos ganarnos la vida.

Calló sintiendo su garganta ardiendo, esperaba que después de decirle todas esas cosas, la pesadez en su pecho mejoraría pero no era así, había sido una tonta.

—Creí que se arrepentiría pero estaba equivocada —añadió con la voz quebrada—. La única que se está haciendo daño aquí soy yo y sabe qué, no voy a seguir con esto… es la última vez que la veré y no volveré a pensar en usted, la perdono por rechazarnos y perdóneme si en algún punto llegue a odiarla, porque a mí… me gustaría ir al cielo.

Se pasó el antebrazo por la cara, limpiando sus lágrimas con coraje. —Estoy muriendo y preferiría mil veces estar embarazada, pero no es así.

Se dio vuelta con el cuerpo sacudiéndosele de la intensidad de sus emociones, sabía que eso le haría mal, pero lo había hecho, había cerrado ya ese capítulo con su tía. Se alejó lo más rápido que pudo, hasta que sus piernas no resistieron más y tuvo que recargarse en un muro, se deslizó aún llorando.

Sacó su teléfono, encendiéndolo, marcándole a una persona que sabía no estaría molesta con ella en esos momentos.

*º*º*º

Draco había peinado el pueblo de norte a sur, de este a oeste. Nadie sabía nada de ella y él se estaba enloqueciendo por no saber qué le había pasado y si estaba bien. Regresó al hospital, topándose a todos los Weasley reunidos, sus compañeros de clase, su tía Andrómeda y Ted, junto con otro puño de personas que no conocía.

Él corazón dio un golpe violento en su pecho y se le fue hasta la garganta.

«Está muerta.»

No podía pensar en otra cosa ni siquiera en respirar, ver tanta gente reunida con esas caras, era como el prefacio de una mala noticia.

—Draco —llamó Dromeda, acercándose con paso veloz a él—, ¿estás bien?

—¿Q-qué… qué está pasando? —Su voz sonó temerosa.

—Alguien la vio subir a un autobús a Londres —respondió Moody, analizando al muchacho con su único ojo.

—¿Qué? —exhaló casi con alivio aunque aún no sabía realmente nada, pero al menos no estaba muerta— ¿Por qué iría allá?

—Ron tiene una teoría —comentó Hermione, notando su estado anímico.

—Díselo —apuró Harry, dándole un golpe a Ron en las costillas.
—Creo que fue con nuestra tía Muriel.

—¿Y por qué diablos siguen aquí? —explotó, sintiendo un golpe de energía, impulsado por su angustia y su enojo al ver su pasividad.

—Quieto —mandó un hombre alto, bien parecido de cabello oscuro a los hombros y ojos grises tan parecidos a los de él—, guarda tu furia para otro momento.

Él lo miró con fiereza. —¿Por qué mier….?

Ronald sacó su celular, aceptando la llamada que estaba entrando. —¡Es Ginny! —gritó al escuchar su dulce voz— ¿Por qué demonios te saliste…? ¿Qué? ¿Dónde estás?... No… no. ¡Rayos!

—¿Qué dijo? —demando saber Billy.

—Dijo que esta con un amigo y que llegara más tarde, que no debemos preocuparnos.

—¿Quién? ¿Cuál amigo? ¿Por qué carajos no me la pasaste?

—¿Por qué tendría que hacerlo? —gruñó en respuesta— No estaríamos así, si no la hubieras descuidado.

Draco se abalanzó sobre Ron, pero sus puños ni siquiera logrando tocarlo en serio, pues Sirius se lo impidió.

—¡Suélteme!

—¡Eres tan malditamente temperamental como tu padre!

Malfoy se volteó como una bestia, con el rostro distorsionado en una mueca de rabia.

—Pensé que eras parecido pero eres más que eso, digno hijo de Lucius, ni siquiera sabes escoger tus batallas.

—Sirius, por favor —pidió Andrómeda, cerrando su mano alrededor de su brazo.

—No hable de mi padre —dijo entre dientes.

Black dejó escapar un resoplido de risa. —¿Piensas que me asustas? —replicó con burla.

—¿Alguien quiere un *Jolly Rancher? —inquirió Luna, metiéndose entre los dos—. Hay algunos criaturas de fuego a su alrededor, producen irá… por eso debemos estar de buen ánimo para alejarlos.

Draco soltó un bufido, su mirada peligrosa volvió al hombre mientras caminaba a la salida, aún con la rabia corriendo como sangre hirviente por sus venas.

—Sirius, eso fue completamente incorrecto…

—No crees que ya somos mayores como para reprenderme —respondió mirando a su prima de reojo, notando esa mirada que hacía que él respondiera a cualquiera de sus peticiones—. Bien, hablaré con el niñato.

—¿Crees qué deberíamos ir con él? —preguntó Hermione a su novio.

Harry se encogió de hombros. —Supongo que es algo de familia.

—¿No crees que terminen peleándose, o sí?

—Lo dudo, les daré unos minutos antes de ir —mencionó Remus Lupin, un viejo amigo de Sirius y los Weasley. También conocido como el profesor de Algebra de Hogwarts y esposo de Nymphadora, la hija de Andrómeda.

—Buscaremos rastrear la llamada —anunció Alastor.

—Ni siquiera me aparece el número —contestó Ron, mirando con opresión la pantalla de su celular.

*º*º*º

Ginevra se encontraba recostada en una gran cama con hermosas cubiertas, era un cuarto amplió y de buen gusto en la decoración, sus paredes en colores pasteles, le daban un ambiente cálido.

—Debe tener más cuidado, en el hospital que estuvo debieron ser más precavidos al retirarle el catéter —mencionó el médico que se encontraba atendiéndola.

Ella no se atrevió a responder, estaba apenada pues ella era la que debía haber tenido más cuidado.

—Ahora es mejor que descanse y coma, debe ir con su médico en cuanto vuelva a su casa —añadió guardando sus cosas.

—Gracias.

El hombre asintió con un movimiento de su cabeza, tomó su maletín y salió de la habitación.

—¿Cómo está? —inquirió el chico, apurándose a reunirse con él.

—Débil, no creo que la hayan dado de alta en el hospital, esta anémica, trata de hacer que descanse y coma algo, procura que se mantenga tranquila. Aquí están algunos medicamentos que recomiendo tome —manifestó serio, entregándole la receta—, lo preferible es que vuelva a ser internada.

—Entiendo —repuso adusto, sus pensamientos volaron a la linda pelirroja que descansaba en la habitación, jamás pensó que ella estuviera tan delicada, ni que se reencontrarían en esas circunstancias—. Vamos, lo acompaño.

*º*º*º

Ginny se lavó la cara, sus ojos estaban aún ligeramente hinchados. Dejó escapar un suspiro, mientras veía su reflejo, realmente se notaba mal.

El sonido en la puerta, la hizo respingar. —¿Te encuentras bien?

Ella dibujó una pequeña sonrisa. Él era más considerado de lo que había creído, de hecho se estaba portando tan bien que la hacía sentirse aún más avergonzada por haber recurrido a él en esas condiciones, jamás olvidaría su tono de sorpresa a través del celular cuando le había llamado.

Ella dejó la toalla en su lugar y se preparó para salir, apenas abrió la puerta observó a Blaise con esa sonrisa de niño travieso que no escondía del todo su perturbación y su preocupación.

—Sí, gracias por todo.

—Pedí que nos trajeran el almuerzo aquí, espero que tengas hambre.

A Ginny se le hizo agua la boca, nada más al oler ese increíble aroma. —No tienes idea.

Él rió al ver su cara embelesada y las manos en su estómago.

—Vamos. —Colocó una mano en su espalda guiándola.

Ginny comió con rapidez bajo la quieta mirada de Blaise. Ella se limpió la boca, con una tenue sonrisa. —¿Asustado?

—Definitivamente —bromeó.

Ella sintió sus mejillas colorearse. —La comida del hospital no es nada como esto.

—Si quieres puedo pedir que traigan más.

—No, no… ya estoy satisfecha —Tomó la taza de café con sus dos manos soplando el vapor que emanaba—, no me has preguntado nada.

—Esperaba que tú me dieras las respuestas sin hacer eso.

Se quedó en silencio, sus ojos se fueron a la alfombra de diseño complejo.

—No tienes que hacerlo ahora —añadió al notar su duda.

—Gracias —emitió alzando su rostro.

—Para ya de agradecerme —indicó moviendo las manos—, voy a comenzar a creer que soy bueno y eso no le hace bien a mi reputación —concluyó escuchando la risa dulce de Ginny.

—¿Quién quiere aparentar ser malo?

—Los chicos malos obtienen a las chicas.

—¡Dios, no…! ¿En serio crees eso?

—No —respondió con una gran sonrisa tirando de sus labios.

—Me estás tomando el pelo.

—Claro… realmente yo siempre obtengo a las chicas —declaró con encanto, inclinándose hace ella, alzando sus cejas.

Ginny parpadeó, no podía negar que se sentía ligeramente atraída por él, pero no era esa sensación de alegría burbujeante, nerviosismo, hormigueo en el estómago, calorcito en el rostro y corazón acelerado que le producía estar con Draco.

Todo se resumía a eso, a él.

Blaise se hizo hacia atrás, recargándose en la silla, llevándose una mano a su barbilla, sus ojos se achicaron con análisis.

—Llegue tarde, ¿no?

—¿Qué?

—Espero que él te merezca —pronunció sincero. Resignarse definitivamente, no era lo suyo, pero hasta él sabía reconocer cuando era mejor retirarse.

Draco volvió a presentarse en la mente de Ginny, aun cuando no lo había invitado, su cara se volvió carmesí y sólo atinó a morderse el labio inferior, buscando matar la sonrisa que quería formarse. No estaba bien sonreír cuando acabas literalmente de rechazar a alguien, aún cuando no hubieses dicho nada.

—Te dejaré descansar.

—Ya estoy bien, no quiero seguir dándote molestias…

—Ni siquiera intentes decir que te irás —advirtió.

—Pero…

—Te llevare más tarde a Ottery St. Catchpole, sirve que visito a Draqui —expuso, levantándose de la silla—. Ahora duerme, te despertare para la comida.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Por cambiar tus planes para este día.

—Ginny, hay dos palabras en tu vocabulario que debes comenzar a utilizar con menos frecuencia estando conmigo; "gracias" y "lo siento".

—No las digo por decirlas —musitó aún medio desconcertada—, las digo porque…

—Lo sé —Se adelantó a decirle—, pero hay cosas que se sobrentienden y eso pasa conmigo. Además cómo habrás notado, sólo estoy yo y los sirvientes, deja que te atiendan, para que así tengan algo que hacer y el dinero que se les paga valga la pena.

Ginevra lo vio salir de la habitación, se quedó un rato en la silla, terminando su café, pensando un poco, cuando comenzó a cabecear fue a la cama y abrazó una almohada cayendo dormida casi al instante.

*º*º*º

Draco estrelló una vez más su puño contra la pared, descargando toda la carga emocional que había estado arrastrando.

—Dios, ¿qué haces? —gritó una enfermera.

Él se detuvo cuando sintió el dolor entumecer sus nudillos, había echado de menos esa sensación, había pasado mucho tiempo desde su última pelea. Estaba deseando volver a Bulgaria, al menos todo allá era más sencillo.

—Déjame ver.

Malfoy la ignoró sentándose en el suelo, recargando su cuerpo en la pared.

La enfermera no se fue, se agachó colocándose frente a él, no lo tocó sólo observó las raspaduras en sus manos.

Draco la observó con cuidado ahora que la tenía tapando su visión, era una chica de rasgos asiáticos. Era linda en su estilo, no podía negarlo, pero ni así logró llamar su atención.

La comisura izquierda de su boca se elevó en una media sonrisa.

Era un estúpido.

Había caído como lo hacen los grandes ante una pueblerina pelirroja, quiso reír, pero ni siquiera tenía ganas de hacerlo.

—No sé lo que te ocurre, pero déjame ayudarte.

—¿Ayudarme? —inquirió burlándose— ¿Acaso no sabes quién soy? Yo no necesito de tu ayuda… vete.

—No puedo dejarte aquí con las manos heridas

—Largo.

—Ve adentro Chang, necesito hablar con él —anunció Sirius hosco. Realmente no le simpatizaba la enfermera, desde su relación con Harry, la cual no había tenido un final feliz.

Cho recompuso su postura, tensándose. —Cuando terminen, entra para que te curen —añadió antes de apartarse, dejándolos solos.

—¿Qué es lo que quiere? —cuestionó levantándose.

—Relájate, vengo en son de paz.

Draco estaba rígido en su posición, con sus ojos furiosos lo recorrió, mientras resoplaba.

—Esta será una larga charla, así que es mejor que pongamos una mesa entre nosotros.

—¿Qué?

—Mira niño, tú y yo vamos a hablar ahora y después podemos arreglar lo que reste en un combate en mi taller.

El desconcierto no terminaba de describir por lo que Draco estaba pasando, ese sujeto no era para nada común.

*º*º*º

Ginny iba riendo con las ocurrencias de Blaise, él si sabía llenar los silencios, gracias eso el camino a casa se le estaba haciendo relativamente corto.

Era verdad lo que decían reír era una buena terapia, incluso la hacía olvidar todos sus males.

Su celular comenzó a sonar, así que volvía a tener señal. Lo sacó sabiendo que todos estaban histéricos, ella les había dicho que estaba bien pero eso no fue suficiente. Se preparó para ver el nombre de alguno de sus hermanos, pero al ver el de "Draco" sintió una revolución, sus labios se ondularon instintivamente.

Seguramente estaba tan sulfurado como un dragón, pero se tomaba la molestia de llamarle aún, tal vez para gritarle, pero todo era por qué se preocupaba por ella.

Se derritió como dulce al sol. Aceptó la llama, disculpándose antes con Blaise.

—Sí.

—¿Ginevra? —Su voz sonaba tan sorprendida que teñía su enojo.

—Sí, hablaste a mi número.

—No bromees —regañó—. ¿Cómo…? ¿Dón… dónde diablos estás?

—A punto de llegar a Ottery St. Catchpole.

—Vienes en el autobús.

—N-no exactamente.

—¿Cómo es eso? Explícate.

—Alguien me trajo.

—Pues dile a ese alguien que te deje en la estación de Hogsmeade —dijo antes de colgar.

Unas arrugas aparecieron en su frente con cierto enfado. Esa manera de ordenar en lugar de pedir, podía llegar a irritarla en verdad.

—¿Tu papá?

—Oh…no —respondió relajando su rostro.

—Entonces…

—Sólo Jack Frost versión gruñón.

Blaise puso cara interrogación antes de caer en cuenta. —Es él… el que tiene tu afecto.

Ginny enrojeció súbitamente, bajó su rostro jugando con sus manos.

—Lo es.

—Es un tonto —aseguró Ginny en un murmullo.

Zabinni no agregó nada, pues desconocía al tipo y sin embargo le producía una gran envidia.

—¿A dónde te llevo? ¿Quieres qué vayamos al hospital?—inquirió al pasar el anunció con el nombre del lugar.

—No, definitivamente no… no más hospital —espetó frunciendo su nariz—. ¿Puedes llevarme a la estación?

—¿Estás segura?

—Sí, por favor.

Él movió su cabeza asintiendo, ya podría imaginarse por qué quería ir ahí. Siguió sus instrucciones hasta que dio con el lugar.

Ginny sintió como su nerviosismo se incrementaba, esa agitación aumentó en su estómago, al ver la melena rubia. Blaise lo notó de inmediato, su mirada siguió el camino, topándose con algo que lo dejó completamente aturdido.

—¡¿Se trata de Draco?!

Ella lo volteó a ver con timidez, mientras su rostro resplandecía y dedicaba una sonrisa culpable.

*º*º*º

Draco esperó recargado en la pared de ladrillos a que Ginny apareciera, rotando su mirada entre la calle y su reloj. Estaba impaciente, deseaba ver con sus propios ojos que ella estaba bien, además claro de conocer al supuesto "amigo". Aquello para nada lo tenía de buen humor, de hecho era totalmente al contrario.

Tal vez si debería aceptar la propuesta de su tío.

Una sonrisa amarga se posó en su cara, pensar en su familia le producía jaqueca. Jamás se hubiese imaginado tener parientes tan coloridos.

Tal vez por eso su abuelo había tomado la decisión de alejarlo de ellos, seguramente los consideraba inadecuados, pero entonces por qué había decidido mandarlo después ahí a ese pueblo, donde inminentemente se encontraría con ellos.

Era todo muy confuso, pero en definitiva no era su prioridad, por ahora se enfocaba en Ginny.

Un auto lujoso y extrañamente familiar se detuvo. Su ceño se frunció con compresión y molestia al mismo tiempo.

—No puede ser —gruñó acercándose con pasos furiosos.

Ginevra salió del coche con un pequeño saltó, nada más al ver la cara que traía Draco supo que sí, estaba molesto, molesto como un dragón. Se quedó quieta esperando a que llegara, sabía que no sería el reencuentro más romántico, ni siquiera tendría por qué serlo, pero se le estaba escapando que Draco, no era alguien muy predecible…

Malfoy se detuvo, sus ojos grises se pasearon por ella, verificando su estado. Sintiéndose aliviado de confirmar que estaba entera y bien —o lo que se podía considerar bien en su estado—.

—¡Eres una tonta! ¿Cómo pudiste irte del hospital? ¿Y para qué? ¿Para ver a Blaise?

Zabinni dejó la comodidad de su auto, justo para escuchar como su amigo despotricaba. Su rostro mostró su desacuerdo.

—Draco.

Él levantó su mano hacia su amigo, al cual ni siquiera le dirigió una mirada. —No… largo de aquí.

Ginny infló sus mejillas molesta por su actitud. —No tienes que tratarlo así.

—Esta bien —Le sonrió, buscando tranquilizarla—, creo que ustedes dos deben hablar.

Ella asintió con un pequeño cabeceo. —Gracias, te debo mucho —dijo, Blaise sonrió con simpleza y ella pudo regresar su atención a Draco, notando que él ya se encontraba avanzando por la calle oscura. Inició su paso, siguiéndolo como si fuera su sombra.

—Tenía algo que hacer.

—No me importa —mintió, incapaz de sincerarse y decirle todo lo que le estaba pasando. Buscó en su chaqueta de piel un cigarro que había estado guardando, en ese momento lo necesitaba con urgencia.

Ella negó con su cabeza, lo alcanzó y lo pasó, observando con desaprobación como se llevaba a los labios el cigarrillo. Él rodó los ojos con fastidio y se lo quitó, recibiendo una pequeña sonrisa de Ginny en respuesta.

—Te importa y mucho, tanto como para venir aquí a esperarme.

—No lo entiendes —señaló, sintiendo que su enojo iba disminuyendo. Separó su vista de ella y la colocó en el camino, avanzó un paso cuando ella lo detuvo.

—¿Qué es lo que no entiendo?

Él exhaló largamente, el cigarro se movió entre los dedos de su mano como si se tratara de una moneda. Parecía que todo el valor había decidido fugarse de su cuerpo, esto era muy estúpido… él era Draco Malfoy.

Weasley respiró lentamente como si temiera que el momento fuera a irse. Le retumbaban los latidos de su corazón en su cabeza, tragó saliva y se dio valor por todo lo que sabía que él había hecho y demostrado, por lo que los demás le habían dicho… y le rogó a dios, no estar a punto de avergonzarse terriblemente y si fuera así, que la tierra se abriera y la tragara.

—¿Qué es lo que no entiendo?... Me gustas mucho… me has dado un susto de muerte —Sintió miedo apenas dejó escapar esas frases, pero cuando vio que él volteaba a verla con aquel gesto alarmado, que fue cambiando lentamente por uno de pillado y finalmente un furioso sonrojo se adueñó de él, logrando que carraspeara evidentemente incomodo— ¿Algo más? —inquirió ahora con mayor confianza, incluso se atrevió sonreír.

Draco se movió incapaz de quedarse quieto, ya no había marcha atrás, ella le había aligerado todo el proceso, sería el colmo que no pudiera dar el último golpe. Debía ir por todo, de eso dependía su futuro y la quería en él.

—Te estas olvidando de algo.

—¿Qué? —inquirió casi sin aliento, quedándose clavada en el piso.

—Me gustaría tenerte a mi lado todo el día.

Ginny se sintió llena de dicha en un instante. ¡Era real… era verdad! Sentía que podía volar en ese instante.

Draco estaba por decir algo, pero se percató de que ella no lo seguía, su cabeza se giró un poco para buscarla y ella estaba ahí, parada con una sonrisa inolvidable. Ginny avanzó, disfrutando de por fin ser correspondida, lo abrazó por detrás con ternura, dejando que su mejilla descansara en su espalda.

Él se puso rígido, antes de serenarse y entregarse a la nueva sensación que lo estaba invadiendo. Sus ojos se elevaron al cielo, esa noche no estaba nublado y podía ver brillar las estrellas.

No iba a ponerse sentimental, él definitivamente no era así.

Joder… la garganta se le atrofió.

«¡Maldición! ¿Por qué tiene que estar enferma?».

—¿No puedes dejar el trabajo? —Logró decir con la voz algo descompuesta.

Ginevra se separó sin tener muchas ganas de hacerlo. —No, estoy ahorrándolo.

Él se dio vuelta intrigado. —¿Para qué? ¿Para casarte? —le preguntó con cierta burla, tratando de cambiar el ambiente sentimental.

Ella apartó la mirada, aún tenía las mejillas rojas. Comenzó a andar, escondiendo sus manos en sus bolsillos, la seriedad cayó en ella como una capa. —Quiero comprar una casa —añadió con ilusión.

—Espera… ¿una casa? —inquirió incrédulo.

—Hay una casa con tantas ventanas, es muy bonita…

Malfoy enarcó su ceja, siguiéndola, escuchando la alegría en su voz al describir esa casa.

—Sería muy feliz, viviendo en un lugar así —concluyó con una cálida sonrisa.

—Deja de trabajar, yo puedo comprarte esa casa y hasta una mejor —aseguró arrogante, mientras sus labios se curvaban.

—¿No empezarás otra vez con lo de tu herencia, cierto? —repuso mirándolo de soslayo—. Además yo no quiero otra casa, yo estoy hablando de la casa en donde ahora vivo. Siempre lo soñé —añadió sin perder animosidad.

Él la vio fijamente con una mueca, era claro que no la entendía. —¿Por qué no dejas de trabajar y de soñar?

—Soñar no cuesta nada —murmuró con sus labios curvados—, deberías intentar hacerlo.

Draco no parecía nada interesado en hacerlo, su entrecejo formó una "v", al ver como el brillo en el rostro de Ginny iba desapareciendo.

—No puedo dejar de trabajar, el propietario de la tierra nos quiere echar.

—¿Quién demonios haría algo así? —inquirió molesto por la tristeza y preocupación que eso le causaba a Ginny, eso ningún bien le haría.

Ella movió su boca como si pensara responder, pero finalmente no lo hizo. Viró su rostro impidiendo que él siguiera leyéndola.

—¿Quién es? —repitió y esta vez su voz sonó más demándate.

—Tú.

La réplica lo tomó por sorpresa. —¿Q-qué? Yo no…

—La tierra era de tu abuelo, ahora está en manos de tus abogados y supongo que es parte de lo que heredaras —explicó desalentada, cuando el silencio creció, sus ojos volvieron a él, percatándose de su furia contenida.

—Resolveré esto.

—Draco…

—Lo haré —prometió estoico.

Ella le brindó una ligera sonrisa de agradecimiento. Él no quería sólo eso, quería verla sonreír de verdad, no se iba conformar con menos y haría todo por lograr que ella se sintiera feliz.

El celular de Ginny comenzó a sonar, una y otra vez.

—Tengo que irme.

—Te llevaré.

—No quiero ir al hospital —profirió suplicante.

Draco se debatió entre qué hacer, era obvio que ella no estaba completamente bien, pero no deseaba estar en el hospital.

—Por favor.

Ese pequeño suspiro fue lo que terminó de ayudarlo a decidir. Le dio la espalda y dejó caer una de sus rodillas al suelo, quedando así semi-hincado.

Ginny abrió sus ojos desmesuradamente.

—Sube —ordenó.

—Pero… yo puedo andar.

—Hazlo de una buena vez.

Mordió su labio, su sorpresa aún no se iba del todo. Su corazón se calentó con todo lo que sentía por él.

—Ginevra —llamó exasperado.

Ella con las piernas de gelatina se fue acercando a él, hasta que estuvo pegada a su espalda. Con duda enredó sus brazos alrededor de su cuello, lo que siguió fue que estaba rodeándolo con sus piernas, mientras él las sostenía en su lugar con sus brazos. Él se tambaleó ligeramente al incorporarse, pero se las arregló bastante bien para caminar.

—No tenías que hacerlo —mencionó apenada, cerca del oído de él, logrando que Draco cerrara un momento sus ojos ante el escalofrío que lo recorrió,

—No me distraigas con tonterías o te soltaré.

Ella sonrió sintiéndose en las nubes, recargó su mentón en su hombro. La loción masculina llenaba su nariz con cada respiro que daba, atontándola un poco más. Disfrutó del recorrido, él nunca se quejó, ni dejó ver su cansancio, se mantuvo firme con cada pisada hasta que el edificio estuvo frente a ellos.

Draco permitió que ella se deslizara, poniéndose sobre sus pies. Libre de su carga, estiró sus brazos, con la mirada fija en ella. Se veía tan encantadora con aquella expresión de culpa grabada en su cara.

—Creo que no podré ir mañana a la escuela, me has dejado incapacitado.

Ella de inmediato cambió su expresión, cruzándose de brazos. —No he sido yo, has sido tú testarudo.

Él sonrió de forma exquisita. —Sólo te estaba cumpliendo tu fantasía.

—¿Cuál fantasía? —refunfuñó colorada, haciendo un puchero.

—La de rodearme con tu cuerpo.

Ginny se echó hacia atrás completamente avergonzada por la connotación que él le estaba dando.

—Eres un idiota, pervertido.

La risa baja y profunda de Draco llegó a sus oídos, Ginny se encontró olvidando todo y se enamoró un poquito más de él. Realmente era muy atractivo y más cuando se permitía bajar sus muros.

—¿Soy lo mejor que has visto, no? —dijo divertido, complacido de encontrarla embelesada por él, metió la mano en su chamarra tomando una servilleta— Toma, creo que estás babeando un poco.

Ella parpadeó volviendo en sí, molestándose ante la actitud de galán de ciudad, le dio un manotazo a su mano y se giró hacia los escalones, dispuesta a entrar a su casa.

Draco volvió a reír y atrapó su mano cuando ella se encontraba en el primer escalón. —Aún no es tiempo de que te vayas.

Ginevra medio brava dio vuelto dispuesta a dejarle caer un par de cosas, pero eso no fue posible, pues su mente se quedó en blanco cuando él atrajo hacia sí, cerrando sus brazos a su alrededor, imprimiendo un poco de fuerza, pero no la suficiente como para lastimarla, sólo para retenerla.

—Nunca se te ocurra volver a hacer una estupidez como la de este día… ¿me oíste?

Ella sonrió torpemente, poco a poco dejó el pasmo de la impresión y su cuerpo se aflojó. Sintiéndose jubilosa fue respondiendo al abrazo, apretando sus manos temblorosas en la chamarra de él. Estando parada sobre el primer escalón, podía alcanzarlo mejor. Su frente se recargó en el hombro de él, eran demasiadas emociones para un solo día, sabía que eso era malo, pero nada le importaba más que seguir estando junto a él, rodeada de su calor.

Malfoy la sostuvo por largo rato, descubriendo cuán agradable era sentirla así. Si fuera por él…

«¿Qué diablos estoy pensando?».

Se regañó a sí mismo y haciendo acopió de fuerzas, se movió parcialmente, su nariz rozó el lado derecho de su cabeza, avanzando lentamente hasta dejar que sus frentes descansaran una sobre la otra, sus respiraciones se combinaron, mientras plata y celeste se abrazaban en una mirada cargada de emociones.

Ginny estaba sacudiéndose como una hoja al viento.

«Me va a besar.»

Y no podía esperar a que él lo hiciera, la sensación de expectación aumentó hasta el punto en que no sabía si soportaría seguir así.

—No vuelvas a dejarme.

Ella no tuvo tiempo para reaccionar y no fue precisamente porque él estuviera besándola como ella esperaba, sino por la aparición de su familia, que se había percatado de su presencia al asomarse por la ventana y ver unas figuras en la entrada.

—¡Ginny! ¡Santo cielo, que bueno que estás bien! —manifestó Andrómeda— ¿Dónde te metiste?

La pelirroja fue apartada de Draco, apenas y pudo darle una última mirada antes de que la arrastraran al interior del orfanato.

Él se encogió desencantado, apenas había tenido un rato con ella después de tanto ajetreo y venía su familia a arrebatársela de esa forma, ni si quiera lo habían dejado…

—Gracias por traerla —declaró Billy.

Malfoy se compuso y asintió hacia él. Dio vuelta y comenzó a alejarse por el sendero. William estuvo tentado a invitarlo a pasar, pero finalmente se abstuvo de hacerlo, Ginny necesitaba descansar, quiso sentirse mal por interrumpirlos, pero lo cierto es que no podía, era después de todo su hermanita.

*º*º*º

Blaise estaba en la sala viendo la televisión mientras esperaba a Draco. Había buscado en la alacena encontrando una botella de whisky, había servido dos, uno para él y otro para su amigo.

Una sonrisa creció en sus labios. —Es un maldito…

Hasta en eso tenía suerte, tal vez no había obtenido su dinero cuando lo deseaba, pero lo haría tarde y temprano, lo mejor era que había encontrado con quién compartirlo, porque dudaba que Draco fuera a dejarla ir, por lo que había visto estaba completamente perdido por ella.

En realidad no debía ser una sorpresa, después de todo Draco ya había dado unos indicios de estar interesado en ella, aunque aún había cosas qué no entendía, ¿cómo por qué rayos había dicho que ella era una zorra? Su amigo tenía que explicar.

Era tan extraño, jamás hubiese imaginado que Draco se podría enamorar de una chica de pueblo, bueno ni siquiera lo concebía enamorado.

—¿Qué diablos haces aquí? —murmuró entre dientes, mientras aventaba su chamarra al sillón.

—Relájate, toma el trago para que podamos hablar.

—¿Quién te dijo que quería hablar contigo? ¡Fuera!

Zabinni se incorporó carcajeándose. —En serio estas molesto conmigo ¿no? Te carcomen los celos, Malfoy.

—Imbécil, lárgate antes de que olvide que nos conocemos.

—¿En verdad crees qué puedo tenerte miedo?

Draco se acercó a él, apuñalándolo con la mirada. —No querrás venir a averiguarlo.

—Sigues tan amargado como antes, quieres bajar tu humor de mil demonios… —Dejó su trago, no quería que sufriera un accidente—. Draco corta el rollo, tienes mucho que decirme y creo que quieres escuchar algunas cosas de mí.

Malfoy estrechó sus ojos rencoroso. Blaise se soltó a reír, en serio que no se aguantaba. ¡Draco celoso de él!

—Eres un estúpido afortunado… —Lo abrazó, logrando desconcertar completamente a su amigo.

—¡Suéltame negro, no estoy para tus homosexualidades! —exclamó irritado, empujándolo.

—Espera que Theo lo sepa… pobre Pansy jamás lo superara —mencionó jubiloso, tomó el trago de su amigo y se lo dio, mientras él tomaba el suyo.

—¡Estás como cabra! ¿Cuánto bebiste? —indagó, mirándolo con sospecha.

—No lo suficiente, pero no te preocupes…

Malfoy se dio por vencido, no se desharía de Blaise, ni siquiera intentando sacarlo a golpes. Se dejó caer en el sillón, después de todo si quería escuchar lo que tenía que decir. Ginevra no le había dicho nada sobre lo qué había estado haciendo en Londres y vaya que él tenía muchas preguntas, siempre era lo mismo con ella, tenía tantos secretos y misterios.

*º*º*º

Malfoy se fue a la cama medio borracho y con Ginny muy presente en su cabeza. Blaise tampoco sabía qué era lo que ella había estado haciendo allá y él no podía parar de pensar en eso, necesitaba saberlo y comprender también qué había estado haciendo aquella noche en su hotel.

*º*º*º

La voy a perder.

¿Qué? ¿De qué hablas? —inquirió sin comprender.

Se está muriendo.

Blaise se quedó callado sintiendo como las palabras lo golpeaban y todo comenzó a tener sentido en su cabeza.

Tiene que haber algo…

Al parecer no lo hay —confesó sacudiéndose, buscando controlarse, pero no podía, era demasiado—. He buscado otras opiniones pero… no.

Zabinni aún estaba tratando de asimilarlo, la cara sonriente de Ginny apareció en su mente. —¿C-cuánto…?

No sé… poco —Su voz estaba rota, tan rota como él.

Joder —soltó, incapaz de encontrar palabras para decir y creía que Draco era suertudo, era claro que se había equivocado. No deseaba estar en sus zapatos y sin embargo compartía su pena, ¿cómo no hacerlo? Eran como hermanos.

*º*º*º

Se levantó de la cama, incapaz de dormir. Abrió la ventana y se quedó parado frente a ella, recibiendo el frío de la noche.

Y mientras su cuerpo se entumía, sus pensamientos se aclaraban.

Ahora sabía que era lo que tenía que hacer.

*º*º*º

Ginny fue obligada a estar otro par de días en cama, por orden de Amos, pero lo que ella en realidad quería hacer era volver a su rutina y sobretodo ver a Draco. Por supuesto que no iba a acatar sus indicaciones al pie de la letra, se sentía bien y tenía muchas cosas pendientes por hacer.

—Te lo dije.

—Oh calla —murmuró tapándose el rostro con un cojín.

Neville rió al verla. —Estás feliz —reconoció, ella lucía radiante, como si no estuviera enferma, si veías el brillo en sus ojos y su sonrisa, apenas notabas lo demás.

—Quiero hacer algo.

—¿Qué? —inquirió curioso.

—Tú sabes que no me queda mucho y quiero pasar el mayor tiempo posible con él, vivir a su lado.

Nev levantó su ceja, confuso.

—No pongas esa cara, esperaré un poco… hablaré con mis padres y mis hermanos.

—Ginny no creo que…

—¿Es una locura?

—Creo que estás apresurando las cosas.

Ella cerró los ojos y se abrazó, de sus labios escapó un largo suspiro. —¿Apresurar?

—Deberías primero decirle lo que en verdad te está ocurriendo.

—¿Crees qué no lo sepa ya?

Él se encogió de hombros. —Es mejor que hables con él.

—¿Crees qué se niegue?

—No lo sé —repuso acostándose a su lado en la cama.

—¿Me extrañarás cuando suceda? —inquirió en un tono bajo. No se refería a mudarse, sino a su muerte.

Neville buscó su mano, uniéndola con la suya. No quería siquiera pensar en su muerte y cómo sería no verla más, no poder hablar con ella...

—No pienses en eso.

—A veces no puedo evitar hacerlo.

—¿Me contaras que pasó con ese citadino? —preguntó cambiando el tema, por uno menos escabroso y doloroso.

—Él me ayudó… fue por mí, yo fui a ver a tía Muriel —explicó titubeante, ayer había tenido que contarle a su familia lo que había hecho, después de todo tarde o temprano se enterarían.

—Lo supuse, no al principio, pero luego me di cuenta que podías haber ido ahí —contestó cauteloso, era un tema delicado y no quería que ella volviera a ponerse triste.

—Ella ya no será una mortificación para mí.

—Ginny…

—Es verdad.

Neville se giró hacia ella, encontrando su mirada azul. —Esta bien si te sigue importando.

Ella esbozó una media sonrisa. —¿Crees qué Draco venga a verme?

—Fue a la escuela, pero después no asistió al ensayo.

—Mmmm…

—Sólo espero que no llegue ahora o estaría en problemas —añadió para animarla y resultó, ella soltó una risita.

—Puedes apostarlo, es un celoso.

Se quedaron en un silencio agradable, por varios minutos. Ella siempre había encontrado reconfortante la presencia de su amigo.

—Te extrañe.

—Y yo a ti.

—Odio que no me permitan las visitas en St. Mungo, creo que es algo drástico.

—Es por tu bien.

—Me haría bien ver a todos mis amigos.

—Ahora puedes hacerlo, más tarde vendrán Luna y Hermione, y los demás.

—Dios… mi agenda es apretada —bromeó.

—No tienes idea, cuando llegue, Dromeda regañó a los niños por querer venir a verte.

—Debió dejarlos pasar.

—Sabes que después no podría sacarlos, estaban muy preocupados por ti.

—Pero ya estoy bien, los iré a ver más tarde. Debemos comenzar a ensayar con ellos su parte de la obra —pensó, recordando la obra.

—Ya hemos estado haciendo eso —confesó.

—¿No me esperaron? —Sus palabras la habían tomado desprevenida

—Queríamos que fuera una sorpresa para ti, así que finge que te sorprendes.

—¿Quieres qué haga esta cara? —Mostró su mueca de asombro.

Neville no pudo evitar reír. —Sigue practicando

Su risa suave lleno el cuarto, como una dulce balada.

La tarde se le fue en compañía de Nev y el resto de sus amigos.

*º*º*º

Draco estaba en Londres, en el edificio de Malfoy Enterprise, donde sabía encontraría a Snape, había llegado el momento de aclarar varias cosas. Se abrió paso por el lugar como el dueño que era y no iba a permitir que nadie lo detuviera.

—¿Está Severus?

—Sí —balbuceó la sorprendida secretaria.

Él no dijo más, se dirigió a la oficina como una ventisca. Abrió la puerta de golpe y entró quedando de frente al escritorio donde estaba Snape, revisando unos documentos.

—¡¿Eres un abogado o un estafador?!

Si Snape se sorprendió no lo mostró, se puso de pie con calma abrochando su saco oscuro. —¿Qué estás haciendo aquí?

—El orfanato Wool´s, es propiedad de mi abuelo —aclaró colérico—. Tú… les dijiste que se fueran.

Snape enarcó su ceja, así que su ahijado había descubierto ese lugar y eso quería decir que sabía la verdad. —Tu abuelo está muerto, así que hice lo correcto para las finanzas.

—¡Hijo de…! —Se inclinó sobre el escrito para alcanzarlo, cerrando sus puños alrededor de sus solapas.

—Están ocupando la tierra ilegalmente y nunca pagaron el alquiler mientras tu abuelo vivía.

—Eso a mí no me importa —escupió soltándolo—. Será mi propiedad en unos meses y te ordenó que los dejes en paz.

—¿Quién sabe lo que pasara en unos meses? Tú aún no estás graduado y tus calificaciones no son lo que tu abuelo estipulo, por lo cual nada es tuyo aún.

Draco tembló de rabia.

—Pero si tanto te interesa ese lugar, hay una solución y la conoces.

—¿Qué? —gruñó despistado.

—Renuncia a tu herencia —respondió con simpleza, sentándose de nuevo en su silla.

—¿Qué? —soltó incrédulo— ¿Cómo puedes estar haciéndome esto? Te volviste un maldito estafador, has estado tras mi herencia todos estos años… —Sus palabras estaban cargadas de desprecio.

—Sí lo haces, recibieras el 0.1% de tu herencia depositado en tus tarjetas. Mucha gente se alegrara de quitarte del camino.

—Tú eres la principal ¿no?, ese siempre fue tu plan… mierda.

—Lo que quieras hacer con ese dinero es tu decisión, puedes comprar el terreno del orfanato si así lo deseas y si eso es lo que quieres puedo ayudarte con los trámites.

Draco estaba congelado, desconocía a ese hombre.

Estaba frente a un momento decisivo en su vida, debía elegir entre su herencia o su deseo de ayudar a Ginny.

*º*º*º

Ya era de noche y ella no había tenido noticias de Draco, tenía su celular en la mano, por si él llamaba, pero cansada de esperar marcó su número, sintiendo como su corazón se iba acelerando por los nervios.

Pasaron todos los tonos, hasta que entró su buzón.

Oficialmente estaba preocupada.

«Tal vez se arrepintió.»

Y con ese pensamiento comenzó una fuga de ánimo por su cuerpo, llenándose en su lugar con tristeza.

Su celular emitió un pequeño sonido y ella lo alzó con desganó frente a su cara, se trataba de un mensaje y era de… ¡Draco!

Se sentó de golpe y presionó la pantalla con desesperación.

Asómate por tu ventana.

Turbada, releyó el mensaje una y otra vez.

«¡No puede ser!».

¡Él estaba ahí!

Se levantó como rayo y se llevó consigo —hasta el alfeizar— su pie con ruedas de donde colgaba el suero, que le estaban administrando.

Corrió las cortinas y quitó el seguro con prisa, la ventana rechinó al ser abierta. Él frío la hizo estremecerse, pero eso no le importó. Se apoyó sobre sus manos y se inclinó hacia el patio buscando entre la espesura de la noche a Draco.

Sus cejas se crisparon al no verlo cerca. ¿Acaso había sido una broma?

Una risa lenta se escuchó y ella siguió el sonido, encontrándolo recargado contra el muro en una posición relajada.

—¿Desesperada por encontrarme?

—Ashh… —siseó, retirándose un mechón rojo de su cara que había decidido escapar de su trenza. Lo observó fijamente, algo había pasado, podía notarlo… él no tenía buena pinta, parecía agobiado como si estuviera cargando el mundo sobre sus hombros y eso para nada era común en él—. Oye ¿estás bien?

Él arqueó una ceja hacia ella, notando como en su cara pecosa estaba impregnada la preocupación. La esquina de sus labios se alzó con gracia. —¿No debería ser yo quién preguntara eso?

Ella movió su cabeza negando y le sonrió. —Yo también puedo preguntarlo si intuyo que algo te sucede.

Él dio un respiro hondo. —A mi nada me sucede, yo siempre estoy bien.

Ginny resopló y lo atacó con su mirada. —Mentira, justo ahora no estás bien.

—Estás sufriendo alucinaciones, deberías volver a la cama —dijo rehaciendo su posición—. Es mejor que me vaya.

—No espera, no te vayas, quédate por favor —balbuceó apurada.

—Weasley, ¿quieres que tome eso como una invitación a quedarme contigo?

Ella abrió su boca pero no pudo emitir sonido alguno, estaba completamente colorada por su insinuación. Él volvió a reír con la satisfacción de haberla avergonzado.

—¿Qué es lo que te estás imaginando? —Caminó hasta ella quedándose a un suspiro de su rostro.

—Eres un tonto —recitó con los labios apretados, pero no apartó su mirada, ni tampoco se alejó, al contrario lo deseaba más cerca. Él podía quitarle el aliento tan fácil, era demasiado… estaba condenada.

—Sí me dices lo que estabas imaginando, puede que te lo cumpla —susurró sobre sus labios.

«Sólo un poco más.»

Sentía que iba a morir si él no la besaba ¡ya!

Respiró suavemente temiendo espantar el momento, cuando el inconfundible aroma a cigarro la inundó, echó su cara hacia atrás para taladrarlo con su mirada.

—Estuviste fumando, ¡apestas!

Malfoy maldijo para sus adentros, por qué demonios tenía que quejarse cuando estaba a nada de besarla o hacer que suplicara que él lo hiciera.

—Deberías dejar ese horrendo vicio —regañó con las manos en su cintura.

Él se resignó a que no pasara nada más, ella estaba poniéndose muy molesta. —Necesitaba hacerlo.

—¿Qué? ¡Necesitas el aire, el agua para vivir… pero definitivamente no el cigarro!

—Ginny cariño… ¿con quién estás hablando? —La voz de Andrómeda sonó amortiguada a través de la puerta.

Esa era su señal para irse, sacó de su chamarra algo que había comprado para ella. —¡Fierecilla, atrapa esto!

Ginevra apenas alcanzó a separar sus ojos de la entrada para ver el objeto en el aire, siempre había sido buena atrapando la pelota, así que no le costó demasiado cogerlo. Descubriendo que se trataba de caja de chocolates Godiva, de sus preferidos, pero sólo pocas veces los había comido pues eran demasiado caros.

Levantó sus pupilas asombrada, lo vio alejándose, perdiéndose en la oscuridad. Regresó a la ventana con prisa con las palabras en la punta de sus labios que pugnaban por salir desde lo profundo de su alma.

—Ginny, Ginny… —llamó Andrómeda, que al no recibir respuesta había decidido entrar, topándose con esa escena.

—¿Qué haces ahí? Cojeras un resfriado —dijo y se dirigió a la ventana para cerrarla. Ginevra escondió los chocolates detrás de ella.

—Sólo quería un poco de aire, comienzo a sentirme prisionera.

—Ginny, es por tu bien… y si estás pensando en escaparte, quiero recordarte que Moody estará dando vueltas con su patrulla por aquí.

—No estaba pensando en escaparme… en serio —añadió sincera, ante la mirada de su madre sustituta.

—Vuelve a la cama jovencita —apuró.

*º*º*º

Draco estaba esperando en la entrada del colegio a que apareciera Ginny, pero su mente aún seguía enganchada al encuentro que había sostenido con Snape. No sólo habían hablado del orfanato, ni de la herencia… estaba también la parte que él le había ocultado de su familia.

Snape no le había dado grandes explicaciones, de hecho apenas y había pronunciado palabra. Estaba claro que no le sacaría nada más al respecto y eso lo dejaba en donde había estado desde que se había enterado.

Si Abraxas estuviese vivo, podrían arreglar las cosas como se debe, pero no era el caso.

Se enderezó al ver a Ginny en camino, estaba con su energúmeno hermano y Bombotton.

—¿Por qué ese está mirándonos? —graznó Ron, lanzándole una fea mirada.

Ginny sintió su cara arder, era una pregunta muy obvia, los tres sabían bien porque él estaba ahí. Se daba cuenta que quererlo muy probablemente terminaría matándola, eran demasiados altibajos. —Los veré adentro —avisó antes de adelantarse con paso casi saltarín hacia Draco.

Malfoy sonrió casi por instinto. Ella parecía una odiosa duendecilla navideña caminando así hacia él.

—Estoy aquí, ya podemos entrar.

—¿Quién dijo que te estaba esperando a ti?

Ella le lanzó una mirada enfurruñada y golpeó su hombro. —Tonto.

Él colocó una sonrisa ladeada. —Esta bien, te acompañare no tienes que ser tan violenta.

Volvió a golpear su hombro, haciendo un puchero.

—Esta mañana no estás de humor ¿no? —mencionó riendo—. Vamos, antes de que me arrepienta —Le quitó su bolso del hombro para sorpresa de Ginny, cargándolo él—. Cierra la boca, sé que nunca te han tratado así pero no lo hagas tan evidente, tendrás que acostumbrarte —agregó con mofa, antes de pasarle el brazo por los hombros y obligarla a andar.

Ginny caminaba por inercia, sentía los latidos de su corazón retumbando por todo su cuerpo y eso apenas le permitía poner atención en las miradas que todos les dirigían.

*º*º*º

Las clases habían sido extrañas, Draco no se había sentado a su lado, pero podía sentir su mirada platinada pendiente de ella. Sus amigas no habían parado de acosarla con preguntas y papelitos en clase, aunque Hermione había terminado con los recados, diciéndoles que la distraían y que eso era un comportamiento impropio e irrespetuoso para sus profesores.

A la hora del receso, Draco se adelantó y la tomó de la mano llevándosela, antes que siquiera pensara en pasar el tiempo con alguno de esos.

—Oye iba a comer con Luna y los demás.

Draco no respondió, no tenía necesidad de hacerlo.

Llegaron a los terrenos, ahora que la nieve se había ido, todo comenzaba a tomar nuevamente color.

—Espera aquí —dijo al estar contento con el lugar que había elegido.

—Pero… —calló, al ver que él se alejaba, exhaló con cierta molesta.

¡Vaya mandón!

Se sentó para esperar a ver que tenía entre manos, el estómago le rugió.

Pfff tenía hambre, él debería haber dejado que al menos fueran a comprar su almuerzo al Gran comedor. Malfoy volvió minutos después, sentándose detrás de ella, dejando que sus espaldas se tocaran.

—¿Qué…? —Una bolsa de papel apareció al lado de su cabeza sostenida por la mano de él. De inmediato supo que se trataba de su almuerzo, la tomó conmovida por su gesto, sonriendo ante esa faceta de él que estaba descubriendo y que le gustaba mucho. No creía que Draco hubiera ido hasta la cafetería o aún no estaría de vuelta pero se las había arreglado para conseguirlo— ¿Tú?

—Come, yo tengo el mío.

—Gracias. ¡Buen provecho! —dijo desenvolviendo el emparedado.

Draco fue embargado por una sensación cálida, no podía creer que apenas esas palabras le trajeran alegría. Nunca había sido tan considerado con una chica, pero con ella lo era y se sentía bien serlo.

Antes hubiese creído que esas actitudes eran de un idiota que se doblegaba ante sus emociones, pero ahora ya no estaba seguro de eso.

Sentir lo que sentía por ella era lo mejor que le había pasado y estaba cerca de ser lo peor, porque iba a perderla.

Mordió su manzana verde, mirando al cielo entre las ramas de los árboles.

—Draco.

—Hmmmm.

—Tengo que hablar contigo —dijo vacilante, tenía la mitad de su sandwich, sostenido entre sus dedos.

—Come.

—No, es en serio —añadió y él de inmediato capto en su timbre de voz que en verdad lo era.

—Di lo que tengas que decir.

La sintió respirar varias veces, era como si no encontrara las palabras o tal vez era valor lo que estaba buscando.

—Sabes que estoy enferma… —Cerró sus ojos apretándolos con fuerza, deseaba decir todo de una buena vez pero parecía que las palabras no querían cooperar se quedaban atascadas en su garganta. Tal vez era el miedo a perderlo manifestándose, pero debía ser sincera como Nev había dicho— sé que sabes lo que tengo pero es más que anemia y… yo bueno, no voy a vivir mucho tiempo… sé cómo suena y sé que tal vez te estoy asustando con todo esto, pero yo quiero, quiero seguir contigo, aprovechar lo que me queda de vida a tu lado… viviendo contigo.

Una corazonada, dos, tres… perdió la cuenta.

El silencio se volvió insoportable para ella, dios, quería que el calamar —que decían que vivía en el lago— sacara uno de sus tentáculos y la arrastrara hasta el fondo.

Ginny enterró sus dedos en su emparedado, sus ojos cosquilleaban llenos de agua. Sacudió su cabeza buscando calmarse, tenía que recordar que lo que acaba de decirle, no era fácil de asimilar debía permitirle un momento. Sí, su cabeza lo entendía pero toda ella estaba sufriendo de ansiedad, de miedo que podría llevarla a la muerte, necesitaba… necesitaba que él le diera una certeza de que aún estaba con ella en este viaje.

Draco escuchó todo en calma, aunque su monologo hubiese causado una tempestad en él. Su mente era veloz, claro que había entendido lo que ella quería y la petición oculta en sus palabras, pero no era una decisión que él se hubiese imaginado tomando tan pronto. No era algo sencillo, nada de lo que estaba viviendo era común y la gente cercana a él, tampoco había pasado por algo así, así que estaba a ciegas en todo ese asunto, guiándose apenas por lo que había descubierto que sentía, a lo cual tampoco estaba familiarizado.

En teoría debía ser un desastre, pero esperaba que el facto estuviese haciéndolo bien, bien no para el mundo, no quería su aprobación, sino bien para ella y para él.

—Tonta.

Ginny se giró buscando comprender el insulto, mientras sus cejas unidas mostraban una profunda "v".

—Olvidaste lo que dije —señaló y su expresión se suavizó— "me gustaría tenerte a mi lado todo el día".

Ella se desinfló como un globo, no sabía que había estado reteniendo su respiración. Su alivió fue evidente, todas sus miedos se disiparon, dejándola en paz para poder deshacerse en felicidad. No había tomado aquella confesión como una certeza y mucho menos literal.

Ahora parecía una cereza por lo roja que estaba, que bueno que él estuviera de espaldas. Se volvió a acomodar, ahora si dispuesta a comer, pensando en sus planes, no podía esperar para pasar el resto de sus días con él.

Y agradeció encarecidamente el poder cumplir su deseo.

*º*º*º

Draco había estado más serio de lo común en las clases, perdido en sus pensamientos y no era para menos.

Ginny lo miró de vez en vez, preocupada. Probablemente él se estaba viendo presionado por lo que ella le había contado. No debería haber sido tan impulsiva y menos con él.

A la hora de la salida, mientras caminaban uno al lado del otro. Ginevra alzó su cara, dispuesta a echar atrás sus planes. —Draco…

—No iré al ensayo.

Ella olvidó sus intenciones al escuchar eso. —¿Qué? ¿Por qué? ¿Irás a nadar?

—No, tengo que ir al banco.

—Ah…

—Si voy al ensayo no lo encontraré abierto más tarde.

No quiso ahondar más en el tema, aunque tuviese curiosidad, pero era mejor no preguntar nada acerca de eso por ahora, él era demasiado volátil cuando se trataba de su herencia y su dinero.

—No vayas a trabajar a la gasolinera.

—Aún no he hablado con mi jefe, debo hacerlo antes de presentarme a trabajar.

—No quiero que vuelvas ahí.

—Draco…

—Te dije que me encargaría del asunto del orfanato.

Weasley dejó caer sus hombros, era inútil hablar con él de eso, era claro que estaban en puntos extremos, pero al final era su decisión y tendría que respetarla.

Draco se detuvo y se giró hacia ella. —Si te sientes cansada es mejor que le hables a tu padre para que venga por ti, no intentes caminar.

—Estaré bien, me necesitan en los ensayos, me he ausentado ya lo suficiente.

—Demonios… ¿quieres pensar más en ti y no en los demás? —interpeló enojado, sabía que era su naturaleza ser así, era tan buena y él era todo lo contrario, pero no quería que volviera a parar al hospital por esforzarse tanto. Soltó un bufido y se acercó a ella de forma extrañamente rígida, pasándole los brazos por los hombros, acercándola a su cuerpo de forma posesiva—. No soportaría que te ocurriera algo.

Ginny dejó escapar un suspiro y se sintió estremecerse entre sus brazos. Escondió su cara en su torso respirando el aroma de su loción. Sus manos se cerraron en los costados de él, sujetándose, conmovida hasta los huesos, podía imaginarse cuánto le estaba costando a él, demostrar lo que sentía.

—No me pasará nada —prometió.

Se separaron después de unos minutos. Draco dejó que sus labios cepillaran la sien de ella, pero fue un toque tan sutil que ella no supo si en verdad sucedió.

*º*º*º

Draco no había sido muy sincero con sus planes. Sí había ido a Gringotts, pero ese era apenas su primer destino, ahora estaba en St. Mungo.

—¿Qué es lo que haces aquí? —inquirió Amos, enarcando su ceja con interrogación, mientras acomodaba sus lentes.

—Deme las medicinas de Ginevra. La tendré a mi lado, yo voy a cuidar de ella a partir de ahora —profirió con seguridad.

El hombre esbozó un gesto de censura. —Eso no es posible.

—No le he preguntado, si es o no posible —dejó claro, tomó del bolsillo de su saco un fajo de billetes—. Aquí está el dinero.

—Pero ella no…

—Lo sé —interrumpió, no necesitaba escucharlo de nuevo—. La felicidad o la tristeza pueden matarla. Puede morir en cualquier momento y es justo por eso que lo hago.

Amos rechazó el dinero, su mirada se volvió severa. —¿Por qué no lo entiendes? Tú eres el peligro para ella. No puedes hacer esto tan sólo para ser feliz tú.

—No es sólo por mí —replicó frunciendo su frente, era probablemente la acción menos egoísta de su vida—. ¿Qué feliz podría ser yo con una chica que se está muriendo?

—Entonces, ¿qué es lo que…?

—Incluso si yo no estoy, ella morirá.

—Pero al estar contigo…

—No estoy pidiendo su aprobación —exclamó dejando en evidencia su posición—. ¿Qué pasa si ella se muere cuando yo no esté ahí? No lo entiende… voy a estar con ella. Deme su medicina.

—No puedo, no puedo estar de acuerdo en que ella pase por eso.

—Es nuestra decisión.

—Ella no está en posición de tomar decisiones, ¿acaso quieres que muera aún más pronto? Una pelea, una ruptura, una cita con muchas emociones, el simple hecho de estar con ella en una situación intima…

Cedric que iba en busca de su padre para comentarle un caso, se quedó tras de la puerta al escuchar con quién estaba hablando y antes de que pudiera intervenir para dar su opinión, Draco salió del despacho precipitadamente, sin detenerse a mirar atrás con un fajo de dinero apretado en su mano.

*º*º*º

Ginny había citado a su familia para anunciarles su decisión, quería que todos estuvieran para no tener que repetirlo, además que estando sus padres adoptivos sus hermanos se controlarían un poco.

—¿Qué es lo que quieres decirnos? —preguntó Percy, a su lado estaba su nueva novia Audrey, una chica linda que ella no entendía que podía verle a su hermano con lo pesado que a veces o la mayoría del tiempo era.

Ella al final de la mesa, mirando todas las caras, llenó sus pulmones de oxígeno, el cosquilleo de los nervios aumentó conforme se volvía más real lo que estaba a punto de hacer.

—¿Te peleaste con el mald- con Malfoy? —Ron compuso su pregunta al sentir el peso de la mirada de Andrómeda, advirtiéndole.

—¿Es eso pequeña? —indagó Ted con una sonrisa, tratando de infundirle valor para que hablara.

—No, es justo lo contrario —contestó sin poder disimular más lo contenta que estaba—. Estoy muy feliz.

El silenció llenó la mesa, todos podían darse cuenta de eso ahora. Esa sonrisa cargada de dicha, la luz de sus ojos y el rubor en sus mejillas.

—Estoy tan feliz, que creo que iré al infierno —confesó con los ojos aguados.

—¿De qué estás hablando?

—Sé que creen que él terminara haciéndome daño, pero yo voy a ser la que se lo haré y aun sabiéndolo, le echo de menos, quiero estar con él, tocar sus manos, sentirlo… estar con él —agregó cerrando los ojos para poder verlo en su cabeza.

—Pero ¿qué…?

Billy tuvo que pisar a Ron por debajo de la mesa para que no la interrumpiera. Aunque realmente Ronald sólo iba a expresar lo que muchos de los que estaban ahí, tenían en la mente.

—Sé que lo que me hace feliz ahora, lo hará sufrir a él más tarde —explicó consciente, su voz se volvió más baja y su semblante se entristeció—, pero no puedo, ni quiero hacer nada para evitarlo. Definitivamente iré al infierno.

La habitación quedó en silencio, Ginevra se pasó los dedos por las mejillas húmedas.

—¿Está dios ciego? ¿No tiene consciencia? —dijo Ted, sus palabras rotas lograron tocar los corazones de todos.

—Papá… —Ginny se levantó y fue a abrazar al hombre, con todo el cariño que había ido desarrollando por él con el paso de los años, podían no llevar la misma sangre pero era su padre, aquel que velaba por ella, que la arropa, mimaba y hacía reír. Había aprendido grandes lecciones de ese hombre, amaba a su padre verdadero Arthur, pero Ted se había ganado su lugar.

—No tengas miedo de ser feliz, nadie aquí te juzgara por querer serlo.

Ella sollozó afectada y en la seguridad del abrazo del hombre anunció: —Voy a mudarme con él, espero puedan comprenderlo… yo no voy a tener más tiempo para hacerlo, no puedo esperar años a ser mayor, yo sólo tengo el ahora y el aquí.

Los improperios que rezaron algunos de sus hermanos, apenas dejaban ver lo que ellos estaban pensando.

—¡¿Te volviste loca?! —espetó Ron, levantándose impulsado por impresión de la noticia.

—¡Es una equivocación!

Billy sintió el apretón en su mano que sostenía su esposa Fleur, ella encontraba aquella idea muy romántica y entendía a su cuñada, podían no haberse llevado bien al inicio, pero ahora todo era distinto, habían llegado a punto medio en que su relación se había vuelto una de cariño fraternal.

—Apóyala —murmuró el consejo al oído de su esposo.

William se pasó una mano por su cara, no había esperado que aquello pasara y menos tan repentinamente, pero ¿cómo podía impedirle que lo hiciera?, se trataba de su felicidad y él sabía que ese niño mimado la quería en serio.

—Él te está llevando consigo, estoy segura que lo entiende —manifestó Dromeda, colocándose al lado de ellos, sobando la espalda de su hija adoptiva.

—¡No pueden estar hablando en serio! ¡No deben dejarla ir con ese!

—Ron cálmate —profirió Charlie con su tono grueso y de mando, posando su fuerte mano en su hombro.

—Creo que nos ha saltado, hermano —musitó Fred con complicidad para su gemelo.

—Ya sabes lo que dicen "Chivo saltado, chivo quedado".

—Él más preocupado debe ser Don perfecto —indicó divertido, ambos pares de ojos se dirigieron hasta Percy.

—Idiotas, ¿no pueden ver lo serio que es esto? —farfulló su hermano.

—Contrario a ti, lo comprendemos.

—Ginny quiere alas para volar, ¿por qué no dejar que lo haga?

—¡Están drogados!

—Por favor, acepten mi decisión —suplicó con sus ojos grandes de cordero.

—Ese tipo debería estar aquí para hablar con nosotros, no sólo tu Ginny —externo Charlie, cruzándose de brazos.

—Estoy de acuerdo con él —opinó Billy, a pesar del pellizco que le dio Fleur.

—¡Es un cobarde!

—No le dije que iba a hablar con ustedes, no pensaba traerlo sin antes ponerlos al tanto. Los quiero son lo más importante para mí… pero él también lo es.

—Apenas lo conoces —interpeló Ronald con aquel tono arrebatado y feroz.

—No es cierto… —No pudo seguir hablando, un mareo se lo impidió junto con un pequeño dolor en el pecho que la hizo doblarse contra sí.

—Esta conversación se termina por esta noche —declaró Ted, ayudando a Ginny a ir a su habitación, para poder tomar su medicina. Dejando tras de sí un mar de opiniones contrarias.

*º*º*º

Neville bajó la maleta desgastada del coche, cerró la cajuela y miró hacia la antigua casa de Malfoy.

—¿Estás segura que no quieres que te acompañe?

—No, estoy bien —manifestó con una sonrisa, en su cara aún había rastros de pequeñas lágrimas, sólo se mudaba pero para su madre parecía que se iba al otro lado del mundo y le había dicho un discurso que en serio la había dejado sensible—. Es un día hermoso, ¿no crees? —comentó dando un giro, observando el cielo con el sol en alto.

—Lo es —respondió al regresar su mirada a ella. Ginny se encontraba usando un vestido sencillo blanco con un suéter azul, se le veía hermosa. No cabía duda que el amor era una fuerza poderosa, ojala también fuese capaz de devolverle la salud.

—Gracias por estar conmigo. —Le dio un abrazo, antes de separarse y tomar la manija de su maleta para recorrer el caminillo hasta la casa.

—Si necesitas algo…

—Te llamaré de cualquier forma —dijo ella sin detenerse.

Nev la vio alejarse con un suspiro, sonrió para sí y volvió a su auto.

Ginny dejó su maleta en la entrada, anduvo por toda la casa buscando a Draco, pero él no estaba. Lo esperaría en el jardín para darle la sorpresa.

Era cierto que no había sabido de él desde el viernes, pero bueno, tampoco quería estar sobre él. Seguramente se había encontrado haciendo sus cosas, después de todo había dejado su vida de lado por estar con ella en el hospital, seguro que tenía asuntos de los cuales encargarse.

Se puso a cantar animada por la alegría que sentía, ya podía ver a los dos siendo felices en ese lugar.

*º*º*º

Draco estaba descorazonado, el medico había sido muy claro, simplemente no podía estar con ella o terminaría matándola. Lo peor es que no había sido capaz de decírselo, no podía hacerlo, dejaría que ella lo entendiera con el tiempo.

Esos días había ido a dónde menos pensó ir, pero le había ayudado a sacar toda su rabia y enojo.

*º*º*º

Así que viniste después de todo —mencionó Sirius con una sonrisa torcida, al verlo parado en su entrada, siendo las seis de la mañana.

No vengo por una charla y té.

Lo supuse —Se hizo a un lado, dejándolo entrar a la vieja casa de los Black. No necesito decirle que lo siguiera, Draco lo hizo, adaptándose a su paso. Atravesaron el lugar hasta que llegaron al sótano, dónde se encontraba montado un mini-gimnasio y el ring, elevado un metro del suelo—. Los guantes están por allá.

Malfoy no era ningún novato en eso, siendo asiduo a las peleas, sabía qué hacer. Se sentó en la banca preparándose.

Sirius no le dijo nada más, aunque claro por el ánimo con el que había llegado, tenía claro que algo había sucedido y algo no muy bueno. No pensaba cuestionarlo, no por ahora, pero ya hablarían.

*º*º*º

Después de ir ahí, gastar sus fuerzas y perder de forma total los combates contra su tío —cosa que no lo enorgullecía de ninguna manera, pero le echaba la culpa a su falta de concentración—, había ido a correr y finalmente ahora se encontraba llegando a su casa. Tomaría una larga ducha y después comería e intentaría dormir.

Sonaba a un buen plan hasta que la vio ahí en su jardín, el corazón se le estrujo.

Una sonrisa limpia y sincera apareció en la cara de Ginny nada más al verlo. No lo pensó fue hasta él y le echó los brazos encima.

—Hola, te estaba esperando —Se apartó de él al no ser correspondida en el abrazo, alzó su cara confundida para mirarlo, notando el golpe que traía en la ceja y en el pómulo izquierdo, se le había hinchado y la zona estaba roja—. ¿Qué te ocurrió?

—Déjame, no es algo que sea de tu incumbencia —repuso grosero, alejándose de inmediato de ella como sino soportara tenerla a su lado—. ¿Qué haces en mi casa? —El ver la maleta en la entrada le dio una idea, el estómago se le contrajo y su boca se llenó de un sabor amargo.

—He venido a vivir contigo —mencionó confundida.

—Vete, vuelve a ese lugarsucho de donde viniste, tus hermanos estarán buscándote.

—Ellos están enterados —añadió ya sin emoción, mirándolo a los ojos, buscando alguna explicación para aquel comportamiento tal hosco.

—¿Estás loca? ¿Acaso quieres que me maten?

—No lo harán, confía en mí —espetó, tomando su mano para llevarlo adentro, probablemente él sólo estaba de mal humor.

—Suéltame —dijo alejando su mano, su mirada se volvió helada—. Lárgate de aquí, yo no quiero estar más contigo. —Y ahí estaba haciendo justo lo que lo que no quería hacer y de la peor forma.

Ginevra vio como él le daba la espalda, su alegría estaba siendo pisoteada por él. No lo soportaba, ¿qué le había pasado para actuar así con ella?— Dijiste que te gustaba y que querías estar conmigo.

—Me dejé llevar por la situación, pero ya me di cuenta que no puedo hacerlo, no puedo fingir algo que nunca he sentido. —Sí ahí estaba él comportándose como el gran idiota que no sabía que podía ser, sólo para protegerla, para que pudiera vivir más. Sólo esperaba que ella lograra superar esto sin una recaída.

—Cabrón… ¿es tan fácil para ti? —preguntó llorosa—, no puedo creer que estés haciendo esto.

—¡Joder! —exclamó revolviéndose su cabello con desesperación, por qué no se iba, por qué seguía ahí, para que él siguiera diciendo estupideces— . Vaya, ¿ahora también resulta que tienes problemas de oído? Eres toda una caja de enfermedades…. lo diré de nuevo, lárgate de aquí.

—Eres cruel y vil… nunca debí creer en ti.

—Ya, ya… basta de reproches. Me está doliendo la cabeza, está a punto de explotar y tú sólo lo estás empeorando, pero que te quede claro que si estoy en esta mierda de lugar es únicamente para obtener mi dinero… no para hacerle favores a una pueblerina enferma como tú. ¿Acaso pensaste qué yo en verdad podría estar contigo? Yo soy Draco Malfoy, heredero de una gran fortuna, por ende… quién este conmigo debe estar a la altura.

La barbilla le temblaba y las lágrimas caían como lluvia sobre su cara. Se había equivocado enormemente con él, no había nada bueno en Draco Malfoy. Él era una horrible persona, una que acaba de matarla en vida.

Malfoy exhaló, ladeando su rostro con rabia, no quería verla, no podía… porque si lo hacía, sí veía una vez más esos ojos azules nublados, se derrumbaría… no le importaría nada, le diría la verdad.

—Sólo esto me faltaba que no quisieras largarte. —Dio vuelta y se fue por dónde había llegado, dejando a Ginny en un mar de lágrimas, sumida en una profunda decepción.

*º*º*º

Corrió con fuerza, corrió con desesperación, sin dirección.

Sólo quería desaparecer.

Corrió hasta que sus piernas no pudieron más, derrumbándose en un campo solitario.

Gritando, desgarrándose por dentro, llorando como un niño desconsolado.

La quería y no podía estar con ella.

¿Por qué? ¿Por qué la vida era tan injusta? ¿Por qué se empeñaba en quitarle a todas las personas que le importaban? ¿Acaso estaba maldito?

Prefería mil veces morir a verla morir.

Así de simple, así de franco, no había engaño en eso. Era lo que en verdad pensaba, ella tenía todo por vivir… y él…él no había tenido propósito para hacerlo, sólo ambicionaba el dinero de su abuelo, para gastarlo de cualquier manera posible, creyendo que así estaba disfrutando de la vida, pero no… que equivocado estaba, de hecho se había equivocado en un montón de cosas.

Y ahora que había encontrado algo porqué vivir, que no era nada material… resultaba que no debía ser, que de serlo, él terminaría destruyéndolo.

*º*º*º

Ginny volvió a su casa sin gota alguna cayendo por los ojos, con pasos cansados con la muestra innegable de que había estado llorando, arrastrando la maleta y un sufrimiento que era como un puñal clavado en su corazón por la espalda.

Se encerró en su cuarto y se hizo ovillo en su cama.

Esta vez su dolor no era físico, no tenía nada que ver éste.

Andrómeda apareció poco después con un buen té, lo dejó en la mesa de noche y pasó sus manos por sus cabellos rojos.

—¿Qué fue lo pasó?

—Oh… mamá —dijo ocultando sus rostro en el regazo de la mujer.

En cuanto pudo romper el nudo en su garganta, no paró hasta que pronunció la última palabra.

—Debe haber un error —concluyó Andrómeda, estaba realmente desconcertada por todo lo que ella le había dicho.

—Sí, él mío, hice la peor elección. —Sorbió su nariz y se talló los ojos.

—No, no lo creo así.

—Es así… él lo dejó claro.

—Cálmate, te hará daño —pidió, haciéndole pequeñas caricias en su espalda—. Todo se arreglara.

—No veo cómo eso pueda suceder… lo odio.

—No, no lo haces —refutó con ternura—. Pasará esta tempestad que sientes y verás todo con claridad.

Ella no creía que las cosas fueran a pasársele, no le parecía posible.

*º*º*º

Ron había despertado enterándose de que su hermana ya había salido de su casa para irse a vivir con ese. Evidentemente estaba de mal humor, uno terrible que incluso le había impedido comer su desayuno favorito, con el que Andrómeda pensaba aligerar su molestia, pero no había nada que lograse que eso sucediera…

—Hey Ron, aquí hay un paquete para ti —comunicó Seamus.

Él extrañado salió de debajo de uno de los coches, se levantó limpiándose con un trapo la grasa.

—¿Ahora recibes regalos caros? —molestó Dean.

Gruñó algo y tomó el paquete, le quitó la envoltura, los ojos casi se le salieron de las orbitas al encontrar un estuche de herramientas, de las mejores en el mercado.

—Wow… sí que le hiciste bien el trabajo.

—Parece que si sabe tratar a las chicas ricas después de todo.

—¿Qué mierda estás diciendo? —interrogó, observando que en sus manos tenía una tarjeta.

—"Por tu ayuda, Pansy" —silbó Dean con voz graciosa—. De haber sabido que esto te iba a dar por ayudarla, lo hubiese hecho yo…

—Además viene su teléfono.

Ron le arrebató la tarjeta, notando el número escrito detrás con lapicero morado. El corazón se le fue a la garganta de emoción. No había logrado sacársela de la cabeza por muy loco que pareciera, pero ni en sus sueños más locos habían pensado que volvería saber de ella.

—Que te haya dado su número no quiere decir que la conseguirás.

—Imbéciles…

—Es verdad Ron, ella está fuera de tu liga… tú tienes que trabajar para tener dinero, ella sólo tiene que gastarlo.

—¿O acaso te insinuó algo más? ¿Dejó que te le acercarás? Chicas como ella sólo salen con tipos como Malfoy… así que no te emociones amigo, esto es lo más que tendrás.

—Idiota… les demostrare que no es así.

—¿Ah si? ¿Cómo? —inquirió Seamus cruzándose de brazos.

—Ella saldrá conmigo.

—Claro, en tus sueños. —Se carcajearon y palmearon su espalda, logrando que él se volviera rojo de enojo. Fue hasta su locker, tomó su celular de su chamarra y marcó el número, no tuvo tiempo de sentirse nervioso, ni de pensar, el enojo junto con las burlas era el combustible y era todo lo que necesitaba.

*º*º*º

Pansy hoy se sentía mejor, procesar que Draco, su Draco, había comenzado un romance con una pueblerina no le había sentado nada bien, pero lo cierto era que tampoco la había matado, tal vez deprimido un poco sí, pero lo cierto es que también había estado pensando… pensando en ese chico pelirrojo.

Observaba como le estaban quedando sus uñas, había ido con sus amigas a hacerse la manicur y era apenas uno de sus destinos, ese día estaba dedicado para embellecerse. Su celular comenzó a sonar, estudió el número en la pantalla, no lo conocía, pensó en dejar que la llamada se perdiera pero cambió de opinión en el último momento.

—Espera —le dijo a la empleada. Aceptó la llamada y se llevó el celular al oído—. Sí.

—¿Por qué enviaste ese paquete?

—¿Weasley? —cuestionó medio sorprendida.

Daphne volteó a ver a sus amigas las gemelas *Hestia y Flora Carrow. —¿Quién? —susurró arrugando la nariz.

—No tengo idea —murmuró Hestia.

—¿No será ese qué la ayudo en el pueblo donde vive Draco? —comentó Flora, haciendo memoria, una arruga apareció en su blanca frente.

Pansy se incorporó alejándose de los cotilleos de sus amigas y también evitando así que escucharan su conversación.

—Pensé que te gustaría es mi manera de…

—¿Darme las gracias?

—Sí… bueno, ¿no te agrado? —inquirió mordiendo su labio carnoso pintado cuidadosamente de rosado.

—Si quieres agradecérmelo ven y dímelo, no me mandes tus regalitos restregándome cuán rica eres.

—¡¿Cómo…?! ¡No fue eso!

—¿Sabes lo que quiero en realidad? Una cita…

—¡¿Te volviste loco?!

—No, ahora tienes mi número si te atreves a salir conmigo, márcame, sino… deja de mandar cositas.

Pansy se quedó pasmada cuando escuchó el sonido de la línea muerta. El calor del enojo le llegó hasta su rostro, deformándolo en una mueca fea.

—Éste patán pueblerino, ¿qué se cree? —rumió para sí.

—Pan, ¿estás bien? —inquirió titubeante, Flora.

—No.

—Creo que es lo hora de que todas tomemos un cóctel —anunció Daph, para calmar el ánimo de su amiga.

—Lo que necesito es que alguien desaparezca a ese tipejo… ¡es el más grosero que he conocido en mi vida!

—Tranquilízate Pansy.

—¿Qué fue lo que pasó?

—¡Una cita! ¡Quiere una cita conmigo! ¡Conmigo! ¡¿Cómo si yo quisiera salir con un pobretón?!

Las tres se miraron y comenzaron a reír.

—Relájate Pan, si no quieres salir con él, no lo hagas.

—Seguro que captara el mensaje.

—¡No lo entienden!

—¿Qué no entendemos? ¿Qué él te puso así por pedirte una cita? ¿Qué es pobre? Bueno Pans, si él es atrevido pero en ti esta detenerlo, pierde contacto con él… pero…

—¡No te atrevas a decirlo!

—Sí te intriga, atrae… y otra cosa, hazlo…

Las gemelas jadearon al escuchar esa deducción.

—¿Te gusta?

—No has mencionado cómo es.

—¡No me gusta! ¡Mis gustos son más…!

—¿Cómo Draco? —sugirió Daphne.

—Sí, exacto.

—Pues creo que éste te gusto, precisamente porque es todo lo contrario.

Pansy hizo un montón de caras antes de dejar un gesto de terror. —Nooo.

—Era sólo una opinión, pero si me lo preguntas.

—¡No lo estoy haciendo!

—Yo iría.

Ella cerró sus ojos y se sentó nuevamente. —No digan nada por favor chicas, ustedes no.

Hestia y Flora, cerraron sus bocas pero hasta su lugar Pansy podía escuchar sus pensamientos.

«¡No saldría con él ni en mil años!».

*º*º*º

Ron no podía creer lo que acaba de hacer, cuando la cólera lo fue dejando, supo que había sido un idiota. Recargó su frente en el locker siguiente… lamentándose.

—¿Qué te pasa? —cuestionó Harry al verlo.

—Nada —Aventó su celular y el estuche, refundiéndolos en lo más profundo del espacio y lo cerró con un golpe de su puño.

—No parece.

—La vida apesta… sólo eso —refunfuñó, dirigiéndose al auto en el que había estado trabajando antes de que esa locura comenzara.

Harry se acomodó sus lentes, confundido. Ese día todos andaban raros, primero Malfoy había aparecido en Grimmauld y ahora Ron estaba actuando extraño. Al menos tenía la certeza de que con su novia, todo estaba normal y eso era muy bueno, con lo cambiantes que podían ser las mujeres… y quién sabe si todo fuese culpa de las hormonas o de sus caprichos.

*º*º*º

Ginny no estaba preparada para salir de su cuarto e ir a cenar con su familia, no se encontraban todos su hermanos, pues ellos habían vuelto a sus casas a seguir con su vida lo cual agradecía, pero aún estaban Charlie y Ron, los cuales acababan de enterarse que estaba nuevamente ahí, que no se había mudado con Draco después de todo.

Salió por la ventana sin querer saber nada, fue hasta los columpios, meciéndose suavemente, sintiendo el frío nocturno acariciar sus cabellos. Éste se suponía debía haber sido un día muy feliz al lado de él, pero todo se había vuelto una horrenda pesadilla. Recargó su frente en la cadena desgastada.

Él podía haberse llevado sus sueños, dejándole un corazón roto, pero seguía teniendo por que luchar su familia, sus amigos, los niños del orfanato.

*º*º*º

En el comedor, la plática estaba tomando un giro distinto al planeado.

—¡Lo voy a matar!

—¡Sabía que sería un imbécil con ella!

—Nadie va a matar a nadie. —Andrómeda alzó su voz por sobre la de los pelirrojos.

—Yo aún quiero escuchar esos planes chicos —menciono riendo Ted, llevándose a la boca su pan.

—Buenas noches —saludó educado Cedric.

—Adelante, ¿ya has cenado?

—En realidad no, vengo del hospital… no hubiese pasado si no fuera porque es importante que hable con Ginny.

—Oh… ella esta indispuesta, si es algo sobre su enfermedad…

—No, no es sobre eso.

—Siéntate muchacho, cena con nosotros —invitó Ted, palmeando la silla al lado de él.

—Eh… bien, gracias.

—Seguro que encuentras interesante esta cena —agregó risueño.

—No agobies a Cedric con esas ideas —pidió su esposa.

—Queremos deshacernos de Malfoy —mascullo Ron, masticando con odio un pedazo de carne.

—¿De Malfoy?

—¡Ese desgraciado jugo con Ginny, y eso no se lo vamos a permitir!

—Chicos, por favor…

—¿Por qué dicen eso? —interrogó apurado.

—No es algo que queremos que se comente en el pueblo, mi hermana se volvió loca y quería irse a vivir con ese, pero algo salió mal y ella está ahí encerrada llorando.

—Jamás debimos dejar que se acercara, pero ustedes decidieron darle una oportunidad…

—Por favor chicos, basta ya —dijo Andrómeda, dejando un plato frente a Cedric—. No me agrada que hagan esa clase de comentarios, ni que sigan hablando de ese tema.

—Creo saber lo que sucedió —anunció Cedric para sorpresa de todos.

—¿Qué? ¿Cómo?

—Escuchen hay algo que debo decirles….

Cedric les contó todo lo que había escuchado, explicando así sus deducciones sobre lo que había ocurrido entre la pareja, dándole un nuevo giro a aquella historia.

*º*º*º

Draco se levantó sacudiéndose la tierra, la noche había caído y comenzaba a hacer un frío intolerable. Después de esas interminables horas en las que había tenido que estar consigo mismo con el alma expuesta, supo que lo que tenía que hacer.

Tenía el celular pegado a su oreja, esperando que su padrino contestara.

—¿Cuánto es el 0.1%?

—¿No es demasiado tarde para hablar?

—¿Cuánto recibiré si renuncio a la herencia?

—Draco esto no es un juego, ¿en qué lío te has metido esta vez? Sé que Nott te ha estado transfiriendo dinero…

—Eso no es de tu incumbencia, ¿cuánto es?

—Un poco más de lo que cuesta el orfanato.

—Deja en paz el orfanato —ordenó, tomó un profundo respiro antes de decir aquellas palabras—. Renunció.

—¿Estás seguro? Un acuerdo verbal no es…

—Lo sé, ten listos los papeles.

—Draco piensa bien lo que estás haciendo, es tu futuro…

—No necesito de tus sermones ahora. Has lo que te pedí, te avisare cuando iré para firmar lo que necesites.

—¿Estás seguro que no te arrepentirás?

La esquina izquierda de la boca de Draco se elevó.

«Me arrepentiré por el resto de mi vida, pero esa extraña chica es más importante.»

Tal vez no podía estar con aquella como deseaba, pero vería que fuese feliz.

—Deja ya de preguntarme tonterías, has escuchado bien.

Cortó la comunicación y se dispuso a volver a su casa.

*º*º*º

Malfoy no había ido a la escuela, ni siquiera había sido capaz de despertarse, estaba demasiado cansado. Sabía que debía ir, no podía simplemente ausentarse el resto del año escolar, no ahora que iba a necesitar de sus estudios para salir adelante… estaba por convertirse no en un persona pobre pero si con recursos limitados, debía preocuparse más por lo que iba a hacer.

Se levantó para tomar un café que lo reviviera, también necesitaba un poco de comida, el día anterior no había comido. Sacó un paquete de la nevera y lo metió al microondas. Estaba recargado en el filo del lavaplatos, esperando que el tiempo terminara para sentarse a la mesa de la cocina cuando el llamado en su entrada lo sacó de su estado de reposo.

Malhumorado dejó su taza de café sobre la mesa y fue hasta la puerta, apenas la abrió vio que se trataba de una horda de pelirrojos.

Iba a morir.

Se echó hacia atrás acobardado, más después de que tratara de cerrar la puerta pero Charlie, el domador de animales salvajes se lo impidió. Sudó frío cuando todos entraron, parecía que él nunca se las hubiese visto negras en una pelea desigual, pero esto era distinto.

—Entonces, ¿cómo nos deshacemos de él? —soltó Fred, paseando su mirada de él a sus hermanos y de regreso.

—Yo no necesito más que mis puños —informó Charlie.

—Estoy contigo, pero no creo que aguante…

—Está temblando como mariquita. —Se rió George.

—A este pasó se hará en sus pantalones…

—¿En serio en esto se fijó nuestra hermana? ¿Acaso tan mal ejemplo le dimos?

—Seguro lo escogió por ti, eres él más parecido a él —atacó Charlie, Percy por supuesto se indignó.

—Naturalmente, lo que quería era que no se pareciera a ustedes.

Draco estaba en medio de probablemente la conversación más bizarra que le había tocado escuchar. Afortunadamente esos minutos le permitieron recobrarse y pensar con rapidez lo que podía hacer.

—¡Basta ya! No queremos perder la presa…

—Bien terminemos con esto.

El pitido del microondas terminó de llamar la atención de todos.

Malfoy se movió yendo a apagarlo.

—Creo que lo interrumpimos en su almuerzo.

—Tiene mala cara.

—Este lugar no esta tan mal.

Draco harto de aquel parloteó incesante se paró frente a ellos. —¿Qué diablos hacen aquí?

—Ahora ya no parece tan asustado.

—Mmmm no lo sé —murmuró Fred, dando una vuelta alrededor de él—. ¡Bu!

Malfoy entornó sus ojos. —Idiota.

—Tiene muy malhumor, no va a encajar.

—Lo haremos encajar.

—¿De qué mierda va esto? —manifestó con fastidio.

—Relájate niño —pidió Charlie, sentándose en la sala.

—Esto es por Ginny —respondió Ron—, espero que tengas claro que no me agradas.

—Vamos al grano —manifestó Bill, antes de que las cosas se calentaran—. Sabemos lo que hiciste.

—¿No era lo que querían? No me acercaré más a ella —escupió y era claro que aquello le dolía.

—Resulta que no se trata de lo que nosotros queremos, se trata de lo que Ginny quiere.

—Vuelve con ella, estando contigo es insoportable pero sin ti es aún peor —añadió directo Percy.

—¡¿Qué?! —Casi se fue de espaldas, ¿a qué demonios venía eso?

—Sabemos lo que Amos te dijo y también la opinión de Cedric, pero es la felicidad de Ginny y ninguno quiere volver a verla triste.

—Tendrás que hacerla feliz.

—Ni una lágrima más Malfoy.

—Una palabra suya y morirás.

—Te patearemos el trasero si sólo osas lastimarla.

—La tendrás que tomar muy en serio.

—Así que piensa bien lo que harás, queremos que tenga una buena vida.

—No faltarás más a la escuela, te harás responsable, pues ahora tendrás que cuidar de ella, mejor de lo que te has cuidado tú en toda tu vida.

El resto de la conversación Draco se la pasó mareado, aquello era cómo la dimensión desconocida.

*º*º*º

Después de la más extraña mañana, Draco había tratado de explicarles a esos energúmenos la razón de su decisión, pero ellos habían desechado los argumentos de Amos, recalcando que lo que importaba no era sólo que estuviera bien sino que fuera feliz.

El día se había puesto frío y lluvioso, había tenido que usar una sombrilla y unas botas para poder llegar al auditorio, estaba seguro que encontraría ahí a Ginny.

No esperaba tener que volver a pasar por esto, pero ahí estaba nuevamente a punto de exponer sus sentimientos. Sintiéndose nervioso, con un gran agujero en el estómago… y ¿feliz? Sí, lo estaba… era cierto. Él tener el apoyo de la familia de Ginny, había sido todo lo que necesitaba para dejarse ir nuevamente. Sabía lo que significaba estar con ella al igual que los hermanos de ella, pero iba a hacer que funcionara, no sabía cómo, pero lo haría.

Entró en el lugar cerrando su paraguas, buscó a Ginny recorriendo el lugar con la mirada.

—¿Qué te pasó? ¿Por qué no viniste hoy? —cuestionó Neville, dejando la parte de escenografía que venía cargando.

—Nada, ¿dónde está Ginny?

—Estaba molesta y salió a caminar.

—¡Ya niños dejen de correr, vamos a practicar! —ordenó Lavender, frente al escenario con las manos en la cintura y expresión será.

—¿Quiénes son esos niños? —cuestionó intrigado.

—Ah… ellos vienen del orfanato. No has leído el guion, ¿cierto? Ellos tienen una participación importante en el musical.

—Vamos… hagamos una nueva escena —dijo Lav, aplaudiendo para llamar su atención.

Hermione comenzó a tocar el piano, mientras los niños se sentaban en forma de media luna en el escenario. Un niño pasó al frente junto con una pequeña pelirroja.

—Vamos digan sus diálogos, como los ensayamos.

Los pequeños se notaban apenados caminaron hasta que él estuvo delante de la niña que jugaba con la orilla de su vestido.

—¿Qué te pasó? —preguntó la niña, señalando hacia su cabeza, donde iría un vendaje.

—Hubo un accidente…

—¿Te duele?

—Claro que me duele —contestó malhumorado.

Ella se levantó de puntillas y depositó un beso en su frente. —Tu titi se curara.

—¿Por qué hiciste eso?

—Para que te sientas mejor, mi mamá siempre lo hace y luego me siento mejor, ¿quieres que te cante una canción? Sana, sana, colita de rana…

Draco estaba completamente afectado, sus pupilas estaban dilatas. Él recordaba algo similar, él lo había vivido…

*º*º*º

Que canción tan ridícula.

No lo es.

Sí, lo es.

Eres feo. —Le sacó la lengua, mientras se jalaba un ojo.

Tú eres la fea y me molestas.

Tú más. —Se giró dispuesta a seguir dibujando en aquella sala del hospital, donde se encontraban otros niños enfermos.

¿Por qué estás aquí? —inquirió Draco, después de observar y no notarle ninguna herida según su deducción.

Estoy enferma…

Él rodó sus ojos con impaciencia. —Eso es obvio, pero ¿de qué?

No lo sé… —repuso cambiando de crayola.

*º*º*º

Durante aquel accidente él había conocido a una niña pelirroja en el ala de niños del hospital St. Thomas, había estado hablando con ella dos días, hasta que su abuelo se lo había llevado.

*º*º*º

Te ves mal.

No me siento bien —respondió ella, en posición fetal en su cama infantil en el hospital.

¿Tu herida esta mejor?

Tuvieron que coserme.

¿Te dolió? —cuestionó con sus grandes ojos azules, clavados en su herida.

No —contestó, aunque lo cierto es que se la había pasado llorando todo el rato mientras le daban las puntadas.

Voy a dormir.

Es muy temprano para dormir —dijo el ceñudo.

Draco, tu abuelo vino para llevarte a casa —murmuró la enfermera tomando su mano.

Ginny volvió a abrir sus ojos al escuchar eso. —¿Te vas?

Sí.

No te vayas.

Volveré, mis papás también están aquí, mi abuelo me traerá.

¿Lo dices en serio?

Te lo prometo.

Ella asintió, estirando su mano hacia él. —Vuelve, por favor.

Vamos Ginny, debes dormir —susurró otra enfermera—. Pobre niño no sabe aún lo que sucedió sus padres.

¿Qué sucedió?

Nada pequeña, nada.

Draco jalado por la enfermera salió del lugar aún mirando a la pelirroja con el brazo estirado hacia él.

*º*º*º

—¿Quién… quién escribió esto?

Lav lo volteó a ver, notando lo pálido que estaba. —¿Estás bien?

—Dime ¿quién lo escribió?

—Pensé que lo sabías, lo escribió Ginny… creo que se basó en un libro —reveló, sin comprender el repentino interés—. Deberías ir a la enfermería, tienes mala cara y no lo digo por los golpes. —Se acercó a él y le puso la mano en la frente.

Él se alejó aturdido, salió y tomó el paraguas que había dejado en la entrada.

Los recuerdos en su cabeza comenzaron a salir, revelándole todo lo que había olvidado, intentando darle orden al caos y entonces todo tuvo sentido.

Buscó por todos lados a Ginny, tenía ya la ropa mojada y pesada, sólo quería verla y explicarle todo.

Hasta que finalmente volvió al lugar al que sabía que ella tendría que regresar y ahí estaba frente a la entrada del orfanato con una sombrilla amarilla cubriéndola, no había sonrisa en su rostro, no había expresión alguna, estaba ausente como un muerto.

Le dolió verla así y saberse el causante.

—Ginevra…

Ginny se giró desanimada, no quería otra pelea con él, no quería verlo, no quería desear abrazarlo, estar con él y no poder, no quería sufrir más.

—Yo… yo volví demasiado tarde.

—Ya no me importa, no me importa si vas a clases o si haces la obra —exclamó dolida y orgullosa, avanzó unos pasos dispuesta a entrar al orfanato, pero él la detuvo estirando su brazo tomándola del codo.

Su indiferencia le provocaba dolor y enojo que no sabía que era capaz de sentir.

—Yo dije que volvería al hospital.

—¿De qué…?

—Eras tú… tú y yo, ya nos conocíamos.

—Draco.

Lo había descubierto, él había recordado su pasado y justo ahora.

—Lo decía en serio lo de volver al hospital, pero ese día perdí a mis padres… Abraxas no quiso que volviera, y yo tampoco quería hacerlo, mi padre había muerto y mi madre estaba en coma… ni si quiera sabía lo que era eso. Había perdido a mis padres y no podía pensar en otra cosa. Borre todos los recuerdos de éste lugar, de ti… era demasiado doloroso —explicó y ella le creyó, cómo no hacerlo cuando él estaba dejándole ver su mayor herida—. Lo… siento. El tiempo ha ido en nuestra contra, volví demasiado tarde.

—Pensé que jamás lo recordarías.

—Yo no… no debí haberte dicho todas esas cosas.

Ginny se hizo pequeña, no quería hablar de eso. —Es más que eso.

—Tengo una buena explicación.

—Moriré a causa de ti.

—No, no permitiré que ocurra —prometió.

—Espero poder estar contigo hasta el solsticio de invierno, poder ver la primera nevada juntos y usar esos calcetines que me compraste.

Malfoy dejó caer su paraguas y se unió a ella en el suyo, con una mano tomó el mango de plástico y con la otra ahueco su mejilla, rodando su pulgar por su pómulo limpiando sus lágrimas.

—Sé que te hace daño estar conmigo, pero no quiero estar sin ti.

Ella bajó su rostro lloroso, su corazón estaba más que dispuesto a irse con él, pero dolía.

—Mírame —mandó, su mano fue hasta su mentón y lo tomó entre sus dedos obligándola a alzarlo—. Más te vale no morir por esto.

Ginny apenas tuvo tiempo de cerrar sus ojos cuando sus labios se tocaron y fue como caminar entre las nubes, suave, dulce… Malfoy movió su mano, recorriendo su mejilla mientras su beso se volvía más firme, más real, llegó hasta su nuca donde acarició su piel, que se erizó a su tacto.

Ella dejó escapar un suspiro trémulo, sintiendo como su cara comenzaba a ponerse caliente, mientras se agarraba del suéter de Draco. Él dejó caer el paraguas, las gotas de lluvia comenzaron a cubrirlos, pero eso no les importó.

Ginny soltó una risita por la emoción que la embarga, la media sonrisa de él se ensanchó lentamente, posó sus manos en el delicado talle. Sus bocas se volvieron a presionar de forma deliciosa, acoplándose despacio, sin prisas. Sus ropas se iban humedeciendo causándoles escalofríos. Ella se apretó contra él buscando su calor, se sostuvo de sus hombros, temiendo que sus rodillas no pudieran soportar su peso por más tiempo.

Fueron sus primeros besos y todo lo que habían pasado para estar juntos, valió la pena.

Y así fue como la vida les sonrió a los dos.

*º*º*º

*La cardiomiopatía hipertrófica es una enfermedad hereditaria que afecta directamente al músculo cardíaco. El primer síntoma de miocardiopatía hipertrófica en muchos pacientes jóvenes es el desmayo súbito y posiblemente la muerte. Información de varias páginas, medlineplus, el instituto del corazón de Texas.

*Jolly Rancher: Caramelo macizo de distintos sabores.

*Hestia y Flora Carrow, son personajes que salieron en las películas, pertenecen al Club de Slughorn.

*º*º*º

Continuará…

¡Gracias por leer!

...

Hola, nos hemos tardado mucho en volver, lo sentimos mucho. Sobre el capítulo, es bastante largo y el siguiente también lo será, es el último jalón y queremos colocar varias cosas que no necesariamente vienen en la película, sentimos si algunas les aburren. Hay mucho drama, momentos felices y tristes, de todo un poco para juntar a estos dos, esperamos haber resuelto algunas preguntas que aún estaban en el aire sobre la trama, faltan otras pero en el último ya todo quedará claro.

Esperamos tener pronto el quinto y último capítulo.

Por favor no dejen de apoyarnos y escribirnos sus comentarios, queremos leer lo que piensan del fic.

Les recordamos que la historia es una adaptación de la película "A Millionaire's First Love". Título original: Baekmanjangja-ui cheot-sarang. Dirigida por Kim Tae Gyung. No será una copia fiel, pondremos muchas escenas y otros detalles que no estarán en la trama original. Es realizada para el Reto «Verano de películas» del Drinny fest, del grupo Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido! En Facebook.

No olviden leer las otras historias de adaptaciones de películas.

Ahora el momento de los agradecimientos:

frances malfoy, eau de toilette, The Lady Nott, Malevola, Darynka Malfoy, LuzzMalfoy, KineaM, KattytoNebel, pax399, Emina Uchiha, .

Frances Malfoy: Mil gracias por leer y por tus comentarios, nos dan mucho ánimo. Esperamos pronto subir el capítulo de Desleal. Saludos.

*º*º*º

Esperamos puedan leer nuestras otras historias de esta pareja.

* Pétalos negros (shortfic)

* Amándote en silencio (one-shot)

* Inesperado (one-shot)

* Desleal tentación (longfic)

* ¨ )¸.·´¸.·´¨)

(´¸.·*´¯`*»— —The darkness princess & Lady Muerte.