Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J. K. Rowling y Suzanne Collins.
N/A: Por fin he empezado las clases. Por una parte estoy feliz, me gustan las clases. Sí. Pero por otra, me dejan agotada. Por lo que escribir un capítulo es difícil de hacer.
Espero que no les decepcione como a mí. Gracias por la espera.
7
Rose en las penumbras
No puedo escuchar la cuenta regresiva. Mis oídos parecen haber rechazado toda recepción y solo puedo sentir en ellos el latido desbocado de mi corazón. Mis manos me sudan y trato de controlar mi agitada respiración, aunque no puedo contra el hormigueo de anticipación que recorre todo mi cuerpo hasta la última hebra de mi ser.
Estúpidamente, me encuentro maravillada por el terreno en donde estamos.
Comparo los escasos terrenos que he visto en el campo de los Juegos con el que tengo ante mi. La localización del Cuartel es diferente. Esta vez el Cuartel no está en medio de una vieja aldea escondida dentro de un bosque, o un gran lugar montañoso como los Juegos que vi de pequeña. No, es más peligroso, pues hay demasiado espacio entre el Cuartel y los otros lugares en donde los campeones pueden esconderse. Alrededor de unos cuatrocientos o quinientos metros.
Observo mi alrededor con rapidez. A mi izquierda se encuentra un terreno similar a una pradera, con flores de todos los colores y de todas las alturas. El viento mueve sus hierbas y flores de tal manera que parecen olas. A mi derecha veo unos árboles frondosos, similares a los del Bosque Prohibido, que no te permiten ver más allá de sus ramas y oscura penumbra. Frente a mi, detrás del Cuartel, no puedo ver nada que no sea una gran montaña que se extiende por el terreno hasta donde mis ojos no alcanzan a ver, más allá de la pradera y un poco más allá de las nubes. Son tan espesas comparadas con las que se encuentran sobre mí que me hacen pensar que quizá en cada espacio del campo exista un ecosistema distinto.
Pienso en todas las posibilidades que eso nos da y mi estómago se retuerce. Será más complicado adaptarse. Sacudo mi cabeza y dirijo mi atención al Cuartel.
Es pequeño, pero protege a las armas con el techo de madera que posee. No tiene paredes, sólo se sostiene con cuatro pilares, y una escalera colgante se sujeta del techo. Ahora entiendo como funciona. Se le llama Cuartel no porque ahí se alojen a las armas, sino porque ayuda a los campeones a juntarse en su techo y a atacar a cualquier intruso desde lo alto. Estiro más mi cuello y logro ver la punta de un arco. Me tambaleo un poco hacia atrás, pero logro mantenerme en lugar.
Y luego, una brillante idea ilumina mi mente como las velas del Gran Comedor. La veo como si fuera una puerta que se abre mostrando salida del matadero.
La escalera está a solo unos cuarenta metros de mí, no tengo si quiera que hacer curvas innecesarias porque está justo frente a mi. Me encuentro emocionada ante la idea de poder eliminar de una vez a la competencia de Albus. Mi respiración de por sí agitada aumenta de velocidad. Si hay un arco ahí, la posibilidad de que hayan más armas es grande. Si corro inmediatamente después de que el cañón suene, tengo oportunidad. Hay cosas tiradas alrededor del Cuartel, pero no hay ninguna que me obstruya el paso, por lo que ir sería pan comido. Llegaría en menos de diez segundos…
Mis ojos se entornan. Mi mirada se agudiza y observo mejor mi alrededor. Está demasiado fácil. Sospechosamente fácil. Frunzo mi ceño en entendimiento y mis ojos viajan hasta encontrar a Albus. Como sintiendo mi mirada, sus ojos se encuentran con los míos. Segundos después empiezan a divisar el terreno hasta que queda observando el bosque. No pierde tiempo alguno y con disimulo me indica su idea. Me lanza un mirada que me sobrecoge, pero no tengo tiempo para sentirme presionada. Aprieto mis labios y asiento levemente, en un movimiento a penas visible.
Sabía que al final Albus entraría en sí y se daría cuenta de cuanta razón tengo.
No quito le quito los ojos de encima. Es lo único que me mantiene presente en el campo. Consciente. Me permite reprimir la insoportable ansiedad de correr, tomarle de la mano y dirigirnos a las profundidades del bosque en este mismo instante. Sacudo mi cabeza, alejando esos pensamientos. Si quiero llegar a Albus a tiempo, debo pensar con claridad y evitar que mis impulsos manipulen mis acciones.
Sin darme cuenta, mis ojos se desplazan hasta toparse con la figura de Lorcan, que justamente se encuentra al lado de Albus. No alcanzo a ver bien lo que se encuentra frente a él, pues uno de los gruesos pilares del Cuartel me impide la vista; no obstante, logro ver la figura completa de Lorcan y me sorprendo al encontrarlo en posición para correr. Sus ojos tienen tal determinación que me da la sensación de que llegará a conseguir lo que sea que desee en el Cuartel.
Mi estómago se retuerce. Las palabras de James y Dominique logran que se me detenga la respiración cuando las recuerdo. Si son ciertas, si son verdaderas y ellos no me mintieron, entonces Lorcan no tendría porque correr al Cuartel. ¿De qué me he perdido? ¿Qué es lo que no me han dicho, lo que me ocultaron? ¿Acaso es verdad lo que ellos me han dicho?
Escucho el conteo. Quince segundos. El tiempo se me acaba. La ansiedad vuelve a mi. Y cuando suena el cañón, estoy demasiado abstraída como para salir corriendo. ¡Maldita sea! Mi corazón late violentamente en mi garganta, mi respiración se vuelve errática cuando no encuentro a Albus. Horribles imágenes se forman en mi mente, escenas violentas que no alcanzo a distinguir se aparecen ante mis ojos como manchones de tinta. Siento un gran descarga eléctrica que en vez de incitarme a correr, me mantiene con los pies pegados al tronco.
No veo mucho de lo que está pasando frente a mi; solo manchas que corren hacia el Cuartel, unas colisionando con otras. Mis ojos viajan de un lado para otro, buscando señales de Albus, de su indomable cabello negro azabache. Entonces, lo localizo: sosteniendo su mejilla con una mano, evitando que más sangre se cuele entre sus dedos. Nicholas Macmillan sostiene un cuchillo de doble filo, con dientes de sierra al final de la hoja. Este parece asustado por lo que acaba de hacer, pero no por mucho tiempo; no pasan muchos segundos para que vuelva aventar el brazo armado contra Albus. Contengo la respiración cuando la hoja pasa rosando su rostro. Al ser evadido con rapidez por mi primo, Macmillan trastabilla un poco, desconcertado por haber fallado. Reacciono de inmediato, antes de que Macmillan tuviese la oportunidad de componerse; salto del tronco y cojo del suelo lo que encuentro a la mano.
Están a más de sesenta metros de mí, más atrás del Cuartel, pero puedo ver como la sangre no se detiene y como Macmillan ha salido de su aturdimiento. Ahora puedo ver cómo Albus tiene una flecha en su otra mano, pero no le servirá mucho en contra de Macmillan por más tiempo. Maldigo por lo bajo y me arrepiento de haber sentido lástima por él y por su hermano.
Estoy a unos metros de ellos. Lanzo el objeto y descubro que es una manta. Suelto una soberana palabrota, pero pronto veo como la manta se desenvuelve y mágicamente enrolla a Macmillan con tanta fuerza que este cae de espalda, evitando así que este ensartara el cuchillo en la cara de Albus nuevamente. No pierdo tiempo y recojo el cuchillo que tiró al ser enrollado y tomo la mano de Albus; no me molesto en patear al Hufflepuff antes de irnos, sé que morirá dentro de unos minutos si no logra salir de la manta. Aunque mi pierna tiembla de ganas de hacerlo. Y tal vez mi mano con el cuchillo también quisiera participar.
Muevo mi cabeza de un lado a otro y elimino esos pensamientos sombríos por ahora. Debo de concentrarme en sacarnos vivos de aquí. Sin embargo, a pesar de ser yo la que guiaba a mi primo al principio, este consiguió tomar mi lugar de alguna forma. Su agarre firme hace que mi mano se entumezca y sus grandes zancadas hacen que tropiece un poco, pero no nos detenemos. Seguimos avanzando, esquivando aquí y allá. No veo quién, pero se que alguien es muy bueno con el arco. Las flechas nos pasan rozando por el rostro y los brazos, tan cerca que puedo escuchar su silbido y hasta he sentido la hoja rozar mi piel.
El bosque se encuentra a sólo unos diez metros. Sus hojas empiezan a agitarse con el viento, se mecen con él como si nos aguardaran; aún cuando parezcan furiosas y atemorizantes. Observo con atención, viendo si alguien nota nuestro escape y justo cuando estoy segura de que nuestra ausencia no ha sido percibida, Lorcan Scamander aparece detrás de un árbol, esperándonos con una espada en su mano izquierda, mientras que en su otra mano sostiene varios cuchillos. Nos observa con esos ojos azules suyos y al no descifrar lo que pretende, un frío recorre mi espalda. No confío.
En un instante, en un arrebato de instinto, miedo y reacción, me libero del agarre de Albus y echo a correr a dirección contraria. No puedo permitir que Lorcan se nos una. Corro hacia la pradera, ignoro mi alrededor y los gritos de terror, el sonido de las armas colisionando con otra. Mis piernas amenazan con rendirse, pero los gritos que Albus me lanza me dan fuerzas. Sólo unos metros más y estaremos lejos de Lorcan. Lo escucho pisar mis talones y apresuro el paso. Sonrío cuando por fin mi cuerpo es cubierto por las flores y los matorrales. La sonrisa se extiende cuando la mano de Albus se cierra firme sobre mi muñeca.
Pero mi plan no resulta como quería.
Al instante, soy desplazada por los aires hasta caer con fuerza y chocar contra la rama de un árbol. Quedo colgando unos segundos ahí, sobre mi estómago, hasta que el peso muerto de mis piernas me hacen resbalar. Quedo sin aliento. Y me siento a desfallecer cuando la raíz de un árbol se entierra en mi estómago para hacer mis ojos desorbitar. El dolor estalla en mi cuerpo, como el fuego abrasando mi cuerpo. Mi vista se nubla por las lágrimas de dolor. A penas puedo distinguir donde estoy; mi cabeza me martillea. Estoy desorientada por unos minutos. Respiro para recuperar mi consciencia, pero el pecho me duele con cada inhalación. Cierro los ojos un segundo y mi cabeza comienza a dar vueltas y noto chispas debajo de mis párpados y más chispas cuando lo abro finalmente. Trago con fuerza, tratando de recuperarme, pero el aliento me sigue faltando así que olvido todo por un rato mientras trago bocanadas de aire y mi cuerpo empieza a dar arcadas.
A duras penas logro ponerme de pie. Con las manos enterradas en los huecos de un árbol, la aspereza de su corteza lastimando mis palmas. Busco con la mirada a Albus, pero no lo encuentro en ningún lugar. Todo lo que me rodea es una despiadada oscuridad. Que me impide localizar a mi primo. Trato de no seguir llorando, pues las lágrimas no me ayudarán a encontrarlo. Pero no puedo evitar sentir un hueco en mi estómago al pensar en lo peor.
Me quedo ahí un momento, no creo que mis piernas aguanten mucho mi peso. Noto, entonces, que el cuchillo me hace falta. Vuelvo a cerrar los ojos, exasperada. Debí de haberlo tirado cuando fui lanzada. Paso una mano por mi cabello y me sorprendo de encontrarlo tan corto, pero luego recuerdo a Dominique y sus tijeras.
A pesar de ser sido lanzada sin dirección alguna, me doy cuenta de que he aterrizado en un buen escondite. Hay unos árboles que tienen ramas bajas que cubren mi cabeza, así como unos arbusto que me cubren de la cadera para abajo. Con el traje que tengo, apuesto a que soy invisible. Estoy a orillas del bosque, escondida entre las ramas y los arbustos; eso explica la oscuridad con la que me encontré —dentro de mi, algo se cae y me siento un poco más ligera.
Aprovecho esta ventaja y me agacho en cuclillas para observar mejor. Mis piernas tiemblan un poco, pero después de unos segundos logro mantenerme firme y estable. Las peleas han cesado a excepción de la que Lorcan Scamander y Timothy Nott están dando. Los cuchillos de Nott han sido olvidados en el pasto y este tiene aprisionado a Lorcan con ambas manos en su cuello. Aparto los ojos, no dispuesta a ver como el rostro del Ravenclaw va cambiando de color, y me cubro los oídos, tampoco dispuesta a escuchar sus gemidos sofocados.
Después de unos minutos, sus gemidos cesan. Muy en el fondo, mi corazón se detiene y se comprime, me duele al pensar en tía Luna. Abro los ojos, temerosa, esperando ver el cuerpo inerte de Lorcan bajo las manos asesinas de Nott y su mirada carente de emociones, pero la imagen que tengo a mi es muy diferente a la que pensaba. Vuelvo a respirar. Lorcan se encuentra a unos metros de Nott, que se sujeta la nariz bañada en sangre. Con rapidez, Lorcan recoge los cuchillos y sale disparado hacia el terreno montañoso. Suelto un leve suspiro, temiendo que escuchen mi alivio. Pero luego trago pesadamente. No sé que pensar al respecto. Por una parte me alegro de que no haya muerto a manos de Nott, pero por el otro… Sólo espero que cuando yo encuentre a Albus, Lorcan no se interponga en mi camino. Aunque desconfíe de él, no podría deshacerme de él con tanta facilidad…
Me concentro en Nott y los que quedan en el Cuartel.
Para mi sorpresa, esta vez los Hufflepuff y Slytherin se han aliado. O, al menos, así parece. Macmillan y Susan Goldstein se encuentran aterrorizados, tratando de alejarse lo más posible de Nott, que escupe maldiciones por todos lados y con la manta hecha jirones que envolvía a Macmillan trata de detener el sangrado. No sé si es mi imaginación, pero veo como los guijarros que hay alrededor de los pies de Nott se levantan con cada paso que da. Me restriego los ojos, pero la imagen sigue. Nott aún no se da cuenta, o ya está acostumbrado a esa demostración de magia.
Paso mis ojos hasta Cassia Flint, que se encuentra recargada en uno de los pilares del Cuartel, acariciando el arco que consiguió como si fuera un tierno animal. La imagen se me hace demasiado enfermiza por la manera en que observa al arco, obnubilada. Cassia Flint no es la niña débil que vi en el entrenamiento. Seguramente las flechas que venían hacia nosotros cuando corríamos eran las de ella.
Todos empiezan a hablar cuando el sangrado de Nott se detiene. Deja tirada la tira de tela, empapada de sangre en el pasto y la pisa despreocupadamente. Si pudiéramos hacer pociones en el campo, esa tela llena de sangre me serviría muy bien. O si tuviera un buen patrocinador que me diera la poción multijugos ya hecha… Agudizo mi oído para poder escuchar lo que dicen, pero no alcanzo a escuchar ni una palabra. Lo único que logro captar son los movimientos toscos que Nott da de vez en cuando, como si cojeara —las piedritas se levantan más alto y por más tiempo de su lado izquierdo; tal vez no tenga mucho control en su magia… Podría significar que ni siquiera es consciente de lo que hace. O muchas otras cosas. Es Slytherin por algo y no debo sobrestimarlo.
Es muy raro que Susan y Macmillan estén con los Slytherin. Lo normal es que cada quién esté por su lado para que la pareja de serpientes los cace en lo que queda de la primera etapa. No entiendo porqué los Hufflepuff se aliaron con ellos, las opciones que ahora tienen de ganar son nulas. ¿En que podrían servirles ellos?
Me paro con sigilo, evitando hacer movimientos que produzcan sonidos innecesarios que delaten mi paradero, así como también evitar que mis piernas se den por vencidas y caiga en el piso con un ruido sordo. Ahora es cuando me doy cuenta de lo mucho que me he extenuado hoy. Nunca antes en mi vida había corrido tanto. No soy atlética, por lo que esto ha sido un gran agotamiento para mi cuerpo.
También me doy cuenta de cómo mi respiración pesada es el único sonido que escucho. Ningún chillido, ni aleteo de alas oculta el sonido de mis pasos al quebrar las pequeñas ramitas. El silencio tan denso y palpable que podrían ser rasgado con un cuchillo. Si tuviera uno. Tal vez, lo único que puedo escuchar, además de mi respiración, es el pitido del silencio zumbar en mis oídos.
Camino por el bosque, entre maravillada y perturbada por la belleza que emana. Calculo que he de estar más de doscientos metros de distancia, así que empiezo a caminar con un poco más de soltura. Sin embargo, todavía estoy pendiente de sonidos o movimientos extraños que pueda notar. Suelto un suspiro al ver las apenas visibles huellas que dejo en la tierra y entre las hojas y ramitas. Desearía tener mi varita, así esto podría evitarse sin molestarme en agacharme y revolver un poco el lugar que he pisado.
Aunque en vez de estar molesta por la falta de varita, debería estar preguntándome: ¿Quién me lanzó por los aires? Aquél imbécil debe de ser alguien poderoso. Hacer magia sin varita de tal magnitud es algo de qué preocuparse. Debí haber visto con más claridad... Pero tengo mis sospechas: los Ravenclaw y Timothy Nott. ¿Quién más sino ellos, los que buscan el conocimiento y aquél que mueve guijarros con su sola bruta pisada? Pudo haber sido Nott; separarnos a Albus y a mí más de lo que ya estábamos aseguraba nuestra muerte inminente… Y, tal vez, Lorcan estaba defendiéndonos cuando lo encontré peleando con el Slytherin. Aunque eso no explica porqué no vi a Albus… Por otra parte, mi campo visual no era muy extenso que digamos.
Pero no tengo tiempo para indagar en eso por ahora. Debo ocuparme de encontrar agua, un refugio o un poco de alimento. Sobrevivir. No pienso en Albus, tampoco. Ni en su paradero. Preocuparme en estos momentos no haría nada más que afligirme. Empezaría pensar que todo esto fue resultado de mis estúpidos impulsos —lo cual es cierto, pero no quiero sumirme en depresión, desesperación, o frustración; no cuando Albus puede estar vivo en algún lugar del campo.
Empiezo a recordar las instrucciones que me dieron en la zona de plantas comestibles. Observo la corteza de los árboles mientras camino. Cuando creo que encontré uno comestible, toco la corteza, tratando de recordar la textura, pero resulta que tampoco puedo recordarla. Luego caigo en cuenta de que aún cuando recuerde, no podré cortarla. No tengo el cuchillo de sierra, que sería perfecto para este momento. Maldigo por lo bajo y sigo con mi camino, sin pensar en lo imbécil que soy. Aunque muy en el fondo estoy gritando.
Entrecierro mis ojos, forzando mi vista. No hay tanta oscuridad como pensé, no obstante, la luz que se filtra por las hojas no es suficiente para alumbrar mi camino. Una que otra vez tropiezo con una raíz que sobresale de la superficie.
Checo la hora en el reloj de mi padre y veo que ya son las once de la mañana. Me sorprendo en lo rápido que ha pasado el tiempo. Alzo la vista y no hay ninguna señal de ser las once; las ramas cubren todo y más que las once de la mañana parecen ser las seis de la tarde. Acaricio el reloj y me alegro de no encontrar ningún daño nuevo. Un milagro al contar como quedó mi cuerpo después de ser lanzada.
Mis pies empiezan a dolerme un poco, así que tomo un descanso. Trato de encontrar un árbol que tenga el tronco de apariencia cómoda. Encuentro uno no muy lejos de mí con las raíces sobresalientes de tal manera que parecen ser posaderas para brazos de una silla. Sonrío aliviada cuando encuentro la corteza reconfortante. Inspiro hondo y cierro los ojos. No escucho nada. Todo sigue en un silencio que me fastidia e inquieta a la vez. Ni siquiera sigue el pitido en mis oídos… No hay que ser un genio para saber que el bosque está lleno de animales nocturnos, posiblemente peligrosos.
Espero unos minutos más. Mi cuerpo se niega a levantarse. Suspiro. ¿Qué estarán pensando en la Madriguera? ¿Sabrán ellos donde está Albus? ¿Estará cerca de mí? No hay manera de saberlo. Solo me queda seguir buscando y buscando por el resto del día. Hasta que la noche llegue y muestren las muertes, si hubo alguna en este día. Aunque es a penas el primer día, por lo que las posibilidades de que haya una muerte son pocas, casi nulas. Todo lo que he visto de los Juegos son breves partes de la primera etapa, que abarcaban los primeros cuatro días. Aprendí que en el primero los campeones se ocupaban en encontrar refugio, comida y agua, así como a reunirse con la alianza que formaron y también en planear las estrategias de caza. Por todo lo que sé, aún tengo tiempo.
Además, las chispas rojas no han sido lanzadas para anunciar la muerte de nadie. Y eso siempre pasa horas después del primer enfrentamiento. Estoy segura que de haber sido lanzadas, de alguna u otra manera hubiera podido verlas detrás de todas esas ramas frondosas. Siempre inundan el cielo con su tonalidad rojo sangre.
Vuelvo a emprender camino, ahora buscando rastros de humedad: fango, lodo o moho, pero todo lo que me rodea son árboles y rocas secas. Ignoro la incipiente sed que se forma en mi garganta. Me frustro cuando ni siquiera huellas de animales puedo divisar.
Fijo mi vista en las pequeñas piedras que se encuentran a unos metros de mí. Cuando me acerco más a ellas, me doy cuenta de que rodean las raíces que sobresalen y hay algunas que se encuentran entre las raíces y la tierra. Las admiro más de cerca. Son hermosas: blancas y lisas que parecen brillar en las sombras como plata. Cojo una en mi mano y siento su peso ligero. La meto en mi bolsillo lateral del pantalón y empiezo a llenarlo con ellos. Puedo usarlas como armas, no son filosas como los cuchillos, pero con una buena puntería y la fuerza adecuada podrían causar mucho daño. ¿Qué diferencia había? Y, a decir verdad, no tengo muchas opciones.
Sigo caminando, esta vez algo incómoda por el sonido que hacen las piedritas cuando las piso. Ya no hay tanto silencio como antes, pero de alguna manera me reconforta. Bajo la vista, esperando ver alguna baya o pequeños capullos tiernos, pero no encuentro nada.
A las dos de la tarde, mi garganta empieza a picarme de ansiedad. Y me estresa. He estado horas sin agua en el colegio, cuando leía mis libros y no podía despegarme de ellos, ni siquiera para ir a la cena. ¿Porqué ahora tanta necesidad por el agua?
—¡Maldita sea! —musito mientras muevo mi lengua, palpando mis dientes y paladar. Poco a poco está ha empezado a sentirse pesada. La saliva ya no me conforta, sino lo contrario. Tampoco me sorprende escuchar mi voz ronca y quebrada.
El panorama no ha cambiado desde que entré. Sigue cubierto en sombras, pero de vez en cuando los rayos logran introducirse por los huecos, alumbrando con debilidad el camino.
El dolor en mis pies aumentan. Me siento agarrotada, fatigada. Ya resignada a encontrar agua y alimento, decido encontrar un buen refugio. A falta de cuevas, enormes huecos entre las raíces, o bifurcaciones en los troncos de los árboles, decido trepar un gran roble y pasar la noche ahí. Quisiera buscar otro lugar, pero cuando logro llegar a la rama más gruesa y resistente que encuentro, mis ojos comienzan a pesarme. Me acomodo bien entre la rama y el tronco. En breve me quedo dormida.
Soy despertada por las chispas de colores que inundan el cielo. Me sorprendo al ver cómo las hojas han sido apartadas con magia. Luego me acuerdo que este terreno no es real, sino mágico, manipulado por los Controladores.
La marca tenebrosa desaparece el oscuro cielo y me preparo para ver los nombres de los campeones perdedores. Mi respiración se atora a medio pulmón, pero luego al ver más chispas de colores me doy cuenta que nadie ha muerto hasta ahora. Sonrío aliviada. Mi corazón late con fuerza, siento que está apunto de explotar de felicidad. Y hasta aquellas chispas que deberían de aterrarme me parecen hermosas. Tengo tantas ganas de salir corriendo y empezar a buscar a Albus.
Pero no es prudente.
Ahora me doy cuenta de los animales que corren bajo los árboles. No los distingo a ver, pero sé que la tonalidad morada de sus ojos no es de fiar. Imagino que son panteras de Groff, pero descarto pronto la idea al ver que no me han notado. Las panteras de Groff son más letales y sus sentidos están más desarrollados, pueden oler a su presa a kilómetros de distancia y subir árboles en menos de cinco segundos. Estas criaturas son más dóciles, por así decirlo.
Aprovecho entonces y vuelvo a conciliar el sueño. Esta vez más tranquila.
Puedo escuchar a lo lejos un picoteo encima de mí. Toc. Toc. Toc. Me despierto sobresaltada y con el corazón acelerado. Alzo la vista y encuentro un pájaro carpintero a unos metros más arriba. Detectando mi mirada, el pájaro se detiene y me observa, luego emprende vuelvo y se aleja entre la espesa negrura. Trago saliva con dificultad, me humedezco mis resecos labios y bajo con cuidado el tronco. Debo alejarme de este lugar. Coloco mis manos en algunos huecos para sostenerme mejor, pero mi pie se resbala. Ahogo un grito y caigo con fuerza sobre una sustancia pegajosa y espesa, mis manos embarradas. Arrugo mi nariz y las nauseas me invaden cuando descubro lo que es: sangre que proviene de un pobre animal desfigurado.
Tiene la misma forma que una pantera de Groff, pero es más pequeña, como un metro y medio de largo. Algunos insectos se han juntado a su alrededor y le han quitado ciertas partes de su cuerpo. Aún así, puedo notar cómo antes de ser repartido, su cuerpo ha sido severamente lastimado. Hay líneas tan rectas que parten su piel que parecen haber sido hechas con un cuchillos. Volteo a mi alrededor, para observar y cerciorarme de que nadie estuviese cerca.
No hay olor que acompañe aquella masacre, pero la simple vista hace que la bilis se apresure en mi garganta. Retiro la vista y respiro profundo, evitando las ganas de vomitar. Sacudo mi cabeza, rodeo al pobre animal y me alejo de él lo más rápido posible. Me limpio la sangre que toqué en los pantalones, pero aún siento las manos pegajosas.
No dejo de pensar en el animal, o en el pájaro carpintero. He notado que ya no hay tanto silencio como antes el día anterior. Veo a unas cuantas ardillas subir por los árboles. ¿Debería alegrarme, o no? Ayer todo estaba tan callado, taciturno y hasta huraño; y ahora es todo lo contrario. O debo estar experimentando una gran alucinación. Un síntoma de la deshidratación.
Suprimo un bostezo. El aire hace que mi boca se seque y mi garganta se prenda en llamas. Me tomo mi cuello entre mis manos y saco la lengua al aire. Tal vez esté en el hechizo y puedan verme… Me empiezo a reír de mi propia estupidez. Ahora mismo los que están en los hechizos son los Slytherin y Hufflepuff; todos escuchan sus estrategias y en unas horas deberán estar buscando, si no han empezado ya.
Debo apresurarme a encontrar agua, sólo agua. Pero no hay nada más que árboles y oscuridad frente a mí; no estoy segura de confiar en las ardillas que están por aquí… Sin embargo, puedo notar como no estoy haciendo esfuerzo de más para ir hacia arriba. El terreno es plano, con algunos montículos de tierra (sin contar los que se forman por las raíces), pero nada que indique que voy subiendo. Y eso es buena señal: el agua siempre va río abajo, por lo que muy cerca de aquí debe de haber algún pequeño arroyo.
Sin embargo, por mucho que quisiera apresurarme, mi cuerpo no me deja. Mientras más avanza mi caminata, mi deshidratación también lo hace. Con cada paso que doy, la tierra parece oscilar, mis extremidades me empiezan a pesar y mis piernas flanquean de vez en cuando; mi respiración se vuelve pesada y parece ser que mi cuerpo colapsará en cualquier momento. Veo mis párpados cerrarse y abrirse con lentitud, el agudo pitido en mis oídos retorna, esta vez obstruyendo todo sonido.
Voy bajando con lentitud mis rodillas y recargo mi frente contra un árbol. Sólo descansaré un momento. Aunque, podría dejarme caer aquí. Tener una siesta de la cual no despertaré, y soñar por siempre con que Albus y yo hemos, sorpresivamente, ganado los Juegos; que el mundo mágico nos aplaude y admira… Es más seguro morir dormida, por deshidratación, que morir a manos de otro campeón. No obstante, no he presenciado la muerte de mi primo y las chispas rojas no han aparecido en el cielo. ¿Cómo podría dejarme morir si ni siquiera he intentado proteger a Albus?
Un sabor amargo invade mi boca y me trago todos los pensamientos. Disgustada, y llena de una nueva motivación, abro de golpe mis ojos y me paro en un brinco. ¿Qué clase de Gryffindor sería si, al menos, no doy pelea? ¿Para que, entonces, fui enviada a la casa de los valientes? ¿Para qué fui escogida por el cáliz? Tengo una tarea, una misión, y esa comprende de proteger a mi primo. No puedo dejar que nimiedades como mi agotamiento se interponga en mi camino. ¡Por algo estoy aquí!
Sigo caminando, esta vez con más energía. Mis pasos se vuelven zancadas y esas zancadas pronto se llenan de velocidad cuando siento la tierra ablandarse bajo mi suela. Corro con velocidad, saltando raíces y piedras cubiertas de barro y musgo, ni siquiera dándome cuenta de cómo las ramas van cambiando de forma, como la luz se filtra más entre ellas y como aparecen montículos de pasto mientras más avanzo; hasta que llego a un pequeño arroyo. Mi respiración se encuentra agitada, siento mis mejillas arder, al igual que mi garganta, ambas están en llamas; pero eso no evita que esboce una gran lánguida sonrisa llena de alegría.
Sin pensarlo dos veces, me tiro en el lodo que hay y dejo que mi cuerpo se relaje. Olvido todo lo que me rodea y sólo me dedico a sentir lo que hay debajo de mí, a escuchar. ¿Podía haber encontrado un mejor lugar? Hay agua, que seguramente no está desinfectada, pero hay agua. Y con un solo sorbo me será suficiente, lo sé. Sin embargo, tomar tal riesgo no será necesario porque ahora que me fijo bien, hay flores haitianas cuyos tallos contienen agua mágica que quita la sed por horas; mantiene el cuerpo con energía. Además, los pétalos son comestibles, que aunque sean ligeros y sinsabor, me ayudarán contra el hambre mientras encuentro algo mejor.
Me arrodillo frente a las flores y empiezo a excavar alrededor de las plantas, para ver si sus raíces son gruesas. Tal vez pueda cocerlas cuando esté en un lugar donde el fuego no llame tanto la atención. Jalo con cuidado el tallo, tratando que no se rompa, y aplicando un poco más de fuerza, la flor con todo y raíces sale. Hay una gran mata, así que aprovecho para sacarlas todas. Mis dedos se entierran en la tierra que desprende un olor fresco, asaltando mi nariz. Inhalo todo lo que mis pulmones alcanzan a almacenar y sonrío un poco. Es el mismo olor que sentía cuando jugaba en el jardín de la Madriguera.
Acaricio los pétalos y los desprendo con lentitud, apreciando lo suave que se sienten debajo de mi piel, tan suave como la seda. Tal vez más. La observo por un momento, maravillada al encontrar tal tesoro dentro de este bosque tan sombrío y sin color. Lo llevo a mis labios y sonrío a pesar de ser insípido. Podré sobrevivir unos días con esto. A continuación, deshojo por completo la flor y me deshago de las partes innecesarias; absorbo desde el principio del tallo y el paraíso explota en mis papilas al momento en que el agua hace contacto con mi lengua. Doy un suspiro. Cierro los ojos para disfrutar la maravillosa sensación que baja por mi garganta. Refrescante. Empieza un agradable cosquilleo por ella, que se va extendiendo por todo mi cuerpo hasta la punta de mis dedos. Luego, desaparece y una ola de frescura invade mi cuerpo, para luego ser reemplazada por una revitalizante energía. Me paro de un brinco y muevo mis dedos, sintiéndome poderosa. Suelto una carcajada y guardo de inmediato las flores que corté y de inmediato me dedico a desenterrar todas las que encuentro.
Las guardo todas en los bolsillos que me sobran. Siento las piedras en mis otros bolsillos y sonrío. Ahora tengo comida, agua y unas cuantas armas. Estoy lista para adentrarme más a la zona y buscar a Albus.
Y sé justamente donde hacerlo, aún cuando me cueste admitirlo.
N/A: Por fin he empezado las clases. Por una parte estoy feliz, me gustan las clases. Sí. Pero por otra, me dejan agotada. Por lo que escribir un capítulo es difícil de hacer. Espero que no les decepcione como a mí. Gracias por la espera. Muchas gracias a aquellos que mandaron review. En el próximo capítulo pondré sus nombres porque ahora en verdad estoy que me caigo de sueño. A penas pude editar bien este asqueroso capítulo.
Una cosa más importante. He subido una serie de drabbles sobre Molly Weasley II. Donde se puede apreciar su punto de vista, sobre los Juegos, etc y su vida. Porque ella simplemente se ha convertido en algo más grande de lo que imaginé. Así que lean. Quién sabe, puede tener algo relacionado con el futuro del fic...
Editado el 14 de Junio de 2013
