DISCLAIMER: Los personajes de SNK no son míos, son de Hajime muertes locas.
GENERO: TIPO: Romance/crack/Riren/Levi-loboxEren/humor/AU/familiar/lemon/lenguaje malsonante.
Casarse con Levi, tener hijos, comprar un auto, vivir felices por siempre.
El ojiverde sonrió dormido, imaginando toda su vida en ese orden, la cabeza caída y los mechones de cabello castaño que cubrían sus ojos le otorgaban un aspecto inocente.
—¿El padre? —preguntó una enfermera pellizcando ligeramente su hombro
—¿Qué? —Eren entreabrió los ojos encontrándose con una mesa de cristal y revistas para niños de hace casi cien años.
—Pregunte si tú eras el padre de la criatura —informó la enfermera, visiblemente impaciente, sentenciando con sus enormes ojos al ojiverde.
—S-si —balbuceó el menor— soy el padre.
Levantándose del sofá, donde segundos antes dormitaba en sueños, siguió con paso cansado a la mujer de bata blanca hasta el otro consultorio donde su amigo Armin descansaba recostado sobre una camilla junto a la máquina cuadrada con una pantalla negra. A su lado, un hombre de aspecto gruñón y serio dispersaba el gel azulado sobre el vientre desnudo del rubio.
La gorra de lana cubría las orejas del rubio, y la ropa femenina recién comprada le quedaba perfectamente ceñida al cuerpo. Nadie podría dudar de Armin, no cuando estaba travestido.
—Increíble —murmuró el doctor mientras rodaba un aparato blanco y cuadrado sobre el abdomen de Armin
Eren decidió no molestarlos y tomó asiento a un lado de ambos, obviamente tratando de descifrar los trazos blancos y negros de la pantalla.
—¿Cuántos son? —preguntó el rubio con nerviosismo
—Son tres —contó el galeno— felicidades. Ustedes son jóvenes pero felicidades. Dos varones y una niña —frunció el ceño— pero estos fetos son diferentes, estos rasgos físicos son...desconocidos para mí.
—Como los cachorritos —murmuró Eren lo suficientemente alto como para que solo el rubio lo escuchara.
—Trillizos —dijo Armin— ¿mis bebés?
—Podemos hacer una ecografía más detallada para saber qué tipo de anomalías presentan —insinuó el medico
—No, gracias —lo interrumpió Eren— solo vinimos para averiguar cuantos son.
Sin decir nada más dio media vuelta esperando que Armin se levantara y pagó el servicio, las manos le temblaban, ese hombre estuvo a punto de descubrirlos.
¿Y si lo hacía?
Nada de eso...
¿ Y si Levi se enteraba?
El solo dar paso a esa remota posibilidad, teniendo en cuenta que el mayor ahora mismo se encontraba en pleno estado de hibernación, lo ponía enfermo.
—Todavía no te di las gracias —dijo Armin solo para romper el silencio que sobrevino sobre ambos al subir al auto "prestado" de Levi.
—Somos amigos —sonrió el ojiverde apretando el volante con los dedos.
—Tranquilo —el rubio deslizo las ventanas oscuras para poder cambiarse en paz— tu esposo nunca lo descubrirá.
—No es mi esposo —se quejó Eren
Armin tiró la gorra de lana a un lado dejando a la vista el perfecto par sincronizado de orejas, luego comenzó a luchar contra la falda larga y las sandalias, dejando el suéter rosa en su lugar. Le encantaba ese suéter, pero las faldas... santo cielo.
Él era Armin Arlet, un hombre, tenía pene, dignidad y orgullo.
—Si al menos intentaras convertirlo en tu esposo —insinuó Armin con esa sonrisita de complicidad inocente, la cola espesa y suave se removió debajo del asiento para acomodarse en uno de sus muslos desnudos— viven juntos y hacen esas cosas propias de parejas estables. Sería lógico, no sabes cuando llegue alguien y te lo arrebate.
—Él es diferente —señaló su amigo
—Tu novio es un hibridó, correcto. Pero tendrás hijos.
—No entiendes —el castaño negó con la cabeza deteniéndose frente al semáforo— si se enteran de su existencia podrían matarlo. Y matarte a ti.
Armin lo observó con el rostro pálido.
—¿A mí?
—Se supone que los hombres lobo no existen
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
El ojiverde llegó a casa un poco más tarde de lo usual, ya casi anochecía cuando colgó las llaves del coche sobre los ganchos pegados en la pared.
La cama estaba tendida y la ropa lavada. Mierda. De seguro él iba a regañarlo.
—Llegas tarde —la sedosa voz de su novio lo sobresaltó, Levi se encontraba recostado sobre el sofá de la sala, con el torso desnudo y los pantalones de dormir.
—Fui a la biblioteca...con Armin —antes de que sus orejas se pusieran rojas, algo típico en el menor cuando estaba mintiendo, escapó a la cocina sin dejar de hablar sobre su día y los libros de del rubio.
—Tu madre llamó hace unas horas
—...y ¿Qué quería? —al parecer Levi creyó la mentira. Estupendo.
—Aparte de enviarte a un psiquiatra —el pelinegro se puso de pie encaminándose al marco de la cocina para ver como las rápidas manos del menor trabajaban en la cena de esa noche— quería saber cómo estas.
—Estoy perfecto —el ojiverde asesino una zanahoria con dos tajos de carnicero— todavía no estoy muerto.
—Si mueres nuestros hijos no tendrán a su padre
—Si alguna vez sucediera, tu serias el padre y yo la madre
El ceño fruncido de Levi se alteró por breves instantes.
—¿Madre? —interrogó— pero tú eres un hombre
—Pero yo los daré a luz —se justificó Eren sin saber en qué momento la conversación dio un vuelco tan tremendo, y porque razón se sentía tan confiado al contar ese detalle vergonzoso. El rubor que se extendía por sus mejillas le inspiró confianza.
—Como quieras —el mayor apoyó la espada contra la pared— señora Ackerman.
Si las miradas matasen, Levi ya estaría bajo tierra.
Sonrió de medio lado al ver el fulgor amenazante de esos ojos verdes, entonces por primera vez en mucho tiempo dejó que sus ojos grises se tornaran afiladas y dos pares de orejas punteagudas salieran a la vista sobre su cabeza.
—Aquí no —musitó Eren dejándose hipnotizar por las pupilas verticales de su novio— déjame terminar y lo haremos.
Cinco minutos después con el fuego hirviendo los vapores de la olla, Eren se lavó las manos secándoselas en la toalla con figura de frutas que colgaba del lavamanos.
Levi no se había movido de su posición.
Si algo satisfacía a un ex alfa como él era precisamente la iniciativa de su pareja y morderlo, como los vampiros de las películas, pero sin extraer la valiosa sangre. Generalmente, Eren procedía de forma simple, dejaba al descubierto su cuello ofreciéndose y echando la cabeza hacia atrás o a un costado. Contenía la respiración al sentir los incisivos del mayor sobre su clavícula y la forma en la que se cerraban sobre su piel penetrando en ella sin dificultad alguna.
Una especie de marca preliminar. Para delimitar su territorio en caso de un posible rival, la antigua cicatriz del menor ya estaba cicatrizando cuando Levi lo mordió esa noche.
Con unas cuantas lamidas logró anestesiar la zona y le regaló un beso con el sabor metálico de su sangre.
El ojiverde jadeó al sentir una mano intrusa sobre su pecho, la herida dejaba de sangrar, se apartaron cada uno con su propio estilo de sonrisa. La vista era perturbadora, densa, casi lujuriosa.
Eren se dejó mimar entregando su rostro al igual que un gato cariñoso, con la respiración subiendo de nivel a cada caricia. Entonces giró con gracia hasta apoyar ambas manos sobre el borde de la mesa e inclinarse hacia adelante.
—Eres un cachorro pervertido —gruñó el pelinegro con los sentidos alertas a la menor respiración del ojiverde.
—Soy tu cachorro —le recordó Eren
—Podría marcarte ahora mismo —Levi se imaginó lo fácil que podría ser, además de un shock permanente en el menor y una docena de cachorros, los resultado serian bastante satisfactorios.
Pero se trataba de su cachorro, el mismo chico impulsivo que lo veneraba como a un dios, el que cocinaba cada mañana despertándolo con un buen desayuno y a quien amo desde la primera vez que lo encontró en la cama. Cuando era tan solo un niño.
Su frágil Eren.
Tenía que protegerlo.
De todas formas, sería su familia, su nueva manada. Alguien en quien confiar ciegamente porque Eren era incapaz de mentirle a él.
Lo amaba tanto, Levi el perro solitario se había enamorado de un mocoso, un cachorro por quien era capaz de dejarlo todo.
—Hazlo —la firme respuesta de Eren lo dejo medio atónito, Levi nunca lo demostraría en su rostro pero internamente estuvo a punto de pegar un grito— márcame, conviérteme en tu mujer.
Ese era Eren Jaeger, una cajita llena de sorpresas.
Solo pudo soltar una risita apagada, realmente habría que estar desesperado por sexo para decir semejantes tonterías. Desesperado, caliente o quizá finalmente Eren deseaba un futuro junto a él.
Un para siempre.
—Si estás listo... —iba a decir el mayor cuando un llanto proveniente de afuera borró la mueca de amor del ojiverde.
—¿Que mierda es eso?
—¡No es nada! —chilló Eren saltando sobre su pareja antes de que fuera a investigar, lo acorraló entre sus brazos tratando de besarlo con fuerza. Distraerlo, confundirlo, cualquier cosa.
El llanto se intensificó por dos.
—Por favor, no pienses —exigió Eren— solo bésame, si me amas por favor solo bésame.
—Viene del departamento de Arlet —dedujo Levi— es un bebé
—Ven —el ojiverde sonrió sin ganas— vamos a la cama, ahí no hay ruidos...
—Eren —el pelinegro se alejó del menor para observarlo a la luz de la luna— ¿Por qué tiemblas?
—Porque estoy excitado
—Ni siquiera estas duro
El menor se mordió los labios sin saber qué hacer, los gritos se intensificaban y tarde o temprano alguien los escucharían y vendrían a investigar y encontraría a Armin y descubrirían la verdad y le quitarían a los cachorros y luego matarían a Levi. Y, y... el moriría.
—Perdóname —susurró besándolo con fuerza antes de echarse a correr en dirección a la puerta de salida, cruzó el angosto pasillo plantándose frente a la puerta abierta de Armin.
No tuvo tiempo de preguntarle porqué gritaba , alguien más paso el seguro y se plantó frente a ellos intercambiando miradas de profundo desconcierto y desdén.
—Puedo explicarlo —dijo el ojiverde sin ánimos de voltear y ver la decepción de Levi.
—Quisiera que lo hagas —la voz del pelinegro no guardaba rencor alguno, solo unas cuantas gotas de dolor.
—Cariño, yo no quería —trató de persuadirlo con algún sobrenombre— pero es la vida de mi mejor amigo y fue su decisión.
—Mentiste. Ustedes se burlaron en mi cara mientras yo hibernaba
—Porque yo le dije que te mintiera —justifico Armin, cubriendo la cuna donde dos de sus cachorros lloraban de forma desconsolada.
—No te atrevas a dirigirme la palabra, puta barata —gruñó Levi— Erwin se volverá loco ¿Tienes idea de lo que has hecho?
—¡Fue mi decisión! —gimió el rubio
—Levi, mi amor —Eren se interpuso entre ellos con cautela— no puedes contárselo a tu hermano.
—Tiene derecho de enterarse —se quejó sin levantar la vista de los bebés rubios que terminaron por calmarse.
—Si lo haces —el castaño miraba un punto muerto de la casa, luego a Armin y su cara de felicidad al ver a sus tres retoños— si lo haces, terminaré contigo.
No podía creerlo, realmente esas palabras salieron de su boca.
Levi lo examinó con cuidado, por primera vez sus profundos ojos grises se abrieron un poco más de lo esperado.
—¿Eres consciente de lo que estas pidiéndome? —preguntó sin ninguna burla en la voz.
—Si cruzas esa puerta, lo nuestro será historia —amenazó por segunda vez. Mostrándose fuerte, decidió frio...
Intentaba controlar su pulso a como dé lugar, el temblor involuntario de los labios fueron apagado con la ira de esos ojos centelleantes.
Levi se quedó callado, observando la tenue luz de luna que se filtraba por una de las ventanas.
—Hagámoslo de esa forma —pudo decir al fin— se acabó. No te importa ni una mierda nuestra relación, eres un mocoso.
Abandonó la estancia sin pronunciar una sola palabra demás, no azotó la puerta ni pidió explicaciones. Solo, se fue.
Se suponía que Levi no iba a atreverse, pero lo hizo.
Tan rápido.
Armin estaba estático, hundido en su sofá y más pálido que nunca.
—Ve por él —murmuró a causa de la debilidad— ¡ve por él! —gritó esta vez mas alto.
Pero Eren era un manojo de nervios, toda su fortaleza se desvaneció en cuestión de segundos. Atónito por lo acontecido, apenas pudo tartamudear el nombre del pelinegro. Sus piernas le fallaron y el miedo incubado en su cuerpo durante tanto tiempo por fin salió a flote.
Hundiéndolo.
Él no quería eso, en verdad no quizo hacerlo.
Volvió a casa lo más rápido que pudo, la cocina olía a humo. Alguien había apagado el fuego antes de tomar sus cosas y marcharse.
Eren no quizo creerlo, con pasos lentos se dirigió al dormitorio, continuaba intacto como siempre.
Abrió un cajón, allí donde tenía dobladas con esmero las camisas del mayor, vacío.
Soltó un sollozo y corrió hacia el armario grande con la esperanza de que los abrigos de Levi continúen allí.
Se derrumbó.
Al principio la sensación extraña de estar ahogándose impidió que las lágrimas sobresalieran por sus parpados, pero pudo mover los hombros llorando en silencio. El dolor fue demasiado fuere. Las circunstancias impactantes.
Con la voz rota lo llamó por última vez, pidiéndole perdón.
La sensación de estar solo fue lo único que liberó su agonía.
Tuvo que hundir el rostro en la almohada de Levi, lo único que había dejado, desahogándose.
PROXIMO CAPITULO
Final: La camada de Eren
Los vampiros y lobos son enemigos naturales
corregí los anteriores capítulos para darle algo decente a Mikraller (?) esta historia tenía muchas faltas de ortografía.
El final de los finales es crack y me gusto escribirlo.
