Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 4

Jadeé, mi cuerpo temblaba. Parte de mí sabía que necesitaba gritar, levantar mi pie, pisar el empeine de este hombre y correr. Y aun así no lo hice. En lugar de eso, me recargué en su pecho, encontrándolo extrañamente cómodo.

—¿Quieres esto, Isabella? —Gemí cuando la profunda voz murmuró en mi oído, causando que un estremecimiento bajara por mi espalda ante el uso de mi nombre completo. Sonaba tan sexy viniendo de su voz queda y ronca—. ¿Sexo caliente, rápido y duro? ¿O sólo intentabas causar una reacción en tu amiga?

Por supuesto que sólo intentaba eso, gritó mi mente. No lo decía en serio.

Sin embargo, mi cuerpo traidor y mi boca tenían otras ideas.

—No… no sé —susurré.

—Rara vez dices cosas que no sientes, Isabella. Sé eso de ti.

Sus grades manos se apretaron brevemente antes de trazar lentos círculos en mis costados. Mi aliento se me atoró en la garganta al sentirlo que subía, rozando gentilmente sobre el bulto de mis pechos. Su lengua trazó un camino de arriba abajo por mi garganta, luego sus labios encontraron la base de mi cuello, tentando y lamiendo, mandando pequeñas ondas por mi sistema.

—Necesito que decidas, Isabella. Necesitas desear esto… tanto como yo. Porque lo deseo. Te deseo a ti.

Otro pequeño gemido escapó de mi garganta.

Se rio suavemente.

—Tal vez pueda ayudarte a decidir.

De repente, me giró y su boca cubrió la mía. Su lengua presionó para entrar y su sabor; café, menta y el toque de algo dulce, explotó en mi boca, mientras su aroma, oscuro y condimentado, me envolvía. Me sostuvo fuertemente contra él con un brazo, la otra mano enterrada en mi cabello mientras ladeaba mi cabeza y movía su lengua contra la mía, controlándome totalmente. Podía sentir su erección presionada entre nosotros mientras me besaba y mordía mis labios, su lengua ofrecía dulces lamidas de alivio para sus punzantes mordidas. Vino hacia mí una y otra vez hasta que, finalmente, yo quedé temblando y jadeando, sosteniéndome de sus hombros como si mi vida dependiera de ello a causa del abrasador fuego que había construido dentro de mí. Se apartó y me giró de nuevo, sus brazos rodeándome, sosteniéndome fuertemente contra su pecho, su cabeza enterrada en mi cuello. Cerré los ojos ante la sensación de sus cálidos jadeos contra mi piel.

El sonido de nuestros jadeos llenaba la habitación. Se apartó e inmediatamente tuve una sensación de pérdida cuando se rompió nuestro contacto.

—Tienes que decidir, Isabella. Quiero darte lo que deseas, pero tienes que quererlo de verdad. Tengo que escuchar que lo deseas. —Su voz sonaba ronca y podía sentir su necesidad, incluso cuando él se apartó de mí.

—¿Cómo lo sabes? —susurré—. ¿Cómo pudiste escucharme?

Nunca llegó la respuesta. Se escuchó otro sonido suave y de repente la habitación estaba llena de luz. Me giré para encontrar el lugar vacío. Corrí a la puerta y la abrí hacia el pasillo desocupado. Tropecé de regreso a la sala y miré en blanco la copiadora que seguía trabajando.

Sacudí la cabeza, mis dedos se posaron sobre mis hinchados labios que seguían cosquilleando por su posesividad, el único signo seguro de que lo que había pasado era real y no un fragmento de mi vívida imaginación. La copiadora se detuvo y agarré mi pila de papeles, luego me dirigí a mi escritorio con las piernas temblorosas.

Me dejé caer y miré a mí alrededor. ¿Estaba esa voz aquí? ¿Estaba sentada en esta oficina la persona que había causado que mi cuerpo ardiera con un deseo que nunca antes había experimentado? Nadie parecía diferente. No había mejillas sonrojadas o pechos agitados. El elevador sonó y las puertas se abrieron, Masen entró a la oficina, sus manos llenas de bolsas mientras caminaba, asintiendo brevemente pero sin detenerse al dirigirse a la oficina de Alice. Todos parecían normales.

Suspiré profundamente al dejar caer la cabeza en mis manos. Estaba tan confundida.

También increíblemente excitada.

—¿Bella?

Alcé la vista con cansancio.

—Hola, Rose.

—¿Estás bien? Te ves… acalorada.

—Sí… estoy bien. La sala de copiado estaba… caliente.

Me miró de manera extraña.

—Bien.

Me paré y fui al baño, mirándome en el espejo. Mejillas sonrojadas y ojos brillantes me regresaban la mirada, mis labios estaban rosas y cálidos bajo mis dedos.

Mi celular vibró.

Puedo hacer que la sala sea más caliente. Quiero ponerte más caliente.

Escucho todo lo que dices, incluso las cosas que no dices. Y te veo. Realmente te veo.

Esa es la diferencia, Isabella. Tú miras y nunca ves lo que está frente a ti.

Te esperaré.


¡Capítulo de regalo! No pude negarme a subirles un capítulo extra luego de la forma en que terminó el anterior, no soy tan malvada… a veces.

Espero que les haya gustado el capítulo, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!

Nos leemos el jueves ;)