Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 5

Pasé la mayor parte de la noche despierta, girando y moviéndome, mi mente hecha un caos. Finalmente me rendí y aparté las cobijas, caminando descalza hacia la cocina para preparar café. Me quedé parada viendo hacia la ventana mientras bebía la caliente bebida tranquilizadora.

¿Qué demonios había pasado ayer? ¿Quién era esa chica que había dejado que un extraño la tocara tan íntimamente en la sala de copiado? Sacudí la cabeza sorprendida. Esa no era yo.

Entonces, ¿por qué no lo detuviste? Susurró mi mente.

Suspiré al pensar en ello. El cómo se sentían sus manos en mi cuerpo. La forma en que su boca se movía y dominaba la mía. El deseo que había despertado dentro de mí.

Me gustó. Mucho.

Y se sentía extrañamente correcto. Su toque no se había sentido… mal; sentí como si sus manos pertenecieran en mí.

—Oh Dios mío, Swan, baja de tu nube —gemí en voz alta.

Enderecé mis hombros. Hoy descubriría quién era y le dejaría las cosas claras. No se volvería a acercar a mí. Asentí. Eso era exactamente lo que haría.

Mis dedos tocaron mis labios cuando una extraña sensación pasó a través de mí. Ya lo extrañaban.

*()*

—¡Swan! —ladró James.

Gemí. Llevaba todo el día de mal humor, hablándome mal y presionándome. Nada le complacía y yo no había dejado mi escritorio para nada por sus constantes actualizaciones y correcciones en su última propuesta.

Entre mi edición furiosa mantuve los ojos bien abiertos para ver si alguien me miraba. Igual que ayer, nada parecía estar fuera de lugar. Los asistentes e internos estaban moviéndose de aquí a allá, hablando, trabajando. Jasper y Emmett estaban recargados en su lado de la oficina, y el escritorio de Masen estaba vacío ya que tenía clases los miércoles. Existía la posibilidad de que regresara más tarde, ya que muchas veces venía luego de salir de la escuela, pero por ahora estaba vacío. La puerta de Alice estaba cerrada, lo cual sin duda significaba que estaba en medio de uno de sus frenesís de diseño. Masen tendría las manos llenas si aparecía más tarde. Mientras tanto, yo tenía que lidiar con mi propio jefe malhumorado.

Me paré, suspirando, y fui a enfrentar a James.

—¿Sí, oh gruñón?

Me frunció el ceño.

—Muestra un poco de respeto.

Sonreí dulcemente.

—¿Sí, oh señor gruñón?

—Eso está mejor. —Me dio las últimas actualizaciones—. Esto está bien. Necesito cuarenta copias para mi reunión en la mañana.

Miré el reloj.

—Bien. Las tendré listas para las cinco.

—Bien —gruñó. Me giré para irme—. Bella. —Miré hacia atrás, alzando la ceja—. Buen trabajo. Como siempre. Te debo la comida.

Sonreí.

—Gracias, jefe, pero me debes más que eso.

Ladró una carcajada.

—Lo sé. Ve a sacar mis copias.

Recogí mis cosas y me dirigí al pasillo, mirando discretamente a mí alrededor, pero nadie parecía estar prestándome atención. Cuando llegué a mi sala de copiado, encendí la luz y miré de nuevo a mí alrededor. Estaba vacío, el único sonido era el zumbido constante del aire en la esquina. Encendí la copiadora para que se calentara y metí los documentos en la bandeja. Había traído mi teléfono conmigo, planeaba jugar una partida de Words with Friends para ayudar a pasar el tiempo. Presioné "comenzar" y me giré para quedar de frente a la puerta. Si él venía en esta ocasión, lo vería antes de que tuviera oportunidad de apagar las luces y esconderse.

La copiadora zumbó y me quedé parada, esperando, pero la puerta no se abrió. La copiadora se detuvo y al bajar la vista vi que necesitaba papel. Le añadí más, cerrando la bandeja justo cuando las luces se apagaron. Jadeé suavemente cuando sentí su presencia.

—No me toques.

Su voz sonó queda, casi triste.

—Cambiaste de parecer.

—Sólo fueron palabras. No me follo a extraños en salas oscuras. Vete.

Se acercó más y pude sentir su calidez.

—¿Y si no fuera un extraño? —Sus dedos se movieron a lo largo de mi cuello, causando que un suave gimoteo escapara de mi garganta y de repente estaba presionado contra mí, su brazo envuelto en mi cintura. Su cálido aliento cosquilleó mi cuello al susurrar en voz baja contra mi piel—. ¿Estás segura? ¿Quieres que me vaya… Isabella?

—Sí. —Pero no sonó muy convincente, salió más como una pregunta; mi mano agarró su brazo cuando sus labios se movieron ligeramente sobre mi garganta.

—Lo haré si es lo que realmente quieres.

—Lo… quiero —susurré temblorosamente. Excepto que, de repente, no estaba segura de que eso era lo que quería, en absoluto.

—O… podría besarte de nuevo y podríamos discutir esa idea de irme más tarde. —Sus dientes tiraron de mi lóbulo, causando que otro estremecimiento pasara a través de mí.

Tragué profundamente, recordando su beso posesivo del día anterior y cómo es que me hizo sentir tan viva.

—Me gustaría hacerlo, muchísimo. De verdad me gustaría besarte de nuevo… —Sus labios se movieron sobre mi lóbulo, su lengua trazaba ligeramente la orilla—. ¿Te gustaría… Isabella… que te besara de nuevo? —Su voz sonaba cálida y seductora en mi cabeza y, antes de darme cuenta, asentí, encontrándome una vez más siendo girada y presionada contra él mientras cubría mi boca con la suya. Al instante mis sentidos fueron abrumados por su sabor y aroma. Su lengua acarició y exploró, dominándome totalmente. Mis manos se aferraron a su suéter al recargarse en mí, inclinándome hacia atrás. Me sostuvo firmemente contra él, su boca no abandonó la mía mientras me convertía en una jadeante pila de necesidad.

Apartó sus labios, moviéndose a mi garganta, lamía y mordía la sensible piel mientras su mano se metía entre nosotros, desapareciendo en la cintura de mis medias y agarrándome fuertemente. Jadeé ante esa sensación de posesividad y él gruñó en mi cuello.

—Esto no se siente como si quisieras que me fuera —susurró siniestramente—. Esto se siente como si quisieras que entrara… —Sus dedos comenzaron a moverse, acariciándome suavemente, y agarré su suéter en puños más fuerte cuando la repentina necesidad de sentir más fluyó a través de mí.

Sus labios estaban presionados en mi oído.

—Ábrete para mí, Isabella. Déjame hacerte sentir bien.

Con un pequeño gemido hice exactamente lo que quería y sus dedos se deslizaron más dentro, encontrando ese lugar donde estaba adolorida por él. Su boca tapó la mía de nuevo y me perdí en un mundo donde no existía nada más que él. Su lengua y sus dedos; moviéndose, acariciando. Ambas reviviendo olvidadas sensaciones de placer. Arqueé la espalda para acercarme más a su toque, haciéndolo sonreír en mi boca.

—Eso es, nena, toma lo que necesites de mí. Déjame escucharte correrte por mí, Isabella. Déjame sentirlo en mi mano —exigió su voz mientras aceleraba su ritmo. Sus labios cubrieron los míos de nuevo cuando explotó una brillante mancha de color detrás de mis ojos fuertemente cerrados, gritando por el placer que me daba su mano.

Sus manos se hicieron más gentiles, se apartaron y luego se envolvieron a mí alrededor, enderezándonos a ambos. Me llevó de espaldas hacia la única silla en la sala, empujándome hacia el asiento. Sentí que se inclinó hacia enfrente, su mano acunó mi cara al besarme de nuevo, esta vez de manera suave, dulce, pero no menos posesiva.

—Eres hermosa —susurró en mis labios antes de pararse.

—No te vayas… —Levanté la mano en la oscuridad, buscando, mientras le rogaba en voz baja; sorprendida al escuchar mi propia voz sonando tan necesitada.

Su mano agarró la mía, besándola con suavidad.

—Pronto, Isabella.

Suspiré al pararme, sabiendo que él ya no estaba. Unos segundos después las luces se encendieron y miré a mi alrededor confundida. ¿Cómo hacía eso? Me paré inestable, cayendo en cuenta que no volví a encender la copiadora ni a inicializarla. Giré la mirada y fruncí el ceño al darme cuenta que en la mesa, junto a mi teléfono, estaba una botella de agua y una barra de granola. Justo entonces mi teléfono vibró.

No comiste hoy.

Necesito que te cuides.

Sonreí a la pantalla y sacudí la cabeza. Él me había estado viendo de nuevo. La parte lógica de mi ser sabía que eso debería molestarme, que debería sentirme cohibida, pero por alguna razón lo encontraba consolante.

Mi teléfono vibró de nuevo. Jadeé en voz baja al leer el mensaje iluminado en la pantalla.

Estuviste perfecta cuando te corriste para mí.

No puedo esperar para enterrarme en ti.

Y no soy un extraño. Te conozco.

Es sólo que tú todavía no me has encontrado a .


Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!

Nos leemos en el siguiente capítulo ;)