Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 6
Leí el mensaje de nuevo, mis mejillas ardían. ¿Cómo hacía eso? Él ni siquiera estaba en la sala, pero podía sentir su deseo.
Su deseo por mí.
Bebí el agua y me comí la barra de granola que me había dejado en la mesa; sonriendo maravillada ante el hecho que era de mis favoritas. Yo no era muy cercana a nadie aquí, excepto por Rose, e incluso dudaba que ella conociera mi barra de granola favorita. Usualmente ella estaba muy ocupada contándome de su vida amorosa y lo genial que le iba a ella para notar algo tan trivial como eso.
Pero de alguna manera él lo sabía.
Para cuando terminé de sacar copias, ya me había calmado lo suficiente para entrar al baño y asegurarme de estar presentable antes de regresar a mi escritorio sin ser notada. Miré a mi alrededor furtivamente, pero ningún chico estaba usando suéter. Suspiré y sacudí la cabeza. Le di sus copias a James y acordamos reunirnos a las 8:45 de la mañana para ir juntos a la reunión.
—¿Estás seguro de que no puedo llevar las copias por ti, James? Podemos encontrarnos allá.
Me miró frunciendo el ceño.
—No.
Negué con la cabeza.
—Algún día te traeré al siglo veintiuno, jefe.
—No confíes en ello.
Riéndome agarré mi bolsa, me dirigí al elevador y presioné el botón. Las puertas se abrieron y Masen salió, casi tirándome a causa de su prisa.
—¡Mierda! Perdón, Bella, ¿estás bien? —preguntó, se veía avergonzado mientras me estabilizaba, tirando su maletín en el proceso.
Le sonreí, notando su desaliñada apariencia. Como siempre, su camiseta estaba arrugada y su cabello por todos lados.
—Estoy bien, Masen. ¿Y tú?
Me sonrió tímidamente desde el piso, subiéndose los lentes por la nariz.
—Sí, sólo vengo tarde. Yo, ah, me entretuve en la escuela.
Agachándome, lo ayudé a recoger unas cuantas cosas tiradas, incluyendo un montón de sus amados dulces Werther's.
—En serio eres adicto a estas cosas, ¿no?
Sus mejillas se sonrojaron ligeramente al extender la mano por los dulces.
—No eres la primera persona que lo dice.
—Tal vez necesitas un grupo de apoyo.
Sonrió al pararse.
—Lo tendré en mente. ¿Irás a la reunión de mañana?
Asentí.
—Le acabo de dar a James los documentos. Sin duda ahora están encerrados en una bóveda a prueba de balas, contra incendios con una contraseña que él no revelaría aunque lo amenazaran de muerte.
Masen se rio entre dientes.
—Otro divertido día en la sala de copiado, ¿eh?
Me sonrojé furiosamente al pensar en lo divertida que había estado la sala de copiado.
—¿Bella?
Mis ojos se encontraron con los suyos. Me estaba viendo preocupado.
—¿Estás bien?
Asentí.
—Sí. Estoy… bien. Te veré en la mañana, ¿verdad?
Frunció el ceño.
—¿Estás segura de que estás bien? Estás muy… distraída.
Estaba en la punta de mi lengua el decirle que muchas veces un buen orgasmo le hacía eso a una chica, pero negué con la cabeza.
—Estoy bien. Te veo en la mañana.
Asintió mientras ponía uno de los dulces en mi mano.
—Ten. Necesitas azúcar. Nos vemos luego. —Girándose, avanzó a través del lugar hacia la oficina de Alice. Nunca antes había notado las largas piernas que tenía.
Me detuve. Qué extraño pensamiento. Desenvolví el dulce al esperar el elevador y me lo eché a la boca, disfrutando el sabor a caramelo. Podía ver por qué estaba chupando estas cosas constantemente.
La idea de unos labios chupando me regresó a la sala de copiado y gemí suavemente.
Necesitaba un trago.
*()*
Dormí como bebé esa noche. En la mañana me vestí con cuidado, poniéndome mi falda favorita, azul con blanco. Amaba la forma en que fluía, apenas rozándome sobre las rodillas. Le añadí una simple blusa blanca y me recogí el cabello. James siempre apreciaba el esfuerzo extra que ponía en verme profesional cuando nos reuníamos con clientes fuera de la oficina. Llegué a la oficina esperando tomar una taza de café, sólo para decepcionarme cuando me di cuenta que ya no había. Gruñendo me senté en mi escritorio, deseando haberme detenido a comprar una.
—Hola, Bella —me saludó la nerviosa voz de Masen.
Sonriendo, alcé la vista, y mi sonrisa creció más cuando noté el humeante café en su mano.
—Hola, Masen.
—Um, Bella, ¿por qué ves mi café como un adicto ve a su vendedor de drogas?
Me reí entre dientes.
—Supongo que no tienes uno extra.
Negó con la cabeza.
—¿Todavía no hay aquí?
Suspiré con tristeza.
—No.
Sonriendo, se inclinó y agarró mi taza del escritorio, sirviendo un poco de la bebida caliente en ella antes de ofrecérmela.
—Te compartiré. —Luego frunció el ceño y miró mi taza—. Creo que no tenía sobras.
Me reí y tomé la taza de su mano.
—Está bien. —Le di un gran trago y gemí feliz. Miré a Masen—. Eres un salvavidas.
Se encogió de hombros con timidez, sus mejillas estaban sonrojadas.
—Siempre estoy feliz de poder ayudar a una amiga.
Me incliné hacia enfrente y choqué mi taza con la suya.
—Por los amigos.
Sus ojos color esmeralda brillaron tras sus lentes.
—Por los amigos.
Vacilé antes de beber mi café.
¿Cómo es que nunca antes había notado lo verdes que eran sus ojos? Eran preciosos.
*()*
La reunión salió bien y todos regresamos a la oficina para la hora de la comida. James desapareció inmediatamente en su oficina para empezar los ajustes en su propuesta, deteniéndose brevemente sólo para informarme que necesitaría que trabajara el fin de semana. No me sorprendió, pues cuando algo así de grande estaba en proceso, muchas veces venía los fines de semana. Él siempre me daba tiempo libre para compensarme. Sin duda la oficina estaría muy llena este fin de semana con otros trabajando también.
Mi estómago revoloteó al preguntarme cuántas copias necesitaría James hoy y preguntarme si él aparecería de nuevo. Agarré el sándwich que había traído, mirando inquisitivamente por la oficina. Tan sólo en esta área había más de una docena de hombres. Sin contar el resto de la compañía. ¿Cómo iba a descifrar esto? Mi madre siempre me decía que, la mayor parte del tiempo, yo era la persona más despistada que ella conocía. ¿Estaba él justo aquí? ¿Frente a mí? ¿O en alguna de las otras oficinas? ¿Me estaba viendo en este preciso momento? Miré a mi alrededor y suspiré. Mi mamá tenía razón. Yo no tenía ni idea.
Intenté ignorar la vocecita que me preguntaba si realmente quería descubrirlo. Tal vez lo que le había dicho en el calor del momento a Rose había sido verdad. Tal vez sexo caliente con un extraño era exactamente lo que quería. Lo que necesitaba ahora.
James dejó caer un archivo, asustándome.
—Lamento interrumpir tus fantasías, Swan. Necesito esto tecleado. Tengo que salir. Quiero diez copias listas para cuando regrese. Ponte a hacerlo.
Rodé los ojos.
—¿Puedo comerme mi sándwich primero, master?
Bufó.
—Si tienes que hacerlo.
Me reí.
—Lo tendré listo. ¿No quieres revisarlo antes de que saque las copias?
—No, confío en ti.
Puse la mano sobre mi corazón.
—Deja ya los cumplidos. Me estás matando.
—Bocona.
*()*
Entré y ni siquiera llegué a la copiadora cuando un par de fuertes brazos se envolvieron a mi alrededor, las luces se apagaron antes de que pudiera moverme. Solté mis documentos a causa de la sorpresa ante su repentina aparición.
—Isabella.
Cerré los ojos ante el sonido de su voz, queda y chorreando con necesidad. Al instante mi deseo llameó.
Mordió mi cuello.
—Te he estado esperando.
—Oh.
Él nos hizo avanzar hacia enfrente, deteniéndose cuando llegamos a la mesa. Brevemente mi mente se preguntó cómo hizo eso. Él parecía saber exactamente a dónde ir sin chocar con nada, incluso en la oscuridad, pero cuando sentí su toque, mi mente dejó de hacer preguntas. Me empujó hacia enfrente, sus manos subían y bajaban por mis muslos.
—Tan bonita hoy, Isabella. Te ves tan jodidamente sexy con tu faldita, ¿eh?
Se inclinó, presionándose contra mí, su deseo ya era aparente.
—¿La usaste para mí?
Su cercanía me hizo valiente.
—¿Te gusta?
Se rio entre dientes.
—Me gustaría más en el piso.
Gemí.
—Te vi —susurró en mi cuello, su aliento soplaba sobre mi piel—. Te vi buscando… ¿estabas intentando encontrarme, Isabella? ¿Estabas sentada en tu escritorio pensando en mí haciendo esto? —Sus manos cubrieron mis pechos, apretando y sobando, jalándome contra él; luego las subió, giró mi cabeza y me besó profundamente. Ambos gemimos cuando nuestras bocas se fusionaron. Mis manos subieron, enredándose en su cuello y encontrando su cabello, suave y corto en la nuca. Podía sentir el bulto de un suéter debajo de mi mejilla, donde mi cara estaba presionada en su hombro. Se apartó, bajando sus labios a mi odio, su voz sonaba divertida—. Deja de pensar, Isabella. Nunca sabrás quién soy hasta que finalmente abras tus ojos.
Sus labios chocaron de nuevo con los míos, sus manos comenzaron un tortuoso circuito que subía y bajaba, metiéndose bajo mi blusa para juguetear con mis duros pezones mientras su lengua acariciaba y probaba mi boca. Ambos estábamos jadeando cuando él se apartó, sus manos acunaron mis pechos una vez más antes de alzar mi falda, sus dedos trazaron suavemente mi centro.
—Estás lista ya, ¿no, Isabella? —Sus dientes mordieron con fuerza mi cuello—. Quieres que te… folle ahora, ¿no?
Gemí por sus palabras. Estaba muy lista.
—¿Sabes lo que hice después de que te dejé ayer, Isabella? —su voz sonaba queda, llena de oscuras promesas mientras presionaba sus labios contra mi oreja.
—No… —susurré, intentando no rogarle que me tomara ahí mismo, que me hiciera completamente suya. Deseaba a este hombre más de lo que había deseado a nadie más, jamás.
Su mano se envolvió en mi ropa interior y sentí que se rompió cuando él la jaló con fuerza. Sus dedos comenzaron a acariciarme suavemente, causando que pequeños jadeos de aire escaparan de mi boca. Cerré los ojos cuando olas de placer pasaron a través de mí.
—Luego de que lamí tu esencia de mi piel, usé la mano… mi mano… que te había causado tanto placer e hice lo mismo conmigo —gruñó, mordiendo con más fuerza mi cuello mientras que sus caricias se hacían más firmes.
—Oh… Dios… —lloriqueé.
—Eres deliciosa.
Me arqueé contra él cuando sus dedos se movieron en un círculo muy cerrado, empujándome cada vez más cerca de la orilla.
—Saber que seguías en mí me hizo correrme con más fuerza de lo que lo había hecho jamás. Fue un jodido desastre.
Mis músculos se tensaron cuando me golpeó mi orgasmo. Mi cabeza fue jalada hacia atrás y me besó profundamente, tragándose mis gritos mientras me removía, empujándome contra su pecho.
Sus labios se suavizaron, sacando pequeños besos de mí mientras me estremecía entre sus brazos. Su cálida boca fue dejando besos hasta mi oído, su aliento se sentía caliente en mi piel.
—¿Estás lista para mí, Isabella?
Gemí en voz baja.
Sus brazos se apretaron a mi alrededor, pude sentir su erección dura y prominente presionarse en mi espalda.
—Tienes que decirlo. No te tomaré si no me dices que me deseas.
Mi voz sonó sin aliento.
—Te deseo. Dios… te deseo… tanto.
Me empujó hacia enfrente de forma gentil para que mis brazos quedaran apoyados en la mesa. Mi cuerpo entero vibraba con anticipación y deseo. Retrocedió y escuché el suave sonido de sus pantalones golpeando el piso y el indistinguible sonido de un empaque de condón abriéndose. Se movió entre mis piernas, presionando hacia enfrente, sus brazos se envolvieron a mi alrededor, mi espalda chocó con su pecho, su gran polla ahora se deslizaba entre mis pliegues, cubriéndose con mi deseo.
—Nunca antes he hecho esto… jamás —solté de repente, necesitaba que lo supiera—. Nunca antes he actuado así.
Se congeló.
—Dime que me detenga y lo haré. —Su voz sonó ronca.
—No quiero que te detengas. Sólo que nunca… —inhalé profundamente—. Nunca me he follado a alguien sin saber su nombre.
Se empujó hacia enfrente de nuevo, riéndose mientras sus manos me agarraban de forma posesiva.
—Edward, Isabella. Mi nombre es Edward —gruñó al embestir hacia enfrente—. Y quiero escucharte gemirlo mientras te corres.
¡Y bingo! ¡Tenemos un nombre! Poco a poco se van revelando más cosas…
Espero que les haya gustado el capítulo, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos en el siguiente ;)
