Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 9
Me desperté la mañana siguiente adolorida y cansada. Músculos que no había usado en mucho tiempo se hacían notar de manera deliciosa, y cuando me estiré sentí su tirón. Me quedé en la ducha un rato más de lo normal, permitiendo que el agua caliente eliminara algunos de los dolores. Mientras mis manos se deslizaban sobre mi cuerpo con el jabón resbaloso pensé en sus manos y en cómo habían tocado mi piel. Me acuné los pechos recordando cómo los había agarrado y mis pezones se endurecieron bajo mis dedos. Con tan sólo pensar en lo que había ocurrido podía sentir el profundo dolor entre mis piernas, queriendo sentirlo, sentirlo a él ahí de nuevo.
Me estremecí, recordando cómo se sentía tener su polla enterrada en mí. Larga, gruesa, dura y… perfecta. Él sabía cómo tocarme y moverme para darnos a ambos el placer máximo. Nunca antes había estado tan llena, o había experimentado un orgasmo tan intenso. Quería sentir las dos cosas de nuevo.
Me miré en el espejo, mi cabello chorreaba sobre mis hombros, mis ojos abiertos con un deseo que no podía explicar.
Lo deseaba. De nuevo.
Las palabras que había pronunciado para sorprender a Rose de repente parecieron muy reales.
Quería sentir a Edward presionado contra mí. Quería sentir su grande polla embistiendo dentro de mí y escuchar su voz queda y ronca susurrar palabras sucias en mi oído mientras me follaba.
Mi estómago se tensó.
Oh, Dios.
Esto estaba muy mal.
*()*
Me estudié en el espejo, mordiéndome el labio. Me veía bien. Diferente para mí, pero bien. Estaba usando un blusón suelto sobre un par de medias de encaje. Debajo del blusón llevaba un sostén provocativo y el par de bragas más pequeño que tenía; un pedazo de encaje y satín sostenido con pequeños tirantes. Nadie lo sabría al verme. Pero yo lo sabía. Era un conjunto simple y fácil. Sonreí lentamente. Acceso simple. Fácil de remover.
En caso de que me "encontrara" con Edward de nuevo.
No tenía idea de si él volvería a aparecer. Me dio lo que quería. Obtuvo lo que él quería. Tal vez su picazón ya había sido aliviada. Tal vez nunca lo volvería a sentir detrás de mí.
Inhalé temblorosamente y me permití decirlo en voz alta.
Dios, esperaba que no.
*()*
—Swan, necesito que hagas de nuevo esto.
Me tragué un gemido.
—¿Qué tiene ahora, James?
—Cambié unas de las gráficas. Masen me mostró el análisis actualizado que quería añadir. Así que cambia las páginas catorce, dieciocho y veintitrés, y luego vuelve a armar el paquete. Veinte copias. Y las quiero para las dos.
Miré mi reloj. Si trabajaba durante mi hora de comida podría terminarlo. En realidad no tenía muchas opciones; James llevaba toda la mañana de mal humor, peor del usual, así que ni siquiera intenté ser contestona con él. Asentí.
—Lo tendré listo.
James se alejó, luego repentinamente se giró y regresó.
—Bella.
Alcé la vista con el ceño fruncido.
—Te puedes ir temprano. Sólo termina esto y vete. Pero todavía necesito que trabajes mañana. Tendré todo finalizado para entonces.
Sonreí.
—Es justo.
—Más que justo —gruñó, pero luego sonrió antes de irse.
Estaba ocupada trabajando cuando alguien aclarándose la garganta me interrumpió. Al alzar la vista vi a Masen parado frente a mi escritorio, su cabello caótico y su camiseta, como siempre, desgastada y arrugada. Necesitaba a alguien que lo cuidara.
Me dio un café, silenciosamente, y sonrió cuando lo acepté.
—Gracias.
—No pretendía causarte más trabajo, pero unas de las cosas de James estaban mal.
—No hay problema. Casi acabo. —Indiqué la lista en su mano—. ¿Encargos?
Asintió.
—Alice tiene un montón de muestras que necesita que yo recoja. Compraré un sándwich mientras ando afuera; ¿te puedo traer algo?
—No, casi termino, luego sacaré las copias. James me dijo que me fuera a casa cuando terminara.
Sonrió tímidamente.
—Sales temprano. Qué bien. Disfruta de tu tiempo, Bella, en caso de que ya no estés para cuando yo regrese. ¿Escuché que james te pidió que trabajaras mañana?
Asentí.
—Yo también trabajaré. Te veré después entonces.
Lo miré irse, dirigiéndose a las escaleras. Era probablemente el único que las usaba. Masen siempre bajaba por las escaleras y subía en el elevador. Usualmente porque sus manos estaban vacías al bajar, pero luego de terminar con las listas de Alice, terminaban llenas al regresar.
Me giré de regreso a la pantalla, una vez más frunciendo el ceño mientras mis dedos bajaban por la lista del directorio de la compañía. Ni un solo Edward estaba enlistado como nombre o apellido, ni siquiera una inicial E. Sacudí la cabeza confundida. Tal vez necesitaba preguntarle a alguien. Mi dedo se detuvo y sonreí al darme cuenta de que había caído en Masen Cullen. Él podría saberlo. Sacudí la cabeza para mis adentros. No podía preguntarle a Masen, de hecho no podía preguntarle a nadie. Me harían preguntas que yo no estaría preparada para responder. Tendría que descubrirlo por mi cuenta. Con sorpresa me di cuenta que mi dedo seguía trazando el nombre de Masen en la pantalla y retiré la mano.
Qué raro.
Cerré la lista y escaneé los documentos luego de terminar de imprimirlos y, satisfecha porque estaban correctos, agarré el pequeño montón de papeles y luego me dirigí al pasillo. Cada paso que avanzaba hacia la sala de copiado incrementaba mis nervios… y anticipación. Era como si mi cuerpo estuvieran regresando a la ida y yo ya estuviera anhelando el toque de Edward. Intenté mantenerme calmada. No tenía idea de si es que él aparecería.
Miré por la sala vacía y cargué la máquina. Esperé mientras las copias comenzaban a zumbar. Nada pasó, las luces se quedaron prendidas y nadie apareció. Él no iba a venir. Tragándome mi decepción, busqué en el bolsillo de mi blusón mi teléfono y me di cuenta que lo había dejado en el escritorio. Caminé hacia la puerta con la intención de ir por él cuando la sala se sumergió en oscuridad. Mis pies dejaron de moverse y esperé con anticipación, se me atoró la respiración en la garganta.
—¿Vas a algún lugar, Isabella? —Vino un susurro de detrás de mí—. ¿Me dejas tan pronto? —Un dedo largo subió por mi cuello.
Su voz y su toque mandaron un estremecimiento a través de mí. Él estaba aquí. No tenía idea de cómo había aparecido detrás de mí, pero él estaba aquí.
Gimoteé.
*()*
Sus manos me jalaron hacia atrás, presionándome fuertemente contra su pecho.
—¿A dónde ibas, Isabella?
—Por… por mi teléfono. Yo… yo pensé que podría jugar un juego para pasar el tiempo.
Su risa fue oscura.
—Oh, tengo un juego que podemos jugar. Es mucho más… satisfactorio… que cualquier cosa que puedas encontrar en tu teléfono.
Era como si hubiera encendido un fuego debajo de mí. Estuve caliente al instante, mi ropa me resultaba restrictiva y quería, desesperadamente, estar más cerca de él.
Cerré los ojos en la oscuridad.
¿Qué estaba haciendo?
Todo pensamiento racional escapó de mi cabeza cuando sus manos bajaron para subir mi blusón y sus dedos rozaron la piel desnuda sobre mis medias.
—Qué artículos más escandalosos estás usando hoy, Isabella. Sabía que debajo de esto tenías algo sucio. Tan sexy y… abierta. ¿Los usaste para mí? —gruñó suavemente en mi oído, sus dientes tiraban de mi lóbulo.
—Sí —jadeé.
Sus dedos subieron; tocaron la suave seda de la tanga que estaba usando.
—Me gusta eso —siseó—. Me gusta tanto esto que voy a quedármelo.
Otro gimoteo escapó de mi boca cuando sentí el elástico golpear mi piel.
—Algo para mí, para usarlo… más tarde.
Me calenté todavía más.
Como si fuera una muñeca de trapo, me giró, su boca cubrió la mía, su lengua entró, torciéndose ávidamente y acariciando la mía mientras nos movía al otro lado de la sala. Sus labios eran duros y magullaban mi boca, su deseo era demandante y gemí bajo su ataque. Su sabor explotó en mi boca, la dulzura seguía ahí, pero hoy le había añadido menta y café, gemí ante el sabor mientras él ahondaba y me probaba, su lengua era cariñosa pero dominante. Cuando llegamos a la silla él me giró de nuevo, se sentó y me jaló a su regazo ya desnudo. Su envainada erección se presionó contra mí y gemí al sentir su dureza frotándose y tentando mi entrada.
—¿Lo quieres, Isabella? ¿Quieres mi polla dura en tu coño?
Gimoteé, moviéndome y cambiando de peso; intentando crear la fricción que estaba buscando.
—Dime, Isabella. Dime lo que quieres.
—A ti —jadeé—. A tu… polla. Dentro de mí, ¡por favor, Edward!
Me jaló hacia atrás, haciendo que mi espalda se arqueara mientras besaba mi cuello a profundidad. Sus manos estaban debajo de mi blusón, tirando de mis pechos, provocando sin piedad mis pezones.
—Qué chica tan buena. Quiero que montes mi polla, Isabella… duro. ¿Es lo que quieres?
—Sí —jadeé, ya no me importaba nada más que él. Más que este momento—. Sí… sí…
—Chica buena.
Y entonces, levantó mis caderas y entró en mí.
Duro.
Justo como lo había prometido.
Sus manos agarraron mis caderas, sus dedos presionando tan firmemente en la piel que sabía que al siguiente día tendría moretones. Mi cabeza cayó sobre su hombro mientras él jalaba y empujaba, moviéndome exactamente como quería. El ritmo que estableció fue furioso, su necesidad tan abrumadora como la mía. Su boca lamió y mordió mi cuello, mi mejilla y alrededor de mi oído, su voz jadeaba palabras sucias mientras me follaba.
Tan caliente… tan mojada… te deseé toda la noche… no podía dejar de pensar en mi polla dentro de ti… me provocaste toda la mañana… se siente tan bien… tan jodidamente bien… mía… Isabella… mía… joder… joder… ¡joder!
Sus caderas se alzaron en un arco poderoso y se estremeció al correrse con fuerza y muy dentro de mí. Mi orgasmo pasó a través de mí, ardiendo como una llama. Los gemidos bajos que escapaban de mis labios fueron aumentando de nivel y Edward jaló mi cabeza hacia atrás, aplastando mi boca con la suya, tragándose mis gritos. Siguió embistiendo durante mi liberación, besándome profundamente todo el tiempo, su lengua desenfrenada y urgente. Cuando colapsé contra él, su mano subió para acariciar mi cuello, su boca se hizo gentil. Lo tosco se hizo suave, lo profundo se hizo cariñoso y los agarres fuertes se hicieron adoradores. Apartó sus labios de los míos, su aliento se sintió caliente contra mi hormigueante piel.
—Mis sonidos, Isabella. Nadie más que yo escuchará tu placer.
Gimoteé contra su boca, queriendo sentir sus labios de nuevo contra los míos. Presionó su boca una vez más con la mía, besándome mientras nos calmábamos lentamente. Su lengua se sintió como terciopelo al moverse con la mía, sin prisas y tierna. Demasiado pronto, él se apartó y escuché su cabeza caer contra el respaldo de la silla. La mía se quedó apoyada en su hombro y giré la cabeza en su cuello, inhalando su oscuro aroma condimentado, mi mejilla apoyada en el áspero bulto de su suéter.
—Necesitas pararte, Isabella. —Su voz grave sonó queda.
Temblorosamente me levanté de su regazo, sus manos me ayudaron. Me aparté cuando él se paró y escuché que se subía los pantalones, el suave chasquido del cinturón de repente sonó muy alto en el silencio de la sala.
Avanzó, jalándome de nuevo contra él.
—Siempre tan perfecta —susurró—. Igual como sabía que serías.
—¿Yo… tú… regresarás?
Un beso fue dejado en el costado de mi cabeza mientras unos dedos largos apretaban mi cintura.
—Como si pudiera detenerme ahora, Isabella. Soy adicto a ti.
Y luego se fue.
*()*
E/M POV
La miré después de que salió de la sala de copiado. Se movía lentamente y supe que estaba adolorida. Había estado tan desesperado por ella; fui más brusco de lo que debí haber sido. Me perdía tan fácilmente con ella. Ella había estado en mi mente toda la noche: la sensación de tenerla presionada contra mí, los sonidos que hacía al correrse, lo bien que se sentía al estar enterrado en ella. Todas esas cosas me habían mantenido despierto la mayor parte de la noche y fue un gran esfuerzo de mi parte mantenerme lejos de ella hasta que entró en la sala de copiado. Gracias a Dios que James me había hecho esa pregunta esta mañana; me dio la oportunidad para proveerle suficiente información para que tuviera que ajustar su siguiente presentación. Era exactamente lo que necesitaba para garantizar que Bella estuviera ese día en la sala para mí. Me costó mucho no reírme en la mañana cuando le llevé su café a Bella y la vi revisando el directorio de la compañía. Chica lista. Excepto que no encontraría ningún Edward ahí. Sólo lo encontraría en la sala de copiado. Esperando y desesperado por ella.
Y el hecho de que ella estuviera tan desesperada por mí como yo por ella era algo extra. Se veía tan encantadora esta mañana. Encantadora, dulce e inocente. Hasta que se agachó para agarrar algo y obtuve una visión completa de las medias que estaba usando. Al instante estuve duro por ella. Miré a mi alrededor, pero nadie más la estaba viendo. Sólo yo. Y sabía que las había usado para mí.
La miré agarrar su bolsa. Ya se iba. Saqué el teléfono de mi bolsillo y le mandé un mensaje.
Nada me alejará de ti ahora, Isabella.
Mía.
Miré una hermosa sonrisa cruzar su rostro mientras esperaba el elevador. Miró detrás de ella, a su alrededor. Sonreí al verla mirar confundida por la oficina.
Me estaba buscando, pero todavía no estaba lista.
Me verás pronto, Bella.
Las puertas del elevador se cerraron y me moví a mi escritorio, hundiéndome en mi silla con un suspiro, ignorando la mirada curiosa de Jasper. Él no se había dado cuenta de que ya había regresado de mis "encargos".
Miré de nuevo el elevador, un suspiro quedo escapó de mi garganta.
Sólo espero que me veas pronto, a mí.
Luego regresé mi atención a la lista de cosas que Alice tenía en su memoria usb para que yo hiciera mañana. Haría la mayoría esta noche para tener tiempo con mi Isabella mañana.
Sonreí. Afortunadamente Alice siempre estaba bien preparada y yo me sabía su contraseña.
Me reí secamente para mí.
Como si eso fuera a detenerme.
Ahora ya nada evitaría que estuviera con Isabella. Ciertamente no algo tan insignificante como una contraseña.
Bajé la cabeza y me puse a trabajar.
Tendría mi recompensa mañana.
Isabella era mi recompensa.
