Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 10
Me senté en el sofá, mis dedos trazaban la orilla de mi copa de vino una y otra vez, mi mente reviviendo los últimos días.
Especialmente los alucinantes orgasmos que tuve por las manos… y polla… de Edward.
Suspiré confundida. ¿Por qué era tan poderoso? Nunca antes había experimentado algo similar. Me estremecí, recordando el ritmo rápido y frenético que él había usado en ambas ocasiones. Cómo se habían sentido sus dedos la primera vez que entraron en mí. El profundo timbre de su voz al murmurar palabras sucias en mi oído mientras me manoseaba; sus embestidas duras y profundas. Era exactamente lo que le había dicho a Rose que quería sin pensarlo. Caliente, duro y rápido.
Y me había encantado.
Pero no era sexo con un extraño.
De alguna manera, lo conocía. Mi cuerpo lo conocía.
Dejé caer la cabeza entre mis manos.
Sentía que le pertenecía a él. ¿Cómo era eso posible?
¿Cómo es que palabras dichas para sorprender a alguien me habían guiado a esto?
¿Quién era él?
Miré la lista que había estado garabateando mientras bebía mi vino.
Alto
Manos grandes
Cabello corto, ¿apartado de la cara?
Su cara se sentía suave, rasurada.
Usa suéteres
Voz queda, comandante, sonaba casi ronca. Grave y profunda.
Huele a algo oscuro y condimentado, sabe a café y menta… y azúcar.
Puede verme, escucharme (¿lee mentes?)
Edward
Incluso yo me reí en silencio por el comentario sobre leer mentes, mi mente seguía pensando.
Él controlaba todo en la sala de copiado; cuándo y cómo entraba, cuándo se encendían y apagaban las luces. Nunca me dejaba ver su cara directamente. Siempre mantenía mi espalda contra su pecho, a menos de que me girara para besarme, e incluso entonces lo hacía tan rápidamente que yo no tenía ninguna oportunidad para intentar descubrir alguna de sus características faciales en la oscuridad. Cuando alzaba mi cabeza, su cara ya estaba tan cerca que no había manera en que yo pudiera ver algo. Luego, cuando empezaba a besarme, yo estaba ya demasiado perdida para importarme algo aparte de que no quería que él se detuviera. Si me sostenía pecho contra pecho, mantenía mi cara presionada gentil pero firmemente contra él para que no pudiera alzar la vista.
Había revisado el directorio de la compañía. No había ningún Edward enlistado. Pero él tenía que estar ahí. En mi departamento. Él sabía demasiado. Veía demasiado.
Él era demasiado.
Pero no había nadie que yo pudiera ver que encajara en lo que sabía de Edward. Muchos de los hombres eran altos. Muchos usaban suéteres. Muchos más usaban camisas de vestir. La única excepción era Masen, que siempre usaba camisetas, usualmente arrugadas y rotas a menos de que tuviéramos una reunión. La mayoría de los chicos tenían el cabello corto. El de Jasper era largo, el de Emmett rizado y el de Masen estaba largo en la parte de arriba, siempre le colgaba en la cara y muchas veces se lo apartaba de la frente sólo para que volviera a caerle encima de nuevo. La única vez que lo veía fuera de su cara era cuando se subía los lentes a la cabeza y se recargaba en su silla, estirando sus largos miembros mientras bostezaba ruidosamente o se reía de modo estridente de algo que Jasper decía. Y muchas veces la cara de Masen tenía al menos un día de barba sin rasurar.
Sacudí la cabeza, no sabía por qué Masen seguía llegando a mis pensamientos. Excepto por ser alto, no encajaba con ninguna otra de las cosas que conocía sobre mi amante misterioso. Masen era tímido y su voz casi tan suave como la mía. Incluso cuando hablaba más alto de lo normal su voz tenía una textura suave y sedosa; para nada ronca. Era muy introvertido y aparte de apoyarme en silencio, compartir la ocasional taza de café o comida y su sonrisa amistosa, él no tenía nada que ver conmigo. Ciertamente nunca lo veía mirándome y nunca me había dado ninguna indicación de estar interesado en mí en otra forma aparte de amigo y compañero de trabajo. Era amable con todos, no sólo conmigo. No había razón para que su cara siguiera llegando a mi mente. Tenía una linda sonrisa, pero no podía imaginar su boca besando la mía de la misma forma en que Edward lo había hecho antes; simplemente no encajaba con esa imagen.
Mis dedos trazaron mis labios. El tan sólo pensar en la habilidosa y dominante boca de Edward cubriendo la mía me hacía doler con deseo. Durante esos pocos y perfectos momentos en los últimos días me había sentido viva en una forma en que nunca antes me había sentido.
Y quería sentirlo de nuevo.
Quería… a Edward.
Suspiré con un pequeño estremecimiento. Probablemente no tenía caso seguir pensando en esto. No tenía idea de si él volvería a aparecer detrás de mí en la sala de copiado. A pesar de todas sus palabras de antes, puede que él desapareciera tan rápidamente como había llegado a mi vida. Tal vez luego de que supiera que ya tuvo lo que quería y lo que él sabía que yo quería, todo terminaría.
Vacié mi copa de vino y me paré. Puede que mi mente estuviera zumbando, pero mi cuerpo estaba cansado. Necesitaba dormir.
Mi celular vibró.
Usa una falda de nuevo, Isabella. Ya ansío sentir tu caliente humedad envuelta a mi alrededor. Y lo sentiré, mañana.
Repentinamente mi cuerpo ya no estaba tan cansado.
*()*
—¿Por qué te ves tan cansada? —Rose frunció el ceño mientras estudiaba mi cara al siguiente día la hora de la comida. Estaba particularmente gruñona hoy. Odiaba trabajar en fin de semana.
Me encogí de hombros cohibida.
—No pude dormir anoche.
—¿Por qué?
Una vez más me encogí de hombros. De ninguna manera podía contarle lo que había pasado en los últimos días o por qué no pude relajarme anoche. Tan sólo pensar en sus manos en mí hoy, su boca en la mía, me había asegurado una inquieta noche de moverme y girarme, preguntándome por qué todavía no era de mañana. Miré la cafetería, que estaba llena y ruidosa, preguntándome si él estaba aquí. Si podía verme, o escucharme.
—Sólo no podía, ¿sabes?
Rose negó con la cabeza.
—No, de hecho no. Dormí como muerta. —Me entrecerró los ojos—. ¿Pasa algo, Bella? Sabes, has estado muy callada estos últimos días.
—Todo está bien.
Miré de nuevo a mi alrededor. Nadie estaba viendo en mi dirección. Bueno, una persona sí… en la mesa al otro lado de la nuestra, Jasper y Masen estaban sentados jugando algún videojuego entre ellos, y Emmett miraba descaradamente a Rose con una intensa mirada de anhelo en su rostro. Atrapó mi mirada y se encogió de hombros, riéndose entre dientes, para nada avergonzado al haber sido atrapado mirando. Masen alzó la vista, miró a Emmett, nos miró a nosotras y sacudió la cabeza, antes de sonreírme y regresar la vista a su pantalla. Todos conocíamos los sentimientos de Emmett por Rose.
Rose miró y rodó los ojos.
—¿Por qué no le das una oportunidad?
—Él quiere más de lo que yo quiero darle.
La miré con tristeza.
—Podrías estar perdiéndote de lo mejor de tu vida. Te adora, Rose.
Me sacudió la cabeza.
—Escúchate, aconsejando sobre relaciones. Ni siquiera puedo conseguir que vayas a un bar conmigo. Nunca conocerás a nadie aquí ni en el gimnasio "sólo de mujeres", los cuales parecen ser los únicos lugares a donde vas. —Se inclinó hacia enfrente—. Bella, necesitas salir. Relajarte y vivir el momento.
—¿A qué te refieres?
—Siempre das mucho de ti misma, Bella. Te vi con Riley, dabas y dabas mientras él te quitaba todo una y otra vez. Lo entiendo; eres una chica de relaciones, pero tal vez necesitas salir con unos cuantos chicos, divertirte y, simplemente… disfrutar. Sin compromisos. Ver lo que hay ahí afuera.
Comencé a negar con la cabeza pero ella alzó una mano.
—Te propondré un trato. Saldré con Emmett, una vez; una cita. Pero tú tienes que venir al bar conmigo. Pronto.
Vacilé, sabiendo lo mucho que significaría para Emmett. Él siempre me había tratado bien; había sido amable y me había apoyado, especialmente luego de la ruptura con Riley.
—Entonces, si acepto ir al bar contigo, ¿aceptarás salir con Emmett? ¿Y tendrás la mente abierta en tu cita? ¿De verdad le darás una oportunidad a Emmett?
Rose asintió.
—Siempre y cuando tú mantengas la mente abierta en el bar.
Fruncí los labios. Una noche. Unos tragos. Podía manejarlo.
—Trato.
*()*
Salí de la oficina de James sacudiendo la cabeza. Su paranoia estaba empeorando. Rápidamente hice una orden para el departamento de compras para su propia desfibradora, ya que ahora la que estaba junto a la copiadora principal, la que todos usaban, no era lo suficientemente buena. Él quería una en su escritorio. Lo envíe y agarré los pocos documentos de los que quería copias. Normalmente, si sólo tenía pocos usaba la copiadora aquí en la oficina, pero si hacía eso, entonces no habría oportunidad de estar con Edward. Mi estómago se tensó tan sólo al pensar eso.
Agarrando mis cosas, miré a mí alrededor. Faltaban unas cuantas personas. Masen ya se había parado y había desaparecido en la oficina de Alice con su laptop en mano. Rose estaba hablando con Emmett, que la miraba cautivado, y tuve que sonreír. Al menos mi noche de tortura le daría la oportunidad que él tanto esperaba. Valdría la pena.
Caminé a la sala de copiado, encendiendo las luces y avanzando hacia la copiadora. No di más de unos pasos cuando los vellos en mi nuca se erizaron con anticipación. Él me estaba esperando. Escuché el chasquido del interruptor de la luz detrás de mí antes de que me agarrara y me jalara hacia atrás, sus brazos me abrazaron con fuerza.
—Edward…—inhalé.
—Isabella. —Unos cálidos labios húmedos estuvieron inmediatamente en mi garganta y no pude detener el gemido bajo que escapó de mis labios. Sus brazos se apretaron a mi alrededor y mi cabeza cayó hacia atrás, permitiéndole más acceso a mi cuello. Sentí sus dientes morder firmemente mi piel y jadeé con suavidad.
Nos quedamos parados sin movernos mientras su boca lamía y mordía todo mi cuello.
—¿Tengo que marcarte, Isabella? ¿Es eso lo que tendré que hacer?
—¿Qu… qué? —Me estremecí ante su tono posesivo.
—Puedes olvidarte de tu tratito con Rose, Isabella. No vas a ir a ningún bar con ella, ¿me entendiste? —Su boca estaba ahora directamente sobre mi oído—. Eres mía. Sólo yo te toco —gruñó, girándome y cubriendo mi boca con la suya. Inmediatamente invadió mi boca, su lengua dura y posesiva, sus manos sostenían mi cabeza, controlando todos nuestros movimientos. Envolví mis brazos en su cintura, apretándome con fuerza contra él, sintiendo la dureza de su cuerpo y el marcado bulto de su polla presionándose contra mí. Mi mente era un remolino de caóticos pensamientos; había enojo por sus palabras demandantes, incluso cuando un pequeño estremecimiento de anhelo pasó a través de mí a causa de sus celos. Nunca antes nadie había sido posesivo conmigo. Un profundo deseo ardió dentro de mí por la forma en que controlaba mi cuerpo, junto con confusión de por qué quería tan desesperadamente que hiciera todavía más.
Aparté mi cara jadeando, sólo para que me empujara contra su pecho mientras nos sosteníamos el uno al otro.
—Tú no puedes tomar ese tipo de decisiones por mí —jadeé—. No te pertenezco; no le pertenezco a nadie.
Se rio quedamente al agacharse, me levantó sobre la mesa, subiendo mi falda antes de sentarme en la superficie. Se paró entre mis piernas, bajando su cara a mi cuello, su voz fue un zumbido quedo en mi oído.
—¿En serio, Isabella? —Sus labios se movieron sobre mi mejilla mientras empujaba su erección contra mí—. Bueno, tendremos que verlo… ¿no?
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