Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 12

EPOV

Esperé durante unos minutos al otro lado de la puerta. No hubo sonidos ni movimientos y fruncí el ceño. Luego de haber encendido las luces, había esperado que Bella se levantara de la silla, pero no se había movido para nada.

Tragué, de repente me sentí nervioso. ¿Había sido muy brusco?

¿Estaba bien ella?

Abrí un poco la puerta con lentitud y me asomé. Sonreí enormemente cuando me di cuenta que ella estaba profundamente dormida en la silla. Su cabeza había caído hacia atrás, quedando apoyada en el respaldo, y estaba haciendo soniditos de respiración. Rose había comentado en la comida lo cansada que se veía y obviamente yo la había cansado aun más.

Ella necesitaba unos minutos para descansar. Nadie entraría a la sala de copiado ni la molestarían. Nunca nadie había entrado ahí durante todo el tiempo que ella llevaba usándola, excepto las pocas ocasiones en que yo me había asomado para asegurarme de que estuviera bien. Era una de las razones por las que yo me sentía seguro para estar con ella ahí.

Y, gracias a mi descubrimiento de la puerta escondida que llevaba de la bodega a la sala de copiado, nunca nadie me veía entrar o salir. Recordé el día que Bella había abierto la puerta de su lado y me mostró lo que parecía ser una pared blanca detrás de ella. "La puerta a ningún lado", se había reído ella. Ya que el edificio era viejo y había sido renovado muchas veces, no pensé mucho en ello hasta unas cuantas semanas después cuando había estado moviendo cosas para meter más de las cajas de Alice a la bodega. Había chocado accidentalmente con la pared, mi hombro golpeó con el ángulo exacto y me sorprendí cuando la pared se abrió frente a mí. Me di cuenta que estaba viendo la puerta que tenía la sala de copiado de Bella al otro lado. No tenía idea de por qué la puerta estaba escondida así, pero por alguna razón me lo guardé para mí. Las únicas personas con llaves para este cuarto éramos Alice y yo, así que no me preocupaba que alguien más lo descubriera. Alice nunca entraba a este cuarto, con sus problemas de claustrofobia no soportaba estar en un cuarto sin ventanas, esa era la razón por la que ella tenía la oficina con dos puertas y una ventana. Ella tenía la llave sólo por si yo llegaba a perder la mía.

Cuando decidí darle a Bella la fantasía que había expresado en voz alta, pasé la tarde engrasando las bisagras y asegurándome que las puertas se abrieran silenciosamente. También había movido ligeramente la copiadora, la silla y la mesa en las posiciones exactas en que las quería, memorizando su posición e incluso contando mis pasos en la oscuridad. No quería tropezarme o caerme con Bella en mis brazos. Sabía que ella no se daría cuenta; era muy despistada, un hecho que me servía de mucho ahora. Me complació descubrir que había otro interruptor de luz para la sala en mi lado de la pared, y también había instalado un pequeño control remoto para poder controlarlas con el pequeño artefacto en mi bolsillo.

Ahora, al estar parado viéndola, me sentí abrumado con el deseo de entrar y acariciar su cabello. Quería cargarla en mis brazos, posarla en mi regazo y abrazarla mientras dormía; cuidarla. Tenía mucho tiempo queriendo hacer eso. Sacudí la cabeza con tristeza, cerrando la puerta en silencio. Me quité el suéter y regresé mi cabello a su desorden habitual alrededor de mi cara. Agarré mis lentes y me convertí en Masen de nuevo.

Edward no podía entrar a la sala de copiado justo ahora, pero yo sí.

*()* BPOV

—Bella… ¡oye!

Me enderecé asustada, parpadeando rápidamente y mirando a mi alrededor. La pequeña sala estaba caliente con las luces encendidas. Masen estaba parado en la puerta, viéndome, su cabeza ladeada en señal de confusión.

—¿Estás bien, Bella?

Tragué con nerviosismo al darme cuenta que me había quedado dormida. No tenía idea de cuánto llevaba así o cómo me veía. Bajé la vista y suspiré con alivio silencioso. Mi ropa parecía estar en su lugar. Me pasé las manos por el cabello al alzar la vista y sonreírle a Masen, me sentía extrañamente aliviada de verlo ahí.

—Sí. Yo, um, me dolía la cabeza así que me senté para descansar la vista. Debí haberme quedado dormida.

Masen entró a la sala y me ofreció un café.

—Estaba afuera consiguiendo unas cosas para Alice y traje café. Pensé que podrías querer un poco. —Sonrió tímidamente, sus ojos se veían nerviosos al mirarme—. Yo, ah, me preocupé cuando no te vi en tu escritorio. Supuse que te encontraría aquí, en tu casa lejos de tu hogar.

Acepté el café con un agradecimiento, dándole un trago. Su sabor inundó mi boca e instantáneamente pensé en el sabor de Edward; café, menta… y caramelo. Ese era el sabor dulce que no podía descifrar. Edward sabía a caramelo.

¿Por qué era eso tan familiar?

Mantuve la vista baja al pensar en lo que había pasado justo donde Masen estaba parado. Las manos de Edward. Su boca. Su voz ronca y queda gruñendo palabras sucias en mis oídos. Me estremecí al recordar cómo le había respondido.

—¿Bella?

Alcé la vista. Masen me veía con preocupación.

—¿Estás segura que estás bien? Te ves… distraída.

Asentí en silencio, viéndolo. Luché por levantarme de la silla y la mano de Masen se extendió en un gesto silencioso de ayuda. La acepté y le permití que me pusiera de pie. Me tambaleé brevemente, y él avanzó un paso, sus brazos me rodearon. Me recargué en él por un minuto, necesitaba su calmada fuerza.

Su voz sonó con un poco de pánico.

—¿Necesitas irte a casa? ¿Estás enferma?

Parpadeé hacia él, preguntándome si la follada me había quitado la inteligencia. Parecía que era incapaz de responder a las preguntas en voz alta.

Negué con la cabeza y me aclaré la garganta al ver a Masen. Era alto. ¿Cómo es que no había notado eso antes? Lo suficientemente alto para que yo tuviera que alzar la cabeza para verlo. Su mirada cayó a mi cuello y vi sus cejas alzarse con sorpresa por un minuto antes de que su mirada regresara a mi cara.

—¿Bella? —me llamó con gentileza, su voz baja.

Fruncí el ceño. Eso sonaba muy familiar. Lo vi de nuevo. Era tan alto. Como Edward. Miré su mano sosteniendo el café. Era grande, con dedos largos. Como Edward. Mi corazón comenzó a latir ruidosamente cuando mis ojos se centraron en su cara. Suspiré frustrada. Su piel era completamente suave, para variar, y hoy definitivamente había sentido una barba tosca en la barbilla de Edward cuando me besó. Y Masen estaba usando una camiseta negra con la insignia de una banda retro debajo de una sudadera. Edward había estado usando un suéter grueso. Y Edward no usaba lentes y tenía el cabello corto. Su cara se había sentido suave cuando la presionó con la mía hace rato. Los ojos de Masen estaban enmarcados por unos lentes gruesos y negros, y su cabello… bueno; estaba por todas partes, cayéndole sobre la cara, tapándole las orejas. Luego recordé el día en que Edward me tocó; Masen había estado en la escuela. Ni siquiera estaba en el edificio. Las otras coincidencias eran sólo eso. Coincidencias.

Retrocedí un paso, sintiéndome extrañamente decepcionada. Le sonreí a Masen a modo de disculpa.

—Perdón. Sólo estoy adormilada. No he estado durmiendo mucho. Estoy bien. En serio estoy bien.

Asintió con cara tensa al apartarse.

—Bien. Tengo que irme a terminar unas cosas para Alice. Sólo quería darte tu café.

Sonreí.

—Gracias, Masen.

Miró a su alrededor.

—¿Ya casi terminas?

Asentí.

—Sí. —Todavía ni siquiera empezaba con mis copias, pero a duras penas podía decirle eso a Masen. Querría saber qué estaba pasando y yo no podría decírselo. No podía decírselo a nadie.

—Bien, termina y tal vez debas irte a casa.

Suspiré. Esa no era una mala idea. Me estaba sintiendo abrumada.

—Lo haré.

Se giró para irse.

—¿Masen?

Su cabeza se giró ante el sonido de mi voz.

—Gracias de nuevo. —Alcé el café—. Por esto y por venir a verme. Eres un buen amigo.

Su sonrisa le iluminó la cabeza, convirtiéndola de tímida y seria a encantadoramente atractiva. Parpadeé. Nunca antes había notado lo guapo que era, ¿cómo había fallado en ver eso?

—Cuando quieras, Bella. Para eso están los amigos, ¿no? Para cuidarse los unos a otros.

Luego se fue, dejándome con el ceño fruncido ante las familiares palabras.

*()*

M POV

Me paré afuera de la puerta, maldiciéndome. Había visto el brillo del descubrimiento en los ojos de Bella cuando me miró. Podría verla comparando a su amante misterioso con el hombre parado frente a ella. Suspiré al darme cuenta que había esquivado una bala sólo por el hecho de que me había rasurado rápidamente y ella no había notado que, mientras que mi cabello era largo al frente, en la parte de atrás estaba bastante corto. Odiaba que me colgara el cabello en el cuello, pero me gustaba tenerlo largo al frente. Y, sin duda los lentes habían ayudado a eliminar su creciente idea. Debía ser más cuidadoso si iba a continuar esto con ella.

Pero esa no era la única razón por la que tenía que salir de la sala.

La había marcado.

Justo donde su hombro se encontraba con el cuello había una pequeña marca morada que yo había dejado con mi boca. Sabía que ella se arreglaría antes de regresar a su escritorio y cuando se acomodara la blusa nadie sabría que estaba ahí.

Pero yo sí.

Y, que Dios me ayude, me gustaba.

Me gustaba mucho; podía sentir mi polla pulsando cuando la vi.

No había duda de que mi boca quería cubrirla de nuevo… y hacer más grande la marca.

Gemí suavemente al dejar caer la cabeza entre mis manos. De verdad era un bastardo enfermo.

Me aparté de la pared y regresé a mi escritorio, agradeciendo que fuera ya tarde y el departamento estuviera casi vacío. Nadie me estaba prestando atención.

Hice unas tareas sin importancia mientras esperaba que Bella reapareciera. Cuando finalmente lo hizo, le llevó el archivo que tenía en las manos a James, luego arregló rápidamente su escritorio antes de apagar su lámpara. Mi estómago se tensó cuando me di cuenta de que se dirigía a mi escritorio.

—Hola.

Le sonreí.

—Hola, ¿qué tal la cabeza?

—Mejor. Yo, um, ya me voy a casa.

—Sí, yo no tardo mucho en irme también.

—Bien, bueno, que tengas un buen domingo —vaciló, mordiéndose el labio.

—¿Pasa algo, Bella?

Suspiró pesadamente.

—No. Estaba… olvídalo. Buenas noches, Masen.

La miré irse. Quería invitarme. Podía sentirlo. Quería que me invitara. Quería ser en el que ella confiaba lo suficiente para que la acompañara y la cuidara. Quería que me diera la oportunidad de conocerla afuera de la oficina. Quería que ella me conociera.

Sabía, en mi corazón, que lo que estaba pasando entre nosotros en la sala de copiado no era como Bella actuaba normalmente. Ella no era del tipo de chica que tenía sexo con un extraño. Sabía que ella todavía se cuestionaba lo que estaba haciendo y cómo estaba actuando, y aun así no podía detenerme. La deseaba tanto, todo el tiempo, y lo llevaba haciendo desde hace mucho. Sabía que su pasión era tan sorprendente para ella como complaciente para mí. Quería compartir esa pasión con ella abiertamente. Juntos. Pronto.

Las puertas del elevador se cerraron y ella se fue. Suspiré al mirar por la oficina desierta, de alguna manera se sentía más vacía desde que Bella se fue.

El lunes estaba muy lejos aún.

Agarré el pequeño celular que usaba para mandarle mensajes.

Estuviste divina hace rato. Tan caliente y perfecta alrededor de mí. Podría estar enterrado en ti durante horas.

Piensa en lo que te pedí, Isabella.

Ten cuidado.

Te estaré esperando el lunes. Por todo el tiempo en que me quieras, estaré esperándote.

Y deseándote.


Gracias por la paciencia, los reviews, alertas y favoritos. Tengan por seguro que no abandonaré ninguna de mis traducciones.

Nos leemos en el siguiente capítulo :)