Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 16
Mis dedos temblaban cuando presioné el botón de inicio de la copiadora. Podía sentir que mis piernas comenzaban a temblar también al estar parada ahí, la vergüenza y el estrés por el repentino ataque de Riley me estaban pasando factura. ¿Qué lo había hecho ponerse tan agresivo hoy? Había estado muy enojado cuando se paró frente a mi escritorio. Mi mente se llenó de recuerdos de otras ocasiones en las que había estado enojado. Su temperamento y su amor por lo dramático eran lo que menos extrañaba de él.
Poco tiempo después, la puerta de la sala de copiado se abrió, golpeándose contra la pared. Salté con miedo, pero me relajé cuando vi a Masen entrar, su expresión se veía oscura y preocupada mientras avanzaba hacia mí. Sus mejillas estaban sonrojadas y para cuando se paró frente a mí su cabello ya estaba más desordenado de lo normal. Durante unos segundos sólo me miró. Luego, de repente, me encontré envuelta en sus brazos, apretada con fuerza contra su pecho.
—Bella —susurró—. ¿Estás bien? ¿Qué tan herida estás?
Abrí la boca para asegurarle que estaba bien, pero sólo escuché un pequeño sollozo escapar de mis labios. Al instante, su brazo se apretó mientras que movía la otra mano a mi cabeza, apretando mi cara contra su pecho, la suave tela de su camiseta se pegó a mi cara.
—Te tengo, Bella —me arrulló, meciéndonos suavemente. Al estar parada en su abrazo me sentía cómoda y segura. También, por alguna razón, se sentía extrañamente bien y familiar, al igual que sus palabras. El persistente recuerdo que intentaba recordar salió a la superficie de nuevo, pero antes de poder descubrir por qué, él se apartó, sus grandes manos ahora acunaban mi cara, sus pulgares acariciaban gentilmente debajo de mis ojos, secándome las lágrimas.
—Dime. ¿Qué tan herida estás?
Negué con la cabeza.
—Estoy bien… sólo —me encogí de hombros—. Estoy siendo una niña, supongo.
Sonrió con tristeza.
—Nunca has sido sólo una niña, Bella. —Se paró detrás de mí con las manos en mis hombros—. Quiero ver tu espalda. Necesito asegurarme de que no te rasgó la piel.
—Estoy bien.
—Iré por Rose.
Negué con la cabeza.
—No vino hoy. Estoy bien, Masen. En serio.
Bufó y se movió detrás de mí.
—No. Iré por Alice. Ella puede revisarte. Necesitas que te revisen. Ese cabrón te empujó con fuerza contra el pomo de la puerta.
Lo miré parpadeando por un momento. Sonaba casi… dominante. Y familiar en cierto grado cuando hablaba de esa manera. Casi como…
—¿Bella? —La voz de Masen interrumpió mis pensamientos—. ¿Dejarás que Alice lo vea?
—No vas a dejar el tema por la paz, ¿verdad?
—No.
Sacudí la cabeza para despejarme.
—Revísalo entonces. —No quería que se fuera. Su sola presencia me había calmado y no quería estar sola—. Puedes ver.
Se detuvo; sus ojos ardieron en los míos.
—¿Estás segura? Sólo miraré. Lo prometo. Pero necesito asegurarme de que estés bien.
Asentí.
—Confío en ti, Masen.
Su sonrisa fue genuina esta vez.
—Qué bueno. Gírate, por favor. Necesito la luz.
Inhalé profundamente y me giré. Sentí su mano moverme el cabello sobre mi hombro antes de bajar el zipper que estaba en la espalda de mi vestido. Me estremecí cuando el aire golpeó mi piel desnuda. Unos dedos gentiles y cálidos tocaron el lugar adolorido a mitad de mi espalda, rozando ligeramente sobre mi piel. Un suave aleteo de anhelo pasó a través de mí al sentir sus manos en mi piel y me estremecí por el extraño sentimiento.
—Lo siento —susurró detrás de mí, volviendo a subir el zipper—. No pretendía lastimarte.
Solté una entrecortada respiración. No me había lastimado. Su toque había sido demasiado gentil para lastimarme. Sin embargo, no me había esperado las sensaciones que su toque había provocado. Me giré para verlo, sorprendida ante la expresión furiosa en su cara. Nunca había visto nada más que un breve ceño fruncido en su rostro.
—¿Tan mal está? —pregunté en voz baja.
—La piel no está rota, pero ya se está amoratando e hinchando. Ese jodido bastardo. Debí haber atravesado la pared con él.
Alzando una mano, acuné su suave mejilla.
—Gracias por defenderme, Masen.
Sus ojos estaban llenos de una emoción que no pude identificar.
—Quédate aquí —ordenó—. Ahora vuelvo.
Agrandé los ojos con pánico y agarré su mano.
—Yo… —se me apagó la voz.
—Estás a salvo, Bella. Él ya no está.
—¿No está?
Me empujó gentilmente hacia la silla.
—Lo despidieron, Bella —dijo, luego se giró y se fue, dejándome boquiabierta detrás de él.
Unos minutos después regresó, su postura ya más calmada. Se arrodilló frente a mí, me dio unas pastillas y una botella de agua. Los acepté con agradecimiento y una suave sonrisa; sí me dolía la espalda y sabía que las pastillas me ayudarían. Alzó su otra mano.
—Tengo hielo. Deberías ponerte hielo en la espalda cada par de horas. Te ayudará con la hinchazón.
—Bien.
Continuó arrodillado en el piso, de frente a mí, su brazo me rodeó y presionó el hielo contra mi espalda. Siseé ante la sensación fría en mi adolorida espalda, pero comencé a relajarme casi de inmediato conforme el frío se metía en mi sensible piel. Masen me miró desde su extraño lugar en el piso.
—Hablé con James. Cuando termines iré por tus cosas y podrás irte a casa.
Negué con la cabeza.
—No. Eso sólo les dará a los demás algo sobre qué hablar. Estoy bien. Regresaré a mi escritorio y terminaré mi día. Riley ya me causó la suficiente vergüenza.
Me sonrió.
—Siempre tan valiente, ¿no?
—Claro que no —pausé—. ¿Riley?
Negó con la cabeza.
—James te contará.
Nos quedamos callados por un minuto, la cabeza de Masen se agachó.
—Yo puedo sostener el paquete de hielo —le dije en voz baja—. Estoy bien, Masen. Te dará torticolis por estar sentado así.
—No te muevas. —Su voz sonó baja y firme de nuevo, y otro estremecimiento pasó a través de mí.
—Tu cuello…
Bufó y se movió ligeramente, su cabeza ahora estaba recargada en mi regazo. Su brazo se movió, presionando con más fuerza el paquete de hielo contra mi piel y lloriqueé un poco ante el alivio que el frío me estaba dando. Bajé la vista y sonreí. Masen ahora estaba esencialmente envuelto a mí alrededor, con su cabeza en mi regazo y su cuerpo recargado en mí. Uno de sus brazos rodeaba mis piernas mientras que el otro lo hacía con mi espalda, sosteniendo el paquete de hielo. ¿Cómo era posible que él se sintiera tan bien ahí? Me sentía completamente segura y protegida con su cuerpo cubriendo el mío. Sin pensarlo, alcé la mano y acaricie su nuca, pasando mis dedos por su revoltoso cabello. Nunca antes había notado qué tan corto era el cabello de su nuca comparado con el de enfrente. Y nunca imaginé lo suave que se sentiría debajo de mis dedos. Sentí su gemido bajo de felicidad mientras continuaba acariciando los suaves mechones y sonreí, contenta de poder ofrecerle el mismo confort que él me daba.
Los recuerdos de esta mañana llegaron a mí sin que lo quisiera y recordé estar sentada en esta silla con los brazos de Edward a mí alrededor mientras le acariciaba el cabello. También me había sentido segura entonces, pero de manera diferente. Y ahora estaba dejando que Masen me abrazara.
¿Qué estaba haciendo?
Mi mano se detuvo en el cabello de Masen y me enderecé. Se apartó, mirándome con duda.
—¿Qué pasa, Bella?
Tragué.
—Uh, la copiadora se detuvo. Necesito llevar el archivo a James.
Frunció el ceño, pero no dijo nada más. Se paró y me ofreció su mano para ayudarme a levantarme de la silla, me miró de cerca. Le di una sonrisa para darle seguridad.
—Eso ayudó. Gracias.
Me giré y agarré la pila de copias.
—¿Estás segura que esa es la razón de que te moviste ahorita, Bella? —La voz de Masen sonó suave en la sala y por alguna razón me estremecí.
Asentí, incapaz de verlo.
—Estoy bien, Masen. En serio. Estoy segura de que tienes mucho trabajo que hacer. Y yo necesito hablar con James.
Se giró y caminó hacia la puerta sin decir otra palabra.
—¿Masen?
Pausó, su mano estaba en el pomo de la puerta. Se giró para verme, su cara era ilegible.
—Gracias. Eres… un buen amigo.
Asintió.
Y se fue.
*()*
El día finalmente había terminado. Seguí trabajando, dejando que se fuera la más gente posible para no tener que topármelos en el elevador. Toda la tarde sentí las miradas y escuché los susurros. No conocía la historia completa, ni qué había pasado exactamente luego de que salí de la oficina de James. Todo lo que James me dijo fue que Riley no había estado haciendo muy bien su trabajo y que lo que había pasado hoy había sido la gota que derramó el vaso, que Victoria finalmente había tenido suficiente. Le dieron una liquidación de dos semanas y todo terminó de inmediato. No tendría que volver a lidiar con él. Mientras tanto, uno de los internos iba a ocupar el puesto para ayudar hasta que encontraran un remplazo. Él también me dijo que debería irme a casa, pero me negué por completo, queriendo mantener las cosas lo más normal posible.
Ahora, viendo por la ventana la tenue luz de la tarde, estaba ansiando llegar a casa, meterme en la tina caliente y darme la oportunidad de navegar por la multitud de sensaciones y pensamientos que tenía en la cabeza. Habían pasado tantas cosas hoy, tantos eventos inesperados y me sentía abrumada.
Masen se había ido hace poco tiempo. Pude sentirlo viéndome toda la tarde, asegurándose de que estuviera bien a pesar de que no se acercó a mi escritorio. Y toda la tarde recordé cómo sentí al tenerlo envuelto en mí y los extraños sentimientos que me provocaba. Él había actuado muy diferente hoy, había visto lados de él que nunca esperé ver y fue tan desconcertante y, aun así, la fuerte manera en que reaccionó a Riley y luego el cómo me cuido había sido… conmovedor. Nunca lo imaginé tan protector, pero le quedaba, como si fuera parte de su naturaleza.
Finalmente, suspirando, apagué mi luz. Necesitaba ir a casa. Logré salir y viajar sola en el elevador, salí al frío aire y respiré profundamente. Me quedé parada por un momento, no estaba segura de si debería caminar o pedir un taxi, luego decidí que caminar me haría bien. Agaché la cabeza y me dirigí a casa.
Estaba a sólo una calle de la oficina cuando pasó.
Al pasar por un callejón, un brazo salió y me agarró. Antes de poder reaccionar o gritar, me arrastraron a la oscuridad y me empujaron contra una pared de ladrillo, los ladrillos que sobresalían se encajaron de manera dolorosa en mis hombros.
Una figura alta se cernía sobre mí, un rostro desagradable y familiar se burlaba de mí en la tenue luz.
Mis ojos se agrandaron con miedo.
Riley.
¡Felices fiestas! Olvidé que tenía este capítulo guardado y hoy decidí subirlo. Lamento ese desenlace, el siguiente capítulo ya está casi terminado así que intentaré traerlo lo antes posible.
¡Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos en el siguiente ;)
