Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 17

Jadeé al darme cuenta de quién me había agarrado. Luché contra su agarre, pero él me mantuvo pegada a la pared, sus manos me apretaban y me agarraban, sus dedos se enterraban en mi piel cubierta con ropa.

—Suéltame, Riley. Por favor —rogué.

Se rio, y el sonido me heló la sangre. Me detuve cuando sus manos se apretaron hasta el punto de causar dolor en mis brazos y lo miré.

—¿Qué quieres?

Me golpeó contra el tosco ladrillo y un lloriqueo de dolor escapó de mi boca.

—Me hiciste perder el trabajo, perra.

Negué con la cabeza.

—Yo no hice nada. Riley, suéltame, por favor. No le diré nada a nadie. ¡Por favor! ¡Me estás lastimando!

Bajó la cabeza y pude oler el alcohol en su aliento, su abrumador hedor en mi nariz.

—No lo creo. Tú me jodiste… así que ahora voy a regresarte el favor.

El miedo me llenó por sus palabras.

Como había descubierto mientras salíamos, tenía un temperamento desagradable y una vena violenta que mantenía bien escondidos; al menos la mayor parte del tiempo. Yo la había presenciado muchas veces.

Antes de poder rogarle de nuevo a Riley para que me soltara, de repente se apartó de mí y voló al otro lado del callejón.

El alto cuerpo de Masen apareció frente a mí, sus ojos veían frenéticamente mi cara.

—¿Bella?

Asentí, pero parecía incapaz de encontrar mi voz. Podía sentir que temblaba y envolví los brazos en mi torso.

Su voz estaba llena de furia, su tono era uno que nunca antes había escuchado.

—Cierra los ojos. Ya.

Hice lo que me pidió, resbalándome lentamente por la pared con los brazos envueltos en mi cabeza. Podía escuchar el sonido de puños chocando con carne y ruidosas maldiciones de enojo por parte de ambos. Los golpes eran rápidos y violentos, y luego de escuchar el sonido de un cuerpo golpeando el pavimento, el otro único sonido que se oía en el callejón eran los gemidos de Riley. Luego hubo un breve silencio.

Cuando habló de nuevo, la voz de Masen sonó amenazadora:

—Si te acercas de nuevo a ella, lo lamentarás. Si tan sólo la vuelves a ver, desearás nunca haber nacido. Perdiste tu trabajo y a ella por tu propia estupidez. Esto es todo tu culpa, cabrón. No de ella. Nunca de ella.

Alcé la cabeza y vi a Masen agachado, seguía hablando; aunque ahora su voz era tan baja que no podía escucharlo. Se paró y me miró, su cara era casi irreconocible a causa de su ira. No estaba segura de qué vio él en mi cara, pero su expresión cambió y avanzó lentamente hacia mí con las manos extendidas a modo de súplica.

—Todo está bien, Bella. No te lastimaré. No tengas miedo.

Lo miré, mis pensamientos eran un caos. Ya sabía eso. Masen nunca me lastimaría. Y aun así no podía encontrar mi voz.

Se agachó con las manos estiradas, pero sin tocarme.

—¿Puedo tocarte?

¿Por qué me preguntaba eso? Lo miré parpadeando, confundida.

—Voy a cargarte.

Se acercó más, cargándome como si no pesara nada, y salió rápidamente del callejón. Se paró frente a un carro, abrió la puerta del pasajero y me metió.

Lo miré, estaba parado afuera del carro hablando con alguien en el teléfono antes de sentarse en el asiento del piloto. Se acercó y me miró, su voz sonó gentil.

—Bella. Escúchame, ¿sí? Tengo que saber si necesito llevarte al hospital. ¿Puedes decirme si es necesario?

Con un gran esfuerzo, negué con la cabeza.

Su voz sonó ansiosa.

—De acuerdo. Te llevaré a casa, ¿sí, Bella?

Fruncí el ceño, preguntándome cómo sabía dónde vivía. Me sonrió tranquilizadoramente, como si pudiera leerme la mente.

—Te llevé a casa el invierno pasado, ¿recuerdas? ¿El día de la tormenta?

Un pequeño ruidito escapó de mi boca, pero seguía sin poder formar palabras. Asintió con comprensión.

—No pasa nada. Sé que estás confundida. Yo te cuidaré.

Miré por la ventana. Podía ver que Riley seguía tirado en el concreto. No se había movido. Miré de nuevo a Masen con la frente fruncida.

—Llamé a una ambulancia. Él no te lastimará de nuevo. Lo prometo. Ahora yo te voy a cuidar.

Suspiré, levanté la mano, buscando, y él la rodeó con un firme y tranquilizador agarre.

—Ya estás a salvo, Bella. Por favor di algo. Necesito escuchar tu voz.

Exhalé y cerré los ojos, dejando que su tranquila voz y sus consoladoras palabras me tranquilizaran.

—Gracias —suspiré.

*()*

El carro se detuvo y Masen se inclinó sobre mí, su cara se veía preocupada.

—Bella, tengo que salir del carro. Necesitas soltar mi mano, ¿sí? Sólo por un minuto.

Lo miré y luego miré nuestras manos. Mis dos manos estaban envueltas en la suya y lo estaba agarrando con fuerza. Tan fuerte que mis nudillos se pusieron blancos. Debía ser incómodo, pero él no había dicho nada. Solté su mano con un "lo siento" susurrado.

Sacudió la cabeza, su voz sonaba paciente.

—Está bien, Bella. Iré a tu lado, ¿de acuerdo? Sólo quédate aquí.

Lo miré con ansiedad mientras rodeaba el carro, no entendía la extraña necesidad de mantenerlo en mi campo de visión o el estrés que sentía al no tocarlo. No protesté cuando abrió la puerta para cargarme y meterme al edificio. Ni siquiera me bajó en mi puerta, más bien se agachó para permitirme meter la llave en el seguro. Y una vez más lo dejé. Dentro me sentó en el sillón y se arrodilló frente a mí, sus dedos pasaban gentilmente por mi nuca.

—Bella, ¿te golpeaste la cabeza?

—No.

—Bien. Eso es bueno. ¿Qué te duele?

Lo miré parpadeando, mi voz había regresado aunque sonaba temblorosa.

—Mis… hombros… y mis brazos. Me empujó, Masen, y me estaba agarrando con mucha fuerza. —Inhalé profundamente—. Lo lastimaste, ¿verdad?

Me frunció el ceño.

—Te atacó, Bella. Ni siquiera quiero pensar… —su voz se fue apagando—. No sé qué habría hecho él si no lo hubiera detenido. Así que sí, lo lastimé. —Su voz sonaba enojada—. Aunque se recuperará.

Mi mano temblorosa acunó su mejilla.

—¿Estás herido?

Fue su turno de mirarme parpadeando, antes de ofrecerme una pequeña sonrisa.

—No, estoy bien, Bella. No me dio muchos golpes.

—Qué bien. Eso es bueno. Y si…

—¿Qué?

—¿Y si presenta cargos?

Masen negó con la cabeza.

—No lo hará. Sabe que si lo intenta, se sabrá lo que intentaba hacer y yo diré que actué en defensa propia. Por favor no te preocupes por eso. —Pausó—. ¿Puedo ver tus hombros?

—Um, espera un poco, ¿sí? —pregunté mientras me paraba sobre mis inestables piernas. Ya lo había dejado desabrochar mi vestido para verme la espalda hoy. No quería hacerlo de nuevo ya que prácticamente significaría quitarme el vestido frente a él.

Masen me miró abandonar la habitación. Una vez en mi habitación, me puse una pantalonera y un top con un suéter calientito sobre éste. Hice una mueca al pasar los brazos por las mangas, mis hombros me dolían por el movimiento. Riley me había azotado muy fuerte contra el ladrillo. Regresé con Masen, que me esperaba ansiosamente.

En silencio le di la espalda y permití que el suéter cayera. Lo escuché sisear mientras sus dedos, una vez más, trazaban gentiles figuras sobre mi piel lastimada. Rozaron sobre mis hombros y bajaron por mis brazos, explorando con ternura.

—Voy a tomar unas fotos, ¿de acuerdo, Bella? Sólo por si acaso.

Asentí y escuché el suave ruido de su iPhone. Sus manos volvieron a subir mi suéter.

—¿Puedo… tomar una de tu espalda también?

—De acuerdo —susurré, sintiendo las lágrimas acumularse en mis ojos. El aire frío golpeó mi espalda cuando me levantó la blusa.

Oh, Bella —murmuró, tomó más fotos y dejó que mi top y mi suéter se acomodaran de nuevo en su lugar. Se puso frente a mí y envolvió sus consoladores brazos a mi alrededor—. Déjalo ir.

Las lágrimas cayeron, calientes y pesadas, mientras sollozaba en su pecho y mi cuerpo se sacudía por las emociones nerviosas.

—No… entiendo por qué… —lloriqueé—. Yo no hice nada.

Masen nos movió para sentarnos en el sofá, su brazo que me rodeaba me sostenía cerca de él.

—Él ha estado al borde por mucho tiempo, Bella. Victoria no ha estado feliz con su desempeño. Ha estado arruinando las cosas y lleva semanas culpando a sus compañeros, diciendo que eran ellos los que cometían los errores. Ha llegado hasta el punto de intentar meterse al servidor para cambiar las horas y documentación para cubrir sus errores. James nos había pedido a algunos de nosotros que revisáramos qué estaba pasando. Hoy llegó demasiado lejos y lo atraparon en el acto. —Su mano acariciaba suavemente mi cabello—. Y Riley, siendo Riley, tenía que culpar a alguien más que a él.

Lo miré.

—¿Me estabas siguiendo?

Suspiró y cerró los ojos por un momento.

—Sí. Me preocupaba que él fuera tras de ti. Es… inestable, Bella.

—Estoy tan agradecida por ti.

Masen me miró.

—Igual yo. —Se sentó—. ¿Qué te parece un baño caliente? Puede que te alivie los dolores.

Asentí.

—Sí, un baño suena bien.

—Iré a buscarte algo para el dolor y te pondré cómoda. También te haré algo de comer.

—No tienes que hacerlo, Masen.

—Sí, sí tengo. Por favor, déjame hacerlo, Bella. Déjame cuidarte. —Sus ojos me suplicaban mientras levantaba mi mano y la sostenía entre las dos suyas—. Por favor.

Inhalé profundamente.

—Gracias.

Me sonrió, su dedo trazó bajo mi ojo.

—Te ves exhausta. Necesitas descansar.

El pánico despertó en mí.

—¿Ya te vas?

—No si no quieres que me vaya.

—Quédate. ¿Por favor?

Su dedo acarició mi mejilla.

—Me quedaré todo el tiempo que me necesites, Bella.

Suspiré al mirar su expresión de cariño.

Lo necesitaba más de lo que me daba cuenta.


¡Feliz año nuevo!